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Los medios encarnacenos daban cuenta esta semana de casillas que están construyéndose en el centro de frontera posadeño, como otra de las inequívocas señales de una inminente reapertura del puente San Roque González.
Lo cierto es que no hay absolutamente nada nuevo sobre el tema. Lo de las casillas, sí; es cierto que están construyéndose estructuras modulares que estarían destinadas a testeos de Covid-19, en un hipotético desbloqueo fronterizo. Pero, no hay información oficial al respecto.
También, la decisión del gobierno nacional de dar marcha atrás con la reapertura del puente Tancredo Neves, con Brasil, habilitando un corredor turístico seguro en Puerto Iguazú, alejó todavía más la discusión sobre la vuelta del tránsito entre Posadas y Encarnación.
El mismo gobernador Oscar Herrera Ahuad decía esta semana que el tema del puente San Roque sigue fuera de agenda, y se discutirá cuando “termine de acomodarse el sistema de salud pública y haya un avance notable en las inmunizaciones”.
La reapertura del paso fronterizo con Encarnación aparece como una demanda exclusivamente paraguaya. Esta percepción ignora que el vínculo roto por la pandemia no es estrictamente económico.
Hay familias cuyas vidas se han dividido por el cierre del puente; hay amigos, amigas, estudiantes de uno y otro lado del río; un torrente humano que quedó trunco desde el comienzo de la pesadilla, hace más de un año y seis meses.
De hecho, en febrero pasado se habilitó una petición online de paraguayos y argentinos por la reapertura del puente. La iniciativa está próxima a la cantidad de firmas propuestas para elevar el pedido, según se desprende de la página web.
El gobierno dilata la situación con el argumento sanitario, pero en realidad las razones son económicas. El cierre evitó la salida de divisas hacia Paraguay, dicen, y es cierto. La Cámara de Comercio de Posadas habla de cifras astronómicas, de miles de millones de dólares, que en circunstancias normales se hubieran ido al otro lado.
Sin embargo, fuera de estos jugosos dividendos, también es cierto que de este lado un universo significativo de trabajadores perdió sus actividades económicas, relacionadas directamente con el tránsito fronterizo.
Y no solamente los conocidos y criminalizados “paseros”, también los mototaxis, vendedores informales, de chipa, dulces, bebidas, desayunos; artesanos y prestadores de servicios; un mundo de gente que hoy está desaparecida en otras actividades o desempleada.
En teoría, la depreciación del Peso frente al Guaraní debería ser una razón de más para que sectores del comercio posadeño, como el gastronómico, de indumentaria, supermercados, transporte, combustibles, presionaran por una apertura que le significaría una segura multiplicación de su ventas por la abismal diferencia de precios, que pone a Posadas en ventaja.
Las reticencias parecen provenir de los sectores ligados a los rubros de la electrónica, repuestos para automóviles, neumáticos, celulares y accesorios, en que las asimetrías siguen favoreciendo a Paraguay.
Es cierto que la presión por la apertura del puente San Roque está en Encarnación. Las razones son también económicas. Allá, el comercio no floreció como acá, y la desesperación se apoderó hace meses de cientos de feriantes, pequeños comerciantes, vendedores informales, fleteros, que han visto desaparecer sus medios de subsistencia. Puntos emblemáticos de la ciudad, como el circuito comercial ubicado en la zona del centro de frontera paraguayo, están hoy literalmente muertos.
Sin IFE del gobierno, ni ninguna otra asistencia estatal, la apertura del puente San Roque es la única alternativa para la economía de la ciudad, que conoció sí un repunte con la vuelta del turismo interno, aunque según reconocen los gremios de hoteleros y gastronómicos ha sido insuficiente.
Todo está listo para el reencuentro con Posadas, aseguran en Encarnación. La pandemia está bajo control y casi el 50% de la población tiene el esquema de vacunación completo, informa la Séptima Región Sanitaria local.
El gobierno paraguayo redobló también esta semana los esfuerzos por descomprimir la situación. El canciller Euclides Acevedo se reunió en Buenos Aires con su par argentino Felipe Solá, con la reapertura fronteriza como tema excluyente.
Del encuentro no sacó nada muy en limpio. Solo la promesa de Solá, de que el gobierno de Alberto Fernández solicitaría en breve a los gobernadores de las provincias que tienen fronteras con Paraguay, propuestas de protocolos sanitarios que podrían aplicarse en caso de que decida avanzarse en el desbloqueo de los pasos limítrofes.
En el caso de Misiones, que tiene extensos límites compartidos con Paraguay, la discusión parece centrada en el puente con Encarnación, pero el reclamo paraguayo al gobierno argentino se extiende a la habilitación de corredores fronterizos seguros en otros puntos de la provincia como Eldorado, Puerto Rico y Puerto Iguazú, en la Triple Frontera.