Historias
Omar Silva, de la pérdida de su esposa, al renacer con música y amigos
El profesor Omar Silva tiene 58 años, 28 de los cuales los vivió junto a Elvira Lansse, su esposa desde la juventud, pero un día ella se fue, producto de un cáncer repentino, y, con ella, su vida también se apagó y ese maldito enemigo que muchos subestiman, llamado depresión, se hizo presente. Los años de oscuridad se extendieron, pero las luces un día volvieron a encenderse. Hoy, en diálogo con La Voz de Misiones, cuenta su proceso de resiliencia, de la tristeza y la bronca, a un renacer gracias a su hija, la música y a los amigos.
Pedro Jorge Omar Silva es de Aristóbulo del Valle y lleva más de 30 años como docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones (Unam). Es profesor y Licenciado en Letras, con una maestría en Semiótica Discursiva y un doctorado en Ciencias Sociales. Una vida entera dedicada a la poseía, a la lectura y a la transmisión de conocimientos. Una vida que repentinamente un día se interrumpió.
“Todo lo que soy, lo soy gracias a mi señora, que era mi sostén, mi pilar”, graficó Omar Silva sobre su relación con Elvira Lansse, a quien conoció a los 21 años y con quien convivió durante 28 años.
La relación de ambos comenzó en el barrio Villa Cabello, pero se profundizó en la Facultad de Humanidades, ya que Lansse estudiaba la carrera de Licenciatura en Turismo. Posteriormente se casaron y juntos construyeron una vida entera, pero todo cambió tras un simple dolor de cabeza.
“Un día ella sintió un dolor de cabeza, se fue a hacer estudios de control y le detectaron un glioblastoma en la base del cráneo. Ahí comenzó un verdadero infierno para nosotros”, recordó Silva a LVM desde el escritorio de su casa, rodeado por una gran biblioteca, de viejas máquinas de escribir, de radios antiguas y fotos de su familia.
La enfermedad no solo irrumpió en la vida de ambos, sino que también la interrumpió por completo. En total fueron tres años de tratamiento con quimioterapia, radioterapia y cirugías de apertura de cráneo.
“Tres veces tuvieron que operarla utilizando una amoladora programada con un chip para que se detenga al tocar partes blandas. Fueron todas cirugías paliativas, porque el desenlace estaba escrito. Fue muy destructivo, muy doloroso todo. Yo sentía impotencia, tenía bronca. No podía entender por qué nos tocaba atravesar esto”, continuó.
Toda esa etapa fue muy dura. Silva dejó de trabajar para dedicarse al cuidado de su esposa. Su hija era pequeña, su hermano más cercano también estaba enfermo y tanto sus padres como sus suegros eran de avanzada de edad.
Como si fuera poco, en medio del proceso se decretó la pandemia de Covid-19, lo que redujo aún más las posibilidades de recibir ayuda ya que sólo se permitía un cuidador por paciente. “Durante prácticamente tres años no dormí un solo minuto. Temía por ella. Al ser una enfermedad del cerebro era muy fuerte el miedo a las convulsiones, entonces no podía conciliar el sueño. Pasé tres fiestas con ella en el sanatorio comiendo en bandejitas de enfermos”, narró.
Finalmente, lo que nadie quería, pero que ya era inevitable ocurrió en 2020. Lansse falleció y en sus últimos días no pudo despedirse de sus padres por los protocolos de seguridad sanitaria, lo cual significó otro duro golpe para la familia y más bronca para Silva que, como peronista que se define, se sintió traicionado por el presidente Alberto Fernández al ver la fiesta de Olivos en plena cuarentena mientras su esposa moría sin cumplir su deseo final.

De la oscuridad al poder de la música
Tras el fallecimiento de su amor de toda la vida, otra difícil etapa comenzó. “Me encontré en un abismo absoluto. Ella era todo. Yo terminé demolido, mental y físicamente. Para mí todo ese proceso fue un infierno y cuando ese infierno paró me vine a abajo. Un año entero me quedé encerrado, en la oscuridad, sin escribir una sola palabra, sin escuchar una sola canción, sin ver a un solo amigo. Nada tenía sentido para mí”, contó con crudeza.
Sólo su hija, hoy adolescente y participando de la estudiantina, lo aferró a la vida. Pero también sus hermanos y, más adelante, el regreso a la la lectura, la escritura y, principalmente, la música.
“En esos momentos uno tiene una mezcla de emociones, de putear hasta al propio Dios. Por mi soberbia pensaba que tenía todo bajo control, pero nadie domina el tiempo, yo consideraba que no nos merecíamos pasar todo esto. Mi esposa se fue cuando solo tenía 49 años. Fue muy fuerte, pero mi hija fue la llamita que me mantuvo vivo en esos peores momentos. Un día tomé la voluntad de salir adelante y prendí fuego la pila de pastillas con la que mi primer psiquiatra me apagó el cerebro”, narró, sin pasar por alto una mala experiencia terapéutica.
“La salud mental es muy importante. Yo prejuzgaba la cuestión, pero es clave, aunque también hay que encontrar al terapeuta indicado”, añadió.
De allí, de a poco, todo volvió a tomar sentido para Silva. Se reencontró con la lectura, con la escritura y con la música, esto último en gran parte gracias a la peña que su hermano creó al lado de su casa, la cual se transformó en parada obligatoria para muchos artistas misioneros y donde este fin de semana se celebró el Karaí de Octubre con una gran olla de yopará para todo Villa Cabello.
“Hablando con los artistas entendí el poder que tiene ese lenguaje reconstructor de vida, de alegría, de resignificación, que tiene la música. También me sirvió el contacto con las plantas porque lo primero que hice fue recuperar el jardín de Elvira, que durante años estuvo abandonado y nunca se secó nada. En ese proceso de redención pude también escribir su epitafio: ‘Que en paz descanses, viajera eterna’”, rememoró.
Ahora, de a poco, Silva también está de regreso en la Facultad de Humanidades, cuyos pasillos caminados durante más de 30 años un día también dejaron de ser transitados. Para con la institución está agradecido por el acompañamiento en los tiempos más difíciles, no así con determinados colegas sobre quienes apunta: “Pensé que eran amigos”.
“Muchos me criticaron cuando vieron fotos de un viaje que hice aún estando de licencia, pero la verdad que realmente lo necesitaba. En cinco años no subí ninguna foto a las redes sociales y esos mismos que me criticaron nunca se tomaron el tiempo de venir a casa a ver si yo seguía vivo”, apuntó.
Hoy, su vida está resignificada. Silva admite que no quisiera volver a atravesar la misma historia, pero toma de ello una multiplicidad de enseñanzas que le permitieron crecer como persona. “Hoy en día me siento muy bien, me siento limpio, mejorado. Estamos hechos de amor, pero también de odio, de sufrimiento y de tristeza, eso nos compone como humanos. Hay que capitalizar e interpretar esas experiencias para crecer. Caminé descalzo por un camino de piedras y espinas, pero salí más humano, más comprensivo, más empático”, concluyó.
Historias
Médico misionero se formó en Cuba y hoy superó 500 cirugías en Aristóbulo
Kevin Romeo, tiene 32 años, es oriundo de Aristóbulo del Valle, se formó como médico en Cuba y al regresar a Misiones, durante sus primeros años de carrera logró superar las 500 cirugías realizadas en el sistema de salud pública provincial, siendo las más frecuentes las colecistectomías, o extirpaciones de vesícula.
Quienes lo conocen resaltan que se destaca por “lo que no se enseña en ninguna facultad”: la vocación. Tal es así que cuando hay una urgencia, sea de día o de noche, domingos o feriados, la joven promesa de la cirugía misionera aguarda en su consultorio a pacientes con o sin turno y en horarios extendidos.
Durante una entrevista telefónica con La Voz de Misiones, hizo un repaso sobre el descubrimiento de su temprano interés por la medicina a la que, más que una profesión, la concibe como “una herramienta fundamental para generar igualdad, contención y oportunidades reales, especialmente para quienes más lo necesitan”.
Esto es así porque, según recordó, desde muy joven comenzó a descubrir su pasión por la aplicación, gestión y organización de la medicina, marcado por haber crecido en contacto con realidades donde “la salud no siempre llega a tiempo”.
Cuando apenas egresó del secundario, Romeo accedió a una beca y estudió en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba (Elam). Allí compartió la formación con estudiantes de más de 160 países: “Fue una experiencia clave que me dio una mirada mucho más amplia del mundo, de la vida y de las distintas realidades sociales”, reconoció.
Y amplió: “Convivir con culturas, costumbres y contextos tan diversos me permitió comprender que la salud debe pensarse siempre desde una perspectiva humana, social e inclusiva. La formación fue exigente y transformadora: disciplina, trabajo en territorio y contacto permanente con el paciente, lo que me preparó para resolver problemas reales incluso en contextos complejos”.

Pacientes junto al médico cirujano Kevin Romeo.
Regreso a la tierra colorada
Una vez graduado con título de Doctor en Medicina emitido por la Elam, Romeo volvió a su país natal y comenzó a trabajar en consultorios de distintas colonias de Aristóbulo del Valle. “Esa etapa fue fundamental para interiorizarme en lo que considero la verdadera medicina: la medicina social, la que escucha, la que acompaña y la que está cerca de la gente. Una experiencia por la cual estoy profundamente agradecido”, aseguró.
La validación del título también le permitió continuar la formación como especialista en cirugía general y cursó la residencia en Eldorado, durante cuatro años. “Es un lugar al que le estoy eternamente agradecido, no solo por la oportunidad de formarme como especialista dentro del sistema público, sino también porque demuestra que cuando el Estado decide invertir en salud y en formación profesional, se generan oportunidades reales“, sostuvo.
Y añadió: “Muchos colegas de otros países deben endeudarse de por vida para acceder a este tipo de formación. También destaco el compañerismo y el sentido de familia que se vive en las residencias de Misiones, algo que cualquier residente puede confirmar”.
Finalizada la residencia, decidió regresar al hospital del cual proviene, el hospital nivel II Justo José Pereyra. Esto no es un dato menor: los especialistas pueden elegir otros destinos con mayores beneficios personales, pero los valores y el compromiso con la gente de Aristóbulo del Valle y Salto Encantado marcaron el destino de este médico. “Son convicciones que no se negocian”, remató.
Con inversiones provinciales se puso en marcha el quirófano del hospital donde, junto a un gran equipo, Romeo pudo realizar numerosas cirugías de distintos tipos, siendo las más frecuentes las colecistectomías o extirpaciones de vesícula, como respuesta a una patología muy común en la zona y cuya única solución es quirúrgica. Sin embargo, reconoció que “eso permitió dar respuestas concretas y evitar derivaciones innecesarias, acercando soluciones a la comunidad”.
Sobre sus próximos desafíos, detalló: “Estoy convencido de que la capacitación continua es clave. La medicina y la gestión de la salud requieren actualización permanente, planificación y responsabilidad. Mi objetivo es seguir mejorando la calidad quirúrgica y aportar también desde la organización y la gestión, porque los sistemas de salud no mejoran solos: mejoran cuando hay decisión política, liderazgo y planificación”.
Finalmente, hizo un análisis sobre el sistema de salud misionero, y resaltó: “Lo considero de un valor enorme. Es un sistema de excelencia, no solo a nivel provincial sino nacional. En pocas provincias se ve un sistema tan inclusivo como el nuestro, con alta calidad en recursos humanos, infraestructura y tecnología. Defenderlo, fortalecerlo y mejorarlo debe ser una prioridad permanente, porque es una política pública que impacta directamente en la vida de la gente”.
El médico misionero que vivió con indígenas en el Amazonas y es concejal en Eldorado
Historias
Misionera encontró a su mamá biológica después de 50 años
Con apenas 1 año, Griselda Lochner fue “arrebatada” de los brazos de su mamá biológica Rosa Lidia Cabañas. Medio siglo después, sin haber sabido nada una de la otra, madre e hija sellarán su encuentro este sábado el aeropuerto de Posadas.
“Yo lo único que sé es que cuando tenía un año de vida me arrebataron de ella y nunca más supe de ella hasta ahora que la busqué”, contó Griselda en diálogo con La Voz de Misiones.
Griselda reconoció que nunca indagó “mucho” sobre su historia, pero recuerda que hasta sus 5 años vivió con su papá biológico Teodoro Juan Lochner y su esposa en la localidad de Puerto Rico. “Aparentemente, no fui bienvenida en ese hogar y me llevaron a otro lugar que era la familia de mi madrastra, ahí la pasé bastante mal, hasta que mi padre busca de llevarme a esta otra familia”, relató a LVM.
En San Gotardo, un pequeño pueblo misionero ubicado en el departamento Libertador General San Martín, Rosa Ema Ayala recibió en su hogar a la pequeña Griselda. “Mi papá me llevó a ese lugar donde conocí a la señora, él lloraba mucho, se ve que era triste para él tener que dejarme, no sé qué pasó”, rememoró la mujer y añadió que “no fue una adopción legal”.
Un reencuentro
Rosa Ayala nunca le ocultó la verdad sobre sus orígenes a Griselda. Cuando cumplió 15 años, la joven le pidió reencontrase con su papá Teodoro. “Ella, a mí siempre, toda la vida, me explicó que ella no era mi madre. Yo le pido conocer a mi papá, porque tampoco me acordaba de él, y ella me lleva”, expresó.
El vínculo con su padre, sin embargo, duró poco. Es que Teodoro quiso que Griselda volviera a vivir con él y su esposa, pero a los 15 años ella pudo decidir y eligió quedarse con Rosa, la mujer que la había criado hasta ese momento.
“Ella me crio con todo su amor, con todo su cariño. Ahí pasé los mejores días, los mejores momentos de mi vida”, afirmó Griselda y reveló acompañó a su madre adoptiva hasta su fallecimiento por un cáncer de colon.
Teodoro volvió a su vida cuando ella tenía 35 años. “Lo volví a buscar, me volví a reencontrar con él y a los dos años él fallece. Pero logré restablecer el vínculo con él y estuvimos bien”. Nunca le preguntó a su padre por qué no la crio. “Yo nunca pregunté, nunca me interioricé en saber el por qué de las cosas. Siempre consideré que tendría sus motivos y si no me contaban, yo no busqué”.
La búsqueda de su madre
Por mucho tiempo, Griselda no indagó ni buscó saber qué había ocurrido con su mamá biológica, pero con los años cambió de parecer hasta que definitivamente pensó que sería “bueno” conocerla.
“A mi papá yo nunca le pregunté nada y él nunca me dijo nada. Su mujer me decía ‘vamos a buscar a tu mamá’. Yo al principio no me interesaba mucho, hasta ahora que de grande pensé ‘pasan los años y estaría bueno si ella realmente quiere'”, dijo a LVM.
Hace un año, junto a su madrastra, iniciaron la búsqueda de Rosa Cabañas. Fue entonces que por primera vez Griselda sacó su partida de nacimiento.
“Mi madrastra me ayuda a sacar la partida en el registro de Capioví, porque yo ni mi partida de nacimiento busqué, y ahí conseguimos el nombre de mi madre y su DNI”, detalló Griselda sobre como obtuvieron los primeros datos de su madre.
En ese momento estaba habilitado el Padrón Electoral de las últimas elecciones y fue una trabajadora del Registro de Capioví quien la ayudó a ubicar Rosa Lidia Cabañas, de 70 años, en Buenos Aires.
“Busco en el Facebook a todas las Rosas Cabaña y le escribo más o menos a todas las que podían ser”, recordó Griselda y reveló que la respuesta llegó un domingo, el mismo día de las elecciones: “Me llaman y se presenta quién sería mi hermana y mi mamá”.
Esa primera llamada telefónica fue intensa, recordó Griselda. “Ella ese día que me llamó no podía hablar, lloraba mucho, es como una emoción muy fuerte”. A Rosa su familia la describió como una mujer de 70 años con problemas de corazón, por lo que decidieron dejar las conversaciones más profundas para un encuentro presencial.
Punto de encuentro
Este sábado, Rosa Lidia Cabañas y Griselda Lochner se conocerán después de 50 años. “Ella dijo que quería venir, me preguntó si podía venir a conocerme y yo le digo que sí, no hay problema. Yo no soy juez, no soy nada y no me importa lo que pasó atrás”.
Para Griselda, el reencuentro significa una oportunidad: “Lo lindo es que nos reencontremos, que cerremos un ciclo de nuestra vida que es necesario muchas veces para cada uno”, dijo.
“Es la primera vez que voy a tener un recuerdo de mi mamá biológica”, afirmó emocionada la mujer.
Griselda es madre de siete hijos, “la más grande tiene 27 años y la más chica 17”, vive en Posadas y atraviesa estos días con una mezcla de ansiedad y emoción: “Estoy muy emocionada y espero, ansiosa, para conocerla y comenzar a vivir el mucho o poco tiempo que tengamos las dos para compartir. A lo mejor no vamos a estar siempre juntas, pero estamos juntas por mensaje y sabiendo la una de la otra”, cerró.
Historias
Juan Rodríguez y un volver a los días de colimba en la cárcel del fin del mundo
Corría el año tanto 1981, Juan Carlos Rodríguez cumplía 18 y debía empezar la colimba. Hasta allí, una habitabilidad para la época, pero lo singular iba a ser su destino: Ushuaia. Pero no solo eso. Su nuevo domicilio por los próximos meses iba a ser la mismísima cárcel del fin del mundo, que a comienzos del siglo XX también supo albergar a míticos criminales argentinos como el Petiso Orejudo.
Con la mayoría de edad recién cumplida, Rodríguez debió dejar su Apóstoles natal y embarcarse en un viaje de 4.000 kilómetros, cambiando el calor misionero por el frío el austral, la tierra colorada por los campos de hielo y la habitación de su casa por una antigua celda de apenas 2 x 1,50 metros a compartir con otro conscripto al servicio militar obligatorio.
“Primero hicimos la revisión médica para ver si éramos apto o no. Yo tenía sorteo alto, así que me convocaron. Tuvimos una etapa de instrucción que duró un mes en Bahía Blanca y una vez instruidos con lo básico te derivaban a los puntos donde la Armada tenía sus bases. A mí me tocó el sur, me tocó Ushuaia. Éramos seis soldados y pertenecíamos a la Agrupación Lanchas Rápidas. Me acuerdo que nos costó llegar porque el avión no podía aterrizar. Fue difícil durante los primeros tiempos, pero dentro de todos nos adaptamos”, contó Rodríguez para La Voz de Misiones.

Juan Carlos Rodríguez estuvo un tiempo en la cárcel del fin del mundo y después estuvo en la Isla de los Estados.
Presidio Nacional
Apenas aterrizado en la ciudad más austral del mundo, su primer destino fue el antiguo Presidio Nacional, cárcel que en 1902 fue construida para albergar a los presos más peligrosos del país y que en 1947 fue cerrada por disposición del presidente Juan Domingo Perón, tras lo cual el predio pasó a manos de la Armada.
El complejo era una impresionante mole de piedra con cinco pabellones de 75 metros de largo, emplazados en forma radial y que convergían en un recinto poligonal. Cada módulo, a su vez, tenía 76 celdas. La edificación fue dirigida por el ingeniero Catello Muratgia, que convirtió a los penados en albañiles y a los guardias en capataces de obra.
El lugar también fue bautizado como “la siberia criolla” y el objetivo de la construcción era eliminar delincuentes considerados de máxima peligrosidad, confinándolos en un lugar remoto, sometiéndolos a condiciones infrahumanas y a castigos extremos. Fuera del penal los internos además eran utilizados para trabajos como la construcción de calles, puentes, edificios y la explotación de los bosques.
Por esas celdas pasaron el infanticida y asesino en serie Cayetano Santos Godino, más conocido como El Petiso Orejudo; el primer homicida múltiple de la época Mateo Banks, alias “El Mististico”; y el anarquista ruso Simón Radowitzky o Radovitsky; entre otros 600 reclusos.
Y en esas mismas celdas durmió el misionero Rodríguez durante los 45 días de servicio que debió cumplir en el presidio, previo a ser derivado a otro destino aún más remoto.
“Sabíamos de los personajes como el Petiso Orejudo, pero por aquel entonces nosotros no conocíamos mucho la historia de la cárcel, no había todos los medios que hay ahora. Es más, creo que la mayoría ni tenía conocimiento de esa cárcel, pero el lugar estaba casi en las mismas condiciones en la que había dejado de funcionar”, contó Rodríguez.
Con la memoria casi intacta de aquellos tiempos describió que “nos tocaba dos por celda. La nuestra era de 2×1,50 metros y ahí entraban dos camas tipo cuchetas. Siempre nos despertábamos del frío que hacía. En la escalera donde se subía al segundo piso, en el fondo, generalmente había hielo porque la humedad se llegaba a congelar. En los pasillos había techos de vidrio que le faltaban partes y se generaban hilos de agua congelada”.

En su visita a la cárcel -ahora museo-, Juan Carlos encontró la habitación en la que dormía durante sus días de servicio.
Isla de los Estados
Pero habría un contexto aún más gélido donde cumplir servicios: la Isla de los Estados, ubicado en el extremo oriental de Tierra del Fuego, unos 30 kilómetros mar adentro.
Para llegar hasta allí había que navegar durante quince horas, atravesando el Canal de Beagle y el Estrecho de Le Maire, una ruta con condiciones climáticas extremas, corrientes de hasta 10 nudos en temporadas de tormenta y mareas de varios metros de alto.
El traslado se hacía en el buque ARA Alférez Sobral, que fue transferido a la Armada Argentina desde Estados Unidos después de combatir en la Segunda Guerra Mundial y que más tarde también luchó en la Guerra de Malvinas. La nave fue retirada en 2018 y hundida en mayo de este año.
“Después de la cárcel nos trasladaron a la Isla de los Estados, donde había una base de la Armada. Nos llevaron en el Sobral. Salimos a la tarde y llegamos al otro día. La ida fue más o menos buena, pero el regreso fue con olas de 3 o 4 metros, que para el que no está habituado era para pasarla mal. Yo pasé abrazado a un poste en la popa del barco, con náuseas, vómitos y más de noche, que no se veía nada”, recordó.
Una vez llegados se instalaron en la base que consistía en tres casillas de fibra de vidrio de 3×3 metros, separada una de la otra. “En ese lugar éramos tres: un buzo de Mar del Plata, un jujeño y yo. Ahí estuvimos con temperaturas de 15 grados bajo cero durante unos 45 días en pleno julio. Sin estufa era inhabitable. Ahí teníamos que cumplir función. Nos movilizábamos muy poco porque era todo hielo, recorríamos una parte, hasta donde se podía caminar y sino teníamos un bote para andar por la costa. En ese tiempo el inconveniente era con los chilenos, no con los ingleses todavía”, explicó.

Para llegar a la Isla de los Estados había que navegar unas 15 horas.
El regreso
Cuatro décadas después de esa experiencia, Rodríguez volvió a recorrer esos mismos paisajes, pero en un viaje que realizó mano a mano con uno de sus hijos, el influencer, blogger y comunicador Octavio, Estandap3r en las redes.
“Volver a Ushuaia era un viaje que tenía postergado. Tenía los medios, pero faltaba animarse. Fue muy emocionante regresar 43 años después y reencontrarse con parte de la historia de mi vida. Siempre fue un sueño volver y ahora se dio la oportunidad con Octavio, que es viaje y está más habituado. La verdad que pasamos muy bien y volvimos muy contentos”, contó.
Junto a Octavio volvió a ingresar a la cárcel del fin del mundo, hoy convertida en museo y al recorrer sus pasillos encontró la misma celda que fue su habitación. “Yo identifiqué mi celda porque me acuerdo que cuando entrábamos por el pasillo lo hacíamos a los trotes y ante el primer cruce de una baranda a la otra, a la derecha era mi habitación, por eso lo tenía bien memorizado”, detalló.
De aquellos días también recuerda a sus compañeros, puntualmente a uno, a otro misionero, Juan Ramón Toledo, de quién nunca más supo a pesar de haberlo buscado en tiempos modernos.
“Nos dieron de baja en febrero o marzo del 82. Éramos dos de Misiones, nos volvimos en tren desde Buenos Aires y ahí no más lo perdí. Lo busqué y nunca más”, cerró.
-
Policiales hace 7 díasMurió un suboficial del Ejército que estaba detenido en la comisaría Segunda
-
En Redes hace 5 díasCampaña de Fabián Bautista: juntaron $15 millones para el taxi de Lisandro
-
Policiales hace 6 díasArquitecto murió en choque frontal con un camión sobre ruta 14 en Cerro Azul
-
Política hace 4 díasRamón Amarilla convoca a manifestarse por mesa de diálogo policial
-
Policiales hace 6 díasIncautaron el Bora gris utilizado en la fuga de presos de la Unidad Regional X
-
Policiales hace 2 díasDelivery denunció que dos policías le robaron $100.000 en la Chacra 32-33
-
Cultura hace 6 díasFalleció Juan Manuel Skupieñ, músico y docente con 30 años de trayectoria
-
Policiales hace 6 díasRecapturaron a un evadido de la UR X y detuvieron a un cómplice de la fuga

