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Dictadura en Misiones: la foto del Golpe y las voces del primer año del horror

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La foto más representativa del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Misiones, la tomó el fotógrafo del diario El Territorio, Miguel Ángel Giménez, fallecido en febrero de 2016.

La imagen en blanco y negro es un retrato perfecto del atraco de esa madrugada. Dicen la mayoría de los testimonios que el fotógrafo, por entonces de 31 años, esperó pacientemente al amparo de las sombras de la plaza 9 de Julio como un francotirador consciente de que tiene solo una oportunidad.

La escena muestra a un grupo de militares en uniforme de combate, en el momento en que irrumpen en la Casa de Gobierno: en primer plano, un automóvil que parece ser un Torino, el “gran auto argentino” de la época; detrás, hombres con casco del Ejército, dos con pinta de policías y otro con apariencia de civil, todos con la vista perdida en un punto fijo fuera del cuadro; y al fondo, un pelotón de soldados que se escabullen dentro del edificio.

Cuenta el periodista Sergio Alvez, en una crónica sobre la icónica fotografía, titulada “Un disparo certero en la oscuridad” y publicada en 2022, que Giménez llegó a la plaza poco después de las diez de la noche del 23 y se sentó en un banco, como quien se dispone a matar el tiempo o está esperando a alguien.

“Llegó la medianoche. Miguel no podía saberlo a ciencia cierta, pero en esos instantes, la democracia agonizaba. De pronto, sintió una especie de temblor en el suelo. Giró la cabeza. Una caravana de vehículos hacía su ingreso a la plaza. Uno de los autos estacionó frente a la puerta de Casa de Gobierno. Más de diez militares uniformados y armados, ingresaban. También había un hombre vestido de civil, con ropas claras. Miguel suspiró. Se levantó del banco, sujetó la cámara y procuró mantener la discreción entre unos arbustos, pero a la vez, acercarse cuanto fuera posible al objetivo. Sólo tenía una película para tomas diurnas. Disparó varias veces. Sintió alivio al notar que no había sido descubierto por los militares que se aprestaban a ingresar a la Casa de Gobierno. Comenzó a caminar en dirección contraria, alejándose con premura hacia algún rincón más seguro de la madrugada”, escribe Alvez.

El fotógrafo Miguel Ángel Giménez, autor de la icónica fotografía del golpe en Misiones.

La foto de Giménez marca la Hora 0. El golpe se concibió y ejecutó como una operación militar, que cubrió todo el país con precisión de relojería. Primero, desviaron el helicóptero presidencial y capturaron a la presidenta María Estela Martínez de Perón, Isabelita, que había salido a las 00.10 de la Casa Rosada rumbo a la Quinta de Olivos y terminó aterrizando, con la excusa de un desperfecto técnico, en el Aeroparque Jorge Newbery, donde fue detenida.

A esa misma hora, a más de 1.000 kilómetros del epicentro, en una plaza pueblerina envuelta en penumbras, Giménez apunta su cámara Pentax y dispara la ráfaga con la imagen destinada a inmortalizar ese momento, propuesta desde el comienzo como documento, y no como una foto técnicamente impecable.

“En esa época, los diarios compraban bobinas de treinta metros de película y se fraccionaban en rollos para los fotógrafos”, dice Marcos Otaño, reportero gráfico posadeño de amplia trayectoria en la prensa de la tierra colorada.

Otaño calcula que Giménez utilizó esa noche una película Agfa, muy difundida en el periodismo en blanco y negro de la época, por su grano clásico, marcado contraste y su latitud de exposición, que permitía un pushing de hasta 1.600 asas, ideal para trabajar en condiciones de poca luz.

“Tiene que haber usado una película de 400 asas. Sé que hizo un forzado al revelar, por eso la imagen tiene ese alto contraste: los negros son bien negros, y los blancos, bien blancos”, comenta Otaño.

Dice que en ese entonces no había teleobjetivos acá y que Giménez habrá hecho la toma de su vida “con un lente más chico, desde el medio de la plaza”. “Habrá sido un lente luminoso, los télex eran muy oscuros; calculo que usó un lente de 50 mm”, dice Otaño.

Cree que Giménez trabajó la toma después. “Es lo que yo haría”, admite Otaño y explica: “En la ampliadora, cuando vos hacés las copias, podés hacer una gigantografía; no es como ahora, que se pixela; la imagen de él es bien nítida, no hay ese barrido de las fotos con movimiento”.

El Golpe de 1976: la foto, las primeras horas y sus responsables.

“Cayó esa hija de puta”

En 1976, Posadas era muy distinta a la actual: casas bajas y calles que desembocaban abruptamente en el río Paraná, que entonces corría salvaje entre barrancas de tierra roja y muelles de madera.

La mañana del 24 amaneció calurosa, sin presagios de lluvia. Habían pasado más de seis o siete horas de que la Junta de Comandantes, presidida por el general Jorge Rafael Videla, emitiera el hoy famoso Comunicado Nº 1, que resuena todavía como preámbulo del horror.

El gobernador Miguel Ángel Alterach ya había sido depuesto y arrestado, y gobernaba un coronel: Juan Bautista Beltrametti, que moriría en prisión en 2013, mientras purgaba una condena a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, junto a su colega el jefe del Área 232 Misiones, Carlos Humberto Caggiano Tedesco, también fallecido.

“Mi compañera pasó a buscarme aquella mañana para ir a la escuela secundaria, como todos los días”, relata la periodista María Itumelia Torres, Mariquita, en el libro “Historias con Nombres Propios”, compilado por la licenciada Amelia Rosa Báez, ex subsecretaria de Derechos Humanos de la provincia y víctima del terrorismo de Estado.

“En Posadas amaneció soleado y seguro llegábamos tarde. Pero no llegamos”, dice Mariquita y recuerda que, junto a su compañera de colegio, apenas anduvieron un par de cuadras por la avenida Tacuarí, entonces de tierra, cuando se encontraron con otro estudiante que les avisó: “No hay clases”.

Dice que, enseguida, notaron el paso abrumador de “camiones verdes del Ejército”, que “eran muchos y levantaban una polvareda infernal”, y que vieron a una eufórica vecina que saludaba el paso del convoy, y gritaba: “¡Cayó esa hija de puta!”, por Isabelita, que a esa hora estaba recluida en la villa El Messidor, una mansión de estilo francés, a orillas del Lago Nahuel Huapi, en Neuquén.

En el mismo libro, Mario Enrique Coutouné, militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), estudiante de Ingeniería Química y víctima en el juicio contra Beltrametti y Cagiano Tedesco, junto a su hermano Ricardo, cuenta que esa madrugada amanecieron guitarreando en la casa familiar de la avenida Tambor de Tacuarí.

Festejaban el cumpleaños de Luis “el Negro” Thomas, que se convertiría en uno de los pocos abogados posadeños en atreverse a presentar recursos de hábeas corpus en favor de los detenidos políticos, y que también fue, finalmente, privado de su libertad; primero, en la cárcel de Candelaria y, después, en la Alcaldía de Posadas.

“Estuvimos guitarreando y festejando su cumpleaños. Vimos que había un Torino a media cuadra estacionado, pues, para el Golpe era demasiado una guitarreada en ese momento, pero ese día no pasó nada”, relata Coutouné, que tiene una hermana desaparecida, Mirtha Noelia Coutouné, conocida como “La Flaca”, que estaba esa noche, y sería secuestrada en noviembre de ese año, en La Plata, donde residía.

Dice que un ratito antes, el grupo había visto pasar una camioneta por la avenida, y que entonces encendieron lo que en la época se conocía popularmente como “combinado”, un mueble mezcla de tocadiscos y radio; y que, enseguida, escucharon la fanfarria marcial que se convirtió en la banda de sonido de la dictadura: “La marcha, tan… tararán… y el comunicado”.

“Lo que se viene”

A unas diez cuadras de allí, en una vivienda del barrio Tiro Federal, un arrabal humilde en la costa que debía su nombre al primer polígono de tiro fundado en 1909, Ricardo “Pelito” Escobar, se desperezaba en su cama, sin saber la noticia con la que estaba a punto de desayunarse.

“Recuerdo que me desperté medio temprano, porque había escuchado ruidos en mi casa”, cuenta Escobar, que entonces tenía 16 años, cursaba el secundario en la Escuela de Comercio Nº 1 “General José de San Martín” y desde el ‘73 militaba en el capítulo misionero de la Unión de Estudiantes Secundarios, la mítica UES de La Noche de los Lápices. “Me levanto y veo a mi mamá escuchando las noticias en la radio y justo estaban pasando el comunicado de la Junta Militar que habían lanzado a la madrugada”, relata Pelito.

Cuenta que su mamá, que era “una mujer comprometida” y “simpatizaba” con su militancia estudiantil, lo miró en silencio, “a los ojos, no con miedo, sino como diciéndome: ‘Lo que se viene’”.

“Nunca se me ha podido borrar de la cabeza ese momento, porque era una mirada de interrogante, de qué nos iba a pasar a nosotros como familia”, dice Pelito.

Esa mañana, en Resistencia, a 341 kilómetros de Posadas, Francisco Pancho Perié, que por entonces tenía 20 años, amanecía con la resaca de la noche anterior y se desayunaba con la misma mala noticia que su ex compañero de la UES en Posadas, Pelito Escobar.

Perié estudió en el Colegio Nacional Nocturno Nº2 “General Manuel Belgrano” y fue promotor y presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Misiones, una agremiación estudiantil de corta vida, en una realidad marcada por la violencia política y un orden atenazado por el accionar de grupos parapoliciales orquestados desde el mismo Estado.

“A mí me tenían marcado en Posadas, por lo que me fui a seguir mis estudios a Resistencia; me fui a vivir en una casilla, en una villa”, cuenta Perié.

“La noche anterior fuimos caminando por la vía del tren hasta la casa de una compañera, y ahí estuvimos comiendo un guiso y guitarreando”, recuerda el ex subsecretario de Turismo de la provincia y agrega: “Cuando nos despertamos, nos enteramos que habían tomado el poder los miliares”.

Lo que se vino

En marzo de 1976, Misiones era una provincia todavía dominada por la selva. La 12 era la única ruta asfaltada, el resto de los caminos rurales eran interminables picadas de tierra roja, que se volvían verdaderos pantanos de greda con cualquier lluvia y dejaban aisladas a muchas colonias agrícolas.

Tampoco estaban los puentes, ni con Paraguay, ni con Brasil. La vida en la tierra colorada estaba determinada por un contraste brutal, con la sacrificada rutina del colono y un creciente clima de terror rural, que terminó quebrando la confianza entre los propios vecinos.

Antes del golpe, las colonias tenían una vida social muy activa, basada en el cooperativismo y la lucha por la titularidad de las tierras. Los colonos se juntaban en los secaderos, en las ferias, para discutir los precios de la yerba o el tabaco. Era la época de las Ligas Agrarias y el Movimiento Agrario Misionero (MAM), del que despuntaron líderes como Pedro Peczak, que roto el orden constitucional e instalado el Terrorismo de Estado fueron perseguidos y asesinados.

En Posadas, Pelito Escobar continuaba yendo al colegio y militando en la UES y la Juventud Peronista (JP). “Nosotros lanzamos una campaña de denuncia del golpe, con pintadas y volantes; no imaginábamos que todos estábamos considerados subversivos y que nos iban a perseguir”, dice Escobar.

No faltaba mucho para que su nombre y su fotografía figuraran en un afiche con el que los militares empapelaron la ciudad: “Enemigos de la Patria”, con la identidad de 16 militantes políticos y sociales, entre los que figuran su hermano Héctor Pelo Escobar, Oscar Wapenka, Pedro Peczak, Carlos Tereszecuk, Beatriz Pérez Rueda y Juan El Negro Figueredo, que fueron secuestrados, uno por uno. “Colabore con su detención. No sea cómplice con su silencio”, rezaba el afiche, que pasó a formar parte de la galería de la represión ilegal en Misiones.

Facsimil del afiche con los más buscados por la dictadura en 1976, reproducido en “La vida entre paréntisis. Crónica de un militante”, el libro de la escritora Numy Silva, sobre la historia de Pelito Escobar.

Perié no figuraba en el afiche, pero fue detenido en Resistencia. “Me fueron a buscar a la villa en abril”, recuerda. Fue uno de los primeros militantes misioneros en ser detenidos por la dictadura. Lo trajeron a Posadas y también conoció el menú de torturas y humillaciones. Estuvo preso siete años, hasta la vuelta de la democracia en 1983.

Su ex compañero de la UES, Pelito, fue detenido en octubre de ese año. Había cumplido los 17 el mes anterior y se vio obligado a buscar refugio fuera de la casa familiar.

Pelito cuenta que la noche del 5 de octubre de 1976, caminaba con su amigo y compañero de militancia, Ricardo Coutouné, hacía el barrio Johasá, donde tenía un tío a quien pensaba pedirle para quedarse a dormir. “Ricky me dijo ‘yo te acompaño’ y nos fuimos caminando por Tacuarí”, relata Escobar.

Dice que, al llegar a la esquina de San Martín, notaron la presencia de un vehículo “sospechoso” y decidieron desviar hacia una de las calles laterales, aunque no pudieron evitar ser vistos y fueron, igualmente, interceptados por el automóvil.

“Nos pararon y nos alumbraron con linternas”, agrega Pelito y comenta que con Coutoné ya habían acordado que si eran emboscados por alguna patrulla saldrían a correr. Corrieron. En la huida, se separaron. Coutouné tropezó y cayó, lo atraparon. Escobar estaba por zambullirse en un monte cercano cuando sonaron los disparos. “Sentí un sacudón en la espalda, pero seguí corriendo”, recuerda. Le dieron en el omóplato derecho. “Cuando salí del monte, me di cuenta que sangraba mucho; ya no me perseguían y me escondí en un excusado”, relata Pelito.

Pasó la noche ahí, muerto de miedo, con la ropa empapada de sangre, creyéndose perdido. A la mañana siguiente, escuchó el ruido de vehículos que se acercaban. Enseguida, oyó soldados y voces que daban órdenes, y después, el ladrido de los perros. No tardaron en encontrarlo. “Pelito, entregate, estás rodeado, me decían; era como en las películas”, comenta Escobar.

“Fuimos secuestrados, torturados; mi hermano, mi primo; los amigos asesinados”, agrega. “Con mi hermano estuvimos presos 7 años, 2 meses y 20 días”, precisa Pelito y detalla: “Primero, estuve desaparecido seis meses, en la Policía de Misiones, la Policía Federal, el Ejército, hasta que en marzo del ’77, me llevaron a la Penitenciaría de Resistencia y después a la Unidad Penal 9 de La Plata.

Informaciones

En marzo de 1976, Amelia Báez estaba casada con el hermano de Pelito, Héctor, y empezaba a cursar la carrera de Antropología, en la Facultad de Humanidades de la UNAM. Ambos militaban en la JP y, según cuenta Báez en el libro que compiló, vivían “en tensa vigilia y expectantes”.

En septiembre, con el cerco represivo cobrándose a diario estudiantes, docentes, políticos y dirigentes, la pareja decide separarse. “Decidimos que yo volviera a la casa de mis padres y Pelo empezó a buscar refugio en casa de familiares o de amigos, ya que la represión se consolidaba y le pisaba los talones, como a tantos otros”, relata Amelia.

Cuenta que, a los pocos días de mudarse a la casa paterna, el 10 de septiembre, escucharon la llegada de camiones del Ejército.

“Buscamos a Pelo Escobar y Señora”, dice Amelia que le dijo a su madre uno del pelotón de soldados que irrumpió en la casa. “Mi hija Amelia no vive aquí, ellos viven en otro lado”, recuerda Báez cómo mintió su madre. “Aquí -dijo señalándonos a cada uno de los presentes- están mis hijas Gloria, Marta, Rubén y mi sobrina Teresa”, cuenta que continúo su mamá, haciéndola pasar por su hermana Gloria, que estaba a esa hora en la universidad.

Relata que, horas más tarde, su padre le pidió que se preparara porque la iba a llevar a la casa de un pariente, “ya que presentía que ellos iban a volver”, y recuerda que salieron por los fondos de la casa, bordeando un arroyo hasta lo un tío, que terminó regañándola toda la noche.

A la mañana siguiente, su padre la buscó y la llevó a la Dirección de Informaciones de la Policía de Misiones, convertida a esa altura de los acontecimientos en uno de los Centros Clandestinos de Detención más célebres del momento.

“Fuimos recibidos por quien se identificó como el oficial Juan Carlos Ríos”, cuenta Amelia y menciona a uno de los torturadores más cínicos y brutales de la entonces policía provincial.

Dice que Ríos, sorprendido, le pidió su DNI, consultó en una oficina y la condujo ante “un uniformado que se presentó como el Capitán Marángello”, que le explicó a su padre que “en el marco de la lucha antisubversiva nos buscaban por averiguación de antecedentes”. La detuvieron.

“Estuve tres noches”, relata Báez. Dice que “a la noche escuchaba que traían a muchas personas, a quienes propinaban terribles golpizas”.

Por la Dirección policial a cargo de Ríos pasaron multitud de detenidos políticos, como Graciela Franzen, que en 2005 confrontó al policía, ya retirado en su casa y aquejado de una diabetes que lo había dejado sin piernas.

En la ocasión, Ríos se desentendió de su responsabilidad y culpó a colegas suyos de entonces, como Miguel Ángel Silvero, otro de los policías denunciados por Franzen.

Según una crónica del diario El Territorio, sobre aquella a visita sorpresa de Franzen a Ríos, la charla de víctima y verdugo fue un repaso de cruentos episodios que el policía dijo no recordar.

“Me acuerdo que usted me sacó la venda y me hizo atender por el doctor Mendoza ese día en que yo me estaba desangrando”, señala el diario que le dijo Franzen a Ríos, quien, lejos de inmutarse, reaccionó como sorprendido por la gravedad de la escena.

Amelia fue liberada y confinada a detención domiciliaria por otros 45 días. Su casa era vigilada en todo momento. Pelo Escobar fue capturado un mes más tarde, el 21 de octubre.

En Posadas, como en el resto del país, hubo reclamos para la liberación de los presos políticos.

Final de año

A poco de terminar el primer año del golpe, en el interior misionero reinaban el miedo y la delación. Las familias habían dejado, incluso, de visitarse por temor a ser asociados con “actividades subversivas”, que en la colonia podía ser reclamar un precio justo por la cosecha. Los camiones del Ejército y Gendarmería eran parte del paisaje cotidiano. Nadie se sentía a salvo.

En ese clima enrarecido por las razias y operativos que propusieron nombres para la memoria del horror, como La Casita de Mártires y la hostería Hoppe, vive oculto el dirigente agrario Pedro Orestes Peczak.

Fundador del MAM, una organización que nucleaba a pequeños colonos en la lucha por los precios y la tierra, y candidato a vicegobernador del Partido Auténtico en las elecciones de 1975, representando políticamente a los sectores rurales organizados, Peczak es el hombre más buscado de la provincia.

Dicen los testimonios que los militares llegaron a vigilar las farmacias de la zona esperando capturarlo, ya que sabían que el dirigente agrario sufría de dolencias crónicas.

Lo atraparon el 22 de noviembre en Panambí. Fue trasladado al Regimiento de Infantería de Monte 30, en Apóstoles, donde fue sometido a brutales torturas. Murió el 17 de diciembre a causa de los tormentos. El Ejército entregó el cuerpo a su esposa, en un cajón soldado y cerrado con llave. Las autoridades militares prohibieron abrir el féretro. Hoy, la tierra colorada lo recuerda como el “Mártir de Los Helechos”.

Peczak fue uno de los últimos detenidos políticos de 1976. Y el último de la cúpula del Partido Auténtico en ser capturado, ya que un poco antes había caído Carlos Tereszecuk, cuyos restos pudieron ser identificados en 2018; y en octubre, habían secuestrado y asesinado al diputado provincial Juan El Negro Figueredo.

Los registros hablan de unos 600 detenidos políticos y 60 desaparecidos ese primer año del golpe, que concluyó el 17 de diciembre en el Chaco con la ejecución de cinco misioneros: Manuel Parodi Ocampo, Carlos Alberto Duarte, Julio Andrés “Bocha” Pereyra, Luis Ángel Díaz y Arturo Franzen, quienes fueron fusilados en lo que se conocería como la Masacre de Margarita Belén. A excepción de Franzen, hermano de Graciela, y Parodi, cuyos restos fueron entregados a sus familias en enero de 1977, los otros tres jóvenes continúan desaparecidos.

 

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Política

Adorni anunció la salida del misionero Lanari como Secretario de Comunicación

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Javier Lanari

El jefe de Gabinete y ex vocero presidencial, Manuel Adorni, anunció este lunes el alejamiento del misionero Javier Lanari de la Secretaría de Comunicación y Prensa de la Nación, cargo que ocupaba desde diciembre desde diciembre de 2025.

Lanari, oriundo de Posadas y una de las figuras dentro del esquema comunicacional libertario, había quedado al frente de la estrategia de prensa de la Casa Rosada luego de que Adorni asumiera nuevas responsabilidades en el Ejecutivo.

“Mi enorme agradecimiento a Javier Lanari, que dejará su rol como Secretario de Comunicación y Prensa de la Nación tras estos dos años y medio acompañando la gestión”, escribió Adorni.

Y añadió: “En nombre del Gobierno, le deseo lo mejor para sus futuros desafíos. En breve anunciaremos el nombre de su remplazo, quien trabajará a la par del nuevo Vocero Presidencial”.

Acusaciones

La salida del misionero se produce en un contexto marcado por el recambio en el cargo de vocero presidencial y por denuncias públicas en su contra, como las efectuadas por la diputada Marcela Pagano, ex integrante de la La Libertad Avanza (LLA), quien lo acusó de ser “el cajero” de Karina Milei y del propio Adorni en presuntas maniobras de corrupción.

Los últimos dardos de Pagano hacia Lanari fueron en el programa HDP, que conduce el periodista Eduardo Pérez, donde la legisladora acusó al ahora ex secretario de Comunicación de haber favorecido con cargos a familiares y allegados en organismos nacionales como el Instituto Nacional de la Yerba Mate (Inym) y la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), además de anticipar que presentaría nueva documentación ante la Justicia.

Las declaraciones de Pagano se sumaron a otros cuestionamientos previos vinculados a la interna libertaria. La diputada también había señalado a Lanari como uno de los hombres de confianza de Adorni dentro del esquema político del oficialismo y lo mencionó en denuncias relacionadas con presuntas irregularidades en la gestión nacional.

Hasta el momento no trascendieron detalles sobre los motivos formales de la salida ni quién ocupará el lugar que deja vacante el dirigente misionero. Tampoco hubo declaraciones públicas de Lanari tras el anuncio.

Marcela Pagano sobre Lanari: “Acomodó a su familia y amigos en el Inym y la EBY”

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Política

Marcela Pagano sobre Lanari: “Acomodó a su familia y amigos en el Inym y la EBY”

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Lanari

La diputada nacional, ex La Libertad Avanza, Marcela Pagano acusó al posadeño Javier Lanari, secretario de Comunicación del gobierno de Javier Milei, de haber “acomodado a toda su familia y amigos” en el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) y Yacyretá.

Entrevistada anoche por videollamada en el streaming HDP, que conduce el periodista Eduardo Pérez, Pagano se explayó sobre lo que caracterizó como la “ruta del dinero Adorni” y ubicó a Lanari como “bolsero” de la hermana del presidente y secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, y del jefe de Gabinete, investigado por enriquecimiento ilícito y al borde de la moción de censura del Congreso.

“Dentro de la ruta del dinero Adorni, a quien yo denomino ‘el cajero’, hay una parte que compete a Misiones”, apuntó la legisladora y disparo: “Está Javier Lanari, el segundo de Adorni”.

“Lanari es una persona que nos tiene que explicar muchas cosas a los argentinos”, arremetió Pagano y denunció que el posadeño “casi no estuvo dentro de la Casa Rosada” y utilizó su cargo, “entre otras cosas”, para “pedirle dinero a empresarios” y  “colaboraciones para la consultora de la mujer de Adorni, Bettina Angeletti, la socia en la corrupción”.

Pagano afirmó que “toda esta situación está investigándose y ya se empezó a demostrar que hay cosas que yo ya había llevado a la justicia, que son reales”, y adelantó que todo lo relacionado al posadeño Lanari y rol como “bolsero” del esquema de corrupción del gobierno de Milei es parte de las ampliaciones que prepara para incorporar a los expedientes judiciales en los próximos días.

“Lanari acomodó a toda su familia y amigos en el INYM y Yacyretá. Tengo toda la información y estoy por aportar como hecho nuevo en las denuncias judiciales presentadas”, afirmó la legisladora y recomendó: “Yo le diría a los misioneros que presten mucha atención a estas dos entidades”.

Bolsos paraguayos

Pagano aseguró que, según la información que se apresta a presentar en los tribunales federales de Comodoro Py, la “ruta del dinero Adorni” pasaba por Misiones y se extendía hasta Paraguay.

“Javier Lanari ha viajado, sistemáticamente, dos o tres veces al mes a Posadas”, comentó la legisladora y agregó: “Nada tendría de malo eso, si no fuera porque su sueldo de secretario de Comunicación no alcanza para cubrir esos viajes”.

“¿Cuál es el interés tan relevante que solamente a Misiones viajaba este señor?”, preguntó Pagano.

Aseguró que está próxima a reunir toda la información del mecanismo utilizado por Lanari en sus frecuentes visitas a la tierra colorada.

“Lanari es el bolsero, el que lleva los bolsos”, lanzó y reveló que el lugarteniente de Adorni reunía a empresarios y políticos en la casa que el diputado provincial y presidente de La Libertad Avanza (LLA) Misiones, Adrián Nuñez, tiene en el exclusivo barrio Agua Vista, de Encarnación.

“Esta todo documentado, los viajes y los pasos fronterizos a Paraguay”, afirmó la legisladora y comentó que Lanari recaudaba dinero de empresarios interesados en invertir en el país para “conseguirles reuniones con ministros del gobierno”.

Pagano explicó que la residencia paraguaya del hombre de Milei en Misiones “no era el único lugar” y que Lanari canalizaba lo recaudado en el country encarnaceno a través de “la consultora inventada para facturar”, de la esposa de Adorni.

-¿Diego Hartfield participó de estos encuentros?, le preguntó el periodista.

“No me consta que Hartfield haya participado, pero sería interesante preguntarle”, señaló Pagano.

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Política

Herrera Ahuad acompañó proyecto para que el Inym vuelva a fijar precios

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Herrera Ahuad cuestionó el financiamiento para la reforma penal juvenil

El diputado nacional por Misiones, Oscar Herrera Ahuad, acompañó en la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de ley para restituir al Instituto Nacional de la Yerba Mate (Inym) la facultad de acordar y fijar semestralmente un “precio mínimo justo para la materia prima yerbatera”, atribución que fue eliminada por el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/2023.

La iniciativa presentada por la diputada nacional Roxana Monzón, ingresó al Congreso bajo el expediente 2879-D-2026 y fue publicada en el Trámite Parlamentario N.º 73. Además del acompañamiento de Herrera Ahuad, lleva la firma del diputado nacional Luis Basterra, integrante del bloque Unión por la Patria.

El proyecto propone incorporar el inciso R al artículo 4 de la Ley 25.564 del Inym, estableciendo que el organismo deberá acordar semestralmente, entre los distintos sectores que integran la cadena productiva, un precio mínimo justo para la hoja verde y la yerba mate canchada.

Según el texto, dicho valor deberá fijarse tomando como referencia los costos reales de producción y contemplar un margen razonable de rentabilidad para el productor, que no podrá ser inferior al 30%. Asimismo, el precio acordado será de cumplimiento obligatorio para todos los actores alcanzados por la normativa y su incumplimiento podrá derivar en sanciones y multas previstas en la legislación vigente.

La propuesta también contempla que, en caso de no alcanzarse un acuerdo dentro del ámbito del Inym, la cuestión sea sometida al arbitraje de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca de la Nación, que deberá emitir un laudo en un plazo máximo de 30 días. Si ese plazo vence sin resolución, el propio Instituto quedará facultado para fijar el precio por mayoría simple.

Cabe destacar que previo al DNU 70/23 el texto original del inciso obligaba a acordar semestralmente entre los distintos sectores participantes del Inym el precio de la materia prima. 

“El mismo resultará de un acuerdo en el Inym basado en el precio promedio de venta al consumidor de los productos elaborados con yerba mate según las condiciones y estándares de calidad que fije la reglamentación, el cual mediante acta pertinente los sectores deberán respetar”. 

En el proyecto que acompaño Herrera se mantiene el requisito de que, de no llegar a un acuerdo en el directorio del Instituto, “el arbitraje del secretario de Agricultura, Ganadería, Pesca de la Nación, será  quien deberá laudar, según las pautas arriba mencionadas”. 

El impacto del DNU 70/2023

En los fundamentos, se sostiene que la iniciativa busca “restablecer una herramienta fundamental para la supervivencia de miles de familias productoras”, afectadas por la eliminación de la facultad regulatoria del Inym a partir del DNU 70/2023.

Además se recuerda que el 20 de diciembre de 2023 el Gobierno nacional publicó el decreto denominado “Bases para la Reconstrucción de la Economía Argentina”, que modificó aspectos centrales del esquema de regulación yerbatera.

Según se argumenta en el proyecto, desde su entrada en vigencia el DNU fue cuestionado por especialistas de distintas ramas del derecho y enfrentó numerosos planteos judiciales. En abril de 2024, la Cámara Federal de Apelaciones de Posadas ratificó un recurso de amparo que suspendía los artículos que impedían al Inym fijar precios de referencia. Sin embargo, el Poder Ejecutivo apeló esa resolución y la causa fue elevada a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, donde permanece sin movimientos desde junio de 2024.

“Mientras tanto, los productores siguen vendiendo su cosecha muy por debajo del costo de producción”, advierte el proyecto.

Mínimos históricos

Entre los argumentos que respaldan la iniciativa que se acompaña con la firma de Herrera Ahuad cita datos del Centro de Economía Política Argentina (Cepa), correspondientes a un informe sectorial elaborado en mayo de 2026 con información del Inym y del Indec.

El estudio revela un fuerte deterioro en la participación de los productores dentro de la cadena de valor yerbatera. Mientras que en enero de 2022 el precio recibido por el productor representaba el 23,9% del valor final de la yerba en góndola, en marzo de 2026 esa relación cayó al 13,1%.

El promedio del primer trimestre de este año fue aún menor, alcanzando apenas el 11,6%, el registro más bajo desde 2019.

En términos concretos, el informe señala que de cada 100 pesos que paga un consumidor por un paquete de yerba mate en el supermercado, menos de $13 llegan al productor que cultivó la materia prima.

Un mercado con fuertes asimetrías

Los fundamentos también describen la estructura del mercado yerbatero como profundamente desigual.

Por un lado, existen alrededor de 13.000 pequeños productores, la mayoría con explotaciones menores a diez hectáreas, que negocian individualmente el precio de su producción. En el otro extremo, un reducido grupo de grandes empresas concentra gran parte del negocio.

Según el documento, las diez principales firmas del sector representan el 74% del mercado de yerba mate envasada, mientras que las tres primeras : Establecimiento Las Marías, Cooperativa Agrícola de la Colonia Liebig y Santa Ana. Las cuales concentran el 46% de la producción que sale de los molinos.

Entonces, se explica que esta configuración genera una situación de desequilibrio que impide una negociación equitativa y justifica la intervención del Estado como árbitro para garantizar condiciones mínimas de rentabilidad.

Una crisis que trasciende lo económico

El proyecto que acompaña el exgobernador, sostiene además que la crisis del sector yerbatero excede la cuestión económica y se ha convertido en un problema social para el nordeste argentino.

Entre las consecuencias más preocupantes menciona el creciente éxodo laboral hacia Brasil registrado durante los primeros meses de 2026. Según describe, ya no se trata únicamente de la migración estacional de tareferos durante la cosecha, sino de un proceso más amplio que involucra albañiles, mecánicos, camioneros, trabajadores de servicios y familias enteras que deciden radicarse del otro lado de la frontera.

“La combinación de salarios locales por debajo de los costos de subsistencia y mejores condiciones laborales en Brasil actúa como un imán que vacía comunidades enteras”, advierte el texto.

 “La desregulación produjo una transferencia de rentas”

En uno de los párrafos centrales de los fundamentos, se afirma que la experiencia posterior al DNU dejó en evidencia los efectos negativos de la desregulación.

“La desregulación no produjo eficiencia: produjo una transferencia de rentas desde el eslabón más débil hacia el más fuerte”, sostiene.

Finalmente, se señala que la iniciativa no pretende resolver la crisis en la que está sumergida la actividad.

Este proyecto no pretende resolver todos los problemas del sector yerbatero. Pero sí pretende restablecer el instrumento mínimo de dignidad que el Estado debe garantizar a quienes producen uno de los alimentos más consumidos de la Argentina: el derecho a que el precio de su trabajo sea acordado en una mesa en la que también tienen voz”, concluye el proyecto.

Presidente del Inym: “La desregulación no es una coyuntura, es el único camino”

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