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Dictadura en Misiones: la foto del Golpe y las voces del primer año del horror

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La foto más representativa del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Misiones, la tomó el fotógrafo del diario El Territorio, Miguel Ángel Giménez, fallecido en febrero de 2016.

La imagen en blanco y negro es un retrato perfecto del atraco de esa madrugada. Dicen la mayoría de los testimonios que el fotógrafo, por entonces de 31 años, esperó pacientemente al amparo de las sombras de la plaza 9 de Julio como un francotirador consciente de que tiene solo una oportunidad.

La escena muestra a un grupo de militares en uniforme de combate, en el momento en que irrumpen en la Casa de Gobierno: en primer plano, un automóvil que parece ser un Torino, el “gran auto argentino” de la época; detrás, hombres con casco del Ejército, dos con pinta de policías y otro con apariencia de civil, todos con la vista perdida en un punto fijo fuera del cuadro; y al fondo, un pelotón de soldados que se escabullen dentro del edificio.

Cuenta el periodista Sergio Alvez, en una crónica sobre la icónica fotografía, titulada “Un disparo certero en la oscuridad” y publicada en 2022, que Giménez llegó a la plaza poco después de las diez de la noche del 23 y se sentó en un banco, como quien se dispone a matar el tiempo o está esperando a alguien.

“Llegó la medianoche. Miguel no podía saberlo a ciencia cierta, pero en esos instantes, la democracia agonizaba. De pronto, sintió una especie de temblor en el suelo. Giró la cabeza. Una caravana de vehículos hacía su ingreso a la plaza. Uno de los autos estacionó frente a la puerta de Casa de Gobierno. Más de diez militares uniformados y armados, ingresaban. También había un hombre vestido de civil, con ropas claras. Miguel suspiró. Se levantó del banco, sujetó la cámara y procuró mantener la discreción entre unos arbustos, pero a la vez, acercarse cuanto fuera posible al objetivo. Sólo tenía una película para tomas diurnas. Disparó varias veces. Sintió alivio al notar que no había sido descubierto por los militares que se aprestaban a ingresar a la Casa de Gobierno. Comenzó a caminar en dirección contraria, alejándose con premura hacia algún rincón más seguro de la madrugada”, escribe Alvez.

El fotógrafo Miguel Ángel Giménez, autor de la icónica fotografía del golpe en Misiones.

La foto de Giménez marca la Hora 0. El golpe se concibió y ejecutó como una operación militar, que cubrió todo el país con precisión de relojería. Primero, desviaron el helicóptero presidencial y capturaron a la presidenta María Estela Martínez de Perón, Isabelita, que había salido a las 00.10 de la Casa Rosada rumbo a la Quinta de Olivos y terminó aterrizando, con la excusa de un desperfecto técnico, en el Aeroparque Jorge Newbery, donde fue detenida.

A esa misma hora, a más de 1.000 kilómetros del epicentro, en una plaza pueblerina envuelta en penumbras, Giménez apunta su cámara Pentax y dispara la ráfaga con la imagen destinada a inmortalizar ese momento, propuesta desde el comienzo como documento, y no como una foto técnicamente impecable.

“En esa época, los diarios compraban bobinas de treinta metros de película y se fraccionaban en rollos para los fotógrafos”, dice Marcos Otaño, reportero gráfico posadeño de amplia trayectoria en la prensa de la tierra colorada.

Otaño calcula que Giménez utilizó esa noche una película Agfa, muy difundida en el periodismo en blanco y negro de la época, por su grano clásico, marcado contraste y su latitud de exposición, que permitía un pushing de hasta 1.600 asas, ideal para trabajar en condiciones de poca luz.

“Tiene que haber usado una película de 400 asas. Sé que hizo un forzado al revelar, por eso la imagen tiene ese alto contraste: los negros son bien negros, y los blancos, bien blancos”, comenta Otaño.

Dice que en ese entonces no había teleobjetivos acá y que Giménez habrá hecho la toma de su vida “con un lente más chico, desde el medio de la plaza”. “Habrá sido un lente luminoso, los télex eran muy oscuros; calculo que usó un lente de 50 mm”, dice Otaño.

Cree que Giménez trabajó la toma después. “Es lo que yo haría”, admite Otaño y explica: “En la ampliadora, cuando vos hacés las copias, podés hacer una gigantografía; no es como ahora, que se pixela; la imagen de él es bien nítida, no hay ese barrido de las fotos con movimiento”.

El Golpe de 1976: la foto, las primeras horas y sus responsables.

“Cayó esa hija de puta”

En 1976, Posadas era muy distinta a la actual: casas bajas y calles que desembocaban abruptamente en el río Paraná, que entonces corría salvaje entre barrancas de tierra roja y muelles de madera.

La mañana del 24 amaneció calurosa, sin presagios de lluvia. Habían pasado más de seis o siete horas de que la Junta de Comandantes, presidida por el general Jorge Rafael Videla, emitiera el hoy famoso Comunicado Nº 1, que resuena todavía como preámbulo del horror.

El gobernador Miguel Ángel Alterach ya había sido depuesto y arrestado, y gobernaba un coronel: Juan Bautista Beltrametti, que moriría en prisión en 2013, mientras purgaba una condena a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, junto a su colega el jefe del Área 232 Misiones, Carlos Humberto Caggiano Tedesco, también fallecido.

“Mi compañera pasó a buscarme aquella mañana para ir a la escuela secundaria, como todos los días”, relata la periodista María Itumelia Torres, Mariquita, en el libro “Historias con Nombres Propios”, compilado por la licenciada Amelia Rosa Báez, ex subsecretaria de Derechos Humanos de la provincia y víctima del terrorismo de Estado.

“En Posadas amaneció soleado y seguro llegábamos tarde. Pero no llegamos”, dice Mariquita y recuerda que, junto a su compañera de colegio, apenas anduvieron un par de cuadras por la avenida Tacuarí, entonces de tierra, cuando se encontraron con otro estudiante que les avisó: “No hay clases”.

Dice que, enseguida, notaron el paso abrumador de “camiones verdes del Ejército”, que “eran muchos y levantaban una polvareda infernal”, y que vieron a una eufórica vecina que saludaba el paso del convoy, y gritaba: “¡Cayó esa hija de puta!”, por Isabelita, que a esa hora estaba recluida en la villa El Messidor, una mansión de estilo francés, a orillas del Lago Nahuel Huapi, en Neuquén.

En el mismo libro, Mario Enrique Coutouné, militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), estudiante de Ingeniería Química y víctima en el juicio contra Beltrametti y Cagiano Tedesco, junto a su hermano Ricardo, cuenta que esa madrugada amanecieron guitarreando en la casa familiar de la avenida Tambor de Tacuarí.

Festejaban el cumpleaños de Luis “el Negro” Thomas, que se convertiría en uno de los pocos abogados posadeños en atreverse a presentar recursos de hábeas corpus en favor de los detenidos políticos, y que también fue, finalmente, privado de su libertad; primero, en la cárcel de Candelaria y, después, en la Alcaldía de Posadas.

“Estuvimos guitarreando y festejando su cumpleaños. Vimos que había un Torino a media cuadra estacionado, pues, para el Golpe era demasiado una guitarreada en ese momento, pero ese día no pasó nada”, relata Coutouné, que tiene una hermana desaparecida, Mirtha Noelia Coutouné, conocida como “La Flaca”, que estaba esa noche, y sería secuestrada en noviembre de ese año, en La Plata, donde residía.

Dice que un ratito antes, el grupo había visto pasar una camioneta por la avenida, y que entonces encendieron lo que en la época se conocía popularmente como “combinado”, un mueble mezcla de tocadiscos y radio; y que, enseguida, escucharon la fanfarria marcial que se convirtió en la banda de sonido de la dictadura: “La marcha, tan… tararán… y el comunicado”.

“Lo que se viene”

A unas diez cuadras de allí, en una vivienda del barrio Tiro Federal, un arrabal humilde en la costa que debía su nombre al primer polígono de tiro fundado en 1909, Ricardo “Pelito” Escobar, se desperezaba en su cama, sin saber la noticia con la que estaba a punto de desayunarse.

“Recuerdo que me desperté medio temprano, porque había escuchado ruidos en mi casa”, cuenta Escobar, que entonces tenía 16 años, cursaba el secundario en la Escuela de Comercio Nº 1 “General José de San Martín” y desde el ‘73 militaba en el capítulo misionero de la Unión de Estudiantes Secundarios, la mítica UES de La Noche de los Lápices. “Me levanto y veo a mi mamá escuchando las noticias en la radio y justo estaban pasando el comunicado de la Junta Militar que habían lanzado a la madrugada”, relata Pelito.

Cuenta que su mamá, que era “una mujer comprometida” y “simpatizaba” con su militancia estudiantil, lo miró en silencio, “a los ojos, no con miedo, sino como diciéndome: ‘Lo que se viene’”.

“Nunca se me ha podido borrar de la cabeza ese momento, porque era una mirada de interrogante, de qué nos iba a pasar a nosotros como familia”, dice Pelito.

Esa mañana, en Resistencia, a 341 kilómetros de Posadas, Francisco Pancho Perié, que por entonces tenía 20 años, amanecía con la resaca de la noche anterior y se desayunaba con la misma mala noticia que su ex compañero de la UES en Posadas, Pelito Escobar.

Perié estudió en el Colegio Nacional Nocturno Nº2 “General Manuel Belgrano” y fue promotor y presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Misiones, una agremiación estudiantil de corta vida, en una realidad marcada por la violencia política y un orden atenazado por el accionar de grupos parapoliciales orquestados desde el mismo Estado.

“A mí me tenían marcado en Posadas, por lo que me fui a seguir mis estudios a Resistencia; me fui a vivir en una casilla, en una villa”, cuenta Perié.

“La noche anterior fuimos caminando por la vía del tren hasta la casa de una compañera, y ahí estuvimos comiendo un guiso y guitarreando”, recuerda el ex subsecretario de Turismo de la provincia y agrega: “Cuando nos despertamos, nos enteramos que habían tomado el poder los miliares”.

Lo que se vino

En marzo de 1976, Misiones era una provincia todavía dominada por la selva. La 12 era la única ruta asfaltada, el resto de los caminos rurales eran interminables picadas de tierra roja, que se volvían verdaderos pantanos de greda con cualquier lluvia y dejaban aisladas a muchas colonias agrícolas.

Tampoco estaban los puentes, ni con Paraguay, ni con Brasil. La vida en la tierra colorada estaba determinada por un contraste brutal, con la sacrificada rutina del colono y un creciente clima de terror rural, que terminó quebrando la confianza entre los propios vecinos.

Antes del golpe, las colonias tenían una vida social muy activa, basada en el cooperativismo y la lucha por la titularidad de las tierras. Los colonos se juntaban en los secaderos, en las ferias, para discutir los precios de la yerba o el tabaco. Era la época de las Ligas Agrarias y el Movimiento Agrario Misionero (MAM), del que despuntaron líderes como Pedro Peczak, que roto el orden constitucional e instalado el Terrorismo de Estado fueron perseguidos y asesinados.

En Posadas, Pelito Escobar continuaba yendo al colegio y militando en la UES y la Juventud Peronista (JP). “Nosotros lanzamos una campaña de denuncia del golpe, con pintadas y volantes; no imaginábamos que todos estábamos considerados subversivos y que nos iban a perseguir”, dice Escobar.

No faltaba mucho para que su nombre y su fotografía figuraran en un afiche con el que los militares empapelaron la ciudad: “Enemigos de la Patria”, con la identidad de 16 militantes políticos y sociales, entre los que figuran su hermano Héctor Pelo Escobar, Oscar Wapenka, Pedro Peczak, Carlos Tereszecuk, Beatriz Pérez Rueda y Juan El Negro Figueredo, que fueron secuestrados, uno por uno. “Colabore con su detención. No sea cómplice con su silencio”, rezaba el afiche, que pasó a formar parte de la galería de la represión ilegal en Misiones.

Facsimil del afiche con los más buscados por la dictadura en 1976, reproducido en “La vida entre paréntisis. Crónica de un militante”, el libro de la escritora Numy Silva, sobre la historia de Pelito Escobar.

Perié no figuraba en el afiche, pero fue detenido en Resistencia. “Me fueron a buscar a la villa en abril”, recuerda. Fue uno de los primeros militantes misioneros en ser detenidos por la dictadura. Lo trajeron a Posadas y también conoció el menú de torturas y humillaciones. Estuvo preso siete años, hasta la vuelta de la democracia en 1983.

Su ex compañero de la UES, Pelito, fue detenido en octubre de ese año. Había cumplido los 17 el mes anterior y se vio obligado a buscar refugio fuera de la casa familiar.

Pelito cuenta que la noche del 5 de octubre de 1976, caminaba con su amigo y compañero de militancia, Ricardo Coutouné, hacía el barrio Johasá, donde tenía un tío a quien pensaba pedirle para quedarse a dormir. “Ricky me dijo ‘yo te acompaño’ y nos fuimos caminando por Tacuarí”, relata Escobar.

Dice que, al llegar a la esquina de San Martín, notaron la presencia de un vehículo “sospechoso” y decidieron desviar hacia una de las calles laterales, aunque no pudieron evitar ser vistos y fueron, igualmente, interceptados por el automóvil.

“Nos pararon y nos alumbraron con linternas”, agrega Pelito y comenta que con Coutoné ya habían acordado que si eran emboscados por alguna patrulla saldrían a correr. Corrieron. En la huida, se separaron. Coutouné tropezó y cayó, lo atraparon. Escobar estaba por zambullirse en un monte cercano cuando sonaron los disparos. “Sentí un sacudón en la espalda, pero seguí corriendo”, recuerda. Le dieron en el omóplato derecho. “Cuando salí del monte, me di cuenta que sangraba mucho; ya no me perseguían y me escondí en un excusado”, relata Pelito.

Pasó la noche ahí, muerto de miedo, con la ropa empapada de sangre, creyéndose perdido. A la mañana siguiente, escuchó el ruido de vehículos que se acercaban. Enseguida, oyó soldados y voces que daban órdenes, y después, el ladrido de los perros. No tardaron en encontrarlo. “Pelito, entregate, estás rodeado, me decían; era como en las películas”, comenta Escobar.

“Fuimos secuestrados, torturados; mi hermano, mi primo; los amigos asesinados”, agrega. “Con mi hermano estuvimos presos 7 años, 2 meses y 20 días”, precisa Pelito y detalla: “Primero, estuve desaparecido seis meses, en la Policía de Misiones, la Policía Federal, el Ejército, hasta que en marzo del ’77, me llevaron a la Penitenciaría de Resistencia y después a la Unidad Penal 9 de La Plata.

Informaciones

En marzo de 1976, Amelia Báez estaba casada con el hermano de Pelito, Héctor, y empezaba a cursar la carrera de Antropología, en la Facultad de Humanidades de la UNAM. Ambos militaban en la JP y, según cuenta Báez en el libro que compiló, vivían “en tensa vigilia y expectantes”.

En septiembre, con el cerco represivo cobrándose a diario estudiantes, docentes, políticos y dirigentes, la pareja decide separarse. “Decidimos que yo volviera a la casa de mis padres y Pelo empezó a buscar refugio en casa de familiares o de amigos, ya que la represión se consolidaba y le pisaba los talones, como a tantos otros”, relata Amelia.

Cuenta que, a los pocos días de mudarse a la casa paterna, el 10 de septiembre, escucharon la llegada de camiones del Ejército.

“Buscamos a Pelo Escobar y Señora”, dice Amelia que le dijo a su madre uno del pelotón de soldados que irrumpió en la casa. “Mi hija Amelia no vive aquí, ellos viven en otro lado”, recuerda Báez cómo mintió su madre. “Aquí -dijo señalándonos a cada uno de los presentes- están mis hijas Gloria, Marta, Rubén y mi sobrina Teresa”, cuenta que continúo su mamá, haciéndola pasar por su hermana Gloria, que estaba a esa hora en la universidad.

Relata que, horas más tarde, su padre le pidió que se preparara porque la iba a llevar a la casa de un pariente, “ya que presentía que ellos iban a volver”, y recuerda que salieron por los fondos de la casa, bordeando un arroyo hasta lo un tío, que terminó regañándola toda la noche.

A la mañana siguiente, su padre la buscó y la llevó a la Dirección de Informaciones de la Policía de Misiones, convertida a esa altura de los acontecimientos en uno de los Centros Clandestinos de Detención más célebres del momento.

“Fuimos recibidos por quien se identificó como el oficial Juan Carlos Ríos”, cuenta Amelia y menciona a uno de los torturadores más cínicos y brutales de la entonces policía provincial.

Dice que Ríos, sorprendido, le pidió su DNI, consultó en una oficina y la condujo ante “un uniformado que se presentó como el Capitán Marángello”, que le explicó a su padre que “en el marco de la lucha antisubversiva nos buscaban por averiguación de antecedentes”. La detuvieron.

“Estuve tres noches”, relata Báez. Dice que “a la noche escuchaba que traían a muchas personas, a quienes propinaban terribles golpizas”.

Por la Dirección policial a cargo de Ríos pasaron multitud de detenidos políticos, como Graciela Franzen, que en 2005 confrontó al policía, ya retirado en su casa y aquejado de una diabetes que lo había dejado sin piernas.

En la ocasión, Ríos se desentendió de su responsabilidad y culpó a colegas suyos de entonces, como Miguel Ángel Silvero, otro de los policías denunciados por Franzen.

Según una crónica del diario El Territorio, sobre aquella a visita sorpresa de Franzen a Ríos, la charla de víctima y verdugo fue un repaso de cruentos episodios que el policía dijo no recordar.

“Me acuerdo que usted me sacó la venda y me hizo atender por el doctor Mendoza ese día en que yo me estaba desangrando”, señala el diario que le dijo Franzen a Ríos, quien, lejos de inmutarse, reaccionó como sorprendido por la gravedad de la escena.

Amelia fue liberada y confinada a detención domiciliaria por otros 45 días. Su casa era vigilada en todo momento. Pelo Escobar fue capturado un mes más tarde, el 21 de octubre.

En Posadas, como en el resto del país, hubo reclamos para la liberación de los presos políticos.

Final de año

A poco de terminar el primer año del golpe, en el interior misionero reinaban el miedo y la delación. Las familias habían dejado, incluso, de visitarse por temor a ser asociados con “actividades subversivas”, que en la colonia podía ser reclamar un precio justo por la cosecha. Los camiones del Ejército y Gendarmería eran parte del paisaje cotidiano. Nadie se sentía a salvo.

En ese clima enrarecido por las razias y operativos que propusieron nombres para la memoria del horror, como La Casita de Mártires y la hostería Hoppe, vive oculto el dirigente agrario Pedro Orestes Peczak.

Fundador del MAM, una organización que nucleaba a pequeños colonos en la lucha por los precios y la tierra, y candidato a vicegobernador del Partido Auténtico en las elecciones de 1975, representando políticamente a los sectores rurales organizados, Peczak es el hombre más buscado de la provincia.

Dicen los testimonios que los militares llegaron a vigilar las farmacias de la zona esperando capturarlo, ya que sabían que el dirigente agrario sufría de dolencias crónicas.

Lo atraparon el 22 de noviembre en Panambí. Fue trasladado al Regimiento de Infantería de Monte 30, en Apóstoles, donde fue sometido a brutales torturas. Murió el 17 de diciembre a causa de los tormentos. El Ejército entregó el cuerpo a su esposa, en un cajón soldado y cerrado con llave. Las autoridades militares prohibieron abrir el féretro. Hoy, la tierra colorada lo recuerda como el “Mártir de Los Helechos”.

Peczak fue uno de los últimos detenidos políticos de 1976. Y el último de la cúpula del Partido Auténtico en ser capturado, ya que un poco antes había caído Carlos Tereszecuk, cuyos restos pudieron ser identificados en 2018; y en octubre, habían secuestrado y asesinado al diputado provincial Juan El Negro Figueredo.

Los registros hablan de unos 600 detenidos políticos y 60 desaparecidos ese primer año del golpe, que concluyó el 17 de diciembre en el Chaco con la ejecución de cinco misioneros: Manuel Parodi Ocampo, Carlos Alberto Duarte, Julio Andrés “Bocha” Pereyra, Luis Ángel Díaz y Arturo Franzen, quienes fueron fusilados en lo que se conocería como la Masacre de Margarita Belén. A excepción de Franzen, hermano de Graciela, y Parodi, cuyos restos fueron entregados a sus familias en enero de 1977, los otros tres jóvenes continúan desaparecidos.

 

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Política

Marcha contra la Ley de Tierras en Posadas: “Basta de miseria y entrega”

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Integrantes de organizaciones sociales, ambientales, educativas y políticas, se concentraron esta tarde en el Mástil de avenida Mitre de Posadas para marchar hacia la plaza 9 de Julio en rechazo al proyecto de Ley de Inviolabilidad a la Propiedad Privada impulsada por el gobierno nacional.

De esta manera, una columna de manifestantes que se extendió a lo largo de cuatro cuadras desplegó distintas banderas y carteles que expresaban: “Nuestra tierra es nuestra” y “La patria no se vende, no se incendia ni se desaloja”.

“El proyecto de ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, o Ley de Extranjerización de la Tierra, favorecería a una mayor concentración y extranjerización de la tierra, permitiendo una mayor participación de grandes grupos económicos en la compra de tierras productivas”, alertó uno de los manifestantes presentes.

Y añadió: “Misiones es capital de la biodiversidad, su territorio está sobre el Acuífero Guaraní y eso es estratégico considerando además su ubicación geográfica en la Triple Frontera. El 78% de los lagos quedaría sin protección ante la compra de tierras ribereñas, al igual que el 65% de los ríos y el 41% de las nacientes de agua quedarían desregularizadas”.

Marcha contra la Ley de Tierras en Posadas

Durante la lectura de un documento colectivo, los presentes hicieron referencia a los datos del Registro Nacional de Tierras Rurales, que da cuenta de que el país reúne un total de 13 millones de hectáreas en manos extranjeras, el equivalente a cuatro veces la superficie de Corrientes y Misiones, siendo esta última la que reúne la mayor proporción de tierras extranjerizadas.

“En la actualidad, en Misiones existen departamentos como Iguazú que representa el 40% de la superficie extranjerizada. Considerando que un 27% corresponde a áreas protegidas, el territorio disponible para el asentamiento y el desarrollo de las comunidades locales es limitado. Esta situación se ve agravada por tratarse de una región estratégica debido a la riqueza de sus recursos naturales y su ubicación fronteriza”, precisaron.

El listado lo completan los departamentos de Montecarlo (18%), General San Martín (17%), Eldorado (16%) y con el mismo porcentaje Concepción de la Sierra y San Javier. “Todos por encima del 15% establecido por la Ley 26.737”, advirtieron.

En tanto, a nivel municipal, las localidades con mayor concentración de tierras extranjeras son: Puerto Iguazú, Puerto Libertad, Puerto Esperanza, Comandante Andresito, San Antonio, Eldorado, Puerto Piray, Montecarlo, El Alcázar, Puerto Rico. “Estos municipios conforman un corredor estratégico de fuerte presencia de capitales extranjeros en el norte de nuestra provincia”, lamentaron.

Alrededor de 400 personas marcharon en la capital provincial

Al igual que en otros puntos de la provincia y del país, la movilización se realizó durante la sesión en la que se debatió el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado de la Nación.

Sin la parte de extranjerización del territorio, el paquete del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, modifica el Código Procesal Civil y Comercial, habilitando los “desalojos exprés” de propiedades ocupadas mediante procesos judiciales sumarísimos que no necesitan de sentencia firme, entre otros temas.

Para finalizar, los manifestantes pidieron a los legisladores “respetar la voz del pueblo”, y añadieron: “No sean cómplices del saqueo del país, basta de miseria y entrega, voten en contra de este proyecto de ley. La tierra y la soberanía son el futuro de nuestro pueblo y por eso se deben defender”.

En el Senado el debate continúa sobre el proyecto general, mientras que a las afueras una multitudinaria movilización pregona el rechazo en medio de incidentes.

Arce, Rojas Decut y Goerling evitaron que proyecto de Milei vuelva a comisión

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Arce, Rojas Decut y Goerling evitaron que proyecto de Milei vuelva a comisión

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El Senado de la Nación rechazó devolver el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada a comisión, tal como solicitó el peronismo para consensuar un nuevo despacho luego de que el gobierno se viera obligado a retirar el Capítulo 3 de extranjerización de la tierra.

Con el apoyo de los misioneros Carlos Arce, Sonia Rojas Decut y Martín Goerling, el oficialismo reunió 38 votos a favor de continuar el debate, contra 31 votos de la oposición por enviar de nuevo el proyecto a comisión.

Así, el debate continúa en este momento en el recinto, de un proyecto de ley que vio pasar unos 16 borradores del despacho de mayoría, que incluía el capítulo eliminado ayer por La Libertad Avanza dado el escaso apoyo legislativo, y que como sostuvo el peronista José Mayans “el pueblo argentino no sabe bien de qué trata el texto que fue corregido y corregido muchas veces”.

Sin la parte de la extranjerización del territorio, el paquete del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, modifica el Código Procesal Civil y Comercial, habilitando los “desalojos exprés” de propiedades ocupadas mediante procesos judiciales sumarísimos que no necesitan de sentencia firme.

Además, complejiza la expropiación estatal de propiedades privadas, encareciendo la estatización con obligaciones como el “lucro cesante” y la actualización de las indemnizaciones por inflación más y una tasa de interés comercial activa.

También reforma la Ley de Manejo del Fuego 26.815, sancionada a fines de 2012 y modificada en 2020, que establece los “presupuestos mínimos de protección ambiental” destinados a prevenir y combatir los incendios forestales y rurales en el país.

En concreto, el proyecto elimina la normativa introducida en 2020 por el peronismo para impedir la modificación del uso de tierras que hayan sufrido incendios de cualquier tipo, prohibiendo su venta o loteo por plazos de entre 30 y 60 años, para evitar quemas intencionales con fines inmobiliarios o agropecuarios.

Monobloque

Minutos antes del inicio de la sesión, la senadora Rojas Decut anunció la conformación de un bloque unipersonal denominado Movimiento por Misiones (MPM).

A través de un comunicado con membrete del Senado, Rojas Decut explicó que “lejos de significar un cambio de rumbo, esta decisión representa la consolidación de un camino político que pone en el centro a Misiones, su identidad y el mandato de los misioneros”.

“Vine al Senado a defender a mi provincia”, afirmó Rojas Decut y argumentó que su nuevo bloque unipersonal “es la expresión institucional del compromiso territorial que vengo sosteniendo desde el primer día”.

“Es una herramienta de gestión al servicio del gobierno de la provincia y de cada misionero que abraza los ideales del federalismo”, definió. “Movimiento por Misiones nace para sostener un compromiso territorial directo con los 79 municipios de la provincia”, señaló y sostuvo que el sentido de su espacio “es escuchar a quienes viven, producen, gestionan y construyen la provincia todos los días, y llevar esas voces al Congreso de la Nación”.

Entre las prioridades de su bloque, Rojas Decut enlistó la “defensa de la tierra misionera, el  rechazo a cualquier reforma que facilite la extranjerización indiscriminada de tierras rurales, sin tener en cuenta las particularidades de las provincias, o que debilite la protección de las zonas de frontera hídrica, con el Acuífero Guaraní como patrimonio estratégico irrenunciable; la custodia de la biodiversidad; el federalismo real; la educación como motor de desarrollo; el trabajo, la producción y la innovación, con el crecimiento equilibrado en los casi 30.000 km² de la provincia, generando más oportunidades para cerca de 1.300.000 misioneros”.

“Estoy a disposición para llevar la voz del gobierno de mi provincia al Congreso de la Nación”, señaló Rojas Decut y finalizó: “Esa es una causa que no admite grietas, porque la identidad misionera es una forma de construir futuro poniendo siempre a Misiones en primer lugar”.

 

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Política

Tres concejales armaron nuevo bloque para apoyar al intendente Stelatto

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Tres concejales armaron nuevo bloque para apoyar al intendente Stelatto

Tras el receso invernal, este jueves el Honorable Concejo Deliberante (HCD) retomó las sesiones ordinarias con nuevos bloques que reconfiguran el escenario político del recinto, en un contexto marcado por el quiebre entre Encuentro Misionero, espacio lanzado por el diputado provincial Carlos Rovira, y Movimiento por lo que Viene, impulsado por un sector afín al gobernador Hugo Passalacqua.

“Compromiso por Nuestra Ciudad” fue presentado este jueves por el concejal Héctor Cardozo. Al nuevo bloque se sumaron el presidente del cuerpo, Daniel Vigo, y la edil Luciana Scromeda, quienes formalizaron así su salida de Encuentro Misionero, espacio surgido tras la extinción del Partido de la Concordia Social, que durante dos décadas se mantuvo en el poder con Rovira a la cabeza.

Ante la prensa, Cardozo explicó que el flamante bloque se referencia en el intendente Leonardo “Lalo” Stelatto y que tendrá como objetivo acompañar la gestión municipal.

Consultado sobre la conformación del espacio, el edil afirmó: “Buscamos mostrar nuestro apoyo a la gestión del intendente. Nosotros nos debemos a los vecinos”.

En esa línea, Cardozo remarcó que el posadeño “eligió un intendente y concejales para trabajar las 24 horas en resolver sus problemas” y añadió: “No para estar viendo de qué lado estamos”.

De esta manera, buscó diferenciar a Compromiso por Nuestra Ciudad del quiebre político que se produjo entre sectores vinculados a Rovira y al gobernador.

Dib y el agua

Por otro lado, el concejal Jair Dib inauguró su bloque unipersonal, Acuerdo Urbano, desde el que impulsó proyectos para insistir en la resolución de la problemática en torno a la empresa Servicios de Aguas de Misiones Sociedad Anónima (Samsa), que se mantiene desde comienzos de año y que, según expuso ante sus pares, “sigue ocurriendo”.

Además, solicitó modificar el reglamento del HCD, que prohíbe el tratamiento de una iniciativa rechazada durante el mismo período legislativo, para volver a exigir a la prestataria del servicio la colocación de válvulas de expulsión de aire en las cañerías domiciliarias.

Con la conformación de Compromiso por Nuestra Ciudad y Acuerdo Urbano, las concejalas Malena Mazal, Samira Almirón y Laura Traid son las únicas integrantes del bloque de ex renovadores que aún no se pronunciaron públicamente sobre su futuro político. Este jueves, las tres ediles prefirieron no hacer declaraciones al respecto ante la prensa.

En caso de que decidan conformar un nuevo bloque o sumarse a alguno de los ya existentes, Encuentro Misionero quedaría sin representación en el Concejo capitalino.

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