Opinión
Arranca el cronograma electoral en un clima de internas múltiples
Por: Fernando OZ
El impacto negativo que ocasiona sobre la imagen de Javier Milei y su entorno el escandaloso caso de la criptoestafa $LIBRA, comienza a ser motivo de consultas de empresarios misioneros de espíritu libertario. La inquietud es meramente especulativa: algunos temen poner sobre la mesa más de lo que vale el riesgo de la aventura libertaria, otros, los más arriesgados, de terminar financiando sus propias candidaturas, con el costo extra de poner la cara. Tal vez esas dudas, sean el menor de los problemas del armado de La Libertad Avanza (LLA) en Misiones.
En el entorno al diputado correntino Lisandro Almirón hay malestar por las designaciones en la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) y apuntan a Santiago Caputo. Les molesta que los cargos sean “para los conversos”, en alusión a los radicales con peluca y a los justicialistas del riñón del senador Carlos “Camau” Espínola, en desmedró de “los puros”, que se referencian en Karina Milei. Este año Corrientes elige legisladores, pero también al sucesor del gobernador Gustavo Valdés, quien aún no puso fecha para la contienda electoral.
Almirón es diputado del bloque de La Libertad Avanza y buscará ser gobernador, está catalogado como un libertario puro y no se mueve sin que se lo pida Lule Menem o Karina. Camau también quiere ese cargo, en el senado hizo todos los deberes, incluso compartió bloque con Edgardo Kueider, expulsado por la Cámara alta por inhabilidad moral después de ser detenido en Paraguay con 211 mil dólares sin declarar. En la EBY nombraron el mes pasado a Facundo Palma, un escribano que participó del equipo de gestión de Camau cuando fue intendente de la capital correntina. Detrás de esa y otras designaciones se encuentran los buenos oficios de Santiago Caputo, una de las caras del triángulo de hierro.
La designación de Rodrigo de Arrechea como consejero de la EBY entró por la misma vía, aunque el gesto fue para el diputado radical con peluca Martín Arjol. Entre “los puros” – alguien sugirió llamarlos “los karinos”– no cayó bien. Interpretan, que el beneficio también fue para el gobernador Valdés, que se prepara para anunciar el apoyo como candidato a la gobernación de su hermano, Juan Pablo Valdés, intendente de Ituzaingó.
Al mando de la entidad binacional Milei puso a Alfonso Peña, ingeniero civil vinculado con Nicky Caputo, primo hermano del actual ministro de Economía Luis Caputo y “hermano de la vida” del expresidente Mauricio Macri. Los cuatro forman parte del círculo de amigos del Colegio Cardenal Newman. Peña, trabajó para diferentes empresas del Grupo Caputo, como es el caso de Mirgor.
En el hoyo cinco del campo de golf del country paraguayo AguaVista, donde los negocios conviven con la política sin remordimientos ideológicos, hay esperanzas de que avancen con la terminación de algunas obras en el brazo Aña Cuá. Esa misma fe profesan los partidarios de copar las listas de LLA con radicales con peluca y refugiados del PRO. En el plan de los nuevos conversos se encuentran herederos de la patria contratista, empresarios del lobby político y hasta un millonario automovilista retirado.
En el despacho de “El jefe”, como suele llamar Milei a su hermana, quieren ir a elecciones con candidatos propios, preferentemente sin pasado político, alejados de la casta. Karina no parece estar muy contenta con el movimiento de los radicales con peluca en Misiones y Corrientes. “Acá hay una estrategia clara, acá no se entra a los empujones ni haciendo zancadillas, pongamos orden”, se lo escuchó decir a Lule Menem, principal armador político de la secretaria General de la Presidencia.
El primero en ejecutar la consigna fue Sebastián Pareja, presidente de LLA en la provincia de Buenos Aires: “Los que no estén encolumnados atrás de Adrián Nuñez caen en saco roto”, dijo días atrás en declaraciones a la señal C6Digital. También aclaró que quieren llegar a las legislativas con candidatos “más puretes posible” con la idea de “no tener que hacer alianzas políticas con otros partidos” y remarcó que el abogado tributarista elegido por Karina para comandar el partido en Misiones “nos dirá quiénes son los libertarios genuinos para integrar las listas”.
En Corrientes se cree que cualquier dirigente que sea bendecido por los hermanos Milei tiene altas chances de vencer al oficialismo. En Misiones el escenario es diferente, la gobernación no está en juego.
El tablero político en el Cantón Verde tendrá mayor movimiento a partir de esta semana, cuando el gobernador Hugo Passalacqua anuncie el desdoblamiento de las elecciones provinciales de las nacionales pautadas para octubre. El partido que lidera Carlos Rovira ya tenía un bosquejo de los principales candidatos desde fines de diciembre, por eso la maquinaria de campaña comenzó el proceso de afinación a fines de enero. La comunicación de gestión comienza a mostrar uñas de campaña y operadores territoriales salieron como peregrinos a recorrer la provincia con fichas de afiliación bajo el brazo.
Pero acá también aparecen roces y codazos, especialmente entre los NEO y los Blend. Los primeros se sienten más “puros”, se autoperciben como la nueva generación. “Los Neo no terminaron de acomodarse y ahora aparecen los Blend con la ola de derecha”, refunfuña por lo bajo un renovador de la primera hora que ya no tiene ganas de involucrarse en internas, pero no todos piensan igual, de hecho, hay operadores de la vieja guardia que se especializan en fomentar esas internas, en tirar la piedra y esconder la mano, siempre a la caza.
“La primera semana de marzo el gobernador va a hacer la convocatoria” a las elecciones. “En boca de Lucas Spinelli, el vicegobernador, en la reunión que tuvimos con los responsables de zona”, la fecha “no podía ser el último domingo de mayo porque caía 25 y se pasó para junio”, esas y otras tantas cosas dijo Pablo Knutson, un funcionario de la Dirección Provincial de Vialidad que tuvo cargos de poca relevancia desde que se armó la renovación y que en la última elección estuvo en el puesto 13 de la lista de candidatos a diputados provinciales del oficialismo. Claro que no entró. También habló sobre “las preocupaciones” entorno al año electoral; criticó el trabajo que se hace en algunos municipios y hasta se dio el lujo de confirmar candidaturas.
“El presidente de Vialidad provincial, Sebastián Macias, va como primer candidato a diputado provincial” y “Paula Franco, que es la hija de Orlando Franco, que fue intendente de la ciudad de Posadas, va a ser la segunda que va a acompañar”, adelantó Knutson en la misma reunión. Lo escuchó un grupo de militantes y vecinos que fueron convocados en una de las instalaciones de Vialidad de un municipio de la zona centro con el fin de armar sublemas en nombre de la Neo. Allí ventiló detalles sobre “el voto duro que apoya las políticas de Milei”, la intervención del PJ misionero y otra tanda de cuestiones internas que podrían generar malestar hasta en la cúpula de la misma renovación.
La “chambonada” de Knutson podría dejarse pasar por alto si se tratara de alguna de las caras más nuevas del elenco oficial, pero no para un funcionario maduro, que se jacta de tener una treintena de años de militancia y de ser “uno de los fundadores” de la renovación. “Yo le dije que no me venga a traer las internas esas que son de Posadas. Le saqué carpiendo una vez. Acá todos somos renovadores y vamos a ganar porque cuidamos a nuestros vecinos”, comentó un alcalde del norte en un grupo de WhatsApp.
Fue Viviana Rovira quien puso blanco sobre negro y blanqueó en vivo y directo las fricciones que se viven en la renovación. “Basta de internas, basta de pelotudeces”, así lo dijo la presidenta del Instituto Misionero de Biodiversidad (Imibio) y primera dama de la provincia, durante una entrevista sin desperdicios que realizó Aníbal Schmidt, en su programa En Foco, por canal Norte misionero.
La funcionaria, con años de militancia y peso propio dentro del partido, reconoció que “se está trabajando fuertemente” para el año electoral y recalcó que “lo que diga el conductor del partido se acatará”. También habló sobre Somos Renovación, con lo que se propone, según dijo, “unir” a todos los sectores del oficialismo provincial. “No estamos en contra de los Neo, no estamos en contra de nada”, aclaró y argumentó: “Neo también fue (el ex gobernador) Maurice Closs, también fue (la ex senadora) Sandra (Giménez) con 33 años; Neo fuimos todos porque éramos todos jóvenes”. Y, sin pelos en la lengua, se preguntó “¿qué queremos nosotros, que somos más grandes?”, y se respondió a sí mismo: “Estamos pidiendo que nos convoquen para charlar”.
Después de subrayar que “la experiencia es fundamental”, convocó “a todos, no importa si son chicos, si son grandes, si son medianos; convoco a todos los renovadores a charlar, hacer fuerza para que este proyecto político siga adelante”. Sobre el Blend, la propuesta libertaria renovadora, cuya figura estelar es la subsecretaria de Gabinete, Micaela Gacek, la primera dama no tuvo filtros: “No sé qué quisieron hacer con el blend, pero el blend es una mezcla”, razonó y agregó: “Es la mezcla linda, en la coctelera poner de todo y lo mejor de cada uno”. Para ella esa es la esencia de la renovación.
Opinión
Borocotó Versión 2025

Por Gustavo González
@GonzalezUCR
En estos días, se cumplieron 20 años (11-11-05) del pase de Eduardo Lorenzo ‘Borocotó’, del macrismo al kirchnerismo, marcando un camino que con el tiempo se tornó habitual.
Si bien no era el primer caso, lo de Borocotó fue tan escandaloso que se convirtió en un verbo que se utiliza en política: Borocotizar.
¿Por qué hace 20 años la sociedad se escandalizaba y hoy parece algo no reprochable?
Lo que fue un escándalo, hoy se naturalizó, de la mano de la degradación institucional y de la crisis de los partidos políticos.
El caso Misiones
Durante el año, observamos cómo concejales, diputados y hasta un intendente, que fueron electos por un partido distinto, decidieron pasarse al oficialismo nacional o provincial.
Con la excusa de acompañar “el cambio que quiere la mayoría” o de “no sentirse representados por el partido que les permitió ser electos”, deciden acercarse al calor del poder, defraudando a muchos y colaborando con la degradación de lo que debiera ser una noble actividad política.
Luego de las elecciones de junio y octubre hay algo muy claro: la mayoría de los misioneros le dio la espalda al Frente Renovador. Pero también quiere un proyecto serio en frente.
De los 40 diputados que van a integrar la Cámara de Representantes a partir del 10 de diciembre, hay 19 que no son renovadores, o que por lo menos fueron electos por otro partido. Hace años que no pasaba eso.
Los representantes de la oposición misionera tienen una responsabilidad mayor mirando a 2027: construir una estrategia común que respete la identidad de cada uno (no hace falta ponerse la camiseta); y coincidir en un núcleo de propuestas para desarrollar Misiones y dejar atrás finalmente el rovirismo.
Opinión
La casta judicial: la feria y el ciudadano invisible

Por: Fernando Oz
La reciente controversia en torno a la feria judicial me resulta una película conocida. ¿Saben qué? Si en el país existen castas, el Poder Judicial del Cantón bien podría encabezar la nómina. Los jueces gozan de beneficios que harían sonrojar a cualquier monarca: inamovilidad en el cargo, horarios flexibles, licencias generosas; la mayoría de ellos disfruta de excepciones impositivas, además de un poder de fuego institucional que les permite, entre otras cosas, blindarse ante críticas externas. Los conozco.
La feria judicial, que este año suma unos 52 días, es la muestra más acabada de una tradición corporativa que se resiste a los vientos de cambio. Y, como si fuera poco, el Superior Tribunal, con la Acordada 172/25, redujo el horario de atención durante la feria a tres horas diarias. Un récord de productividad, si usted lo mira con los ojos de la ironía.
El primero que me contó los ritos y privilegios de esa casta pulcra e inamovible fue el doctor Luis Vicente Thomas, el Negro Thomas para quienes tuvimos la suerte de estar entre sus amigos. Sucedió a principios de 2003: él presidía el Colegio de Abogados y quien suscribe corría para la escudería de Misiones On Line. Había ido a golpearle la puerta a pedido de un mentor que tuve de joven. Cuando me hizo pasar, fui al grano y le expliqué que Marcelo Almada me había asignado la sección de Judiciales y que necesitaba aprender el paño. El Negro encendió un cigarrillo y, con la paciencia de los grandes maestros, me enseñó cómo traducir un expediente judicial al vulgo, sin necesidad de pasar vergüenza frente a los doctos del derecho.
El resto lo aprendí gastando suela de zapatos por los pasillos de los tribunales de Comodoro Py, de la avenida de Los Inmigrantes o los de la calle Talcahuano, entre otros tantos. Compré diccionarios jurídicos, códigos, hasta tratados, todo para entender el expediente de cualquier fuero. Pero lo que más me interesaba era intentar comprender el pensamiento de las partes del proceso, especialmente las de su señoría. Lo que intento decir es que llevo más de dos décadas hablando con magistrados de todas las instancias, fiscales, defensores y con cada miembro del engranaje, incluyendo sus operadores. Sé lo que les digo.
Y aunque mi primo el juez se enoje y mis compañeros de promoción que usan toga no me saluden para estas fiestas, les voy a decir que no hay épica en la burocracia. Y menos todavía en la que, desde un aire acondicionado y un sillón bien tapizado, mira por encima del hombro al mundo real. No exagero.
Volviendo a la controversia, es lógico que el Colegio de Abogados —la única voz que parece recordar que el Poder Judicial, aunque a veces lo olvida, es un servicio público— haya puesto el grito en el cielo. Pide acortar la feria, ampliar los horarios, que la justicia funcione como debe funcionar: para las personas. No para los expedientes muertos ni para la comodidad de quienes confunden la función con el privilegio. Y hace bien el Colegio en reclamar. Porque, como marca la Constitución provincial, integra el Jurado de Enjuiciamiento, tiene el deber y el derecho de ser contrapeso y actor crítico. Sin ese rol, la casta judicial sería aún más blindada, más hermética, más tentada de perpetuarse. ¿Será por eso que quieren eliminar los colegios a nivel nacional?
Y es que los jueces en Misiones, a menos que una tormenta política decida lo contrario, permanecen en sus cargos hasta la jubilación. Nadie los mueve. Nadie los incomoda. La estabilidad es virtud, dicen, pero cuando deviene en inercia, se transforma en obstáculo. Porque el Poder Judicial, no lo olvidemos, es el único que puede privar a las personas de sus derechos más esenciales: la libertad, la propiedad, la dignidad. No es poca cosa; es por eso que sobre sus espaldas pesa una exigencia superior: legalidad, diligencia, transparencia, publicidad de los actos.
El gremio judicial, por su parte, defiende lo suyo con argumentos que no carecen de lógica: descansar para no enfermar, evitar el estrés, preservar la salud y la continuidad del servicio. Nadie pide jueces exhaustos ni empleados derrumbados. Pero hay un límite: la justicia no puede ser un castillo amurallado donde solo importa el bienestar de quienes lo habitan y el ciudadano espera afuera, empapado y sin respuestas. La experiencia enseña que ampliar horarios no resolvió nada, que el sistema está atrasado, que se requieren reformas profundas: digitalización, agilidad, procesos modernos, y no más días de fiesta.
Las demandas salariales no son un capricho. El deterioro económico es real, los empleados judiciales la pasan mal, los contratos son una trampa de inestabilidad. El reciente reclamo de aumento no es solo una cifra, es un reflejo de la crisis que cruza todo el Estado. Pero el remedio no puede ser clausurar el servicio o aislarse en la burbuja de los propios problemas. Porque la justicia, repito, es para las personas, no para sí misma.
El Poder Judicial, a veces tan rápido para blindarse, se muestra lento para autolimitarse y abrirse a la crítica. Cuando la prensa molesta, la reacción es el cerrojo, la cautelar, el bozal —como en Tucumán—. Pero la libertad de expresión es el oxígeno de la democracia y todo intento de cercenarla huele a prebenda mal digerida, a miedo a la luz. Si la justicia quiere respeto, debe dar ejemplo. Si quiere independencia, que la ejerza con transparencia.
Misiones, como tantas otras provincias, pide a gritos una reforma judicial seria, que involucre desde la digitalización total de los expedientes hasta una revisión profunda del sistema de enjuiciamiento. El modelo actual es un engranaje oxidado que solo gira cuando la casta lo permite. Ya es hora de cambiar.
El ciudadano, al final, es el gran ausente y el verdadero destinatario. Merece una justicia bien paga, sí, pero sobre todo merece una justicia que funcione como la de cualquier país serio. El Superior Tribunal debe entender que la ley no es excusa para el privilegio, sino mandato de ejemplo.
En suma, la cuestión de la feria judicial en Misiones es el síntoma de una enfermedad mayor: la casta judicial y su resistencia. Los reclamos sectoriales revelan la necesidad de discutir en serio el servicio de justicia, de abrir el juego al control ciudadano y de exigir transparencia. Un Poder Judicial bien remunerado pero sometido a reglas claras y exigentes debe ser el norte. La modernización no es una opción: es una obligación. El Colegio de Abogados, en su rol crítico, debe seguir incomodando, denunciando y exigiendo. Los periodistas debemos resistir la tentación del silencio. Y los ciudadanos, jamás resignarse.
Opinión
Argentina: La tragedia del endeudamiento y el cuento del tío

Por: Fernando Oz
Hay días en los que uno se pregunta, entre el fastidio y la resignación, si la Argentina no será, después de todo, un laboratorio cruel donde se experimenta cuánto puede resistir un pueblo sin perder la esperanza. O al menos, la costumbre de esperar. Porque a esta altura, hablar de crisis económica es casi una tradición nacional: la repetimos cada tanto, como quien saca la vajilla de porcelana para recibir al FMI. Cambian los nombres, los tipos de cambio y los tecnócratas de turno, pero el libreto es el mismo: hay que pedir plata prestada, porque, en el fondo, no hay plan.
El salario mínimo argentino, ese mendigo que alguna vez se pavoneó entre los más altos de la región, hoy no resiste ni la comparación con sus vecinos pobres, ni hablemos de los ricos. Basta mirar a los costados para descubrir que incluso países, que solíamos mirar con indulgente superioridad, nos han adelantado en la maratón del poder adquisitivo.
Doscientos veinticinco dólares al mes: ésa es la paga con la que el país pretende alimentar sueños y soportar realidades. En el ranking latinoamericano, Argentina agoniza en el último sitio, superado incluso por Paraguay y Bolivia, naciones que hasta hace poco eran motivo de chistes fáciles en alguna sobremesa porteña.
La evolución del salario real ha sido, por decirlo con elegancia, una pendiente resbaladiza hacia el abismo. Números concretos: el sueldo alcanza cada vez menos. Comprar lo básico se ha vuelto un ejercicio de creatividad y resignación. Los tickets de supermercado se parecen a la lista de compras de un europeo, pero con los precios de Suiza y el bolsillo de Zimbabue. El obrero, el empleado, el docente, el comerciante: todos ven cómo su esfuerzo se esfuma en una danza macabra de inflación y tarifas. Mientras tanto, los funcionarios de turno siguen ajustando el relato, nunca su cinturón.
No hay margen para la ironía cuando se cae un 34% del poder adquisitivo del salario mínimo entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025, y un humillante 63% desde el pico de 2011. El salario mínimo de septiembre de este año es, para colmo, más bajo que el del año 2001, aquel umbral que nadie juró volver a cruzar.
En la Argentina de Javier Milei, los salarios del sector privado avanzaron apenas 1,4% en septiembre, y los del sector público un escuálido 1,1%, mientras la inflación del mes fue 2,1%. En lo que va del año, los ajustes parecen un mal chiste: 20,4% de aumento en el sector privado registrado, 23,9% en el público y 77% en el privado no registrado, frente a una inflación que devora cualquier intento de recomposición. Las paritarias, otrora símbolo de lucha obrera, hoy no son más que la crónica de una carrera perdida de antemano contra el costo de vida.
La inflación, ese monstruo que los economistas de salón prometen enterrar cada año, lleva cinco meses sin dar respiro. Octubre trajo un 2,3%, empujado por una suba similar en alimentos y bebidas, mientras la canasta básica para no ser pobre saltó un 3,1% y se ubicó por encima de 1,2 millones de pesos para una familia tipo. Es decir: ni siquiera viviendo del salario mínimo se llega a la línea de pobreza. La indigencia, por su parte, requiere 544.304 pesos mensuales. Pero aquí no termina la miseria: entre enero y octubre, los precios minoristas acumulan una suba del 24,8%, y la comparación interanual es aún más brutal, con un 31,3% de aumento. Detrás de cada decimal hay un plato menos, un medicamento que no se compra, una cuenta por pagar.
Pero el drama no termina ahí, claro. Porque el desempleo crece, la informalidad es el plan B —y a veces la única opción—, y la destrucción de puestos de trabajo es un goteo constante. No se trata sólo de números fríos: cada comercio que cierra, cada fábrica que apaga las máquinas es una historia que se parte en dos. Aquí no hay estadísticas abstractas, sino familias que dejan de pagar el alquiler, empleados que pasan de la incertidumbre al vacío, jóvenes que se preguntan si no será mejor probar suerte lejos, en alguna parte donde la palabra “futuro” signifique algo más que un acto de fe.
Hablar de desempleo es hurgar en la herida con datos fríos y oficiales. Al cierre del primer semestre, el 7,6% de quienes buscaban trabajo no lo conseguía, cifra similar a la del año anterior, aunque la economía, dicen las planillas, creció un 6,1% acumulado. ¿Dónde está ese crecimiento? No en el salario, no en el empleo formal, no en los changarines de Misiones ni en los albañiles sin obra pública. Más de 200.000 puestos formales desaparecieron entre noviembre de 2023 y agosto de 2025, mientras la informalidad, ese viejo refugio, atrapa ya a casi la mitad de las personas trabajadoras. El “sálvese quien pueda” ha dejado de ser un eslogan para convertirse en política de Estado.
El drama social encuentra su repaso más crudo en la pobreza: 31,6% de la población, es decir, casi uno de cada tres argentinos, vive por debajo de esa línea, según el Indec. Y aunque lejos del 52,9% de 2024, la estadística es un consuelo mezquino para quienes deben elegir entre comer y pagar la luz. El endeudamiento familiar es moneda corriente: el 22,5% de los hogares de bajos ingresos pidió dinero a familiares o amigos para mantener el hogar, el 16,1% recurrió a bancos y el 14,2% a otras personas de su entorno. El 40,8% vendió pertenencias o usó ahorros para sobrevivir. La tarjeta de crédito dejó de ser un plástico para consumo y ahora es, literalmente, un salvavidas, aunque cada compra a cuotas es una piedra más en el cuello.
En el Cantón, la crisis no es un titular, comienza a ser una postal cotidiana. El cierre de comercios es visible en las avenidas de Posadas y las calles de cada localidad del interior al igual que los carteles de “se vende” que invaden la city, una clara prueba de liquidación de activos para la diaria. El turismo de frontera ya no salva, y el encarecimiento relativo frente a Paraguay y Brasil barre con las ventas. El comercio, uno de los motores del empleo privado, se achica, despide, reduce jornadas. La construcción, paralizada por la caída de la obra pública nacional, deja a miles de trabajadores y pequeñas empresas al borde del abismo. El productor yerbatero ve cómo la desregulación y la ausencia de política sectorial lo arrojan a la intemperie y las cooperativas apenas respiran, ahogadas por la deuda y la volatilidad de precios.
Las familias responden con ingenio y resistencia, pero la resiliencia tiene fecha de vencimiento. Los jubilados, otro colectivo golpeado, han perdido casi la mitad de su ya exiguo poder adquisitivo: la mínima, hoy, vale menos que hace un año y mucho menos que en noviembre de 2023. En un país envejecido, el envejecimiento es condena y la vejez, una carrera de obstáculos sin premio.
El Gobierno nacional responde con pronósticos de fantasía: la inflación, dicen, “va a desaparecer” en agosto de 2026; las reformas que no llegan serán el bálsamo que todo lo cure; la solución está en las bandas cambiarias y el aprendizaje social de que la inflación depende de la cantidad de dinero –no del dólar–, mientras el dólar sube y el miedo al próximo sacudón es el único índice que no afloja.
En este contexto, las provincias quedan atadas de pies y manos. No fijan política monetaria, no definen salarios, no manejan el tipo de cambio. Pero algunas, como Misiones, intentan amortiguar el golpe con lo que pueden: ferias, exposiciones productivas, rondas de negocios, créditos de supervivencia, pozos de agua en parajes rurales y pavimento en ciudades turísticas. Son gestos de dignidad, no soluciones estructurales. Sirven para que la crisis “no se sienta tanto”, pero no bastan para revertir el desastre.
Mientras el poder central juega a reducir el Estado a su mínima expresión, hay provincias que apuestan por un Estado presente, aunque sea con recursos limitados. La receta nacional, basada casi exclusivamente en ajuste y endeudamiento, deja a las mayorías a la intemperie. Aquí no hay épica, sólo sobrevivientes. Lo peor es acostumbrarse.
La salida no es más ajuste ni más mercado desregulado. Es, quizá, volver a mirar al interior, a quienes sostienen la producción y el empleo, a quienes defienden la dignidad aún sin plan. Porque la historia de la Argentina, ese país de talento y de tropiezos, merece algo mejor que la resignación y el endeudamiento eterno. Quizás algún día, cuando la paciencia se agote y la memoria pese más que la costumbre, dejemos de pedir milagros afuera y empecemos a exigir políticas que nos devuelvan el futuro.
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