Historias
Dictadura y secuestros en la selva: la historia de la hostería Hoppe en Cataratas
Los restos de la Hostería y Camping Hoppe, ubicada en plena selva dentro del Parque Nacional Iguazú y demolida en 1979, un año después del secuestro de su propietario Juan Hoppe, del militante montonero Manuel Javier Corral -aún desaparecido- y de varios turistas extranjeros, en el marco de las operaciones perpetradas por las fuerzas armadas durante la última dictadura militar, serán señalizados como sitio de la memoria por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
El anuncio fue realizado ayer, a través de redes sociales y luego de una actividad concretada junto a Guillermina y Mariana, hijas de Hoppe y Corral, respectivamente, quienes por primera vez visitaron el lugar donde el 21 de febrero de 1978 sus padres fueron secuestrados por unos veinte militares que irrumpieron a punta de fusiles en medio del silencio y la oscuridad de la selva paranaense.
La señalización del lugar como nuevo sitio de la memoria se realizará a partir de un acuerdo entre la Secretaría de Derechos Humanos y la Administración de Parques Nacionales de Argentina. El lugar fue localizado tras una investigación iniciada por la guardaparque retirada Nancy Ruiz de Martyniuk, con más de 20 años de servicio en Cataratas.
Autoridades de la @SDHArgentina y del Parque Nacional Iguazú acompañaron a Mariana y Guillermina, hijas de Manuel Corral y Juan Hoppe, a conocer el lugar donde vivieron sus padres y del que fueron secuestrados, el 21 de febrero de 1978. pic.twitter.com/zQO0qAV4u6
— Secretaría DDHH (@SDHArgentina) August 26, 2022
Gran parte de los violentos sucesos ocurridos durante esa madrugada de febrero en la hostería Hoppe fue narrado por Guillermina, que en ese momento tenía 14 años y fue testigo del horror junto a sus nueve hermanos. El más grande tenía 16 y el más chico apenas seis meses. Tras el secuestro de su padre, todos quedaron al cuidado de una tía, aunque en precarias condiciones. Sus vidas cambiaron por completo.
Los recuerdos de Guillermina -como los de Mariana Corral- fueron volcados en el libro “Historias con nombres propios III” (2011), a partir de un compilado realizado por Amelia Báez, ex presa política y funcionaria de Derechos Humanos en Misiones, con escritos confeccionados por familiares y víctimas del terrorismo de Estado en Misiones.
La cabaña Hoppe
Juan Hoppe, oriundo de Polonia, era ingeniero de puentes. Participó de la Segunda Guerra Mundial, llegó a Misiones en 1948 y fue el creador de las primeras pasarelas para recorrer las Cataratas.
El hombre tenía una casa dentro del Parque y luego de construir las pasarelas, quedó encargado de mantener los árboles bajos en cercanías al aeródromo, que en esa época funcionaba donde ahora es el acceso principal al predio.
Con el auge del turismo, su casa dejó de ser solamente su casa y con los años se transformó en lo que terminó siendo la Hostería y Camping Hoppe. Visitantes de todas partes del mundo se alojaban en el lugar, en medio de la selva, de la oscuridad, casi aislados y rodeados de yaguaretés en su hábitat natural.

Parte de los cimientos que quedaron como vestigio de las cabañas Hoppe dentro del Parque. FOTO: Secretaría DD.HH. de la Nación
“Era una hostería impresionante. Tenían diez cabañas de madera y diez de material, cada una con baño privado, además de una zona para carpas. Hoppe también había hecho una pileta natural con agua de arroyo, que no tenía impacto negativo en el lugar. Tenía un máquina para generar energía y una bomba para el agua. Era una persona muy ingeniosa. Empezó a ofrecer servicios y por eso para mí fue el primer hospedaje familiar de la historia de Puerto Iguazú“, detalló en diálogo con La Voz de Misiones la guardaparque Ruiz, que investigó la historia de la hostería a partir del hallazgo de los cimientos de las construcciones durante una de las recorridas por el Parque en el marco de una labor de eliminación de plantas exóticas, “invasoras” o “plagas”.
Hasta allí llegó una vez Manuel Javier Corral, más conocido como Manolo, cuyo paradero aún se desconoce y es uno de tantos los militantes políticos que permanecen en condición de desaparecidos desde el golpe de Estado ejecutado el 24 de marzo de 1976.
Corral nació el 20 de agosto de 1943 en Galvez, provincia de Santa Fe. Vivió un tiempo en Capital Federal, formó parte de grupo nacionalista Movimiento Nueva Argentina (MNA) y estudió ingeniería hasta que en 1971 fue detenido acusado de ocultar armas en un “embute”, término de origen lunfardo y utilizado en esa época por militantes para designar el escondite de elementos “comprometedores”, como armamento, libros o insignias peronistas.
Manolo estuvo preso en los penales de Devoto, Caseros y Ezeiza, hasta que fue liberado por la amnistía del 25 de mayo de 1973.
Tras su liberación se casó con la mujer que luego fue madre de su hija Mariana, pero el matrimonio no prosperó y por su compromiso militante tuvo que pasar a la clandestinidad. Su familia ya poco y nada sabía de él para ese entonces, aunque luego confirmaron que Manolo era parte de la organización Montoneros.
En marzo de 1977 Corral se fue a Brasil, pero antes de ello, intuyendo que su final podía llegar en cualquier momento por la persecución política que sufría, escribió una carta para que Mariana la leyera cuando cumpliese 15 años. Esos escritos luego se transformaron en un libro, “Cómo enterrar a un padre desaparecido”, del periodista Sebastián Hacher.
Pero el santafesino iba a durar poco en el extranjero. En noviembre de 1977 regresó a la Argentina y después emprendió viaje hacia Puerto Iguazú, donde se alojó en la hostería Hoppe, lugar que ya conocía previamente. Se quedó ese verano y también empezó a trabajar para el dueño, Juan, con quien entabló una amistad.

La recorrida en la selva para llegar hasta los restos de las cabañas.
Durante esa última estadía Corral conoció a Ana María Cavallieri, una mochilera cordobesa que estaba recorriendo el Litoral. Se enamoraron, iniciaron una relación y aguardaban emprender viaje hacia Brasil nuevamente. La quimera consistía en llegar hasta México. Comenzar de cero.
Pero el 21 de febrero de 1978, a las 2 de la madrugada todo cambió.
Secuestros en la selva
Veinte militares vestidos de civil llegaron a punta de fusiles a la hostería preguntando por “los guerrilleros”. En baúles de falcons y en cajas de camionetas prestadas por la empresa de turismo Tucán, se llevaron todos. A Corral, a Hoppe y a al menos siete turistas (dos daneses, dos estadounidenses, un alemán y dos porteños).
“A los turistas que se alojaban en las carpas en el sector de camping los fueron a buscar a todos, no se salvó nadie. Los trajeron arrastrados haciendo cuerpo a tierra hasta la casa donde estaba la hostería por el camino que estaba lleno de ripio”, recordaría luego Guillermina para el libro de Amelia Báez.
En total fueron doce horas de amenazas, intimidaciones y golpes para todos de parte de los militares que preguntaban “por las armas” y “los guerrilleros”. Uno de los integrantes de esa patota fue reconocido como “Chelo”, un conocido policía del destacamento de Puerto Iguazú.
Todos los detenidos fueron llevados hasta Posadas, donde quedaron alojados en distintos lugares. Hoppe fue torturado y desde su celda también oída como golpeaban a Corral, que luego se habría identificado como montonero que liberen a los demás.
Unos quince días después, el ingeniero polaco y los turistas fueron liberados, entre ellos Ana María Cavalieri, que regresó a Córdoba, pero de Corral nunca más hubo noticias.

Manolo Corral tenía 34 años cuando fue secuestrado Iguazú. Permanece desaparecido.
“A partir de ese momento, comienza un largo recorrido por tribunales, comisarías, pedidos de hábeas corpus, telegramas, etc. Todas gestiones son inútiles. El 7 de noviembre de 1978, mediante un télex, el Ministerio del Interior hace saber que el Ejército ha informado que mi padre ‘fue liberado por falta de mérito, dirigiéndose a la Pcia. De Buenos Aires’. El télex vino de Puerto Iguazú firmado por el Jefe del Comando. Sin noticias. Todos los hábeas corpus presentados posteriormente también fueron rechazados”, reconstruyó, en “Historias con nombres propios III”, Mariana Corral la lucha de su familia para obtener novedades de su padre. Todo fue en vano. De Manolo nunca más se supo más nada. Sigue desaparecido. Sólo quedaron su rostro, sus memorias y la carta dirigida a su hija.
Hoppe, en tanto, regresó a Puerto Iguazú, pero nada fue igual. Los aprietes que ya venía recibiendo para desalojar su casa y su complejo dentro del Parque se profundizaron. Así fue que en septiembre de 1979 debió abandonar el lugar y exiliarse en Presidente Franco (Paraguay), dejando a sus hijos en Iguazú hasta que tiempo después pudo llevarlos nuevamente con él.
Fue durante esos años en Paraguay que Hoppe le contó a sus hijos todo lo que había padecido durante su secuestro y recordó las últimas veces que vio a su amigo Corral.
“En un momento en el que se pasaban salmuera (le ordenaban que se pasaran) para que se cubran los golpes, Corral le dijo a mi padre que una sesión más de tortura no aguantaba, entonces mi papá le dijo que les suplicara. En un momento escuchó que Corral decía que le dejaran ver el mundial y que quería ver a la Argentina salir campeón. También escuchó, ya que permaneció siempre vendado, que varios detenidos decían que no iban a comer más porque preferían morir, no aguantaban más tantas torturas”, recordó Guillermina sobre las experiencias narradas de su padre.

La guardaparque Ruiz -al medio- junto a las hijas de Corral y Hoppe.
La familia Hoppe regresó a Argentina en 1983, pero el ingeniero polaco falleció poco antes de 2010. Murió lejos de su histórica cabaña y sin justicia por todo lo padecido, ni por su secuestro, tortura y exilio, ni por su desalojo. Fue uno de los pocos que no fue incluido en el plan de reubicación de primeros pobladores del área Cataratas realizado por la Administración de Parques Nacionales en su momento.
“Él no estaba de manera ilegal ahí, pero de igualmente en la orden de desalojo figuraba como un ‘invasor’. Toda esta investigación también forma parte de la historia oral de esos primeros pobladores y ayuda a la memoria. Lo oculto debe salir a la luz. La justicia engrandece a una nación, se ha sacado la afrente de ese lugar”, reflexionó la guardaparque Ruiz.
Ahora, más de 40 años después, la Secretaría de Derechos Humanos señalizará un sitio de la memoria dentro del Parque para recordar lo sucedido durante esa madrugada de terror en la hostería Hoppe.
Historias
Migró en 2001, milita en PT de Lula y regulariza misioneros trabajando en Brasil
En plena crisis de 2001 y ante la falta de empleo en su pueblo natal, El Soberbio, Marcelo Do Nascimiento tomó una decisión que cambiaría su vida: emigrar a Porto Alegre, Brasil. Tenía 17 años. Allí continúo sus estudios, se formó profesionalmente y encontró en la militancia política un camino para transformar su historia personal y la de otros trabajadores.
“En Misiones nunca hubo empleo suficiente para la juventud. Primero vino una hermana mía y después vine yo”, recordó Marcelo en conversación telefónica con La Voz de Misiones. En Brasil comenzó a estudiar y a trabajar, mientras seguía de cerca el escenario político del país.
La llegada al poder de Luiz Inácio Lula da Silva en 2003 fue un punto de inflexión para el misionero. Inspirado por su historia de vida, Marcelo decidió orientar su formación hacia la industria metalmecánica y sumarse a la militancia en el Partido de los Trabajadores (PT).
Ingresó al PT en 2006, se incorporó al sector metalúrgico en 2008 y, dos años después, al sindicato. Su trayectoria fue en ascenso: participó de encuentros nacionales, ocupó cargos partidarios y sindicales, y tuvo su primer encuentro personal con Lula en 2012. “Vengo de una familia muy pobre del interior de El Soberbio. Meterme a militar fue para luchar por los derechos, para mejorar mi vida y la de mis compañeros“, afirmó a LVM.
Y añadió: “La militancia siempre surge desde ese lugar; difícilmente provenga de alguien que viene de una familia acomodada y decide militar en un partido que lucha por los derechos de los trabajadores”.
Condiciones dignas
Actualmente, Marcelo se desempeña en el Ministerio de Trabajo de Brasil, donde está a cargo de un área clave en un escenario marcado por el éxodo de trabajadores rurales. En los últimos años, la falta de empleo y los bajos salarios impulsaron a cientos de argentinos -principalmente de Misiones- a emigrar a Brasil en busca de mejores oportunidades laborales. En ese contexto, su función se centra en la regularización de extranjeros que cruzan la frontera para trabajar, un rol estratégico para garantizar derechos laborales y condiciones formales de empleo.
En ese marco, explicó a este medio que el trabajo no se realiza de manera aislada, sino en articulación con la ministra de Trabajo de Misiones, Silvana Giménez.
“Nosotros estamos haciendo un trabajo con el ministerio de Trabajo de Misiones. La ministra está hablando con nosotros porque queremos que los jóvenes, o cualquier argentino que salga de Misiones, ya venga con su documentación al día”, señaló Marcelo. En esa línea, enfatizó que el objetivo es agilizar los trámites y garantizar que los trabajadores ingresen al mercado laboral brasileño de forma legal, con todos sus derechos desde el primer día.
Según detalló, uno de los principales problemas es la falta de documentación con la que ingresan muchos migrantes, que llegan a Brasil sin un trabajo previo y sin la documentación formal necesaria para desempeñarse laboralmente. “Si no ingresan de manera legal, no pueden tramitar el CPF, que es el documento más importante de Brasil, equivalente al DNI argentino, el que permite acceder al trabajo formal y a derechos básicos”, ejemplificó.
Por ese motivo, el área trabaja de manera articulada con autoridades de Misiones, la Policía Federal y la Receita Federal para coordinar y facilitar los trámites necesarios, con el objetivo de prevenir situaciones de informalidad o explotación laboral.
“En 2023, cuando Lula asumió nuevamente, encontramos numerosos casos de trabajo esclavo, incluso con argentinos en esas condiciones. Por eso estamos muy comprometidos con que todos estén regularizados y accedan a sus derechos”, remarcó.
Además, mencionó que recientemente visitó una empresa de Santo Ângelo, que contaba con 1.300 empleados, de los cuales 170 eran argentinos.
Volver a las raíces
Marcelo comenzó a trabajar desde muy chico. “Me acuerdo bien. Desde chico laburaba en la chacra y después, a los 12 años, trabajé en una panadería. Por eso tengo muy presente de dónde vengo”, relató.
Esa experiencia marcó su recorrido personal y político, y explica el fuerte vínculo que aún mantiene con su tierra natal. “Siempre que puedo vuelvo a El Soberbio. Uno nunca debe olvidarse de dónde vino, de sus amigos, y también tiene que luchar para que otros no pasen por lo mismo que uno pasó“, expresó.
De su última visita a Misiones, a un encuentro de productores en Corpus, dijo haberse encontrado con un panorama desalentador.
“Si comparo Argentina con la época en la que me vine, estaba mejor que ahora. Estuve en Misiones hace poco y sentí que la situación está muy mal. En aquel momento no había trabajo, como hoy, pero me da la sensación de que ahora todo está peor”, opinó Marcelo y contó que muchos productores le manifestaron su preocupación por la falta de empleo y la pérdida de derechos.
Al contrastar esa realidad con la situación laboral en Brasil, sostuvo que el escenario es distinto.
“Brasil está mejor que cuando yo vine. No era fácil: el desempleo estaba cerca del 12% y hoy ronda el 4,6%. Hay pleno empleo, el salario mínimo subió y tenemos más derechos. Eso mejoró mucho, sobre todo para los jóvenes que llegan a trabajar”, señaló y, en esa línea, remarcó que mientras en Brasil se debate reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, en Argentina observa un fuerte retroceso en materia de derechos laborales.
A pesar de los años y la distancia, Marcelo insiste en no perder de vista sus orígenes. Desde su rol actual, busca que quienes emigran lo hagan en condiciones dignas. Esa mirada se apoya también en su formación profesional: cuenta con estudios técnicos en metrología, cálculo técnico y dibujo, y es licenciado en Gestión Pública.
Historias
Curvas en Bici, el grupo de colombianas que llegó de Bolivia a Misiones
El miércoles 21 de enero un grupo de siete mujeres colombianas partió desde Bolivia rumbo a Argentina, con el objetivo de recorrer siete etapas, desde Corrientes hasta Iguazú en bicicleta, y lo lograron en once días. Desde allí se dirigieron hacia Río de Janeiro con el mismo sueño y mensaje: “Con el fortalecimiento de habilidades y el conocimiento mecánico, muchas mujeres sentirán plena libertad y podrán recorrer su país en bicicleta u otros países como lo hicimos nosotras”.
Curvas en Bici surgió en 2017 en Bogotá, con la misión de compartir experiencias sobre ciclismo, saberes sobre mecánica, conducción, infraestructura vial en ciudades, tránsito y seguridad, además de concebir a la bicicleta como vehículo sustentable que, además de contribuir al cuidado del medioambiente, ayuda a preservar la salud en diferentes aspectos como la prevención del sobrepeso y el sedentarismo.
Esta organización de mujeres, que cuenta con ocho años de antigüedad, realiza un viaje nacional anualmente y hasta el momento concretaron dos experiencias internacionales, la primera fue hacia Europa y en esta oportunidad la travesía sudamericana Bolivia-Argentina-Brasil.
“Como esto es un viaje que se hace en equipo decidimos visitar estas dos maravillas, que son el Salar de Uyuni y las Cataratas del Iguazú. Fue una decisión en consenso, con votaciones, evaluando pros y contras: cómo llegar, qué tan fácil iba a ser y de acuerdo a ello lo hicimos. Ya estando acá nos dimos cuenta de que no nos equivocamos y que realmente son dos maravillas y nos sentimos muy afortunadas de haberlo logrado en bici”, describió en una entrevista telefónica con La Voz de Misiones Mayra Torres, integrante de Curvas en Bici.
El viaje inició el 21 de enero en Bolivia y estuvo planeado desde hace un año y medio: “Ese es el tiempo que nos ha tomado planificar cada paso, cada sitio, la ubicación, dónde pedalear y cómo hacerlo. Nuestro viaje tenía tres puntos principales, el primero fue conocer el Salar de Uyuni, el cual nos llevó a tomar varios buses y vuelos durante un día, después estuvimos en el salar y en la noche volvimos a retomar nuestro viaje con otros buses hasta llegar a Corrientes, Argentina”, añadió Sofía Carrillo, miembro de la misma organización.
Al llegar a Corrientes, se dirigieron a la empresa donde compraron las bicicletas para esta travesía. Una vez en el lugar, las armaron, agruparon, empacaron y salieron a bordo de las mismas rumbo a la ciudad de las Cataratas.
“Fueron 7 etapas en 11 días porque nosotras tomábamos días de descanso también, entre cada tres o cuatro etapas a fin de recuperar el cuerpo, conocer los sitios, compartir con la gente y todo lo que conlleva un viaje de esta magnitud. Finalizando, llegamos a Iguazú, conocimos las Cataratas, tanto del lado argentino como del lado brasileño y después de esto la idea fue continuar el viaje hacia Río de Janeiro, allí vamos a participar del Festival del Río y conocer cómo es la ciudad”, continuó Carrillo.
Desde Corrientes capital pasaron por Itatí, Itá Ibaté, Ituzaingó, Posadas, Gobernador Roca, San Ignacio, Puerto Rico, Eldorado y Puerto Iguazú. “Conocimos el lado argentino de las Cataratas y fue algo impresionante. Previamente, en Gobernador Roca hicimos un descanso y aprovechamos para ir a San Ignacio y conocer las ruinas jesuíticas”.

Llegada de Curvas en Bici a Puerto Iguazú
“Una provincia muy bella”
“Misiones nos pareció una provincia muy bella. Los paisajes, los árboles, la tierra roja que a los ojos es algo muy bonito de ver. Para el equipo, nosotras venimos de Colombia, y estamos acostumbradas a pedalear en superficies no tan planas como las que transitamos en Corrientes, entonces, siento que físicamente nos ayudaba más el tipo de geografía en Misiones que tiene más subidas y bajadas y eso hizo más divertido el trayecto”, detalló Torres.
“Las casas que hay alrededor de la carretera tipo chalet con los pinos, el cielo azul… era muy bello. También por la calidad de las personas, siempre nos recibieron bien, cuando tuvieron la posibilidad de regalarnos agua o hielo lo hicieron y nos expresaron que nos admiraban, porque no mucha gente lo hacía… entonces fue muy lindo”, agregó la ciclista.
Por su parte, Carrillo hizo hincapié en lo que significa ser mujer y atravesar largas distancias sobre dos ruedas: “Siento que el mensaje más importante es que logramos hacer algo que pocas personas se animan a realizar, que podemos disfrutar de un país y un medio de transporte diferente, que podemos animar a más personas y a las mujeres a ser un poco más independientes y empoderarse de sí mismas a través de la bicicleta“.
En ese mismo sentido, recordó: “En los puestos de Gendarmería las mujeres nos miraban con felicidad, quizás por ver que alguien decidiera recorrer sus carreteras de esta forma. Se sentían representadas a través de nosotras, lo mismo en Colombia, todas las mujeres se sienten representadas con nosotras, de que estamos conquistando nuevos territorios a través de la bicicleta y eso genera mucho empoderamiento. Ese es el mayor significado, el empoderamiento de la mujer en el mundo y la posición de la mujer en los diferentes lugares de Suramérica”.
Durante el año y medio de preparación y planificación del viaje, vendieron productos para recaudar fondos y poder costear la travesía, a su vez, contaron con el apoyo de marcas patrocinadoras de Colombia que les brindaron tanto financiación como también elementos útiles para la ruta.
También, obtuvieron un descuento significativo en la compra de bicicletas, lo que les facilitó adquirirlas. A su vez, cada una tenía su dinero personal y familiar para cubrir gran parte de los gastos.
Posadas, el primer contacto con Misiones y otros ciclistas
Si bien dentro de la organización no cuentan con integrantes argentinas o misioneras, durante el transcurso de la travesía lograron intercambios con algunas mujeres a quienes brindaron información sobre las actividades y talleres realizados en Bogotá.
El intercambio no se produjo solamente con mujeres transeúntes sino con miembros de la comunidad mixta Ruedas Libres, abocada al ciclismo y la motivación. “Puntualmente en Posadas nos encontramos con Elías, líder de la organización Ruedas Libres, quien muy amablemente nos enseñó algunas cosas frente a las dinámicas de algunos ciclistas en su territorio, y adicionalmente nos acompañó hasta Gobernador Roca, nuestra cuarta etapa”, señaló Ángela Sánchez Restrepo, fundadora de Curvas en Bici.
“Él puntualmente nos comentó que no había muchas mujeres que se animaran a andar en bicicleta debido a temas de seguridad y también por incomodidades que algunas han sentido en ciertas agrupaciones mixtas en las que algunos hombres tienen segundas intenciones al participar de estos espacios con mujeres. Por esto, él suele realizar esfuerzos brindándoles acompañamiento a las mujeres y orientándolas en cómo empezar estas salidas. De hecho, hace salidas con un nivel menos exigente para quienes se están iniciando y de esa manera busca fortalecer la participación femenina dentro de esa organización”.
Según su relato, la admiración por la travesía en bici comandada por mujeres fue a primera vista, mientras a su paso dejaban stickers de Curvas en Bici a lo largo de la ruta 12 en Misiones: “En diferentes puntos de nuestra travesía logramos identificar el interés de las mujeres que se movilizaban en otros medios de transporte. Se quedaban muchas veces observándonos y observando nuestra dinámica, como también algunas niñas que sintieron curiosidad por lo que nosotras hacíamos mientras estábamos detenidas descansando, ajustando o despinchando ruedas. Eso también generó un impacto muy positivo, al igual que la relación con otras mujeres”.

Parada técnica de Curvas en Bici por Misiones
Sin embargo, también recordaron las experiencias que generan temores y al mismo tiempo contribuyen a estar siempre alerta: “Compartimos con otras personas nuestra felicidad y placer por hacer este tipo de travesías en bicicleta, y aunque sabíamos que hay ciertos riesgos en la carretera -debido a las velocidades de los vehículos- al salir en grupo y al ver a tantas mujeres unidas frente a este propósito, sabemos que mucha gente también puede tomar un poco de conciencia frente a la forma de rebasar a un ciclista y a la seguridad que puede compartir en las vías, además de otros temas asociados a la vida en la vía en el momento de conducir”.
Sobre lo que recordó: “Tuvimos algunos pequeños sustos con un par de vehículos que nos pasaban muy cerca y de hecho hubo un camión de carga pesada desde una distancia muy cercana, empezaba a pitar muy fuerte al grupo, lo que hizo que literalmente tengamos que salir de la carretera”.
En cuanto a la infraestructura vial observada en Misiones, expresaron: “Argentina no tiene subidas tan significativas como las tiene, por ejemplo, Colombia. Si es viable, sí consideramos que puedan analizar la creación de un espacio más amplio en las carreteras, de manera que los usuarios sean más compartidos, y sobre todo, quizá una posible infraestructura para bici que incite a las personas a recorrer su país en bicicleta debido a que puede ser un poco más fácil por su topografía”.
Sobre este cambio, añadieron que “podría involucrar a que la comunidad se mueva de otras formas, conozca y se apropie más de su país desde una bicicleta y de esa manera disminuir otros temas a nivel salud, como lo es el sobrepeso, el sedentarismo, entre otras tantas que a nivel mundial sabemos que suceden. Esto puede ser una muy buena alternativa para la comunidad en general en Argentina”.
Con el objetivo de inspirar a otras mujeres y replicar la experiencia en otros puntos del mapa, Carrillo concluyó: “Creemos que las mujeres, al momento en que se les brinda ciertas herramientas como lo es el conocimiento mecánico, el fortalecimiento de habilidades; muchas llegan a un punto en el que sienten plena libertad y pueden recorrer su país en bicicleta u otros países como lo hemos hecho nosotras. Lo seguiremos haciendo en Colombia y otras partes del mundo para ser más mujeres en bici y buscando que el mundo sea cada vez mejor para nosotras”.

Curvas en bici
La corporación Curvas en Bici se originó en Bogotá, Colombia, en el año 2017. En ese entonces Ángela Sánchez Restrepo organizó la propuesta bajo la experiencia de ser guardiana de la ciclovía en esa ciudad.
“Nuestra ciclovía en Bogotá tiene características muy importantes y trabajando allí noté que eran muy pocas las mujeres que se movilizaban en bicicleta para ese entonces, y paralelamente estudiaba Trabajo Social, así que, desde el enfoque profesional también se logra estructurar parte de la organización”, añadió Sánchez en conversación con LVM.
Desde sus comienzos hasta la actualidad, Curvas en Bici organiza talleres de mecánica, salidas en bici para mujeres y eventos asociados a retar a las mujeres a lograr nuevas distancias y conocer nuevos lugares en Colombia.
Adicionalmente, cuentan con un equipo de trabajo conformado por 35 voluntarias que acompañan a las mujeres en cada salida, en sus diferentes niveles y exigencias.
A su vez, la organización consta de zonas que divide a la comunidad por sectores y comités, en los que abordan diferentes temáticas como sostenibilidad, impacto social, talento humano, bienestar en equipo y presentación de proyectos e investigaciones en convocatorias distritales, nacionales e internacionales.
A lo largo y ancho del país reúnen alrededor de 100 mujeres que se benefician de estas actividades que son presenciales y también cuentan con espacios virtuales encaminados al bienestar, como lo es: la meditación, la salud mental y el entrenamiento funcional.
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Historias
Médico misionero se formó en Cuba y hoy superó 500 cirugías en Aristóbulo
Kevin Romeo, tiene 32 años, es oriundo de Aristóbulo del Valle, se formó como médico en Cuba y al regresar a Misiones, durante sus primeros años de carrera logró superar las 500 cirugías realizadas en el sistema de salud pública provincial, siendo las más frecuentes las colecistectomías, o extirpaciones de vesícula.
Quienes lo conocen resaltan que se destaca por “lo que no se enseña en ninguna facultad”: la vocación. Tal es así que cuando hay una urgencia, sea de día o de noche, domingos o feriados, la joven promesa de la cirugía misionera aguarda en su consultorio a pacientes con o sin turno y en horarios extendidos.
Durante una entrevista telefónica con La Voz de Misiones, hizo un repaso sobre el descubrimiento de su temprano interés por la medicina a la que, más que una profesión, la concibe como “una herramienta fundamental para generar igualdad, contención y oportunidades reales, especialmente para quienes más lo necesitan”.
Esto es así porque, según recordó, desde muy joven comenzó a descubrir su pasión por la aplicación, gestión y organización de la medicina, marcado por haber crecido en contacto con realidades donde “la salud no siempre llega a tiempo”.
Cuando apenas egresó del secundario, Romeo accedió a una beca y estudió en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba (Elam). Allí compartió la formación con estudiantes de más de 160 países: “Fue una experiencia clave que me dio una mirada mucho más amplia del mundo, de la vida y de las distintas realidades sociales”, reconoció.
Y amplió: “Convivir con culturas, costumbres y contextos tan diversos me permitió comprender que la salud debe pensarse siempre desde una perspectiva humana, social e inclusiva. La formación fue exigente y transformadora: disciplina, trabajo en territorio y contacto permanente con el paciente, lo que me preparó para resolver problemas reales incluso en contextos complejos”.

Pacientes junto al médico cirujano Kevin Romeo.
Regreso a la tierra colorada
Una vez graduado con título de Doctor en Medicina emitido por la Elam, Romeo volvió a su país natal y comenzó a trabajar en consultorios de distintas colonias de Aristóbulo del Valle. “Esa etapa fue fundamental para interiorizarme en lo que considero la verdadera medicina: la medicina social, la que escucha, la que acompaña y la que está cerca de la gente. Una experiencia por la cual estoy profundamente agradecido”, aseguró.
La validación del título también le permitió continuar la formación como especialista en cirugía general y cursó la residencia en Eldorado, durante cuatro años. “Es un lugar al que le estoy eternamente agradecido, no solo por la oportunidad de formarme como especialista dentro del sistema público, sino también porque demuestra que cuando el Estado decide invertir en salud y en formación profesional, se generan oportunidades reales“, sostuvo.
Y añadió: “Muchos colegas de otros países deben endeudarse de por vida para acceder a este tipo de formación. También destaco el compañerismo y el sentido de familia que se vive en las residencias de Misiones, algo que cualquier residente puede confirmar”.
Finalizada la residencia, decidió regresar al hospital del cual proviene, el hospital nivel II Justo José Pereyra. Esto no es un dato menor: los especialistas pueden elegir otros destinos con mayores beneficios personales, pero los valores y el compromiso con la gente de Aristóbulo del Valle y Salto Encantado marcaron el destino de este médico. “Son convicciones que no se negocian”, remató.
Con inversiones provinciales se puso en marcha el quirófano del hospital donde, junto a un gran equipo, Romeo pudo realizar numerosas cirugías de distintos tipos, siendo las más frecuentes las colecistectomías o extirpaciones de vesícula, como respuesta a una patología muy común en la zona y cuya única solución es quirúrgica. Sin embargo, reconoció que “eso permitió dar respuestas concretas y evitar derivaciones innecesarias, acercando soluciones a la comunidad”.
Sobre sus próximos desafíos, detalló: “Estoy convencido de que la capacitación continua es clave. La medicina y la gestión de la salud requieren actualización permanente, planificación y responsabilidad. Mi objetivo es seguir mejorando la calidad quirúrgica y aportar también desde la organización y la gestión, porque los sistemas de salud no mejoran solos: mejoran cuando hay decisión política, liderazgo y planificación”.
Finalmente, hizo un análisis sobre el sistema de salud misionero, y resaltó: “Lo considero de un valor enorme. Es un sistema de excelencia, no solo a nivel provincial sino nacional. En pocas provincias se ve un sistema tan inclusivo como el nuestro, con alta calidad en recursos humanos, infraestructura y tecnología. Defenderlo, fortalecerlo y mejorarlo debe ser una prioridad permanente, porque es una política pública que impacta directamente en la vida de la gente”.
El médico misionero que vivió con indígenas en el Amazonas y es concejal en Eldorado
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