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Jóvenes suman acusaciones contra Bruno Zapelli: “Mucha gente fue víctima de él”

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Luego de las denuncias que derivaron en la detención de Bruno Zapelli (35) por golpes, hostigamiento y amenazas contra su ex pareja, otras dos jóvenes que mantuvieron vínculos de pareja con el acusado, relataron episodios de violencia y coincidieron en “patrones de conducta similares” experimentados hace al menos 10 años atrás.

La detención fue efectuada el jueves en horas de la noche, cuando el hombre se presentó en la comisaría Decimosexta de Posadas, donde quedó detenido en el marco de una causa que lo investiga por el delito de amenazas” hacia María José Humeniuk (32), quien lo denunció por segunda vez el pasado 25 de noviembre.

Días atrás, La Voz de Misiones hizo público su testimonio, en el que describió el calvario que vivió tras romper relación con el posadeño. Al tomar conocimiento de la historia, Cintia Magri (31), y otra joven que prefirió resguardar su identidad, se contactaron para solidarizarse con la víctima y dar a conocer las experiencias que vivieron en carne propia junto al mismo Zapelli.

Pese a que no hubo denuncia formal, uno de los nuevos casos revelados se remonta al año 2013, cuando Cintia tenía 18 años e inició un noviazgo con Bruno que entonces tenía 22. “Nosotros nos conocimos por salidas de boliche en ese momento, amigos en común, hacíamos previas y así empezamos. La relación arrancó bien, como toda relación que al principio todo va bien”, comenzó a relatar la joven en diálogo con LVM.

“Él fue mi primer novio, fue la primera persona con la que estuve, entonces era bastante importante en mi vida. Creo que estaba mucho más enamorada que él, pero en ese momento no me daba cuenta de un montón de cosas que pasaban porque justamente fue mi primer novio. Era mi primera experiencia en todo”, recordó.

Sin embargo, con el paso del tiempo la atmósfera amorosa que compartían día a día se fue transformando: “De repente la relación empezó a derrapar, todo empezó a ser cada vez más tóxico”, aseguró, recordando ciertos señalamientos e insultos que dirigía contra sus amigas e incluso sus padres.

“Nosotros salimos como cuatro años y pasado un año me empecé a dar cuenta de que él intentaba alejarme de mis amigas, las insultaba, me hablaba mal de ellas, de mi familia y de todo mi entorno. Yo en ese momento no le hacía caso porque sabía lo que eran mis amigas y mi familia, pero me llamaba la atención que sea tan malo con ellos si nunca le habían hecho nada”, recapituló.

Según su testimonio, la violencia verbal que disparaba Bruno hacia sus amigas un día pasó a los hechos con un episodio de exhibicionismo público y humillación durante una fiesta: “Mis amigas también pasaron mal en ese momento porque también sufrieron acoso por parte de él. Tengo el recuerdo de una fiesta de Navidad. Él estaba peleando conmigo y una amiga viene y me quiere sacar de la pelea. El agarra y le dice `¡qué te metés negra de mierda!` y en medio de la fiesta se baja el pantalón mostrándole sus partes a mi amiga con un gesto obsceno y se lo vuelve a subir. Fue algo muy rápido. Yo no podía creer lo que estaba pasando. Desde ahí mi amiga lo odiaba, no lo podía ni ver y me decía que tenía que terminar con él”.

A partir de ese momento, como si hubiera dejado caer una máscara sin volver para recogerla, los actos de violencia siguieron su curso y se incrementaron paulatinamente. Ella, a pesar del escepticismo, poco a poco comenzaba a darse cuenta, buscando ganarle a la negación de lo que pasaba frente a sus ojos.

“Una vez salimos de Cristóbal, nos fuimos los dos en taxi hacia su casa. Al parar, el taxímetro arrojó un precio y el taxista había redondeado el monto hacia arriba. En eso Bruno se enoja, empiezan a discutir, nos bajamos del taxi, -el señor era un viejito y tenía el vidrio bajo- él metió la mano y le empezó a meter piñas, piñas, piñas al señor y le pateaba el auto. Le rompió todo el auto. En ese momento intenté detenerlo, pero no pude, era muy grandote”, relató casi reviviendo un momento de shock que llegó a las puertas de la familia, acompañado por una denuncia al domicilio, aunque no prosperó en la Justicia.

Cintia también expresó que la relación, después de esos episodios, no fue “lineal”: “Él jugaba mucho con el ida y vuelta; cortábamos, volvíamos, cortábamos y caía en mi casa. Habíamos cortado unos días antes y después volvió a buscarme y seguimos discutiendo por lo que habíamos peleado anteriormente. En un momento empieza a golpear el manubrio del auto, se da vuelta, me pega una piña en la boca -que me chocó el labio con los dientes- y ahí me empezó a sangrar y sangrar”.

En ese momento ella bajó del auto frente a la casa de él y recordó: “Él no quería que yo entrara llorando porque no quería que sus padres se dieran cuenta de lo que había pasado. Entonces me lleva para afuera en la vereda, me dice ‘pará, pará, disculpame’, me pide perdón, los dos llorábamos”.

La situación se volvió aún más compleja al día siguiente cuando Cintia debía enfrentar a sus propios padres: “Al otro día me acuerdo que me tenía que ir de compras con mis padres a Paraguay, claro, yo tenía el labio que era una pelota, todo negro, yo decía, ¿cómo hago para viajar y qué le digo a ellos?. Ellos me fueron a buscar al otro día, me vieron así, preguntaron qué había pasado y les tuve que mentir. Después de mucho tiempo mi mamá me dijo, ‘yo no te creí eso’, pero es como que nadie podía hacer nada”.

Sobre lo que profundizó: “Es como que él era tan manipulador de las situaciones que yo creo que hasta incluso le manipulaba a mi familia porque él muchas veces cayó llorando a mi casa cuando cortábamos y mi familia le tenía lástima. Encima que yo tampoco hablaba, entonces no sabían mi versión, solo conocían la de él”.

Y aseguró: “Cuando él me pegó fue como un antes y un después. Ahí fue donde me di cuenta de que algo pasaba. En cualquier situación a él algo lo sacaba, insultaba, gritaba, golpeaba o tiraba cosas. Me acuerdo que una vez me empujó, me dio una patada, estábamos peleando por una pavada”.

“Después toda la relación fue así y yo me tuve que ir de Posadas. Me mudé a Buenos Aires porque no podía salir del círculo y tampoco hablaba mucho, no le contaba a mi familia lo que pasaba y tampoco a mis amigas. Siempre les contaba la mitad de la historia, me daba vergüenza porque sentía que me banqué un montón de cosas. Y finalmente terminé de contarles todo lo que pasó hace no muchos años, recién cuando volví a Posadas”.

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Conciencia

Sobre aquellos tiempos, la joven revivió con tristeza destratos dentro del propio círculo familiar de Bruno: “ Me acuerdo que le trata muy mal a su mamá, nunca lo vi pegarle, pero sí muchas veces la empujó, la insultó muy feo y yo decía, si le trata así a su madre ¿por qué me trataría mejor a mi?”.

Doce años después de aquellos episodios, con el relato que expuso María José Humeniuk días atrás, Cintia asegura que Bruno “sigue siendo el mismo”: “Realmente es una persona muy peligrosa, no entiendo cómo todavía anda por ahí. Yo lo veo los fines de semana que sale, lo veo en bares donde yo trabajo cerca; como si nada pasara”.

“Yo a su mamá la quiero mucho y pienso en ella porque la debe estar pasando re mal, y me gustaría que ella sepa también todo lo que hizo el hijo y que no fue solo a una persona, hay mucha gente que fue víctima de él. También, de mi parte, siento que esto que está pasando es cerrar una herida. Estuve mucho tiempo mal, muchos años, en una etapa de la vida en la que recién formaba todo, la manera de entablar vínculos. Me costó mucho estar con hombres después de esto y formar pareja. Siento que es alentar a otras chicas a que se animen a hablar”, concluyó.

Y sumó: “Ojalá que -si no queda preso- que alguien de su familia o su entorno pueda ayudarlo con profesionales porque para mí es un psicópata o tiene algún problema mental”.

Coincidencias

Otra de las presuntas víctimas, que en este caso prefirió resguardar su identidad, también fue entrevistada por este medio y mencionó patrones de conducta similares que coinciden con el relato anterior, entre ellos: la “inconstancia”, la “mentira compulsiva”, las reacciones impulsivas y la violencia, tanto verbal como física.

“Fue mi primer novio y la primera persona con la que estuve. Nosotros íbamos juntos al colegio, a la secundaria, entonces todo empezó en el 2006. Teníamos 16 años y éramos menores, pero éramos noviecitos de curso y compartíamos un montón de cosas. Cuestión que estuvimos juntos aproximadamente desde el 2006 al 2010, pero entre eso hubo un montón de idas y vueltas, momentos que no estuvimos juntos y demás”.

Esta persona se refirió puntualmente a “patrones” que estuvieron caracterizados por “violencia y mentira”. “Él era una persona muy violenta, pero en ese momento no tanto conmigo, al principio. Había muchas cosas que yo veía, y al ser chicos, adolescentes, uno por ahí en esa época justificaba un poco eso. Era una época en la que los chicos se cagaban bastante a trompadas a la salida del boliche o cosas así”.

Y continuó: “Cuestión que cuando estábamos juntos éramos chicos y tres veces cayó detenido. Es más, creo que era menor en esa época, porque si bien estuvimos dos años, cuando era menor, cumplió 18 y se fue a vivir a Buenos Aires y seguía siendo la misma persona. Cuestión que cayó detenido, yo iba a la Policía, esperaba que salga, siempre re buena porque no entendía y más por ser mi primer novio, yo quería acompañar porque si bien era una persona muy violenta, no me hacía cosas a mí”.

Al igual que con Cintia, la relación se fue tornando “tóxica” con el correr del tiempo: “Después si, empezaron las discusiones. Tenía un celular y lo partía a la mitad, le pegaba a la pared, discutía con todo el mundo y se cagaba a piñas con otros chicos afuera del boliche”.

Sobre esto, sumó: “No es que tomaba alcohol y hacía algo. A veces era un día a la tarde, estábamos haciendo algo y empezaba a quedar loco. Un día discutimos y me tiró un baldazo de agua. Teníamos 17 años”.

“En otra oportunidad yo estaba sentada en una silla, él patea la silla y me tira a mi con la silla y todo. Fue un caos, yo llorando, pero nunca reaccioné ni nada porque uno nunca sabe hasta qué punto va a reaccionar el otro. Cuestión que me empecé a alejar. Le dije que no íbamos a estar más juntos y ahí fue que empezó a enloquecer con mensajes y persecución. Yo salía del boliche y después él llegó a mi casa porque me había seguido. Y mi casa tiene dos pisos y arriba una terraza. Una vez me tocan la puerta de la terraza del patio de arriba, el pibe había trepado mi casa directamente. Hacía cosas así”.

Y remató: “También mentía un montón con cosas que todos veíamos y sabíamos que estaba mintiendo y él pareciera que no se daba cuenta”.

Recordando un episodio que habría ocurrido en el año 2010 cuando terminaron la relación, expresó: “Un día a las 5 de la mañana pidió que le abra la puerta de mi casa. Yo todavía vivía con mi mamá y mi hermano. Voy y le abro, porque no quería que haga quilombo. Ahí me empieza a hablar y a decir que estaba con alguien, como una escena de celos, re loco, re sacado. Yo le dije que no, que no, y que me deje de molestar y me mete un cabezazo en la nariz”.

Yo no quise hacer nada porque si reaccionaba, no sabía si iba a hacer algo peor, entonces le empiezo a decir, por favor, lo empiezo a echar y ahí me mete un cachetazo en la mejilla. Le pido llorando que se vaya hasta que lo hace. En ese momento mucho no dije porque era chica y mi hermano tenía la misma edad que nosotros, entonces era como que se iban a cagar a palos todo el tiempo y no era lo que yo quería”, concluyó asegurando que no presentó la denuncia formal por el vínculo amistoso que existía con los miembros de su familia.

Ayuda

Estos testimonios dan cuenta de que en situaciones de humillación y violencia -en sus diferentes formas- la víctima no alcanza a elaborar el trauma de manera espontánea, lo que impide comunicar lo que pasa en el momento, poniendo en riesgo los pedidos de ayuda necesarios.

Si sos víctima o conocés a alguien que sufre violencia de género podés llamar sin cargo a la línea nacional 144, a la provincial 137, al 911 o escribir por WhatsApp al +5491127716463 para atención, contención y asesoramiento las 24 horas.

Detuvieron a Bruno Zapelli, denunciado por violencia contra su ex pareja

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Hallaron el celular del comisario prófugo por abuso y buscan más pistas

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Hallaron el celular del comisario prófugo por abuso y buscan más pistas

La búsqueda del comisario general retirado Adolfo Miguel González (63) sumó un nuevo elemento que ahora será analizado por los investigadores: durante un procedimiento realizado en Posadas, la Policía secuestró un celular que habría sido utilizado por el prófugo y que podría aportar información para establecer su paradero.

El operativo se concretó durante la tarde de ayer en una vivienda ubicada sobre avenida Lavalle y estuvo a cargo de efectivos de las direcciones de Cibercrimen e Investigaciones Complejas, por disposición del Juzgado de Instrucción Dos de Posadas, a cargo del juez Juan Manuel Monte.

Como parte de las tareas desplegadas en el inmueble, los investigadores preservaron además una conversación de WhatsApp mantenida con un número que sería utilizado por González. El intercambio fue exportado y quedó bajo resguardo para su posterior análisis.

El elemento de mayor interés para la investigación fue un teléfono Motorola que pertenecería al comisario retirado y que, según las averiguaciones realizadas, habría sido utilizado por él. El dispositivo fue secuestrado y quedó a disposición de la Justicia para ser sometido a pericias.

A partir del análisis del teléfono y de la información obtenida durante el procedimiento, los investigadores intentarán reconstruir parte de los últimos movimientos de González, además de establecer posibles contactos y lugares vinculados con su permanencia fuera del alcance de la Justicia.

González permanece prófugo y con una orden de detención vigente en el marco de una causa por presunto abuso sexual. La Policía mantiene activo el operativo para localizarlo y avanzar con su detención.

Mientras continúan las tareas de búsqueda, cualquier información que pueda contribuir a establecer el paradero del ex efectivo puede ser comunicada al 911 o a la dependencia policial más cercana.

Buscan a comisario retirado denunciado por abuso de dos niñas en Posadas

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Empresario increpó y amenazó de muerte a periodistas en Iguazú

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El empresario del turismo Fernando Clavero amenazó de muerte al periodista y jefe de redacción de Misiones Online, Rafael Cortés y al cronista Alejandro Martínez Mareco, cuando se alojaron en un hotel para cubrir la visita del presidente Javier Milei en Puerto Iguazú el viernes último. 

La denuncia policial fue presentada ese mismo día en la comisaría Segunda de Puerto Iguazú, donde Cortés acudió para describir lo que había ocurrido. Según su declaración, al regresar al hotel, ambos fueron agredidos y amenazados por Clavero, responsable de la empresa de Viajes y Turismo “El Jesuita”, con sede en Posadas. 

El hecho se registró en horas de la noche del viernes cuando Cortés y Mareco se encontraban en el establecimiento hotelero. En un momento dado, Clavero se acercó y comenzó a increparlos por una publicación realizada meses atrás por el diario Misiones Online.

El empresario los recriminó por la publicación periodística que relató el frustrado viaje de misioneros para ver a Messi y la Selección, organizado por la empresa de turismo en cuestión que habría sufrido un perjuicio en consecuencia.

Según el mismo testimonio del periodista denunciante, Clavero se encontraba en estado de “exaltación” y “fuera de sí”, cuando profirió amenazas contra ambos e incluso las extendió al propio fundador y director de Misiones Online, el periodista Marcelo Almada.

“Ese pelado de mierda, Marcelo Almada, que nos arruinó y no le importó mi familia, lo voy a cagar bien a trompadas y después lo voy a matar”, habría expresado Clavero según la denuncia de Cortés. A lo que sumó: “Te voy a cagar bien a trompadas a vos y a tu compañero porque me la banco y los voy a matar”. 

Según el relato incorporado a la denuncia, la situación culminó cuando intervino uno de los recepcionistas del hotel, que logró descomprimir el episodio y el empresario turístico finalmente se retiró del lugar.

El origen del conflicto

El violento episodio registrado en el hotel fue la continuidad de otros anteriores, ya que la cronista del mismo medio, Antonela Souza, aseguró haber sido destratada por empleados de El Jesuita al buscar información por un hecho periodístico.

Todo comenzó el 6 de septiembre del año 2025, cuando Misiones Online publicó una nota sobre las denuncias presentadas por usuarios de la empresa turística que viajaron a Buenos Aires para asistir al partido entre Argentina-Venezuela por las Eliminatorias, con la ilusión de ver a Lionel Messi.

Tras el partido, varios pasajeros que habían pagado alrededor de $510.000 por el servicio, denunciaron que no pudieron ingresar al estadio Monumental y terminaron siguiendo el encuentro desde un bar, pese a haber contratado un paquete turístico que incluía el viaje y las entradas para ver el partido. 

Sin embargo, la empresa había cuestionado públicamente dicha información y redujo la cantidad de personas afectadas: “Sólo fueron tres”. En ese entonces, un representante se comunicó con Souza y la acusó de “perjudicar y difamar a la firma”.

Una semana después El Jesuita remitió una carta documento a Misiones Online, mediante la cual pidió que se borrara de la web, y las redes sociales, la noticia del viaje que frustró a varios misioneros por las entradas inhabilitadas para ver a Messi y la Selección, y anticipó posibles acciones judiciales.

Desde Misiones Online anticiparon que solicitarán medidas de protección, debido al contenido de las amenazas denunciadas y al temor generado por el episodio ocurrido en Puerto Iguazú.

 

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Escaparon dos presos de la comisaría de Colonia Victoria

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colonia victoria

La Policía realiza un amplio operativo de búsqueda para dar con dos detenidos que esta madrugada escaparon de la comisaría de Colonia Victoria.

De acuerdo a lo consignado por fuentes policiales, los internos lograron violentar los candados de la celda en la que se encontraban detenidos y desde allí fueron sorteando otros sectores hasta alcanzar la calle.

Los evadidos fueron identificados como Yonathan “Revirito” Paredes (28) y Sandro Néstor Zalazar (36), este último domiciliado en Eldorado.

La fuga fue constatada en horas de la madrugada y desde ese momento se montó un amplio operativo de búsqueda por el pueblo y localidades aledañas, mientras que en paralelo se inició una investigación interna para determinar responsabilidades del personal de turno en la dependencia.

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