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Artista de Oberá se bajó de muestra en Chaco y cuestiona financiamiento en el NEA

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El artista Lorenzo González Baltazar, graduado de la Facultad de Arte y Diseño de la Unam, en Oberá, renunció a la exhibición de su muestra Sapucay marica, en el Museo de Bellas Artes de la provincia del Chaco, luego de haber sido seleccionado por concurso, pero sin condiciones mínimas que garanticen su participación, según expuso en una carta publicada en los últimos días.

La misiva, dirigida a Gabriela Zalazar, directora del Museo Provincial de Bellas Artes del Chaco René Brusau, comenzó diciendo: “En primer lugar, agradezco y me siento honrado de haber sido seleccionado para realizar una muestra individual en este museo tan importante para las artes visuales de la región (…) Pero lamentablemente las condiciones no son las propicias para que dicha exhibición se lleve adelante, ya que no se cumplen con las exigencias mínimas que requiere una muestra”.

Entre las condiciones que debía afrontar el artista para exhibir sus obras, mencionó los gastos de producción, flete, traslados, montaje, alojamiento y viáticos para el montaje y desmontaje, además de honorarios para él y el curador.

“Estamos hablando de 10 fotografías de gran formato, de 1 metro por 70 centímetros aproximadamente. Además, había dos instalaciones que había que trasladar, una desde Buenos Aires y otra desde Yapeyú, Corrientes”, expresó Lorenzo, en diálogo con La Voz de Misiones

Asimismo, la institución le exigía la donación de una de sus obras.

“Vi las condiciones y me parecieron incongruentes porque el presupuesto que proponían era muy bajo, de 40 mil pesos, y no cubría ningún otro gasto adicional, era el único financiamiento”, manifestó el artista. 

“Me inscribí a último momento, pero aclaré en el mail que no me parecía bien el presupuesto, que era muy bajo y que necesitaría, en caso de ser seleccionado, ayuda al menos con el transporte”, continuó

Respecto a la donación de la obra, había aclarado en el mail que “de última les podía dar una pequeña, porque de por sí sería muy costoso hacer la muestra y la verdad que los 40 mil no equivalen a pagar una obra”.

Lorenzo agregó que en el correo de inscripción también había anexado un link con el tarifario que sugier un grupo de artistas autoconvocados para los honorarios. 

Al publicarse la lista de seleccionados, González compartió que se puso muy contento: “Dije: ‘Ah, bueno, si me aceptaron con la queja que hice, debe ser porque están dispuestos a dialogar y hacerlo posible’”. 

“La exigencia de honorarios es algo muy nuevo”

El colectivo Artistas Visuales Autoconvocades es una red federal, autogestionada, colaborativa y horizontal, conformada por trabajadores y trabajadoras de las Artes Visuales de Argentina. 

A raíz de la emergencia sanitaria del Covid-19, se comenzaron a reunir periódicamente para gestionar herramientas que contribuyan a su reconocimiento como trabajadores de las artes.

“Estábamos en un momento crítico en el que no se podían hacer muestras, en que era muy difícil vender obras y se empezaron a compartir experiencias donde se veía que había mucho abuso, tanto de las instituciones públicas o privadas, como también de particulares que compraban obras a muy bajo costo aprovechándose de las vulnerabilidades de algunos artistas, entonces se empezó a proponer un honorario”, explicó Lorenzo. 

“Es algo que en otras artes ya sucede”

“Como a un bailarín se le paga por presentarse, a un músico también, si uno va a escuchar poesía, lo ideal sería que se le pague también a los que leen; bueno, en las artes visuales eso no sucedía, con suerte uno ganaba algo al vender una obra, pero en una muestra, la verdad que no es tan común vender una obra”, resalta el artista visual. 

“Uno expone el resultado de mucho tiempo de trabajo, de meses o incluso años de trabajo, donde también invirtió muchos materiales, no solo tiempo”, enfatizó. 

“La institución o el espacio que exhibe los trabajos, aunque no cobre entrada, está ganando al llenar su espacio con piezas de valor con contenido, entonces debería retribuir al artista, al autor todo ese trabajo, conceder condiciones mínimas y ser responsable de los gastos que implican que ese trabajo llegue a la sala”, exclamó. 

“No se cumple en el NEA”

El artista afirma que esta situación se replica en muchas instituciones del NEA, sin que Misiones sea la excepción. 

“He expuesto en una sala privada en la cual hice dos muestras y la primera no me pagaron nada, ni siquiera el envío de la obra y encima, como yo no vivía en Posadas, tenía que ir y quedarme allá, un montón de gastos”, contó a LVM.

“Recién para la segunda muestra, que fue al año siguiente, en el 2019, me animé a pedirle ayuda con el transporte de las obras porque eran obras muy grandes y me pagaron solo una parte del flete”, dijo al referirse al Espacio de Arte de la Universidad Gastón Dachary, ubicado en la esquina de Salta y Colón.

“La que dirigía el lugar en ese momento era Sandra Gularte, ella particularmente me ayudó desde su bolsillo a afrontar algunos gastos y lo hizo de forma particular”, recordó Lorenzo.

“Es importante reconocer esas cosas, como a veces los gestores también, que pasan por una cuestión muy autogestiva, se acostumbran a poner de su bolsillo cosas que en realidad no son obligación de ellos”, recriminó. 

Otro caso recordado por Lorenzo fue el del Centro de Arte del Parque del Conocimiento.

“En el 2020, durante la pandemia, el Centro de Arte del Parque del Conocimiento, que todavía estaba cerrado, me llama para hacer un vídeo en el que la idea era salir hablando sobre una obra de un artista X a través un nuevo artista de la provincia; querían que uno analice la obra, se grabe a sí mismo y enviarlo, y ellos no nos iban a pagar nada”, contó a La Voz de Misiones.

“Varios artistas decidimos plantarnos y exigir un horario y al final creo que no salió este proyecto”, manifestó el egresado de la Facultad de Artes de Oberá.

Asimismo, por experiencia propia de colegas, el artista comparte que la misma situación se vive en el Museo Yaparí.

“Sé que compañeras han tenido que cambiar las luces, llevar sus propias tanzas, clavos y cosas para colgar las obras, que no tenían ni para la gráfica de la vidriera, cuestiones mínimas, entonces para qué está el museo, van a abrir la puerta no más, porque otra cosa no hacen” expresó González.

“Resulta muy fácil para ellos poner un espacio, cuando de todo el resto de los gastos se ocupan  los artistas”.

“Básicamente es como tener una panadería y que el panadero vaya con su propia harina, haga el pan para que el patrón lo venda y gana el patrón, no el empleado puso todo”, expuso. 

Respecto a la Casa de la Cultura de Oberá, que se encuentra en el centro de la ciudad, expresó que “en los últimos años decidimos con varias compañeras no hacer más muestras ahí porque no tenían ni siquiera cinta para colgar la obra, tenías que llevar todo, pero particularmente porque a una compañera le rompieron un cuadro, cuando lo fue a retirar, el cuadro estaba roto y no se hicieron cargo”, contó. 

El presupuesto, en la mira

En el marco provincial, Lorenzo expresó que “tengo entendido que los museos provinciales dependen directamente del estado provincial, es decir, del Ministerio de Cultura de la provincia”.

“Lo que nos dicen cada vez que vamos a preguntar desde la Asociación Misionera de Trabajadores de las Artes Visuales es que no tienen presupuesto, al mismo tiempo que no se sabe exactamente cuál es el presupuesto provincial destinado a cultura, que debería ser público”, exigió el artista. 

Escenario a nivel nacional 

En relación a las condiciones proveídas por otras provincias o zonas del país, el artista plástico comentó que “la mayoría de las instituciones grandes están pagando, tanto públicas como privadas, por ejemplo, el Museo de Rosa Galisteo de Rodríguez en Santa Fe, y el museo de San Juan”.

“Ahora voy a participar de una muestra por primera vez acá en Buenos Aires, en el museo Manzana de las Luces y me van a pagar honorarios”, ilustró como ejemplo personal.

“También quedé seleccionado en el Salón Anual Nacional de Santa Fe y ellos me cubren los gastos de envío y los honorarios por la exhibición de la obra”, agregó. 

“Son varios museos los que están cubriendo, lamentablemente no todos y en el NEA ninguno”, manifestó.

Contexto actual y tarifario

“Actualmente, se está luchando para generar el Instituto Nacional de Artes Visuales que ayudaría por lo menos a tener una reglamentación general y un órgano de control”, contó Lorenzo, mencionando además el tarifario disponible en AVAA.  

“El tarifario se actualiza periódicamente, la última actualización fue el mes pasado y se hace a través de una asamblea convocada por la misma organización donde participan artistas de varias provincias”. 

Para culminar, el artista visual remarcó que es tan simple como “entender que lo que uno hace es trabajo y que eso, además, está dando trabajo a otros, generando valor y que como todo trabajo necesita ser remunerado.”

Contrario a lo que se cree, expresó que “la venta de la obra es el formato más difícil de remuneración; la exposición, la difusión es la forma más habitual”.


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A 25 años de la gira eterna, su hijo Lolo y un amigo recuerdan a Fermín Fierro

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Fermín

Hace 25 años partió a la gira eterna Fermín Fierro, uno de los músicos populares más importantes de Misiones. Compuso más de 300 canciones, muchas de ellas dedicadas a las provincias del Litoral e incluso producciones conceptuales, como la que dedicó al Libertador General San Martín y que lo llevó a ser la Revelación de Cosquín en 1966.

Aunque para entonces su más famosa canción, “Mi serenata”, había sido popularizada por María Helena, obra que en las últimas décadas fue interpretada por múltiples artistas del país, como Soledad Pastorutti, Los Alonsitos o Los Ojeda en Paraguay. Fermín Fierro descansa en el cementerio posadeño de La Piedad, desde que murió en 1999. Es por eso que hoy, 13 de abril -según declaró la Legislatura provincial un año después- se celebra el Día del Cantautor Misionero.

Fermín Fierro era su apodo. Había sido rebautizado por su manager con ese nombre en la década del 60, cuando ya estaba viviendo en Buenos Aires. Se había ido a los 17 años para estudiar Derecho en la ciudad de la Plata pero también para probarse en la música y en eso último le fue muy bien. Fue parte de Los Nocheros de Anta -que tuvo varias formaciones-y de Los 3 Chispitas, un grupo con el que salió de gira por el exterior. A su regreso comienza su historia solista para dar rienda a sus distinguidas creaciones, entre ellas Rosario Gaucho, junto a Los Arribeños y con voz de Alfredo Alcón.

En su documento decía que se llamaba Raúl Obdulio Posse Benítez, era hijo del español Jesús María Posse y Magariños y la paraguaya María Eugenia Benítez y Aragón. “Nació en el barrio Patotí, por Tambor de Tacuarí, que antes se llamaba Florida”, contó su amigo Ramón Delgado Cano a La Voz de Misiones. “Lo conocí de grande. Hicimos muy buena amistad con él, participamos en muchos festivales, lo acompañamos en muchas fiestas. Estábamos en la semana tres o cuatro veces juntos”.

A Fermín sus allegados lo conocían como Luli y según reconstruyó su amigo Ramón tenía una personalidad fuerte pero se hacía querer por todos. “Era gracioso y cascarrabia. Quería pelear con quien no estuviera de acuerdo con él. Un ser extraordinario que se daba con los amigos. Se brindaba con todo el corazón, muy generoso”.

En la década del 70, la obra de Fermín se populariza en España. Uno de ellos es “Yo soy argentino“, en la voz de Gauchos 4. De esa manera, es contratado para cantar por el Viejo Continente junto a Los Chalchaleros. Luego vuelve a realizar otra gira más en España, esta vez acompañado de su pareja embarazada y allí en España nace su hijo, un niño que recibió el apodo de Lolo y que, más adelante, en el 2001, saltaría a la fama como el guitarrista de Miranda durante trece años. “Para mí Fermín no era un músico conocido de Misiones. Era mi papá músico que había abandonado a mi mamá”, reconoció Lolo a La Voz de Misiones.

“Yo nací en el 74. Ellos se fueron a España con mi mamá embarazada y, bueno, allá Fermín hizo la suya y ella se volvió para acá”, contó Lolo. “Porque la verdad era un excelente músico pero como padre, yo que sé, calculo que por su historia familiar también que es complicada, era medio raro como padre. No sé si estaba para ser un padre y formar una familia. Me parece que era como un músico chapado a la antigua, se iba de gira. Tenía una historia bastante complicada con su mamá y su papá que se murieron. Lo criaron sus dos hermanas que eran bastante complicadas también. Te puedo contar que lo habían metido en un colegio y se iba a tocar con la primera banda que tuvo. Y cuando estaba en la casa se terminaba escapándose. Al final, cuando fue mayor, de tanto que se escapó, ya era un músico de ley”.

Fermín

El cantautor misionero solo tenía 55 años cuando murió complicado por una cirugía que tenía programada en una clínica de Posadas. Debían colocarle un bypass y si bien parecía estable, horas después de la intervención médica, dejó de respirar. “Fue una gran tristeza para nosotros. Teníamos un grupo de amigos muy allegado y Fermín era el que unía todo. Por su simpatía, por su amiguismo, por su compañerismo. Eso no lo digo solo yo. Lo puede decir cualquiera que lo conoció”, lamentó Ramón.

En ese entonces, Lolo no había podido establecer una relación estrecha con su papá y se habían encontrado tan solo tres veces en la vida. Él vivía en Buenos Aires, “trabajaba en un locutorio y no tenía dinero para viajar a Misiones”, admitió. A los cinco días se enteró que su papá Fermín había muerto. Le había contado su hermanastra, la folclorista María Eugenia Díaz. “No pude ir a su funeral, a su casa. No pude entrar a su departamento ni tomar contacto con las cosas de mi padre”, reconoció el artista.

Es la guitarra de Lolo

De esa manera, Lolo no pudo quedarse con ningún recuerdo de Fermín, ni si quiera con uno de los mil discos de “Los Misioneros somos así” que el cantautor grabó en Posadas y pretendía presentarlo con invitados como Horacio Guarany y La Sole. Con un escribano de por medio, una exesposa se llevó todas las pertenencias que quedaban de él en el departamento que habitaba por Colón casi Mitre. Pero no se llevó absolutamente todo: quedó una guitarra.

“No sé porqué razón quedó en la casa del Negro Dedieu y en todas las fiestas que hacíamos los músicos querían tocarla porque era muy linda, de concierto. Fermín era un ejecutor de guitarra máximo, tocaba muy bien en cualquier ritmo. Se acompañaba en blues, jazz, polca, guarania. Era un virtuoso de la guitarra. Y con el Negro decíamos que en cualquier momento esa guitarra se va a romper, nos van a robar”.

En el año 2012, los amigos de Luli se enteran que Miranda tenía agendado un recital en el anfiteatro Manuel Antonio Ramírez y con la banda venía el guitarrista Lolo Fuentes. “Fuimos al hotel con la guitarra. El conserje nos hizo esperar. ‘Ya baja el señor Lolo. ¿Quién lo busca?’”, le preguntaron a los hombres adultos que estaban metidos entre adolescentes que querían fotos con Ale Sergi o con Juliana Gattas “porque Miranda estaba en su apogeo en ese momento”, recordó Ramón. Después de explicar las intenciones al recepcionista del hotel y al manager de la banda lograron convencerlos para que finalmente llamaran a Lolo, quien bajó y se encontró con Ramón y Dedieu. “Fue tanta la emoción de este chico que se les caían lágrimas. ‘No puede ser. Mi papá está acá’, decía”.

A 22 años de aquel encuentro con los amigos de Fermín, con su carrera solista a pleno, alejado hace más de una década de Miranda, Lolo aún conserva entre sus pertenencias el tan preciado instrumento de cuerdas. “La tengo. Es una guitarra marca Alhambra, de la Alahmbra. Española. Es una guitarra de flamenco, la tengo conmigo y la aprecio mucho. Es más, no le cambié las cuerdas hasta que se rompieron un par de ellas porque tenían el ADN de mi papá. Pero no me quedó otra que cambiarlas. Esa guitarra está conmigo y estará conmigo hasta que me muera”.

Lolo

Lolo en Posadas y con la guitarra de su papá. En 2012, el por entonces músico de Miranda visitó la casa de Ramón, amigo de Fermín.

Aquel encuentro de Lolo con los amigos de su papá sirvió no solo para llevarse el instrumento musical sino para conocer mejor a Fermín. Eso fue posible a través de las anécdotas que fueron reconstruyendo para él, incluso las más románticas en las palabras de una novia que había tenido el cantautor posadeño que, sin lugar a dudas, inspiró a Lolo para convertirse en el artista que hoy es. Por eso considera, a pesar de la distancia que tuvieron en casi toda la vida, que han hecho las paces.

“De alguna manera hice mis rituales para despedirlo y tuve mis conversaciones con él. Yo siento su espíritu bastante cerca. Y siento que me acompaña mucho. Y sobre todo en la música. Yo no estudié música. Es una herencia genética, más que nada. La música está adentro mío desde que yo nací. Bueno, obviamente que tuve mis estudios porque fue incorporar conocimientos. Pero siento que él me dio eso”.

La intensa vida de Fermín se apagó temprano y dejó detrás la letra y la música de una época, a la que ya le rendía tributos nostálgicos, como la descripción poética de su ciudad natal, “perfumadas tus noches de jazmines y azahar”, (…) “con tus altas barrancas, luna en el Paraná” y “la Estudiantina que no va a morir”, según canta en su bellísimo “Recuerdo a Posadas” que hoy lo recuerda a él.


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Lucas Cidade: “Mi abuelo Ramón Ayala me enseñó a bailar gualambao”

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Lucas

Lucas Cidade (36) es el nieto del cantautor Ramón Ayala. Con un barco cruzó los océanos y recorrió los continentes para bailar tango y folclore. El domingo llegó a Misiones, para la ceremonia que se hizo en honor a El Mensú, quien pasó a la eternidad el 7 de diciembre pasado. “Él me enseñó a bailar gualambao”, contó a La Voz de Misiones.

La primera vez que Lucas descubrió que su abuelo era un artista popular sucedió por una calle porteña de Congreso, cuando juntos se dirigían a cenar en un bar. “Caminando para ese lugar, una persona en situación de calle se levanta y se le va al humo a mi abuelo. Y el señor se pone a cantar a mi abuelo, no me acuerdo qué canción, yo dije ‘no lo puedo creer’”.

Lucas nació en Buenos Aires, vivió cuando era un niño en la casa que Ramón tenía en San Telmo pero también pasó muchas horas de su vida en la vivienda que después habitó el músico en el barrio de San Cristóbal. Por eso, Lucas recuerda “la hospitalidad que él tenía” al recibirlo.


Porque “íbamos y merendábamos, capaz que después cenábamos o lo que sea de la comida. Siempre una comidita, algo siempre se compartía con mi abuelo y con la esposa, María Teresa. Vos comías y el quería que ya te quedaras a dormir. Tenía una pieza, ahí tenías un lugar. Es lo que más tengo de él, fuera de lo que es lo artístico, de toda la obra que tiene”.

Cualquier persona que conociera a Ramón sabía de su sentido humor, algo que replicaba también en la intimidad de su familia. Por eso, Lucas sonríe al recordar una ingenua y divertida frase del artista: “¡qué notable, dijo la vaca mordiendo el cable!”.

Lucas

Popularidad. Lucas descubrió que su abuelo era un músico popular cuando un desconocido lo paró en la calle y le cantó

El gualambao en los pies y en el corazón

El autor de “Posadeña linda” falleció el 7 de diciembre pasado y sus restos fueron cremados. Según la voluntad del propio artista, meses después, una comitiva encabezada por su pareja María Teresa Cuenca, el hijo del cantautor, Alberto Ramón Cidade, y Lucas, llegó el sábado 6 de abril para ser parte de una serie de homenajes en Misiones que concluyó el domingo en la Bajada Vieja, con la presencia del Gobernador Hugo Passalacqua, el intendente Leonardo Lalo Stelatto y el Secretario de Estado de Cultura, Joselo Schuap.

El 10 de marzo, El Mensú hubiera cumplido 97 años pero dejó todo un legado artístico, incluso un género musical que inventó y llamó gualambao. Su nieto Lucas aprendió a danzar esa música con él, más allá de que es un profesional egresado de la Universidad de las Artes.

Bajo la escultura de Hugo Viera, después de una peregrinación a toda orquesta con la Banda Penitenciara desde la costanera, hubo concierto con la voz cantante de Cecilia Pahl.  También cantó Enarmonía, Pato García y Amanda de Colombia. Con el mismo fin vinieron de Corrientes los cantantes Julio y Nicolás Cáceres, de Los de Imaguaré.  En tanto que, además de los recitados parafraseando a Ramón, hubo danza al tiempo del gualambao.

Vestido como gaucho, Lucas ofreció en ese momento unos pasos estilizados que pudo replicar en los últimos años junto a su célebre abuelo como para distintas presentaciones que hizo en grupo en el ND Ateneo, Hasta Trilce e incluso en el Centro Cultural Kirchner (CCK), cuando en el 2022 se hizo el tan destacado homenaje que se llamó “El Viejo Río que va”.

“Estoy en un proyecto tratando de meter lo que es el gualambao en la Universidad Nacional de las Artes”, comentó Lucas. Se trata de un material destinado a la Metodología de la investigación y del folclore aplicado, con la idea de que algún día “lo puedan meter en el plan de estudio, en la currícula, dentro de las danzas folclóricas”. Es que, si bien en Misiones el gualambao se aprende a bailar desde muy temprano, las demás academias del país no cuentan con mucho material bibliográfico ni todavía han manifestado el interés de implementar su estudio.


Hugo Leonardo Cidade era uno de los tres hijos de Ramón. Murió hace catorce años pero en toda su vida tuvo muy poco contacto con Lucas. Es por eso que creció no solo junto a Ramón sino también con su mamá y su abuelo paterno Mamerto, con quien escuchaba folclore todo el día en la ciudad bonaerense de Salto. Así se fue consolidando su personalidad de bailarín. Aunque además toca la guitarra, el teclado y varios otros instrumentos más “pero no como mi abuelo”, aclara.

A bordo de un crucero, Lucas salió a conocer el mundo y de esa manera visitó países como España, Italia, Hungría, Rusia, Panamá, Perú, Colombia, Uruguay y Las Malvinas Argentinas, cuenta. “En diciembre de 2023 conocí La Antártida. Fue impresionante”, consideró el artista. “Estoy en una compañía aparte. Hice la audición de tango y de malambo y quedé”.

Por otro lado, Lucas también integra la agrupación Llegamos Los gauchos, una impactante compañía de malambo y con quienes bailó varias veces en la peatonal de Calle Corrientes aunque también algunas ocasiones en los estudios de Telefe.


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De las series al cine de Brasil: el camino del eldoradense Elio Santander

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El actor eldoradense Elio Santander (43) interpreta a un investigador en la película “Amor livre amor”, una producción brasileña, bajo dirección de Mariana Pamplona y Flavio Frederico. El largometraje se rodó en febrero en Buenos Aires y después de vivir veinte años en esa ciudad Elio decidió mudarse a Brasil para continuar su carrera como actor. “Es una puerta que quiero abrir y quiero experimentar”, dijo a La Voz de Misiones.

Elio trabajó para conocidas series de la pantalla chica como “Un gallo para Esculapio”, “El Marginal”, “Apache”, “Monzón” y “El hincha”. En tanto, Star+ aún no estrenó “Espartanos”, la serie de ocho capítulos que protagoniza y está inspirada en la experiencia de los internos rugbiers en las cárceles argentinas.

Elio

“Es muy linda la historia”, calificó el actor. “Fue contar cómo se le ocurrió al creador, Eduardo Coderigo, hacer la fundación de espartanos y no solo romantizar lo que es la cárcel. Sino cómo transformó la realidad. Como se superaron las dificultades en su vida”.

Cuando Elio dejó detrás Misiones, hace veinte años atrás, comenzó a perfilarse en el mundo de las artes escénicas, particularmente en teatro. “El teatro es para mí es el arte de la preparación y de conocerse. Si todas las personas lo podrían hacer un poquito estaría buenísimo”, recomendó.

Solo el año pasado, el artista eldoradense fue parte de tres obras teatrales. Una de ellas era “En nuevos mundos”, sobre la vida de von Humboldt y Bonpland. Por otra parte protagonizó el sainete “Retrato del pibe” e integró el elenco de “Prueba de amor”, una obra original de Roberto Arlt.

“No hacía mucha tele y me empezó a surgir en los últimos años, desde 2017, en lo que son series o productos audiovisuales”, apuntó. No obstante, según reconoció Elio, “el teatro tiene el laboratorio del actor, que se mantiene vivo. El audiovisual es otro lenguaje, es más el tema de la repetición, la puesta, mucho más técnico. Y el teatro es más vivo. ¿Cuál me gusta más? Es un poco más difícil. Pero sí, son dos lenguajes que me encantan”.

En la más reciente producción en la que trabajó, “Amor livre amor”, Elio se acercó a la industria brasileña del cine gracias a la guionista Mariana Pamplona y el director Flavio Frederico, realizadores de películas como “En busca de Iara”, “Assalto na Paulista” y “Boca do lixo”. La que se rodó en Argentina está hablada en español pero con el el brasilero Higor Campagnaro en el papel principal.

“Es un policial que secuestran a la hija de un brasilero y yo soy el investigador que lleva adelante el caso”, resumió el artista misionero sobre el filme que tuvo como locaciones a la Ciudad de Buenos Aires, El Tigre, Acassuso e Ingeniero Maschwitz.

A más de un mes de esa experiencia delante de la cámara, Elio prepara las valijas para ir tras sus sueños al país vecino, donde pretende encarar un nuevo horizonte profesional. “La idea es seguir creciendo. Por eso me voy para allá”, consideró el actor que habla muy bien el portugués porque se crió con su abuela brasileña hasta los 9 años. De esa manera, Elio se reencontrará con todos aquellos códigos de la infancia para un nuevo desafío transfronterizo.

 

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