Opinión
Festina Lente: Misiones entre el búnker propio y el granero vacío

Por Fernando OZ
@F_ortegazabala
La velocidad de Encuentro Misionero es asombrosa. En poco más de una semana, lo que aún prefiero creer que nació como un legítimo y necesario llamado a la conformación de un gran frente misionerista en defensa propia, ya exhibe un pelotón completo de candidatos, un bloque propio en la Cámara de Representantes que acaba de presentar un proyecto de ley, y hasta un búnker de campaña estratégicamente ubicado en una céntrica calle de la bella Posadas, con cartelería flamante y todo el despliegue escénico que la ocasión requiere. Todo esto, por supuesto, acompañado con toda la parafernalia en las redes sociales.
Todo muy propio a los tiempos del aceleracionismo y la posverdad. Sin embargo, la prisa ciega suele ser una mala consejera; nos impide estar presentes en el aquí y el ahora y, sobre todo, nos nubla la vista para apreciar con la debida claridad qué es lo que realmente ocurre ante nuestros ojos.
Lo que siguió a este despliegue fue un acto político en la denominada “Casa del Militante”, llevado a cabo el pasado viernes. Este “nuevo espacio político” que se promociona de “puertas abiertas”, también presentó a sus cuatro “jefes de campaña”: el actual intendente de Posadas, Lalo Stelatto; el diputado nacional Oscar Herrera Ahuad; el vicegobernador Lucas Romero Spinelli; y el presidente de la Cámara de Representantes, Sebastián Macias. Ese orden no es un capricho del arriba firmante ni una cuestión de azar. Los cuatro fueron los principales oradores de la jornada y coincidieron en la calculada deferencia de resaltar, una y otra vez, el apoyo incondicional a la gestión de Hugo Passalacqua, quien curiosamente fue el gran ausente en el lanzamiento de este espacio.
La fotografía capturada a 180 grados durante el evento retrata a unos doscientos —si quieren ser generosos, digamos quinientos— dirigentes y militantes de la Renovación, acompañados por senadores, diputados nacionales y buena parte el elenco estable del poder local. También se dejaron ver algunos políticos de partidos satélites que orbitan como aliados permanentes.
Según el parte oficial difundido por el oficialismo, “la jornada sirvió para coordinar el acompañamiento al gobernador Hugo Passalacqua en el discurso de apertura de sesiones ordinarias de la Cámara de Representantes el próximo 1 de mayo y para delinear las primeras estrategias electorales del espacio oficialista”. Así, sin más preámbulos, se puso en marcha la maquinaria electoral.
Miren, lo digo con total franqueza: a la idea de “defender los intereses de los misioneros por encima de cualquier bandera política”, me sumo sin dudarlo ni un segundo. Díganme dónde hay que firmar. Pero déjenme advertir, desde la experiencia de quien ha visto pasar mucha agua bajo el puente, que las postales del viernes son, en el mejor de los casos, las mismas que vengo observando desde hace un par de campañas electorales; sólo se cambió el decorado de la escena.
Me hubiese gustado ver otra cosa, algo más profundo. Esperaba encontrar académicos, expertos en materias críticas, representantes legítimos de los docentes, estudiantes con verdaderas ganas de involucrarse y embarrarse, empresarios con ideas brillantes y disruptivas, comerciantes, productores, colonos y esa gente común que todavía no se resigna al conformismo.
También me hubiese gustado encontrar a políticos y dirigentes de diferentes vertientes dispuestos a dejar de lado la mezquindad y esa dependencia casi patológica a partidos nacionales que representan intereses que nada tienen que ver con las urgencias de nuestro territorio. Pero ya saben lo que dicen: la brecha que suele haber entre nuestras expectativas y la dura realidad nace siempre de nuestra propia ilusión, no de los eventos externos que nos rodean.
Mientras tanto, en la mesa chica del gobernador Passalacqua el clima no es precisamente de celebración. No cayó nada bien que algunas de estas “candidaturas” se hayan adelantado de forma tan estrepitosa faltando todavía un año entero para tener que ir a las urnas.
Algunos de los integrantes de ese círculo íntimo no creen que este sea el momento más conveniente para tener a funcionarios más preocupados por su propia boleta y su futuro personal que por la gestión diaria del Estado. “Tenemos que entender que no hay política sin una buena gestión, pero bueno, cada uno raciona el tiempo como mejor le parece”, resumió con una punta de amargura un funcionario al que se lo escucha preocupado por la situación social.
Y seguramente hacia esa dirección, la de la gestión pura y dura, se encamine el discurso que dará el mandatario en la Cámara de Representantes este primero de mayo. Se espera mucha demostración de logros administrativos, el anuncio de algunas obras estratégicas necesarias para la provincia, una novedad vinculada a mermas impositivas que, según dicen los que saben, será una verdadera “bomba”, y una postura clara y firme en contra de los atropellos del gobierno de Javier Milei, con la diplomacia que el caso requiere.
“Será como un golpe en la mesa, marcando la cancha”, graficó un actor clave en el engranaje del Gobierno actual. Todo indica que Passalacqua prefiere hablar sobre los rieles de un gobierno en gestión activa y no sobre las arenas movedizas de la política partidaria y electoral.
Hablará más como un mandatario que se encuentra al frente de un Estado sitiado por las políticas nacionales, más preocupado por lo que queda hoy en el granero que por su propia y lejana reelección. Entonces, en un esquema de lógicas conjeturas, podría pensar que ese día, tal vez, las lecturas políticas más interesantes no se encuentren en las palabras del discurso, sino en los gestos, los silencios y las miradas de los principales actores del Cantón que estén presentes.
Pero fijémonos también un poco en qué es lo que sucede en los campamentos opositores, donde las imágenes tampoco resultan ser muy alentadoras que digamos. En el oficialismo se jactan de que en el acto del viernes hubo “militantes del Partido Agrario y Social, radicales, peronistas, independientes y hasta libertarios desencantados”. Probablemente haya sido así; de hecho, me gustaría sinceramente que hubiese sido así por el bien de la pluralidad.
Lo que sí está claro que el presidente del PAyS y ex diputado provincial, Isaac Lenguaza, criticó el adelantamiento del debate preelectoral, tildándolo de “prematuro”. Pero, además, llevó la cuestión al plano netamente ideológico: “cualquier sector de derecha, no solamente La Libertad Avanza, cualquiera de los otros partidos libertarios, en su momento era el PRO, o sea, partidos que extremadamente fueron hacia una política liberal, de derecha, no vamos a comulgar con estas ideas”. Y en ese desorden de palabras terminó diciendo que la “gran falencia” en la política actual es la “escasez de ideología”.
Al acto del viernes tampoco se asomó el flamante presidente del PJ local, Christian Humada, quien tanto tiene que agradecer al oficialismo por su reciente victoria. A su modo, desde la UCR también cascotearon la iniciativa con diversos argumentos, pero sin detenerse a observar la cuestión de fondo. Y el menudo grupo del Pro, capitaneado desde los pasillos del Congreso por el senador Martín Goerling Lara, ni siquiera llegó a eso, están más preocupados por las presentaciones públicas de Mauricio Macri. Lo mismo sucede con otros dirigentes con bancas: todos parecen estar mirándose exclusivamente el propio ombligo.
En otro rincón del tablero tenemos al Doctor Adrián Nuñez, quien avanza con decisión en el arte de la actuación, con toda su fe puesta en la marca Milei. Sus apariciones sabatinas, con corbata al tono de los republicanos yankees, van formando la postal perfecta de la liturgia del poder, seca y sin concesiones. Enmarcado por la simetría, el sujeto se sienta con la rigidez de quien sabe que la lapicera pesa más que la pólvora. Un plano frontal, casi de prontuario, captura una mirada directa, fría, que no busca el consenso sino imponer la directiva que llega desde la Casa Rosada. El escritorio, limpio hasta la sospecha, aloja apenas una libreta que sugiere anotaciones de una guerra silenciosa, mientras el fondo de cortinas pesadas clausura cualquier escape a la realidad exterior.
Pero lo peor de la semana fue la del diputado Walter Ríos, presidente del bloque “Por la vida y los valores” y vicepresidente segundo de la Legislatura. Durante una entrevista exclusiva con el Licenciado Ariel Sayas, tuvo la brutal desfachatez de quejarse en público porque no le dan un “ascensor”, un auto y personal para recibir papeles. Y como si semejante desplante fuese poco, condicionó los tres votos de su bloque para la votación de los pliegos de un ministro de la Corte: “es así, una mano lava a la otra”, dijo sin que se le cayera la cara de vergüenza. Y luego, con un cinismo que asusta, agregó: “dentro de un acuerdo hubo un pedido, hoy mi pedido no llegó nunca. Estamos llegando al primero de mayo y qué pasa. Hacemos un cumpleaños, pero no llega el… (regalo), entonces no podemos trabajar así”. En definitiva, la imagen de un malandra con traje de diputado.
Cuando yo era niño y, con la ansiedad propia de la edad, me apresuraba aparatosamente a realizar alguna tarea que me encomendaban, mi abuelo Renato solía frenarme en seco. Ponía sus manos sobre mis hombros, me miraba a los ojos y me decía: “Festina lente”, que en latín significa algo así como apresúrate despacio o camina lentamente. Se trata de una paradoja que sugiere la necesidad de actuar con rapidez y eficacia cuando la situación lo requiere, pero siempre sin precipitación, sin ansiedad y sin perder los estribos. Muchos años después supe que ese era un lema asociado al emperador Augusto y que, para la escuela de los estoicos, la lentitud no es en absoluto un sinónimo de pereza o desidia, sino de atención plena y de un firme dominio propio.
La creación de un frente amplio en la provincia —llámese como se llame y tenga la forma que tenga—, con el fin de contener la delicada economía regional, frenar las desmesuras constantes del Poder central y acordar políticas de Estado de largo plazo, es hoy una tarea tan necesaria como urgente. Pero para hacerlo bien, hay que bajarse primero de ese aceleracionismo torpe que sólo genera ruido. Porque ir más despacio, especialmente en estos tiempos de caos, es un acto de resistencia y la única herramienta válida para asegurar que cada acción sea realizada con verdadera intención y virtud, y no simplemente por la inercia del cargo o por el miedo al futuro. El Encuentro Misionero puede ser más grande.
Opinión
La casa vacía: cuando la política se hace en la previa
Por Fernando OZ
A veces, la política parece una obra de teatro mal ensayada donde los actores, conscientes de su mediocridad, deciden que el escándalo es preferible a la intrascendencia. El problema es que, cuando el escenario es la Cámara de Diputados y los actores son quienes deberían velar por la calidad institucional de nuestra provincia, la comedia se transforma en una tragedia de baja estofa. Lo que hemos visto en estas últimas semanas en el Cantón no es solo una disputa de poder entre diferentes partidos, con interinillas por medio; es la confirmación de una degradación que debería avergonzarnos a todos como ciudadanos.
La última sesión fue el testimonio más fiel de lo que les digo. Nadie se atrevió a decir una palabra sobre la puesta en escena de los diputados Miguel Núñez y Ramón Amarilla. Al inicio de la semana, decidieron sacar un escritorio y unas sillas a la vereda, aduciendo que la calle les brindaba más seguridad que el propio Palacio Legislativo. La imagen pretendía denunciar algo gravísimo: la filtración de videos del sistema de seguridad interna.
La filmación del video filtrado fue realizada con dos de las cámaras que se monitorean desde una oficina que se encuentra en la planta baja del edificio anexo al Palacio Legislativo. Las imágenes, debidamente editadas y luego distribuidas por manos anónimas en redes sociales, muestran dos escenas: la primera es cuando el diputado Núñez recibe en la puerta de su oficina a Florencia Aguirre, una enfermera ultraopositora que denuncia al poder sin pruebas contundentes y con ganas de incursionar en política. La segunda es cuando la misma mujer está entrando al edificio del anexo para luego subir al despacho del legislador.
Que se utilicen recursos públicos para “realizar inteligencia y perseguir opositores”, según las palabras de los dos legisladores del bloque Algo Nuevo, es un escándalo que en cualquier institución seria habría provocado renuncias masivas. Aquí, en cambio, la parodia de la vereda fue respondida con el mutismo absoluto del resto del cuerpo. Mirar hacia otro lado es, sencillamente, una abdicación de sus funciones.
Aquí es donde debemos preguntarnos sobre la calidad de los diputados que llevamos a representar nuestra voluntad. La mediocridad no es solo la falta de formación; es la falta de coraje para denunciar lo que está roto y para debatir lo que incomoda. Prefieren el “toma y daca” de pasillo antes que el debate crítico de cara a la sociedad.
Lo del diputado Walter Ríos funciona aquí como un caso testigo. Ustedes recordarán, conté el caso hace algunas semanas. El presidente del bloque “Por la vida y los valores” y vicepresidente segundo de la Legislatura tuvo la brutal desfachatez de quejarse en público, durante una entrevista periodística, porque el oficialismo “no” cumplió con un “acuerdo”. Y como si semejante desplante fuese poco, condicionó los tres votos de su bloque para la votación de los pliegos de un ministro de la Corte: “es así, una mano lava a la otra”, dijo sin que se le cayera la cara de vergüenza. Y luego, con un cinismo que asusta, agregó: “dentro de un acuerdo hubo un pedido, hoy mi pedido no llegó nunca. Estamos llegando al primero de mayo y qué pasa. Hacemos un cumpleaños, pero no llega el… (regalo), entonces no podemos trabajar así”.
El leading case de Ríos es una suerte de síntoma de una enfermedad más profunda: la política entendida como un intercambio de favores menores, donde la institucionalidad es una moneda de cambio gastada en el mercado de las conveniencias personales.
Como ciudadano común, me resulta intolerable el silencio de las autoridades de la Cámara. Pero, tal vez, el diputado Sebastián Macías, presidente del cuerpo e integrante del cuarteto que dirigirá la campaña de Encuentro Misionero; junto a Carlos Adrián Núñez, vicepresidente primero y gerente de la marca Milei, y a Ríos, suertudo de poca monta, el que se quejaba porque no le cumplían lo pactado, que es el vicepresidente segundo, hayan iniciado una investigación interna y realizado la denuncia en la Justicia. Claro que nada de eso sucedió.
Si un video de seguridad interna se puede filtrar y difundir para amedrentar o lo que fuese, ¿qué seguridad tiene el ciudadano común frente al aparato del Estado? La baja calidad institucional no es un concepto teórico; es el aire enrarecido de una Legislatura que no debería renunciar a ser el ámbito del debate para convertirse en una asociación de privilegios y secretismos.
Los diputados parecen haber olvidado que su mandato no es para calentar su silla —ya sea dentro del recinto o en la vereda— sino para elevar la calidad de la vida pública. El espectáculo de las sillas afuera y el mutismo adentro son las dos caras de la misma moneda: la incapacidad de procesar el conflicto a través de las ideas. El nudo que tenemos frente a nosotros no se corta con shows mediáticos, sino con debate y una exigencia implacable de idoneidad.
Hace mucho tiempo que la Cámara de Representantes de la provincia no convocaba tantas miradas juntas. Pero, fíjense ustedes, el mayor rating no lo tiene el prime time, que debería ser la sesión de los legisladores, sino “la previa” de Carlos Rovira, donde, al parecer, concurren cada vez más personas. Desde el mismo Palacio Legislativo, el ingeniero marca la agenda política del Cantón, baja línea interna, convoca y debate abiertamente con nuevos actores sociales. Habla de política, hace política.
Me parece bien. La Cámara es la casa del pueblo, qué mejor espacio que ese para debatir ideas. Lo mismo deberían hacer las otras fuerzas políticas. No necesitamos más horas de videitos en redes sociales; necesitamos representantes que entiendan que su mandato no es para cuidar un asiento, sino para elevar la vara de la vida pública.
No se puede sesionar por goteo y, cuando se lo hace, convertir el recinto en una escribanía de temas menores o en un escenario para subir reels a las redes, mientras afuera se filtran videos para generar fake news. La dignidad del cargo debería impedirles dormir tranquilos mientras la institución que representan se degrada en la anécdota y el intercambio de favores.
Me resisto a aceptar que este sea el techo de nuestra institucionalidad. Misiones merece diputados que honren el suelo que pisamos con algo más que gestos vacíos y sesiones de compromiso. El poder real debería residir en la gente, pero esa gente hoy asiste a un teatro de sombras y fantasmas donde los encargados de dictar las leyes y de controlar al Poder Ejecutivo, son los primeros en ignorar el peso de la responsabilidad que cargan.
Opinión
El Nudo de Corpus y el Mandato del Agua
Por Fernando OZ
Qué quieren que les diga, cada vez que alguien me habla de crecimiento exponencial, proyectos de prefactibilidad y planes para minimizar el impacto ambiental, pienso que la devastación está cerca. No es que esté en contra del progreso, tal vez sea un acto reflejo de la memoria histórica. Esa sensación me dio cuando leí en estos días en LVM un artículo titulado: A 30 años del NO a Corpus, vuelven a plantear el debate por la represa.
La veía venir, así son las cosas. El artículo en cuestión da cuenta de un evento que se realizó en el Hotel Julio César, donde bajo el ropaje de la “actualización tecnológica”, pretenden convencernos de que ha caducado aquel mandato de 1996 en el que el pueblo misionero, con un 88% de contundencia, le dijo que no a la represa de Corpus. Organizado por la Cámara Argentina de la Construcción, la presentación de un representante de la Comisión Mixta del Río Paraná (COMIP) volvió a poner sobre la mesa un tema que muchos considerábamos laudado por la historia.
El escenario enseña que la firmeza no está en la arrogancia del que construye, sino en la resistencia de lo que permanece. Séneca nos advertía que ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige. Misiones ya dijo perfectamente cuál es su puerto desde hace tres décadas. Sin embargo, los lobistas del proyecto –entre empresas constructoras y representantes de los cárteles creados en torno a la histórica corrupción que envuelve a las binacionales– parecen decididos a soplar en dirección contraria, desempolvando variantes como la de Pindo-í, como si un cambio de ubicación borrara la huella moral de un plebiscito fundacional.
Miren, tuve que leer el artículo dos veces porque parecía un chiste. En resumidas cuentas, la estrategia de los lobistas del proyecto es conocida: se visten de pragmatismo. Hablan de “menor impacto ambiental”, de un embalse “más angosto” que el de Yacyretá y de la necesidad de energía en un mercado que ha cambiado radicalmente. Palabras más o menos, así lo dijo José Antonio López, delegado argentino de la COMIP.
También sostuvo, con una frialdad técnica que asusta, que tienen “estudiados hasta los tornillos”, pero admite con asombrosa ligereza que no saben qué quieren los misioneros. No es un chiste, lean el artículo y no tengo por qué dudar de la colega que lo escribió.
Ahí reside el corazón del conflicto. La técnica puede calcular la resistencia de una turbina, pero es incapaz de medir la dignidad de un pueblo que ya decidió que su ecosistema no es una variable de ajuste para los agujeros energéticos de un país centralista que siempre nos pide el sacrificio y rara vez nos devuelve la gratitud. El río Paraná no es una línea en un mapa, ni un flujo de metros cúbicos esperando ser cuantificado por un grupo de ingenieros desde una oficina climatizada. Para quienes nacieron respirando el aire de sus orillas, el río es una biografía viva, un testigo que guarda la memoria de renuncias y conquistas.
El argumento de que el río “ya no está suelto” porque está entre dos represas –Itaipú y Yacyretá– es de un cinismo absoluto. Es como decirle a un hombre sitiado que, como ya tiene muros a los costados, un muro más no le hará daño. Misiones ya entregó su cuota de tierra y de selva para que el resto del país encendiera sus luces.
El costo social y ambiental de las represas existentes no es una “percepción” subjetiva; es una cicatriz abierta en nuestra geografía. Intentar relativizar el impacto de Corpus diciendo que “no será tan terrible” es subestimar la inteligencia de quienes padecieron el desarraigo y la modificación de su ecosistema cotidiano.
Ahora quiero detenerme un poquito en la COMIP. ¿Qué es? No es más que un artefacto de la diplomacia de escritorio, un organismo binacional regido por una estructura de espejos: dos delegaciones donde solo los delegados titulares tienen la potestad del voto. ¿Qué hacen? Básicamente se ocupan del estudio y evaluación del aprovechamiento de los recursos del río Paraná en el tramo limítrofe. ¿Cómo se financian? Con aportes directos de los Estados para gastos de funcionamiento, mantenimiento y la realización de los estudios técnicos.
Ya saben, el dulce también sale del engranaje de las consultorías. Las recurrentes firmas son las que proveen el sustento técnico que luego los delegados presentan como “estudios de tornillos”. La Comisión y sus bienes están exentos de todo impuesto nacional, provincial o municipal en ambos países, lo que facilita la administración de los recursos destinados a los estudios técnicos. En definitiva: fondos públicos que, paradójicamente, alimentan la ingeniería del asedio.
Aquí no se discuten vatios ni voltajes; se discute el respeto a la palabra empeñada. Que esa frase fundacional que el gobernador Hugo Passalacqua rescató recientemente, “el poder está en la gente”, no sea un eslogan de campaña para usar en los discursos de mayo y archivar en junio. Que sea un principio activo que deba aplicarse con rigor, especialmente cuando los intereses de las binacionales empiezan a merodear nuestras costas.
Hay un punto clave al que no hay que perder de vista: la COMIP tiene el mandato de “estudiar”, pero no puede avanzar en obras sin la ratificación de los gobiernos y, en el caso de Misiones, sin respetar las leyes locales de consulta popular. Ahora habrá que ver cómo camina el Gobierno provincial. Ya me hago una idea.
Si los lobistas del hormigón, la COMIP, o como quieran llamarse, buscan saber qué piensan los habitantes de Misiones, solo tienen que leer las actas de 1996. El mandato es inmodificable mientras la gente no diga lo contrario, y forzar una nueva consulta bajo la presión de una crisis energética nacional es, por lo menos, un quiebre de lo pactado y una falta de ética frente al compromiso ambiental.
Que la “Cultura del Encuentro” que se pregona sea real y que exija, ante todo, honestidad. No se puede hablar de participación ciudadana mientras los contratos ya se están redactando en las sombras de los organismos binacionales. El progreso no se mide en la cantidad de cemento volcado sobre el cauce de un río, sino en la capacidad de una sociedad de decidir su propio destino.
Misiones aprendió que la mayor parte de su capacidad se encuentra en preservar su patrimonio natural. Hoy, parte del tajo certero que debemos dar es sobre nuestro propio Nudo Gordiano —ese laberinto misionero—: es la defensa del plebiscito frente a la emboscada que pretende reactivar Corpus.
Me encanta caminar por nuestra maravillosa costanera y verla crecer, pero me resisto a creer que los “tornillos” de López tengan más peso que la memoria de mis vecinos y la salud de nuestro ecosistema. El medioambiente no es un concepto abstracto para los libros; es el aire que respiramos y el agua que nos da vida e identidad. Misiones ya habló. El Paraná, en su tramo misionero, es un monumento a esa decisión. Aquellos que hoy buscan reabrir la discusión deberían preguntarse si están preparados para enfrentar de nuevo esa marea humana que ya una vez les recordó que la naturaleza no es una mercancía.
Pero no nos confundamos: el poder real no reside en los despachos técnicos ni en las proyecciones de la COMIP. Reside en la gente que se reconoce en su propia tierra y que sabe que su río es el hilo que une su pasado con su futuro. Defender Corpus hoy es, fundamentalmente, una misión en defensa del medioambiente. Porque al final del día, lo que está en juego no es sólo una obra de ingeniería, sino la integridad del suelo que pisamos y el legado biológico que dejaremos a los que vendrán.
Opinión
Ficha Limpia “a la misionera”

Luis M. Pastori
En sesión del 07/05/2025 fracasó en el Senado la aprobación de una ley de “ficha limpia” por obra y gracia del voto de los dos senadores misioneros quienes con su voto negativo, y sin emitir palabra alguna durante las casi siete horas que duró la sesión, lograron que el proyecto se frustrara.
Se necesitaban 37 votos por ser una ley de contenido electoral, pero el resultado fue de 36 votos a favor y 35 en contra. Es decir, faltó un solo voto. La crónica periodística del día siguiente decía que: “Para el fracaso de la iniciativa fue clave la vuelta de campana de los senadores del Frente Renovador de Misiones, Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, que hasta ayer sostenían que iban a apoyar la iniciativa pero que, de manera sorpresiva, terminaron votándola en contra.” (La Nación, 8/5/25).
Algunos malpensados dicen que fue un acuerdo secreto entre el presidente Milei y el gobierno renovador de Misiones. Habladurías, diría Carlos Pagni.
El Poder Ejecutivo Nacional volvió sin embargo a presentar con fecha 22 de abril pasado un nuevo proyecto integral de reforma electoral donde se vuelve a incluir la inegibilidad por la comisión de delitos dolosos.
En Misiones, sorpresivamente aparece un proyecto del oficialismo anticipado por el Diputado Rovira, que impulsa la “ficha limpia” en el ámbito de las candidaturas provinciales y municipales.
Es obvio que nadie puede estar en contra de que cualquier candidato cumpla con condiciones de idoneidad, integridad y conducta ética para ocupar cargos públicos. Lo reclamamos desde siempre.
Sin embargo, existen significativas -y peligrosas- diferencias que están señalando una sobreactuación como si quisieran enmendar lo sucedido hace casi un año atrás.
Se trata, sin embargo, de una redacción que excede largamente los objetivos pretendidos, torna la norma en un ejercicio abusivo contra el derecho de defensa y dota a la autoridad de aplicación -el Tribunal Electoral- carácter de súper juez que podrá dejar afuera en forma discrecional a candidatos sin reconocer el derecho a defensa y el debido proceso.
Veamos:
1. En el proyecto nacional se establece que en el caso de condena por delitos dolosos, la inhabilitación se aplica únicamente en los casos en que hubiera sido confirmada en segunda instancia. En tanto que en el proyecto provincial bastaría con una condena en primera instancia, lo cual la torna sumamente riesgosa desconociendo el derecho de apelación con que cuenta todo ciudadano que no esté de acuerdo con la decisión de juez de primera instancia.
2. A esta causal contemplada en el orden nacional, el proyecto ingresado a la Cámara de Representantes agrega las siguientes:
a. Las personas inscriptas como deudores alimentarios morosos;
b. Las personas que mantienen deudas exigibles con el fisco provincial o municipal. Para este supuesto habría que agregar que las deudas además de exigibles deben estar firmes, es decir que ya no sean susceptibles de reclamo alguno por parte del contribuyente. De lo contrario, se estaría violando el principio constitucional de defensa en juicio, máxime considerando la voracidad fiscal del fisco provincial y de los municipios.
c. Quienes en una causa tengan un requerimiento de elevación a juicio o sufran una prisión preventiva originados en la comisión de ciberdelitos. Aquí se establece la inegibilidad cuando aún no hay siquiera fallo en primera instancia.
d. Las personas que posean 3 o más infracciones graves de tránsito -en el ámbito municipal o provincial- acreditadas en los últimos 2 años previos a la oficialización de listas. Este punto contiene varios y peligrosos inconvenientes, a saber:
i. ¿Qué se entiende por infracciones graves? ¿Queda su interpretación a criterio del Tribunal Electoral?
ii. ¿Rige aun cuando el infractor hubiere abonado las multas correspondientes? Obsérvese que habla de poseer 3 o más infracciones y no de mantener una deuda por las mismas. Es decir, pagar la multa no extingue el poseer las infracciones.
iii. Lo más grave: iguala el concepto de infracción al de delito. La primera es una falta por incumplimiento de normas administrativas o reglamentos municipales generalmente penados con una multa, mientras que el delito está tipificado en el Código Penal por vulneración de valores fundamentales de la sociedad y está penado con la privación de la libertad.
A la enorme carga administrativa que presupone para la autoridad de aplicación poder comprobar – con el certificado pertinente que tendrá que aportar cada candidato-, si está o no en condiciones de serlo, se agrega además la presentación de un certificado de aptitud toxicológica emitido por un organismo público de salud, obtenido mediante el análisis de orina, saliva, folículo piloso y sangre.
Es fácil poder imaginar que, cuando el pretendido candidato pueda completar toda la documentación exigida, probablemente las elecciones ya habrán transcurrido.
Pero además en Misiones, con la nefasta Ley de Lemas, solamente en el ámbito municipal en las elecciones de 2023 hubieron cerca de 10.000 (diez mil, sí) candidatos a intendentes y concejales. ¿Cómo harán para poder obtener todo el fárrago documental que exige el proyecto? Un disparate.
Como si faltara algo, el proyecto amenaza con sancionar a los partidos políticos que presenten candidatos incursos en alguna de las causales establecidas, hasta con la pérdida de la personería política.
El derecho de defensa queda aquí herido de muerte, ya que ante cualquier impugnación del Tribunal, y dada la estrechez de los plazos electorales que siguen corriendo, cuando el trámite finalmente se resuelva ya habrán vencido todos los plazos y el candidato habrá quedado sin la posibilidad de competir.
¿Qué ocurrió entre el 7 de mayo de 2025 y un año después? En mi opinión, ¿deseos de enmendar o un paso más hacia la consagración del autoritarismo en Misiones?
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