Nuestras Redes

Cultura

Nueva obra y homenaje a Raúl Novau: “Uno escribe sobre el territorio vivido”

Publicado

el

novau

A sus 78 años, el escritor y dramaturgo Raúl Novau continúa regalando historias que identifican e interpelan al público misionero, esta vez, en diálogo con La Voz de Misiones, y a raíz del próximo estreno de su obra inédita Cita en Yapulito.

En homenaje a él, la obra abrirá el segundo bloque teatral del festival de teatro De la idea a la puesta que comienza este viernes 1 de septiembre en Espacio Reciclado a las 21.30.

“Antes escribía en mis ratos libres, ahora ya soy jubilado, así que tengo plena libertad de disponer de las horas”, dijo Raúl, entre risas.

El artista compartió a LVM que empezó a escribir cuentos en la adolescencia, “a escribir y a desechar cosas”, expresó y resaltó que siempre escribió “como un sentido de comunicación con el otro”.

“En casa había una biblioteca que era de mis padres y ahí había muchos libros, novelas, toda la parte narrativa que era de mi mamá, que ya falleció, y la parte histórica de mi padre”, continuó narrando Raúl.

“Es un poco lo que yo sostengo, las fuentes literarias que puede uno mantener en su vida son realmente dos o tres: una es la biblioteca de la casa, viendo a los padres leer o, en mi caso, también a mi hermano, y por otro lado, la escuela, tener maestros que sepan alimentarte e inculcarte la lectura”, soslayó.

El territorio vivido

El escritor resaltó que sus libros favoritos eran los de aventuras. Más tarde, Raúl viviría las propias, las cuales lo llevarían a recolectar historias regionales: “Uno escribe siempre sobre el territorio vivido”, señaló.

“Sobre lo que escucha en ronda o al pasar, de otras lecturas, uno tiene también que oír la voz de la gente, cómo habla, qué giros tiene, como para poder después conformar los personajes. Uno va tomando cosas del mundanal ruido”, describió.

Para graficar aún más su pensamiento, el dramaturgo compartió que en una entrevista al autor de la novela Madam Bovary le preguntaron ‘¿quién es Madam Bovary?’, a lo cual Gustave Flaubert respondió: “Yo soy Madam Bovary”.

“No puede ser otro, uno es sus personajes en el fondo”, subrayó Raúl.

“Derecho al fracaso”

Raúl compartió que, dado a que sentía que le estaba yendo bien con la escritura, decidió asomarse al mundo de la dramaturgia en 1988, frente a lo cual admitió que cometió un “exceso de omnipotencia”, porque “pensé que era pan comido y nada que ver, fue un fracaso tremendo con una obra que yo la tenía madurando sobre la dictadura militar”, expresó.

“Fue un terrible fracaso: la puesta en escena, se cortó el cable que iluminaba, unos personajes en un determinado momento brindaban y después tenían que tirar, tiraron y se rompió. Estaba invitado el ministro de educación de aquel entonces, que era Alterach, estaba sentado en primera fila, y yo vi que se estaba limpiando porque lo habían salpicado y yo dije ‘uuuh'”, rememoró.

Al respecto, Raúl reflexionó: “Uno tiene derecho también al fracaso y deja enseñanzas”. En su caso, “me picó” porque “yo tenía muchas esperanzas y deseos de que surgiera la obra, que a la gente le gustara y que aplaudiera”, manifestó el dramaturgo.

Todo ello, lo impulsó a profundizar en la dramaturgia desde el punto de vista técnico, a seguir instruyéndose y tomar muchos cursos: “Se trababa de otro género, con otras premisas y otra estructura”, afirmó,

Raúl compartió que, a diferencia de la narrativa, el teatro “no es solamente la dramaturgia, lo escrito para el teatro, sino todo lo que conforma, es decir, las actuaciones de cada uno de los actores, la escenografía, la vocalización, la musicalización, el público, todo hace al hecho teatral, todos esos elementos tienen que conjugarse para que sea una obra de teatro. ”

Otra diferencia que advirtió fue que “en el cuento, la narrativa, se explica el entorno, hay descripciones del paisaje, dónde están ubicados los personajes, en cambio, en la dramaturgia eso mismo no necesita explicación porque se muestra”.

“La magia del teatro está en ver en vivo y en directo la reacción del público, si les gusta o no, si los hace reír, emocionar, en la narrativa, el lector está lejos”, añadió.

Más tarde, reuniría 17 obras de teatro en su libro El manjar del jaguar, a las que se le sumarían seis piezas escénicas más en los años venideros.

La tradición teatral de la provincia

El escritor narró que una de las primeras influencias de expresiones teatrales en la provincia tuvieron lugar en las reducciones jesuíticas, “impulsado por los jesuitas con un claro mensaje clerical, de adoctrinamiento, por supuesto”, sostuvo.

“En ese sentido, tenemos un origen teatral interesante, muy poco explotado, creo, porque de esa parte no se habla mucho”, añadió.

Recordó también la biblioteca de Candelaria -por aquel entonces capital de las misiones-, los inicios del teatro leído en Posadas en los 60, la Escuela de Títeres en Puerto Rico.

Sin embargo, en un principio, recordó Raúl, “estábamos muy sujetos a un teatro comercial que venía de Buenos Aires, con obras de allá, la voz del teatro de acá, con sus características propias, regionales, aún estaba en construcción”.

“Había un puñado de escritores que queríamos escribir teatro, pero no nos animábamos o queríamos copiar los temas de Buenos Aires y ahí es donde había un cierto fracaso porque no conocíamos. Lo regional siempre fue minimizado por el centralismo cultural porteño”, agregó.

En 1990, a través de un Congreso Nacional del Teatro realizado en Córdoba, el panorama comenzó a cambiar: “Sopesamos con dramaturgos de otras provincias que estaban en la misma situación y nos animamos a largarnos a escribir temas más cercanos a nosotros y romper un poco las líneas férreas que conducían todo a Buenos Aires”, compartió el escritor.

“Acá nosotros tenemos un mosaico increíble, mucha riqueza, debido a las influencias de Brasil, Paraguay, lo que produce un tipo determinado de narrativa y de manifestaciones culturales”, destacó.

Asimismo, indicó que nos encontramos en una región cultural que abarca”no solo Brasil y Paraguay, sino también Corrientes, Chaco, el nordeste, con una impronta determinada que engloba toda esta región y no hay en otro lugar”.

Un locutorio en el monte

Tiempo después, varias de sus obras llegaron a la capital porteña retratando los escenarios trasnfronterizos y cotidianos de Misiones. Entre ellos, Un locutorio en el monte, respecto al cual el escritor contó que se preguntaba en ese entonces: “¿Será que entienden esto? ¿Alcanzan a imaginarselo?”.

La obra, que le trajo grandes alegrías, narra la historia de una anciana inmersa en el monte, en Villa Venecia, a 10 kilómetros de Cerro Corá, cuya única compañera y vía de comunicación con el mundo es una vieja radio a batería. La anciana, enamorada de la voz del locutor, entabla largos diálogos con él diariamente, los cuales construyen gran parte de la pieza escénica.

Una de las tantas emociones que le regaló esta obra fue en el avant premiere en Garupá: “En un trayecto de la obra, el conflicto, la radio se descompone, era necesario mandarla al técnico en el pueblo y la única forma que tenía ella era a través de un colectivito que pasaba en frente de la casa, por una calle de tierra. Siempre que pasaba tocaba bocina, tenía que acelerar, no podía parar porque era un cerro, entonces la forma que ella encontró de hacerle llegar eso al técnico fue a través del colectivero”.

“Un día se vistió de gala y salió a esperar el colectivito para hacerle entrega de su radio a través de una rama de un samu’u, en donde colgó una bolsa de arpillera con la radio dentro y le escribió una esquela: ‘Estimado fulano, le mando a mi Lili que está enfermita'”, narró.

La historia continua, pero lo que Raúl jamás olvidó fue que al final de la obra se le acercó un señor a preguntarle si él había escrito esa historia. Frente al sí, le dijo: “Venga mi amigo, deme un abrazo, yo era ese guarda de la empresa que hacía ese recorrido en Cerro Corá, un trayecto de Candelaria hasta Alem, recuerdo que hacíamos eso de sacar el brazo”.

“Tenía una alegría, estaba por llorar, para una persona que tuvo un oficio de tantos años, se sintió emocionado y yo me emocioné junto a él”, manifestó el escritor.

La mirada represiva frente al arte

En relación con la dictadura cívica militar que atravesó el país desde 1976 hasta 1983, Raúl contó que fue una época “amordazada” en un sentido tácito, “no había nada explícito, el ambiente se sentía cerrado”, expresó.

“Había que cuidarse con lo que uno estaba produciendo a nivel artístico, que no caiga mal, no estar expuesto. De por sí, al escribir uno ya se expone, se pone afuera, frente a la mirada del otro. Lo que se buscaba entonces es que la mirada del otro no sea represiva”, apuntó.

El artista recordó que, durante los años de dictadura, debían buscar lugares no visibles para reunirse, poner en común sus producciones, debatir, escuchar música, bailar, tocar el piano, exponer las pinturas. El lugar elegido fue “un depósito de vinos en damajuana y fiambres llamado Trilce, ubicado en la esquina de Ayacucho y Belgrano, era de unos amigos que nos dijeron: ‘Si ustedes quieren acá tienen un lugar, pero por favor no toquen nada'”.

“También nos reuníamos en la librería Moira, del juez, cuentista y poeta Marcial Toledo, sobre Colón, entre Sarmiento y San Martín, era una de las más grandes del Nordeste”, agregó.

“Ese núcleo de Trilce fue después la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade), cuando volvió la democracia, y ahí empezamos a publicar libros en conjunto bajo la editorial que nombramos Trilce, también en honor al poema del poeta peruano César Vallejo”, rememoró Novau.

“Tachar, borrar y volver a escribir”

Respecto a la escena teatral contemporánea, Novau destacó que observa “una profusión de actores, actrices, escritores, con nuevas temáticas y nuevos formatos que no había antes, y eso también se debe, se me ocurre, a que hay mucha presencia del público que empuja y exige, porque sin público no hay teatro”.

“Veo mucho más desembozada la actividad teatral, más abierta, más clara, con más asistencia, también debido a los respaldos institucionales que hay ahora a través de la Ley Nacional del Teatro, el Instituto Provincial del Teatro Independiente, que fue un gran avance, y el Instituto Nacional del Teatro”, remarcó.

En un intento prolongado de continuar compartiendo su experiencia con las nuevas generaciones, Rául confesó que “la inspiración no viene de arriba, viene del esfuerzo, de la lectura teatral, de leer a los clásicos, que por algo se mantienen en el tiempo, de ver teatro y todo tipo de expresión artistica, abarcar todo lo posible, compartir con otros pares”.

“Escribir, tachar, borrar y volver a escribir”, finalizó el artista.


Pinturas Misioneras
Barrios Computación
ElectroMisiones

Animal World Veterinaria

Cultura

A 25 años de la gira eterna, su hijo Lolo y un amigo recuerdan a Fermín Fierro

Publicado

el

Fermín

Hace 25 años partió a la gira eterna Fermín Fierro, uno de los músicos populares más importantes de Misiones. Compuso más de 300 canciones, muchas de ellas dedicadas a las provincias del Litoral e incluso producciones conceptuales, como la que dedicó al Libertador General San Martín y que lo llevó a ser la Revelación de Cosquín en 1966.

Aunque para entonces su más famosa canción, “Mi serenata”, había sido popularizada por María Helena, obra que en las últimas décadas fue interpretada por múltiples artistas del país, como Soledad Pastorutti, Los Alonsitos o Los Ojeda en Paraguay. Fermín Fierro descansa en el cementerio posadeño de La Piedad, desde que murió en 1999. Es por eso que hoy, 13 de abril -según declaró la Legislatura provincial un año después- se celebra el Día del Cantautor Misionero.

Fermín Fierro era su apodo. Había sido rebautizado por su manager con ese nombre en la década del 60, cuando ya estaba viviendo en Buenos Aires. Se había ido a los 17 años para estudiar Derecho en la ciudad de la Plata pero también para probarse en la música y en eso último le fue muy bien. Fue parte de Los Nocheros de Anta -que tuvo varias formaciones-y de Los 3 Chispitas, un grupo con el que salió de gira por el exterior. A su regreso comienza su historia solista para dar rienda a sus distinguidas creaciones, entre ellas Rosario Gaucho, junto a Los Arribeños y con voz de Alfredo Alcón.

En su documento decía que se llamaba Raúl Obdulio Posse Benítez, era hijo del español Jesús María Posse y Magariños y la paraguaya María Eugenia Benítez y Aragón. “Nació en el barrio Patotí, por Tambor de Tacuarí, que antes se llamaba Florida”, contó su amigo Ramón Delgado Cano a La Voz de Misiones. “Lo conocí de grande. Hicimos muy buena amistad con él, participamos en muchos festivales, lo acompañamos en muchas fiestas. Estábamos en la semana tres o cuatro veces juntos”.

A Fermín sus allegados lo conocían como Luli y según reconstruyó su amigo Ramón tenía una personalidad fuerte pero se hacía querer por todos. “Era gracioso y cascarrabia. Quería pelear con quien no estuviera de acuerdo con él. Un ser extraordinario que se daba con los amigos. Se brindaba con todo el corazón, muy generoso”.

En la década del 70, la obra de Fermín se populariza en España. Uno de ellos es “Yo soy argentino“, en la voz de Gauchos 4. De esa manera, es contratado para cantar por el Viejo Continente junto a Los Chalchaleros. Luego vuelve a realizar otra gira más en España, esta vez acompañado de su pareja embarazada y allí en España nace su hijo, un niño que recibió el apodo de Lolo y que, más adelante, en el 2001, saltaría a la fama como el guitarrista de Miranda durante trece años. “Para mí Fermín no era un músico conocido de Misiones. Era mi papá músico que había abandonado a mi mamá”, reconoció Lolo a La Voz de Misiones.

“Yo nací en el 74. Ellos se fueron a España con mi mamá embarazada y, bueno, allá Fermín hizo la suya y ella se volvió para acá”, contó Lolo. “Porque la verdad era un excelente músico pero como padre, yo que sé, calculo que por su historia familiar también que es complicada, era medio raro como padre. No sé si estaba para ser un padre y formar una familia. Me parece que era como un músico chapado a la antigua, se iba de gira. Tenía una historia bastante complicada con su mamá y su papá que se murieron. Lo criaron sus dos hermanas que eran bastante complicadas también. Te puedo contar que lo habían metido en un colegio y se iba a tocar con la primera banda que tuvo. Y cuando estaba en la casa se terminaba escapándose. Al final, cuando fue mayor, de tanto que se escapó, ya era un músico de ley”.

Fermín

El cantautor misionero solo tenía 55 años cuando murió complicado por una cirugía que tenía programada en una clínica de Posadas. Debían colocarle un bypass y si bien parecía estable, horas después de la intervención médica, dejó de respirar. “Fue una gran tristeza para nosotros. Teníamos un grupo de amigos muy allegado y Fermín era el que unía todo. Por su simpatía, por su amiguismo, por su compañerismo. Eso no lo digo solo yo. Lo puede decir cualquiera que lo conoció”, lamentó Ramón.

En ese entonces, Lolo no había podido establecer una relación estrecha con su papá y se habían encontrado tan solo tres veces en la vida. Él vivía en Buenos Aires, “trabajaba en un locutorio y no tenía dinero para viajar a Misiones”, admitió. A los cinco días se enteró que su papá Fermín había muerto. Le había contado su hermanastra, la folclorista María Eugenia Díaz. “No pude ir a su funeral, a su casa. No pude entrar a su departamento ni tomar contacto con las cosas de mi padre”, reconoció el artista.

Es la guitarra de Lolo

De esa manera, Lolo no pudo quedarse con ningún recuerdo de Fermín, ni si quiera con uno de los mil discos de “Los Misioneros somos así” que el cantautor grabó en Posadas y pretendía presentarlo con invitados como Horacio Guarany y La Sole. Con un escribano de por medio, una exesposa se llevó todas las pertenencias que quedaban de él en el departamento que habitaba por Colón casi Mitre. Pero no se llevó absolutamente todo: quedó una guitarra.

“No sé porqué razón quedó en la casa del Negro Dedieu y en todas las fiestas que hacíamos los músicos querían tocarla porque era muy linda, de concierto. Fermín era un ejecutor de guitarra máximo, tocaba muy bien en cualquier ritmo. Se acompañaba en blues, jazz, polca, guarania. Era un virtuoso de la guitarra. Y con el Negro decíamos que en cualquier momento esa guitarra se va a romper, nos van a robar”.

En el año 2012, los amigos de Luli se enteran que Miranda tenía agendado un recital en el anfiteatro Manuel Antonio Ramírez y con la banda venía el guitarrista Lolo Fuentes. “Fuimos al hotel con la guitarra. El conserje nos hizo esperar. ‘Ya baja el señor Lolo. ¿Quién lo busca?’”, le preguntaron a los hombres adultos que estaban metidos entre adolescentes que querían fotos con Ale Sergi o con Juliana Gattas “porque Miranda estaba en su apogeo en ese momento”, recordó Ramón. Después de explicar las intenciones al recepcionista del hotel y al manager de la banda lograron convencerlos para que finalmente llamaran a Lolo, quien bajó y se encontró con Ramón y Dedieu. “Fue tanta la emoción de este chico que se les caían lágrimas. ‘No puede ser. Mi papá está acá’, decía”.

A 22 años de aquel encuentro con los amigos de Fermín, con su carrera solista a pleno, alejado hace más de una década de Miranda, Lolo aún conserva entre sus pertenencias el tan preciado instrumento de cuerdas. “La tengo. Es una guitarra marca Alhambra, de la Alahmbra. Española. Es una guitarra de flamenco, la tengo conmigo y la aprecio mucho. Es más, no le cambié las cuerdas hasta que se rompieron un par de ellas porque tenían el ADN de mi papá. Pero no me quedó otra que cambiarlas. Esa guitarra está conmigo y estará conmigo hasta que me muera”.

Lolo

Lolo en Posadas y con la guitarra de su papá. En 2012, el por entonces músico de Miranda visitó la casa de Ramón, amigo de Fermín.

Aquel encuentro de Lolo con los amigos de su papá sirvió no solo para llevarse el instrumento musical sino para conocer mejor a Fermín. Eso fue posible a través de las anécdotas que fueron reconstruyendo para él, incluso las más románticas en las palabras de una novia que había tenido el cantautor posadeño que, sin lugar a dudas, inspiró a Lolo para convertirse en el artista que hoy es. Por eso considera, a pesar de la distancia que tuvieron en casi toda la vida, que han hecho las paces.

“De alguna manera hice mis rituales para despedirlo y tuve mis conversaciones con él. Yo siento su espíritu bastante cerca. Y siento que me acompaña mucho. Y sobre todo en la música. Yo no estudié música. Es una herencia genética, más que nada. La música está adentro mío desde que yo nací. Bueno, obviamente que tuve mis estudios porque fue incorporar conocimientos. Pero siento que él me dio eso”.

La intensa vida de Fermín se apagó temprano y dejó detrás la letra y la música de una época, a la que ya le rendía tributos nostálgicos, como la descripción poética de su ciudad natal, “perfumadas tus noches de jazmines y azahar”, (…) “con tus altas barrancas, luna en el Paraná” y “la Estudiantina que no va a morir”, según canta en su bellísimo “Recuerdo a Posadas” que hoy lo recuerda a él.


Pinturas Misioneras
Barrios Computación
ElectroMisiones

Animal World Veterinaria
Seguir Leyendo

Cultura

Lucas Cidade: “Mi abuelo Ramón Ayala me enseñó a bailar gualambao”

Publicado

el

Lucas

Lucas Cidade (36) es el nieto del cantautor Ramón Ayala. Con un barco cruzó los océanos y recorrió los continentes para bailar tango y folclore. El domingo llegó a Misiones, para la ceremonia que se hizo en honor a El Mensú, quien pasó a la eternidad el 7 de diciembre pasado. “Él me enseñó a bailar gualambao”, contó a La Voz de Misiones.

La primera vez que Lucas descubrió que su abuelo era un artista popular sucedió por una calle porteña de Congreso, cuando juntos se dirigían a cenar en un bar. “Caminando para ese lugar, una persona en situación de calle se levanta y se le va al humo a mi abuelo. Y el señor se pone a cantar a mi abuelo, no me acuerdo qué canción, yo dije ‘no lo puedo creer’”.

Lucas nació en Buenos Aires, vivió cuando era un niño en la casa que Ramón tenía en San Telmo pero también pasó muchas horas de su vida en la vivienda que después habitó el músico en el barrio de San Cristóbal. Por eso, Lucas recuerda “la hospitalidad que él tenía” al recibirlo.


Porque “íbamos y merendábamos, capaz que después cenábamos o lo que sea de la comida. Siempre una comidita, algo siempre se compartía con mi abuelo y con la esposa, María Teresa. Vos comías y el quería que ya te quedaras a dormir. Tenía una pieza, ahí tenías un lugar. Es lo que más tengo de él, fuera de lo que es lo artístico, de toda la obra que tiene”.

Cualquier persona que conociera a Ramón sabía de su sentido humor, algo que replicaba también en la intimidad de su familia. Por eso, Lucas sonríe al recordar una ingenua y divertida frase del artista: “¡qué notable, dijo la vaca mordiendo el cable!”.

Lucas

Popularidad. Lucas descubrió que su abuelo era un músico popular cuando un desconocido lo paró en la calle y le cantó

El gualambao en los pies y en el corazón

El autor de “Posadeña linda” falleció el 7 de diciembre pasado y sus restos fueron cremados. Según la voluntad del propio artista, meses después, una comitiva encabezada por su pareja María Teresa Cuenca, el hijo del cantautor, Alberto Ramón Cidade, y Lucas, llegó el sábado 6 de abril para ser parte de una serie de homenajes en Misiones que concluyó el domingo en la Bajada Vieja, con la presencia del Gobernador Hugo Passalacqua, el intendente Leonardo Lalo Stelatto y el Secretario de Estado de Cultura, Joselo Schuap.

El 10 de marzo, El Mensú hubiera cumplido 97 años pero dejó todo un legado artístico, incluso un género musical que inventó y llamó gualambao. Su nieto Lucas aprendió a danzar esa música con él, más allá de que es un profesional egresado de la Universidad de las Artes.

Bajo la escultura de Hugo Viera, después de una peregrinación a toda orquesta con la Banda Penitenciara desde la costanera, hubo concierto con la voz cantante de Cecilia Pahl.  También cantó Enarmonía, Pato García y Amanda de Colombia. Con el mismo fin vinieron de Corrientes los cantantes Julio y Nicolás Cáceres, de Los de Imaguaré.  En tanto que, además de los recitados parafraseando a Ramón, hubo danza al tiempo del gualambao.

Vestido como gaucho, Lucas ofreció en ese momento unos pasos estilizados que pudo replicar en los últimos años junto a su célebre abuelo como para distintas presentaciones que hizo en grupo en el ND Ateneo, Hasta Trilce e incluso en el Centro Cultural Kirchner (CCK), cuando en el 2022 se hizo el tan destacado homenaje que se llamó “El Viejo Río que va”.

“Estoy en un proyecto tratando de meter lo que es el gualambao en la Universidad Nacional de las Artes”, comentó Lucas. Se trata de un material destinado a la Metodología de la investigación y del folclore aplicado, con la idea de que algún día “lo puedan meter en el plan de estudio, en la currícula, dentro de las danzas folclóricas”. Es que, si bien en Misiones el gualambao se aprende a bailar desde muy temprano, las demás academias del país no cuentan con mucho material bibliográfico ni todavía han manifestado el interés de implementar su estudio.


Hugo Leonardo Cidade era uno de los tres hijos de Ramón. Murió hace catorce años pero en toda su vida tuvo muy poco contacto con Lucas. Es por eso que creció no solo junto a Ramón sino también con su mamá y su abuelo paterno Mamerto, con quien escuchaba folclore todo el día en la ciudad bonaerense de Salto. Así se fue consolidando su personalidad de bailarín. Aunque además toca la guitarra, el teclado y varios otros instrumentos más “pero no como mi abuelo”, aclara.

A bordo de un crucero, Lucas salió a conocer el mundo y de esa manera visitó países como España, Italia, Hungría, Rusia, Panamá, Perú, Colombia, Uruguay y Las Malvinas Argentinas, cuenta. “En diciembre de 2023 conocí La Antártida. Fue impresionante”, consideró el artista. “Estoy en una compañía aparte. Hice la audición de tango y de malambo y quedé”.

Por otro lado, Lucas también integra la agrupación Llegamos Los gauchos, una impactante compañía de malambo y con quienes bailó varias veces en la peatonal de Calle Corrientes aunque también algunas ocasiones en los estudios de Telefe.


Pinturas Misioneras
Barrios Computación
ElectroMisiones

Animal World Veterinaria
Seguir Leyendo

Cultura

De las series al cine de Brasil: el camino del eldoradense Elio Santander

Publicado

el

El actor eldoradense Elio Santander (43) interpreta a un investigador en la película “Amor livre amor”, una producción brasileña, bajo dirección de Mariana Pamplona y Flavio Frederico. El largometraje se rodó en febrero en Buenos Aires y después de vivir veinte años en esa ciudad Elio decidió mudarse a Brasil para continuar su carrera como actor. “Es una puerta que quiero abrir y quiero experimentar”, dijo a La Voz de Misiones.

Elio trabajó para conocidas series de la pantalla chica como “Un gallo para Esculapio”, “El Marginal”, “Apache”, “Monzón” y “El hincha”. En tanto, Star+ aún no estrenó “Espartanos”, la serie de ocho capítulos que protagoniza y está inspirada en la experiencia de los internos rugbiers en las cárceles argentinas.

Elio

“Es muy linda la historia”, calificó el actor. “Fue contar cómo se le ocurrió al creador, Eduardo Coderigo, hacer la fundación de espartanos y no solo romantizar lo que es la cárcel. Sino cómo transformó la realidad. Como se superaron las dificultades en su vida”.

Cuando Elio dejó detrás Misiones, hace veinte años atrás, comenzó a perfilarse en el mundo de las artes escénicas, particularmente en teatro. “El teatro es para mí es el arte de la preparación y de conocerse. Si todas las personas lo podrían hacer un poquito estaría buenísimo”, recomendó.

Solo el año pasado, el artista eldoradense fue parte de tres obras teatrales. Una de ellas era “En nuevos mundos”, sobre la vida de von Humboldt y Bonpland. Por otra parte protagonizó el sainete “Retrato del pibe” e integró el elenco de “Prueba de amor”, una obra original de Roberto Arlt.

“No hacía mucha tele y me empezó a surgir en los últimos años, desde 2017, en lo que son series o productos audiovisuales”, apuntó. No obstante, según reconoció Elio, “el teatro tiene el laboratorio del actor, que se mantiene vivo. El audiovisual es otro lenguaje, es más el tema de la repetición, la puesta, mucho más técnico. Y el teatro es más vivo. ¿Cuál me gusta más? Es un poco más difícil. Pero sí, son dos lenguajes que me encantan”.

En la más reciente producción en la que trabajó, “Amor livre amor”, Elio se acercó a la industria brasileña del cine gracias a la guionista Mariana Pamplona y el director Flavio Frederico, realizadores de películas como “En busca de Iara”, “Assalto na Paulista” y “Boca do lixo”. La que se rodó en Argentina está hablada en español pero con el el brasilero Higor Campagnaro en el papel principal.

“Es un policial que secuestran a la hija de un brasilero y yo soy el investigador que lleva adelante el caso”, resumió el artista misionero sobre el filme que tuvo como locaciones a la Ciudad de Buenos Aires, El Tigre, Acassuso e Ingeniero Maschwitz.

A más de un mes de esa experiencia delante de la cámara, Elio prepara las valijas para ir tras sus sueños al país vecino, donde pretende encarar un nuevo horizonte profesional. “La idea es seguir creciendo. Por eso me voy para allá”, consideró el actor que habla muy bien el portugués porque se crió con su abuela brasileña hasta los 9 años. De esa manera, Elio se reencontrará con todos aquellos códigos de la infancia para un nuevo desafío transfronterizo.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por Elio Santander (@elioasantander)


Pinturas Misioneras
Barrios Computación
ElectroMisiones

Animal World Veterinaria
Seguir Leyendo
Publicidad

Lo más visto