Opinión
Un verano preelectoral a la espera de Lule Menem
Esta vez el clima preelectoral comenzó antes de lo previsto, a mediados de enero, bajo el sol de un verano poco piadoso y sobre el latente riesgo de incendios. El ecosistema político del Cantón Verde se movilizó de golpe ante un brusco adelantamiento de las elecciones provinciales. Abundan los rostros de preocupación.
En el oficialismo el primero en dar el paso fue Oscar Herrera Ahuad, que montó un mini show con imágenes 4D en las escalinatas del palacio Legislativo para promocionar el turismo local bajo el lema “Escapada de Finde”. Un evento en el que se vieron muchas sonrisas y bronceados cariocas. Aún no es oficial, pero en la Renovación dan por hecho que el exgobernador será candidato a ocupar una banca en la Cámara de Diputados de la Nación. El resto lo traerá el Blend. Antes de finalizar diciembre, algunos intendentes se sorprendieron cuando recibieron la llamada del diputado Carlos Rovira, sin intermediarios. El líder renovador quería saber si ya tenían candidatos a concejales. Hay quienes dicen que el adelantamiento de las elecciones será prematuro, al menos ese fue el último mensaje que llegó del exterior.
En el arco opositor las ecuaciones electorales son más complejas. La cúpula del Pro Misiones tuvo que armar de emergencia una asamblea para salir a contener a sus dirigentes, especialmente al exdiputado nacional Alfredo Schiavoni, que pide a gritos sumarse a La Libertad Avanza (LLA) y una banca, preferentemente en el Congreso; sucede que Alfredo tiene gustos caros. Quien puso el pecho para contener la crisis fue el diputado provincial Horacio Loreiro, presidente local del partido porteño de Mauricio Macri. Contuvo a los amotinados y sumó tiempo al lograr quedarse con la potestad para “negociar frentes u alianzas electorales para las elecciones provinciales”, una misión que sólo compartirá con el secretario general del sello partidario, el senador nacional Martín Goerling Lara. La rosca para las bancas nacionales se discute en un tablero superior.
Goerling Lara se encuentra en una disyuntiva. No sabe si seguir los pasos de Patricia Bullrich y sumarse al éxodo hacia las fuerzas del cielo o mantenerse estoico en las filas del macrismo. “Hay que esperar, hay mucha confusión”, dicen en el entorno del senador. Sus vecinos del coqueto departamento en Punta del Este, algunos de ellos misioneros, hace tiempo que no lo ven. En la última reunión en el Senado se lo vio tenso. Hay quienes dicen que recibe presiones de todos lados. Patricia comenzó a mirarlo de reojo desde diciembre, cuando el senador faltó al relanzamiento de la agrupación Apertura Republicana, estandarte para meterse en el armado libertario. El exsenador Humberto Schiavoni también lo apresura, pero para que resista. La próxima semana el bloque del Pro en la Cámara alta decidirá quién se queda con la presidencia tras la salida del senador cordobés Luis Juez, un puesto que seduce a Goerling Lara.
En el radicalismo hay sectores que ruegan que las autoridades del partido a nivel nacional den libertad de acción a cada distrito electoral. En Misiones la idea es sumarse a un gran frente opositor con un arreglo programático que incluya tanto las elecciones provinciales como las nacionales. El concejal posadeño y presidente de la UCR, Rodrigo de Arrechea, espera esas definiciones con suma tranquilidad en su casa de La Eugenia, pero con la mirada puesta en el lujoso country Aguavista, del otro lado de la frontera. Quien se encuentra con los ánimos exacerbados es el diputado nacional Martín Arjol, en privado dice que está decidido a ir por la reelección de la mano de LLA. En la Casa Rosada dijo que tiene “el 80% del voto radical” y parece que le creyeron, ahora el radical con peluca se codea con el entorno de Karina Milei. Se lo ve muy entusiasmado preparando, con los radicales con peluca, un acto para fines de febrero en La Rural y aturdido por el silencio de Ariel Pepe Pianesi, el diputado radical que recientemente fue diagnosticado de tener “seco el vientre”, porque “se sienta y no hace nada”, así lo dijo Roque Gervasoni, un gallardo funcionario renovador dispuesto a tirarse sobre cualquier granada.
Pero lo que Arjol no quiere que se sepa es sobre su Plan B: presentase como candidato, aunque tenga que enfrentarse a La Libertad Avanza, a la Renovación y contra cualquiera que se ponga en frente. Para embarcarse a semejante aventura ya tiene preparado los instrumentos legales en la Justicia Electoral. “Tiene partido en provincia y de distrito. Al provincial lo van a encontrar, al de distrito no”, el dato es ese. Una jugada arriesgada y muy costosa en términos económicos.
De Activar, nadie habla, ni lo quieren recordar. El diputado Pedro Puerta se encuentra ultimando los detalles de su millonario casamiento con Karen Fiege, la ultrarenovadora que decidió dejar todo por seguirlo, incluso su banca de diputada provincial. Algunos mal pensados dicen que la “Boda del año” forma parte de una planificada estrategia para lavar la imagen de Puerta tras el escándalo de su amigo y socio político Germán Kiczka, detenido junto a su hermano por distribuir material de pedofilia. En el entorno del diputado lo desmienten, juran que hay amor y aprovechan para enviar un recordatorio: “Pedro tiene tres años más de mandato”. Lo real es que en ninguno de los campamentos opositores lo tienen en el radar.
Los libertarios tienen sus propios problemas. El encargado del armado de LLA en Misiones, el abogado tributarista Carlos Adrián Núñez parece que está cansado de lidiar “con los que se autoperciben candidatos”. Entre los voluntariosos hay de todo, desde el hijo de un ex senador peronista que ahora juega al golf hasta, el de un intendente multimillonario de la zona centro, además de casi una veintena de “influencers” que piden pista. “Que a Quito se lo fume Nico Sosa”, dijo uno de los libertarios que asiste a los asados donde “se perfilan candidatos”, en el exclusivo barrio privado Aguavista. Nicolás Sosa es el presidente del Partido Libertario, impulsor del gomero tiktoker Quito Barrionuevo. Quien no falta a las reuniones es Diego de Arrechea –otro de los vecinos del country paraguayo–, hermano de Rodrigo de Arrechea y ex socio de Martín Goerling Lara.
A estas alturas del verano lo que todos saben, incluso Adrián Núñez, es que el más celoso de la perinola libertaria en Misiones es Eduardo “El Lule” Menem, armador político y mano derecha de Karina Milei. “Lule tiene muchos intereses en la provincia, conoce muy bien el terreno. Él sabe que tiene la marca, por eso pone las reglas: Sin seudo libertarios, sin ladrones, ni pedófilos”, soltó un viejo conocido de Menem.
Opinión
Nuñez – Macías: una postal de tiempos nuevos
Por Fernando Oz
Me pregunto cuánto tendremos que esperar para que la Cámara de Representantes expulse al diputado Ramón Amarilla por “desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones” —artículo 99 de la Constitución provincial—. El agente del caos, esta semana, volvió a utilizar sus redes sociales con el único objetivo de inflar el malestar social en un contexto de crisis económica. Ya lo había hecho antes de finalizar el primer mes del año, cuando convocó a los empleados públicos, en especial a la policía y al servicio penitenciario, a reunirse en la plaza 9 de Julio para llevar una caterva de reclamos al Gobierno.
Este martes repitió la maniobra y, al día siguiente, volvió con el mismo espectáculo del miércoles anterior. Y el viernes también publicó en sus redes otro mensaje del tipo diplomáticamente incendiario. No tuvo reparos en aprovechar el conflicto salarial de la policía de Santa Fe para impulsar un reclamo masivo en Misiones, como tampoco parece darle ni una pizca de vergüenza la utilización, para su campaña de desestabilización, de los recientes casos de suicidio entre las filas de quienes fueron sus camaradas.
Hay un claro modus operandi: mediante hechos consecutivos, estudiados y planificados, el agente del caos realza un estado de malestar real de un sector social con el fin de magnificarlo y provocar violencia social. Ejecuta la acción de manera abierta a través de medios de comunicación y redes sociales. Su audiencia es el empleado público, especialmente de las fuerzas de seguridad. Lo repito: lo hace en el marco de un contexto de crisis económica a nivel nacional, dentro de un marco de ajustes y desempleo.
Amarilla no es un ciudadano común, de esos que tienen todo el derecho a plantarse y ponerle mala cara a un mal gobierno. Estamos hablando de un diputado; su función legislativa es clara: elaborar, discutir, modificar y sancionar leyes de interés público provincial; también puede fiscalizar actos del Poder Ejecutivo, como por ejemplo solicitar informes a funcionarios, además de prestar acuerdo para el nombramiento de magistrados o funcionarios judiciales y cuestiones institucionales.
A diferencia del ciudadano común, Amarilla cuenta con una serie de derechos e inmunidades: no puede ser acusado, interrogado judicialmente ni molestado por las opiniones o discursos que emita en el desempeño de su mandato; también tiene inmunidad de arresto.
Cuenta con facultades valiosísimas, como la de presentar proyectos de ley, de resolución o de declaración sobre cualquier tema de competencia provincial. Puede participar en las comisiones que desee para patalear por cualquier iniciativa legislativa antes de su tratamiento y, si tiene ganas, puede seguir pataleando en el recinto. Puede pedir informes y hasta realizar investigaciones propias. Hay un vademécum de acciones que puede hacer, muchos puede, pero su interés es claro: generar y aprovechar el caos.
Que algún diputado provincial, fiscal o juez de turno diga si la instigación al desorden social corresponde al ejercicio de las atribuciones de un legislador. Que el presidente de la Cámara, Sebastián Macías, explique si Amarilla incurrió en “desorden de conducta” conforme a sus funciones.
Amarilla debe entender que no es un sindicalista y menos de una fuerza policial. Es un diputado, y la Cámara puede aplicar sanciones disciplinarias que van desde la amonestación hasta la expulsión definitiva, y que puede ser expulsado por incurrir en desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones, con una mayoría especial de dos tercios de los votos de los miembros presentes.
El caso del expolicía no es el de un opositor más. Tiene antecedentes. Intentó amotinar una fuerza de seguridad. Fue imputado por los delitos de sedición y conspiración, acusaciones que surgieron tras la revuelta policial de mayo de 2024, que incluyó un acampe, corte de avenidas y la toma de vehículos oficiales.
Cabeceras ajenas, promesas y silencios
En política, las mesas importan tanto como las sillas, pero mucho más los sitios donde se sientan los protagonistas. No es casualidad que la reciente reunión sobre el destino del sector yerbatero haya tenido al presidente de la Cámara de Representantes relegado al rol de invitado, mientras el diputado Adrián Nuñez, vicepresidente primero, ocupaba la cabecera y, con gesto de anfitrión, organizaba el encuentro junto a Rodrigo Correa, mandamás del INYM. Uno podría esperar que, en el Cantón, la cabecera sea la prerrogativa del que lleva la insignia institucional más pesada. Pero no. Aquí, la cabecera fue el trono del que maneja la agenda, aunque sea por coyuntura y no por jerarquía.
Nuñez no solo eligió dónde sentarse; también el ritmo y el tono de la conversación, como esos generales que, sin serlo, se adueñan del mapa de batalla. Es curioso observar cómo el diputado, envalentonado por el aire fresco de la desregulación y el desempleo, se convirtió en un hábil organizador de agendas. Pero la política es el arte de la oportunidad, y el Doctor la aprovechó una vez más.
El sector yerbatero está inmerso en una crisis que parece no tener fin, como el mate de la tarde que se enfría y nadie quiere terminar. Los pequeños productores, siempre al margen, siguen esperando que los libertarios traigan un milagro. Pero la fe en los discursos no paga cuentas. El encuentro concluyó, como suele suceder, con promesas de diálogo y avances difusos. Los pequeños productores ven pasar la procesión de charlatanería sin que el santo yerbatero les preste atención. No hubo medidas concretas, apenas palabras que, como el humo, se disipan enseguida.
Rodrigo Correa se mueve entre el pragmatismo y la diplomacia, intentando sostener un equilibrio imposible entre la defensa del sector y la presión de quienes quieren abrir la compuerta del mercado sin restricciones. Nuñez, el abogado tributarista que hasta ayer gestionaba las cobranzas impositivas de varios municipios, sostiene la bandera de la libertad económica, como si el mercado fuera un dios benevolente; mientras Macías observa cómo los equilibrios institucionales se desdibujan ante la embestida política. Nadie se atreve a decirlo, pero la mesa sirvió más para mostrar quién comanda la oposición en el Cantón que para resolver lo urgente.
En definitiva, el encuentro fue una postal de tiempos nuevos: los políticos que organizan no siempre son los que tienen el cargo, y quienes deberían defender a los pequeños productores terminan sentados en el borde, escuchando. En política, por lo general, suele suceder que lo importante no está en lo que se dice, sino en lo que se calla y en lo que se muestra. Las mesas no siempre resuelven, pero sirven para apoyar las cartas al finalizar la partida. El sector yerbatero, golpeado y fragmentado, espera que alguna vez, quien se siente en la cabecera lo haga no por coyuntura, sino por compromiso real. Hasta entonces, los pequeños seguirán esperando, y la política seguirá jugando a cambiar de sillas, sin cambiar el fondo.
Opinión
Misiones y sus desafíos

Por Javier Mela
Misiones se acerca al millón y medio de habitantes, pero su estructura económica sigue anclada en un modelo productivo pensado para una provincia mucho más pequeña. Este desajuste no es coyuntural ni ideológico: es estructural.
La matriz productiva misionera continua dependiendo de actividades primarias tradicionales —yerba mate, té, tabaco y foresto-industria algo de mandioca y no muchos más, en cuanto a la ganadería, unas 300 mil cabezas, el cuadro lo completa el turismo que tiene un gran potencial, un poco mas desarrollado en Puerto Iguazú (a pesar de la crónica falta de infraestructura eléctrica, de agua y saneamiento) muy lejos de su vecina Foz de Iguacú, poco y nada en el resto de la Provincia .
Todas estas actividades enfrentan límites claros. Crisis de precios, concentración, bajo valor agregado y escaso encadenamiento industrial, falta de infraestructura, hacen que este ecosistema productivo provincial ya no generen el empleo ni los ingresos necesarios para sostener a una población creciente, alcanza para pocos y empobrecidos.
No se trata de cuestionar al productor ni al trabajo rural. El problema no es quién produce, sino qué estructura económica se ha construido alrededor de esa producción. Una economía que no agrega valor termina expulsando, aun cuando produzca.
La comparación con el estado brasileño de Santa Catarina es inevitable. Allí, con unidades productivas chicas y medianas, similares a las misioneras, se desarrolló un complejo agroindustrial basado en el maíz. Ese grano no se exporta sin procesar: se transforma en proteína animal, en industria alimentaria, en empleo y en exportaciones con valor agregado.
El resultado es visible: mayores ingresos, más trabajo local y mejor calidad de vida. No es una cuestión cultural ni geográfica; es una decisión estratégica sostenida en el tiempo.
Misiones, además, cuenta con un recurso clave que no puede seguir fuera del debate: la energía. Una provincia chica, con vocación industrial, necesita energía abundante y competitiva. Bendecida por dos grandes ríos, Misiones debería discutir seriamente su potencial hidroeléctrico, incluyendo proyectos largamente estudiados como Corpus–Pindoí.
No explotar la hidroenergía en Misiones, es como que los jujeños no exploten el litio, los neuquinos el petroleo y el gas de vaca muerta o las provincias marítimas sus recursos pesqueros.
Sin energía no hay industria. Sin industria no hay empleo. Y sin empleo, no hay futuro.
Misiones no necesita más administración del presente. Necesita discutir, con madurez y sin prejuicios, cómo transformar su matriz productiva para contener a su población y evitar la diáspora de los jóvenes.
Opinión
Cuento libertario

Por Cristian Castro
En el debate yerbatero suele instalarse una idea simplista: “hay mucha yerba, por eso baja el precio”. Los datos muestran que eso no alcanza para explicar la crisis actual.
Entre 2021 y 2025 la producción de hoja verde prácticamente no cambió: pasó de 882 millones a 889 millones de kilos, un aumento marginal del 0,8%. No hubo una explosión productiva ni un desborde de oferta que justifique el derrumbe del precio al productor.
Sin embargo, cuando se mira el consumo total neto, el panorama es distinto: creció 7,7%, impulsado principalmente por las exportaciones, que aumentaron 63,3%. Es decir, la yerba se vende más, especialmente hacia afuera, aun cuando el consumo interno cayó por pérdida del poder adquisitivo.
El punto clave aparece en la relación oferta–demanda de hoja verde.
En 2021 la demanda prácticamente absorbía la producción: la diferencia era de apenas 7,2 millones de kilos, un mercado relativamente equilibrado. En ese contexto, con el Inym activo regulando precios, plazos y condiciones de pago, el productor cobraba bien y cobraba en tiempo. El precio de la hoja verde no era un regalo del mercado: era el resultado de reglas claras y poder de negociación equilibrado.
En 2025 ocurre algo aparentemente contradictorio: la demanda crece fuerte (941 millones de kilos, +7,7%), incluso supera ampliamente a la oferta, pero el sistema muestra un “excedente negativo” de más de 52 millones de kilos. ¿Qué significa esto en la práctica? Que la industria compra más de lo que se produce, pero lo hace en condiciones cada vez más desiguales para el productor.
Aquí aparece el factor político y estructural: la desregulación del mercado yerbatero y el vaciamiento de las funciones del Inym. Sin un precio efectivo de referencia, sin control de plazos de pago y sin sanciones reales, el “libre mercado” no generó competencia sino concentración de poder en la industria.
El resultado es conocido por todos en la chacra: precios por debajo de los costos, pagos a 90, 120 o 180 días, cheques rechazados y productores financiando a molinos y exportadores. No hay crisis por exceso de yerba; hay crisis por abuso de posición dominante.
En síntesis, en 2021 el productor cobraba bien no porque faltara yerba, sino porque había Estado y reglas.
En 2025 se paga mal no porque sobre yerba, sino porque el mercado quedó librado a actores concentrados que trasladan todo el ajuste hacia el eslabón más débil.
La discusión de fondo no es técnica, es política: o la yerba mate se gobierna con criterios de equilibrio social y productivo, o se transforma en un negocio financiero donde el pequeño productor queda condenado a perder, aun cuando la yerba se venda más que nunca.
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