Opinión
Un verano preelectoral a la espera de Lule Menem
Esta vez el clima preelectoral comenzó antes de lo previsto, a mediados de enero, bajo el sol de un verano poco piadoso y sobre el latente riesgo de incendios. El ecosistema político del Cantón Verde se movilizó de golpe ante un brusco adelantamiento de las elecciones provinciales. Abundan los rostros de preocupación.
En el oficialismo el primero en dar el paso fue Oscar Herrera Ahuad, que montó un mini show con imágenes 4D en las escalinatas del palacio Legislativo para promocionar el turismo local bajo el lema “Escapada de Finde”. Un evento en el que se vieron muchas sonrisas y bronceados cariocas. Aún no es oficial, pero en la Renovación dan por hecho que el exgobernador será candidato a ocupar una banca en la Cámara de Diputados de la Nación. El resto lo traerá el Blend. Antes de finalizar diciembre, algunos intendentes se sorprendieron cuando recibieron la llamada del diputado Carlos Rovira, sin intermediarios. El líder renovador quería saber si ya tenían candidatos a concejales. Hay quienes dicen que el adelantamiento de las elecciones será prematuro, al menos ese fue el último mensaje que llegó del exterior.
En el arco opositor las ecuaciones electorales son más complejas. La cúpula del Pro Misiones tuvo que armar de emergencia una asamblea para salir a contener a sus dirigentes, especialmente al exdiputado nacional Alfredo Schiavoni, que pide a gritos sumarse a La Libertad Avanza (LLA) y una banca, preferentemente en el Congreso; sucede que Alfredo tiene gustos caros. Quien puso el pecho para contener la crisis fue el diputado provincial Horacio Loreiro, presidente local del partido porteño de Mauricio Macri. Contuvo a los amotinados y sumó tiempo al lograr quedarse con la potestad para “negociar frentes u alianzas electorales para las elecciones provinciales”, una misión que sólo compartirá con el secretario general del sello partidario, el senador nacional Martín Goerling Lara. La rosca para las bancas nacionales se discute en un tablero superior.
Goerling Lara se encuentra en una disyuntiva. No sabe si seguir los pasos de Patricia Bullrich y sumarse al éxodo hacia las fuerzas del cielo o mantenerse estoico en las filas del macrismo. “Hay que esperar, hay mucha confusión”, dicen en el entorno del senador. Sus vecinos del coqueto departamento en Punta del Este, algunos de ellos misioneros, hace tiempo que no lo ven. En la última reunión en el Senado se lo vio tenso. Hay quienes dicen que recibe presiones de todos lados. Patricia comenzó a mirarlo de reojo desde diciembre, cuando el senador faltó al relanzamiento de la agrupación Apertura Republicana, estandarte para meterse en el armado libertario. El exsenador Humberto Schiavoni también lo apresura, pero para que resista. La próxima semana el bloque del Pro en la Cámara alta decidirá quién se queda con la presidencia tras la salida del senador cordobés Luis Juez, un puesto que seduce a Goerling Lara.
En el radicalismo hay sectores que ruegan que las autoridades del partido a nivel nacional den libertad de acción a cada distrito electoral. En Misiones la idea es sumarse a un gran frente opositor con un arreglo programático que incluya tanto las elecciones provinciales como las nacionales. El concejal posadeño y presidente de la UCR, Rodrigo de Arrechea, espera esas definiciones con suma tranquilidad en su casa de La Eugenia, pero con la mirada puesta en el lujoso country Aguavista, del otro lado de la frontera. Quien se encuentra con los ánimos exacerbados es el diputado nacional Martín Arjol, en privado dice que está decidido a ir por la reelección de la mano de LLA. En la Casa Rosada dijo que tiene “el 80% del voto radical” y parece que le creyeron, ahora el radical con peluca se codea con el entorno de Karina Milei. Se lo ve muy entusiasmado preparando, con los radicales con peluca, un acto para fines de febrero en La Rural y aturdido por el silencio de Ariel Pepe Pianesi, el diputado radical que recientemente fue diagnosticado de tener “seco el vientre”, porque “se sienta y no hace nada”, así lo dijo Roque Gervasoni, un gallardo funcionario renovador dispuesto a tirarse sobre cualquier granada.
Pero lo que Arjol no quiere que se sepa es sobre su Plan B: presentase como candidato, aunque tenga que enfrentarse a La Libertad Avanza, a la Renovación y contra cualquiera que se ponga en frente. Para embarcarse a semejante aventura ya tiene preparado los instrumentos legales en la Justicia Electoral. “Tiene partido en provincia y de distrito. Al provincial lo van a encontrar, al de distrito no”, el dato es ese. Una jugada arriesgada y muy costosa en términos económicos.
De Activar, nadie habla, ni lo quieren recordar. El diputado Pedro Puerta se encuentra ultimando los detalles de su millonario casamiento con Karen Fiege, la ultrarenovadora que decidió dejar todo por seguirlo, incluso su banca de diputada provincial. Algunos mal pensados dicen que la “Boda del año” forma parte de una planificada estrategia para lavar la imagen de Puerta tras el escándalo de su amigo y socio político Germán Kiczka, detenido junto a su hermano por distribuir material de pedofilia. En el entorno del diputado lo desmienten, juran que hay amor y aprovechan para enviar un recordatorio: “Pedro tiene tres años más de mandato”. Lo real es que en ninguno de los campamentos opositores lo tienen en el radar.
Los libertarios tienen sus propios problemas. El encargado del armado de LLA en Misiones, el abogado tributarista Carlos Adrián Núñez parece que está cansado de lidiar “con los que se autoperciben candidatos”. Entre los voluntariosos hay de todo, desde el hijo de un ex senador peronista que ahora juega al golf hasta, el de un intendente multimillonario de la zona centro, además de casi una veintena de “influencers” que piden pista. “Que a Quito se lo fume Nico Sosa”, dijo uno de los libertarios que asiste a los asados donde “se perfilan candidatos”, en el exclusivo barrio privado Aguavista. Nicolás Sosa es el presidente del Partido Libertario, impulsor del gomero tiktoker Quito Barrionuevo. Quien no falta a las reuniones es Diego de Arrechea –otro de los vecinos del country paraguayo–, hermano de Rodrigo de Arrechea y ex socio de Martín Goerling Lara.
A estas alturas del verano lo que todos saben, incluso Adrián Núñez, es que el más celoso de la perinola libertaria en Misiones es Eduardo “El Lule” Menem, armador político y mano derecha de Karina Milei. “Lule tiene muchos intereses en la provincia, conoce muy bien el terreno. Él sabe que tiene la marca, por eso pone las reglas: Sin seudo libertarios, sin ladrones, ni pedófilos”, soltó un viejo conocido de Menem.
Opinión
Rovira-Passalacqua: la urgencia de un propósito definido para el Cantón
Por Fernando Oz
La política del Cantón se está reconfigurando a cielo abierto y el proceso exige una lectura despojada de pasiones. Durante más de veinte años, el Frente Renovador de la Concordia funcionó en Misiones como un engranaje de enorme previsibilidad, una estructura donde la unidad era la regla inalterable. Hoy, la realidad introduce nuevas tensiones. La sorpresiva mutación jurídica del Partido de la Concordia Social en una marca denominada Encuentro Misionero —un sello institucional conducido por el diputado Carlos Rovira— no trajo la cohesión esperada. Lejos de ser un bálsamo, evidenció las diferencias de una interna sorda e incómoda. Lo que queda en el tablero es la dispersión y un oficialismo que parece obligado a redescubrir el eje de su agenda.
Cualquiera que camine la provincia y hable con los actores del terreno nota que el mapa del oficialismo se encuentra fragmentado en tres posiciones. En la primera se ubica el sector que mantiene una disciplina estricta bajo la conducción de Rovira, un espacio que desde hace un tiempo parece estar condicionado por un nuevo entorno de asesores que, con lecturas de laboratorio alejadas del pulso social, parecen entorpecer cualquier tipo de cohesión. En la vereda de enfrente se plantan las bases territoriales y la gran mayoría de los intendentes, que empujan la candidatura y la autonomía del gobernador Hugo Passalacqua sin aceptar más tutelas ni dobles comandos que desgasten la gestión.
En el medio, una tercera vía, minoritaria, menos pasional y más racional, intenta acercar las partes con un argumento estrictamente pragmático: advierten que, si el proyecto “misionerista” original se sigue desangrando en disputas de oficina, las elecciones ejecutivas de 2027 correrán el riesgo de perderse en manos de La Libertad Avanza, que ya camina la provincia con el binomio de Diego Hartfield y Carlos Adrián Nuñez. El riesgo no es una discusión de cartel; es la continuidad del proyecto.
La última controversia pública estalló esta semana cuando Encuentro Misionero difundió un comunicado en redes sociales anunciando sus nuevas autoridades partidarias. En un movimiento que en la Rosadita se interpretó como inconsulto, el posteo incluyó entre las autoridades a Oscar Herrera Ahuad, a Maurice Closs y hasta a Hugo Passalacqua, entre otros dirigentes.
Dos de las autoridades del nuevo partido me aseguraron que nadie les consultó nada, otro simplemente me dijo que “no recuerda” haber estampado su rúbrica en el acta de cambio de sello porque firma “muchas cosas”; varios desmemoriados fueron surgiendo con el paso de las horas. Y los voceros de Encuentro Misionero optaron por el silencio.
La reacción de la Jefatura de Gabinete fue inmediata y explícita. Carlos “Kako” Sartori, sin dudas una de las figuras más importantes en la política del Cantón de los últimos meses y principal escudero de Passalacqua, salió a aclarar que el gobernador jamás dio su consentimiento y que usaron sus nombres sin autorización. Sartori explicó que la vieja Renovación directamente “se extinguió, ya no existe más” y apuntó a que las fichas de afiliación fueron trasladadas de forma automática a la nueva denominación sin consultar a las bases.
“Ellos se fueron y nosotros seguimos con los mismos ideales. Hoy no hay unidad”, señaló el jefe de Gabinete. Las diferencias las ventiló a los cuatro vientos después de prender el ventilador durante una entrevista con Alejandro Barrionuevo en el Show de los Impactos. Para marcar la distancia entre lo institucional y lo partidario, aclaró que una foto reciente en el Día de la Bandera con el vicegobernador Lucas Romero Spinelli es solo cortesía republicana, no pertenencia política.
Mientras la conducción tradicional lidia con un ecosistema de asesores que confunde la tribuna virtual de las redes con la construcción política real, Passalacqua decidió concentrarse en la administración y la respuesta al sector privado. Firmó el Decreto 1129 y reestructuró la Agencia Tributaria de Misiones (ATM), una caja clave. Le dio mayores atribuciones al subdirector de Rentas, Gabriel Petta, un propia tropa, el técnico detrás de la eliminación del cobro del anticipo de Ingresos Brutos en ruta, una demanda histórica de las empresas que ahogaba la actividad económica.
Es el pragmatismo de la gestión frente al dogma del aceleracionismo. Y es apenas el primer movimiento: para el 31 de julio, cuando envíe el Presupuesto a la Legislatura, el gobernador prevé una reorganización que incluirá la eliminación de varios ministerios.
La necesidad de edificar una plataforma que responda a este nuevo tiempo es un hecho. La presidenta del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) en Misiones, Fabiana Perié, ya puso su sello político a disposición del mandatario para sostener una eventual postulación en 2027, un camino que, según Sartori, cuenta con el aval de cerca del 97% de los intendentes. Lo mismo hizo la dirigente Mónica Alustiza al poner el Partido Consenso a disposición de Passalacqua. A ese esquema hasta se sumó el Partido Socialista de Fernando Fernández, que manifestó su disconformidad con el trato recibido dentro de la coalición desde 2023.
El intendente de Posadas, Leonardo “Lalo” Stelatto, asoma en los pasillos como uno de los pocos encargados de tender puentes entre los diferentes sectores, pero en el despacho principal de la Rosadita la instrucción sigue siendo muy clara: “Enfoquémonos en la gestión”.
Es acá, en el núcleo de la crisis, donde hay que detenerse a analizar el fondo. Ningún dirigente, por más experiencia o lucidez que posea, puede saberlo todo solo. Cada persona tiene un conocimiento limitado, una experiencia acotada, una perspectiva estrecha y un tiempo finito. Los mayores logros de la historia no nacen de voluntades aisladas o de círculos cerrados de asesores que blindan la realidad, sino de la capacidad de combinar habilidades distintas. Cuando dos personas colaboran de manera auténtica, la suma siempre es mayor que las partes; surge una fuerza colectiva que supera cualquier mirada individual.
Para que esa inteligencia común funcione, se necesita una dirección clara. Las personas pueden reunirse en un comité o compartir un acto, pero si no existe un objetivo común, la energía se dispersa y el poder se debilita. El propósito actúa como un imán: organiza los esfuerzos, los recursos y las decisiones cotidianas.
Cuando el propósito es claro, la colaboración se vuelve poderosa. En cambio, cuando el norte se vuelve difuso, aparece el conflicto menor, la distracción y el desperdicio de energía en discusiones por sellos partidarios que a la gente no le modifican la vida. Los grupos que perduran no solo comparten una boleta; comparten respeto, confianza, lealtad y la madurez para resolver diferencias sin destruir la construcción común.
El oficialismo provincial necesita recobrar con urgencia su propósito definido para poder seguir gobernando un nuevo período. No hablo en nombre de una corporación política ni de una abstracción teórica, sino como un ciudadano más que observa el desgaste de la gestión frente a una crisis económica que muerde los bolsillos de la gente. Si la dirigencia misionera no comprende que la sociedad está fatigada de las disputas de palacio alimentadas por entornos deficientes, la opción libertaria consolidará su avance de cara a 2027. Recuperar la brújula y el sentido del servicio público es la única alternativa para garantizar la estabilidad del Cantón.
Si la Renovación o el espacio que le suceda, se llame como se llame, no logran internalizar un propósito en común, con la dispersión actual terminará pavimentando el camino para su propia caída. Frente a una oposición libertaria que capitaliza el descontento, el verdadero desafío de la conducción no es dirimir quién se queda con las viejas fichas de afiliación, sino rescatar el sentido original de servicio al pueblo misionero. Solo recuperando esa brújula colectiva se obtendrá la única vacuna para evitar que el sismo de hoy sea la crónica de una derrota anunciada.
Opinión
La reforma de la Ley General de Sociedades y una oportunidad perdida

Por Héctor Julio Franco
La reforma de la Ley General de Sociedades y una oportunidad perdida: hacia una teoría de la gobernanza digital de las personas jurídicas deliberativas.
El proyecto de reforma de la Ley General de Sociedades representa uno de los cambios más trascendentes del derecho privado argentino de las últimas décadas. La incorporación de las Organizaciones Autónomas Descentralizadas (DAO), el reconocimiento de los contratos inteligentes (smart contracts) y la utilización de tecnología blockchain para la organización y funcionamiento de las sociedades comerciales constituyen un claro reconocimiento de que la transformación digital también ha llegado al derecho societario.
Sin embargo, el debate legislativo parece detenerse demasiado pronto.
Si el legislador considera jurídicamente válido que una sociedad comercial pueda expresar su voluntad mediante mecanismos de gobernanza digital, ¿por qué ese mismo principio no habría de extenderse al resto de las personas jurídicas cuya voluntad institucional también se forma mediante procesos deliberativos?
La pregunta trasciende el derecho societario. En realidad, interpela a toda la teoría general de las personas jurídicas.
Las asociaciones civiles, las simples asociaciones, las cooperativas, las mutuales y los partidos políticos poseen una característica común que hasta ahora no ha sido suficientemente destacada por la doctrina: todas ellas construyen su voluntad institucional mediante órganos colegiados, deliberación y votación de sus miembros.
Podría decirse que todas integran una misma categoría funcional: las personas jurídicas deliberativas.
No se trata de una nueva clasificación legal ni de una nueva especie de persona jurídica. Se trata simplemente de reconocer que existen organizaciones cuya esencia radica en la participación de sus integrantes para adoptar decisiones colectivas.
Desde esa perspectiva, las DAO dejan de ser un fenómeno exclusivamente societario para convertirse en la primera manifestación legislativa de un concepto mucho más amplio: la gobernanza digital de las organizaciones.
La historia del derecho demuestra que las innovaciones tecnológicas rara vez crean instituciones completamente nuevas. Lo habitual es que transformen la forma en que instituciones preexistentes expresan su voluntad.
La firma digital no creó un nuevo contrato.
El expediente electrónico no creó un nuevo proceso judicial.
Las reuniones a distancia no crearon una nueva asamblea.
Simplemente modificaron el soporte tecnológico sobre el cual esas instituciones ya funcionaban.
La gobernanza digital debería recorrer el mismo camino.
No resulta necesario crear una “Asociación Civil Digital” ni una “Cooperativa Digital”. La personalidad jurídica permanece inalterada. Lo que evoluciona es el modo mediante el cual la organización delibera, vota y ejecuta sus decisiones.
Una asociación civil podría mantener su padrón de asociados mediante tecnología blockchain.
Una cooperativa podría realizar elecciones internas mediante votación criptográficamente verificable.
Una mutual podría distribuir determinados beneficios conforme a contratos inteligentes previamente aprobados por sus órganos.
Un partido político podría organizar sus elecciones internas, congresos partidarios y consultas a los afiliados mediante sistemas de identidad digital, blockchain y escrutinio automático verificable.
En todos estos casos no cambia la naturaleza jurídica de la organización. Lo único que cambia es la infraestructura tecnológica mediante la cual se forma y ejecuta la voluntad colectiva.
Precisamente los partidos políticos constituyen quizás el mejor ejemplo de esta evolución posible.
El artículo 38 de la Constitución Nacional los define como instituciones fundamentales del sistema democrático y exige su organización y funcionamiento democráticos.
Si la Constitución exige democracia interna, resulta razonable preguntarse si el derecho no debería admitir también herramientas tecnológicas capaces de fortalecer esa democracia mediante procesos más transparentes, auditables, seguros y participativos.
La blockchain no sustituye la democracia interna; puede fortalecerla.
El verdadero aporte de estas tecnologías no consiste en modificar el patrimonio de las personas jurídicas ni en alterar sus fines institucionales.
Su aporte consiste en transformar la forma en que las organizaciones deliberan, construyen consensos, expresan su voluntad y ejecutan las decisiones previamente adoptadas por sus miembros.
En otras palabras, la blockchain no viene a transformar las personas jurídicas.
Viene a transformar la democracia interna de las organizaciones.
Por ello, quizás el próximo paso del legislador argentino no debería consistir en crear nuevos tipos societarios, sino en incorporar al Código Civil y Comercial un régimen general de Gobernanza Digital de las Personas Jurídicas Deliberativas, aplicable a todas aquellas organizaciones cuya voluntad institucional se forme mediante órganos colegiados y procedimientos de participación de sus integrantes.
Ese régimen podría reconocer, entre otras cuestiones:
* la identidad digital de los miembros;
* los registros distribuidos como soporte de libros institucionales;
* la votación criptográficamente verificable;
* la utilización de contratos inteligentes para la ejecución automática de decisiones previamente aprobadas;
* la validez jurídica de mecanismos digitales de participación y deliberación, siempre respetando los principios de legalidad, publicidad, responsabilidad, tutela judicial efectiva y protección de las minorías.
La discusión que hoy se abre con las DAO no debería agotarse en el derecho societario.
Constituye, en realidad, la oportunidad para comenzar a construir una teoría general de la gobernanza digital de las personas jurídicas deliberativas.
Quizás ese sea el verdadero desafío que el derecho argentino tiene por delante.
*Dr. Héctor Julio Franco, ex Director Gral. de Personas Jurídicas y Registro Público.
Opinión
La gobernación es mía, mía, mía

Por Ezequiel Bermejo
Corría 1991. Carlos Menem era presidente, y el empresario italiano Massimo del Lago le había regalado una Ferrari 348 TB roja. Envuelto en una polémica que crecía día a día ante eventuales dádivas, y consultado desde la prensa acerca de si pensaba donársela al Estado, un Menem a la defensiva respondió con una frase que quedó para la historia: “La Ferrari es mía, mía, mía”.
35 años después, la política misionera asiste a un espectáculo similar de capricho personal y adicción al poder. Cuando aún le restan 530 días de ejercicio en el cargo, Hugo Passalacqua se ata al mástil del poder y va en busca de su tercer mandato al frente del Ejecutivo provincial, al grito de guerra de “¡La gobernación es mía, mía, mía!”.
¿Qué es lo que hace que un hombre con una larga trayectoria política pueda creer que (entre un millón y medio de misioneros) es el único capacitado para conducir los destinos de la Tierra Colorada?.
Passalacqua ha sido beneficiado como nadie con oportunidades concretas de hacer un aporte que mejore la vida de los misioneros. ¿Lo logró?
Desde 2003 hasta 2009 fue Ministro de Educación de la provincia. A pesar de sus numerosas referencias a su pasado como docente, su paso por el Ministerio de Educación no dejó una marca doctrinaria ni una reforma estructural memorable. Su gestión fue anodina, limitada a adaptar políticas bajadas desde la Nación por Néstor Kirchner y Cristina Fernández, cuyos resultados hoy sufren los docentes, los alumnos y las familias. A diferencia de
otros ministros cuya obra continúa siendo objeto de análisis o referencia, no existe un consenso público que recuerde a Passalacqua como un transformador relevante del sistema educativo misionero.
En 2007 se postuló como intendente en su ciudad natal, Oberá, pero no resultó electo. Un conocido refrán dice que nadie es profeta en su tierra. Tal vez los obereños se anticiparon y vieron lo que el resto de los misioneros no pudo en
ese momento.
Entre 2009 y 2011 fue electo diputado provincial, mandato que interrumpió para acompañar, como vicegobernador, la reelección del por entonces gobernador Closs. El mandato popular volvió a consagrarlo diputado provincial entre 2019 y 2023. En ninguno de ambos períodos como legislador aparece asociado a una ley provincial importante que hoy sea recordada por llevar su impronta.
¿Y su desempeño como vicegobernador? Estrictamente protocolar.
En 2015, con un amplísimo consenso popular, la Renovación coloca a Hugo Passalacqua en el primer término del binomio ejecutivo y lo consagra por primera vez gobernador de Misiones. Es el cargo que implica uno de los mayores desafíos políticos que un misionero podría enfrentar en su vida. Sin embargo, su gestión al frente de la gobernación mostró una moderación excesiva: simplemente administró el modelo político preexistente que heredó, y si bien mantuvo la estabilidad fiscal en un contexto económico nacional adverso, no existieron iniciativas ni reformas de magnitud que llevaran su sello personal.
Concluía el 2022. La Renovación debía elegir el candidato a reemplazar a Herrera Ahuad y su histórica e hiperactiva gestión al frente del Ejecutivo provincial, plena de logros, aun cuando debió enfrentar la pandemia. Hugo Passalacqua suplicó a la conducción renovadora volver a ser el candidato a gobernador para saldar ese sabor a poco que arrastraba desde su primer mandato. Carlos Rovira accedió a confiarle nuevamente el estandarte.
Los misioneros le concedieron a la Renovación un amplio triunfo en las elecciones provinciales de 2023 y consagraron a Passalacqua como gobernador por segunda vez, hasta 2027.
En esta gestión actual el ahora dos veces gobernador sorprendió: su inacción superó todo lo demostrado por él hasta ese momento. Su gobierno se ha limitado a culpar a Javier Milei como la razón de todos sus males.
Desde 2023, y en sus propias narices, le dinamitaron la producción yerbatera, sin que pudiera idear la más mínima alternativa para enfrentar la crisis, con el agravante de que su ministro del Agro, su favorito, no es idóneo.
El gobernador que permanentemente nos recuerda que es educador, ha empujado a los salarios docentes a los últimos puestos en el ranking nacional. Lo mismo ocurre con los de los médicos, enfermeros y policías. No podemos, ni debemos, soslayar un dato fundamental: si se tienen en cuenta los últimos diez años, Passalacqua ha gobernado 6. Su responsabilidad en el tema es irrenunciable.
Frente a aquella protesta generalizada de mayo de 2024 que parecía no terminar de escalar, que mantuvo en vilo a la sociedad misionera, que interrumpió el libre tránsito y el comercio, y que puso en riesgo la seguridad pública, el gobernador no tuvo más reacción que encerrarse en el silencio.
Misiones ha quedado sin un rumbo claro, sin la determinación de administraciones anteriores, fuera del radar de la inversión nacional e internacional, mientras sufre el embate de la recesión libertaria sin capacidad de respuesta ni conocimiento para una reactivación pensada, creada e implementada desde acá. Passalacqua confunde buena gestión con los sueldos estatales el último día de cada mes, algo que ya venía ocurriendo hace dos décadas. Interpreta que gobernar es prorrogar los remanidos Programas Ahora, sin comprender que la gente no necesita comprar en cuotas. Necesita poder comprar.
A pesar de la falta de méritos, la pulsión por la reelección es más fuerte. Tanto para él como para esa legión variopinta de intendentes eternos, ministros atornillados a sus carteras, nostálgicos exfuncionarios y algún exgobernador preocupado por cuidar jugosos contratos con el Estado provincial.
A sus 68 años, luego de 23 de cobrar ininterrumpidamente su sueldo solventado por los contribuyentes, y a la vista de los resultados obtenidos cada vez que intervino en la vida pública misionera, una pregunta dolorosa asoma inevitable: ¿qué le queda a Passalacqua para ofrecerle a los misioneros que justifique razonablemente una nueva reelección?
La gestión de la cosa pública no se puede transformar en una calesita en la que se pide otra, y otra, y otra vuelta, hasta que se logre eventualmente sacar la sortija.
Las oportunidades estuvieron. El tiempo transcurrió. Es hora de que Misiones pueda dar vuelta la página y consagre a nuevas figuras, con nuevas ideas, que puedan elaborar soluciones misioneras ante los desafíos que nuestra provincia enfrenta.
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