Opinión
Un verano preelectoral a la espera de Lule Menem
Esta vez el clima preelectoral comenzó antes de lo previsto, a mediados de enero, bajo el sol de un verano poco piadoso y sobre el latente riesgo de incendios. El ecosistema político del Cantón Verde se movilizó de golpe ante un brusco adelantamiento de las elecciones provinciales. Abundan los rostros de preocupación.
En el oficialismo el primero en dar el paso fue Oscar Herrera Ahuad, que montó un mini show con imágenes 4D en las escalinatas del palacio Legislativo para promocionar el turismo local bajo el lema “Escapada de Finde”. Un evento en el que se vieron muchas sonrisas y bronceados cariocas. Aún no es oficial, pero en la Renovación dan por hecho que el exgobernador será candidato a ocupar una banca en la Cámara de Diputados de la Nación. El resto lo traerá el Blend. Antes de finalizar diciembre, algunos intendentes se sorprendieron cuando recibieron la llamada del diputado Carlos Rovira, sin intermediarios. El líder renovador quería saber si ya tenían candidatos a concejales. Hay quienes dicen que el adelantamiento de las elecciones será prematuro, al menos ese fue el último mensaje que llegó del exterior.
En el arco opositor las ecuaciones electorales son más complejas. La cúpula del Pro Misiones tuvo que armar de emergencia una asamblea para salir a contener a sus dirigentes, especialmente al exdiputado nacional Alfredo Schiavoni, que pide a gritos sumarse a La Libertad Avanza (LLA) y una banca, preferentemente en el Congreso; sucede que Alfredo tiene gustos caros. Quien puso el pecho para contener la crisis fue el diputado provincial Horacio Loreiro, presidente local del partido porteño de Mauricio Macri. Contuvo a los amotinados y sumó tiempo al lograr quedarse con la potestad para “negociar frentes u alianzas electorales para las elecciones provinciales”, una misión que sólo compartirá con el secretario general del sello partidario, el senador nacional Martín Goerling Lara. La rosca para las bancas nacionales se discute en un tablero superior.
Goerling Lara se encuentra en una disyuntiva. No sabe si seguir los pasos de Patricia Bullrich y sumarse al éxodo hacia las fuerzas del cielo o mantenerse estoico en las filas del macrismo. “Hay que esperar, hay mucha confusión”, dicen en el entorno del senador. Sus vecinos del coqueto departamento en Punta del Este, algunos de ellos misioneros, hace tiempo que no lo ven. En la última reunión en el Senado se lo vio tenso. Hay quienes dicen que recibe presiones de todos lados. Patricia comenzó a mirarlo de reojo desde diciembre, cuando el senador faltó al relanzamiento de la agrupación Apertura Republicana, estandarte para meterse en el armado libertario. El exsenador Humberto Schiavoni también lo apresura, pero para que resista. La próxima semana el bloque del Pro en la Cámara alta decidirá quién se queda con la presidencia tras la salida del senador cordobés Luis Juez, un puesto que seduce a Goerling Lara.
En el radicalismo hay sectores que ruegan que las autoridades del partido a nivel nacional den libertad de acción a cada distrito electoral. En Misiones la idea es sumarse a un gran frente opositor con un arreglo programático que incluya tanto las elecciones provinciales como las nacionales. El concejal posadeño y presidente de la UCR, Rodrigo de Arrechea, espera esas definiciones con suma tranquilidad en su casa de La Eugenia, pero con la mirada puesta en el lujoso country Aguavista, del otro lado de la frontera. Quien se encuentra con los ánimos exacerbados es el diputado nacional Martín Arjol, en privado dice que está decidido a ir por la reelección de la mano de LLA. En la Casa Rosada dijo que tiene “el 80% del voto radical” y parece que le creyeron, ahora el radical con peluca se codea con el entorno de Karina Milei. Se lo ve muy entusiasmado preparando, con los radicales con peluca, un acto para fines de febrero en La Rural y aturdido por el silencio de Ariel Pepe Pianesi, el diputado radical que recientemente fue diagnosticado de tener “seco el vientre”, porque “se sienta y no hace nada”, así lo dijo Roque Gervasoni, un gallardo funcionario renovador dispuesto a tirarse sobre cualquier granada.
Pero lo que Arjol no quiere que se sepa es sobre su Plan B: presentase como candidato, aunque tenga que enfrentarse a La Libertad Avanza, a la Renovación y contra cualquiera que se ponga en frente. Para embarcarse a semejante aventura ya tiene preparado los instrumentos legales en la Justicia Electoral. “Tiene partido en provincia y de distrito. Al provincial lo van a encontrar, al de distrito no”, el dato es ese. Una jugada arriesgada y muy costosa en términos económicos.
De Activar, nadie habla, ni lo quieren recordar. El diputado Pedro Puerta se encuentra ultimando los detalles de su millonario casamiento con Karen Fiege, la ultrarenovadora que decidió dejar todo por seguirlo, incluso su banca de diputada provincial. Algunos mal pensados dicen que la “Boda del año” forma parte de una planificada estrategia para lavar la imagen de Puerta tras el escándalo de su amigo y socio político Germán Kiczka, detenido junto a su hermano por distribuir material de pedofilia. En el entorno del diputado lo desmienten, juran que hay amor y aprovechan para enviar un recordatorio: “Pedro tiene tres años más de mandato”. Lo real es que en ninguno de los campamentos opositores lo tienen en el radar.
Los libertarios tienen sus propios problemas. El encargado del armado de LLA en Misiones, el abogado tributarista Carlos Adrián Núñez parece que está cansado de lidiar “con los que se autoperciben candidatos”. Entre los voluntariosos hay de todo, desde el hijo de un ex senador peronista que ahora juega al golf hasta, el de un intendente multimillonario de la zona centro, además de casi una veintena de “influencers” que piden pista. “Que a Quito se lo fume Nico Sosa”, dijo uno de los libertarios que asiste a los asados donde “se perfilan candidatos”, en el exclusivo barrio privado Aguavista. Nicolás Sosa es el presidente del Partido Libertario, impulsor del gomero tiktoker Quito Barrionuevo. Quien no falta a las reuniones es Diego de Arrechea –otro de los vecinos del country paraguayo–, hermano de Rodrigo de Arrechea y ex socio de Martín Goerling Lara.
A estas alturas del verano lo que todos saben, incluso Adrián Núñez, es que el más celoso de la perinola libertaria en Misiones es Eduardo “El Lule” Menem, armador político y mano derecha de Karina Milei. “Lule tiene muchos intereses en la provincia, conoce muy bien el terreno. Él sabe que tiene la marca, por eso pone las reglas: Sin seudo libertarios, sin ladrones, ni pedófilos”, soltó un viejo conocido de Menem.
Opinión
Los egos y mezquindades también caducaron
Por Nicolás Emanuel Zayas
Abogado.
En el análisis político, existe una línea muy delgada entre interpretar la realidad y proyectar sobre ella los deseos propios o las categorías del pasado. La reciente columna de opinión de una ex funcionaria legislativa de Carlos Rovira, titulada “Algo Caducó, no solo el nombre”, incurre en este último error: confunde la evolución natural y necesaria de un espacio político con un síntoma de agotamiento.
Es imperativo elevar el debate y mirar el escenario misionero sin los lentes de la vieja política. Lo que verdaderamente estamos presenciando en la provincia no es el ocaso de un modelo, sino su maduración institucional y conceptual.
El argumento central de esa opinión, sugiere que la reformulación identitaria hacia Encuentro Misionero es un intento de maquillar un desgaste estructural. Esta lectura omite la dinámica histórica de los grandes movimientos políticos. Adaptarse, ampliar las bases y reconfigurar la identidad no es un acto de debilidad, sino de profunda inteligencia estratégica.
Bajo la conducción de Carlos Rovira, Encuentro Misionero ha logrado un hito que parece incomprensible para quienes aún militan en las lógicas de la confrontación tradicional: *ha desterrado las mezquindades y los egos políticos de su esquema de poder. Mientras a nivel nacional y en otros distritos la política se consume en internas destructivas, pases de factura y vanidades personales, en Misiones el proyecto colectivo se ha blindado frente a los individualismos. El cambio de nombre responde a esto: a la necesidad de nombrar un presente de convergencia, donde lo que importa es la gestión y el futuro de la provincia, no la chapa en la puerta del despacho.
Responsabilidad institucional frente al ruido político
En su texto, también se deslizan advertencias sobre los instrumentos financieros y el debate legislativo en torno al endeudamiento. Aquí también es necesario aportar claridad. En un contexto nacional marcado por la asfixia de recursos hacia las provincias, la búsqueda de herramientas financieras por parte de la Legislatura no es un acto de irresponsabilidad, sino de previsión.
La verdadera irresponsabilidad moral e institucional sería paralizar el desarrollo de Misiones, detener la obra pública o desproteger a los sectores vulnerables por temor al debate. Las decisiones se toman en el marco de la Constitución y con una planificación integral que el Ejecutivo y el Legislativo articulan de manera armónica, sin los ruidos que la oposición intenta instalar.
El pragmatismo del encolumnamiento y la búsqueda de legitimidad
El regreso de figuras que en su momento salieron de la estructura estatal por decisiones de la máxima autoridad no es un hecho fortuito. Responde a una necesidad de legitimación que el llano no les puede otorgar. Al alinearse de manera estricta con la conducción actual, estos actores buscan un doble propósito:
Ampararse en la centralidad del líder: Intentan transferir la aprobación popular de la que goza el mandatario hacia sus propias figuras, debilitadas por el pasado.
Reescribir el trayecto político: El alineamiento actual se utiliza como un mecanismo para difuminar las razones institucionales o políticas que motivaron su desplazamiento anterior.
Este comportamiento revela una concepción de la política entendida no como un espacio de construcción colectiva, sino como un tablero de oportunidades individuales.
La primacía de la autorreferencialidad: La vanidad en la función pública
Desde una perspectiva analítica y de alta cultura política, el verdadero motor de estos retornos no siempre es la vocación de servicio o la convergencia ideológica; con frecuencia, es *la dificultad para gestionar el retiro y la preeminencia del ego.
Para ciertos perfiles dirigenciales, la ausencia de las luces del poder y la pérdida de la centralidad institucional generan un vacío difícil de asimilar. La vanidad, en estos casos, nubla la prudencia política que dictaría dar un paso al costado para permitir la renovación de los cuadros técnicos y políticos.
Cuando la necesidad de protagonismo individual se antepone a la coherencia de un proyecto de gobierno, la acción política se degrada. El deseo de figurar sustituye a la voluntad de aportar, transformando la gestión pública en un escenario para la redención personal.”
El riesgo de que las aspiraciones particulares de estos sectores prevalezcan sobre los objetivos generales es alto. La lealtad declamada hacia el gobernador, bajo esta óptica, corre el riesgo de ser meramente instrumental: una herramienta de supervivencia política más que un compromiso genuino con los desafíos de la provincia.
La responsabilidad de la conducción frente a los Egos y Mezquindades
Frente a esta marea de retornos, la calidad institucional de la provincia depende, en gran medida, de los filtros que aplique la conducción superior. Un liderazgo maduro y con visión de Estado sabe distinguir entre la suma de voluntades que enriquecen un proyecto y el mero pragmatismo que busca refugio bajo su sombra.
La conformación de los equipos de gobierno debe responder a criterios de idoneidad, transparencia y renovación, evitando que el espacio público se convierta en un receptáculo de ambiciones personales insatisfechas. Al final del día, el prestigio de una gestión se mide por su capacidad de mirar hacia el futuro, y no por su disposición a reciclar las asignaturas pendientes del pasado.
El tiempo que viene
Misiones no está frente a un “vacío político”, ni experimentando una “caducidad”. La provincia transita una etapa de institucionalidad madura.
Es cierto que la sociedad demanda cercanía, respuestas rápidas y humanidad. Y es exactamente esa lectura la que dio origen a la matriz actual del oficialismo. Encuentro Misionero no necesita “laboratorios de poder” ni “disciplinamientos basados en el miedo” porque se sostiene sobre un cimiento mucho más sólido: un proyecto provincial que entendió que la política debe ser una herramienta de transformación y no un escenario para la vanidad de los dirigentes.
Lo que caducó en Misiones no es un modelo de gestión, sino la vieja forma de hacer política basada en el personalismo y la confrontación. Hoy, el presente y el futuro se conjugan en un espacio donde los egos quedaron afuera, permitiendo que la verdadera protagonista sea, de manera exclusiva, la sociedad misionera.
Opinión
Misiones en la ruta de las valijas de Adorni, el green de las conveniencias
Por Fernando OZ
La credibilidad es un activo que se construye con paciencia, pero se evapora en un instante. El gobierno de Javier Milei, apuntalado sobre la promesa de exterminar los privilegios de la casta política, se esmera en demoler sus propias fronteras morales. El escándalo que envuelve a Manuel Adorni es el más vistoso de los casos que tiene la gestión libertaria en la Justicia; al menos media docena de los más conocidos. El jefe de Gabinete es investigado por dos fiscales federales y uno de ellos sigue una pista que llega hasta Misiones.
Gerardo Pollicita lo tiene en la mira por presunto enriquecimiento ilícito y omisión maliciosa, en principio. En ese caso quedó expuesto tras la demorada presentación de una declaración jurada que exhibe un patrimonio superior al medio millón de dólares, “ahorros en negro” justificados mediante oportunas ganancias en criptomonedas y remodelaciones suntuosas en el country Indio Cuá, abonadas íntegramente en efectivo y sin el respaldo de facturas formales.
Su justificación patrimonial fue calificada como “grave” por la extitular de la UIF, Alicia López, quien advirtió que la maniobra podría configurar el delito de lavado de activos, en coincidencia con otros especialistas. Hablamos de alguien que hasta hace unos diez años buscaba que se lo tuviera en cuenta para escribir columnas o estar de panelista. El relato de la austeridad oficial cruje bajo el peso de los documentos, en este caso declaraciones juradas.
El otro fiscal es Ramiro González; puntualmente investiga si desde la Jefatura de Gabinete se cobraban retornos ilegales a empresarios para habilitarles audiencias con ministros del Poder Ejecutivo: tráfico de influencias, coacción de testigos y lavado. La denuncia penal, presentada por la diputada nacional Marcela Pagano, podría llegar hasta el exclusivo country Agua Vista, en la orilla vecina de Encarnación, donde políticos y empresarios de Misiones hacen negocios mientras juegan al golf.
En los tribunales federales de Comodoro Py, Pagano señaló a Adorni como presunto receptor de retornos ilegales de empresarios y apuntó directo contra el secretario de Comunicación y Prensa de la Nación, Javier Lanari, acusándolo de operar como el encargado de trasladar esos fondos. Según la legisladora, “para reunirte con Adorni tenías que poner plata. Lanari es el que llevaba los bolsos, iba y venía recolectándola… es el bolsero de Adorni”.
En su presentación, la diputada exigió explícitamente que el funcionario rinda cuentas sobre sus constantes movimientos logísticos, disparando: “Tendrá que explicar cómo financia tantos viajes a Misiones”. Con justa razón, el funcionario, que nació en Misiones, podría sostener que simplemente realizó esos viajes para visitar a su familia.
Los hermanos del funcionario señalado de presunto valijero también integran el virtuoso espacio libertario. Mientras Enrique Lanari comanda la dirección regional del Senasa controlando el mapa agropecuario del NEA, el premio mayor quedó para Ignacio Lanari. Con el único antecedente de haber gerenciado la sucursal de la cadena mayorista Makro en Posadas, el hermano menor del secretario de Prensa maneja la estratégica Dirección Administrativa de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), un espacio donde los sueldos jerárquicos pueden alcanzar techos de hasta treinta millones de pesos mensuales, según fuentes de la entidad con oficinas en Puerto Madero.
Días atrás, Ignacio Lanari estuvo presente durante la visita del ministro del Interior, Diego Santilli. Sucede que el funcionario de la EBY es parte de la mesa chica del diputado Carlos Adrián Nuñez, el abogado tributarista que administra la marca de La Libertad Avanza en la provincia.
El punto de encuentro habitual entre Javier Lanari y Nuñez son los partidos de golf en Agua Vista Club de Campo Residencial, el exclusivo enclave de Paraguay que acaba de inaugurar su propio aeropuerto ejecutivo privado para los jets de los sectores más poderosos de la región. Respecto a los circuitos de control tradicionales, a simple vista parecerían algo opacos.
En ese predio, el arrepentido recaudador de impuestos camina el green ostentando un patrimonio que incluiría dos propiedades, según algunos golfistas del club, que deberían figurar en su declaración jurada. El detalle es técnico pero central: hasta diciembre de 2024, el hoy referente libertario trabajaba precisamente en la Fiscalía de Estado de Misiones, el organismo que custodia el secreto patrimonial de la provincia.
Ahí radica la verdadera base del problema. En Misiones, las declaraciones juradas de los funcionarios públicos son secretas. El acceso a la información patrimonial de quienes administran los recursos del Estado permanece bajo un candado institucional que impide el control ciudadano. Hace unos domingos atrás hablaba del tema en estas mismas columnas; en realidad, desde hace años vengo tecleando de manera insistente reclamando la apertura de esos registros en la Fiscalía de Estado, entendiendo que la transparencia real de los actos de gobierno comienza por transparentar los bolsillos de sus protagonistas.
La opacidad que hay en el Cantón es la que permite que las contradicciones políticas se diluyan entre la conveniencia y el silencio. Ese doble estándar local quedó expuesto de forma obscena en el Congreso de la Nación durante el tratamiento de la Ley de Ficha Limpia. Los senadores nacionales por Misiones, Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, consumaron una traición parlamentaria de último minuto. A pesar de haber afirmado públicamente que respaldarían el proyecto para impedir que ciudadanos con condenas penales confirmadas se postularan a cargos electivos, ambos representantes del Frente Renovador de la Concordia –hoy Encuentro Misionero– votaron en contra en el recinto, convirtiéndose en los votos determinantes que hicieron caer la ley.
Este viernes, durante un encuentro abierto que organizó el PRO en el Hotel Julio César, donde se debatía sobre la Ficha Limpia, la impulsora de la ley en el Congreso, Silvia Lospennato, lo recordó así: “No hay ficha limpia en Argentina porque dos senadores del oficialismo de Misiones, sin dar ninguna explicación a los ciudadanos, cambiaron su voto después de decir que apoyarían la ley, y todos nos enteramos por la televisión cuando lo vimos”.
Esa conducta anticipa el alineamiento de cara a la encrucijada institucional que se avecina en el Parlamento, donde la oposición ya activó los mecanismos para someter a Manuel Adorni a una histórica moción de censura. No se trata de un simple enunciado de repudio o de un debate de comisión; la herramienta, contemplada en los artículos 100 y 101 de la Constitución Nacional, es el dispositivo de control más severo que posee el Poder Legislativo.
Mauricio Macri, el expresidente y líder del PRO, dio la orden directa de pedir la renuncia de Adorni y endurecer al máximo la postura, mandando a votar la interpelación del funcionario. A través de un comunicado oficial, el PRO calificó el accionar del jefe de Gabinete como “una falta grave” que erosiona la confianza pública.
El peronismo cordobés liderado por Juan Schiaretti se sumó formalmente al reclamo de Macri, exigiendo la inmediata dimisión y acusándolo de mentirle al Congreso y al pueblo argentino. En la Cámara Baja también buscan lo mismo. Toda la oposición (UCR, Coalición Cívica, Encuentro Federal y la izquierda) convocó formalmente a una sesión especial para buscar los votos y aplicar la moción de censura contra Adorni. La balanza la terminarán de inclinar los gobernadores aliados y el bloque de Unión por la Patria.
A diferencia de un proceso penal ordinario en los despachos de Comodoro Py, la moción de censura no exige la comprobación de un delito, sino el reproche político por la pérdida absoluta de la confianza parlamentaria. Su ejecución penaliza la mentira y la degradación institucional, requiriendo el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada cámara para remover de inmediato al jefe de Gabinete de su cargo.
Ahí es donde el barro local vuelve a cruzarse con la alta política nacional. Los mismos senadores misioneros que prefirieron blindar la impunidad votando contra la Ficha Limpia serán observados bajo lupa cuando deban presionar el botón en el recinto para decidir la continuidad del funcionario nacional. La aritmética del Congreso no admite simulaciones: cada voto define de qué lado de la transparencia se posiciona cada provincia.
El senador nacional Martín Goerling Lara —jefe del bloque del PRO en el Senado— actuó en consonancia con la directiva de Macri y solicitó formalmente la renuncia de Adorni, exigiendo además que sea convocado de inmediato a rendir cuentas al Congreso. En el plano local, el legislador tradujo esa demanda impulsando la creación de una Oficina Anticorrupción para Misiones y exigiendo que las declaraciones juradas de la totalidad de los funcionarios públicos provinciales dejen de ser un secreto de Estado y pasen a ser de carácter absolutamente público.
Frente a la docilidad y el ocultamiento, la respuesta política exige firmeza. La transparencia no admite grises ni fronteras protectoras: o se abren los cofres de la Fiscalía de Estado para el escrutinio de la sociedad, o se perpetúa el mecanismo que transforma al poder en un club privado de privilegios cruzados.
Opinión
Si lo quieren voltear, asegúrense de que no se vuelva a levantar

Por Ezequiel Bermejo
Una vieja regla no escrita de la política reza que cuando se decida dar por terminado a un adversario, hay que confirmar y reconfirmar que realmente lo esté. Porque si hubiera conservado capacidad de movimiento, influencia, inteligencia estratégica y tiempo para reorganizarse, el golpe dado podría retornar como en un verdadero búmeran.
Algo de eso parece haber ocurrido en Misiones durante los últimos meses. Algunos sectores trabajaron para instalar la idea de que el liderazgo de Carlos Rovira había entrado en una etapa terminal.
Desde el propio oficialismo, algunos lo plantearon abiertamente: una abogada no exitosa, reaparecida convenientemente en escena, afirmó al respecto que “algo caducó” (cuidando con mucho celo que no caduquen los contratos que ella y sus hijos tienen con el Estado provincial).
Otros, funcionarios provinciales y longevos intendentes atornillados a sus respectivos sillones, lo sugerían off the record o apelando a complicadas y zigzagueantes declaraciones.
Desde la oposición, especialmente La Libertad Avanza y también el minúsculo radicalismo (ahora desde la cama de Ramón Amarilla), sostuvieron que Rovira había dejado de interpretar a la sociedad misionera y que su ciclo político estaba agotado.
Al dejarse llevar por ese anhelo que brota desde la impotencia, no se percataron de que se estaban comiendo una curva. En parte, hasta podemos hacer un ejercicio de piados comprensión: Rovira había reducido significativamente su exposición pública, Hugo Passalacqua, a dos años de iniciado su mandato, recordaba al fin pisar el territorio y tratar afianzar su relación con varios intendentes; y La Libertad Avanza, por su parte, intentaba instalar de manera rimbombante temas propios como la eliminación de la Ley de Lemas, la Boleta Única, Ficha Limpia y otras reformas institucionales. La conversación pública parecía haberse desplazado hacia otro lugar. Parecía.
Todos cometieron el mismo error: confundir menor exposición con menor poder. Y lo que ocurrió después merece ser relevado con atención.
Sin responder a las críticas y sin intentar recuperar centralidad mediante declaraciones altisonantes, Rovira hizo algo mucho más efectivo: pateó el tablero. Con el lanzamiento de Encuentro Misionero fue mucho más allá de la presentación de un nuevo espacio político para comenzar a ejecutar una operación estratégica que transformó por completo la discusión pública con una agenda tan nueva como arrolladora:
Reforma electoral.
Boleta Única por agrupación política.
Limitación de sublemas.
Tope a la reelección de intendentes.
Alivio impositivo para una provincia fronteriza.
Conectividad satelital.
Trazabilidad yerbatera.
Monitoreo tecnológico de la selva.
Emisión de bonos para infraestructura, en una nueva etapa de desarrollo.
En apenas unas semanas, realizó un movimiento de pinzas del que todavía sus detractores no alcanzan a recuperarse.
Eclipsó la agenda que La Libertad Avanza intentaba instalar desde principios de año, para disolverla como el ácido: la reforma política dejó de ser patrimonio exclusivo de chicos ricos aporteñados para convertirse en una discusión liderada, ampliada y perfeccionada por el misionerismo.
Por otro lado, obligó a los sectores internos que imaginaron un debilitamiento de su liderazgo a volver a mirarlo como el protagonista principal, haciendo gala de la capacidad más importante que puede tener un dirigente político: definir de qué se habla.
A la política no la domina necesariamente quien más aparece, sino quien logra establecer la agenda. Y mientras buena parte del arco político se frotaba las manos con su presunta pérdida de influencia, Rovira colocó sobre la mesa una batería de propuestas que reordenó el debate político provincial y obligó a todos los actores a posicionarse. O a callar por tibios.
Por supuesto, este partido aún está jugándose y resta conocer el resultado final. Pero hay una conclusión que sí es evidente: subestimar a Carlos Rovira ha sido, históricamente, una de las actividades más infructuosas de la política misionera, al menos hasta hoy.
Quizás porque muchos analizan la política desde la lógica de la exposición mediática, sin entender que el poder no se mide por la cantidad ni la frecuencia de las declaraciones, sino por la capacidad de alterar comportamientos, reordenar actores y cambiar conversaciones.
Por eso la principal enseñanza de estos últimos cuarenta días no tiene que ver con la interna oficialista ni con una oposición diluida o descolocada. Tiene que ver con una vieja lección de supervivencia política en la Tierra Colorada: cuando vayan a pegarle a alguien que lleva más de dos décadas construyendo en política, asegúrense de que no
pueda volver a levantarse.
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