Opinión
Reformas, escándalos y la virtud de la ética pública
Por Fernando Oz
Impulsado por el último resultado electoral y el retorno de las relaciones carnales con Washington, el presidente Javier Milei está a un trámite de obtener la reforma laboral, uno de los puntos más controvertidos de la campaña electoral que lo llevó a la Casa Rosada. El próximo objetivo de los libertarios será llevar adelante una profunda reforma electoral con la idea de modernizar el sistema, lo que, entre otras cuestiones, dejará fuera de competencia a los partidos más pequeños por falta de recursos, debido a un giro hacia un nuevo esquema de financiamiento privado. Ese clima de movimiento de placas tectónicas tendrá su propia dimensión en el Cantón.
Este viernes, un heterogéneo grupo de diputados provinciales presentó un proyecto de ley para la creación de una comisión que estudie y reforme el sistema electoral de Misiones. La iniciativa, que tiene a la polémica ley de lemas como principal blanco, lleva la firma de los diputados radicales Francisco Fonseca, Rosa Kurtz y Santiago Koch; de Analía Labandoczka, del PRO; Héctor “Cacho” Bárbaro, del PAyS; y el expolicía Ramón Amarilla, del bloque “Algo Nuevo por la Dignidad de los Trabajadores”.
Entre los impulsores de la iniciativa que se cocinó en el despacho de Kurtz, hay quienes esperan conseguir el apoyo de los diputados Martín Arjol —quien no fue invitado a firmar el proyecto— y Juan Ahumada, ambos con su respectivo monobloque. Pero dudan tener el acompañamiento de los cinco diputados de La Libertad Avanza (LLA) y de los tres legisladores de Por la Vida y los Valores, bloque que preside Walter Ríos y que conduce su esposa, Débora Mangone.
Al diputado Carlos Adrián Nuñez, jefe de los libertarios en el Cantón, le llamó la atención la presentación del proyecto; al parecer, se enteró por La Voz de Misiones. De todos modos, no se sumarán, y no porque estén a favor de la ley de lemas, sino porque aseguran, con ese tono de superioridad que da el sentirse el viento de época, tener algo superior y más abarcativo.
Minimizaron la iniciativa; consideran que es “para armar una comisión para estudiar, analizar una reforma”, y que desde La Libertad Avanza ya tienen el tema “trabajado y resuelto”. Creen que el sistema de lemas en la provincia no formará parte del próximo escenario y que el actual régimen electoral de Misiones se deberá “acoplar a un modelo nuevo que es para todo el país”.
El Gobierno nacional busca una reforma amplia, que va desde la unificación del calendario electoral y la eliminación de las PASO, hasta la consolidación de la Boleta Única, pasando por modificaciones a la Ley Orgánica de Partidos Políticos, para quitar financiamiento, y en el Código Penal, para cambiar el monto de las penas por delitos electorales. Las provincias no están obligadas a “acoplarse” a una reforma; tienen autonomía para dictar sus propios regímenes electorales para elecciones internas. Milei quiere que se unifique todo el sistema electoral del país con el argumento de ahorro de costos y transparencia.
El péndulo de la política
En el Gobierno provincial no está en agenda ninguna reforma electoral; Hugo Passalacqua está enfocado en rearmar un gabinete pensado en atravesar un escenario “hostil” como consecuencia de una economía planchada y un “clima de demolición”, incitado por sectores de la oposición que comienzan a ver la configuración de un nuevo mapa de poder de cara a 2027. Motivos suficientes para seguir desprendiéndose de funcionarios más adeptos a las confabulaciones internas que a respaldar la gestión en tiempos complejos.
En el plano nacional, pese a sus reclamos y diferencias, Passalacqua fue uno de los gobernadores que apoyó la reforma laboral de Milei con quórum y votos. Con esto, la provincia se garantizó otra temporada en el club de los aliados al Gobierno libertario; lo que significa un poco de fondos frescos del Tesoro Nacional, algún adelanto de coparticipación y la carta del menú de promesas. Los cuatro diputados de la Renovación Neo, dirigidos por el peronista Alberto Arrúa, fueron clave desde el principio.
Apenas salió el proyecto del Senado, diez diputados apuraron la convocatoria para la sesión especial donde se dio el tratamiento de la reforma laboral. Entre los firmantes, entre libertarios y del PRO, se encontraban Arrúa como presidente del bloque Innovación Federal, que cuenta con siete legisladores: Arrúa, Yamila Ruiz, Daniel “Colo” Vancsik y Oscar Herrera Ahuad, que responden a Passalacqua; y los salteños Bernardo Biella, Pablo Outes y Yolanda Vega, que responden al gobernador de Salta, Gustavo Sáenz.
La sesión del jueves en la Cámara baja se inició con la presencia de 130 diputados, dos más de los necesarios. Algunos mandatarios aportaron quórum y no votos, como es el caso del catamarqueño Raúl Jalil: tres de sus legisladores votaron todo el paquete en contra. El santafesino Maximiliano Pullaro y el cordobés Martín Llaryora dieron votos o ausencias, como el extraño faltazo de Juan Schiaretti.
Todos los integrantes de Innovación Federal votaron la ley en lo general. Los salteños Biella y Outes votaron en contra del título XXVI, que incluye la derogación de media decena de estatutos profesionales, entre ellos el del periodista; y Vega, también salteña, se abstuvo. Los diputados de la Renovación Neo jugaron a pleno. Posiblemente el mayor costo político lo haya pagado Herrera Ahuad, quien se expuso a cuenta propia en todas las vidrieras posibles, tal vez, intentando justificar su propia votación.
Passalacqua, equilibrista consumado, juega su partida entre la diplomacia y la supervivencia. Apoya a Milei cuando el termómetro de la billetera lo indica, garantiza votos para la reforma laboral y, a la vez, congela sueldos de funcionarios con altos cargos, sube salarios de los empleados estatales y apaga incendios gremiales, todo intentando que el barco provincial no zozobre en medio del temporal económico. Uno lo imagina, por momentos, como un capitán de barco con un ojo puesto en la tormenta y otro en la bodega, donde alguna rata siempre amenaza con morder la cuerda equivocada.
Y en este clima, cuando la política parece estar escrita en clave de alta estrategia, llega el episodio que nos recuerda la inercia de la argentinidad al palo: la funcionaria que, desde las playas aztecas, graba un video para los “pobres” y termina cayendo en desgracia viral. Karina “Reina” Acosta, directora de Turismo Social, fue apartada por Passalacqua sin titubeos ni romanticismos. Trabajaba bajo la órbita de la cartera que conduce el siempre indemne ministro José María Arrúa; sería la presidenta de una asociación civil y pertenecería al círculo de amistades de Viviana Rovira, pero nadie intentó evitar su salida. Decreto 252 y a otra cosa.
La destitución de Acosta no es un mero acto administrativo. Es, en el fondo, una señal. Un gesto —tarde, acaso, pero necesario— de que la función pública no puede ser escenario de frivolidades ni de provocaciones a quienes, desde hace años, soportan el rigor del ajuste y la promesa del cambio eterno. Y es aquí donde la reforma electoral, la modernización de las instituciones y el debate sobre el financiamiento de la política se cruzan con la ética y las formas. Porque de nada sirve cambiar leyes y sistemas si quienes las encarnan no comprenden que la virtud —ese viejo valor de la república— se demuestra en los gestos más cotidianos.
En la Misiones de hoy, como en la Argentina entera, el péndulo sigue oscilando. La modernidad choca con la tradición, la voluntad de poder con los límites de la decencia. No hay manual ni reforma que resuelva la contradicción de fondo: la necesidad de instituciones fuertes y de funcionariado a la altura, que no confunda el Estado con un escalón hacia la notoriedad efímera. Mientras tanto, la ciudadanía espera, una vez más, que la política deje de ser rutina de desencantos y se parezca, aunque sea por un rato, a la virtud de la que tanto se habla y tan poco se ejerce.
Opinión
Abrir el cofre de las declaraciones juradas
Por Fernando OZ
Algunos observadores finos de la política local identifican la caducidad del legendario Frente Renovador de la Concordia con el fin de una era, un cisma que puede alejar al oficialismo de retener la gobernación en 2027. También están los que opinan que Encuentro Misionero es una reconversión necesaria del oficialismo para abrir las bases, sumar nuevos actores del cambio y generar un recambio generacional.
Sea como sea, no hay mal que por bien no venga. Los devotos del aceleracionismo terminaron trayendo a la mesa de discusión debates que permanecían fuera de agenda, para ser diplomáticos. Ficha limpia, mal llamada aduana paralela, Ley de lemas, y hasta la reelección, son algunos de los temas que vuelven a la palestra.
La discusión de Ficha Limpia ya lleva sus años. En Misiones, la iniciativa para que las personas condenadas por delitos de corrupción no puedan ser candidatas fue una bandera histórica impulsada por la oposición en la Cámara de Diputados. El radicalismo y el bloque del PRO fueron quienes presentaron sistemáticamente los primeros proyectos. Durante años, el Frente Renovador de la Concordia utilizó su mayoría para bloquear y encajonar estas iniciativas.
Otro capítulo tuvo como escenario el Congreso, cuando dos senadores renovadores se encargaron de darle el tiro de gracia al proyecto de ley de Ficha Limpia en el recinto. Su voto en contra fue determinante para que la ley no saliera. El argumento interno que circuló en la trastienda fue que votar la ley “era hacerle un favor político a Mauricio Macri y a Silvia Lospennato” (la impulsora del proyecto).
Pero lo bueno, lo importante es que en la provincia habrá Ficha Limpia gracias a la voluntad de Encuentro Misionero. También me parece fantástico que se debata la ley de Lemas; cuatro candidatos a intendentes por lema, es un buen principio.
La ley de Lemas genera una distorsión de la voluntad popular, porque el candidato electo no siempre representa a la mayoría absoluta de los ciudadanos. Desde hace años vengo escribiendo que este tipo de ingeniería electoral se utiliza a menudo de forma corporativa para blindar el poder de aparatos políticos hegemónicos y limitar el recambio real. En localidades medianas o pequeñas de Misiones, es común encontrar decenas de sublemas para una misma categoría. Esto no amplía la democracia; confunde a la gente simple, atomiza el debate y vacía de contenido programático a las propuestas.
Aunque a nivel provincial para las categorías de gobernador y diputados la Ley de Lemas fue derogada hace años, se la mantiene activa para los cargos municipales. Esta dualidad expone un doble estándar institucional: si el sistema es considerado obsoleto, confuso y poco transparente para elegir al gobernador de la provincia, resulta indefendible que se lo siga aplicando para definir el destino diario de los municipios, que es el territorio donde la gente necesita respuestas más claras y directas.
Por estos días también comenzó a debatirse dentro del ámbito de Encuentro Misionero las reelecciones indefinidas de intendentes. Se habló de reemplazar los liderazgos prolongados, también se dijo que la limitación de mandatos traerá oxigenación de la política. Como era de esperarse la idea no cayó nada bien entre los alcaldes que buscan ser reelectos y ya tienen varias gestiones sobre el lomo.
Si la reforma electoral que impulsa Encuentro Misionero pone un coto razonable a las reelecciones, espero que los partidos opositores apoyen. Dos periodos consecutivos sería lo más justo, como en el caso del cargo de gobernador. En 2006 el pueblo de Misiones dijo No a las reelecciones indefinidas.
La necesidad de poner límites temporales a los gobernantes es antiquísima. Aristóteles, en su obra Política, ya había escrito que la verdadera democracia se basa en “gobernar y ser gobernado alternativamente”. Había advertido que cuando un grupo o individuo se perpetúa en el cargo, se crea una clase política profesional desconectada de la realidad que termina utilizando el Estado para su propio beneficio, degenerando la república en una oligarquía o tiranía. Quién se iba a imaginar que a pocos meses de cumplirse veinte años de la victoria del exobispo emérito Joaquín Piña, referentes de la Renovación iban a poner sobre la mesa de discusión las reelecciones de los intendentes. Saben qué pienso, que eso se llama madurez política.
Ese mismo camino de madurez y debate debería extenderse, de manera natural, hacia las normas que regulan la transparencia. Por ejemplo, la legislación local que regula el control patrimonial de los funcionarios públicos quedó desactualizada frente a los estándares modernos. En nuestra provincia rige la Ley IV – Nº 21 del Digesto Jurídico (ley 2666), la cual determina que las declaraciones juradas patrimoniales de los funcionarios —tanto provinciales como municipales— revisten un carácter estrictamente reservado y confidencial, quedando resguardadas bajo llave en la Fiscalía de Estado.
Aquí es donde nos encontramos con un marcado absurdo institucional. Para que un ciudadano común o un periodista de investigación tengan acceso a revisar el patrimonio de un funcionario bajo sospecha, es indispensable la existencia previa de una causa penal y la firma de una orden expresa por parte de un juez. Esto implica que el control nunca opera de forma preventiva ni ciudadana; el secreto patrimonial solo se rompe de manera tardía, cuando el presunto delito ya fue consumado y se encuentra en manos de la Justicia de la provincia.
Este panorama plantea un fuerte contraste con el espejo nacional y expone una profunda contradicción federal. A nivel de la Nación, la Ley de Ética Pública (Ley 25.188) obliga a los integrantes de los tres poderes a presentar declaraciones juradas de carácter plenamente público y libre consulta. Cualquier persona puede ingresar a la web de la Oficina Anticorrupción y puede pedir en detalle los bienes de los funcionarios nacionales.
La asimetría en la vereda local es evidente: un diputado nacional por Misiones tiene su patrimonio expuesto al control permanente de toda la ciudadanía. En cambio, un diputado provincial, un ministro del gabinete local o el intendente de cualquier municipio se amparan en el secreto absoluto que provee la Ley IV – Nº 21. Cabe preguntarse, entonces, por qué la riqueza de un funcionario de la Nación es pública y la de uno provincial se mantiene como un secreto de Estado.
La transparencia y la ética no deberían ser discursos vacíos para campañas electorales ni conceptos teóricos destinados a debatirse de forma abstracta en seminarios. Estas virtudes se miden en la realidad fáctica de los hechos, abriendo los números de cara a la gente simple. Quien toma la decisión de administrar los recursos de todos los ciudadanos asume la obligación elemental de transparentar con qué patrimonio entró y con cuál se va de la función pública.
Frente a esto, el argumento oficialista suele sostener que el Estado ya ejerce el control necesario a través de organismos burocráticos como la Fiscalía de Estado o el Tribunal de Cuentas. Sin embargo, la realidad demuestra que ningún organismo cerrado reemplaza el ojo vigilante de la sociedad civil. La apertura pública es el único antídoto real y preventivo contra el enriquecimiento ilícito.
La provincia cuenta formalmente en sus papeles con la Ley IV – Nº 58 (anteriormente Ley 4474), sancionada en junio de 2012 por la Cámara de Representantes, que regula el Libre Acceso a la Información Pública. Esta norma consagra el derecho de toda persona física o jurídica a solicitar y recibir información completa, adecuada y veraz de toda la administración pública provincial, entes autárquicos y sociedades con participación estatal, bajo los principios de gratuidad, informalidad y sencillez, sin necesidad de justificar los motivos de la petición.
Sabiendo que esta ley existe y define con claridad qué se considera información pública, el problema real no radica en un vacío legal, sino en la inaplicabilidad práctica y la letra chica de la propia norma. El Estado provincial se ampara sistemáticamente en la lista de excepciones contemplada en el artículo 6 —como la reserva de notas internas con recomendaciones o los datos que afecten intereses legítimos de terceros— para denegar las peticiones en las mesas de entradas, transformando el acceso en una carrera de obstáculos.
Es allí donde se hace visible la contradicción de fondo. Mientras la Ley IV – Nº 58 discurre sobre la importancia del control ciudadano en el manejo de los recursos públicos, el patrimonio real de los gobernantes sigue blindado por el secreto de la Ley IV – Nº 21. ¿De qué sirve tener una Ley de Acceso a la Información si la propia legislación provincial clasifica como un secreto blindado el patrimonio con el que entran y salen las autoridades? ¿Cuántos Adorni detectaríamos si abrieran el cofre de la Fiscalía de Estado?
Opinión
De la democracia que limita el poder, a la democracia que busca a los mejores

Héctor Julio Franco
La democracia moderna fue una de las mayores conquistas de la civilización. Surgió como respuesta a siglos de guerras, monarquías absolutas, caudillismos y gobiernos donde el poder se imponía por la fuerza o por herencia. Su principal mérito no fue encontrar a los mejores gobernantes, sino impedir que alguien pudiera arrogarse el derecho de decidir quién debía gobernar a los demás.
Por eso la democracia representativa fue diseñada como un sistema de límites. Límites al poder, límites a los gobernantes y límites a la concentración de autoridad. La división de poderes, la alternancia, las elecciones periódicas y el control ciudadano nacieron para evitar la tiranía. Y en ese objetivo la democracia ha sido extraordinariamente exitosa.
Sin embargo, dos siglos después, cabe preguntarse si ese objetivo, siendo indispensable, sigue siendo suficiente.
La democracia actual administra un proceso de selección entre quienes desean gobernar. Pero no necesariamente entre quienes están mejor preparados para hacerlo. El sistema no fue concebido para encontrar al más capaz, sino para resolver pacíficamente la disputa entre quienes aspiran al poder.
Hoy la humanidad ha encontrado sistemas para elegir al más inteligente, al más veloz, al más preparado físicamente, al más fuerte, al más talentoso. Pero no ha podido todavía encontrar al mejor preparado para gobernar.
Platón ya advertía hace más de dos mil años una paradoja que continúa vigente: muchas veces quienes más desean el poder son precisamente quienes menos deberían tenerlo, mientras que quienes poseen las virtudes necesarias para gobernar suelen ser reacios a buscarlo. El verdadero problema no es solamente cómo elegimos a nuestros gobernantes, sino cómo logramos que las mejores personas estén dispuestas a representarnos.
La política contemporánea enfrenta una dificultad adicional. La creciente desconfianza social, la polarización permanente, la lógica de la confrontación constante y la exposición pública han convertido al servicio político en una actividad cada vez menos atractiva para muchos ciudadanos valiosos.
Profesionales prestigiosos, docentes, científicos, empresarios honestos, líderes sociales o servidores públicos con trayectoria observan la política desde afuera y concluyen que el costo personal de participar es demasiado alto. El escrutinio permanente, los ataques oportunistas, la sospecha generalizada y la pérdida de privacidad terminan desalentando a quienes podrían aportar capacidad, experiencia y vocación.
La consecuencia es preocupante: la sociedad exige mejores dirigentes mientras simultáneamente expulsa o desalienta a muchos de aquellos que podrían convertirse en ellos.
En este contexto surgen iniciativas institucionales que intentan elevar la calidad de la representación política. Normas como la Ficha Limpia Ultra constituyen un avance porque buscan elevar los estándares mínimos de integridad para acceder a cargos públicos. Son herramientas valiosas y necesarias. Sin embargo, debemos reconocer que representan apenas un primer paso.
La verdadera discusión es mucho más profunda que una reforma electoral.
Debemos comenzar a preguntarnos si la evolución de la democracia durante el siglo XXI no debería orientarse hacia un nuevo objetivo: conservar todos los mecanismos que limitan el poder, pero complementarlos con mecanismos que permitan identificar, formar, promover y convocar a los mejores.
No se trata de reemplazar la democracia por una tecnocracia ni de sustituir la voluntad popular por algoritmos o expertos. Tampoco de eliminar el derecho de los ciudadanos a elegir libremente. Se trata de enriquecer la democracia para que la libertad de elegir pueda ejercerse sobre una oferta de liderazgo cada vez más calificada.
El desafío consiste en pasar gradualmente de una democracia que únicamente limita el poder, a una democracia que también incentive la excelencia en el servicio público.
Son quizás esos incentivos los que esperan ver los jóvenes para decidirse a participar.
Quizás el futuro no consista en preguntarnos solamente quién tiene derecho a gobernar, sino también quién está mejor preparado para hacerlo.
Porque una sociedad madura no debería conformarse únicamente con evitar a los peores. Debería aspirar, además, a encontrar y convencer a los mejores.
Ese podría ser el próximo gran salto evolutivo de la democracia.
Opinión
La política misionera comienza a alinearse para volver a poner a Corpus en agenda

Por Nicolás Sosa*
Durante años, hablar de Corpus en Misiones parecía un tema prohibido. La experiencia traumática del plebiscito de 1996, la fuerte resistencia ambiental de aquella época y la consolidación de ciertos consensos políticos dejaron al proyecto hidroeléctrico prácticamente fuera de discusión. Sin embargo, algo comenzó a cambiar.
En los últimos meses, referentes políticos, técnicos, empresariales e institucionales empezaron a coincidir en un punto: Misiones necesita volver a debatir seriamente su futuro energético y el aprovechamiento de sus recursos estratégicos.
El cambio de contexto es evidente. Primero el proyecto fue enteramente revisado, cambiado de emplazamiento y se redujeron las afectaciones en un 50 %. Por otro lado, la provincia enfrenta crecientes restricciones energéticas, altos costos eléctricos y dificultades para sostener procesos de industrialización e inversiones de gran escala. Al mismo tiempo, países vecinos y provincias limítrofes avanzan en el aprovechamiento intensivo de los recursos hídricos como herramienta de competitividad, desarrollo y generación de energía firme.
En ese marco, Corpus Pindo-í volvió lentamente a aparecer en la agenda pública.
Uno de los pronunciamientos más impactantes fue el del ex gobernador Ricardo “Cacho” Barrios Arrechea, figura históricamente vinculada al rechazo a Corpus en los años noventa, quien admitió públicamente que “el mundo cambió” y que hoy el proyecto merece una nueva discusión.
También el ex director de Yacyretá y dirigente del PRO, Humberto Schiavoni, se expresó en términos favorables, sosteniendo que “no podemos negarnos” a debatir Corpus y remarcando que Yacyretá terminó generando enormes beneficios en infraestructura, conectividad y desarrollo regional. Para Schiavoni, el nuevo diseño de Corpus presenta impactos considerablemente menores que los imaginados décadas atrás y podría transformarse en una palanca de crecimiento para Misiones.
En paralelo, el ex gobernador Maurice Closs planteó públicamente que la provincia debe revisar “temas intocables” y analizar nuevamente qué le conviene a Misiones en materia de energía, empleo y desarrollo. Sin definiciones categóricas, sus declaraciones fueron leídas como otro gesto político hacia la reapertura del debate.
A esas voces comenzaron a sumarse referentes técnicos y académicos. Desde el Consejo Profesional de Ingeniería de Misiones se impulsaron conversatorios y exposiciones donde se planteó que la provincia necesita discutir soberanía energética, demanda reprimida y planificación de infraestructura estratégica.
Pero además hay otro dato que empieza a mostrar el cambio de clima político y social alrededor del proyecto: el creciente interés que despiertan las exposiciones técnicas sobre Corpus Pindo-í.
En las últimas semanas, especialistas de la Comisión Mixta del Río Paraná fueron invitados a presentar el proyecto en el evento realizado con motivo del 90º aniversario de la Cámara Argentina de la Construcción.
La Facultad de Ingeniería de UNaM en Oberá también fue anfitrión de un grupo de expertos que analizaron y expusieron los alcances técnicos y ambientales del nuevo Proyecto Corpus en Pindoí.
En Puerto Rico, la Cámara de Industria, Comercio y Turismo de Libertador General San Martín invitó a empresarios, inversores, profesionales y referentes productivos de distintos sectores a escuchar sobre los alcances del proyecto.
Según quienes participaron de esos encuentros, las preguntas que se repiten una y otra vez: si Corpus permitirá mejorar la calidad y disponibilidad de energía en Misiones, si podría reducir costos eléctricos y si la infraestructura asociada ayudaría a bajar costos logísticos. Son justamente dos de los factores que hoy colocan a Misiones en desventaja frente a otras regiones a la hora de atraer inversiones industriales o grandes proyectos productivos.
En paralelo, distintos dirigentes y funcionarios de la Renovación admiten en conversaciones reservadas que el escenario regional y las necesidades estructurales de la provincia obligan a volver a discutir el tema. En off, muchos reconocen que el contexto energético cambió profundamente, que la transición hacia matrices menos contaminantes gana peso en todo el mundo y que la necesidad de reducir emisiones de carbono vuelve indispensable analizar proyectos de generación limpia y firme como Corpus.
Ingenieros, especialistas energéticos y consultores coinciden además en otro aspecto: el contexto ambiental también cambió. Hoy el río Paraná ya no es el mismo de hace treinta años. Se trata de un sistema altamente regulado aguas arriba y aguas abajo, con decenas de represas operando en la cuenca brasileña y paraguaya. En ese escenario, el debate comenzó a desplazarse desde la lógica del “represa sí o no” hacia otra pregunta: bajo qué condiciones, con qué controles y con qué beneficios para Misiones podría pensarse un nuevo aprovechamiento hidroeléctrico.
En ese marco, desde el Partido Libertario de Misiones impulsamos en la Legislatura, con nuestro diputado provincial Martín Arjol, un proyecto de Comunicación para que el Poder Ejecutivo misionero convoque a otro plebiscito por la represa de Corpus Christi; y otra iniciativa dirigida a estimular el estudio y la inversión en centrales hidroeléctricas de pequeña escala en la provincia.
El sector empresario también empezó a involucrarse. La Cámara Argentina de la Construcción y la Confederación Económica de Misiones vienen promoviendo espacios de análisis vinculados al desarrollo energético, la infraestructura y la competitividad provincial. En distintos ámbitos empresariales comienza a instalarse la idea de que sin energía abundante y estable será difícil sostener procesos de industrialización, radicación de inversiones o agregado de valor.
El dato político más relevante quizás no sea todavía una definición concreta sobre Corpus, sino algo previo: el tema dejó de ser tabú.
Por primera vez en muchos años, dirigentes de distintos espacios políticos, técnicos, empresarios e instituciones profesionales comienzan a coincidir en que Misiones necesita discutir su futuro energético sin prejuicios y con una mirada estratégica de largo plazo.
Y en ese nuevo escenario, Corpus vuelve lentamente a ocupar un lugar central en la conversación pública con una consigna muy clara, esta vez los misioneros deben poner las condiciones, para que el proyecto deje claros beneficios a los misioneros.
*Abogado, presidente del Partido Libertario de Misiones
-
Provinciales hace 5 díasMisiones destrabó una deuda de Anses y habrá aumentos para jubilados del IPS
-
Política hace 5 díasRoque Gervasoni y Encuentro Misionero: “La gente no quería más Renovación”
-
Cultura hace 6 díasAbel Pintos cantará el 25 de julio en el Parque del Conocimiento de Posadas
-
Policiales hace 2 díasFemicidio en Eldorado: adolescente fue asfixiada y llevaba cinco días sin vida
-
Judiciales hace 4 díasApelaron el archivo de la causa por la muerte de un jubilado en 2025
-
Política hace 7 díasProducción, Innovación y Libertad: conferencia del Partido Libertario
-
Provinciales hace 2 díasA 25 años del tractorazo: “Pedíamos lo que valía un caramelo; hoy lo mismo”
-
Política hace 4 díasRovira anti represas: “Hoy existen alternativas para la generación de energía”
