Opinión
Un año y medio de ataques a fondo contra la clase obrera

Por: Aníbal “Tato” Zeretzki
En este año y medio de mandato del presidente Milei asistimos a un ataque a fondo contra los derechos de los trabajadores de nuestro país a través de un conjunto leyes que por la magnitud del impacto que tendrán sobre las condiciones de trabajo constituyen una verdadera reforma constitucional.
La reforma laboral no es una “actualización” de convenios colectivos de trabajo obsoletos sino, al contrario, un retroceso en importantes derechos que fueron conquistados con décadas de luchas.
Se extiende el período de prueba hasta ocho meses, al cabo de los cuales te pueden rajar sin problemas; elimina el reconocimiento de la relación de dependencia (y con eso, de los derechos laborales) para los trabajadores de empresas de hasta cinco trabajadores, algo que va a incentivar más la tercerización en empresas subsidiarias; elimina la reinstalación en los casos de despidos antisindicales, toda una señal de ofensiva contra los activistas y delegados combativos en los lugares de trabajo; y abarata las indemnizaciones por despido, en un momento de fuerte recesión económica e industrial. Como también barre con las multas a las patronales que precarizan a sus trabajadores, “la ley es un llamado a que se siga contratando trabajadores sin registrar”, como denunció la diputada del Frente de Izquierda y el Partido Obrero Romina Del Plá.
La informalidad laboral alcanzó a 4 de cada 10 asalariados bajo el gobierno de Milei. A su vez, este prepara una reforma antiobrera en función de proyectar la ausencia de derechos que padece el sector no registrado hacia el conjunto de los trabajadores. Pretende convertir al país en una plataforma de mano de obra barata al servicio del lucro capitalista. El dato proviene de un informe elaborado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA), en base a estadísticas oficiales, correspondiente al tercer trimestre 2024.
De allí se desprende que la tasa de informalidad laboral supera el promedio en el caso de las trabajadoras de casas particulares (76,3%), los obreros de la construcción (67,3%) y los empleados de comercio (47%).
Lo anterior muestra el fracaso que significó la política de otorgar incentivos patronales como aliciente para crear empleo formal: ni la reducción de aportes patronales consignado en el Plan Registradas redujo la informalidad en el servicio doméstico, como tampoco el reemplazo de las indemnizaciones por el fondo de cese laboral en el convenio de la Uocra contribuyó a generar puestos de trabajo de calidad en dicho rubro.
Semejante tasa de informalidad agrega preocupación sobre la decisión del gobierno de eliminar la moratoria previsional, negándoles el derecho a jubilarse a aquellos que no lograron reunir los años de aportes requeridos por culpa del fraude patronal, condenándolos a sobrevivir con una pensión de indigencia.
Los capitalistas se ahorran las contribuciones a la Seguridad Social de dos quintos de la fuerza de trabajo de Argentina. Además, retienen una mayor porción de la riqueza creada por los trabajadores pagándoles peores sueldos a quienes no están registrados. La brecha salarial entre los asalariados formales e informales asciende al 46%. En ese sentido, 40% de los trabajadores vive en hogares pobres, escala a 60% en los no registrados.
Esta realidad desmiente el discurso del gobierno y empresarios sobre que reducir las contribuciones patronales y flexibilizar los convenios colectivos permitiría mejorar los salarios. Los que no tienen acceso a aportes jubilatorios, vacaciones, licencias pagas y aguinaldo perciben los ingresos más bajos.
También se revela como falsa la premisa de que las inversiones decaen por culpa del supuestamente elevado costo laboral. Lo cierto es que este último se encuentra por el piso como resultado de la extensión del trabajo precario y la caída salarial, sin embargo, el índice de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM) cayó 17,1% interanual entre enero y noviembre 2024, según la consultora Orlando Ferreres.
Son argumentos falaces para justificar una reforma antiobrera que incremente la tasa de beneficio del capital.
El estudio citado describe que la informalidad laboral trepa al 75% en las empresas de hasta 5 empleados.
La Ley Bases borra la relación de dependencia en los establecimientos con hasta tres trabajadores, incorporando la figura del «colaborador», sin derechos de aguinaldo, vacaciones, enfermedad, licencias e indemnización, es decir, las condiciones básicas de la ley de contrato laboral.
La no registración es casi 5 puntos superior entre mujeres, dado que los puestos de trabajo con alta tasa de feminización son más precarios; deja en ridículo el negacionismo del gobierno respecto a la brecha de género.
A su turno, la informalidad escala al 64% entre la juventud y al 67% entre las mujeres jóvenes, específicamente.
La mitad de los jubilados cobra la mínima que, con el bono de $70.000, llega a $355.820, mientras la canasta básica de la tercera edad, calculada por la Defensoría de la Tercera Edad, se ubica en $1.200.000. Es decir, hoy una jubilación mínima, con aumento y todo representa casi la cuarta parte del costo de vida de un jubilado.
Las jubilaciones constituyeron el 19,2% del recorte total realizado por el Sector Público Nacional en 2024.
La Ley Bases pone fin de la presunción de existencia de relación laboral: se invierten las consideraciones al respecto, teniendo el trabajador que demostrar la naturaleza fraudulenta de una incorrecta registración. Así como se declara a ciertas actividades dudosas (prestación de servicios y de agencia, etc.) en el derecho civil y comercial y por fuera de las relaciones del trabajo. También se habilita el funcionamiento de “trabajadores independientes” con hasta 3 colaboradoras, en el régimen de monotributistas. Tras la reglamentación empezará a regir el nuevo “periodo de prueba”, pasando de los actuales 3 meses a un mínimo de 6 meses, pudiendo extenderse a 8 (empresas de seis a cien trabajadores) y 12 meses (empresas de hasta cinco trabajadores), lo que implica la consagración final de la inestabilidad laboral, siendo que “un año de trabajo” no implica ningún periodo de “prueba”. Esto exime a las patronales del pago de indemnización por antigüedad, preaviso e integración del mes.
Entre los ítems más esperados por patronales, se habilita el despido “con justa causa” ante medidas sindicales que puedan ser consideradas como “bloqueos o tomas de establecimientos” o la afectación de la “libertad de trabajo” de otros empleados, lo que otorga amplias facultades discrecionales a los capitalistas.
Incluso se faculta a las patronales al despido discriminatorio (algo prohibido por tratados internacionales) con un sobrecargo de entre 50 y 100% de la indemnización por antigüedad: con plata se puede discriminar.
La reglamentación también daría lugar a que patronales y burocracia sindical pacten reformas en los convenios colectivos para incorporar el Fondo de Cese Laboral en remplazo del actual régimen indemnizatorio
En la provincia de Misiones la situación del conjunto de los trabajadores es de las peores del país en términos salariales y en las condiciones laborales. Mientras el promedio nacional del salario bruto es de $1.049.781, en nuestra provincia es un 37% inferior a esta cifra. Además, la informalidad laboral está mucho más extendida que en otras provincias, sin mencionar el enorme grado de explotación que padecen quienes trabajan a destajo como los tareferos.
Todos los partidos políticos patronales coinciden en una reforma laboral flexibilizadora; desde el PRO, UCR, peronismo dialoguista, fuerzas provinciales como la Renovación hasta CFK se mostró a favor de avanzar en ese sentido. La CGT, en lugar enfrentarla, se sentó con el gobierno a negociar la reforma laboral a cambio de excluir de la ley los articulados que afectan a sus cajas. El único sector político que enfrentó este ataque desde el inicio fue el Frente de Izquierda y los trabajadores que integra el Partido Obrero movilizándose junto a los trabajadores, estudiantes y jubilados.
En ese sentido el FMI exige reformas sustanciales –el gobierno se comprometió a ello- como la previsional, que prevé el aumento de edad jubilatoria, la eliminación de los regímenes especiales, el doble beneficio de las pensiones, la privatización de las jubilaciones y la imposibilidad para quienes no tienen los aportes completos de jubilarse, esto en un país donde el trabajo informal supera el 42%; como la reforma laboral que va contra las indemnizaciones, por una mayor flexibilidad como la aplicación del “banco de horas” que convierte las horas extras en horas normales, etc.; como el régimen tributario que busca un mayor gravamen sobre los trabajadores, y que ya una resolución aumenta lo que pagan 2.500.000 de monotributistas, etc.
Este ataque contra la inmensa mayoría del pueblo y todos los trabajadores está planteado luego del mazazo que significó el ajuste brutal que ya efectuó la motosierra de Milei y los gobernadores, ahora afilada por el FMI para ir más a fondo.
La avanzada del gobierno de Milei y los gobernadores contra los trabajadores da lugar a un envalentonamiento de las patronales por medio de despidos, suspensiones y extorsiones y presiones sobre los trabajadores.
La reglamentación de esta normativa antiobrera deja sin ningún beneficio para los trabajadores y la población en general, siendo estos perjudicados por la pérdida significativa de derechos y conquistas laborales y por la imposición de un régimen de precarización y flexibilización laboral a imagen y semejanza de las pretensiones patronales. Derrotemos esta orientación contraria a los trabajadores, con la organización independiente, con la huelga general contra Milei y los gobernadores.
*Aníbal “Tato” Zeretzki candidato a diputado provincial del Partido Obrero.
Opinión
Festina Lente: Misiones entre el búnker propio y el granero vacío

Por Fernando OZ
@F_ortegazabala
La velocidad de Encuentro Misionero es asombrosa. En poco más de una semana, lo que aún prefiero creer que nació como un legítimo y necesario llamado a la conformación de un gran frente misionerista en defensa propia, ya exhibe un pelotón completo de candidatos, un bloque propio en la Cámara de Representantes que acaba de presentar un proyecto de ley, y hasta un búnker de campaña estratégicamente ubicado en una céntrica calle de la bella Posadas, con cartelería flamante y todo el despliegue escénico que la ocasión requiere. Todo esto, por supuesto, acompañado con toda la parafernalia en las redes sociales.
Todo muy propio a los tiempos del aceleracionismo y la posverdad. Sin embargo, la prisa ciega suele ser una mala consejera; nos impide estar presentes en el aquí y el ahora y, sobre todo, nos nubla la vista para apreciar con la debida claridad qué es lo que realmente ocurre ante nuestros ojos.
Lo que siguió a este despliegue fue un acto político en la denominada “Casa del Militante”, llevado a cabo el pasado viernes. Este “nuevo espacio político” que se promociona de “puertas abiertas”, también presentó a sus cuatro “jefes de campaña”: el actual intendente de Posadas, Lalo Stelatto; el diputado nacional Oscar Herrera Ahuad; el vicegobernador Lucas Romero Spinelli; y el presidente de la Cámara de Representantes, Sebastián Macias. Ese orden no es un capricho del arriba firmante ni una cuestión de azar. Los cuatro fueron los principales oradores de la jornada y coincidieron en la calculada deferencia de resaltar, una y otra vez, el apoyo incondicional a la gestión de Hugo Passalacqua, quien curiosamente fue el gran ausente en el lanzamiento de este espacio.
La fotografía capturada a 180 grados durante el evento retrata a unos doscientos —si quieren ser generosos, digamos quinientos— dirigentes y militantes de la Renovación, acompañados por senadores, diputados nacionales y buena parte el elenco estable del poder local. También se dejaron ver algunos políticos de partidos satélites que orbitan como aliados permanentes.
Según el parte oficial difundido por el oficialismo, “la jornada sirvió para coordinar el acompañamiento al gobernador Hugo Passalacqua en el discurso de apertura de sesiones ordinarias de la Cámara de Representantes el próximo 1 de mayo y para delinear las primeras estrategias electorales del espacio oficialista”. Así, sin más preámbulos, se puso en marcha la maquinaria electoral.
Miren, lo digo con total franqueza: a la idea de “defender los intereses de los misioneros por encima de cualquier bandera política”, me sumo sin dudarlo ni un segundo. Díganme dónde hay que firmar. Pero déjenme advertir, desde la experiencia de quien ha visto pasar mucha agua bajo el puente, que las postales del viernes son, en el mejor de los casos, las mismas que vengo observando desde hace un par de campañas electorales; sólo se cambió el decorado de la escena.
Me hubiese gustado ver otra cosa, algo más profundo. Esperaba encontrar académicos, expertos en materias críticas, representantes legítimos de los docentes, estudiantes con verdaderas ganas de involucrarse y embarrarse, empresarios con ideas brillantes y disruptivas, comerciantes, productores, colonos y esa gente común que todavía no se resigna al conformismo.
También me hubiese gustado encontrar a políticos y dirigentes de diferentes vertientes dispuestos a dejar de lado la mezquindad y esa dependencia casi patológica a partidos nacionales que representan intereses que nada tienen que ver con las urgencias de nuestro territorio. Pero ya saben lo que dicen: la brecha que suele haber entre nuestras expectativas y la dura realidad nace siempre de nuestra propia ilusión, no de los eventos externos que nos rodean.
Mientras tanto, en la mesa chica del gobernador Passalacqua el clima no es precisamente de celebración. No cayó nada bien que algunas de estas “candidaturas” se hayan adelantado de forma tan estrepitosa faltando todavía un año entero para tener que ir a las urnas.
Algunos de los integrantes de ese círculo íntimo no creen que este sea el momento más conveniente para tener a funcionarios más preocupados por su propia boleta y su futuro personal que por la gestión diaria del Estado. “Tenemos que entender que no hay política sin una buena gestión, pero bueno, cada uno raciona el tiempo como mejor le parece”, resumió con una punta de amargura un funcionario al que se lo escucha preocupado por la situación social.
Y seguramente hacia esa dirección, la de la gestión pura y dura, se encamine el discurso que dará el mandatario en la Cámara de Representantes este primero de mayo. Se espera mucha demostración de logros administrativos, el anuncio de algunas obras estratégicas necesarias para la provincia, una novedad vinculada a mermas impositivas que, según dicen los que saben, será una verdadera “bomba”, y una postura clara y firme en contra de los atropellos del gobierno de Javier Milei, con la diplomacia que el caso requiere.
“Será como un golpe en la mesa, marcando la cancha”, graficó un actor clave en el engranaje del Gobierno actual. Todo indica que Passalacqua prefiere hablar sobre los rieles de un gobierno en gestión activa y no sobre las arenas movedizas de la política partidaria y electoral.
Hablará más como un mandatario que se encuentra al frente de un Estado sitiado por las políticas nacionales, más preocupado por lo que queda hoy en el granero que por su propia y lejana reelección. Entonces, en un esquema de lógicas conjeturas, podría pensar que ese día, tal vez, las lecturas políticas más interesantes no se encuentren en las palabras del discurso, sino en los gestos, los silencios y las miradas de los principales actores del Cantón que estén presentes.
Pero fijémonos también un poco en qué es lo que sucede en los campamentos opositores, donde las imágenes tampoco resultan ser muy alentadoras que digamos. En el oficialismo se jactan de que en el acto del viernes hubo “militantes del Partido Agrario y Social, radicales, peronistas, independientes y hasta libertarios desencantados”. Probablemente haya sido así; de hecho, me gustaría sinceramente que hubiese sido así por el bien de la pluralidad.
Lo que sí está claro que el presidente del PAyS y ex diputado provincial, Isaac Lenguaza, criticó el adelantamiento del debate preelectoral, tildándolo de “prematuro”. Pero, además, llevó la cuestión al plano netamente ideológico: “cualquier sector de derecha, no solamente La Libertad Avanza, cualquiera de los otros partidos libertarios, en su momento era el PRO, o sea, partidos que extremadamente fueron hacia una política liberal, de derecha, no vamos a comulgar con estas ideas”. Y en ese desorden de palabras terminó diciendo que la “gran falencia” en la política actual es la “escasez de ideología”.
Al acto del viernes tampoco se asomó el flamante presidente del PJ local, Christian Humada, quien tanto tiene que agradecer al oficialismo por su reciente victoria. A su modo, desde la UCR también cascotearon la iniciativa con diversos argumentos, pero sin detenerse a observar la cuestión de fondo. Y el menudo grupo del Pro, capitaneado desde los pasillos del Congreso por el senador Martín Goerling Lara, ni siquiera llegó a eso, están más preocupados por las presentaciones públicas de Mauricio Macri. Lo mismo sucede con otros dirigentes con bancas: todos parecen estar mirándose exclusivamente el propio ombligo.
En otro rincón del tablero tenemos al Doctor Adrián Nuñez, quien avanza con decisión en el arte de la actuación, con toda su fe puesta en la marca Milei. Sus apariciones sabatinas, con corbata al tono de los republicanos yankees, van formando la postal perfecta de la liturgia del poder, seca y sin concesiones. Enmarcado por la simetría, el sujeto se sienta con la rigidez de quien sabe que la lapicera pesa más que la pólvora. Un plano frontal, casi de prontuario, captura una mirada directa, fría, que no busca el consenso sino imponer la directiva que llega desde la Casa Rosada. El escritorio, limpio hasta la sospecha, aloja apenas una libreta que sugiere anotaciones de una guerra silenciosa, mientras el fondo de cortinas pesadas clausura cualquier escape a la realidad exterior.
Pero lo peor de la semana fue la del diputado Walter Ríos, presidente del bloque “Por la vida y los valores” y vicepresidente segundo de la Legislatura. Durante una entrevista exclusiva con el Licenciado Ariel Sayas, tuvo la brutal desfachatez de quejarse en público porque no le dan un “ascensor”, un auto y personal para recibir papeles. Y como si semejante desplante fuese poco, condicionó los tres votos de su bloque para la votación de los pliegos de un ministro de la Corte: “es así, una mano lava a la otra”, dijo sin que se le cayera la cara de vergüenza. Y luego, con un cinismo que asusta, agregó: “dentro de un acuerdo hubo un pedido, hoy mi pedido no llegó nunca. Estamos llegando al primero de mayo y qué pasa. Hacemos un cumpleaños, pero no llega el… (regalo), entonces no podemos trabajar así”. En definitiva, la imagen de un malandra con traje de diputado.
Cuando yo era niño y, con la ansiedad propia de la edad, me apresuraba aparatosamente a realizar alguna tarea que me encomendaban, mi abuelo Renato solía frenarme en seco. Ponía sus manos sobre mis hombros, me miraba a los ojos y me decía: “Festina lente”, que en latín significa algo así como apresúrate despacio o camina lentamente. Se trata de una paradoja que sugiere la necesidad de actuar con rapidez y eficacia cuando la situación lo requiere, pero siempre sin precipitación, sin ansiedad y sin perder los estribos. Muchos años después supe que ese era un lema asociado al emperador Augusto y que, para la escuela de los estoicos, la lentitud no es en absoluto un sinónimo de pereza o desidia, sino de atención plena y de un firme dominio propio.
La creación de un frente amplio en la provincia —llámese como se llame y tenga la forma que tenga—, con el fin de contener la delicada economía regional, frenar las desmesuras constantes del Poder central y acordar políticas de Estado de largo plazo, es hoy una tarea tan necesaria como urgente. Pero para hacerlo bien, hay que bajarse primero de ese aceleracionismo torpe que sólo genera ruido. Porque ir más despacio, especialmente en estos tiempos de caos, es un acto de resistencia y la única herramienta válida para asegurar que cada acción sea realizada con verdadera intención y virtud, y no simplemente por la inercia del cargo o por el miedo al futuro. El Encuentro Misionero puede ser más grande.
Opinión
Oportunidad de alternancia en Misiones

Por Gustavo González
Es matemático. El rovirismo -ahora el camaleón se llama “Encuentro Misionero”- no supera el 30% de los votos propios. Sin embargo, en las elecciones ejecutivas, el artilugio de la Ley de Lemas le permite sumar voluntades de abajo hacia arriba, una estrategia que siempre le sirvió
para retener el poder.
Pero el escenario cambió. El desgaste, la corrupción y la crítica situación social que arrastra la provincia, colocan a la Renovación ante las elecciones más competitivas desde 2003. Consciente de esto, y con la mira en 2027, el oficialismo necesita “curubicar” a la oposición.
La clave es simple: si la oposición concentra el 50% de su oferta electoral en una sola propuesta, habrá alternancia en Misiones, un principio democrático que no se cumple hace 23 años.
¿Qué espacio está en condiciones de ganar? Un Frente político amplio que acuerde un “núcleo de coincidencias básicas” (aduana interna, desarrollo productivo, educación, salud, seguridad, justicia, Ley de Lemas, coparticipación municipal y similares). Un espacio donde las candidaturas surjan del consenso y no del dedo de una sola persona.
Los Frentes se integran con Partidos Políticos; son ellos quienes deben iniciar la convocatoria, empezando por los que tienen representación parlamentaria (UCR, LLA, PAYS, Algo Nuevo, VyV, PRO, PL).
En 2006, cuando el Frente Unidos por la Dignidad (FUD) frenó la reforma constitucional, la cabeza fue Joaquín Piña, pero el cuerpo lo integraron radicales, peronistas, socialistas, independientes, trabajadores y empresarios. En aquel entonces, se priorizó un objetivo común que aglutinó a personas que pensaban distinto, pero que coincidían en lo esencial.
¿Tenemos hoy, quienes pensamos distinto, la vocación de construir algo similar para el año que viene? Veremos. Rovira ya movió.
Opinión
La Moncloa misionerista: Un armisticio frente al asedio del Puerto

Por Fernando Oz
@F_ortegazabala
Vayamos al grano, porque para adornos ya están los despachos de la Casa Rosada. Digamos las cosas como son: la situación económica del Cantón no es producto del azar ni de la mala fortuna climática o de la pereza de algunos de nuestros funcionarios; es el resultado de un asedio sistemático. Misiones se encuentra hoy bajo el cerco de un gobierno nacional de espíritu profundamente centralista que ha decidido, con una frialdad técnica que asusta, ahogar financieramente a la provincia mientras demuestra una ineficacia de gestión que ya es marca registrada.
Los datos están a la vista, en los índices de desempleo y pobreza. No hace falta ser economista ni idóneo en tintorerías financieras, está todo a la vista de todos, hasta cuando nos pasan la cuenta de lo que tenemos en el changuito del supermercado. En un escenario de crisis galopante y una pérdida de legitimidad de buena parte de la clase política, el Cantón se juega su derecho a existir como algo más que una variable de ajuste en un gráfico de Excel porteño. Es momento de discutir políticas de Estado reales.
El problema no es solo la falta de recursos, que nos sobran, sino la ceguera política de quienes dirigen el país. Estamos ante una administración que gestiona desde la distancia aséptica de Buenos Aires, ignorando que el federalismo no es una palabra bonita para los discursos de apertura de sesiones en el Congreso, sino una realidad de supervivencia cotidiana.
Una vez más, porque no escondamos la mugre de los gobiernos anteriores, la ineficacia nacional dejó de ser una sospecha para convertirse en una certeza que golpea directamente el bolsillo y la planificación de cada habitante de Misiones. El Puerto, fiel a su tradición histórica, sigue mirando hacia afuera mientras le da la espalda a una provincia que es, en los hechos, la verdadera frontera de la Argentina.
En este tablero de intereses contrapuestos, los peones locales juegan un papel penoso. Seamos claros: tanto La Libertad Avanza como el Partido Justicialista, la UCR o el PRO en el Cantón no funcionan como fuerzas con autonomía, sino como meras sucursales de una franquicia cuya casa matriz está a 1200 kilómetros. Sus dirigentes son empleados que esperan la instrucción por WhatsApp enviada desde despachos porteños perfumados antes de emitir un juicio de valor sobre lo que pasa en su propia tierra. Lamento decirlo, porque tengo amigos en cada uno de esos campamentos, pero son soldados de un ejército ajeno.
En cambio, y más allá de cualquier diferencia ideológica o métodos, nadie con un poco de honestidad intelectual puede negar que el espíritu del Frente Renovador y del PAyS de Cacho Bárbaro siempre mantuvieron un arraigo distinto. Con sus luces y sombras, defendieron los intereses del Cantón porque sus pies, a diferencia de los otros, están plantados sobre este suelo y no del otro lado de la frontera de la Avenida General Paz.
Sin embargo, el realismo político exige reconocer que la Renovación, después de más de veinte años en el poder, atraviesa un deterioro evidente. El desgaste no se puede ocultar bajo la alfombra: las dos últimas elecciones, donde apenas se llegó al treinta por ciento estirando la nariz, son una señal de alarma que solo un necio ignoraría. Carlos Rovira leyó el mapa antes de que el terreno se hunda.
Al anunciar que no será candidato y hacer un llamado para conformar un gran frente misionerista, no está haciendo un gesto de cortesía, sino un movimiento de supervivencia. Sabe que el partido que él mismo fundó corre el riesgo real de perder las próximas elecciones si no se abre a una reconfiguración profunda.
El ingeniero habría tomado la decisión, que ya venía madurando desde algunos meses antes de las últimas elecciones, después de leer un minucioso estudio de opinión pública realizado por el prestigioso politólogo, docente y consultor, Mario Riorda, considerado como uno de los mayores referentes de la comunicación política del continente. Antes de la previa del pasado jueves, el conductor de la Renovación ya había lanzado puentes con diferentes dirigentes de la oposición. También mantuvo diálogo con Maurice Closs y con dos intendentes.
Pero hay algo más en este movimiento. La decisión de Rovira no debe confundirse con una capitulación. Al contrario: es el gesto de un ingeniero que entiende de estructuras y de la fatiga de los materiales políticos. Al convocar a este “Encuentro Misionero”, está diseñando una obra mayor que trasciende las siglas. Pero, sobre todo, con este gesto de apertura y su salida voluntaria de la contienda, Rovira se gana el bronce.
Pero más allá de las cuestiones estratégicas de políticas partidarias, la convocatoria hacía ese “Encuentro Misionero”, o como quieran llamarlo, representa una oportunidad histórica. Es aquí donde entra en juego la necesidad imperiosa de una suerte de La Moncloa misionerista. No hablo de un pacto electoral de ocasión para salvar un par de bancas, sino de un armisticio político de alto nivel. Salvando todas circunstancias históricas del caso, lo que el Cantón necesita es un acuerdo similar al de 1977 en España: una serie de políticas de Estado a largo plazo que trasciendan los vaivenes de la política partidaria y los caprichos del gobierno nacional de turno.
Se trata de blindar los intereses de los habitantes de la provincia frente a la inestabilidad de un país que se rompe cíclicamente. Esta Moncloa debe ser el cimiento de una independencia económica real, con la Zona Aduanera Especial como bandera irrenunciable. No es un pedido de privilegios; es una exigencia de equidad fiscal para una provincia que tiene el noventa por ciento de sus fronteras expuestas a una competencia internacional feroz y desigual.
El objetivo estratégico de este gran acuerdo es sacar a Misiones del fango de la coyuntura y establecer reglas de juego que nadie pueda tocar. Necesitamos políticas que incentiven la inversión, la conservación ambiental y el desarrollo tecnológico sin que dependan de si el funcionario de turno en Buenos Aires tiene un buen día o decide recortar fondos por una rabieta política. La deuda de más de 2.500 millones de pesos del programa Incluir Salud que la Nación mantiene con la provincia es el ejemplo perfecto de por qué el Cantón debe fortalecer su autonomía: no se puede dejar la salud y el bienestar de nuestra gente en manos de una burocracia centralista que no cumple sus compromisos mínimos.
La sociedad hoy no está en modo electoral, está en modo supervivencia. El ciudadano común está harto de las estrategias de laboratorio y los discursos vacíos. Lo que se espera son soluciones tangibles. El desafío que tiene por delante la política misionera es traducir este movimiento de unidad en respuestas concretas.
La Moncloa misionerista es, en definitiva, la última oportunidad para establecer un frente común que proteja al productor, al industrial y al comerciante de los ataques de un Puerto que siempre busca recaudar más a cambio de entregar menos. Es hora de decidir si vamos a seguir siendo una nota al pie en el cuaderno de un burócrata porteño o si vamos a consolidar una provincia soberana, capaz de dictar su propio destino y proteger a su gente de los naufragios nacionales. Porque si algo nos ha enseñado la historia, es que cuando el Puerto se queda sin recursos, siempre busca en los bolsillos de quienes estamos en la frontera.
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