Opinión
Un año y medio de ataques a fondo contra la clase obrera

Por: Aníbal “Tato” Zeretzki
En este año y medio de mandato del presidente Milei asistimos a un ataque a fondo contra los derechos de los trabajadores de nuestro país a través de un conjunto leyes que por la magnitud del impacto que tendrán sobre las condiciones de trabajo constituyen una verdadera reforma constitucional.
La reforma laboral no es una “actualización” de convenios colectivos de trabajo obsoletos sino, al contrario, un retroceso en importantes derechos que fueron conquistados con décadas de luchas.
Se extiende el período de prueba hasta ocho meses, al cabo de los cuales te pueden rajar sin problemas; elimina el reconocimiento de la relación de dependencia (y con eso, de los derechos laborales) para los trabajadores de empresas de hasta cinco trabajadores, algo que va a incentivar más la tercerización en empresas subsidiarias; elimina la reinstalación en los casos de despidos antisindicales, toda una señal de ofensiva contra los activistas y delegados combativos en los lugares de trabajo; y abarata las indemnizaciones por despido, en un momento de fuerte recesión económica e industrial. Como también barre con las multas a las patronales que precarizan a sus trabajadores, “la ley es un llamado a que se siga contratando trabajadores sin registrar”, como denunció la diputada del Frente de Izquierda y el Partido Obrero Romina Del Plá.
La informalidad laboral alcanzó a 4 de cada 10 asalariados bajo el gobierno de Milei. A su vez, este prepara una reforma antiobrera en función de proyectar la ausencia de derechos que padece el sector no registrado hacia el conjunto de los trabajadores. Pretende convertir al país en una plataforma de mano de obra barata al servicio del lucro capitalista. El dato proviene de un informe elaborado por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA), en base a estadísticas oficiales, correspondiente al tercer trimestre 2024.
De allí se desprende que la tasa de informalidad laboral supera el promedio en el caso de las trabajadoras de casas particulares (76,3%), los obreros de la construcción (67,3%) y los empleados de comercio (47%).
Lo anterior muestra el fracaso que significó la política de otorgar incentivos patronales como aliciente para crear empleo formal: ni la reducción de aportes patronales consignado en el Plan Registradas redujo la informalidad en el servicio doméstico, como tampoco el reemplazo de las indemnizaciones por el fondo de cese laboral en el convenio de la Uocra contribuyó a generar puestos de trabajo de calidad en dicho rubro.
Semejante tasa de informalidad agrega preocupación sobre la decisión del gobierno de eliminar la moratoria previsional, negándoles el derecho a jubilarse a aquellos que no lograron reunir los años de aportes requeridos por culpa del fraude patronal, condenándolos a sobrevivir con una pensión de indigencia.
Los capitalistas se ahorran las contribuciones a la Seguridad Social de dos quintos de la fuerza de trabajo de Argentina. Además, retienen una mayor porción de la riqueza creada por los trabajadores pagándoles peores sueldos a quienes no están registrados. La brecha salarial entre los asalariados formales e informales asciende al 46%. En ese sentido, 40% de los trabajadores vive en hogares pobres, escala a 60% en los no registrados.
Esta realidad desmiente el discurso del gobierno y empresarios sobre que reducir las contribuciones patronales y flexibilizar los convenios colectivos permitiría mejorar los salarios. Los que no tienen acceso a aportes jubilatorios, vacaciones, licencias pagas y aguinaldo perciben los ingresos más bajos.
También se revela como falsa la premisa de que las inversiones decaen por culpa del supuestamente elevado costo laboral. Lo cierto es que este último se encuentra por el piso como resultado de la extensión del trabajo precario y la caída salarial, sin embargo, el índice de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM) cayó 17,1% interanual entre enero y noviembre 2024, según la consultora Orlando Ferreres.
Son argumentos falaces para justificar una reforma antiobrera que incremente la tasa de beneficio del capital.
El estudio citado describe que la informalidad laboral trepa al 75% en las empresas de hasta 5 empleados.
La Ley Bases borra la relación de dependencia en los establecimientos con hasta tres trabajadores, incorporando la figura del «colaborador», sin derechos de aguinaldo, vacaciones, enfermedad, licencias e indemnización, es decir, las condiciones básicas de la ley de contrato laboral.
La no registración es casi 5 puntos superior entre mujeres, dado que los puestos de trabajo con alta tasa de feminización son más precarios; deja en ridículo el negacionismo del gobierno respecto a la brecha de género.
A su turno, la informalidad escala al 64% entre la juventud y al 67% entre las mujeres jóvenes, específicamente.
La mitad de los jubilados cobra la mínima que, con el bono de $70.000, llega a $355.820, mientras la canasta básica de la tercera edad, calculada por la Defensoría de la Tercera Edad, se ubica en $1.200.000. Es decir, hoy una jubilación mínima, con aumento y todo representa casi la cuarta parte del costo de vida de un jubilado.
Las jubilaciones constituyeron el 19,2% del recorte total realizado por el Sector Público Nacional en 2024.
La Ley Bases pone fin de la presunción de existencia de relación laboral: se invierten las consideraciones al respecto, teniendo el trabajador que demostrar la naturaleza fraudulenta de una incorrecta registración. Así como se declara a ciertas actividades dudosas (prestación de servicios y de agencia, etc.) en el derecho civil y comercial y por fuera de las relaciones del trabajo. También se habilita el funcionamiento de “trabajadores independientes” con hasta 3 colaboradoras, en el régimen de monotributistas. Tras la reglamentación empezará a regir el nuevo “periodo de prueba”, pasando de los actuales 3 meses a un mínimo de 6 meses, pudiendo extenderse a 8 (empresas de seis a cien trabajadores) y 12 meses (empresas de hasta cinco trabajadores), lo que implica la consagración final de la inestabilidad laboral, siendo que “un año de trabajo” no implica ningún periodo de “prueba”. Esto exime a las patronales del pago de indemnización por antigüedad, preaviso e integración del mes.
Entre los ítems más esperados por patronales, se habilita el despido “con justa causa” ante medidas sindicales que puedan ser consideradas como “bloqueos o tomas de establecimientos” o la afectación de la “libertad de trabajo” de otros empleados, lo que otorga amplias facultades discrecionales a los capitalistas.
Incluso se faculta a las patronales al despido discriminatorio (algo prohibido por tratados internacionales) con un sobrecargo de entre 50 y 100% de la indemnización por antigüedad: con plata se puede discriminar.
La reglamentación también daría lugar a que patronales y burocracia sindical pacten reformas en los convenios colectivos para incorporar el Fondo de Cese Laboral en remplazo del actual régimen indemnizatorio
En la provincia de Misiones la situación del conjunto de los trabajadores es de las peores del país en términos salariales y en las condiciones laborales. Mientras el promedio nacional del salario bruto es de $1.049.781, en nuestra provincia es un 37% inferior a esta cifra. Además, la informalidad laboral está mucho más extendida que en otras provincias, sin mencionar el enorme grado de explotación que padecen quienes trabajan a destajo como los tareferos.
Todos los partidos políticos patronales coinciden en una reforma laboral flexibilizadora; desde el PRO, UCR, peronismo dialoguista, fuerzas provinciales como la Renovación hasta CFK se mostró a favor de avanzar en ese sentido. La CGT, en lugar enfrentarla, se sentó con el gobierno a negociar la reforma laboral a cambio de excluir de la ley los articulados que afectan a sus cajas. El único sector político que enfrentó este ataque desde el inicio fue el Frente de Izquierda y los trabajadores que integra el Partido Obrero movilizándose junto a los trabajadores, estudiantes y jubilados.
En ese sentido el FMI exige reformas sustanciales –el gobierno se comprometió a ello- como la previsional, que prevé el aumento de edad jubilatoria, la eliminación de los regímenes especiales, el doble beneficio de las pensiones, la privatización de las jubilaciones y la imposibilidad para quienes no tienen los aportes completos de jubilarse, esto en un país donde el trabajo informal supera el 42%; como la reforma laboral que va contra las indemnizaciones, por una mayor flexibilidad como la aplicación del “banco de horas” que convierte las horas extras en horas normales, etc.; como el régimen tributario que busca un mayor gravamen sobre los trabajadores, y que ya una resolución aumenta lo que pagan 2.500.000 de monotributistas, etc.
Este ataque contra la inmensa mayoría del pueblo y todos los trabajadores está planteado luego del mazazo que significó el ajuste brutal que ya efectuó la motosierra de Milei y los gobernadores, ahora afilada por el FMI para ir más a fondo.
La avanzada del gobierno de Milei y los gobernadores contra los trabajadores da lugar a un envalentonamiento de las patronales por medio de despidos, suspensiones y extorsiones y presiones sobre los trabajadores.
La reglamentación de esta normativa antiobrera deja sin ningún beneficio para los trabajadores y la población en general, siendo estos perjudicados por la pérdida significativa de derechos y conquistas laborales y por la imposición de un régimen de precarización y flexibilización laboral a imagen y semejanza de las pretensiones patronales. Derrotemos esta orientación contraria a los trabajadores, con la organización independiente, con la huelga general contra Milei y los gobernadores.
*Aníbal “Tato” Zeretzki candidato a diputado provincial del Partido Obrero.
Opinión
Los egos y mezquindades también caducaron
Por Nicolás Emanuel Zayas
Abogado.
En el análisis político, existe una línea muy delgada entre interpretar la realidad y proyectar sobre ella los deseos propios o las categorías del pasado. La reciente columna de opinión de una ex funcionaria legislativa de Carlos Rovira, titulada “Algo Caducó, no solo el nombre”, incurre en este último error: confunde la evolución natural y necesaria de un espacio político con un síntoma de agotamiento.
Es imperativo elevar el debate y mirar el escenario misionero sin los lentes de la vieja política. Lo que verdaderamente estamos presenciando en la provincia no es el ocaso de un modelo, sino su maduración institucional y conceptual.
El argumento central de esa opinión, sugiere que la reformulación identitaria hacia Encuentro Misionero es un intento de maquillar un desgaste estructural. Esta lectura omite la dinámica histórica de los grandes movimientos políticos. Adaptarse, ampliar las bases y reconfigurar la identidad no es un acto de debilidad, sino de profunda inteligencia estratégica.
Bajo la conducción de Carlos Rovira, Encuentro Misionero ha logrado un hito que parece incomprensible para quienes aún militan en las lógicas de la confrontación tradicional: *ha desterrado las mezquindades y los egos políticos de su esquema de poder. Mientras a nivel nacional y en otros distritos la política se consume en internas destructivas, pases de factura y vanidades personales, en Misiones el proyecto colectivo se ha blindado frente a los individualismos. El cambio de nombre responde a esto: a la necesidad de nombrar un presente de convergencia, donde lo que importa es la gestión y el futuro de la provincia, no la chapa en la puerta del despacho.
Responsabilidad institucional frente al ruido político
En su texto, también se deslizan advertencias sobre los instrumentos financieros y el debate legislativo en torno al endeudamiento. Aquí también es necesario aportar claridad. En un contexto nacional marcado por la asfixia de recursos hacia las provincias, la búsqueda de herramientas financieras por parte de la Legislatura no es un acto de irresponsabilidad, sino de previsión.
La verdadera irresponsabilidad moral e institucional sería paralizar el desarrollo de Misiones, detener la obra pública o desproteger a los sectores vulnerables por temor al debate. Las decisiones se toman en el marco de la Constitución y con una planificación integral que el Ejecutivo y el Legislativo articulan de manera armónica, sin los ruidos que la oposición intenta instalar.
El pragmatismo del encolumnamiento y la búsqueda de legitimidad
El regreso de figuras que en su momento salieron de la estructura estatal por decisiones de la máxima autoridad no es un hecho fortuito. Responde a una necesidad de legitimación que el llano no les puede otorgar. Al alinearse de manera estricta con la conducción actual, estos actores buscan un doble propósito:
Ampararse en la centralidad del líder: Intentan transferir la aprobación popular de la que goza el mandatario hacia sus propias figuras, debilitadas por el pasado.
Reescribir el trayecto político: El alineamiento actual se utiliza como un mecanismo para difuminar las razones institucionales o políticas que motivaron su desplazamiento anterior.
Este comportamiento revela una concepción de la política entendida no como un espacio de construcción colectiva, sino como un tablero de oportunidades individuales.
La primacía de la autorreferencialidad: La vanidad en la función pública
Desde una perspectiva analítica y de alta cultura política, el verdadero motor de estos retornos no siempre es la vocación de servicio o la convergencia ideológica; con frecuencia, es *la dificultad para gestionar el retiro y la preeminencia del ego.
Para ciertos perfiles dirigenciales, la ausencia de las luces del poder y la pérdida de la centralidad institucional generan un vacío difícil de asimilar. La vanidad, en estos casos, nubla la prudencia política que dictaría dar un paso al costado para permitir la renovación de los cuadros técnicos y políticos.
Cuando la necesidad de protagonismo individual se antepone a la coherencia de un proyecto de gobierno, la acción política se degrada. El deseo de figurar sustituye a la voluntad de aportar, transformando la gestión pública en un escenario para la redención personal.”
El riesgo de que las aspiraciones particulares de estos sectores prevalezcan sobre los objetivos generales es alto. La lealtad declamada hacia el gobernador, bajo esta óptica, corre el riesgo de ser meramente instrumental: una herramienta de supervivencia política más que un compromiso genuino con los desafíos de la provincia.
La responsabilidad de la conducción frente a los Egos y Mezquindades
Frente a esta marea de retornos, la calidad institucional de la provincia depende, en gran medida, de los filtros que aplique la conducción superior. Un liderazgo maduro y con visión de Estado sabe distinguir entre la suma de voluntades que enriquecen un proyecto y el mero pragmatismo que busca refugio bajo su sombra.
La conformación de los equipos de gobierno debe responder a criterios de idoneidad, transparencia y renovación, evitando que el espacio público se convierta en un receptáculo de ambiciones personales insatisfechas. Al final del día, el prestigio de una gestión se mide por su capacidad de mirar hacia el futuro, y no por su disposición a reciclar las asignaturas pendientes del pasado.
El tiempo que viene
Misiones no está frente a un “vacío político”, ni experimentando una “caducidad”. La provincia transita una etapa de institucionalidad madura.
Es cierto que la sociedad demanda cercanía, respuestas rápidas y humanidad. Y es exactamente esa lectura la que dio origen a la matriz actual del oficialismo. Encuentro Misionero no necesita “laboratorios de poder” ni “disciplinamientos basados en el miedo” porque se sostiene sobre un cimiento mucho más sólido: un proyecto provincial que entendió que la política debe ser una herramienta de transformación y no un escenario para la vanidad de los dirigentes.
Lo que caducó en Misiones no es un modelo de gestión, sino la vieja forma de hacer política basada en el personalismo y la confrontación. Hoy, el presente y el futuro se conjugan en un espacio donde los egos quedaron afuera, permitiendo que la verdadera protagonista sea, de manera exclusiva, la sociedad misionera.
Opinión
Misiones en la ruta de las valijas de Adorni, el green de las conveniencias
Por Fernando OZ
La credibilidad es un activo que se construye con paciencia, pero se evapora en un instante. El gobierno de Javier Milei, apuntalado sobre la promesa de exterminar los privilegios de la casta política, se esmera en demoler sus propias fronteras morales. El escándalo que envuelve a Manuel Adorni es el más vistoso de los casos que tiene la gestión libertaria en la Justicia; al menos media docena de los más conocidos. El jefe de Gabinete es investigado por dos fiscales federales y uno de ellos sigue una pista que llega hasta Misiones.
Gerardo Pollicita lo tiene en la mira por presunto enriquecimiento ilícito y omisión maliciosa, en principio. En ese caso quedó expuesto tras la demorada presentación de una declaración jurada que exhibe un patrimonio superior al medio millón de dólares, “ahorros en negro” justificados mediante oportunas ganancias en criptomonedas y remodelaciones suntuosas en el country Indio Cuá, abonadas íntegramente en efectivo y sin el respaldo de facturas formales.
Su justificación patrimonial fue calificada como “grave” por la extitular de la UIF, Alicia López, quien advirtió que la maniobra podría configurar el delito de lavado de activos, en coincidencia con otros especialistas. Hablamos de alguien que hasta hace unos diez años buscaba que se lo tuviera en cuenta para escribir columnas o estar de panelista. El relato de la austeridad oficial cruje bajo el peso de los documentos, en este caso declaraciones juradas.
El otro fiscal es Ramiro González; puntualmente investiga si desde la Jefatura de Gabinete se cobraban retornos ilegales a empresarios para habilitarles audiencias con ministros del Poder Ejecutivo: tráfico de influencias, coacción de testigos y lavado. La denuncia penal, presentada por la diputada nacional Marcela Pagano, podría llegar hasta el exclusivo country Agua Vista, en la orilla vecina de Encarnación, donde políticos y empresarios de Misiones hacen negocios mientras juegan al golf.
En los tribunales federales de Comodoro Py, Pagano señaló a Adorni como presunto receptor de retornos ilegales de empresarios y apuntó directo contra el secretario de Comunicación y Prensa de la Nación, Javier Lanari, acusándolo de operar como el encargado de trasladar esos fondos. Según la legisladora, “para reunirte con Adorni tenías que poner plata. Lanari es el que llevaba los bolsos, iba y venía recolectándola… es el bolsero de Adorni”.
En su presentación, la diputada exigió explícitamente que el funcionario rinda cuentas sobre sus constantes movimientos logísticos, disparando: “Tendrá que explicar cómo financia tantos viajes a Misiones”. Con justa razón, el funcionario, que nació en Misiones, podría sostener que simplemente realizó esos viajes para visitar a su familia.
Los hermanos del funcionario señalado de presunto valijero también integran el virtuoso espacio libertario. Mientras Enrique Lanari comanda la dirección regional del Senasa controlando el mapa agropecuario del NEA, el premio mayor quedó para Ignacio Lanari. Con el único antecedente de haber gerenciado la sucursal de la cadena mayorista Makro en Posadas, el hermano menor del secretario de Prensa maneja la estratégica Dirección Administrativa de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), un espacio donde los sueldos jerárquicos pueden alcanzar techos de hasta treinta millones de pesos mensuales, según fuentes de la entidad con oficinas en Puerto Madero.
Días atrás, Ignacio Lanari estuvo presente durante la visita del ministro del Interior, Diego Santilli. Sucede que el funcionario de la EBY es parte de la mesa chica del diputado Carlos Adrián Nuñez, el abogado tributarista que administra la marca de La Libertad Avanza en la provincia.
El punto de encuentro habitual entre Javier Lanari y Nuñez son los partidos de golf en Agua Vista Club de Campo Residencial, el exclusivo enclave de Paraguay que acaba de inaugurar su propio aeropuerto ejecutivo privado para los jets de los sectores más poderosos de la región. Respecto a los circuitos de control tradicionales, a simple vista parecerían algo opacos.
En ese predio, el arrepentido recaudador de impuestos camina el green ostentando un patrimonio que incluiría dos propiedades, según algunos golfistas del club, que deberían figurar en su declaración jurada. El detalle es técnico pero central: hasta diciembre de 2024, el hoy referente libertario trabajaba precisamente en la Fiscalía de Estado de Misiones, el organismo que custodia el secreto patrimonial de la provincia.
Ahí radica la verdadera base del problema. En Misiones, las declaraciones juradas de los funcionarios públicos son secretas. El acceso a la información patrimonial de quienes administran los recursos del Estado permanece bajo un candado institucional que impide el control ciudadano. Hace unos domingos atrás hablaba del tema en estas mismas columnas; en realidad, desde hace años vengo tecleando de manera insistente reclamando la apertura de esos registros en la Fiscalía de Estado, entendiendo que la transparencia real de los actos de gobierno comienza por transparentar los bolsillos de sus protagonistas.
La opacidad que hay en el Cantón es la que permite que las contradicciones políticas se diluyan entre la conveniencia y el silencio. Ese doble estándar local quedó expuesto de forma obscena en el Congreso de la Nación durante el tratamiento de la Ley de Ficha Limpia. Los senadores nacionales por Misiones, Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, consumaron una traición parlamentaria de último minuto. A pesar de haber afirmado públicamente que respaldarían el proyecto para impedir que ciudadanos con condenas penales confirmadas se postularan a cargos electivos, ambos representantes del Frente Renovador de la Concordia –hoy Encuentro Misionero– votaron en contra en el recinto, convirtiéndose en los votos determinantes que hicieron caer la ley.
Este viernes, durante un encuentro abierto que organizó el PRO en el Hotel Julio César, donde se debatía sobre la Ficha Limpia, la impulsora de la ley en el Congreso, Silvia Lospennato, lo recordó así: “No hay ficha limpia en Argentina porque dos senadores del oficialismo de Misiones, sin dar ninguna explicación a los ciudadanos, cambiaron su voto después de decir que apoyarían la ley, y todos nos enteramos por la televisión cuando lo vimos”.
Esa conducta anticipa el alineamiento de cara a la encrucijada institucional que se avecina en el Parlamento, donde la oposición ya activó los mecanismos para someter a Manuel Adorni a una histórica moción de censura. No se trata de un simple enunciado de repudio o de un debate de comisión; la herramienta, contemplada en los artículos 100 y 101 de la Constitución Nacional, es el dispositivo de control más severo que posee el Poder Legislativo.
Mauricio Macri, el expresidente y líder del PRO, dio la orden directa de pedir la renuncia de Adorni y endurecer al máximo la postura, mandando a votar la interpelación del funcionario. A través de un comunicado oficial, el PRO calificó el accionar del jefe de Gabinete como “una falta grave” que erosiona la confianza pública.
El peronismo cordobés liderado por Juan Schiaretti se sumó formalmente al reclamo de Macri, exigiendo la inmediata dimisión y acusándolo de mentirle al Congreso y al pueblo argentino. En la Cámara Baja también buscan lo mismo. Toda la oposición (UCR, Coalición Cívica, Encuentro Federal y la izquierda) convocó formalmente a una sesión especial para buscar los votos y aplicar la moción de censura contra Adorni. La balanza la terminarán de inclinar los gobernadores aliados y el bloque de Unión por la Patria.
A diferencia de un proceso penal ordinario en los despachos de Comodoro Py, la moción de censura no exige la comprobación de un delito, sino el reproche político por la pérdida absoluta de la confianza parlamentaria. Su ejecución penaliza la mentira y la degradación institucional, requiriendo el voto de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cada cámara para remover de inmediato al jefe de Gabinete de su cargo.
Ahí es donde el barro local vuelve a cruzarse con la alta política nacional. Los mismos senadores misioneros que prefirieron blindar la impunidad votando contra la Ficha Limpia serán observados bajo lupa cuando deban presionar el botón en el recinto para decidir la continuidad del funcionario nacional. La aritmética del Congreso no admite simulaciones: cada voto define de qué lado de la transparencia se posiciona cada provincia.
El senador nacional Martín Goerling Lara —jefe del bloque del PRO en el Senado— actuó en consonancia con la directiva de Macri y solicitó formalmente la renuncia de Adorni, exigiendo además que sea convocado de inmediato a rendir cuentas al Congreso. En el plano local, el legislador tradujo esa demanda impulsando la creación de una Oficina Anticorrupción para Misiones y exigiendo que las declaraciones juradas de la totalidad de los funcionarios públicos provinciales dejen de ser un secreto de Estado y pasen a ser de carácter absolutamente público.
Frente a la docilidad y el ocultamiento, la respuesta política exige firmeza. La transparencia no admite grises ni fronteras protectoras: o se abren los cofres de la Fiscalía de Estado para el escrutinio de la sociedad, o se perpetúa el mecanismo que transforma al poder en un club privado de privilegios cruzados.
Opinión
Si lo quieren voltear, asegúrense de que no se vuelva a levantar

Por Ezequiel Bermejo
Una vieja regla no escrita de la política reza que cuando se decida dar por terminado a un adversario, hay que confirmar y reconfirmar que realmente lo esté. Porque si hubiera conservado capacidad de movimiento, influencia, inteligencia estratégica y tiempo para reorganizarse, el golpe dado podría retornar como en un verdadero búmeran.
Algo de eso parece haber ocurrido en Misiones durante los últimos meses. Algunos sectores trabajaron para instalar la idea de que el liderazgo de Carlos Rovira había entrado en una etapa terminal.
Desde el propio oficialismo, algunos lo plantearon abiertamente: una abogada no exitosa, reaparecida convenientemente en escena, afirmó al respecto que “algo caducó” (cuidando con mucho celo que no caduquen los contratos que ella y sus hijos tienen con el Estado provincial).
Otros, funcionarios provinciales y longevos intendentes atornillados a sus respectivos sillones, lo sugerían off the record o apelando a complicadas y zigzagueantes declaraciones.
Desde la oposición, especialmente La Libertad Avanza y también el minúsculo radicalismo (ahora desde la cama de Ramón Amarilla), sostuvieron que Rovira había dejado de interpretar a la sociedad misionera y que su ciclo político estaba agotado.
Al dejarse llevar por ese anhelo que brota desde la impotencia, no se percataron de que se estaban comiendo una curva. En parte, hasta podemos hacer un ejercicio de piados comprensión: Rovira había reducido significativamente su exposición pública, Hugo Passalacqua, a dos años de iniciado su mandato, recordaba al fin pisar el territorio y tratar afianzar su relación con varios intendentes; y La Libertad Avanza, por su parte, intentaba instalar de manera rimbombante temas propios como la eliminación de la Ley de Lemas, la Boleta Única, Ficha Limpia y otras reformas institucionales. La conversación pública parecía haberse desplazado hacia otro lugar. Parecía.
Todos cometieron el mismo error: confundir menor exposición con menor poder. Y lo que ocurrió después merece ser relevado con atención.
Sin responder a las críticas y sin intentar recuperar centralidad mediante declaraciones altisonantes, Rovira hizo algo mucho más efectivo: pateó el tablero. Con el lanzamiento de Encuentro Misionero fue mucho más allá de la presentación de un nuevo espacio político para comenzar a ejecutar una operación estratégica que transformó por completo la discusión pública con una agenda tan nueva como arrolladora:
Reforma electoral.
Boleta Única por agrupación política.
Limitación de sublemas.
Tope a la reelección de intendentes.
Alivio impositivo para una provincia fronteriza.
Conectividad satelital.
Trazabilidad yerbatera.
Monitoreo tecnológico de la selva.
Emisión de bonos para infraestructura, en una nueva etapa de desarrollo.
En apenas unas semanas, realizó un movimiento de pinzas del que todavía sus detractores no alcanzan a recuperarse.
Eclipsó la agenda que La Libertad Avanza intentaba instalar desde principios de año, para disolverla como el ácido: la reforma política dejó de ser patrimonio exclusivo de chicos ricos aporteñados para convertirse en una discusión liderada, ampliada y perfeccionada por el misionerismo.
Por otro lado, obligó a los sectores internos que imaginaron un debilitamiento de su liderazgo a volver a mirarlo como el protagonista principal, haciendo gala de la capacidad más importante que puede tener un dirigente político: definir de qué se habla.
A la política no la domina necesariamente quien más aparece, sino quien logra establecer la agenda. Y mientras buena parte del arco político se frotaba las manos con su presunta pérdida de influencia, Rovira colocó sobre la mesa una batería de propuestas que reordenó el debate político provincial y obligó a todos los actores a posicionarse. O a callar por tibios.
Por supuesto, este partido aún está jugándose y resta conocer el resultado final. Pero hay una conclusión que sí es evidente: subestimar a Carlos Rovira ha sido, históricamente, una de las actividades más infructuosas de la política misionera, al menos hasta hoy.
Quizás porque muchos analizan la política desde la lógica de la exposición mediática, sin entender que el poder no se mide por la cantidad ni la frecuencia de las declaraciones, sino por la capacidad de alterar comportamientos, reordenar actores y cambiar conversaciones.
Por eso la principal enseñanza de estos últimos cuarenta días no tiene que ver con la interna oficialista ni con una oposición diluida o descolocada. Tiene que ver con una vieja lección de supervivencia política en la Tierra Colorada: cuando vayan a pegarle a alguien que lleva más de dos décadas construyendo en política, asegúrense de que no
pueda volver a levantarse.
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