Opinión
Sobre la crisis de la abogacía y la yerba mate en Misiones

Por: Héctor Julio Franco
En la provincia de Misiones, dos sectores fundamentales enfrentan una crisis estructural que pone en jaque su viabilidad económica: los pequeños productores yerbateros y los abogados. Aunque en apariencia pertenecen a mundos diferentes, comparten una problemática común: un mercado saturado y la urgente necesidad de reconversión. Sin embargo, mientras los productores de yerba han dependido tradicionalmente de la intervención del Estado para fijar un precio mínimo de la hoja verde, actualmente el INYM ha desregulado el precio, llevando al sector a una crisis aún mayor. Por otro lado, los abogados deben sobrevivir en un mercado donde, aunque existen honorarios mínimos regulados, la sobreoferta hace que nadie los respete y muchos ni siquiera lleguen a ganar el 50% de la canasta básica, a pesar de haber realizado una gran inversión en tiempo y educación universitaria.
Esto plantea una pregunta fundamental: ¿Por qué el Estado debe garantizar un precio para los yerbateros y no garantiza y regula eficazmente la situación de los abogados?
Dos sectores en crisis
- Los 12.000 pequeños productores yerbateros
La producción yerbatera en Misiones es dominada por miles de pequeños productores que enfrentan un escenario desafiante:
Sobreproducción: el mercado está saturado de materia prima, lo que reduce los precios que reciben los productores.
Desregulación del INYM: la eliminación del precio mínimo de la hoja verde ha dejado a los pequeños productores en una posición de debilidad frente a los grandes molinos.
Falta de reconversión: muchos productores siguen con métodos tradicionales y no diversifican su producción, limitando su rentabilidad.
Ante este panorama, los yerbateros han dependido históricamente de la intervención estatal, pero ahora se ven obligados a buscar alternativas para sostenerse sin ese respaldo.
- Los 5.000 abogados matriculados (y muchos más sin matricularse)
El mundo de la abogacía en Misiones no es muy distinto:
Saturación del mercado: hay más abogados que demanda de servicios legales, lo que provoca una caída en los honorarios. Según el presidente del colegio de abogados de Misiones, juran entre 300 y 400 nuevos abogados anualmente. Existen más de 3500 abogados activos que luchan por sobrevivir. Cinco centros de Estudios universitarios locales, más la posibilidad de estudio online son también el fundamento de tamaña saturación de la que pocos hablan.
Regulación ineficaz: si bien existen honorarios mínimos establecidos, nadie los respeta debido a la sobreoferta, lo que hace que muchos abogados cobren por debajo de los valores recomendados.
Precarización: muchos abogados no logran ganar ni siquiera el equivalente a una canasta básica y deben buscar otras ocupaciones. Un abogado junior si es que consigue trabajo, gana en promedio menos de $ 500.000 mensuales.
Necesidad de reconversión: el avance de la inteligencia artificial y la automatización amenaza con eliminar gran parte de las tareas rutinarias del derecho, dejando sin empleo a miles de abogados que no se adapten a las nuevas tendencias.
¿Por qué el Estado debe protege a los yerbateros y no a los abogados?
Esta pregunta, que obviamente tiene un tinte sarcástico pone en sobre salto que un sector en crisis no es más importante que otro para acaparar las políticas del Estado.
La gran contradicción es que el Estado ha intervenido históricamente para proteger la rentabilidad de los yerbateros, pero deja a los abogados librados a su suerte. Si el argumento del sector yerbatero es que necesitan que artificiosamente se fije un precio por encima de lo que establece el libre mercado, es porque no es eficiente y por eso necesitan regulación, podría decirse lo mismo de la abogacía. Un abogado desde que comienza a percibir honorarios tiene toda la carga tributaria nacional y provincial, gastos fijos ineludibles como lo tendría un productor; pero si hiciéramos una reflexión objetiva deberíamos concluir que existen muchos otros sectores económicos que son invisibilizados y que tienen el mismo derecho a ser tenidos en cuenta.
Preguntas clave:
¿Por qué los yerbateros pueden exigir un precio mínimo mientras que los abogados deben competir libremente?
¿Por qué el Estado debería garantizar la rentabilidad de un sector y no del otro?
¿No debería fomentarse la reconversión en ambos casos en lugar de sostener artificialmente a uno de ellos?
Si se argumenta que la yerba mate es un sector estratégico para Misiones, también podría decirse que una justicia eficiente y accesible también lo es.
La solución: reconversión y adaptación
La verdadera salida para ambos sectores no es una regulación arbitraria, sino un proceso de modernización y diversificación.
Para los yerbateros:
- Incorporar tecnología para mejorar la productividad. (tokenización de su producto)
- Agregar valor con productos derivados en lugar de depender sólo de la venta de hoja verde y/o combinar la producción con otros usos y cultivos.
- Explorar nuevos mercados y canales de comercialización. (mercado de futuros)
- Aprender nuevas habilidades y modelos de negocio para independizarse de los grandes molinos.
Para los abogados:
- Especializarse en nichos donde la IA no pueda reemplazarlos (derecho penal, ambiental, corporativo, tecnología).
- Integrar herramientas digitales en su práctica para ser más eficientes y competitivos.
- Adaptarse a un modelo de negocio más innovador, como asesoría online y suscripciones legales.
- Aprender nuevas habilidades fuera del derecho tradicional, explorando alternativas dentro del ámbito legal y otras profesiones complementarias.
- Dejar de promover la carrera atento que lo único que hace es generar sub desocupados.
Tanto los abogados como los yerbateros enfrentan una crisis de sobreoferta que pone en riesgo su futuro. Sin embargo, mientras que los yerbateros han dependido del Estado para sostener su actividad, la abogacía ha quedado atrapada en un mercado donde la sobreoferta destruye los honorarios mínimos. Esto pone en debate hasta dónde debe llegar la intervención estatal y si la solución no pasa más bien por fomentar la reconversión productiva y de servicios en ambos sectores.
La clave no está en pedirle al Estado que sostenga mercados saturados, sino en que cada sector se adapte a las nuevas realidades. En una economía moderna, sobrevivirán aquellos que innoven y sepan evolucionar. Lo que antaño era una actividad eficiente hoy en o en el futuro puede no serlo si se sigue haciendo de la misma manera y en las mismas condiciones.
En todo caso, la responsabilidad del Estado está en sincerar el diagnóstico y dejar de buscar la solución rápida que solo es un parche, sino explorar de una vez por todas soluciones de fondo y que sirvan para los próximos 50 años. ¿Están el Estado, los yerbateros y los abogados listos para ese desafío?
*Abogado. Jefe de la Agencia Territorial de la Secretaria de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, dependiente del Ministerio de Capital Humano de la Nación.
Opinión
La cultura del encuentro y la Secesión del Monte Sacro

Por Fernando OZ
@F_ortegazabala
Hay momentos en la historia en que la dignidad de quienes producen termina por ser el único escudo frente al abuso de quienes solo administran el poder. Sucedió en la Roma republicana con la Secessio Plebis: cansados de las deudas y del trato injusto del patriciado, los plebeyos no buscaron la guerra, sino que se retiraron al Monte Sacro para fundar su propia soberanía. Hoy, en el Cantón, asistimos a una puesta en escena que guarda ecos de aquella vieja búsqueda de respeto.
El poder central, con su retórica de motosierra y desdén federal, actúa como ese patriciado soberbio que pretende dictar las reglas de una casa que, si bien es parte de la Nación, exige que se reconozca su preexistencia constitucional. Mientras tanto, los emisarios locales de ese centralismo aplauden desde la comodidad de sus cargos recién estrenados, olvidando que la lealtad debe ser, ante todo, con el suelo en el que viven.
El mesurado discurso de apertura de sesiones de Hugo Passalacqua este 1° de mayo me recordó la historia del Monte Sacro, que la encontré semanas atrás, jugando con las enciclopedias, y hace unos días en la Cronología Universal de Jacques Boudet, que llevo como biblia en la mochila. Minutos después del inicio de su mensaje, una fuente bien informada me envió una copia de la exposición al WhatsApp; así pude leerlo con detenimiento. En esencia, fue un manifiesto de soberanía política y económica ante el asedio.
Con la precisión de quien conoce cada picada, cada barrio, y con los galones de haber estado veintitrés años en la gestión del adaptable modelo Renovador, el Gobernador trazó una frontera moral clara: existe una construcción de sociedad solidaria, tolerante y sensible, que preserva la identidad misionera; y existe otra, egoísta y soberbia, que abandona a los más humildes, se ampara en soluciones mágicas de un mercado absoluto y convierte al que piensa distinto en un enemigo. Es la Polis del encuentro frente a la barbarie libertaria del “sálvese quien pueda” que emana hoy desde los despachos porteños.
En medio de este invierno de la motosierra que impulsan los hermanos Milei, Misiones decidió marcar su propia hoja de ruta. El anuncio de la suspensión del pago a cuenta en el “Control Fiscal en Ruta” —la famosa aduana paralela— por 12 meses para el 95% de las pymes es, quizás, el golpe estratégico más contundente de los últimos tiempos. No fue una concesión graciosa, sino un acto de soberanía fiscal para oxigenar a 16.500 pequeños contribuyentes que hoy sienten el rigor de una contracción económica nacional que asfixia.
Lo curioso, o quizás lo predecible, fue la reacción del gerente de la marca Milei en la provincia, el doctor Carlos Adrián Nuñez. El hoy diputado —un abogado tributarista que supo ser un implacable cobrador de impuestos para municipios y para la Fiscalía de Estado— intentó apropiarse de este alivio fiscal tratando de adjudicarlo a las políticas de Javier Milei. Resulta un ejercicio de equilibrismo dialéctico asombroso: adjudicarle a la Nación la suspensión de un tributo provincial que el propio Gobernador definió como una herramienta de defensa ante el vaciamiento federal.
Pero los datos, esos que Passalacqua desgranó con precisión quirúrgica, son tercos. En el mundo de la posverdad nacional, el déficit misionero es una creación del centralismo. Los que vivimos en Misiones aportamos 476.000 millones de pesos por mes en impuestos nacionales y solo retornan 170.000 millones. Van tres pesos y vuelve uno. Esa es la verdadera asimetría.
Ese desequilibrio estructural es el que obliga a la provincia a fortalecer su recaudación propia para garantizar que el hospital tenga insumos, que la familia misionera tenga servicios básicos y que el sistema no colapse tras el retiro abrupto e inconsulto de la Nación de programas vitales como el Incentivo Docente, el subsidio al transporte o el programa Remediar. Mientras el poder central concentra recursos que antes redistribuía en obras, salud y educación, el Cantón debe sostener el funcionamiento con su propio esfuerzo, sin aumentar un solo impuesto.
A todo esto, el doctor Núñez, el técnico que antes perseguía deudores para el Estado, nos quiere vender la “libertad” como un producto de importación porteña. ¿De qué libertad hablamos cuando se le quita el precio laudado al productor yerbatero? El Gobernador fue clarísimo: la desregulación no es libertad, es una asimetría profunda que permite al pez grande devorar al chico.
Mientras Núñez relativiza la angustia del sector llamándola “transitoria” y pide fe en un director del INYM designado a dedo desde Buenos Aires, el productor yerbatero ve cómo su esfuerzo se deprecia frente a una industria que mantiene sus márgenes. Hace un año pedíamos 505 pesos por kilo de hoja verde; hoy, para mantener la dignidad del colono, la realidad exige 700 pesos, pero el ajuste nacional lo está pagando, como siempre, el eslabón más vulnerable de la cadena.
El espíritu del mensaje final de Passalacqua fue una apelación a la cohesión y a la visión de Estado que se ha sostenido en el tiempo, desde la visión estratégica del ingeniero Carlos Rovira hasta la gestión actual. Es una labor ininterrumpida que busca el bien común para la familia misionera por encima de las mezquindades sectarias. No hay lugar para quienes, como los sectores patricios que olvidaban el origen de su riqueza, pretenden imponer la narrativa del país central para atacar la construcción colectiva de su propia tierra.
Ante este intrincado laberinto de asimetrías y recortes, la solución no vendrá de intentar desatar con paciencia los nudos que la burocracia centralista nos impone. El ejemplo lo había puesto el propio Rovira, semanas atrás y a su modo, cuando abrió las puertas a la construcción de un nuevo frente: debemos actuar como Alejandro Magno frente al Nudo Gordiano, con una resolución tajante que rompa la parálisis. Esa espada es la vigencia de una frase fundacional de la Renovación que Passalacqua rescató en su discurso y que permanece invariable desde 2003: “El poder está en la gente”. Es una verdad incontrastable que sirve de puente y transición hacia un nuevo paradigma.
En este escenario, Encuentro Misionero se presenta como la síntesis política necesaria para ejecutar ese corte liberador, transformando la resistencia en una construcción colectiva que no depende del permiso de la capital. Entonces, la “Cultura del Encuentro” no debería ser una abstracción ni un nuevo eslogan, sino una exigencia de una ética que obliga al dirigente a pisar la misma calle que la gente. Y el ciudadano debería dejar de ser un espectador pasivo de su propio ajuste; es el custodio de que el federalismo no sea una palabra muerta. Ante una crisis que el gobernador definió como moral, la rebeldía debería ser la de la solidaridad y la tolerancia, rechazando la agresión soberbia que pretende convertir al vecino en enemigo por mandato foráneo.
Me gusta esa imagen del Monte Sacro. Los plebeyos abandonando la ciudad en masa, negándose a cultivar la tierra o servir en el ejército, agobiados por las deudas, la falta de derechos y la altanería de los patricios. El resultado primero fue la parálisis de Roma y después la creación del Tribuno de la Plebe, una magistratura con derecho a veto para proteger al pueblo de los abusos de poder.
Hoy nos situamos en ese Monte Sacro de la dignidad; nos queda la acción directa de la cohesión ciudadana. La soberanía se ejerce cuidando al que tenemos al lado y recordando que, si la Nación se retira, el Cantón se planta; no por mística, sino por estricta necesidad de no ser borrados del mapa. El poder real reside en esa gente que se reconoce en el otro; tal vez así se logre la unidad de este Encuentro Misionero. La salida está aquí, bajo nuestros pies, defendiendo con hechos la esencia de lo que hemos decidido ser.
Opinión
El malestar de la producción

El sector productivo de la yerba mate, como tantas otras veces, se encuentra una vez más en una nueva crisis. El motivo o la causa sigue siendo la misma de siempre: el valor de la materia prima no llega a cubrir los costos de producción, y la rentabilidad del producto se aleja aún más del bolsillo del trabajador rural, situación que deriva inexorablemente a la vieja disputa entre los diferentes actores de la cadena productiva para intentar sostener un precio justo.
Volvemos a escuchar de nuevo esto de que crisis = oportunidad, casi como un consuelo, pero lejos estamos de la estabilidad de un camino trazado (ausencia de cambios traumáticos), y quedamos inmersos nuevamente en una crisis; la misma la podríamos definir “como la mala gestión acumulada”, que no es otra cosa que la explosión de los problemas postergados o mal solucionados, como la energía en Misiones, por citar otro ejemplo.
El partido que gobierna nuestra provincia hace más de 20 años tiene como regla vivir en crisis o en emergencia, y no han sabido comprender que solo se saldrá de ella con políticas de Estado que vayan más allá de las emergencias. Queda claro que los aspectos políticos son más graves que los económicos, aunque la ciudadanía sienta más en lo inmediato los efectos de los errores económicos que los políticos. La problemática del producto madre es económica, pero fundamentalmente es social, y es por eso que tiene que ser prioritario en cualquier decisión.
Las estadísticas de salida de molino muestran ya hace varios años que las empresas que lideran el mercado yerbatero en ventas se encuentran en la otra barranca del Chimiray; entre las dos ocupan el primer y segundo lugar del podio, dejando a las industrias yerbateras de Misiones muy relegadas de los primeros puestos. La evidencia es muy elocuente: estamos dejando de ser competitivos. Y en ello tienen mucho que ver las ventajas competitivas de quienes producen en Corrientes sin ingresos brutos a la industria, sin “aduanas paralelas” y con un precio más razonable de la energía eléctrica.
Desde el gobierno provincial se proponen precios de referencia, una especie de precios sostén o fijación de precios (INYM), un ensayo sin contenido. El precio de referencia puede ser una realidad en la medida en que el gobierno de Misiones realice un programa de devolución a la industria yerbatera de los saldos a favor que origina la voracidad fiscal por los regímenes de retención de Ingresos Brutos , que son varios miles de millones de pesos que el gobierno cobra por anticipado, para que los mismos tengan como finalidad mejorar el precio de la hoja verde, entre el valor del mercado, que hoy no es suficiente para el productor, y la rentabilidad que debería tener la materia prima.
Opinión
Festina Lente: Misiones entre el búnker propio y el granero vacío

Por Fernando OZ
@F_ortegazabala
La velocidad de Encuentro Misionero es asombrosa. En poco más de una semana, lo que aún prefiero creer que nació como un legítimo y necesario llamado a la conformación de un gran frente misionerista en defensa propia, ya exhibe un pelotón completo de candidatos, un bloque propio en la Cámara de Representantes que acaba de presentar un proyecto de ley, y hasta un búnker de campaña estratégicamente ubicado en una céntrica calle de la bella Posadas, con cartelería flamante y todo el despliegue escénico que la ocasión requiere. Todo esto, por supuesto, acompañado con toda la parafernalia en las redes sociales.
Todo muy propio a los tiempos del aceleracionismo y la posverdad. Sin embargo, la prisa ciega suele ser una mala consejera; nos impide estar presentes en el aquí y el ahora y, sobre todo, nos nubla la vista para apreciar con la debida claridad qué es lo que realmente ocurre ante nuestros ojos.
Lo que siguió a este despliegue fue un acto político en la denominada “Casa del Militante”, llevado a cabo el pasado viernes. Este “nuevo espacio político” que se promociona de “puertas abiertas”, también presentó a sus cuatro “jefes de campaña”: el actual intendente de Posadas, Lalo Stelatto; el diputado nacional Oscar Herrera Ahuad; el vicegobernador Lucas Romero Spinelli; y el presidente de la Cámara de Representantes, Sebastián Macias. Ese orden no es un capricho del arriba firmante ni una cuestión de azar. Los cuatro fueron los principales oradores de la jornada y coincidieron en la calculada deferencia de resaltar, una y otra vez, el apoyo incondicional a la gestión de Hugo Passalacqua, quien curiosamente fue el gran ausente en el lanzamiento de este espacio.
La fotografía capturada a 180 grados durante el evento retrata a unos doscientos —si quieren ser generosos, digamos quinientos— dirigentes y militantes de la Renovación, acompañados por senadores, diputados nacionales y buena parte el elenco estable del poder local. También se dejaron ver algunos políticos de partidos satélites que orbitan como aliados permanentes.
Según el parte oficial difundido por el oficialismo, “la jornada sirvió para coordinar el acompañamiento al gobernador Hugo Passalacqua en el discurso de apertura de sesiones ordinarias de la Cámara de Representantes el próximo 1 de mayo y para delinear las primeras estrategias electorales del espacio oficialista”. Así, sin más preámbulos, se puso en marcha la maquinaria electoral.
Miren, lo digo con total franqueza: a la idea de “defender los intereses de los misioneros por encima de cualquier bandera política”, me sumo sin dudarlo ni un segundo. Díganme dónde hay que firmar. Pero déjenme advertir, desde la experiencia de quien ha visto pasar mucha agua bajo el puente, que las postales del viernes son, en el mejor de los casos, las mismas que vengo observando desde hace un par de campañas electorales; sólo se cambió el decorado de la escena.
Me hubiese gustado ver otra cosa, algo más profundo. Esperaba encontrar académicos, expertos en materias críticas, representantes legítimos de los docentes, estudiantes con verdaderas ganas de involucrarse y embarrarse, empresarios con ideas brillantes y disruptivas, comerciantes, productores, colonos y esa gente común que todavía no se resigna al conformismo.
También me hubiese gustado encontrar a políticos y dirigentes de diferentes vertientes dispuestos a dejar de lado la mezquindad y esa dependencia casi patológica a partidos nacionales que representan intereses que nada tienen que ver con las urgencias de nuestro territorio. Pero ya saben lo que dicen: la brecha que suele haber entre nuestras expectativas y la dura realidad nace siempre de nuestra propia ilusión, no de los eventos externos que nos rodean.
Mientras tanto, en la mesa chica del gobernador Passalacqua el clima no es precisamente de celebración. No cayó nada bien que algunas de estas “candidaturas” se hayan adelantado de forma tan estrepitosa faltando todavía un año entero para tener que ir a las urnas.
Algunos de los integrantes de ese círculo íntimo no creen que este sea el momento más conveniente para tener a funcionarios más preocupados por su propia boleta y su futuro personal que por la gestión diaria del Estado. “Tenemos que entender que no hay política sin una buena gestión, pero bueno, cada uno raciona el tiempo como mejor le parece”, resumió con una punta de amargura un funcionario al que se lo escucha preocupado por la situación social.
Y seguramente hacia esa dirección, la de la gestión pura y dura, se encamine el discurso que dará el mandatario en la Cámara de Representantes este primero de mayo. Se espera mucha demostración de logros administrativos, el anuncio de algunas obras estratégicas necesarias para la provincia, una novedad vinculada a mermas impositivas que, según dicen los que saben, será una verdadera “bomba”, y una postura clara y firme en contra de los atropellos del gobierno de Javier Milei, con la diplomacia que el caso requiere.
“Será como un golpe en la mesa, marcando la cancha”, graficó un actor clave en el engranaje del Gobierno actual. Todo indica que Passalacqua prefiere hablar sobre los rieles de un gobierno en gestión activa y no sobre las arenas movedizas de la política partidaria y electoral.
Hablará más como un mandatario que se encuentra al frente de un Estado sitiado por las políticas nacionales, más preocupado por lo que queda hoy en el granero que por su propia y lejana reelección. Entonces, en un esquema de lógicas conjeturas, podría pensar que ese día, tal vez, las lecturas políticas más interesantes no se encuentren en las palabras del discurso, sino en los gestos, los silencios y las miradas de los principales actores del Cantón que estén presentes.
Pero fijémonos también un poco en qué es lo que sucede en los campamentos opositores, donde las imágenes tampoco resultan ser muy alentadoras que digamos. En el oficialismo se jactan de que en el acto del viernes hubo “militantes del Partido Agrario y Social, radicales, peronistas, independientes y hasta libertarios desencantados”. Probablemente haya sido así; de hecho, me gustaría sinceramente que hubiese sido así por el bien de la pluralidad.
Lo que sí está claro que el presidente del PAyS y ex diputado provincial, Isaac Lenguaza, criticó el adelantamiento del debate preelectoral, tildándolo de “prematuro”. Pero, además, llevó la cuestión al plano netamente ideológico: “cualquier sector de derecha, no solamente La Libertad Avanza, cualquiera de los otros partidos libertarios, en su momento era el PRO, o sea, partidos que extremadamente fueron hacia una política liberal, de derecha, no vamos a comulgar con estas ideas”. Y en ese desorden de palabras terminó diciendo que la “gran falencia” en la política actual es la “escasez de ideología”.
Al acto del viernes tampoco se asomó el flamante presidente del PJ local, Christian Humada, quien tanto tiene que agradecer al oficialismo por su reciente victoria. A su modo, desde la UCR también cascotearon la iniciativa con diversos argumentos, pero sin detenerse a observar la cuestión de fondo. Y el menudo grupo del Pro, capitaneado desde los pasillos del Congreso por el senador Martín Goerling Lara, ni siquiera llegó a eso, están más preocupados por las presentaciones públicas de Mauricio Macri. Lo mismo sucede con otros dirigentes con bancas: todos parecen estar mirándose exclusivamente el propio ombligo.
En otro rincón del tablero tenemos al Doctor Adrián Nuñez, quien avanza con decisión en el arte de la actuación, con toda su fe puesta en la marca Milei. Sus apariciones sabatinas, con corbata al tono de los republicanos yankees, van formando la postal perfecta de la liturgia del poder, seca y sin concesiones. Enmarcado por la simetría, el sujeto se sienta con la rigidez de quien sabe que la lapicera pesa más que la pólvora. Un plano frontal, casi de prontuario, captura una mirada directa, fría, que no busca el consenso sino imponer la directiva que llega desde la Casa Rosada. El escritorio, limpio hasta la sospecha, aloja apenas una libreta que sugiere anotaciones de una guerra silenciosa, mientras el fondo de cortinas pesadas clausura cualquier escape a la realidad exterior.
Pero lo peor de la semana fue la del diputado Walter Ríos, presidente del bloque “Por la vida y los valores” y vicepresidente segundo de la Legislatura. Durante una entrevista exclusiva con el Licenciado Ariel Sayas, tuvo la brutal desfachatez de quejarse en público porque no le dan un “ascensor”, un auto y personal para recibir papeles. Y como si semejante desplante fuese poco, condicionó los tres votos de su bloque para la votación de los pliegos de un ministro de la Corte: “es así, una mano lava a la otra”, dijo sin que se le cayera la cara de vergüenza. Y luego, con un cinismo que asusta, agregó: “dentro de un acuerdo hubo un pedido, hoy mi pedido no llegó nunca. Estamos llegando al primero de mayo y qué pasa. Hacemos un cumpleaños, pero no llega el… (regalo), entonces no podemos trabajar así”. En definitiva, la imagen de un malandra con traje de diputado.
Cuando yo era niño y, con la ansiedad propia de la edad, me apresuraba aparatosamente a realizar alguna tarea que me encomendaban, mi abuelo Renato solía frenarme en seco. Ponía sus manos sobre mis hombros, me miraba a los ojos y me decía: “Festina lente”, que en latín significa algo así como apresúrate despacio o camina lentamente. Se trata de una paradoja que sugiere la necesidad de actuar con rapidez y eficacia cuando la situación lo requiere, pero siempre sin precipitación, sin ansiedad y sin perder los estribos. Muchos años después supe que ese era un lema asociado al emperador Augusto y que, para la escuela de los estoicos, la lentitud no es en absoluto un sinónimo de pereza o desidia, sino de atención plena y de un firme dominio propio.
La creación de un frente amplio en la provincia —llámese como se llame y tenga la forma que tenga—, con el fin de contener la delicada economía regional, frenar las desmesuras constantes del Poder central y acordar políticas de Estado de largo plazo, es hoy una tarea tan necesaria como urgente. Pero para hacerlo bien, hay que bajarse primero de ese aceleracionismo torpe que sólo genera ruido. Porque ir más despacio, especialmente en estos tiempos de caos, es un acto de resistencia y la única herramienta válida para asegurar que cada acción sea realizada con verdadera intención y virtud, y no simplemente por la inercia del cargo o por el miedo al futuro. El Encuentro Misionero puede ser más grande.
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