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Energía y oportunidades en Misiones

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Por: Javier Mela

Los problemas de energía en la provincia de Misiones no son una novedad. Todos los ciudadanos los sentimos en los infinitos y eternos cortes de luz. Pero, aunque todos los sintamos en nuestra vida diaria, hay un grupo de usuarios que lo sufren de forma más brusca; me refiero a los que desde sus fábricas, comercios u oficinas intentan día a día proveer productos, servicios y, sobre todo, oportunidades para muchos que son empleados en sus emprendimientos. Y aquí debemos detenernos para listar algunos de los puntos en los que afecta la falta de un sistema energético vigoroso y confiable.

La ausencia de un sistema robusto llevó a que, en los últimos años, no hayamos tenido en la provincia potencia disponible para la instalación de muchos proyectos nuevos ni para el crecimiento de los que ya, a duras penas, consiguen sobrevivir.

La falta de potencia y de planificación energética de los últimos 25 años llevó a la instalación de grupos de generación llamados DELIVERY, instalados en diferentes puntos de la provincia, que producen energía con la quema de gasoil en motores Diésel. Sí, aunque Canal 12 nos muestre solamente los paneles solares de Posadas. Se quema combustible fósil mientras el gobierno nos vende una supuesta provincia sustentable.

Pero lo más grave no es la hipocresía pseudo-ambiental, sino que esto llevó, entre otras cosas, a que, al mes de julio de 2024, la provincia de Misiones tenga una tarifa superior a casi el 80% del resto del país. Y, hoy en día, continúa con la energía más cara de la región.

La Tarifa se compone de tres partes: Precio de la estabilizado Energía (PEE) + Valor de transporte (VAT) + Valor de distribución (VAD) es decir TARIFA=PEE+VAT+VAD.

La resolución del MEC (Ministerio de Economía) se establece el precio monódico de la energía es de 71998$/MWH y el precio de referencia de la potencia de 4511668 $/MW.

Estos precios están establecidos en Mega Watios hora (energía) y Mega Watios (potencia), para que estos números se asemejen a los de nuestra factura de energía debemos dividirlos por 1000, así tenemos que 1kWh de energía valdría, según el precio que EMSA dice usar de referencia, TARIFA=71,998$/kWh +2,574$/kWh + VAD.

Si tomamos como referencia la tarifa para un usuario residencial de EMSA, por ejemplo, Categoría 1 sin subsidio es de 167$/kWh (para los consumos más bajos en promedio), esto nos deja un resultado que el VAD de EMSA es de 92,428$/kWh, lo que significa que EMSA cobra más por su servicio de cables que las empresas generadoras por producir la energía eléctrica. Si analizamos las categorías de consumos más altos está valor crece más.

No nos olvidemos que venimos experimentando aumentos desde el mes de octubre de 2023, que no se corresponden con los aumentos establecidos por Nación. La figura abajo nos muestra cómo los aumentos provinciales no llevan una relación con los aumentos nacionales y muestran el descontrol y fracaso del modelo energético provincial.

Otro parámetro de comparación son las tarifas de las provincias del NEA que sí respetan la programación trimestral y dónde, la tarifa para la misma categoría 1, es de:

Corrientes 146.927$/kWh

Chaco 109.0214$/kWh

Formosa 128.7505$/kWh

En definitiva, ¿por qué la provincia de Misiones tiene estás tarifas? El principal motivo es la quema de gasoil en centrales altamente ineficientes. La Nación no paga más ese combustible. Mientras se difunde una falsa autonomía energética provincial, desperdiciando dinero público en fuentes de energía que no son confiables ni adecuadas para una provincia con un déficit energético como Misiones.

Otro de los problemas de un sistema eléctrico sin planificar y sin ser tomado en serio, es que la empresa de energía toma decisiones que son totalmente arbitrarias que afectan a todos los usuarios, en especial, a los que intentan producir y crecer con sus proyectos. Aquí nos referimos a que la Ley 24.065, de 1991 establece, en su artículo 21:

… “Será responsabilidad del distribuidor, sin perjuicio de lo expuesto en los párrafos precedentes, la transmisión de toda la demanda de energía eléctrica a través de sus redes y las ampliaciones de instalaciones derivadas de todo incremento de demanda en su zona de concesión, en los términos del contrato de concesión” …

Pero resulta que, en Misiones, como ya es de conocimiento popular para quien intenta implantar un nuevo proyecto, el usuario debe solicitar a EMSA que le entregue los planos (que los cobra) para realizar él mismo (el cliente) la obra que es obligación de EMSA y que, además, EMSA utiliza para vender energía a otros usuarios, inviabilizando. muchas veces, proyectos de inversión muy importantes.

Al mismo tiempo, la empresa de energía de la provincia carece de un reglamento de servicio actualizado y completo, donde muchas situaciones particulares son tratadas a antojo del político de turno que ocupa la presidencia del directorio. Quedando los clientes expuestos a situaciones caprichosas que afectan la calidad del servicio, así como las finanzas de los usuarios.

Son estos algunos de los puntos por los que un Ente Provincial Regulador de la Energía Eléctrica se hace indispensable. Aclaro que esto es una primera instancia, ya que, lo que de verdad necesitamos, es una Agencia Nacional de Energía Eléctrica que estudie, analice y regule el sistema eléctrico garantizando verdadera calidad de energía eléctrica (producto + servicio) y, por sobre todo, garantice la modicidad tarifaria en todo el territorio nacional.

Debemos considerar la continua falta de energía y de cables para distribuir la misma. Y aquí vuelve a resonar una de las más grandes y mejores oportunidades que tiene la provincia para conseguir el autoabastecimiento de energía. Y energía limpia (la más limpia entre todas las fuentes de energía), energía firme, energía confiable y de calidad. Me refiero al proyecto Corpus Christi, que, si es manejado y controlado por la sociedad, puede incluir en su plan la correcta expansión de los sistemas de distribución. Eso y con la determinación política podrá resultar en subsidios legítimos destinados al pueblo misionero como compensación por el impacto producido por la central. Sin energía abundante, barata y confiable jamás habrá progreso económico y seremos siempre una provincia pobre y subdesarrollada.

*Abogado, diputado provincial UCR.

Opinión

Esperando una opción entre el rovirismo y la motosierra

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Por Gustavo González. 

@GonzalezUCR

 

Mientras el rovirismo se desangra en una interna feroz y el gobierno libertario evidencia un estrepitoso fracaso de gestión, la mayoría de los misioneros sigue esperando una alternativa real.

Las encuestas serias reflejan el escenario actual: el oficialismo provincial retiene un núcleo duro del 25% de aceptación. En la otra vereda, y a pesar de que Misiones padece directamente el impacto de las políticas nacionales, La Libertad Avanza conserva otro 25% de acompañamiento.

Más allá de las fluctuaciones lógicas del humor social, los números redondos son claros. Existe un 50% de la población que no se identifica con ninguno de los dos extremos. Es una masa crítica mayoritaria que aguarda una opción diferente en la cual depositar su confianza.

Sin embargo, si esa tercera opción entre el Rovirismo y Milei carece de solidez, el espacio se diluirá y el electorado terminará votando por descarte a cualquiera de los dos oficialismos.

Hoy, tanto el gobierno nacional como el provincial están acorralados por tres factores fatales: la profunda insatisfacción social, la percepción generalizada de corrupción y las internas feroces que corroen la gestión.

Así Como Karina y Santiago se pelean en Nación; Carlos, Hugo, Ramiro, Raúl y otros, se pelean por quien se queda con “la caja” provincial.

La pelea es por la plata y por el poder, pero no por un proyecto que saque a Misiones de la postergación histórica.

Romper con 23 años sin alternancia democrática requiere un requisito indispensable: que la oposición unifique su oferta electoral en un Frente Social y Político amplio.

Solo una coalición amplia, integrada por personas honestas y capaces, acordando un “núcleo de coincidencias básicas” -lucha contra la corrupción, desarrollo productivo, salud, educación, justicia independiente, presión fiscal y similares- podrá poner un freno a la motosierra y, simultáneamente, terminar con el rovirismo. Ese es el camino para darle a Misiones el futuro que merece.

 

 

 

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Opinión

El periodismo siempre fue blanco del poder

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Por Fernando OZ

@F_ortegazabala

 

El poder no inventó nada nuevo, aunque pretenda convencernos de su originalidad a fuerza de gritos en una pantalla. Cuando desde la cúspide del Estado se lanza la consigna de que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”, no estamos ante una anomalía histórica, sino ante la enésima actualización de una vieja receta.

Ustedes me disculparán, no es que haya que normalizar la agresión ni la estupidez, pero quienes se escandalizan por los modales de la época padecen de una preocupante amnesia: la presión existió siempre. En todas las épocas, el intento por silenciar la disidencia o domesticar la mirada se ejecutó bajo las mismas tres herramientas de manual: el convencimiento propio, el dinero de la pauta o la violencia física e institucional. El hostigamiento actual —me refiero al de Javier Milei y toda su pandilla de forajidos— no es un pecado de nacimiento de la era digital; es la continuación de una guerra eterna por el control del relato.

La única diferencia real en nuestro presente es un factor de escala. La tecnología no vino a cambiar la naturaleza del conflicto, sino que multiplicó los mostradores; amplificó el mercado y atomizó las audiencias, haciendo aparecer nuevos canales de comunicación a una velocidad de vértigo.

Ese estallido obligó al oficio a una adaptación violenta, desesperada y veloz al nuevo ecosistema para no quedar sepultado en la irrelevancia. En esa carrera de piques contra el algoritmo, las grandes estructuras de comunicación pagaron el precio de la supervivencia recortando la inteligencia: primero ejecutaron a los veteranos —aquellos que sostenían el rigor y el criterio en la mesa de entradas— para reemplazarlos por mano de obra barata, jóvenes recién graduados, en el mejor de los casos, a los que se les paga una auténtica miseria. Yo estuve entre ellos, el sistema es así, pero desde hace unos años se aceleró.

Al desaparecer los maestros, se rompió la cadena de transmisión de instrucción a la primera línea. El joven precarizado de hoy cobra sueldos humillantes que apenas le permiten pagar el alquiler, carece de un redactor jefe con experiencia que le enseñe a contrastar una fuente o a tirar a la basura una operación de prensa, y vive bajo la amenaza constante de un despido discrecional.

El resultado de ese periodismo de bajo costo está a la vista: la permanencia en el puesto de trabajo ya no depende de la calidad de una investigación, sino del tráfico digital. Se produce contenido basura, sensacionalismo y titulares engañosos (clickbait) para complacer las demandas de un algoritmo ciego y a los patrones del último piso. Así son las nuevas reglas.

Es ahí donde el poder financiero y político encuentra la sumisión perfecta: atrapados en sus propias crisis de caja, muchos medios eligen no ir contra nadie que tenga peso o dinero. Así nace el enemigo más dócil del periodismo honrado: la autocensura.

Pero el tablero no cambió en lo esencial. Despellejado el cotillón tecnológico, el mapa actual se reduce a las mismas dos facciones que se enfrentaban en el Foro Romano o en las imprentas clandestinas. De un lado van a estar siempre quienes busquen tapar algo o guionar la posverdad, al costo que sea, utilizando la billetera o el apriete para anestesiar a una sociedad manipulable. Del otro lado, irreductibles, van a estar los periodistas de raza, esa tropa de infantería que está donde tiene que estar, pateando el asfalto y metiendo las patas en el barro de la realidad.

La cosa ha venido siendo así desde las Acta Diurna Populi Romani, fundadas por Julio César cuando era cónsul, pasando por Gutenberg a mediados del siglo XV, y hasta el último colega muerto en Palestina o donde fuera. La historia no se detiene a llorar por los rincones frente a los exabruptos del gobierno de turno.

El periodismo de raza florece en el fango. Los otros días mencioné dos ejemplos; fue durante una tertulia por Instagram en la que estaban mis amigos el comandante Marcelo Ameri, veterano de la gráfica; Fernando Rumi, director de LVM, y Eduardo Pérez, conductor del programa, de naturaleza crítica y exmovilero de fuste.

El primer caso fue el de Combat, un diario clandestino parido en el invierno de 1941 en el subsuelo más oscuro de la ocupación nazi en Francia y el colaboracionismo de Vichy. En aquel tiempo, imprimir y distribuir esas hojas de trinchera costaba la tortura o el fusilamiento. Las redacciones eran sótanos itinerantes, la maquinaria se movía de noche para eludir a la Gestapo y los encargados de la distribución eran jóvenes resistentes que escondían los ejemplares entre sus ropas. En 1943, Albert Camus se sumó como redactor jefe bajo el seudónimo de “Beauchamp”. Cuando París fue liberada en agosto de 1944, el diario pasó a la legalidad y Camus dejó escrito su Manifiesto de la Dignidad: “Este diario no es otra cosa que la expresión de esa batalla”.

El otro caso fue la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla), creada por Rodolfo Walsh durante la última dictadura cívico-militar. Cuando las empresas periodísticas cerraban sus puertas o se plegaban a la bajada de línea por la censura, “el escritor que se adelantó a la CIA” —como lo llamó Gabriel García Márquez— no se quedó de brazos cruzados llorando por la pauta. Creó canales nuevos.

Camus exigía un periodismo de ideas, una prosa limpia y desprovista de adornos donde cada palabra pesara y el cronista asumiera los riesgos personales de su tiempo. El equipo de Combat impuso la cultura del rigor frente a la urgencia de la rotativa: el apuro por publicar jamás justificaba el error o la calumnia. Walsh aborrecía el periodismo abúlico de “comunicado de prensa”. Demostró que con una máquina de escribir y acceso a boletines oficiales, presupuestos del Estado o cables de agencias se podía desbastar el relato del poder. Exigía un personal que no tuviera miedo, porque sabía que “el documento es más fuerte que las armas”.

El poder teme al cronista de calle porque es como un perro callejero: no tiene dueño, no se lo maneja con un tuit furioso ni con una llamada al celular de madrugada; a ese hay que pararlo en el terreno. Por eso, frente al páramo de la docilidad, surgen como posibilidades ilusionantes aquellos nuevos filántropos, capitales de riesgo o empresarios particulares que unen esfuerzos para financiar un periodismo solvente y de calidad, demostrando que solo el oficio que pide cuentas al poder, en cualquier soporte por inventar, tiene destino.

Quienes pretendan domesticar al periodismo con salarios de subsistencia, discursos de odio o algoritmos de control no entienden que el periodismo de raza pertenece a una estirpe incombustible, hecha de una greda que no se dobla con el primer viento de frente. Su obra es efímera, muere con la rotativa del día, pero renace intacta en el minuto siguiente. Gabo lo dejó sellado con una lucidez definitiva: “Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede ni un instante de paz, mientras no vuelva a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”.

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Opinión

Indio Solari: Memento Mori

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Por: Gustavo Café Azar.

Antropólogo.

 

El Indio nos trajo canciones con la lengua del poeta fértil, con el oído absoluto puesto en el lunfardo liminar y fronterizo (como Celedonio Flores, Discepolín y los hermanos Expósito). Supo traducir en sus letras el universo de palabras y situaciones de la expansión hedónica de la post dictadura. “Un último secuestro, no; el de nuestro estado de ánimo, no.” (Ya nadie va a escuchar tu remera – Gulp – 1985). Supo testimoniar las tantas decadencias de la argentinidad sin perder la lucidez metafórica y la riqueza visual. El espíritu festivo se hizo más oscuro en Luzbelito. “Mi amor, la libertad no es fantástica” (Blues de Libertad – Luzbelito – 1994). Sus últimas canciones ya eran confesionales y de despedida. Canciones de amor y dolores dulces. “Qué tonto fui, la vida se empobrece así.” (La oscuridad – El ruiseñor, el amor y la muerte – 2018)

Con Skay supo darle calle y conurbano al rockabilly y al rock visceral. Hacia finales de Los Redondos y en los inicios de su carrera solista los samplers, la electrónica, se metieron en sus melodías de dramáticas narrativas. En sus últimas canciones lo vimos convertirse en una mezcla de crooner y cantautor reflexivo.

Se lo va a extrañar, lo voy a extrañar.

Memento mori.

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