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El potencial olvidado: cómo los adultos mayores pueden transformar el empleo del futuro

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Por: Héctor Julio Franco

Cada vez que tengo la oportunidad de plasmar una idea en palabras escritas, intento cumplir con dos principios fundamentales: primero, que la idea no sea de implementación urgente, ya que el lenguaje escrito suele divorciarse de las prisas; y segundo, que sea una idea en construcción, capaz de generar más interrogantes que certezas.

Como jefe de la Agencia Territorial de Trabajo y Empleo de la provincia de Misiones, estoy convencido de que el futuro del empleo no se define exclusivamente por avances tecnológicos como la inteligencia artificial o la robótica, sino también por la capacidad de valorar aquello que hace únicos a los seres humanos. En este contexto, los adultos mayores poseen un potencial inmenso que merece ser reivindicado y aprovechado.

En un mundo donde las máquinas suplen la fuerza, la precisión y la automatización, las personas con experiencia acumulan un tipo de “inteligencia laboral” insustituible. Esta inteligencia se basa en habilidades prácticas y humanas como el juicio crítico, la capacidad de resolver problemas, el manejo de crisis, la comunicación interpersonal y el sentido común, atributos que ninguna máquina puede replicar.

El mercado laboral está cambiando: ya no se trata de fuerza, sino de estrategia, experiencia y capacidad para construir conexiones. Sin embargo, los adultos mayores, un grupo históricamente discriminado bajo el prejuicio de la “improductividad”, enfrentan grandes barreras para reintegrarse al mundo laboral. Es imperativo romper con estas concepciones y otorgarles un lugar protagónico en un modelo que no sólo los incluya, sino que los celebre.

La mentoría como un puente entre generaciones

En este marco, propongo un cambio de paradigma inspirado en ejemplos exitosos de otras partes del mundo. Países como España han implementado programas de mentoría donde jubilados experimentados guían y capacitan a las nuevas generaciones en diversas industrias. Esta dinámica, que podríamos llamar “pasantía inversa”, no busca que los adultos mayores se adapten a los jóvenes, sino que sean ellos quienes aporten su sabiduría y enseñanzas acumuladas.

La mentoría permite transferir conocimientos valiosos que no se enseñan en las universidades ni se programan en algoritmos. Los adultos mayores se convierten en referentes para los jóvenes, ayudándolos a comprender mejor las dinámicas laborales, a anticiparse a problemas complejos y a tomar decisiones estratégicas. Este intercambio intergeneracional no solo fortalece el tejido social, sino que también enriquece a ambas partes. En Estados Unidos, varias empresas líderes en tecnología han desarrollado programas de retorno laboral dirigidos a profesionales con experiencia que han estado fuera del mercado laboral durante un período. Estos programas buscan reintegrar a estos individuos, permitiéndoles compartir su conocimiento y mentorizar a empleados más jóvenes. A continuación, se detallan algunos ejemplos destacados:

  • Amazon Web Services (AWS) – Programa Returners

AWS ha implementado el programa “Returners”, una iniciativa diseñada para profesionales que han estado alejados del entorno laboral durante al menos dos años. Este programa ofrece pasantías remuneradas a tiempo completo, brindando a los participantes la oportunidad de actualizar sus habilidades y reintegrarse al mundo laboral. Muchos de estos ex trabajadores quienes tras una pausa en su carrera, se unen a una pasantía de ocho semanas en AWS son nuevamente contratados a tiempo completo.

  • Microsoft – Programa LEAP

Microsoft ofrece el programa “LEAP”, orientado a individuos que buscan reincorporarse al sector tecnológico. Aunque inicialmente se centraba en desarrolladores de software, el programa se ha ampliado para incluir otras disciplinas tecnológicas. LEAP proporciona una combinación de capacitación en el aula y experiencia práctica, facilitando la transición de los participantes de regreso al entorno laboral.

  • PayPal – Programa Recharge

PayPal ha desarrollado el programa “Recharge”, que se enfoca en profesionales de tecnología que han tomado un descanso en sus carreras y desean regresar al sector. Este programa ofrece pasantías remuneradas, capacitación y oportunidades de mentoría, permitiendo a los participantes actualizar sus habilidades y reintegrarse al entorno laboral.

Es obvio que estos ejemplos en el sector tecnológico de EEUU, si bien son pasantías tradicionales, se enfocan en un valor “pre adquirido” de los pasantes; ese valor es su experiencia.

En Colombia existen dos iniciativas de mentoría distintas: Mentors4u Colombia y Mentor Senior.

Mentors4u Colombia es una red de mentores que ayuda a estudiantes universitarios talentosos a desarrollar su potencial y a definir su proyecto de vida. Con más de 7 años de experiencia, han acompañado a más de 1.000 mentees y mentores en su desarrollo profesional, implementando más de 10 programas de mentoría en alianza con universidades, fundaciones y empresas.

Mentor Senior es una plataforma que facilita la conexión entre expertos mayores de 60 años y profesionales jóvenes, así como pequeñas y medianas empresas. Su objetivo es ofrecer asesoría remunerada por hora, actuando como intermediario para fomentar encuentros fructíferos y aprovechar el conocimiento acumulado durante décadas de experiencia.

Mientras que Mentors4u Colombia se enfoca en apoyar a estudiantes universitarios en su desarrollo profesional, Mentor Senior busca aprovechar la experiencia de los adultos mayores para asesorar a profesionales jóvenes y pymes. Ambas iniciativas contribuyen al intercambio intergeneracional de conocimientos en Colombia.

Este tipo de iniciativas no solo benefician a los profesionales que buscan reingresar al mercado laboral, sino que también enriquecen a las empresas al incorporar talento experimentado y diverso. Además, fomentan una cultura de aprendizaje continuo y mentoría, donde la experiencia de los adultos mayores se valora y se comparte con las generaciones más jóvenes.

En Argentina, hemos encontrado algunas iniciativas interesantes pero sólo en el sector privado, como la implementada por la Fundación Navarro Viola, quien en el año 2019 llevaron adelante una experiencia piloto en el que voluntarios mayores del Centro Argentino de Ingenieros acompañaron como mentores a estudiantes de ingeniería becados por la Fundación Williams durante su formación universitaria.

La implementación de iniciativas similares en otros contextos podría contribuir significativamente a la valorización de la “inteligencia laboral”de los adultos mayores, promoviendo un entorno laboral inclusivo y aprovechando el vasto caudal de conocimientos y experiencias que poseen.

Una propuesta para Argentina: La inteligencia laboral como política pública

En Argentina, podríamos implementar desde el sector público, un programa voluntario de mentoría para jubilados como una herramienta para potenciar tanto a las empresas como a las nuevas generaciones. Este programa podría:

  1. Reconocer el valor de la experiencia: Brindar a los adultos mayores un espacio donde su trayectoria sea valorada y aprovechada.
  2. Fomentar el trabajo intergeneracional: Generar un intercambio enriquecedor entre diferentes generaciones que fortalezca los vínculos laborales y sociales.
  3. Ofrecer formación cruzada: Incluir a los jubilados en capacitaciones tecnológicas básicas para facilitar su integración, mientras ellos aportan habilidades humanas esenciales.
  4. Promover el bienestar de los mentores: Brindarles un nuevo propósito, mejorando su calidad de vida al mantenerse activos y conectados.

Está comprobado también que los adultos mayores, especialmente los jubilados, cuando reclaman una jubilación digna o mayor reconocimiento, no solo piden recursos económicos, sino también ser valorados como miembros activos de la sociedad. Esto choca con una cultura que mide casi exclusivamente los beneficios económicos inmediatos, negándoles la oportunidad de “dar”. Tener un espacio donde puedan compartir su experiencia y conocimientos no solo es un acto de justicia, sino una forma de devolverles significado y dignidad.

Actualmente, existe un programa para mejorar la empleabilidad de personas entre 18 y 64 años, que brinda capacitación y entrenamiento laboral. Sin embargo, sería interesante comenzar a diseñar un programa que “empareje” generaciones, conectando a jóvenes desempleados (generalmente sin experiencia) con adultos mayores desempleados (con vasta experiencia en una misma área económica) en una dinámica de mentorías. Este intercambio, promovido por el Estado, permitiría a los jóvenes adquirir habilidades prácticas y aprender de experiencias reales, mientras los adultos mayores encuentran un propósito renovado al contribuir con su sabiduría y habilidades.

Esta iniciativa podría ser estudiada y analizada en el marco de políticas futuras de empleo, evaluando su viabilidad y el impacto positivo que podría generar. Es fundamental un diseño cuidadoso que garantice su efectividad, atendiendo tanto las necesidades de los adultos mayores como las del mercado laboral actual. Las Agencias Territoriales, y los Ministerios de Trabajo de las provincias, como promotoras del empleo, podría ser un actor clave en la construcción de este tipo de programa, identificando sectores estratégicos y articulando alianzas con el sector privado y público para su eventual implementación.

En este momento histórico, donde la tecnología avanza a pasos agigantados, debemos recordar que lo humano sigue siendo insustituible. La experiencia, el sentido común y las habilidades sociales que poseen los adultos mayores son un recurso invaluable que debe ser revalorizado. En tiempos en donde el acceso al conocimiento ya no es un problema, subsiste el problema de cómo utilizarlo, como filtrarlo para aplicarlo a una situación concreta, es lo que se conoce como “discernimiento” entendiéndose como la capacidad humana y solo humana de analizar, evaluar y diferenciar entre varias opciones, situaciones o ideas para tomar una decisión acertada o justa. Implica un proceso de reflexión, comprensión y juicio crítico para identificar lo que es correcto, adecuado o beneficioso en un contexto determinado.

Implementar un modelo de “inteligencia laboral” no solo enriquecerá a las nuevas generaciones, sino que también honrará el aporte de quienes ya dejaron su huella en el mercado laboral. Es tiempo de mirar hacia el futuro sin olvidar que el pasado, y quienes lo vivieron, tienen mucho más por ofrecer.

*Abogado. Jefe de la Agencia Territorial de la Secretaria de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, dependiente del Ministerio de Capital Humano de la Nación.

Opinión

Misiones frente al remolino global: pacto social y realismo periférico

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Por Fernando OZ

@F_ortegazabala

 

Vivimos días signados por una aceleración que marea. Quienes habitamos este territorio, una cuña estratégica adentrada en el corazón del Mercosur, rodeada en un noventa por ciento de su perímetro por fronteras internacionales y flanqueada por la principal vía navegable de la región, nos encontramos ante un cambio de era que se percibe disruptivo, revolucionario y, por momentos, sísmico. La crisis nacional es severa, y frente al teatro de sombras de la inmediatez y las emociones paralizantes que genera la coyuntura, los habitantes de Misiones nos debemos una discusión seria para planificar el futuro, con los números sobre la mesa. Es una obligación ético-cívica que sobrevuela las internas partidarias y la política de cartelería de vanidades. No hay margen para la distracción menor.

Para interpretar este escenario complejo, resulta imperativo rescatar herramientas teóricas basadas en hechos concretos, que funcionen como una guía válida frente al asedio histórico y los vaivenes que impone el puerto de Buenos Aires. En esta misma columna, alguna vez, escribí sobre el Realismo Periférico y su autor, Carlos Andrés Escudé, una eminencia de las relaciones internacionales, intelectual formado en las universidades de Oxford y Yale; tuve el honor de formarme bajo su tutela directa en mis tiempos de estudiante en las aulas universitarias y estudié minuciosamente su obra.

Su formulación del Realismo Periférico no es más que prudencia y sentido común; es, fundamentalmente, disminución de costos innecesarios y control de daños. No representa una fórmula rígida respecto a lo que no hay que hacer, sino un llamado descarnado al pragmatismo. “La única política exterior moral es aquella que reduce costos y riesgos de costos eventuales, maximiza beneficios y, por sobre todo, atrae inversiones y baja las tasas de riesgo país”, escribió Escudé. El profesor solía repetir en sus clases que el Realismo Periférico es compatible con cualquier modelo, ya sea liberal, proteccionista o incluso marxista. Lo que exige es racionalidad factual.

Trasladado a nuestra escala local, Misiones debe asumir este realismo de manera urgente. A fines del siglo pasado, el Cantón se encontraba empobrecido, vulnerable, endeudado, dependiente y poco relevante en el escenario político del país. Sus diputados y senadores eran más proclives a votar lo que pedían las cúpulas de sus partidos tradicionales en Buenos Aires, y el interés del conjunto quedaba relegado a un lejano segundo lugar. Esa vieja política del sometimiento a las estructuras nacionales ha demostrado su obsolescencia. La verdadera autonomía de un territorio periférico es, en esencia, su capacidad de negociación, la cual se consigue a través de una abstención de su consumo, lo que equivale a la eliminación de confrontaciones estériles que no están directamente vinculadas a nuestro interés vital. No podemos discutir ni gastar capacidad de negociación en batallas ajenas. El poder central solo escucha cuando se le confronta con datos empíricos y realidades de mercado que afectan sus propias variables.

¿Cómo se construye esa capacidad de negociación en el siglo XXI? La respuesta está en la densidad conceptual. Estuve leyendo el preámbulo y una declaración de principios del nuevo espacio Encuentro Misionero. Interesante, de base indiscutible. Sin embargo, la ciudadanía necesita un proyecto de provincia a mediano y a largo plazo que traduzca esos enunciados en políticas de Estado verificables. Para que los principios tengan un destino real y no queden reducidos a promesas de coyuntura, resulta imperativo movilizar y organizar de manera lúcida nuestra mayor riqueza: la materia gris.

Ustedes imagínense un centro de estudios ordenador, una usina de ideas independiente de las estructuras partidarias, concebida como un espacio de inteligencia aplicada y rigor empírico. Un espacio con capacidad operativa para que los mejores especialistas, académicos y profesionales independientes de la sociedad puedan contribuir con soluciones basadas desde el pensamiento crítico y la seriedad de propósito.

Esta necesidad se vuelve acuciante cuando calibramos los desafíos globales que se nos vienen encima. A principios de los años 70, el académico Alvin Toffler irrumpió con un libro titulado Future Shock. En sus páginas de apertura, el autor advertía con lucidez: “Este libro versa sobre el cambio y sobre la manera de adaptarnos a él. Trata de los que parecen medrar con el cambio y flotan alegremente en sus olas, así como las multitudes que le resisten o tratan de evadirse de él. Trata de nuestra capacidad de adaptación. Trata del futuro y del shock inherente a su llegada”. Para Toffler, el shock del futuro se podía prevenir, pero señalaba con firmeza que para que eso suceda “será necesaria una drástica acción social e incluso política”, porque “la sociedad, como conjunto, se verá arrastrada por el remolino, a menos que consigamos hacernos del control del impulso acelerador”. Hace más de cincuenta años advertía sobre la necesidad de domesticar la tecnología, y el cambio vertiginoso requiere método, no consignas de barricada.

Misiones se debe preparar para el shock del futuro; por eso, tal como lo afirmó Toffler en su obra, lo que necesitamos es una nueva visión revolucionaria para determinar los objetivos. La provincia cuenta con activos geoestratégicos que no son meros paisajes contemplativos, sino capitales críticos para las próximas décadas. El territorio se encuentra montado sobre el Sistema Acuífero Guaraní, uno de los reservorios de agua subterránea más grandes del planeta —un recurso vital de seguridad global—, y sus montes y bosques custodian más del 52% de la biodiversidad total del país en apenas el 0,6% de la superficie nacional. Nuestra selva y nuestros ríos brindan servicios ecosistémicos indispensables a toda la cuenca continental.

El Realismo Periférico nos exige traducir este valor geográfico y ambiental en un argumento de negociación técnico y científico inapelable. Exigir un esquema fiscal de frontera, regímenes impositivos diferenciales —emulando modelos internacionales exitosos de estados federados o regiones ultraperiféricas— o la compensación por la custodia ecológica no debe plantearse desde la retórica del reclamo andrajoso, sino como una ecuación econométrica cerrada.

Para dar un paso diferencial, el nuevo proyecto, Encuentro Misionero –que surge de la evolución del Frente Renovador tras el aceleracionismo implosivo de la Neo y el Blend–, necesita la creación de una usina de pensamiento ciudadana como brazo técnico indispensable para elaborar esos modelos matemáticos, superar el bombardeo desinformativo y mitigar los sesgos cognitivos de la inmediatez que nublan el raciocinio.

Como un ciudadano más, legítimamente interesado en la cosa pública —en la auténtica res publica—, considero que dotar a la provincia de este sustento conceptual es el paso indispensable para una reforma que apunte a un Estado moderno con políticas de desarrollo a largo plazo.

Para que Encuentro Misionero pueda poner al nuevo gobernador, primero debe generar un nuevo pacto social. Hay una comunidad que exige pasar del análisis estratégico al trabajo táctico sobre el terreno. El futuro no se espera; se planifica con método científico, audacia y la cabeza fría. La mesa está servida, los números esperan y el impulso acelerador de la historia no va a detenerse a esperarnos.

 

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Opinión

Un régimen electoral hecho pelota

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Luis M. Pastori

 

En la Tierra Sin Mal las necesidades políticas demuelen las instituciones, tal el caso del régimen electoral  provincial y su manejo arbitrario y a discreción por parte de las mayorías partidarias del peronismo en  los ’90 y de la Renovación en los últimos 23 años.

Para muestra, bastan estos cinco botones.

I – La “Ley de Lemas” 

Aprobada en 1991, las elecciones municipales para elegir intendente y concejales se rigen en Misiones  por este estrafalario esperpento que permite “bellezas” tales como:

  1. Viola el principio constitucional del “voto directo” (Art. 48 inc. 2 de la C.P.) ya que -recordemos- la ley  de lemas es la consagración del voto indirecto que prohíbe nuestra Constitución ;
  2. Viol el principio de la elección del intendente por “simple pluralidad de sufragios” (Art. 163 C.P), ya  que obtener el mayor número de votos en los comicios no asegura ganar las elecciones, al prevalecer la  sumatoria de los votos de los sublemas;

iii. Permite presentar un número infinito de sublemas por partido o frente, ya que los mismos afiliados  que avalan a un sublema pueden también avalar a cuantos otros se les ocurra, conforme una grotesca  interpretación del Tribunal Electoral. Obviamente, el resultado son mesas forradas con boletas de  candidatos mayormente desconocidos y que generan gran confusión en el elector.

  1. Ahora resulta que en “la previa” a las sesiones ordinarias -lugar desde donde se comunican todas las  cuestiones de antemano decididas por el “conductor”-, nos enteramos que se propiciará una  modificación limitando a cuatro sublemas por partido o frente.

Me hace acordar la expresión de un amigo al que cuando le preguntaba como andaba, respondía “… no  hay peligro de mejorar”.

Este lavado de imagen pretende presentar algo perverso, tramposo e inconstitucional como positivo  mediante una limpieza circunstancial. No cambia en absoluto su esencia sino que edulcora su apariencia.  La Ley de Lemas, aún “mejorada” seguirá siendo malvada, injusta e inconstitucional.

Es decir, “no hay peligro de mejorar

II – La cobertura de bancas: el caso Karen Fiege

Nuestra Constitución establece en su Art. 84 “in fine” que: “Las vacantes no serán cubiertas cuando  faltare menos de un año para el término del período correspondiente, a menos que alcancen a la quinta  parte del total de la Legislatura”.

Sin embargo, la legisladora renovadora Karen Fiege renunció a su banca en fecha 24 de enero de 2025  con mandato vigente hasta el 10 de diciembre, es decir a menos de un año para completarlo.

Pero en sesión del 8/5/25 asumió en su reemplazo para completar el período (menor a un año) la Sra.  Nancy Unfhurer. ¿La Constitución?: bien, gracias.

Cosas de Misiones, La Hermosa” diría el recordado Chiquito Sánchez Ratti (googlear).

III- La representación de las minorías 

A esta altura, nuestra maltratada Constitución también dice en su Art. 48 inc. 5) que: “el sistema electoral  que regirá para la integración de los cuerpos colegiados deberá conceder, bajo pena de nulidad,  representación a la minoría o minorías, que no podrá ser inferior al tercio del total”.

Sin embargo, y en otra interpretación reñida con las matemáticas de nuestro Tribunal Electoral, varios  concejos deliberantes en la Provincia que cuentan con cinco (5) o con (7) miembros, tienen solamente a  un (1) representante por la minoría. Para nuestros jueces un tercio de 5 y un tercio de 7 equivalen a 1.

¿Qué resultado querés que te de?

IV – EL VO.CO.MI (boleta electrónica) 

El llamado “Voto Codificado Misiones” (VO.CO.MI.) consiste en la emisión del sufragio y el escrutinio por  medios electrónicos.

Aprobado por Ley XI N° 6 (Art. 183), fue presentado a los partidos políticos el 17 de junio de 2013,  diciendo que su puesta en funcionamiento en modo experimental iba a ser en 5 mesas de la Escuela  Santa Catalina de la ciudad de Posadas en las elecciones de dicho año, para luego ir gradualmente  extendiendo al resto de las mesas de toda la provincia.

A partir de entonces, este mecanismo ha sido utilizado en todas las elecciones provinciales realizadas,  vale decirlo con éxito y sin inconvenientes ni reclamos. Pero (lástima que siempre hay un pero) siempre  en carácter de prueba circunscripta a algunas pocas mesas o a algún municipio, particularmente en  Candelaria.

¡13 años después de ser presentado!, el VO.CO.MI sigue limitado a unas pocas mesas en algún municipio. Viene medio lerdo el proceso de generalización, ¿no?

V – La “Ficha Limpia” 

Como frutilla del postre, un proyecto del oficialismo propone instalar la “ficha limpia a la misionera”,  utilizando un fin loable para que el poder político termine manejando la decisión de quienes podrán ser  candidatos y quienes no. Una estrategia de fachada noble y letra chica proscriptiva. Un verdadero  “Caballo de Troya” legislativo, utilizado como un arma política decorada con un discurso moral de  “pureza institucional”. Además, este es un proyecto que “viene con dedicatoria”

Trata de acorralar a los legisladores en el sentido que, si votan a favor aprueban las trampas perversas,  pero si votan en contra serán acusados de estar a favor de los corruptos.

Conclusión

En síntesis: en la Tierra Sin mal tenemos un Régimen Electoral “hecho pelota”, emparchado, toqueteado y manoseado, armado a pedir del oficialismo y sus necesidades de cada momento, indigno de más de  un millón de electores misioneros que nos merecemos respeto y consideración.

Cr. Luis Pastori -Diputado Provincial (M.C.) y Diputado Nacional (M.C.)

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Opinión

El derecho a no ser excluido por no usar tecnología

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Opinion alternancia Misiones

Héctor Julio Franco 

Abogado

Durante años creímos que la tecnología sería simplemente una herramienta  destinada a facilitarnos la vida. Y en muchos aspectos así ocurrió. Hoy podemos  comunicarnos instantáneamente, realizar trámites desde nuestros hogares, acceder  a información ilimitada y resolver en minutos cuestiones que antes demandaban días  enteros.

Pero silenciosamente sucedió algo más profundo.

La tecnología dejó de ser solamente una herramienta para convertirse en una  condición casi obligatoria de existencia social.

Actualmente, una persona que no posee smartphone, que no utiliza aplicaciones  móviles, que rechaza sistemas biométricos o que simplemente desea limitar el uso  de ciertas tecnologías, comienza lentamente a quedar excluida de aspectos esenciales  de la vida cotidiana.

Para validar una compra bancaria se exige un código enviado al teléfono. Para  solicitar un préstamo se obliga al reconocimiento facial. Para trabajar se presupone  disponibilidad digital permanente. Para acceder a servicios públicos se requieren  aplicaciones móviles.

Incluso para acreditar la propia identidad muchas veces ya no alcanza con la  presencia física ni con la documentación legal tradicional.

La situación genera una paradoja inquietante: una persona puede existir  jurídicamente, tener dinero, capacidad legal, documentos válidos y presencia física…  y aun así ser tratada por el sistema como operativamente inexistente por no disponer  de determinada tecnología.

Nadie votó esta transformación.

Ninguna sociedad decidió democráticamente que el acceso pleno a derechos básicos  quedaría condicionado al uso obligatorio de dispositivos digitales.

Simplemente ocurrió.

La comodidad tecnológica fue desplazando lentamente todas las alternativas  humanas, presenciales y analógicas, hasta convertirlas en excepciones cada vez más  difíciles de encontrar.

Y aquí aparece una discusión que tarde o temprano deberá darse: ¿puede una  sociedad considerarse verdaderamente libre si obliga indirectamente a sus  ciudadanos a vivir permanentemente conectados para poder participar plenamente  de la vida económica y social?

Porque el problema ya no es solamente tecnológico.

Es profundamente humano.

El celular como obligación social encubierta

Hoy resulta extremadamente difícil: conseguir empleo, operar bancariamente,

estudiar, validar identidad, sostener relaciones laborales, realizar trámites, o incluso  integrarse socialmente, sin poseer un teléfono inteligente conectado de manera  permanente.

El smartphone dejó de ser un simple medio de comunicación.

Se convirtió en: herramienta de geolocalización constante, llave de acceso financiero,

sistema de autenticación biométrica, medio de trazabilidad conductual, registrador  de hábitos, y mecanismo de recopilación masiva de datos personales.

Cada desplazamiento, compra, búsqueda o interacción deja rastros digitales.

Y aunque muchas personas aceptan voluntariamente ese intercambio entre  comodidad y privacidad, el verdadero problema aparece cuando deja de existir una  alternativa real.

Porque la libertad no consiste únicamente en poder usar tecnología. También implica conservar el derecho a limitarla.

Una persona debería poder optar por: utilizar un teléfono básico, evitar sistemas  biométricos, limitar su exposición digital, o incluso prescindir parcialmente del  smartphone, sin sufrir por ello exclusión financiera, laboral, educativa o estatal.

De lo contrario, la tecnología deja de ser una herramienta opcional y comienza a  transformarse en una obligación social encubierta.

Antecedentes normativos y doctrinarios 

Aunque todavía no existe un reconocimiento expreso de un “derecho a no usar  tecnología”, distintos sistemas jurídicos del mundo ya comenzaron a advertir los  riesgos de la hiperconectividad y la dependencia digital.

En Europa surgió el llamado “derecho a la desconexión”, inicialmente vinculado al  ámbito laboral. Francia fue pionera con la Ley Nº 2016-1088, conocida como “Loi  Travail”, que incorporó al Código de Trabajo francés el derecho de los trabajadores  a desconectarse de dispositivos digitales fuera del horario laboral.

Posteriormente España, Italia y otros países europeos avanzaron en regulaciones  similares destinadas a limitar la hiperconectividad y proteger la vida privada de las  personas frente al uso permanente de herramientas digitales.

La propia Unión Europea comenzó además a desarrollar principios vinculados a:

privacidad digital, soberanía tecnológica, límites a decisiones automatizadas, protección frente al tratamiento masivo de datos, y necesidad de preservar derechos  humanos en entornos digitales.

Incluso comenzaron a surgir trabajos académicos que hablan expresamente del:

“derecho a no usar Internet” como derivación moderna de la autonomía personal y  de la libertad individual.

En Argentina también existen antecedentes parciales.

La Ley 27.555 de teletrabajo incorporó el derecho a la desconexión digital,  reconociendo que la hiperconectividad permanente puede afectar derechos  fundamentales de los trabajadores.

Asimismo, la Constitución Nacional y la legislación sobre protección de datos  personales reconocen principios de privacidad, autodeterminación informativa e  intimidad que pueden servir como fundamento constitucional para futuras  discusiones sobre límites a la obligatoriedad tecnológica.

Hacia un nuevo derecho humano contemporáneo 

Quizás el desafío del futuro no consista solamente en garantizar acceso digital.

Quizás también debamos garantizar el derecho humano a conservar espacios de vida  no digitalizados.

Porque la verdadera libertad tecnológica no consiste únicamente en poder  conectarse.

Consiste también en conservar el derecho a no depender absolutamente de la  tecnología para seguir siendo parte de la sociedad.

Tal vez haya llegado el momento de comenzar a discutir un nuevo principio jurídico: el derecho a no ser excluido por el no uso de tecnología.

Un derecho que garantice: alternativas presenciales, atención humana, validaciones  no biométricas, acceso offline a servicios esenciales y la posibilidad real de vivir  parcialmente fuera del ecosistema digital sin perder ciudadanía efectiva.

Porque cuando una tecnología se vuelve indispensable para ejercer derechos básicos,  deja de ser solamente una herramienta. Y comienza a convertirse en una estructura  de poder.

 

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