Opinión
El potencial olvidado: cómo los adultos mayores pueden transformar el empleo del futuro
Cada vez que tengo la oportunidad de plasmar una idea en palabras escritas, intento cumplir con dos principios fundamentales: primero, que la idea no sea de implementación urgente, ya que el lenguaje escrito suele divorciarse de las prisas; y segundo, que sea una idea en construcción, capaz de generar más interrogantes que certezas.
Como jefe de la Agencia Territorial de Trabajo y Empleo de la provincia de Misiones, estoy convencido de que el futuro del empleo no se define exclusivamente por avances tecnológicos como la inteligencia artificial o la robótica, sino también por la capacidad de valorar aquello que hace únicos a los seres humanos. En este contexto, los adultos mayores poseen un potencial inmenso que merece ser reivindicado y aprovechado.
En un mundo donde las máquinas suplen la fuerza, la precisión y la automatización, las personas con experiencia acumulan un tipo de “inteligencia laboral” insustituible. Esta inteligencia se basa en habilidades prácticas y humanas como el juicio crítico, la capacidad de resolver problemas, el manejo de crisis, la comunicación interpersonal y el sentido común, atributos que ninguna máquina puede replicar.
El mercado laboral está cambiando: ya no se trata de fuerza, sino de estrategia, experiencia y capacidad para construir conexiones. Sin embargo, los adultos mayores, un grupo históricamente discriminado bajo el prejuicio de la “improductividad”, enfrentan grandes barreras para reintegrarse al mundo laboral. Es imperativo romper con estas concepciones y otorgarles un lugar protagónico en un modelo que no sólo los incluya, sino que los celebre.
La mentoría como un puente entre generaciones
En este marco, propongo un cambio de paradigma inspirado en ejemplos exitosos de otras partes del mundo. Países como España han implementado programas de mentoría donde jubilados experimentados guían y capacitan a las nuevas generaciones en diversas industrias. Esta dinámica, que podríamos llamar “pasantía inversa”, no busca que los adultos mayores se adapten a los jóvenes, sino que sean ellos quienes aporten su sabiduría y enseñanzas acumuladas.
La mentoría permite transferir conocimientos valiosos que no se enseñan en las universidades ni se programan en algoritmos. Los adultos mayores se convierten en referentes para los jóvenes, ayudándolos a comprender mejor las dinámicas laborales, a anticiparse a problemas complejos y a tomar decisiones estratégicas. Este intercambio intergeneracional no solo fortalece el tejido social, sino que también enriquece a ambas partes. En Estados Unidos, varias empresas líderes en tecnología han desarrollado programas de retorno laboral dirigidos a profesionales con experiencia que han estado fuera del mercado laboral durante un período. Estos programas buscan reintegrar a estos individuos, permitiéndoles compartir su conocimiento y mentorizar a empleados más jóvenes. A continuación, se detallan algunos ejemplos destacados:
- Amazon Web Services (AWS) – Programa Returners
AWS ha implementado el programa “Returners”, una iniciativa diseñada para profesionales que han estado alejados del entorno laboral durante al menos dos años. Este programa ofrece pasantías remuneradas a tiempo completo, brindando a los participantes la oportunidad de actualizar sus habilidades y reintegrarse al mundo laboral. Muchos de estos ex trabajadores quienes tras una pausa en su carrera, se unen a una pasantía de ocho semanas en AWS son nuevamente contratados a tiempo completo.
- Microsoft – Programa LEAP
Microsoft ofrece el programa “LEAP”, orientado a individuos que buscan reincorporarse al sector tecnológico. Aunque inicialmente se centraba en desarrolladores de software, el programa se ha ampliado para incluir otras disciplinas tecnológicas. LEAP proporciona una combinación de capacitación en el aula y experiencia práctica, facilitando la transición de los participantes de regreso al entorno laboral.
- PayPal – Programa Recharge
PayPal ha desarrollado el programa “Recharge”, que se enfoca en profesionales de tecnología que han tomado un descanso en sus carreras y desean regresar al sector. Este programa ofrece pasantías remuneradas, capacitación y oportunidades de mentoría, permitiendo a los participantes actualizar sus habilidades y reintegrarse al entorno laboral.
Es obvio que estos ejemplos en el sector tecnológico de EEUU, si bien son pasantías tradicionales, se enfocan en un valor “pre adquirido” de los pasantes; ese valor es su experiencia.
En Colombia existen dos iniciativas de mentoría distintas: Mentors4u Colombia y Mentor Senior.
Mentors4u Colombia es una red de mentores que ayuda a estudiantes universitarios talentosos a desarrollar su potencial y a definir su proyecto de vida. Con más de 7 años de experiencia, han acompañado a más de 1.000 mentees y mentores en su desarrollo profesional, implementando más de 10 programas de mentoría en alianza con universidades, fundaciones y empresas.
Mentor Senior es una plataforma que facilita la conexión entre expertos mayores de 60 años y profesionales jóvenes, así como pequeñas y medianas empresas. Su objetivo es ofrecer asesoría remunerada por hora, actuando como intermediario para fomentar encuentros fructíferos y aprovechar el conocimiento acumulado durante décadas de experiencia.
Mientras que Mentors4u Colombia se enfoca en apoyar a estudiantes universitarios en su desarrollo profesional, Mentor Senior busca aprovechar la experiencia de los adultos mayores para asesorar a profesionales jóvenes y pymes. Ambas iniciativas contribuyen al intercambio intergeneracional de conocimientos en Colombia.
Este tipo de iniciativas no solo benefician a los profesionales que buscan reingresar al mercado laboral, sino que también enriquecen a las empresas al incorporar talento experimentado y diverso. Además, fomentan una cultura de aprendizaje continuo y mentoría, donde la experiencia de los adultos mayores se valora y se comparte con las generaciones más jóvenes.
En Argentina, hemos encontrado algunas iniciativas interesantes pero sólo en el sector privado, como la implementada por la Fundación Navarro Viola, quien en el año 2019 llevaron adelante una experiencia piloto en el que voluntarios mayores del Centro Argentino de Ingenieros acompañaron como mentores a estudiantes de ingeniería becados por la Fundación Williams durante su formación universitaria.
La implementación de iniciativas similares en otros contextos podría contribuir significativamente a la valorización de la “inteligencia laboral”de los adultos mayores, promoviendo un entorno laboral inclusivo y aprovechando el vasto caudal de conocimientos y experiencias que poseen.
Una propuesta para Argentina: La inteligencia laboral como política pública
En Argentina, podríamos implementar desde el sector público, un programa voluntario de mentoría para jubilados como una herramienta para potenciar tanto a las empresas como a las nuevas generaciones. Este programa podría:
- Reconocer el valor de la experiencia: Brindar a los adultos mayores un espacio donde su trayectoria sea valorada y aprovechada.
- Fomentar el trabajo intergeneracional: Generar un intercambio enriquecedor entre diferentes generaciones que fortalezca los vínculos laborales y sociales.
- Ofrecer formación cruzada: Incluir a los jubilados en capacitaciones tecnológicas básicas para facilitar su integración, mientras ellos aportan habilidades humanas esenciales.
- Promover el bienestar de los mentores: Brindarles un nuevo propósito, mejorando su calidad de vida al mantenerse activos y conectados.
Está comprobado también que los adultos mayores, especialmente los jubilados, cuando reclaman una jubilación digna o mayor reconocimiento, no solo piden recursos económicos, sino también ser valorados como miembros activos de la sociedad. Esto choca con una cultura que mide casi exclusivamente los beneficios económicos inmediatos, negándoles la oportunidad de “dar”. Tener un espacio donde puedan compartir su experiencia y conocimientos no solo es un acto de justicia, sino una forma de devolverles significado y dignidad.
Actualmente, existe un programa para mejorar la empleabilidad de personas entre 18 y 64 años, que brinda capacitación y entrenamiento laboral. Sin embargo, sería interesante comenzar a diseñar un programa que “empareje” generaciones, conectando a jóvenes desempleados (generalmente sin experiencia) con adultos mayores desempleados (con vasta experiencia en una misma área económica) en una dinámica de mentorías. Este intercambio, promovido por el Estado, permitiría a los jóvenes adquirir habilidades prácticas y aprender de experiencias reales, mientras los adultos mayores encuentran un propósito renovado al contribuir con su sabiduría y habilidades.
Esta iniciativa podría ser estudiada y analizada en el marco de políticas futuras de empleo, evaluando su viabilidad y el impacto positivo que podría generar. Es fundamental un diseño cuidadoso que garantice su efectividad, atendiendo tanto las necesidades de los adultos mayores como las del mercado laboral actual. Las Agencias Territoriales, y los Ministerios de Trabajo de las provincias, como promotoras del empleo, podría ser un actor clave en la construcción de este tipo de programa, identificando sectores estratégicos y articulando alianzas con el sector privado y público para su eventual implementación.
En este momento histórico, donde la tecnología avanza a pasos agigantados, debemos recordar que lo humano sigue siendo insustituible. La experiencia, el sentido común y las habilidades sociales que poseen los adultos mayores son un recurso invaluable que debe ser revalorizado. En tiempos en donde el acceso al conocimiento ya no es un problema, subsiste el problema de cómo utilizarlo, como filtrarlo para aplicarlo a una situación concreta, es lo que se conoce como “discernimiento” entendiéndose como la capacidad humana y solo humana de analizar, evaluar y diferenciar entre varias opciones, situaciones o ideas para tomar una decisión acertada o justa. Implica un proceso de reflexión, comprensión y juicio crítico para identificar lo que es correcto, adecuado o beneficioso en un contexto determinado.
Implementar un modelo de “inteligencia laboral” no solo enriquecerá a las nuevas generaciones, sino que también honrará el aporte de quienes ya dejaron su huella en el mercado laboral. Es tiempo de mirar hacia el futuro sin olvidar que el pasado, y quienes lo vivieron, tienen mucho más por ofrecer.
*Abogado. Jefe de la Agencia Territorial de la Secretaria de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, dependiente del Ministerio de Capital Humano de la Nación.
Opinión
Esperando una opción entre el rovirismo y la motosierra
Por Gustavo González.
@GonzalezUCR
Mientras el rovirismo se desangra en una interna feroz y el gobierno libertario evidencia un estrepitoso fracaso de gestión, la mayoría de los misioneros sigue esperando una alternativa real.
Las encuestas serias reflejan el escenario actual: el oficialismo provincial retiene un núcleo duro del 25% de aceptación. En la otra vereda, y a pesar de que Misiones padece directamente el impacto de las políticas nacionales, La Libertad Avanza conserva otro 25% de acompañamiento.
Más allá de las fluctuaciones lógicas del humor social, los números redondos son claros. Existe un 50% de la población que no se identifica con ninguno de los dos extremos. Es una masa crítica mayoritaria que aguarda una opción diferente en la cual depositar su confianza.
Sin embargo, si esa tercera opción entre el Rovirismo y Milei carece de solidez, el espacio se diluirá y el electorado terminará votando por descarte a cualquiera de los dos oficialismos.
Hoy, tanto el gobierno nacional como el provincial están acorralados por tres factores fatales: la profunda insatisfacción social, la percepción generalizada de corrupción y las internas feroces que corroen la gestión.
Así Como Karina y Santiago se pelean en Nación; Carlos, Hugo, Ramiro, Raúl y otros, se pelean por quien se queda con “la caja” provincial.
La pelea es por la plata y por el poder, pero no por un proyecto que saque a Misiones de la postergación histórica.
Romper con 23 años sin alternancia democrática requiere un requisito indispensable: que la oposición unifique su oferta electoral en un Frente Social y Político amplio.
Solo una coalición amplia, integrada por personas honestas y capaces, acordando un “núcleo de coincidencias básicas” -lucha contra la corrupción, desarrollo productivo, salud, educación, justicia independiente, presión fiscal y similares- podrá poner un freno a la motosierra y, simultáneamente, terminar con el rovirismo. Ese es el camino para darle a Misiones el futuro que merece.
Opinión
El periodismo siempre fue blanco del poder

Por Fernando OZ
@F_ortegazabala
El poder no inventó nada nuevo, aunque pretenda convencernos de su originalidad a fuerza de gritos en una pantalla. Cuando desde la cúspide del Estado se lanza la consigna de que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”, no estamos ante una anomalía histórica, sino ante la enésima actualización de una vieja receta.
Ustedes me disculparán, no es que haya que normalizar la agresión ni la estupidez, pero quienes se escandalizan por los modales de la época padecen de una preocupante amnesia: la presión existió siempre. En todas las épocas, el intento por silenciar la disidencia o domesticar la mirada se ejecutó bajo las mismas tres herramientas de manual: el convencimiento propio, el dinero de la pauta o la violencia física e institucional. El hostigamiento actual —me refiero al de Javier Milei y toda su pandilla de forajidos— no es un pecado de nacimiento de la era digital; es la continuación de una guerra eterna por el control del relato.
La única diferencia real en nuestro presente es un factor de escala. La tecnología no vino a cambiar la naturaleza del conflicto, sino que multiplicó los mostradores; amplificó el mercado y atomizó las audiencias, haciendo aparecer nuevos canales de comunicación a una velocidad de vértigo.
Ese estallido obligó al oficio a una adaptación violenta, desesperada y veloz al nuevo ecosistema para no quedar sepultado en la irrelevancia. En esa carrera de piques contra el algoritmo, las grandes estructuras de comunicación pagaron el precio de la supervivencia recortando la inteligencia: primero ejecutaron a los veteranos —aquellos que sostenían el rigor y el criterio en la mesa de entradas— para reemplazarlos por mano de obra barata, jóvenes recién graduados, en el mejor de los casos, a los que se les paga una auténtica miseria. Yo estuve entre ellos, el sistema es así, pero desde hace unos años se aceleró.
Al desaparecer los maestros, se rompió la cadena de transmisión de instrucción a la primera línea. El joven precarizado de hoy cobra sueldos humillantes que apenas le permiten pagar el alquiler, carece de un redactor jefe con experiencia que le enseñe a contrastar una fuente o a tirar a la basura una operación de prensa, y vive bajo la amenaza constante de un despido discrecional.
El resultado de ese periodismo de bajo costo está a la vista: la permanencia en el puesto de trabajo ya no depende de la calidad de una investigación, sino del tráfico digital. Se produce contenido basura, sensacionalismo y titulares engañosos (clickbait) para complacer las demandas de un algoritmo ciego y a los patrones del último piso. Así son las nuevas reglas.
Es ahí donde el poder financiero y político encuentra la sumisión perfecta: atrapados en sus propias crisis de caja, muchos medios eligen no ir contra nadie que tenga peso o dinero. Así nace el enemigo más dócil del periodismo honrado: la autocensura.
Pero el tablero no cambió en lo esencial. Despellejado el cotillón tecnológico, el mapa actual se reduce a las mismas dos facciones que se enfrentaban en el Foro Romano o en las imprentas clandestinas. De un lado van a estar siempre quienes busquen tapar algo o guionar la posverdad, al costo que sea, utilizando la billetera o el apriete para anestesiar a una sociedad manipulable. Del otro lado, irreductibles, van a estar los periodistas de raza, esa tropa de infantería que está donde tiene que estar, pateando el asfalto y metiendo las patas en el barro de la realidad.
La cosa ha venido siendo así desde las Acta Diurna Populi Romani, fundadas por Julio César cuando era cónsul, pasando por Gutenberg a mediados del siglo XV, y hasta el último colega muerto en Palestina o donde fuera. La historia no se detiene a llorar por los rincones frente a los exabruptos del gobierno de turno.
El periodismo de raza florece en el fango. Los otros días mencioné dos ejemplos; fue durante una tertulia por Instagram en la que estaban mis amigos el comandante Marcelo Ameri, veterano de la gráfica; Fernando Rumi, director de LVM, y Eduardo Pérez, conductor del programa, de naturaleza crítica y exmovilero de fuste.
El primer caso fue el de Combat, un diario clandestino parido en el invierno de 1941 en el subsuelo más oscuro de la ocupación nazi en Francia y el colaboracionismo de Vichy. En aquel tiempo, imprimir y distribuir esas hojas de trinchera costaba la tortura o el fusilamiento. Las redacciones eran sótanos itinerantes, la maquinaria se movía de noche para eludir a la Gestapo y los encargados de la distribución eran jóvenes resistentes que escondían los ejemplares entre sus ropas. En 1943, Albert Camus se sumó como redactor jefe bajo el seudónimo de “Beauchamp”. Cuando París fue liberada en agosto de 1944, el diario pasó a la legalidad y Camus dejó escrito su Manifiesto de la Dignidad: “Este diario no es otra cosa que la expresión de esa batalla”.
El otro caso fue la Agencia de Noticias Clandestina (Ancla), creada por Rodolfo Walsh durante la última dictadura cívico-militar. Cuando las empresas periodísticas cerraban sus puertas o se plegaban a la bajada de línea por la censura, “el escritor que se adelantó a la CIA” —como lo llamó Gabriel García Márquez— no se quedó de brazos cruzados llorando por la pauta. Creó canales nuevos.
Camus exigía un periodismo de ideas, una prosa limpia y desprovista de adornos donde cada palabra pesara y el cronista asumiera los riesgos personales de su tiempo. El equipo de Combat impuso la cultura del rigor frente a la urgencia de la rotativa: el apuro por publicar jamás justificaba el error o la calumnia. Walsh aborrecía el periodismo abúlico de “comunicado de prensa”. Demostró que con una máquina de escribir y acceso a boletines oficiales, presupuestos del Estado o cables de agencias se podía desbastar el relato del poder. Exigía un personal que no tuviera miedo, porque sabía que “el documento es más fuerte que las armas”.
El poder teme al cronista de calle porque es como un perro callejero: no tiene dueño, no se lo maneja con un tuit furioso ni con una llamada al celular de madrugada; a ese hay que pararlo en el terreno. Por eso, frente al páramo de la docilidad, surgen como posibilidades ilusionantes aquellos nuevos filántropos, capitales de riesgo o empresarios particulares que unen esfuerzos para financiar un periodismo solvente y de calidad, demostrando que solo el oficio que pide cuentas al poder, en cualquier soporte por inventar, tiene destino.
Quienes pretendan domesticar al periodismo con salarios de subsistencia, discursos de odio o algoritmos de control no entienden que el periodismo de raza pertenece a una estirpe incombustible, hecha de una greda que no se dobla con el primer viento de frente. Su obra es efímera, muere con la rotativa del día, pero renace intacta en el minuto siguiente. Gabo lo dejó sellado con una lucidez definitiva: “Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede ni un instante de paz, mientras no vuelva a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”.
Opinión
Indio Solari: Memento Mori

Por: Gustavo Café Azar.
Antropólogo.
El Indio nos trajo canciones con la lengua del poeta fértil, con el oído absoluto puesto en el lunfardo liminar y fronterizo (como Celedonio Flores, Discepolín y los hermanos Expósito). Supo traducir en sus letras el universo de palabras y situaciones de la expansión hedónica de la post dictadura. “Un último secuestro, no; el de nuestro estado de ánimo, no.” (Ya nadie va a escuchar tu remera – Gulp – 1985). Supo testimoniar las tantas decadencias de la argentinidad sin perder la lucidez metafórica y la riqueza visual. El espíritu festivo se hizo más oscuro en Luzbelito. “Mi amor, la libertad no es fantástica” (Blues de Libertad – Luzbelito – 1994). Sus últimas canciones ya eran confesionales y de despedida. Canciones de amor y dolores dulces. “Qué tonto fui, la vida se empobrece así.” (La oscuridad – El ruiseñor, el amor y la muerte – 2018)
Con Skay supo darle calle y conurbano al rockabilly y al rock visceral. Hacia finales de Los Redondos y en los inicios de su carrera solista los samplers, la electrónica, se metieron en sus melodías de dramáticas narrativas. En sus últimas canciones lo vimos convertirse en una mezcla de crooner y cantautor reflexivo.
Se lo va a extrañar, lo voy a extrañar.
Memento mori.
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