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El potencial olvidado: cómo los adultos mayores pueden transformar el empleo del futuro

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Por: Héctor Julio Franco

Cada vez que tengo la oportunidad de plasmar una idea en palabras escritas, intento cumplir con dos principios fundamentales: primero, que la idea no sea de implementación urgente, ya que el lenguaje escrito suele divorciarse de las prisas; y segundo, que sea una idea en construcción, capaz de generar más interrogantes que certezas.

Como jefe de la Agencia Territorial de Trabajo y Empleo de la provincia de Misiones, estoy convencido de que el futuro del empleo no se define exclusivamente por avances tecnológicos como la inteligencia artificial o la robótica, sino también por la capacidad de valorar aquello que hace únicos a los seres humanos. En este contexto, los adultos mayores poseen un potencial inmenso que merece ser reivindicado y aprovechado.

En un mundo donde las máquinas suplen la fuerza, la precisión y la automatización, las personas con experiencia acumulan un tipo de “inteligencia laboral” insustituible. Esta inteligencia se basa en habilidades prácticas y humanas como el juicio crítico, la capacidad de resolver problemas, el manejo de crisis, la comunicación interpersonal y el sentido común, atributos que ninguna máquina puede replicar.

El mercado laboral está cambiando: ya no se trata de fuerza, sino de estrategia, experiencia y capacidad para construir conexiones. Sin embargo, los adultos mayores, un grupo históricamente discriminado bajo el prejuicio de la “improductividad”, enfrentan grandes barreras para reintegrarse al mundo laboral. Es imperativo romper con estas concepciones y otorgarles un lugar protagónico en un modelo que no sólo los incluya, sino que los celebre.

La mentoría como un puente entre generaciones

En este marco, propongo un cambio de paradigma inspirado en ejemplos exitosos de otras partes del mundo. Países como España han implementado programas de mentoría donde jubilados experimentados guían y capacitan a las nuevas generaciones en diversas industrias. Esta dinámica, que podríamos llamar “pasantía inversa”, no busca que los adultos mayores se adapten a los jóvenes, sino que sean ellos quienes aporten su sabiduría y enseñanzas acumuladas.

La mentoría permite transferir conocimientos valiosos que no se enseñan en las universidades ni se programan en algoritmos. Los adultos mayores se convierten en referentes para los jóvenes, ayudándolos a comprender mejor las dinámicas laborales, a anticiparse a problemas complejos y a tomar decisiones estratégicas. Este intercambio intergeneracional no solo fortalece el tejido social, sino que también enriquece a ambas partes. En Estados Unidos, varias empresas líderes en tecnología han desarrollado programas de retorno laboral dirigidos a profesionales con experiencia que han estado fuera del mercado laboral durante un período. Estos programas buscan reintegrar a estos individuos, permitiéndoles compartir su conocimiento y mentorizar a empleados más jóvenes. A continuación, se detallan algunos ejemplos destacados:

  • Amazon Web Services (AWS) – Programa Returners

AWS ha implementado el programa “Returners”, una iniciativa diseñada para profesionales que han estado alejados del entorno laboral durante al menos dos años. Este programa ofrece pasantías remuneradas a tiempo completo, brindando a los participantes la oportunidad de actualizar sus habilidades y reintegrarse al mundo laboral. Muchos de estos ex trabajadores quienes tras una pausa en su carrera, se unen a una pasantía de ocho semanas en AWS son nuevamente contratados a tiempo completo.

  • Microsoft – Programa LEAP

Microsoft ofrece el programa “LEAP”, orientado a individuos que buscan reincorporarse al sector tecnológico. Aunque inicialmente se centraba en desarrolladores de software, el programa se ha ampliado para incluir otras disciplinas tecnológicas. LEAP proporciona una combinación de capacitación en el aula y experiencia práctica, facilitando la transición de los participantes de regreso al entorno laboral.

  • PayPal – Programa Recharge

PayPal ha desarrollado el programa “Recharge”, que se enfoca en profesionales de tecnología que han tomado un descanso en sus carreras y desean regresar al sector. Este programa ofrece pasantías remuneradas, capacitación y oportunidades de mentoría, permitiendo a los participantes actualizar sus habilidades y reintegrarse al entorno laboral.

Es obvio que estos ejemplos en el sector tecnológico de EEUU, si bien son pasantías tradicionales, se enfocan en un valor “pre adquirido” de los pasantes; ese valor es su experiencia.

En Colombia existen dos iniciativas de mentoría distintas: Mentors4u Colombia y Mentor Senior.

Mentors4u Colombia es una red de mentores que ayuda a estudiantes universitarios talentosos a desarrollar su potencial y a definir su proyecto de vida. Con más de 7 años de experiencia, han acompañado a más de 1.000 mentees y mentores en su desarrollo profesional, implementando más de 10 programas de mentoría en alianza con universidades, fundaciones y empresas.

Mentor Senior es una plataforma que facilita la conexión entre expertos mayores de 60 años y profesionales jóvenes, así como pequeñas y medianas empresas. Su objetivo es ofrecer asesoría remunerada por hora, actuando como intermediario para fomentar encuentros fructíferos y aprovechar el conocimiento acumulado durante décadas de experiencia.

Mientras que Mentors4u Colombia se enfoca en apoyar a estudiantes universitarios en su desarrollo profesional, Mentor Senior busca aprovechar la experiencia de los adultos mayores para asesorar a profesionales jóvenes y pymes. Ambas iniciativas contribuyen al intercambio intergeneracional de conocimientos en Colombia.

Este tipo de iniciativas no solo benefician a los profesionales que buscan reingresar al mercado laboral, sino que también enriquecen a las empresas al incorporar talento experimentado y diverso. Además, fomentan una cultura de aprendizaje continuo y mentoría, donde la experiencia de los adultos mayores se valora y se comparte con las generaciones más jóvenes.

En Argentina, hemos encontrado algunas iniciativas interesantes pero sólo en el sector privado, como la implementada por la Fundación Navarro Viola, quien en el año 2019 llevaron adelante una experiencia piloto en el que voluntarios mayores del Centro Argentino de Ingenieros acompañaron como mentores a estudiantes de ingeniería becados por la Fundación Williams durante su formación universitaria.

La implementación de iniciativas similares en otros contextos podría contribuir significativamente a la valorización de la “inteligencia laboral”de los adultos mayores, promoviendo un entorno laboral inclusivo y aprovechando el vasto caudal de conocimientos y experiencias que poseen.

Una propuesta para Argentina: La inteligencia laboral como política pública

En Argentina, podríamos implementar desde el sector público, un programa voluntario de mentoría para jubilados como una herramienta para potenciar tanto a las empresas como a las nuevas generaciones. Este programa podría:

  1. Reconocer el valor de la experiencia: Brindar a los adultos mayores un espacio donde su trayectoria sea valorada y aprovechada.
  2. Fomentar el trabajo intergeneracional: Generar un intercambio enriquecedor entre diferentes generaciones que fortalezca los vínculos laborales y sociales.
  3. Ofrecer formación cruzada: Incluir a los jubilados en capacitaciones tecnológicas básicas para facilitar su integración, mientras ellos aportan habilidades humanas esenciales.
  4. Promover el bienestar de los mentores: Brindarles un nuevo propósito, mejorando su calidad de vida al mantenerse activos y conectados.

Está comprobado también que los adultos mayores, especialmente los jubilados, cuando reclaman una jubilación digna o mayor reconocimiento, no solo piden recursos económicos, sino también ser valorados como miembros activos de la sociedad. Esto choca con una cultura que mide casi exclusivamente los beneficios económicos inmediatos, negándoles la oportunidad de “dar”. Tener un espacio donde puedan compartir su experiencia y conocimientos no solo es un acto de justicia, sino una forma de devolverles significado y dignidad.

Actualmente, existe un programa para mejorar la empleabilidad de personas entre 18 y 64 años, que brinda capacitación y entrenamiento laboral. Sin embargo, sería interesante comenzar a diseñar un programa que “empareje” generaciones, conectando a jóvenes desempleados (generalmente sin experiencia) con adultos mayores desempleados (con vasta experiencia en una misma área económica) en una dinámica de mentorías. Este intercambio, promovido por el Estado, permitiría a los jóvenes adquirir habilidades prácticas y aprender de experiencias reales, mientras los adultos mayores encuentran un propósito renovado al contribuir con su sabiduría y habilidades.

Esta iniciativa podría ser estudiada y analizada en el marco de políticas futuras de empleo, evaluando su viabilidad y el impacto positivo que podría generar. Es fundamental un diseño cuidadoso que garantice su efectividad, atendiendo tanto las necesidades de los adultos mayores como las del mercado laboral actual. Las Agencias Territoriales, y los Ministerios de Trabajo de las provincias, como promotoras del empleo, podría ser un actor clave en la construcción de este tipo de programa, identificando sectores estratégicos y articulando alianzas con el sector privado y público para su eventual implementación.

En este momento histórico, donde la tecnología avanza a pasos agigantados, debemos recordar que lo humano sigue siendo insustituible. La experiencia, el sentido común y las habilidades sociales que poseen los adultos mayores son un recurso invaluable que debe ser revalorizado. En tiempos en donde el acceso al conocimiento ya no es un problema, subsiste el problema de cómo utilizarlo, como filtrarlo para aplicarlo a una situación concreta, es lo que se conoce como “discernimiento” entendiéndose como la capacidad humana y solo humana de analizar, evaluar y diferenciar entre varias opciones, situaciones o ideas para tomar una decisión acertada o justa. Implica un proceso de reflexión, comprensión y juicio crítico para identificar lo que es correcto, adecuado o beneficioso en un contexto determinado.

Implementar un modelo de “inteligencia laboral” no solo enriquecerá a las nuevas generaciones, sino que también honrará el aporte de quienes ya dejaron su huella en el mercado laboral. Es tiempo de mirar hacia el futuro sin olvidar que el pasado, y quienes lo vivieron, tienen mucho más por ofrecer.

*Abogado. Jefe de la Agencia Territorial de la Secretaria de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, dependiente del Ministerio de Capital Humano de la Nación.

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El Nudo de Corpus y el Mandato del Agua

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Por Fernando OZ

@F_ortegazabala

 

Qué quieren que les diga, cada vez que alguien me habla de crecimiento exponencial, proyectos de prefactibilidad y planes para minimizar el impacto ambiental, pienso que la devastación está cerca. No es que esté en contra del progreso, tal vez sea un acto reflejo de la memoria histórica. Esa sensación me dio cuando leí en estos días en LVM un artículo titulado: A 30 años del NO a Corpus, vuelven a plantear el debate por la represa.

La veía venir, así son las cosas. El artículo en cuestión da cuenta de un evento que se realizó en el Hotel Julio César, donde bajo el ropaje de la “actualización tecnológica”, pretenden convencernos de que ha caducado aquel mandato de 1996 en el que el pueblo misionero, con un 88% de contundencia, le dijo que no a la represa de Corpus. Organizado por la Cámara Argentina de la Construcción, la presentación de un representante de la Comisión Mixta del Río Paraná (COMIP) volvió a poner sobre la mesa un tema que muchos considerábamos laudado por la historia.

El escenario enseña que la firmeza no está en la arrogancia del que construye, sino en la resistencia de lo que permanece. Séneca nos advertía que ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige. Misiones ya dijo perfectamente cuál es su puerto desde hace tres décadas. Sin embargo, los lobistas del proyecto –entre empresas constructoras y representantes de los cárteles creados en torno a la histórica corrupción que envuelve a las binacionales– parecen decididos a soplar en dirección contraria, desempolvando variantes como la de Pindo-í, como si un cambio de ubicación borrara la huella moral de un plebiscito fundacional.

Miren, tuve que leer el artículo dos veces porque parecía un chiste. En resumidas cuentas, la estrategia de los lobistas del proyecto es conocida: se visten de pragmatismo. Hablan de “menor impacto ambiental”, de un embalse “más angosto” que el de Yacyretá y de la necesidad de energía en un mercado que ha cambiado radicalmente. Palabras más o menos, así lo dijo José Antonio López, delegado argentino de la COMIP.

También sostuvo, con una frialdad técnica que asusta, que tienen “estudiados hasta los tornillos”, pero admite con asombrosa ligereza que no saben qué quieren los misioneros. No es un chiste, lean el artículo y no tengo por qué dudar de la colega que lo escribió.

Ahí reside el corazón del conflicto. La técnica puede calcular la resistencia de una turbina, pero es incapaz de medir la dignidad de un pueblo que ya decidió que su ecosistema no es una variable de ajuste para los agujeros energéticos de un país centralista que siempre nos pide el sacrificio y rara vez nos devuelve la gratitud. El río Paraná no es una línea en un mapa, ni un flujo de metros cúbicos esperando ser cuantificado por un grupo de ingenieros desde una oficina climatizada. Para quienes nacieron respirando el aire de sus orillas, el río es una biografía viva, un testigo que guarda la memoria de renuncias y conquistas.

El argumento de que el río “ya no está suelto” porque está entre dos represas –Itaipú y Yacyretá– es de un cinismo absoluto. Es como decirle a un hombre sitiado que, como ya tiene muros a los costados, un muro más no le hará daño. Misiones ya entregó su cuota de tierra y de selva para que el resto del país encendiera sus luces.

El costo social y ambiental de las represas existentes no es una “percepción” subjetiva; es una cicatriz abierta en nuestra geografía. Intentar relativizar el impacto de Corpus diciendo que “no será tan terrible” es subestimar la inteligencia de quienes padecieron el desarraigo y la modificación de su ecosistema cotidiano.

Ahora quiero detenerme un poquito en la COMIP. ¿Qué es? No es más que un artefacto de la diplomacia de escritorio, un organismo binacional regido por una estructura de espejos: dos delegaciones donde solo los delegados titulares tienen la potestad del voto. ¿Qué hacen? Básicamente se ocupan del estudio y evaluación del aprovechamiento de los recursos del río Paraná en el tramo limítrofe. ¿Cómo se financian? Con aportes directos de los Estados para gastos de funcionamiento, mantenimiento y la realización de los estudios técnicos.

Ya saben, el dulce también sale del engranaje de las consultorías. Las recurrentes firmas son las que proveen el sustento técnico que luego los delegados presentan como “estudios de tornillos”. La Comisión y sus bienes están exentos de todo impuesto nacional, provincial o municipal en ambos países, lo que facilita la administración de los recursos destinados a los estudios técnicos. En definitiva: fondos públicos que, paradójicamente, alimentan la ingeniería del asedio.

Aquí no se discuten vatios ni voltajes; se discute el respeto a la palabra empeñada. Que esa frase fundacional que el gobernador Hugo Passalacqua rescató recientemente, “el poder está en la gente”, no sea un eslogan de campaña para usar en los discursos de mayo y archivar en junio. Que sea un principio activo que deba aplicarse con rigor, especialmente cuando los intereses de las binacionales empiezan a merodear nuestras costas.

Hay un punto clave al que no hay que perder de vista: la COMIP tiene el mandato de “estudiar”, pero no puede avanzar en obras sin la ratificación de los gobiernos y, en el caso de Misiones, sin respetar las leyes locales de consulta popular. Ahora habrá que ver cómo camina el Gobierno provincial. Ya me hago una idea.

Si los lobistas del hormigón, la COMIP, o como quieran llamarse, buscan saber qué piensan los habitantes de Misiones, solo tienen que leer las actas de 1996. El mandato es inmodificable mientras la gente no diga lo contrario, y forzar una nueva consulta bajo la presión de una crisis energética nacional es, por lo menos, un quiebre de lo pactado y una falta de ética frente al compromiso ambiental.

Que la “Cultura del Encuentro” que se pregona sea real y que exija, ante todo, honestidad. No se puede hablar de participación ciudadana mientras los contratos ya se están redactando en las sombras de los organismos binacionales. El progreso no se mide en la cantidad de cemento volcado sobre el cauce de un río, sino en la capacidad de una sociedad de decidir su propio destino.

Misiones aprendió que la mayor parte de su capacidad se encuentra en preservar su patrimonio natural. Hoy, parte del tajo certero que debemos dar es sobre nuestro propio Nudo Gordiano —ese laberinto misionero—: es la defensa del plebiscito frente a la emboscada que pretende reactivar Corpus.

Me encanta caminar por nuestra maravillosa costanera y verla crecer, pero me resisto a creer que los “tornillos” de López tengan más peso que la memoria de mis vecinos y la salud de nuestro ecosistema. El medioambiente no es un concepto abstracto para los libros; es el aire que respiramos y el agua que nos da vida e identidad. Misiones ya habló. El Paraná, en su tramo misionero, es un monumento a esa decisión. Aquellos que hoy buscan reabrir la discusión deberían preguntarse si están preparados para enfrentar de nuevo esa marea humana que ya una vez les recordó que la naturaleza no es una mercancía.

Pero no nos confundamos: el poder real no reside en los despachos técnicos ni en las proyecciones de la COMIP. Reside en la gente que se reconoce en su propia tierra y que sabe que su río es el hilo que une su pasado con su futuro. Defender Corpus hoy es, fundamentalmente, una misión en defensa del medioambiente. Porque al final del día, lo que está en juego no es sólo una obra de ingeniería, sino la integridad del suelo que pisamos y el legado biológico que dejaremos a los que vendrán.

 

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Ficha Limpia “a la misionera”

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Luis M. Pastori

@luispastori

 

En sesión del 07/05/2025 fracasó en el Senado la aprobación de una ley de “ficha limpia” por obra y gracia del voto de los dos senadores misioneros quienes con su voto negativo, y sin emitir palabra alguna durante las casi siete horas que duró la sesión, lograron que el proyecto se frustrara.

Se necesitaban 37 votos por ser una ley de contenido electoral, pero el resultado fue de 36 votos a favor y 35 en contra. Es decir, faltó un solo voto. La crónica periodística del día siguiente decía que: “Para el fracaso de la iniciativa fue clave la vuelta de campana de los senadores del Frente Renovador de Misiones, Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, que hasta ayer sostenían que iban a apoyar la  iniciativa pero que, de manera sorpresiva, terminaron votándola en contra.” (La Nación, 8/5/25).

Algunos malpensados dicen que fue un acuerdo secreto entre el presidente Milei y el gobierno renovador de Misiones. Habladurías, diría Carlos Pagni.

El Poder Ejecutivo Nacional volvió sin embargo a presentar con fecha 22 de abril pasado un nuevo  proyecto integral de reforma electoral donde se vuelve a incluir la inegibilidad por la comisión de delitos dolosos.

En Misiones, sorpresivamente aparece un proyecto del oficialismo anticipado por el Diputado Rovira, que impulsa la “ficha limpia” en el ámbito de las candidaturas provinciales y municipales.

Es obvio que nadie puede estar en contra de que cualquier candidato cumpla con condiciones de idoneidad, integridad y conducta ética para ocupar cargos públicos. Lo reclamamos desde siempre.

Sin embargo, existen significativas -y peligrosas- diferencias que están señalando una sobreactuación como si quisieran enmendar lo sucedido hace casi un año atrás.

Se trata, sin embargo, de una redacción que excede largamente los objetivos pretendidos, torna la norma en un ejercicio abusivo contra el derecho de defensa y dota a la autoridad de aplicación -el  Tribunal Electoral- carácter de súper juez que podrá dejar afuera en forma discrecional a candidatos  sin reconocer el derecho a defensa y el debido proceso.

Veamos:

1. En el proyecto nacional se establece que en el caso de condena por delitos dolosos, la  inhabilitación se aplica únicamente en los casos en que hubiera sido confirmada en segunda  instancia. En tanto que en el proyecto provincial bastaría con una condena en primera instancia, lo cual la torna sumamente riesgosa desconociendo el derecho de apelación con que cuenta todo ciudadano que no esté de acuerdo con la decisión de juez de primera  instancia.

2. A esta causal contemplada en el orden nacional, el proyecto ingresado a la Cámara de Representantes agrega las siguientes:

a. Las personas inscriptas como deudores alimentarios morosos;

b. Las personas que mantienen deudas exigibles con el fisco provincial o municipal. Para este supuesto habría que agregar que las deudas además de exigibles deben estar firmes, es decir que ya no sean susceptibles de reclamo alguno por parte del contribuyente. De lo contrario, se estaría violando el principio constitucional de defensa en juicio, máxime considerando la voracidad fiscal del fisco provincial y de los municipios.

c. Quienes en una causa tengan un requerimiento de elevación a juicio o sufran una prisión preventiva originados en la comisión de ciberdelitos. Aquí se establece la inegibilidad cuando aún no hay siquiera fallo en primera instancia.

d. Las personas que posean 3 o más infracciones graves de tránsito -en el ámbito  municipal o provincial- acreditadas en los últimos 2 años previos a la oficialización de listas. Este punto contiene varios y peligrosos inconvenientes, a saber:

i. ¿Qué se entiende por infracciones graves? ¿Queda su interpretación a criterio del Tribunal Electoral?

ii. ¿Rige aun cuando el infractor hubiere abonado las multas correspondientes? Obsérvese que habla de poseer 3 o más infracciones y no de mantener una deuda por las mismas. Es decir, pagar la multa no extingue el poseer las  infracciones.

iii. Lo más grave: iguala el concepto de infracción al de delito. La primera es una  falta por incumplimiento de normas administrativas o reglamentos municipales generalmente penados con una multa, mientras que el delito está  tipificado en el Código Penal por vulneración de valores fundamentales de la sociedad y está penado con la privación de la libertad.

A la enorme carga administrativa que presupone para la autoridad de aplicación poder comprobar – con el certificado pertinente que tendrá que aportar cada candidato-, si está o no en condiciones de serlo, se agrega además la presentación de un certificado de aptitud toxicológica emitido por un  organismo público de salud, obtenido mediante el análisis de orina, saliva, folículo piloso y sangre.

Es fácil poder imaginar que, cuando el pretendido candidato pueda completar toda la documentación exigida, probablemente las elecciones ya habrán transcurrido.

Pero además en Misiones, con la nefasta Ley de Lemas, solamente en el ámbito municipal en las  elecciones de 2023 hubieron cerca de 10.000 (diez mil, sí) candidatos a intendentes y concejales. ¿Cómo harán para poder obtener todo el fárrago documental que exige el proyecto? Un disparate.

Como si faltara algo, el proyecto amenaza con sancionar a los partidos políticos que presenten candidatos incursos en alguna de las causales establecidas, hasta con la pérdida de la personería política.

El derecho de defensa queda aquí herido de muerte, ya que ante cualquier impugnación del Tribunal, y dada la estrechez de los plazos electorales que siguen corriendo, cuando el trámite finalmente se  resuelva ya habrán vencido todos los plazos y el candidato habrá quedado sin la posibilidad de  competir.

¿Qué ocurrió entre el 7 de mayo de 2025 y un año después? En mi opinión, ¿deseos de enmendar o  un paso más hacia la consagración del autoritarismo en Misiones?

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La cultura del encuentro y la Secesión del Monte Sacro

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Por Fernando OZ

@F_ortegazabala

Hay momentos en la historia en que la dignidad de quienes producen termina por ser el único escudo frente al abuso de quienes solo administran el poder. Sucedió en la Roma republicana con la Secessio Plebis: cansados de las deudas y del trato injusto del patriciado, los plebeyos no buscaron la guerra, sino que se retiraron al Monte Sacro para fundar su propia soberanía. Hoy, en el Cantón, asistimos a una puesta en escena que guarda ecos de aquella vieja búsqueda de respeto.

El poder central, con su retórica de motosierra y desdén federal, actúa como ese patriciado soberbio que pretende dictar las reglas de una casa que, si bien es parte de la Nación, exige que se reconozca su preexistencia constitucional. Mientras tanto, los emisarios locales de ese centralismo aplauden desde la comodidad de sus cargos recién estrenados, olvidando que la lealtad debe ser, ante todo, con el suelo en el que viven.

El mesurado discurso de apertura de sesiones de Hugo Passalacqua este 1° de mayo me recordó la historia del Monte Sacro, que la encontré semanas atrás, jugando con las enciclopedias, y hace unos días en la Cronología Universal de Jacques Boudet, que llevo como biblia en la mochila. Minutos después del inicio de su mensaje, una fuente bien informada me envió una copia de la exposición al WhatsApp; así pude leerlo con detenimiento. En esencia, fue un manifiesto de soberanía política y económica ante el asedio.

Con la precisión de quien conoce cada picada, cada barrio, y con los galones de haber estado veintitrés años en la gestión del adaptable modelo Renovador, el Gobernador trazó una frontera moral clara: existe una construcción de sociedad solidaria, tolerante y sensible, que preserva la identidad misionera; y existe otra, egoísta y soberbia, que abandona a los más humildes, se ampara en soluciones mágicas de un mercado absoluto y convierte al que piensa distinto en un enemigo. Es la Polis del encuentro frente a la barbarie libertaria del “sálvese quien pueda” que emana hoy desde los despachos porteños.

En medio de este invierno de la motosierra que impulsan los hermanos Milei, Misiones decidió marcar su propia hoja de ruta. El anuncio de la suspensión del pago a cuenta en el “Control Fiscal en Ruta” —la famosa aduana paralela— por 12 meses para el 95% de las pymes es, quizás, el golpe estratégico más contundente de los últimos tiempos. No fue una concesión graciosa, sino un acto de soberanía fiscal para oxigenar a 16.500 pequeños contribuyentes que hoy sienten el rigor de una contracción económica nacional que asfixia.

Lo curioso, o quizás lo predecible, fue la reacción del gerente de la marca Milei en la provincia, el doctor Carlos Adrián Nuñez. El hoy diputado —un abogado tributarista que supo ser un implacable cobrador de impuestos para municipios y para la Fiscalía de Estado— intentó apropiarse de este alivio fiscal tratando de adjudicarlo a las políticas de Javier Milei. Resulta un ejercicio de equilibrismo dialéctico asombroso: adjudicarle a la Nación la suspensión de un tributo provincial que el propio Gobernador definió como una herramienta de defensa ante el vaciamiento federal.

Pero los datos, esos que Passalacqua desgranó con precisión quirúrgica, son tercos. En el mundo de la posverdad nacional, el déficit misionero es una creación del centralismo. Los que vivimos en Misiones aportamos 476.000 millones de pesos por mes en impuestos nacionales y solo retornan 170.000 millones. Van tres pesos y vuelve uno. Esa es la verdadera asimetría.

Ese desequilibrio estructural es el que obliga a la provincia a fortalecer su recaudación propia para garantizar que el hospital tenga insumos, que la familia misionera tenga servicios básicos y que el sistema no colapse tras el retiro abrupto e inconsulto de la Nación de programas vitales como el Incentivo Docente, el subsidio al transporte o el programa Remediar. Mientras el poder central concentra recursos que antes redistribuía en obras, salud y educación, el Cantón debe sostener el funcionamiento con su propio esfuerzo, sin aumentar un solo impuesto.

A todo esto, el doctor Núñez, el técnico que antes perseguía deudores para el Estado, nos quiere vender la “libertad” como un producto de importación porteña. ¿De qué libertad hablamos cuando se le quita el precio laudado al productor yerbatero? El Gobernador fue clarísimo: la desregulación no es libertad, es una asimetría profunda que permite al pez grande devorar al chico.

Mientras Núñez relativiza la angustia del sector llamándola “transitoria” y pide fe en un director del INYM designado a dedo desde Buenos Aires, el productor yerbatero ve cómo su esfuerzo se deprecia frente a una industria que mantiene sus márgenes. Hace un año pedíamos 505 pesos por kilo de hoja verde; hoy, para mantener la dignidad del colono, la realidad exige 700 pesos, pero el ajuste nacional lo está pagando, como siempre, el eslabón más vulnerable de la cadena.

El espíritu del mensaje final de Passalacqua fue una apelación a la cohesión y a la visión de Estado que se ha sostenido en el tiempo, desde la visión estratégica del ingeniero Carlos Rovira hasta la gestión actual. Es una labor ininterrumpida que busca el bien común para la familia misionera por encima de las mezquindades sectarias. No hay lugar para quienes, como los sectores patricios que olvidaban el origen de su riqueza, pretenden imponer la narrativa del país central para atacar la construcción colectiva de su propia tierra.

Ante este intrincado laberinto de asimetrías y recortes, la solución no vendrá de intentar desatar con paciencia los nudos que la burocracia centralista nos impone. El ejemplo lo había puesto el propio Rovira, semanas atrás y a su modo, cuando abrió las puertas a la construcción de un nuevo frente: debemos actuar como Alejandro Magno frente al Nudo Gordiano, con una resolución tajante que rompa la parálisis. Esa espada es la vigencia de una frase fundacional de la Renovación que Passalacqua rescató en su discurso y que permanece invariable desde 2003: “El poder está en la gente”. Es una verdad incontrastable que sirve de puente y transición hacia un nuevo paradigma.

En este escenario, Encuentro Misionero se presenta como la síntesis política necesaria para ejecutar ese corte liberador, transformando la resistencia en una construcción colectiva que no depende del permiso de la capital. Entonces, la “Cultura del Encuentro” no debería ser una abstracción ni un nuevo eslogan, sino una exigencia de una ética que obliga al dirigente a pisar la misma calle que la gente. Y el ciudadano debería dejar de ser un espectador pasivo de su propio ajuste; es el custodio de que el federalismo no sea una palabra muerta. Ante una crisis que el gobernador definió como moral, la rebeldía debería ser la de la solidaridad y la tolerancia, rechazando la agresión soberbia que pretende convertir al vecino en enemigo por mandato foráneo.

Me gusta esa imagen del Monte Sacro. Los plebeyos abandonando la ciudad en masa, negándose a cultivar la tierra o servir en el ejército, agobiados por las deudas, la falta de derechos y la altanería de los patricios. El resultado primero fue la parálisis de Roma y después la creación del Tribuno de la Plebe, una magistratura con derecho a veto para proteger al pueblo de los abusos de poder.

Hoy nos situamos en ese Monte Sacro de la dignidad; nos queda la acción directa de la cohesión ciudadana. La soberanía se ejerce cuidando al que tenemos al lado y recordando que, si la Nación se retira, el Cantón se planta; no por mística, sino por estricta necesidad de no ser borrados del mapa. El poder real reside en esa gente que se reconoce en el otro; tal vez así se logre la unidad de este Encuentro Misionero. La salida está aquí, bajo nuestros pies, defendiendo con hechos la esencia de lo que hemos decidido ser.

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