Opinión
El agente del caos y el quincho de Hugo
Por Fernando Oz
Hay que admitir que el ex policía y actual diputado provincial Ramón Amarilla sabe jugar muy bien a las escondidas. No esperó que terminara el primer mes del año para convocar a los empleados públicos a la Plaza 9 de Julio; su plan era presentar un reclamo de tipo salarial para toda la administración pública provincial y pedir soluciones casi mágicas a cuestiones en las que el Gobierno provincial no tiene nada que ver. Una vez más, en el oficialismo nadie lo vio venir. En menos de veinticuatro horas, el agente del caos agitó el denso clima social: emulando ser Robin Hood, rodeado por sus Merry Men, entró a la Rosadita con una proclama en mano.
Silencioso, escurridizo y con modales de buen samaritano, Amarilla apareció cuando los demás estaban en el quincho. Nadie lo esperaba. El martes, durante la siesta, el diputado envió desde su WhatsApp una “Convocatoria” a gremialistas, amigos, camaradas y a los medios de comunicación para que divulgaran su regreso. El mensaje salió con música de fondo: el Himno Nacional.
La convocatoria era para el día siguiente y estaba dirigida a “retirados, familiares de la Policía y del Servicio Penitenciario, docentes, salud, municipales”. Más adelante, se lee: “instamos a las autoridades del Gobierno provincial (que) atiendan a todos los sectores, gremios y sindicatos representantes de los docentes, salud, empleados públicos y municipales, poder judicial, yerbateros, tabacaleros, comerciantes”, y termina diciendo que la “situación económica es insostenible y afecta a todos los misioneros”. También quiso que su firma quedara debidamente estampada como tal: “Fdo. Ramón Oscar Amarilla, diputado provincial”.
El miércoles, a las diez de la mañana, en la Plaza 9 de Julio, una treintena de personas se congregó alrededor del ex suboficial de la policía; la mayoría ex uniformados, el resto eran periodistas haciendo la faena del día. Hubo fotos, entrevistas, posteos en redes. Después entregó un escrito en Mesa de Entrada de Casa de Gobierno y, a su regreso, más fotos, unas palabras de ocasión, y se mandó a mudar con su pelotón.
En su mesa chica restaron importancia al número de personas que asistieron a la convocatoria. Consideran que cumplieron con los “objetivos tácticos” y hablan de la “acción psicológica”. Amarilla cree que puede liderar el malestar social debido a la “insostenible situación económica”. Tantea el terreno, mide al oficialismo con cultivada paciencia. “Nosotros sabemos muy bien que de un día para otro no se hace una convocatoria, sabemos cómo se hace”, dice un hombre de esa mesa que prefiere no salir en fotos.
Ahora, Amarilla, el agente del caos, espera que el Gobierno reinicie la mesa de diálogo por aumentos para todo el personal policial, retirado o no. No pidió nada para ningún otro sector; entendió que no era el momento, que habrá tiempo para presentar el escrito que redactó antes de la convocatoria. Parece ser que tiene varias cartas fuertes bajo la manga; una de ellas sería una comprometedora grabación realizada en el penal donde se encontraba tras las rejas. El emboscado sería un desafortunado abogado que ingresó al centro de detención después de las 22 horas creyendo llevar una patente de corso; un boca suelta.
El diputado, hombre inteligente y astuto, no tiene nada que ver con los neopopulistas modernos, pero es un Joker de la época. Los nuevos guasones de la política sienten una fascinación por el caos, lo viven como una revelación. Amarilla no es un Robin Hood —y quienes lo rodean probablemente no sean los Hombres Alegres—, es Joaquin Phoenix diciéndote al oído: “Introduce un poco de anarquía, altera el orden establecido y todo se volverá caos. Soy un agente del caos”.
Aires de relanzamiento de gestión
El martes, mientras Amarilla escribía la convocatoria, el jefe de Gabinete, Carlos “Kako” Sartori, comía asado con unos cincuenta y tantos alcaldes en la localidad de Caá Yarí. Fue una charla amena; Kako los conoce, él mismo, hasta hace poco, estaba entre los intendentes que reclamaban más respuestas por parte del Gobierno provincial. Ahora la mano cambió y ellos serán los actores del proyecto misionerista. Todos se fueron contentos, con la panza llena y fondos frescos para obras y tapar agujeros.
Rodrigo “Pipo” Durán, de Eldorado, se fue con 295 millones de pesos; la misma suma consiguió para Posadas “Lalo” Stelatto y su par de Oberá, Pablo Hassan, salió con 83 millones, por ejemplo. La transferencia corresponde a una compensación que le correspondía a la provincia por aquel asunto de la quita de recursos de la soja y el rocambolesco pacto fiscal.
La tarasca llegó tras un reclamo del gobernador Hugo Passalacqua, en medio de la discusión por la polémica reforma laboral, además de los 189.000 millones que recibió en lo que va del año en concepto de coparticipación. Hasta el momento, el ministro del Interior, Diego Santilli, consiguió el respaldo de nueve gobernadores: Rogelio Frigerio (Entre Ríos); Alfredo Cornejo (Mendoza); Leandro Zdero (Chaco); Gustavo Sáenz (Salta); Marcelo Orrego (San Juan); Rolando Figueroa (Neuquén); Alberto Weretilneck (Río Negro); Ignacio Torres (Chubut) y Juan Pablo Valdés (Corrientes).
Pese a las partidas que envió el gobierno de Javier Milei, Passalacqua está reticente por la falta de respuestas sobre las deudas reales que la Nación tiene con Misiones. Es por eso que Santilli suspendió la visita que tenía prevista a la provincia; no quería irse con las manos vacías, sin la foto de un acuerdo. Los senadores de la Renovación recibieron la directiva de no pronunciarse hasta último momento.
Hasta el momento, son varios los gobernadores que se oponen al articulado tributario de la reforma laboral, en especial a la reducción pensada en Ganancias para las sociedades, lo que afectará la recaudación de las provincias. Los mandatarios aliados quieren compensar la disminución que tendrán sus arcas por la rebaja del 35% al 31,5% sobre ese ítem. Con esa disminución las provincias perderán 1,2 billones de pesos.
El impacto para el Cantón es de casi 60 mil millones de pesos, un montón. El dato lo publicó Primera Edición, que accedió a un informe técnico de impacto fiscal que analiza en detalle los efectos del Proyecto de Ley de Modernización Laboral sobre la recaudación nacional y la distribución de fondos hacia las provincias. Según el diario que dirige Marlene Wipplinger, la pérdida surge principalmente de la reducción del Impuesto a las Ganancias que pagan las sociedades, la eliminación del impuesto cedular y la derogación parcial de impuestos internos, tres puntos que no son menores para la economía de la provincia.
Passalacqua está dispuesto a resistir los embates de la gestión libertaria y a “mantener la unidad de la Renovación”, lo escuchó un selecto grupo de unas quince personas mientras comían un asado en el club Pira Pytá. Fue un clima de “relanzamiento de gestión”.
Entre los invitados estuvo Kako Sartori; el subsecretario de Coordinación de Gabinete, Joaquín Montenegro Niveyro; la subsecretaria de Industria, Micaela Gacek; la diputada Aryhatne Bahr, ambas representantes del Blend; Graciela de Moura, titular de la Agencia para el Desarrollo Económico, y Alicia Penayo, que aún tiene un pie en Silicon Misiones, entre otros funcionarios y algún integrante del Poder Judicial.
No estuvieron Lucas Romero Spinelli ni su pareja, la diputada Paula Franco, que acababan de volver a Posadas después de unos merecidos días de vacaciones. El vicegobernador se mantuvo atendiendo cuestiones de la gestión y muy involucrado en su campaña en redes sociales. El líder de la Renovación Neo reforzó su equipo de comunicación con el apoyo de una consultora de Buenos Aires que se especializa en redes y del excelentísimo académico y consultor en política comunicacional Mario Riorda. La apuesta fuerte será en YouTube, con vistas a 2027.
Opinión
El “fraude del aire”: despedida amarga de Samsa, entre cartas, tarifazos y silencios
Por Fernando OZ
@F_ortegazabala
Para cerrar la semana laboral y bajo el disfraz de un “nuevo aniversario” de Samsa, a su presidente, el ingeniero Santiago Ameri, se le dio por enviarle al “usuario”, a quienes cobra hasta el aire en las canillas, una carta de 238 palabras enumerando “los principales logros alcanzados” durante el último año. Un ejercicio de cinismo que aparece justo 72 horas después de no haber dado la cara ante una comisión del Concejo Deliberante de Posadas –mientas los vecinos gritaban por el pésimo servicio– y a menos de 12 horas de que LVM desnudara que Urbaser Argentina ya tiene el cartel de venta y las inversiones en el freezzer.
Y después nos hablan de normas ISO, planes de inversión y de líderes mundiales en servicios públicos medioambientales. Les decía que el pasado martes, en el Concejo Deliberante, mientras los vecinos desgranaban facturas de un millón de pesos y los técnicos del EPRAC intentaban explicar lo inexplicable, el lugar reservado para Samsa permaneció vacío. Ni el ingeniero, ni ninguno de sus gerentes de platinada sonrisa, se atrevieron a cruzar la puerta de la Comisión de Medio Ambiente.
Es una táctica vieja, de manual de fugas: cuando no se tienen respuestas, se ofrece el silencio. Es la respuesta de quien ya tiene las valijas hechas y el pasaje sacado.
Mire usted, lector, la ironía del asunto. En la tierra de las grandes aguas, del Iguazú que ruge y del Paraná que nos abraza junto al Uruguay, hay una casta de tipos con gemelos de plata y aliento a café de aeropuerto que decidieron cobrarnos el aire. Sí, leyó bien: el aire. En Posadas y Garupá, el milagro no es convertir el agua en vino, sino convertir el vacío de una cañería seca en una deuda impagable.
Leí la carta de aniversario con una mezcla de tedio y asco. Un texto que huele a perfume caro para disimular el hedor de un sumidero tapado. Ameri nos arroja a la cara el abecedario de las normas ISO: la 9001, la 14001, la 45001. Alfabetismo corporativo para analfabetos de la realidad que ven al ciudadano –usuario– desde una planilla de cálculos. Dice que certifican la “satisfacción del cliente” y el “trabajo mancomunado”. Yo le pregunto al ingeniero: ¿En qué manual de la ISO figura que dejar la silla vacía ante los representantes del pueblo es un estándar de calidad? ¿Cómo se “mancomuna” el esfuerzo con una empresa que no da la cara, no respeta las instituciones ni cumple con lo acorado?
Samsa, esa criatura del Grupo Urbaser, cumple 26 años. Pero no es un cumpleaños, es una liquidación por cierre. Mientras Ameri redacta odas a la “inversión histórica”, en las oficinas de Avenida Leandro N. Alem al 1050, frente al barrio porteño de Puerto Madero, se encuentra el cartel de “Venta”. La multinacional, propiedad del fondo estadounidense Platinum Equity, busca la puerta de salida. Si no me creen vayan y pregunten en el Banco Santander.
Quieren vender su filial argentina por 400 millones de euros antes de que el contrato expire en 2030 y alguien les exija las cuentas que hoy no quieren dar en el Concejo. Es el truco del tahúr de oficina: te muestran la paloma de las normas ISO en la mano derecha para que no veas cómo la izquierda te vacía la billetera y te deja hasta sin agua.
Miren, además de ver la boleta que llega a mi casa, camino estas calles y he visto los medidores girar con un frenesí demoníaco cuando no hay una gota de agua. Es el “fraude del aire”. Mis vecinos, cansados de ser el cajero automático de una empresa que desinvierte, forzaron al EPRAC a ordenar rectificaciones. Y los funcionarios del organismo de control se dieron cuenta de que no se puede ocultar el sol con un dedo, ni la estafa con una gacetilla de prensa de aniversario.
Mire, ingeniero Ameri, a quienes usted llama “estimado usuario”, yo suelo tratarlos por sus nombres, porque muchos de ellos son mis vecinos. Su “compromiso con la mejora continua” es una bofetada a los 106.000 “usuarios” –dato del último informe de gestión de la empresa– que usted cita como si fueran ganado contable.
El plan es claro: maximizar la recaudación con tarifazos salvajes del 400%, maquillar el balance con certificados de cartón pintado y largarse a toda vela antes de que la infraestructura termine de crujir. Es la ética del corsario: saquear la plaza y huir antes de que llegue la marea de la justicia.
Usted, Ameri, presidente de Samsa, es un transeúnte de la alta gerencia. Mañana, con su ganada chapa de International Waste Manager, estará certificando la calidad de una constructora en Madrid o una mina en alguno de los cuatro continentes donde opera Urbaser Global. Pero el vecino de Posadas y Garupá se queda con su canilla seca. Por eso escribo. Porque si el agua es un derecho humano, lo que están haciendo ustedes —y lo que callan al no ir al Concejo— es un crimen de guante blanco.
Durante las últimas tres décadas, como periodista me tocó escribir sobre redes de corrupción, flujos de dinero, contrabandistas buenos y malos, políticos sin escrúpulos, mercenarios colombianos camino al matadero, en fin, pero nunca sobre una corporación que cobrara el aire.
Sigan mandando cartas. Sigan celebrando aniversarios de papel. Mientras tanto, nosotros seguiremos contando las vueltas del medidor que marca el vacío, documentando el vaciamiento de una empresa que se quiere ir sin pagar la cuenta y recordándoles a los ciudadanos de Posadas que, frente al silencio de sus sillas vacías, solo queda quienes nos animamos a decir basta.
No es una pelea por una factura impaga, el acceso al agua es un Derecho Humano. Es en defensa de un derecho básico de los que vivimos en Misiones frente a una multinacional que lo vulnera. Los tres poderes del Cantón deberían tomar cartas en el asunto y ser menos laxos, pero ahora, no sea cosa que se vayan sin pagar la cuenta.

Opinión
Los líderes de cartón gracias al silencio de los mansos
Por Fernando Oz
El asunto del “Escudo de las Américas”, la inclusión de nuestro bendito país en la guerra contra el narcoterrorismo, y el último informe que trasmitió la DEA en el International Narcotics Control Strategy Report, me dan mala espina. Paraguay se consolidó como el principal centro de acopio y reexportación de cocaína andina hacia mercados internacionales, más del 50% de las incautaciones están relacionadas a la Hidrovía y sus ramificaciones. El Cantón también forma parte de esa ruta: logística, puertos de transbordo y filtración, entre amenities de lavado y dormitorio.
El panorama completo no se resume en un párrafo, pero créanme que no es para nada alentador. Mientras tanto nuestro aporte es organizar campeonatos de Counter Strike. Pum, pum, pum, y sonreí para la selfie. Miren, la realidad es que nuestros jóvenes no fueron contratados como “programadores” de nada, tampoco están diseñando startup en compañías multinacionales, están recogiendo uva y manzanas en el sur de Brasil. Otros tantos de miles, los que no cruzaron la frontera, están desocupados, ya sea por la desregulación yerbatera, por la viveza de Arauco, por la miseria de Massalin Particulares, o por la fuerza del mercado frente a la inoperancia del Estado. Otros miles ya cayeron en el narcomenudeo. Esa es parte de nuestra realidad y si no espabilamos pronto vamos a caer al precipicio.
Faltan líderes, dicen. Y yo les digo que lo que faltan son hombres y mujeres con el temple suficiente como para decir verdades, aunque duelan; ciudadanos que sientan vergüenza de tener que dejar su futuro en manos de la primera cara que sale en TikTok. El problema del Cantón no es que falte gente con ambición —de esa hay de sobra, y suele ser inversamente proporcional al talento—, sino que hemos matado la figura del líder para sustituirla por el “influencer” de cabotaje.
Sí, es un fenómeno mundial. Me viene a la mente el viejo Umberto Eco diciendo que el drama de nuestra era es que el tonto del pueblo ya no se queda en la esquina, sino que tiene el mismo altavoz que un premio Nobel. Miren si no tenía razón. Y en la política del Cantón, eso se nos ha vuelto el pan nuestro de cada día: tipos que confunden tener seguidores en redes con tener una visión de Estado.
En algún momento habrá que madurar, porque quejarse de que no hay líderes, además de ser deporte nacional, es una infantilidad de patio de colegio. Decimos que “no hay nadie nuevo”, que “son todos iguales”, mientras nos encogemos de hombros y nos vamos a pescar al Paraná el día de las elecciones. Y ahí está el dato, crudo como herida trapera: en las elecciones del 8 de junio de 2025, la participación electoral cayó al abismo del 57,45%. Casi la mitad del electorado se quedó en casa, rascándose la barriga o mirando Netflix, dejando que el destino de todos lo decidan los de siempre y los cuatro de más allá.
Es que lo del vacío de liderazgo es, en realidad, un vacío de ciudadanía. Nos quejamos de que los políticos son mediocres, pero ¿quién los elige? Los elegimos nosotros, por acción o por omisión. El problema, como bien apuntaba Fernando Savater, es la orfandad de ciudadanos lúcidos y comprometidos.
No hay liderazgos porque no hay exigencia. El poder se ha vuelto una cuestión de gestión de la resignación. Ya no se busca al estadista, al tipo con visión, al que sabe hacia dónde llevar la nave, ese en el que sepamos que podemos confiar por lo que ha demostrado en la diaria. Ahora se busca al que mejor maneje el algoritmo, al que sea más “parecido” a nosotros en su vulgaridad.
Cuando lleguen los lobos
El electorado misionero ha pasado de la pasión militante a una apatía ovina. Saben qué pasa, se cansaron de que les mientan, sí, pero en lugar de exigir excelencia, en vez de pelear el metro cuadrado que les toca, optaron por el silencio de los mansos. Y ya saben lo que pasa cuando el ciudadano se duerme: los lobos se visten de pastores.
Después de haber visto el surgimiento del Frente Renovador de la Concordia y, una veintena de años después, verlo caer por debajo de su piso histórico del 30% no es una señal de renovación, es una señal de agotamiento. Pero lo que viene detrás no es la luz al final del túnel, sino el estruendo de la fragmentación.
Lo que hay enfrente, señoras y señores, es todavía peor. Lo de la oposición es una dispersión que roza lo patológico. Fragmentos de partidos que parecen esquirlas de una granada que estalló hace décadas. Nadie aglutina, nadie convence, nadie tiene el cuajo de mirar al que tiene al lado y decirle: “peleemos juntos, aunque duela”. En lugar de eso, tenemos una diáspora electoral donde cada cual atiende su quiosco.
En las últimas elecciones vimos una marea de outsiders —policías retirados, libertarios de ocasión y oportunistas del descontento— repartiéndose las migajas de lo que había quedado de un banquete al que el pueblo no estuvo invitado. Es la política del canibalismo.
Los “nuevos políticos” carecen de la capacidad intelectual para entender que Misiones no termina en la Costanera de Posadas. No hay formación, no hay lectura, ni siquiera tienen sentido de lo histórico. Son gestores de la coyuntura, buscavidas del presupuesto que no sabrían distinguir un plan estratégico de una lista de la compra del supermercado. Están más pendientes del meme del día que de la crisis que se viene. Es el liderazgo líquido del que hablaba Eco, lo recuerdan: figuras sin aristas, sin principios sólidos, que cambian de color según sople el viento de las encuestas.
Misiones está hoy en un limbo peligroso. El viejo orden se apaga, agotado por su propio peso, y lo nuevo que asoma la cabeza no es más que una amalgama de gritos y frustraciones sin proyecto. No hay líderes porque no hay quien se atreva a serlo de verdad, con todas las consecuencias. Preferimos el refugio de la “identidad misionerista” como si fuera un amuleto, mientras la capacidad de gestión se nos escurre entre los dedos. El “misionerismo”, el de verdad, no el Neo, sirvió para levantar un muro contra el centralismo porteño, y estoy de acuerdo, pero detrás de ese muro nos hemos quedado dormidos. Y mientras tanto, los lobos avanzan.
Cuando la política deja de ser un ejercicio de inteligencia y pasa a ser un espectáculo de variedades, el resultado es el que vemos: una provincia rica con una política pobre. Muy pobre. Tomen nota, o sigan mirando para otro lado. Pero luego no vengan con lamentos cuando el próximo “salvador” de turno les venda espejitos de colores a cambio de lo poco que nos queda de dignidad ciudadana.
Opinión
De recaudadores y mercaderes: las piedras de Wanda no son gratis
Por Fernando OZ
La desconfianza y la mala leche se han colado en la discusión por la tasa que la intendenta de Wanda, Romina Faccio, aplica a los turistas que visitan la ciudad. Lo primero nace del contribuyente, ese sujeto fatigado de promesas que rara vez se cumplen; lo segundo, de los que siempre tienen el brazo listo para arrojar barro.
Faccio defiende la Tasa Ecoturística, o como prefieran llamarla, como una herramienta clave de gestión, esencial para equilibrar el flujo de visitantes a las minas de piedras preciosas con la preservación del entorno local. Su argumento se apoya en la autonomía municipal (Art. 123 de la CN) para financiar servicios ambientales e infraestructura, diferenciándose de los impuestos nacionales por su destino específico: la remediación ecológica. Sin embargo, los sectores opositores y la propia Compañía Minera Wanda cuestionan el rumbo de esos fondos y denuncian la falta de un beneficio directo para el visitante.
A principios de semana, desde la tribuna del diario La Nación, el diputado libertario Carlos Adrián Nuñez cargó contra la medida tildándola de “peaje” arbitrario e impuesto encubierto que genera doble imposición y vulnera la libre circulación. Para el legislador provincial, el tributo —aplicado sobre una empresa privada que ya cumple con sus cánones— carece de contraprestación de servicios, ahuyenta al turismo y pone en jaque fuentes de trabajo al inflar la presión fiscal. El senador del PRO, Martín Goerling Lara, preocupado por la carga tributaria sobre los viajeros, se sumó al coro que apunta al mismo blanco: “impuestos encubiertos” que asfixian al sector privado y le restan competitividad.
No imagino a Nuñez, abogado viajado, especialista en derecho tributario y que forjó su carrera enseñando a los municipios el arte de la cobranza, negándose a pagar su estancia en Roma o Venecia, donde cada turista desembolsa entre tres y diez euros para mitigar el impacto de millones de suelas sobre infraestructuras históricas frágiles. No olvidemos que su primer gran cliente fue, precisamente, el municipio de Puerto Iguazú, y que conoce los pasillos de la Fiscalía de Estado como el patio de su casa en el exclusivo country AguaVista, en Paraguay. Que hoy el diputado llame “impuesto disfrazado” a lo que antes ayudaba a recaudar con celo de inquisidor es, como mínimo, un ejercicio de hipocresía que clama al cielo.
Tampoco imagino a Goerling Lara evitando entrar a Lisboa por una tasa turística de cuatro euros. El senador, respetado en los salones porteños, pero con el traje algo desgastado en su propia tierra, ve cómo se le fugan los dirigentes del PRO como agua entre los dedos hacia otras orillas. Para no perder pie en el fango político, se suma al clamor de los que ven “voracidad fiscal” en cada rincón misionero. Hablan de la Constitución y de federalismo cuando les conviene, pero callan cuando es el bolsillo del interior el que financia el aire acondicionado del Congreso de la Nación.
Mientras Núñez y compañía critican estas medidas como “impuestos encubiertos”, la tendencia mundial en las capitales del turismo demuestra que son herramientas legítimas de autonomía fiscal para proteger el patrimonio y la calidad de vida de los residentes. Romina Faccio no está inventando la pólvora; está defendiendo su municipio con lo que le queda tras el recorte nacional. Si Roma o Florencia cobran por pisar sus piedras históricas, ¿por qué deberíamos ser los únicos generosos del planeta? Las piedras de Wanda no son gratis, ni deberían serlo para quien viene de fuera a disfrutar de lo que el misionero cuida con el lomo doblado.
Tal vez, aún obnubilado por el azar del presente y la idea de un futuro que no fue, Nuñez olvidó que el federalismo no es una calle de sentido único diseñada para que el poder central asfixie a las provincias. Mientras alega en Wanda se grava actividades ya alcanzadas por Ganancias, ignora deliberadamente la asimetría estructural de Misiones: somos la provincia que menos coparticipación recibe por habitante en el NEA, lo que nos obliga, por puro derecho de supervivencia, a ejercer una autonomía fiscal que el artículo 123 de la Constitución respalda. No es “doble imposición”, es la respuesta legítima de un municipio que debe costear con recursos propios como consecuencia del recorte de las transferencias federales.
El objetivo de Núñez y los suyos agitar el fantasma del fallo de la Corte Suprema de Justicia que, en 2024, le cortó las piernas a la Ecotasa de Bariloche. La Corte fue clara: si no hay un servicio concreto, efectivo e individualizado para el que paga, la tasa es inconstitucional. Independientemente al laberinto judicial al que vaya a meterse el caso, Faccio también se enfrenta con la falta de confianza de todo contribuyente argentino.
Pero en nuestro país, el síntoma de la desconfianza en la clase política ya es crónico; trasciende partidos, alianzas e ideologías. El contribuyente se pregunta con razón —y con una sospecha instalada en el hígado— adónde va su plata. No es maldad, es puro instinto: nadie quiere ser el tonto de la historia, el único que paga el pato mientras los de arriba eluden o se lo llevan crocante.
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