Opinión
Cuando los sueños y convicciones son fuertes, veinte minutos son suficientes
Por: Mario Matías Sebely
El título parece la letra de una canción, pero resume uno de los más grandes desafíos que me ha tocado enfrentar; donde la ansiedad de poder lograr el objetivo junto con la necesidad de concretar una gestión mediante la cual estaba (y estoy) seguro sería uno de los eslabones de crecimiento de nuestra ciudad, no era una opción, sino que tenía que ser una realidad.
Durante toda mi campaña hacia la intendencia les prometí a mis vecinos que el 7 de mayo de 2023 terminaban las elecciones y que el 8 salíamos a buscar ofertas universitarias que se instalen en Alem. Junto al equipo de trabajo, entendimos que uno de los ejes fundamentales para el desarrollo era justamente ése, el educativo.
El domingo 7 de mayo de 2023 miles de vecinos nos dijeron que sí y ganamos las elecciones con el desafío enorme de dejar atrás años de gobiernos que no tenían en sus agendas acciones que significaran el crecimiento de una ciudad a mediano y largo plazo. Debíamos empezar la era de la planificación y dejar atrás la de la improvisación: un gran desafío.
Como lo prometí, el 8 de mayo salí con mi carpeta bajo el brazo a golpear puertas, pedir reuniones, recorrer universidades públicas y privadas tratando de convencer a varios que venir a Alem, era una oportunidad para todos. Viajes a distintos lugares fueron una constante, pero tenía muchos puntos en contra y el principal era que solamente era un intendente electo que todavía le faltaban muchos meses para asumir y claro, el contexto nacional no ayudaba a la previsibilidad de nadie. Pero no está en mi ADN el darme por vencido, tomaba cada “no” como una enseñanza para mejorar algo en la próxima reunión.
En uno de los viajes que hice a Buenos Aires, en el mes de junio, en los que no dejaba de presentar pedidos de audiencia y buscando alternativas, me cruzo con un amigo que me da una esperanza: me dice que conocía a la rectora de la Universidad de la Cuenca del Plata y que para darme una mano intentaría generar una reunión entre ambos en la sede central de la ciudad de Corrientes.
Al poco tiempo me estaba confirmando esa reunión y sin dudarlo salimos hacia la ribereña Corrientes. Íbamos a una de las ciudades universitarias por excelencia de país, con una historia escrita desde su fundación en 1588, dónde había nacido la primera Universidad Superior en 1841 y donde la Universidad Nacional del Nordeste, desde 1956, es la responsable en la formación de miles de profesionales en distintas disciplinas y campos.
Poniendo en contexto y tratando de hacer un paralelismo histórico, no era menor nuestro desafío de ir a hacer que vieran a nuestra ciudad, que nos miraran con ojos y visión de futuro, como quizás miró el ex gobernador correntino Pedro Ferré al fundar ese instituto bajo la presidencia de Ramón Castillo en un tiempo que la historia inmortalizó como La Década Infame.
Y ahí estábamos nosotros, tratando que no nos vieran con los datos actuales, sino que entendieran el camino que queríamos transitar y ser un polo educativo zonal, todo bajo la consigna tajante que le encomiaron al amigo que nos había conseguido la entrevista: “tenés exactamente veinte minutos para hablar con la rectora porque ella tiene la agenda completa de actividades”. Aunque estaba, entonces, medido el tiempo de mi éxito o no, valga el juego de palabras… el tiempo diría otra cosa.
Así, la mañana del 12 de junio de 2023 ingresamos a la sede central de la UCP para conocer a la magister Florencia Rodríguez, su rectora, quien amablemente nos saludó y recalcó lo acotado de la disponibilidad horaria solicitándome que brevemente le exponga mi idea.
Yo estoy convencido del plan que tengo para mí ciudad y sé que todo el equipo que me acompaña desde aquel entonces también lo está y, si pudimos contagiar estos sueños de que sí se podía ¿Por qué no podría hacerlo en esta reunión?
Desplegué en ese momento todo lo que pensaba hacer en Alem, como la veía hoy y hacia dónde queríamos caminar. Le conté que la educación superior y universitaria no era sólo una alternativa, una mera posibilidad, sino que tenía que ser uno de los ejes de nuestro gobierno para poder proyectar un crecimiento verdadero, sostenido en el tiempo y planificado.
Le conté que veníamos de muchos años de estancamiento, pese a ser una de las comunidades más emprendedoras de la región, con personas dispuestas a dejar alma, corazón y vida en sus proyectos, con productores aguerridos que ni las más grandes tempestades los hicieron claudicar, con empresas de primer nivel, con un componente joven extenso, heterogéneo, dinámico y deseoso de poder estudiar, trabajar y crecer.
Le conté que, pese a no tener grandes atractivos turísticos, el turismo de eventos sería nuestro eje. Le dije que la participación ciudadana sería clave poniendo en marcha el presupuesto participativo y que la presencia de una universidad tenía que ser el componente, el ingrediente, el eslabón imprescindible para lograrlo.
La rectora canceló su agenda del día, no perdió detalle y nuestros veinte minutos se transformaron en una reunión de ¡cuatro horas y media! El sueño de la universidad presencial ya dejaba de ser una utopía y comenzaba a transitar el camino de la realidad.
De esta manera, los pasos se fueron dando gracias, principalmente, a un don especial de Florencia Rodríguez: su confianza. El 12 de noviembre, entre ambos firmamos un convenio de acuerdo, el 4 de diciembre ya se iniciaban las charlas informativas virtuales y Florencia, junto a parte de su equipo, me acompañaron en el acto de asunción del 10 de diciembre en la explanada de la municipalidad.
La universidad presencial estaba en Alem y las carreras de Abogacía, Licenciatura en Psicología e Ingeniería en Sistemas arrancaba el ciclo lectivo 2024 con más de un centenar de alumnos y, gracias a ellos y a que toda una ciudad acompañó este plan, ahora llegará la carrera de medicina que se anunció días pasados.
Como dije antes, y más allá del agradecimiento, es bueno reflexionar que cuando tus sueños y convicciones son tan fuertes que contagian, el tiempo se transforma y veinte minutos serán cuatro horas y media; ese sueño será realidad y podemos transitar el camino de Crecer de Verdad.
*Intendente de Leandro N. Alem, abogado y emprendedor incansable.
Opinión
Nuñez – Macías: una postal de tiempos nuevos
Por Fernando Oz
Me pregunto cuánto tendremos que esperar para que la Cámara de Representantes expulse al diputado Ramón Amarilla por “desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones” —artículo 99 de la Constitución provincial—. El agente del caos, esta semana, volvió a utilizar sus redes sociales con el único objetivo de inflar el malestar social en un contexto de crisis económica. Ya lo había hecho antes de finalizar el primer mes del año, cuando convocó a los empleados públicos, en especial a la policía y al servicio penitenciario, a reunirse en la plaza 9 de Julio para llevar una caterva de reclamos al Gobierno.
Este martes repitió la maniobra y, al día siguiente, volvió con el mismo espectáculo del miércoles anterior. Y el viernes también publicó en sus redes otro mensaje del tipo diplomáticamente incendiario. No tuvo reparos en aprovechar el conflicto salarial de la policía de Santa Fe para impulsar un reclamo masivo en Misiones, como tampoco parece darle ni una pizca de vergüenza la utilización, para su campaña de desestabilización, de los recientes casos de suicidio entre las filas de quienes fueron sus camaradas.
Hay un claro modus operandi: mediante hechos consecutivos, estudiados y planificados, el agente del caos realza un estado de malestar real de un sector social con el fin de magnificarlo y provocar violencia social. Ejecuta la acción de manera abierta a través de medios de comunicación y redes sociales. Su audiencia es el empleado público, especialmente de las fuerzas de seguridad. Lo repito: lo hace en el marco de un contexto de crisis económica a nivel nacional, dentro de un marco de ajustes y desempleo.
Amarilla no es un ciudadano común, de esos que tienen todo el derecho a plantarse y ponerle mala cara a un mal gobierno. Estamos hablando de un diputado; su función legislativa es clara: elaborar, discutir, modificar y sancionar leyes de interés público provincial; también puede fiscalizar actos del Poder Ejecutivo, como por ejemplo solicitar informes a funcionarios, además de prestar acuerdo para el nombramiento de magistrados o funcionarios judiciales y cuestiones institucionales.
A diferencia del ciudadano común, Amarilla cuenta con una serie de derechos e inmunidades: no puede ser acusado, interrogado judicialmente ni molestado por las opiniones o discursos que emita en el desempeño de su mandato; también tiene inmunidad de arresto.
Cuenta con facultades valiosísimas, como la de presentar proyectos de ley, de resolución o de declaración sobre cualquier tema de competencia provincial. Puede participar en las comisiones que desee para patalear por cualquier iniciativa legislativa antes de su tratamiento y, si tiene ganas, puede seguir pataleando en el recinto. Puede pedir informes y hasta realizar investigaciones propias. Hay un vademécum de acciones que puede hacer, muchos puede, pero su interés es claro: generar y aprovechar el caos.
Que algún diputado provincial, fiscal o juez de turno diga si la instigación al desorden social corresponde al ejercicio de las atribuciones de un legislador. Que el presidente de la Cámara, Sebastián Macías, explique si Amarilla incurrió en “desorden de conducta” conforme a sus funciones.
Amarilla debe entender que no es un sindicalista y menos de una fuerza policial. Es un diputado, y la Cámara puede aplicar sanciones disciplinarias que van desde la amonestación hasta la expulsión definitiva, y que puede ser expulsado por incurrir en desorden de conducta en el ejercicio de sus funciones, con una mayoría especial de dos tercios de los votos de los miembros presentes.
El caso del expolicía no es el de un opositor más. Tiene antecedentes. Intentó amotinar una fuerza de seguridad. Fue imputado por los delitos de sedición y conspiración, acusaciones que surgieron tras la revuelta policial de mayo de 2024, que incluyó un acampe, corte de avenidas y la toma de vehículos oficiales.
Cabeceras ajenas, promesas y silencios
En política, las mesas importan tanto como las sillas, pero mucho más los sitios donde se sientan los protagonistas. No es casualidad que la reciente reunión sobre el destino del sector yerbatero haya tenido al presidente de la Cámara de Representantes relegado al rol de invitado, mientras el diputado Adrián Nuñez, vicepresidente primero, ocupaba la cabecera y, con gesto de anfitrión, organizaba el encuentro junto a Rodrigo Correa, mandamás del INYM. Uno podría esperar que, en el Cantón, la cabecera sea la prerrogativa del que lleva la insignia institucional más pesada. Pero no. Aquí, la cabecera fue el trono del que maneja la agenda, aunque sea por coyuntura y no por jerarquía.
Nuñez no solo eligió dónde sentarse; también el ritmo y el tono de la conversación, como esos generales que, sin serlo, se adueñan del mapa de batalla. Es curioso observar cómo el diputado, envalentonado por el aire fresco de la desregulación y el desempleo, se convirtió en un hábil organizador de agendas. Pero la política es el arte de la oportunidad, y el Doctor la aprovechó una vez más.
El sector yerbatero está inmerso en una crisis que parece no tener fin, como el mate de la tarde que se enfría y nadie quiere terminar. Los pequeños productores, siempre al margen, siguen esperando que los libertarios traigan un milagro. Pero la fe en los discursos no paga cuentas. El encuentro concluyó, como suele suceder, con promesas de diálogo y avances difusos. Los pequeños productores ven pasar la procesión de charlatanería sin que el santo yerbatero les preste atención. No hubo medidas concretas, apenas palabras que, como el humo, se disipan enseguida.
Rodrigo Correa se mueve entre el pragmatismo y la diplomacia, intentando sostener un equilibrio imposible entre la defensa del sector y la presión de quienes quieren abrir la compuerta del mercado sin restricciones. Nuñez, el abogado tributarista que hasta ayer gestionaba las cobranzas impositivas de varios municipios, sostiene la bandera de la libertad económica, como si el mercado fuera un dios benevolente; mientras Macías observa cómo los equilibrios institucionales se desdibujan ante la embestida política. Nadie se atreve a decirlo, pero la mesa sirvió más para mostrar quién comanda la oposición en el Cantón que para resolver lo urgente.
En definitiva, el encuentro fue una postal de tiempos nuevos: los políticos que organizan no siempre son los que tienen el cargo, y quienes deberían defender a los pequeños productores terminan sentados en el borde, escuchando. En política, por lo general, suele suceder que lo importante no está en lo que se dice, sino en lo que se calla y en lo que se muestra. Las mesas no siempre resuelven, pero sirven para apoyar las cartas al finalizar la partida. El sector yerbatero, golpeado y fragmentado, espera que alguna vez, quien se siente en la cabecera lo haga no por coyuntura, sino por compromiso real. Hasta entonces, los pequeños seguirán esperando, y la política seguirá jugando a cambiar de sillas, sin cambiar el fondo.
Opinión
Misiones y sus desafíos

Por Javier Mela
Misiones se acerca al millón y medio de habitantes, pero su estructura económica sigue anclada en un modelo productivo pensado para una provincia mucho más pequeña. Este desajuste no es coyuntural ni ideológico: es estructural.
La matriz productiva misionera continua dependiendo de actividades primarias tradicionales —yerba mate, té, tabaco y foresto-industria algo de mandioca y no muchos más, en cuanto a la ganadería, unas 300 mil cabezas, el cuadro lo completa el turismo que tiene un gran potencial, un poco mas desarrollado en Puerto Iguazú (a pesar de la crónica falta de infraestructura eléctrica, de agua y saneamiento) muy lejos de su vecina Foz de Iguacú, poco y nada en el resto de la Provincia .
Todas estas actividades enfrentan límites claros. Crisis de precios, concentración, bajo valor agregado y escaso encadenamiento industrial, falta de infraestructura, hacen que este ecosistema productivo provincial ya no generen el empleo ni los ingresos necesarios para sostener a una población creciente, alcanza para pocos y empobrecidos.
No se trata de cuestionar al productor ni al trabajo rural. El problema no es quién produce, sino qué estructura económica se ha construido alrededor de esa producción. Una economía que no agrega valor termina expulsando, aun cuando produzca.
La comparación con el estado brasileño de Santa Catarina es inevitable. Allí, con unidades productivas chicas y medianas, similares a las misioneras, se desarrolló un complejo agroindustrial basado en el maíz. Ese grano no se exporta sin procesar: se transforma en proteína animal, en industria alimentaria, en empleo y en exportaciones con valor agregado.
El resultado es visible: mayores ingresos, más trabajo local y mejor calidad de vida. No es una cuestión cultural ni geográfica; es una decisión estratégica sostenida en el tiempo.
Misiones, además, cuenta con un recurso clave que no puede seguir fuera del debate: la energía. Una provincia chica, con vocación industrial, necesita energía abundante y competitiva. Bendecida por dos grandes ríos, Misiones debería discutir seriamente su potencial hidroeléctrico, incluyendo proyectos largamente estudiados como Corpus–Pindoí.
No explotar la hidroenergía en Misiones, es como que los jujeños no exploten el litio, los neuquinos el petroleo y el gas de vaca muerta o las provincias marítimas sus recursos pesqueros.
Sin energía no hay industria. Sin industria no hay empleo. Y sin empleo, no hay futuro.
Misiones no necesita más administración del presente. Necesita discutir, con madurez y sin prejuicios, cómo transformar su matriz productiva para contener a su población y evitar la diáspora de los jóvenes.
Opinión
Cuento libertario

Por Cristian Castro
En el debate yerbatero suele instalarse una idea simplista: “hay mucha yerba, por eso baja el precio”. Los datos muestran que eso no alcanza para explicar la crisis actual.
Entre 2021 y 2025 la producción de hoja verde prácticamente no cambió: pasó de 882 millones a 889 millones de kilos, un aumento marginal del 0,8%. No hubo una explosión productiva ni un desborde de oferta que justifique el derrumbe del precio al productor.
Sin embargo, cuando se mira el consumo total neto, el panorama es distinto: creció 7,7%, impulsado principalmente por las exportaciones, que aumentaron 63,3%. Es decir, la yerba se vende más, especialmente hacia afuera, aun cuando el consumo interno cayó por pérdida del poder adquisitivo.
El punto clave aparece en la relación oferta–demanda de hoja verde.
En 2021 la demanda prácticamente absorbía la producción: la diferencia era de apenas 7,2 millones de kilos, un mercado relativamente equilibrado. En ese contexto, con el Inym activo regulando precios, plazos y condiciones de pago, el productor cobraba bien y cobraba en tiempo. El precio de la hoja verde no era un regalo del mercado: era el resultado de reglas claras y poder de negociación equilibrado.
En 2025 ocurre algo aparentemente contradictorio: la demanda crece fuerte (941 millones de kilos, +7,7%), incluso supera ampliamente a la oferta, pero el sistema muestra un “excedente negativo” de más de 52 millones de kilos. ¿Qué significa esto en la práctica? Que la industria compra más de lo que se produce, pero lo hace en condiciones cada vez más desiguales para el productor.
Aquí aparece el factor político y estructural: la desregulación del mercado yerbatero y el vaciamiento de las funciones del Inym. Sin un precio efectivo de referencia, sin control de plazos de pago y sin sanciones reales, el “libre mercado” no generó competencia sino concentración de poder en la industria.
El resultado es conocido por todos en la chacra: precios por debajo de los costos, pagos a 90, 120 o 180 días, cheques rechazados y productores financiando a molinos y exportadores. No hay crisis por exceso de yerba; hay crisis por abuso de posición dominante.
En síntesis, en 2021 el productor cobraba bien no porque faltara yerba, sino porque había Estado y reglas.
En 2025 se paga mal no porque sobre yerba, sino porque el mercado quedó librado a actores concentrados que trasladan todo el ajuste hacia el eslabón más débil.
La discusión de fondo no es técnica, es política: o la yerba mate se gobierna con criterios de equilibrio social y productivo, o se transforma en un negocio financiero donde el pequeño productor queda condenado a perder, aun cuando la yerba se venda más que nunca.
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