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El domingo, Paraguay vota para elegir a un nuevo presidente, en unos comicios que las encuestas anticipan polarizados y sin analistas dispuestos a arriesgar un resultado.
La cita electoral enfrenta al gobernante Partido Colorado, que lleva como candidato a Santiago Peña, ex ministro de Hacienda y delfín del hoy titular partidario Horacio Cartes, y a la Concertación Nacional por un Nuevo Paraguay, encabezada por el presidente del Partido Liberal Radical Auténtico, Efraín Alegre.
En la oportunidad, y con un padrón de 4.782.940 electores habilitados, se elegirán también 45 senadores y 80 diputados nacionales, 17 gobernadores, y concejales departamentales (diputados locales).
Para la gobernación del vecino departamento de Itapúa, se medirán el colorado Federico “Tito” Vergara, y el liberal Jorge Pereira, en unas elecciones que lo tienen a este último como gran favorito.
Para el duelo presidencial, el Partido Colorado llega dividido y muy golpeado por los señalamientos de Estados Unidos contra el ex presidente Cartes, poderoso empresario tabacalero y zar de un conglomerado de empresas de rubros diversos, a quien declararon “significativamente corrupto”, vinculado al crimen organizado y el terrorismo, y le prohibieron el ingreso a territorio estadounidense.
Los pronunciamientos de la embajada estadounidense en Asunción, se sucedieron de manera serial meses antes de las internas partidarias de diciembre de 2022, y alcanzaron a descabezar también la fórmula presidencial del oficialismo colorado, liderada por el actual vicepresidente Hugo Velázquez, que tuvo su “significativa” declaración de corrupto y las mismas sanciones que su correligionario.
A diferencia del cartismo, que venció en las internas que siguieron a estas “significativas” declaraciones de Estados Unidos, el sector de Abdo Benítez fue mortalmente herido, y el presidente perdió por partida doble: cayó ante Cartes en la disputa por la presidencia partidaria, y su dupla presidencial tuvo que resignarse ante Peña.
Los señalamientos estadounidenses fueron interpretados en el Partido Colorado, especialmente en el cartismo, como un ataque directo a la institución política, mientras que la oposición los recibió como un gesto que vino a ordenar el tablero político, y una certificación de corrupción inapelable de Cartes, Velázquez y todos los señalados.
De ahí en más, la campaña fue cuesta arriba para los delfines de Cartes, ubicados en el centro del huracán, con su jefe político acorralado y enajenando todos sus bienes en una carrera contra los plazos de los organismos de control financiero estadounidenses.
La dupla colorada soportó además los embates del propio presidente Abdo Benítez, que en más de una ocasión hizo fuertes alusiones contra Peña.
Las acusaciones contra Cartes tampoco eran una novedad en el país. Una comisión bicameral de investigación del Congreso ya había hallado suficientes indicios de maniobras financieras dudosas del ex presidente y su grupo, integrado entre otros por el empresario brasileño Darío Messer, detenido en San Pablo y a quien Cartes llamaba “hermano del alma”.
Es la tercera vez que Alegre va por la presidencia paraguaya. En 2013, con la oposición fragmentada luego de la destitución del presidente Fernando Lugo el año anterior, el líder liberal fue derrotado ampliamente por Cartes. En 2018, perdió por apenas tres puntos con el colorado Mario Abdo Benítez.
Pero, a diferencia de las ocasiones anteriores, Alegre consiguió ahora articular una heterogénea alianza bajo la figura de una concertación, que aglutina a liberales, izquierdistas, organizaciones sociales y campesinas, y hasta gremios empresariales y partidos vinculados al agronegocio, y que vislumbra una convivencia difícil.
Las encuestas muestran escenarios contradictorios. En algunas, como la de la consultora Aty Snead, Santiago Peña se impone a Alegre por varios puntos de ventaja. Otras, como la de la consultora Atlas, reflejan un empate técnico en favor de Alegre por 1,5%: 34,3% contra 32,8% de Peña.
El estudio agrega otros datos reveladores: el 54% de los consultados se manifestó a favor de la alternancia en el poder , y el apoyo a la continuidad colorada en el poder cayó del 36%, en mediciones anteriores, al 29% en este último tramo del calendario electoral.
El sondeo de la brasileña Atlas es el último de los difundidos antes del cierre de la campaña, ayer, que encontró a ambas duplas presidenciales animando actos multitudinarios como última demostración de fuerza antes de los comicios.
Acompaña al líder liberal, la ingeniera civil Soledad Núñez, que despuntó en la política desde su pertenencia a la organización Techo, de la que saltó para ser ministra del Hábitat del gobierno de Horacio Cartes, con una gestión que algunos destacan y otros cuestionan.
La vida política de Alegre tampoco está exenta de acusaciones, con casos como la “ruta de la mentira” cuando se desempeñaba como ministro de Obras Públicas del gobierno de Lugo, y sobrefacturaciones y facturas truchas en su gestión como presidente liberal.
Con todo, el candidato opositor no tiene grandes cuentas con la justicia, y construyó su candidatura con un choque frontal contra Horacio Cartes y su sector político. Su consigna, hasta el cierre de campaña de ayer, fue la misma de los últimos años: “Patria o Mafia”.
La izquierda aglutinada en el Frente Guasú, que lidera el ex presidente Fernando Lugo, también llega fragmentada a estas elecciones.
Con el ex obispo recuperándose de un ACV sufrido el año pasado, que lo alejó durante meses del escenario político, el luguismo se dividió entre quienes apoyan la concertación de Alegre, y quienes se encolumnaron detrás de la dupla integrada por el ex ministro del Interior y canciller de Abdo Benítez, Euclides Acevedo, y el senador Jorge Querey, médico personal de Lugo.
Los luguistas críticos de Alegre acusan al líder liberal de “traición”, por su voto por la destitución de Lugo en el Senado en 2012, mientras que figuras del Frente Guasú, como la senadora Esperanza Martínez, ex ministra de Salud de Lugo, y el senador Carlos Filizzola, ensayan discursos que privilegian la unidad opositora y llaman al “voto útil” contra el delfín de Cartes.
Lugo, mientras tanto, se abstuvo de hacer declaraciones a la prensa, aunque apareció en fotos con el ex presidente uruguayo José “Pepe” Mujica, y Alegre, en su casa en Lambaré, en las afueras de Asunción, en un encuentro que fue interpretado como un respaldo explícito a la Concertación del candidato liberal.
Sin embargo, la publicación de las imágenes en las cuentas oficiales de Lugo en las redes sociales, quedaron enseguida en el centro de la polémica, con desmentidas y acusaciones contra el yerno del ex presidente.
Lugo no negó la validez de las publicaciones de apoyo a la dupla Alegre-Soledad Núñez, pero tampoco lo ratificó, y eligió escaparse al campo, a la estancia de un amigo.
Empero, el Frente Guasú presenta una lista única para diputados y senadores, con la que pretende renovar las siete bancas que ocupa actualmente en el Senado, aunque varias encuestas sugieren que la futura conformación del Congreso verá reducida la representación de fuerzas ajenas al bipartidismo.
Por afuera compiten otros varios actores, como el ex arquero de Vélez Sarfield, José Luis Chilavert, y Euclides Acevedo, entre otros, con una intención de voto que no sobrepasa el 3% y no mueven la aguja.
Entre los outsiders de la partidocracia tradicional, se destaca el abogado Paraguayo “Payo” Cubas, expulsado del Senado en 2019, por la agresión a una concejala departamental de Patria Querida, un partido que es expresión del agronegocio y forma parte de la coalición de Alegre; agresión a policías, daño a bienes públicos y pedir “matar a 100.000 brasileños”.
Nacido en Washington, Estados Unidos, donde su padre cumplía una misión diplomática, Cubas desarrolló su profesión y se lanzó a la política desde Ciudad del Este, en la triple frontera, cimentando su carrera en episodios grotescos, exabruptos y declaraciones rimbombantes.
Desde defecar en un tribunal y propinarle cintarazos a un juez, arrojar agua a sus colegas o tomarse a trompadas en el Senado; golpear policías o inspectores de tránsito.
De hecho, días antes del inicio de la veda electoral, Cubas protagonizó una polémica a bordo de un colectivo urbano en Asunción, donde increpó a dos pasajeros, tratando de “inútil” a un hombre que le dijo que votaría por Alegre, e insultando a una mujer que le pidió que dejara de gritar.
No obstante, este abogado altoparanense de 61 años, que pide la pena de muerte para los corruptos, la castración química para los abusadores sexuales y promete mano dura, creció en la intención de voto con un discurso que enfrenta a los sectores concentrados de la economía, especialmente el agronegocio; denuncia los latifundios y habla de equilibrar con impuestos a la riqueza una balanza tributaria inclinada sobre los sectores medios y populares. Hoy, Cubas se sube al podio en el tercer lugar, con el 23% de la intención electoral.
Los analistas coinciden en que el crecimiento de Paraguayo Cubas, a quien la concertación de Alegre considera un Caballo de Troya del cartismo, ayudó a la polarización de la elección, y a la mínima ventaja de Alegre sobre Peña, al drenar una mayor cantidad de votos colorados que liberales.
De ganar la Concertación, sería la segunda derrota del Partido Colorado en 76 años, luego de la victoria del ex obispo y actual senador Fernando Lugo en 2008, a la cabeza de una coalición que triunfó de manera contundente, en un episodio inédito en la historia política paraguaya desde la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner, sostenida por el Partido Colorado.