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Al morir su mamá, ideó una bomba de agua para cuidar la huerta que tenían juntos

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Al morir su mamá, ideó una bomba de agua para cuidar la huerta que tenían juntos

Es integrante de una familia numerosa en una aldea de Entre Ríos. Rodrigo Farías ideó una bomba para extraer agua dulce y utilizarla en la huerta que trabajaba con su mamá.

 

En la aldea Farías, en la provincia de Entre Ríos, Rodrigo Farías con sus 16 años trataba de encontrar agua dulce para su huerta familiar.

Rodrigo tiene 14 hermanos y en el paraje donde vive hay unas 30 familias. El joven entrerriano es estudiante de tercer año de la escuela rural secundaria N°14 “Palmas de Yatay” en Raíces Oeste, en el departamento Villaguay.

El establecimiento educativo se encuentra sobre la ruta nacional 18 en el kilómetro 96,5, en medio de tres aldeas: Díaz, Pérez y Farías y cuyo director educativo es Diego Capurro.

La vida de Rodrigo era muy tranquila, por la mañana iba a la escuela que queda a unos cuatro kilómetros de su casa, a veces en combi y otras caminando, cortando trechos por entre los campos. Por la tarde volvía a ayudar a su madre a sacar yuyos, sembrar o regar, mientras su padre hacía trabajos en madera, como sillas, mesas y butacas, con trenzados con los juncos de las totoras.

Al ser una familia numerosa, desde siempre cada hijo tuvo una tarea asignada para colaborar con los quehaceres familiares. “Mi hermano más chiquito se encarga de dar de comer a las gallinas, Vilma, otra hermana, es la que cuida los animales y yo me encargo de la huerta, que aprendí de mi madre a quien siempre acompañaba”, cuenta en diálogo con el medio La Nación.

Sin embargo, a finales de 2019, un accidente de tránsito se llevó la vida de su madre y de un hermano. Ante esta situación, la vida familiar cambió. Para Rodrigo fue difícil esa pérdida pero supo transformar su dolor en algo reconfortante: en honor a ella y como legado, se propuso no solo continuar con la huerta sino aumentar la superficie a sembrar.

Trajo chilcas del monte y las cortó prolijamente del mismo tamaño. Las ató con alambre y así fue cubriendo todo el perímetro de la huerta para impedir que los animales entren a estropear sus cultivos.

Pero había un problema mayor a resolver: el agua que había en el lugar no era buena. “Es muy salada y no servía para regar, por eso decidí hacer un pozo a ver si encontraba agua de la buena para mis sembrados. De hecho, nosotros tampoco la consumimos y teníamos que ir con bidones a buscar a un tanque comunitario”, relató.

Ahí nomás, se puso manos a la obra y a pala limpia hizo un pozo de seis metros de profundidad hasta que encontró agua “que por suerte era dulce”. Puso un caño de 110 y adentro uno más fino, le pasó una cuerda y cada 50 centímetros le ató unas gomitas.

Ya en la superficie armó un sistema de bombeo manual con una polea y una rueda de bicicleta vieja que encontró tirada. La alegría fue inmensa al ver que su invento funcionaba. Está contento con su construcción porque ya no tiene que ir día por medio a buscar agua al tanque comunitario. Ahora, en su casa, su familia ya tiene agua para consumir: “Fue lindo ver que pude lograrlo”.

En la escuela, el joven tiene un Proyecto Pedagógico Individual para la Inclusión (PPII), que lo ayuda a desarrollar las habilidades donde mejor se adapta. En tiempos de pandemia, son los directivos quienes se acercan a las casas de los alumnos para darles los trabajos y deberes porque la conectividad es inexistente.

“En general, los profesores de las escuelas rurales, al margen de la cuestión educativa, tenemos un rol social con los chicos y sus familias y siempre estamos acompañándolos. Una vuelta que visité a la familia Farías me sorprendió el trabajo que había hecho en la huerta y el sistema de bombeo que había fabricado. Ahí me dijo que le faltaba insumos para sembrar, así que a la semana siguiente cuando volví le llevé semillas y plantines”, describe Capurro, director de la escuela rural a la que asiste Rodrigo.

Todas las tardes, Rodrigo trabaja los surcos, cuidando cada plantín que nace. Mientras saca los yuyos que crecen y se fija que no ataquen las hormigas y los caracoles, sueña con seguir progresando en su pasión que es la agricultura. Sabe que solo está en él proponérselo.

 

 

Fuente: La Nación

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Es mbya, trabaja en la tarefa, quiere ser guía y pide ayuda para viaje de estudio

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Es mbya, trabaja en la tarefa, quiere ser guía y pide ayuda para viaje de estudio

Hugo Gabriel Sosa es un joven de 18 años integrante de la aldea mbya Jejy, de El Soberbio. Actualmente cursa la Tecnicatura Superior en Turismo en la Escuela de la Familia Agrícola (EFA) San Vicente de Paul y, ante dificultades económicas, apela a la solidaridad de los misioneros para reunir $130.000 que le permitan participar de una experiencia educativa denominada “Encanto Binacional”.

El viaje tiene como objetivo estudiar la actividad turística en las Cataratas del Iguazú y las Cataratas do Iguaçu, en Brasil, una oportunidad que Hugo considera fundamental para su formación profesional.

“Amo lo que estoy estudiando. Me gusta mucho aprender y me va bien, pero económicamente es un poco difícil”, relató el joven en diálogo con La Voz de Misiones.

Contó que su interés por el turismo nació cuando era muy pequeño, impulsado por el vínculo con la naturaleza que cultivó en su comunidad mbya. Sin embargo, aseguró que terminó de decidirse, luego de conocer a un profesor que trabajaba como guía turístico. “Me gustó mucho lo que hacía”, recordó.

Hugo sabe que el camino no es sencillo. Junto a su padre trabaja como tarefero y explicó que la situación del sector yerbatero afecta directamente a su familia. “Hay poco trabajo”, lamentó. Aun así, no pierde la esperanza: “Siempre le pido a Dios que me pueda ayudar”, expresó a LVM.

Su principal objetivo es recibirse y luego regresar para trabajar en su comunidad. Mientras tanto, afronta importantes gastos para sostener sus estudios: los pasajes desde la aldea hasta San Vicente, parcialmente cubiertos por el boleto estudiantil, una cuota mensual de $60.000 y alrededor de $10.000 diarios para cubrir la habitación donde se hospeda en la EFA durante la semana.

“Trabajo con mi papá para conseguir esa plata. Ahora estamos haciendo macheteado y carpidas, pero se complicó porque hay poca tarefa y no se gana muy bien”, sostuvo Hugo.

Además de su amor por el turismo, Hugo contó a este medio que otra de sus grandes pasiones es participar en carreras de running que se realizan en distintos puntos de la provincia. Hasta el momento compitió en tres competencias, disputadas en El Soberbio, San Vicente y Santo Pipó.

“El deporte también me encanta, pero para uno también es difícil ir porque tengo que pagar el pasaje y otros gastos. A las carreras que puedo me gustaría participar. Ahora hay una en Eldorado y estoy viendo la posibilidad de ir, buscando quién pueda patrocinarme para correr”, sostuvo el joven.

Viaje educativo

Sobre el viaje educativo Encanto Binacional, para el cual necesita recaudar $130.000, además de otros gastos que puedan surgir, el joven explicó que se trata de una experiencia de tres días y dos noches en la que participarán de distintas actividades vinculadas al turismo.

“El primer día vamos a estar en las Cataratas del Iguazú, conociendo hoteles, empresas y campings. Después, el segundo día, vamos a cruzar la frontera hacia Brasil, a Foz”, contó con entusiasmo.

Luego, destacó la importancia que tiene esta oportunidad para su formación: “Es súper importante para mí porque va a ser una experiencia donde vamos a aprender las diferencias entre las Cataratas del lado argentino y el brasilero. Además, durante el viaje tenemos que ir anotando cómo trabajan las empresas y cómo se maneja el turismo, porque eso nos va a servir para el trabajo final de este año”.

Ante la imposibilidad de afrontar los gastos que demanda el viaje, el estudiante mbya decidió apelar a la solidaridad de la comunidad y compartió su número de contacto para quienes deseen colaborar y ayudarlo a seguir persiguiendo su sueño de dedicarse al turismo en su comunidad.

Número de Hugo: 3755-231505

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Misiones confirmó vacaciones de invierno del 13 al 24 de julio

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El gobierno de Misiones informó que el receso escolar de invierno se desarrollará del 13 al 24 de julio de 2026. Según se comunicó a través de los canales oficiales, el calendario educativo provincial se adecua a las pautas nacionales y garantiza el cumplimiento de los 190 días de clases establecidos para el ciclo lectivo.

De esta manera, las vacaciones de invierno en Misiones coincidirán con las de otras provincias del país, entre ellas Catamarca, Chubut, Corrientes, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Neuquén, Río Negro, Salta, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Tucumán.

El calendario escolar 2026 fue fijado por la Resolución CFE N.º 508/2025, que establece las fechas de receso teniendo en cuenta criterios educativos y turísticos.

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Con más de 100 pequeñas marcas misioneras, comienza el Mundial de la Yerba

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Desde este viernes y hasta el domingo, la ciudad de Buenos Aires será sede de la primera edición del Mundial de la Yerba Mate, un certamen internacional que reunirá a productores, especialistas, consumidores y empresas vinculadas a la infusión más representativa de la región. En ese escenario, Misiones tendrá un papel protagónico: más de 100 muestras de la provincia participarán de las evaluaciones, representando cerca del 30% de las más de 400 inscriptas.

El evento se desarrollará en el Museo del Mate, ubicado sobre avenida de Mayo 853, y contará con la participación de 43 jurados de once países, quienes analizarán a ciegas las muestras presentadas bajo estrictos protocolos de evaluación sensorial.

Entre las marcas misioneras que competirán se encuentra Lapacho Rosa, una empresa familiar de Apóstoles que presentará tres de sus variedades: tradicional, despalada y para tereré.

“Estamos felices de estar presentes en un evento de esta categoría. Vamos a estar con un stand durante todo el fin de semana ofreciendo degustaciones y mostrando nuestro trabajo”, contó Valeria Nahirñak, una de las propietarias de la firma.

Además de la participación comercial, la yerba de la familia será una de las sometidas a la cata internacional.

“Nuestra yerba va a ser una de las evaluadas. Enviamos tres variedades y para nosotros es una gran oportunidad porque permite que especialistas de distintos países conozcan nuestro producto”, señaló.

Tres generaciones de la familia Nahirñak: Valeria junto a sus padres y su hijo.

Entre yerbales y lapachos

Lapacho Rosa nació hace cinco años, aunque el proyecto comenzó mucho antes. “Hace más de diez años que soñábamos con tener nuestra propia marca y finalmente pudimos concretarlo”, recordó Valeria.

La empresa cuenta con secadero propio y mantiene un esquema de producción artesanal basado en el estacionamiento natural durante 24 meses y el secado a leña en hornos de barro.

El nombre de la marca tiene un origen profundamente ligado a la chacra familiar. En medio de los yerbales agroecológicos se encuentra un único lapacho rosado que cada primavera transforma el paisaje.

Cuando florece parece un paraguas rosa sobre el verde de la plantación. Es una imagen muy especial para nosotros y por eso decidimos que representara a nuestra marca”, explicó.

Actualmente trabajan junto a sus padres y las tres hermanas de la familia participan activamente en la empresa.

“Somos una empresa pequeña, con pocos empleados, donde todo se hace con mucho esfuerzo y donde la tradición yerbatera es un asunto familiar”, destacó.

Producción sustentable y agregado de valor

La firma avanza además en prácticas de manejo sustentable, reduciendo el uso de insumos externos y fertilizando los yerbales con materia orgánica generada en el propio secadero.

La yerba canchada que producen no sólo abastece a Lapacho Rosa, sino también a pequeños productores de la zona de Apóstoles, que luego realizan el proceso de estacionamiento, molienda y envasado.

Para Valeria, la difusión y el contacto directo con los consumidores son fundamentales para el crecimiento de las pequeñas marcas.

Participamos en ferias y en todos los espacios donde podamos mostrar nuestro producto. También recibimos turistas y visitantes que quieren conocer cómo se hace la yerba mate desde la planta hasta el paquete”, contó.

Quienes recorren el establecimiento pueden observar el proceso completo: la cosecha, el zapecado, el secado y el estacionamiento.

“Cuando la gente ve y entiende todo el trabajo que hay detrás, valora mucho más lo que está consumiendo en cada mate”, afirmó.

Un mundial con sello misionero

La presencia de Misiones no se limitará a las muestras en competencia. Marcas de la provincia también participan como patrocinadoras, tres jurados son oriundos de la tierra colorada y  el Gobierno provincial colaboró activamente en la organización del encuentro.

Además, la provincia tendrá actividades vinculadas al certamen. La ciudad de Puerto Iguazú funcionará como subsede oficial internacional, mientras que en Apóstoles se desarrollarán propuestas especiales en la Casa del Mate.

El Mundial de la Yerba Mate también incluirá un Fan Fest abierto al público durante los días 6 y 7 de junio, degustaciones, charlas, experiencias sensoriales y paneles de consumidores que podrán evaluar productos a ciegas.

Con más de 400 muestras, jurados de 11 países y una fuerte representación de productores misioneros, el certamen busca posicionarse como una referencia internacional para la industria yerbatera y abrir nuevas oportunidades para que marcas de todos los tamaños ganen visibilidad en mercados nacionales e internacionales.

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