Historias
Un profe argentino: la historia del misionero que emigró a China en 2020
Siendo un flamante graduado profesor de música y sin tiempo para aprender el idioma, el misionero Juan Martín Zayas emigró hace cinco años a China. Desde niño lo apasionaba viajar y, aunque Chongqing lo cautivó por su moderna arquitectura y la hospitalidad de sus habitantes, busca que su día a día sea lo más argento “posible”.
Durante una conversación telefónica con La Voz de Misiones, el posadeño de 30 años recordó cómo nació su interés por el país asiático, sus primeros meses aprendiendo chino, las dificultades que atravesó para hacer amigos en una ciudad con más de 30 millones de habitantes y su amor por la música y el deporte.
El primer acercamiento
Todo comenzó cuando a los 17 años Juan partió a la provincia de Santa Fe para estudiar Economía, pero con el tiempo descubrió que no era algo que lo motivara y decidió cambiarse al profesorado de Música. Esa pequeña, pero determinante decisión, despertaría su curiosidad por el cuarto país más extenso del mundo, después de Rusia, Canadá y Estados Unidos.
“No se me había ocurrido emigrar cuando me fui a estudiar. En el transcurso de la carrera conocí a estudiantes de intercambio, entre ellos a unos chinos que son de la ciudad donde vivo ahora. Ahí me surgió la duda y empecé a investigar un poco más”, relató Juan, en una entrevista telefónica con LVM.
El municipio Chongqing, ubicado en el suroeste de China, fue materia de investigación para el joven mientras continuaba con sus estudios en Argentina. Incluso, mucha de la información que adquirió en ese momento de su futuro destino le aportó una joven con la cual estuvo de novio y había viajado de intercambio a esa ciudad. “Ella me explicó más a detalle cómo era vivir acá”, reveló.

El profesor misionero recorriendo Chongqing.
Emigrar a China
Al recibirse de profesor de música en Santa Fe, Juan Martín comenzó a indagar sobre los paquetes que ofrecen los chinos para contratar a profesionales de diferentes partes del mundo que buscan desembarcar en el país.
“Emigrar a China es un poco diferente a otros países como Australia, Nueva Zelanda o España, porque acá no existe esa posibilidad de venir como turista y después cambiar la visa para trabajar. Eso no existe”, explicó el misionero a LVM.
En esa línea, relató: “Yo vine ya contratado por una empresa que necesitaba profesor, ellos me tramitaron la visa. Es bastante seria la cosa en ese aspecto. En mi caso, cuando llegué ya tenía un lugar para vivir. Por lo general todos los paquetes son muy buenos y ya contemplan el caso de la vivienda”.
Sobre las posibilidades de obtener la ciudadanía para quienes deseen permanecer en el país, el profesor comentó que “hay algunas formas para ser ciudadano chino o el permiso para vivir acá y trabajar, pero es muy complicado de tenerlo. Una de las posibilidades es casándose con una persona china o tener una categoría muy alta, como por ejemplo, abrir una empresa que le sirva al país”.

La vista que se aprecia desde el balcón del misionero en la ciudad china.
Desafíos
La pandemia por el Covid-19 comenzaba cuando Juan desembarcó en China para enfrentar nuevos desafíos. Por la situación epidemiológica que obligó a las poblaciones de todo el mundo a mantenerse aislados, el misionero aprovechó el tiempo para aprender el idioma, algo que desconocía por completo.
“Cuando llegué no sabía hablar nada de chino, porque yo me recibí y me vine, no tuve nada de tiempo como para aprender el idioma. Justo arrancaba el tema del Covid, entonces empecé a estudiar. Después practicando obviamente todos los días. Todavía hay cosas que no entiendo, porque es bastante complicado”, rememoró.
Y continuó relatando cómo fue el proceso de adaptación en la nueva ciudad: “No fue muy fácil, realmente fue muy complicado. El primer mes fue el más complicado, la comida me parecía fea, no tenía amigos, no conocía a nadie. Yo vivo en una ciudad muy grande, somos entre 30 y 40 millones de habitantes, y no me cruzaba un extranjero caminando en ningún lado”.
Pasada la etapa más crítica de la pandemia y cuando el mundo iniciaba una nueva normalidad, el profesor encaró su primera experiencia como docente de inglés en un jardín de infantes.
Objetivo
“El primer día fue raro, porque, además, fue mi primer día de trabajo en toda mi vida. No había tenido un trabajo propio antes, había hecho algún trabajo de medio tiempo, algún taller, pero mi primera experiencia fue enseñarle a un niño de 3 años con una dinámica diferente a lo que conocía”, contó Juan acerca de su primera vez frente a un aula, la cual recuerda como “una experiencia desafiante pero super linda”.
Una de las principales metas del posadeño era ingresar como docente a una de las escuelas de China reconocida internacionalmente, un objetivo que logró hace tres años cuando fue contratado por la secundaria Bashu BI Academy para dar clases de educación física.
“Acá hay escuelas que son reconocidas internacionalmente, que son muy buenas y siempre el objetivo fue llegar a esas escuelas. Fui escalando, cada año me iba subiendo, por así decirlo, un eslabón más arriba, hasta que llegué a la escuela donde estoy ahora, trabajo con adolescentes entre 12 a 14 años”, relató.
Un equipo y una boda en Hong Kong
Durante los primeros meses, conocer a migrantes y hacer amigos era casi imposible para Juan en una ciudad tan grande. Hasta que un día, un irlandés llegó a la escuela en la que trabajaba y “me contó que conoció a otro chico que era como un coach de futbol, que había un equipo internacional, como de la ciudad. Me pasó el contacto y se dio la casualidad que era de Uruguay, entonces dije: ‘¡Chau, este vago me salva la vida acá!’, fui a verlo y ese mismo día conocí 25 personas nuevas“.
CQIFC, el club internacional de Chongqing, cobijó al misionero con una de sus pasiones, a tal punto que con el tiempo llegó ser presidente del equipo: “Fue un antes y un después, ese club me salvó la vida. Siempre estuve muy metido. Es un equipo de extranjeros en esta ciudad”.

Juan junto a un amigo oriundo de Escocia.
No solamente hizo amigos cuando descubrió el equipo internacional, sino que también conoció a Katerina, una joven ucraniana con la cual se casó hace poco tiempo: “Acá los extranjeros van casi siempre a los mismos lugares, y yendo a boliches, con amigos en común, nos conocimos”.
Para sellar el amor entre ambos, después de cuatro años de novios, los jóvenes eligieron un lugar especial: “Fue todo un quilombo. Un argentino y una ucraniana casándose en Hong Kong, medio random (raro) todo. Fue entre los dos, después volvimos a nuestra ciudad e hicimos una comida para festejar y terminamos siendo más de 60 personas en mi departamento”.
Luego de la travesía que implicó su boda Hong Kong, ahora los recién casados planifican un evento para celebrar la unión “junto a mis viejos y algunos familiares”, adelantó el posadeño.

El misionero en Hong Kong con su esposa Katerina.
Gastronomía
Naturalmente, acostumbrarse a otros sabores y probar comidas nuevas es un proceso por el cual atraviesan las personas que eligen dejar su tierra natal.
En el caso del profesor posadeño, el principal obstáculo fue el picante. “Creo que el primer mes perdí como cinco kilos, no podía comer nada acá, era increíble”, contó a LVM y añadió que es algo muy común en China salir a comer, pero ante este cambio tan brusco en la gastronomía, él optaba por cocinarse.
“China es un país muy grande, es como un continente, entonces hay diferentes tipos de comida dependiendo de la zona en la que estés. Esta ciudad es conocida por ser la comida muy, muy, picante”, explicó y confesó que hoy en día “como picante como nada, me encanta”.
En cuanto su rutina en el país asiático, describió: “Siempre trato de tener la vida más argentina que puedo. Entonces me levantó, desayuno, me voy a trabajar, después me junto a comer con algún amigo, tengo otras clases, me voy al gimnasio, después capaz juego un partido o me junto con amigos a tocar música”.
Cautivado por la ciudad
Consultado por LVM sobre lo que extraña de la tierra colorada, Juan respondió: “Los amigos, la familia, sin dudas. Son un pilar, sobre todo en épocas festivas. También la tranquilidad y que podés llegar caminando a la mayoría de los lugares”.
Al nombrar lo práctico de las distancias y la tranquilidad de Posadas, el profesor se refirió a las diferencias que tiene la capital misionera con Chongqing.
“Es una ciudad muy grande, a mí me gusta mucho, pero hay momentos que tenés que ir al otro lado de la ciudad y ahí pensás ‘uuuu’, cuando en Posadas en cuestión de minutos podés estar en cualquier lado”, sostuvo.
Y contó más detalle sobre la ciudad que lo tiene cautivado: “Lo que me llamó mucho la atención es que tiene unos edificios ultramodernos con luces y, alado, tenés una casita muy humilde. Es una ciudad que creció rápido y todavía se ven esos contrates entre lo viejo y lo nuevo”.
Otra cualidad de Chongqing para el profesor es la hospitalidad de los lugareños: “Son super cálidos, no al nivel de un latinoamericano, no son tan abiertos, capaz, son más tímidos, pero son muy cálidos”.
En esa línea, Juan opinó: “Hay una imagen totalmente desconocida de China. Entonces cuando vienen acá se encuentran con una ciudad donde la gente te trata bien, te invitan, que son amistosos, algo que nunca en la vida te imaginarías”.
Calidad de vida
Por último, el posadeño descartó un posible regreso a Argentina por el momento, ya que está “encantado” con el país asiático. Sin embargo, admitió que “no sé si viviría toda mi vida, pero unos años más me quedó por acá, porque honestamente tengo todo lo que quiero, obviamente a mi esposa, dos gatos, tengo muchísimos amigos”.
“La verdad que la paso muy bien, y si me mudo a otro lugar tendría que ser con la misma calidad de vida que tengo acá y eso es difícil de encontrar”, cerró el profesor Juan Martín Zayas, que hace cinco años emprendió la aventura de emigrar a un destino desconocido.

Chongqing capturada de noche por el profesor misionero.
Posadeño migró hace 10 años: “Misiones no tiene nada que envidiar al mundo”
Historias
Cristina Putkuri y la divulgación astronómica de la selva a las estrellas
A pocos días de que, por primera vez en la historia, una misión tripulada por la Nasa sobrevolara la cara oculta de la Luna, sin aterrizar, a más de 400.000 kilómetros de la Tierra durante diez días, la astrónoma misionera Cristina Putkuri (35) compartió saberes y experiencias como antesala de un ciclo de charlas titulado “A cielo abierto”, del que participará una vez al mes en el Parque del Conocimiento.
Putkuri es licenciada en Física y doctora en Astronomía. Su interés comenzó a aflorar en sus ojos cuando contemplaba el cielo nocturno durante su infancia en una chacra ubicada a cinco kilómetros del casco céntrico de Ruiz de Montoya, a 120 kilómetros de Posadas.
En ese municipio cursó sus estudios primarios en la Escuela Provincial Nº 300 y luego continuó el nivel secundario en el Instituto Nuestra Señora de Itatí, de Capioví.
Como hija de agricultores, y nieta de quienes integraron el grupo de inmigrantes que fundó la Picada Finlandesa de Bonpland a Oberá en el año 1906, desde sus primeros años de vida tuvo un contacto muy cercano con la naturaleza y una conexión especial que años más tarde la llevó a estudiar los cuerpos celestes. “Desde muy pequeña me fascinaba observar el cielo y tuve la suerte de crecer en un entorno con noches oscuras ideales para hacerlo. Además, siempre sentí una gran inquietud por las ciencias exactas”, recordó durante una entrevista telefónica con La Voz de Misiones.
Se graduó en la Facultad de Ciencias Exactas, Naturales y Agrimensura (Facena) de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), meta que atribuye al esfuerzo y apoyo de su familia. Al hacer un repaso por su trayectoria, destacó: “Uno de los mayores logros fue ingresar a la carrera científica de Conicet, un camino largo y desafiante. Pasar de la vida en el ámbito rural a la ciudad ya representó un gran cambio, y atravesar la maternidad durante el doctorado fue otra gran prueba de resiliencia”.

Cuando cursaba la licenciatura y conoció por primera vez el observatorio, Complejo Astronómico El Leoncito, en San Juan.
En su reflexión, aludió a los desafíos de las “barreras” geográficas y de género aún presentes en la vida académica y profesional: “Producir ciencia de alto nivel siendo mujer y madre no es sencillo, pero es profundamente valioso. También considero un logro fundamental poder impulsar la astronomía en el Nordeste argentino, acercando esta disciplina a nuevas generaciones sin que tengan que migrar para formarse”.
“Y, por supuesto, cada descubrimiento cuenta. A veces, en la rutina de investigar y publicar —es decir, de comunicar nuestros resultados a la comunidad científica a través de artículos que denominamos “papers”— olvidamos lo extraordinario que es aportar conocimiento nuevo al universo”, advirtió.
En ese camino, hizo hincapié en la importancia de transmitir conocimientos sobre astronomía: “Cuando comencé a divulgar la astronomía volví a conectar con la fascinación que sentía de niña. Recordé lo maravilloso que es el universo. El conocimiento cobra verdadero sentido cuando se comparte. No solo en el ámbito académico, sino también con la comunidad, despertando curiosidad y generando nuevas vocaciones. Además el saber, enriquece enormemente a las personas”.
Astronomía desde el hogar
Durante la consulta, Putkuri dio ejemplos sobre cómo se aplican los conocimientos de la astronomía en el día a día de un ciudadano común: “La astronomía está presente en nuestra vida cotidiana más de lo que imaginamos. Por ejemplo, cuando queremos llegar a la casa de un amigo y nos envía la ubicación por GPS, estamos utilizando tecnología que depende directamente de la astronomía”.
“El sistema GPS funciona mediante una red de satélites que orbitan la Tierra y envían señales extremadamente precisas. Para determinar la posición, se mide el tiempo que tarda la señal en llegar, lo que permite calcular distancias con gran exactitud, aplicando conceptos como el movimiento de los cuerpos en el espacio y sistemas de referencia celestes”, añadió.
“Otro ejemplo es el pronóstico del clima, que se basa en satélites que observan la Tierra desde el espacio. Incluso algo tan cotidiano como el calendario tiene su origen en el estudio del movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Por otra parte, muchas tecnologías desarrolladas para la astronomía —como detectores extremadamente sensibles utilizados en telescopios para captar luz muy débil— se aplican hoy en medicina, por ejemplo en cámaras de diagnóstico y sistemas de monitoreo”, explicó.
“La astronomía no solo nos permite entender el universo, sino que también sostiene gran parte de la tecnología que utilizamos a diario”, enfatizó.

Desde el Telescopio Gemini Sur, en Chile. Se caracteriza por un espejo principal de 8.1 metros de diámetro.
Agenda
¿Cómo nace un científico? es el interrogante con el que invita a participar de la charla titulada Astronomía. De la selva a las estrellas, en el marco del ciclo “A cielo abierto”, con el que brindará encuentros una vez al mes. A su vez, anticipó que producirán un corto para presentar el hito histórico que marcó el viaje espacial protagonizado por el Artemis II y sus tripulantes.
“Por alguna razón, este proceso suele percibirse como algo lejano o misterioso, cuando en realidad puede surgir de experiencias muy simples, como mirar el cielo”, anticipó la astrónoma que abordará su recorrido y su trabajo, para luego realizar observaciones astronómicas.
El espacio de divulgación, conocido como Café Científico, está dirigido a la comunidad en general, tanto niños como jóvenes y adultos, con el objetivo de motivar e invitar a descubrir que “existen muchos caminos posibles hacia la ciencia”.
Trayectoria
A los 17 años, al finalizar la escuela secundaria, Cristina Putkuri se mudó a la ciudad de Corrientes para estudiar Ciencias Físicas en la Facultad de Ciencias Exactas, Naturales y Agrimensura (Facena) de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne).
Allí se graduó como licenciada en Física, habiendo realizado su tesis sobre un problema astronómico en colaboración con investigadores de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas (FCAG) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
En 2013, con 23 años, obtuvo una beca doctoral del Conicet que le permitió realizar el Doctorado en Astronomía en la UNLP. En ese período se desempeñó como docente en distintos niveles: en un profesorado de Física y Química de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CONSUDEC) y también en el ámbito universitario, en la Universidad Católica de La Plata (UCALP) y en la FaCENA (Unne).
Paralelamente, desarrolló tareas de investigación en el Instituto de Astrofísica de La Plata, donde continuó trabajando luego del doctorado como becaria postdoctoral, a través de becas de Conicet y de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación.
Actualmente, es investigadora asistente (cohorte 2022, en proceso de alta) en el Instituto de Modelado e Innovación Tecnológica (IMIT), dependiente de Conicet y la Unne.
“Uno de mis principales desafíos es desarrollarme plenamente como científica, acercando la ciencia a la sociedad a través de la divulgación, y al mismo tiempo sostener mi rol como madre y esposa. A futuro, mi objetivo es consolidar un grupo de investigación en el IMIT que permita el crecimiento de la astronomía en la región. Con el tiempo, me gustaría incorporar colegas y expandir el trabajo hacia distintas áreas como astronomía extragaláctica, planetaria y cosmología”, concluyó Putkuri.

Cristina junto a su familia en el año 2022
Historias
Nueve caídos misioneros, historias de coraje y heroísmo en Malvinas
Entre los nueve soldados misioneros caídos en las Islas Malvinas, en 1982, hay dos nombres que destacan por su arrojo y valor a toda prueba: el teniente Roberto Néstor Estévez y el capitán Carlos Eduardo Krause.
De 25 y 34 años, Estevez y Krause, eran los de mayor edad y rango de los nombres que la tierra colorada inscribió en el memorial de la guerra por la recuperación del archipiélago usurpado por los ingleses en 1.833. Los otros siete, eran conscriptos, de 18 y 19 años; soldados rasos, que cayeron luchando contra el enemigo, en condiciones muchas veces extremas y solo balanceables a fuerza de valor. Sus nombres están en el Monumento a Malvinas, en la Costanera de Posadas. Y cada uno tiene su calle, su plaza, su placa, en los pueblos misioneros que los vieron convertirse en héroes.

El teniente Roberto Néstor Estevez y el capitán Carlos Eduardo Krause.
Cuerpo a cuerpo
Roberto Néstor Estevez era posadeño. En 1982, ostentaba el grado de subteniente de Infantería del Ejército Argentino. Se había graduado de oficial en el Colegio Militar de la Nación, en octubre de 1978.
Estevez pisó Malvinas el mismo 2 de abril, con las fuerzas de desembarco que llegaron a las islas a bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar, en el que también iban otros misioneros, como el veterano de guerra Rodolfo Ramírez, entonces de 17 años, que servía en el Batallón de Artillería de Campaña N° 1 como jefe de pieza de un obús de 105 milímetros.
Según los testimonios de soldados que sirvieron bajo su mando, Estevez era un hombre tenaz, decidido, determinado, solidario con los suyos. Cuentan que dormía en el mismo pozo de zorro que sus hombres y siempre se aseguraba de que hubiera comida y abrigo para todos.
“Era un jefe que iba adelante”, que “nunca daba una orden que él no estuviera dispuesto a cumplir”, recuerda el soldado Sergio Daniel Rodríguez, en un video disponible en Youtube.
Rodríguez, que estaba estaba junto a Estevez cuando el misionero fue alcanzado por la ráfaga enemiga, relata emocionado en el video que su jefe, herido en piernas y brazos, seguía liderando la carga contra el avance de los ingleses en ese desolado paraje de la Isla Soledad, conocido como Pradera del Ganso o Goose Green, un asentamiento dedicado a la cría de ovejas, helado y monótono.
El veterano cuenta que Estevez, incluso, llegó a ofrecerle su propio casco, para que se protegiera del fuego británico que arreciaba sobre las fuerzas argentinas. Instantes después, fue alcanzado en el pómulo derecho y murió.
Era el 28 de mayo de 1982. El héroe misionero conducía la Sección “Bote”, del Regimiento de Infantería 25, que tenía la misión de frenar a los ingleses, que habían desembarcado en la Bahía de San Carlos siete días antes y avanzaban hacia Puerto Argentino, ubicado a 90 kilómetros.
El mando inglés había calculado un blitzkrieg, confiado en la superioridad de recursos y profesionalidad de sus fuerzas, pero se encontró con el arrojo de los pilotos argentinos, que desataron un infierno sobre la flota enemiga; y en tierra, los royal marines enfrentaron la encarnizada resistencia de Estevez y sus hombres.
Fueron 36 horas de lucha. En Pradera del Ganso, el enemigo perdió a su oficial de mayor rango en la guerra, el teniente coronel Herbert Jones, jefe del 2.º Batallón de Paracaidistas británicos.
Relata Marcelo Larraquy, periodista, escritor y autor de varios libros sobre Malvinas, que el oficial británico “iba al frente de un pelotón de quince hombres” y que “después de más de ocho horas de combate, decidió́ enfrentar el fuego que partía desde las trincheras argentinas y mantenía inmovilizadas dos, de sus cuatro compañías”.
“Jones quiso tomar los nidos de ametralladoras por asalto, en una muestra de arrojo y exceso de confianza. Una loma le impidió́ ver uno de los nidos, y, desde veinte metros a su izquierda, recibió́ una ráfaga de ametralladora”, escribe Larraqy.
Dice que el oficial inglés intentó tomar su granada, pero otra certera ráfaga lo alcanzó a la altura de la cintura. Jones volvió a sacudirse y ya no se levantó.
“Rayo de sol ha caído”, transmitió el radio operador inglés, cuenta Larraqy y sostiene que “la noticia causó estupor y confusión en las filas británicas” y que un helicóptero que intentó recoger su cuerpo “fue abatido por un Pucará”.
Estevez dejó dos cartas, que escribió antes de partir hacia las islas y llevó consigo durante toda la guerra: una para su novia, Marta Beatriz López, fallecida en 2011 y a quien conocía desde la infancia, y otra para su padre, Roberto Néstor Estévez.
Escrita en una hoja de cuaderno, la carta a su padre es un testimonio de honor, coraje y entereza.

“Querido papá.
Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. Él, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos, ¡que misión! ¿no es cierto? ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía?
Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.
Lo único que a todos quiero pedirles es:
1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo.
2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante.
3) que recen por mí.
Papá, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española; gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.
Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo. Dios y Patria ¡O muerte!
Roberto”.
Estevez fue ascendido a Teniente post-mortem y se le confirió la Cruz al Heroico Valor en Combate. Fue el único soldado misionero caído en la primera gran batalla terrestre de la guerra en el Atlántico Sur, que los analistas militares, argentinos e ingleses, coinciden en señalar como una de “las más duras y sangrientas”, porque “se peleó cuerpo a cuerpo y pozo por pozo”.
“Vuelos locos”
Carlos Eduardo Krause era oriundo de Oberá, hijo de maestros rurales. Dejó la Capital del Monte de niño y se mudó a Posadas, donde completó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Roque González, y después partió hacia Córdoba, a la Escuela de Aviación Militar, para cumplir su sueño de convertirse en piloto de guerra.
El 1 de junio de 1982, el héroe obereño iba de copiloto del Hércules C-130, matrícula TC-63, indicativo “Tiza”, de la Fuerza Aérea Argentina, en una misión de exploración y reconocimiento marítimo al norte del Estrecho de San Carlos.
Se trataba de misiones extremadamente peligrosas, casi suicidas, que los mismos pilotos habían bautizado en sorna como “vuelos locos”, porque el Hércules es un avión de transporte, una bestia lenta y desarmada.
Volaban al ras del agua esa mañana. Las olas golpeaban, por momentos, el fuselaje. Era la única manera de evitar ser detectados por la flota enemiga, que a esa altura de la guerra había ya tendido un cerco en torno a Malvinas. A las 10:25, el avión apareció como un destello en el radar de la fragata inglesa HMS Minerva, y minutos después fue interceptado por una patrulla de aviones Sea Harrier, liderada por el oficial Nigel Ward.
El primer misil enemigo falló, pero el segundo impactó en el ala derecha, entre los motores. Hubo un incendio, pero el avión siguió en el aire, por lo que el piloto británico se acercó y vació sus cañones de 30 mm, y el Hércules de Krause se precipitó al mar.
Junto al misionero, murieron el vicecomodoro Hugo Meisner, el capitán Rubén Martel y cuatro suboficiales.
Por su valentía, Krause fue ascendido post-mortem al grado de Mayor y declarado Héroe Nacional.
Los otros siete héroes misioneros de Malvinas son: Orlando Illanes, Martín Odilio Maciel, Miguel Ángel Meza, Saturnino Sanabria y Miguel Ángel Sosa, caídos el 2 de mayo de 1982, en el ataque del submarino inglés Cónqueror al Crucero ARA General Belgrano; y José Luis Ríos y Alfredo Gregorio, que murieron en combate el 14 de junio, el último día de la guerra.
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Historias
Migró en 2001, milita en PT de Lula y regulariza misioneros trabajando en Brasil
En plena crisis de 2001 y ante la falta de empleo en su pueblo natal, El Soberbio, Marcelo Do Nascimiento tomó una decisión que cambiaría su vida: emigrar a Porto Alegre, Brasil. Tenía 17 años. Allí continúo sus estudios, se formó profesionalmente y encontró en la militancia política un camino para transformar su historia personal y la de otros trabajadores.
“En Misiones nunca hubo empleo suficiente para la juventud. Primero vino una hermana mía y después vine yo”, recordó Marcelo en conversación telefónica con La Voz de Misiones. En Brasil comenzó a estudiar y a trabajar, mientras seguía de cerca el escenario político del país.
La llegada al poder de Luiz Inácio Lula da Silva en 2003 fue un punto de inflexión para el misionero. Inspirado por su historia de vida, Marcelo decidió orientar su formación hacia la industria metalmecánica y sumarse a la militancia en el Partido de los Trabajadores (PT).
Ingresó al PT en 2006, se incorporó al sector metalúrgico en 2008 y, dos años después, al sindicato. Su trayectoria fue en ascenso: participó de encuentros nacionales, ocupó cargos partidarios y sindicales, y tuvo su primer encuentro personal con Lula en 2012. “Vengo de una familia muy pobre del interior de El Soberbio. Meterme a militar fue para luchar por los derechos, para mejorar mi vida y la de mis compañeros“, afirmó a LVM.
Y añadió: “La militancia siempre surge desde ese lugar; difícilmente provenga de alguien que viene de una familia acomodada y decide militar en un partido que lucha por los derechos de los trabajadores”.
Condiciones dignas
Actualmente, Marcelo se desempeña en el Ministerio de Trabajo de Brasil, donde está a cargo de un área clave en un escenario marcado por el éxodo de trabajadores rurales. En los últimos años, la falta de empleo y los bajos salarios impulsaron a cientos de argentinos -principalmente de Misiones- a emigrar a Brasil en busca de mejores oportunidades laborales. En ese contexto, su función se centra en la regularización de extranjeros que cruzan la frontera para trabajar, un rol estratégico para garantizar derechos laborales y condiciones formales de empleo.
En ese marco, explicó a este medio que el trabajo no se realiza de manera aislada, sino en articulación con la ministra de Trabajo de Misiones, Silvana Giménez.
“Nosotros estamos haciendo un trabajo con el ministerio de Trabajo de Misiones. La ministra está hablando con nosotros porque queremos que los jóvenes, o cualquier argentino que salga de Misiones, ya venga con su documentación al día”, señaló Marcelo. En esa línea, enfatizó que el objetivo es agilizar los trámites y garantizar que los trabajadores ingresen al mercado laboral brasileño de forma legal, con todos sus derechos desde el primer día.
Según detalló, uno de los principales problemas es la falta de documentación con la que ingresan muchos migrantes, que llegan a Brasil sin un trabajo previo y sin la documentación formal necesaria para desempeñarse laboralmente. “Si no ingresan de manera legal, no pueden tramitar el CPF, que es el documento más importante de Brasil, equivalente al DNI argentino, el que permite acceder al trabajo formal y a derechos básicos”, ejemplificó.
Por ese motivo, el área trabaja de manera articulada con autoridades de Misiones, la Policía Federal y la Receita Federal para coordinar y facilitar los trámites necesarios, con el objetivo de prevenir situaciones de informalidad o explotación laboral.
“En 2023, cuando Lula asumió nuevamente, encontramos numerosos casos de trabajo esclavo, incluso con argentinos en esas condiciones. Por eso estamos muy comprometidos con que todos estén regularizados y accedan a sus derechos”, remarcó.
Además, mencionó que recientemente visitó una empresa de Santo Ângelo, que contaba con 1.300 empleados, de los cuales 170 eran argentinos.
Volver a las raíces
Marcelo comenzó a trabajar desde muy chico. “Me acuerdo bien. Desde chico laburaba en la chacra y después, a los 12 años, trabajé en una panadería. Por eso tengo muy presente de dónde vengo”, relató.
Esa experiencia marcó su recorrido personal y político, y explica el fuerte vínculo que aún mantiene con su tierra natal. “Siempre que puedo vuelvo a El Soberbio. Uno nunca debe olvidarse de dónde vino, de sus amigos, y también tiene que luchar para que otros no pasen por lo mismo que uno pasó“, expresó.
De su última visita a Misiones, a un encuentro de productores en Corpus, dijo haberse encontrado con un panorama desalentador.
“Si comparo Argentina con la época en la que me vine, estaba mejor que ahora. Estuve en Misiones hace poco y sentí que la situación está muy mal. En aquel momento no había trabajo, como hoy, pero me da la sensación de que ahora todo está peor”, opinó Marcelo y contó que muchos productores le manifestaron su preocupación por la falta de empleo y la pérdida de derechos.
Al contrastar esa realidad con la situación laboral en Brasil, sostuvo que el escenario es distinto.
“Brasil está mejor que cuando yo vine. No era fácil: el desempleo estaba cerca del 12% y hoy ronda el 4,6%. Hay pleno empleo, el salario mínimo subió y tenemos más derechos. Eso mejoró mucho, sobre todo para los jóvenes que llegan a trabajar”, señaló y, en esa línea, remarcó que mientras en Brasil se debate reducir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, en Argentina observa un fuerte retroceso en materia de derechos laborales.
A pesar de los años y la distancia, Marcelo insiste en no perder de vista sus orígenes. Desde su rol actual, busca que quienes emigran lo hagan en condiciones dignas. Esa mirada se apoya también en su formación profesional: cuenta con estudios técnicos en metrología, cálculo técnico y dibujo, y es licenciado en Gestión Pública.
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