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Buscan restos de aeronaves argentinas derribadas durante la guerra de Malvinas 

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Malvinas
ElectroMisiones.com.ar De La Finca Hydro Piscinas

Se creía que habían caído al mar, pero una nueva investigación asegura que cayeron en tierra y los restos de las naves y sus tripulantes, están hace 40 años en un islote cuyo nombre rinde homenaje a un explorador francés. 

Se trata del helicóptero Puma AE-505, del Ejército Argentino, y del avión Dagger C-433, de la Fuerza Aérea Argentina, derribados durante la guerra del Atlántico Sur en dos diferentes misiones de combate. 

Durante décadas se creyó que el helicóptero fue alcanzado por un misil y había caído al mar, pero por documentos de veteranos, cálculos de navegación y documentos desclasificados por el gobierno de Gran Bretaña, aportaron nuevos y concluyentes datos.

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Los restos del avión Dagger C-433 de la Fuerza Aérea Argentina ya fueron localizados, en la Isla Bougainville, en el suroeste, frente a la Isla Soledad, pero todavía no se halló la estructura de la cabina, donde se supone podrían estar los restos del piloto. 

“Desde que aparecieron estos nuevos datos y renació la esperanza, mucha gente se sumó al proyecto. Necesitamos que nos ayuden”, dijo Luis Ángel Bennardi, coronel de Comunicaciones, aviador del Ejército Argentino, y parte del proyecto.  

Bennardi explicó que se trata de “una misión humanitaria que nos trasciende: llevarle tranquilidad a las familias y poder cerrar un capítulo”.  

“Que estos tres tripulantes puedan tener una sepultura con los honores que les corresponde”, pidió. 

El piloto abatido

En 1982, José Ardiles era primer teniente y se encontraba prestando servicios como piloto de Mirage M-5 Dagger, en la VI Brigada Aérea, con asiento en la ciudad de Tandil.  

El 1 de mayo de 1982, el día de bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, el Mirage M-5 Dagger de Ardiles, matrícula C-433, despegó hacia Malvinas, armado con cañones de 30 mm y dos misiles Shaffrir.   

Inconvenientes técnicos, impidieron el despegue de otro caza, y Ardiles continuó solo. El centro de información y control de Malvinas lo guio para la intercepción de un eco que parecía un Sea Harrier inglés, pero de pronto el piloto argentino se encontró con dos aviones enemigos.  

Los aviones ingleses habían despegado del portaaviones HMS Hermes. Ardiles le presentó combate y disparó uno de sus misiles Shaffrir, pero una maniobra de su piloto alcanzó para esquivar el impacto.   

El combate aéreo fue breve. Ardiles fue derribado por un misil Sidewinder, disparado por el otro Sea Harrier inglés. Su avión explotó en el aire, y el teniente primero Ardiles murió en el acto.   

Los restos del Dagger se localizaron en la isla donde se supone también está el helicóptero Puma.  

Ardiles fue el cuarto piloto de la Fuerza Aérea Argentina en caer en combate, en Malvinas. El Estado argentino le otorgó la Medalla al Valor en 2002.  

La misión suicida  

A las 9:05 del 9 de mayo, la base aérea del Ejército en Malvinas recibió el siguiente mensaje: “Aquí Narwal. Somos atacados por aviones ingleses en la latitud 52 45′ Sur y longitud 58 02′ Oeste. Tenemos heridos graves”.  

El Narwal era un barco pesquero perteneciente a la Compañía Sudamericana de Pesca, que operaba en aguas argentinas desde febrero de 1975.   

Simulaba realizar tareas de pesca al Este de Puerto Argentino, pero su misión era la de efectuar inteligencia sobre la flota británica, y llevaba a bordo al teniente de navío Juan Carlos González Llanos.  

Para los ingleses, el buque no era una presencia nueva. El almirante Sandy Woodward, que estaba al mando del grupo expedicionario británico, ordenó hundirlo y envió dos Sea Harrier armados con bombas de 500 kilos y cañones de 30 mm. El ataque fue mortal para el Narwal.  

Como el barco se hundía, el capitán ordenó abandonarlo. Ya en las balsas, los marineros escucharon, sobre las nubes, el motor de un helicóptero grande. Pensaron que era argentino. Era un Sea King inglés con orden de rematarlo.  

En su rescate, el Ejército argentino envió el helicóptero Puma Alfa Eco 505, cargado con sogas, botes y chalecos salvavidas y víveres, y dos handies con frecuencia naval para poder comunicarse con los náufragos.  

En el helicóptero iban tres hombres: el teniente Juan Carlos Buschiazzo, el teniente primero Roberto Mario Fiorito, y el sargento mecánico Horacio Raúl Dimotta.   

Sabían el peligro que corrían en un teatro de operaciones donde la presencia británica comenzaba a hacerse dominante.   

El helicóptero con Buschiazzo, Fiorito y Dimotta despegó minutos antes de las 4 de la tarde. Su presencia en al aire fue descubierta poco después por los radares británicos. Fue derribado por un misil Sea Dart disparado desde la fragata Coventry.  

Al día siguiente, se mandaron tres vuelos de búsqueda, un Augusta de Ejército, después un Pucará y por último un Aeromacchi, que bordearon la costa sin divisar nada.  

El misterio duró hasta 2018, en que salieron a la luz nuevos datos que ubican la nave en la isla Bouganville, también conocida como Lively Island y cuyo nombre recuerda a Louise Antoine de Bouganville, un francés que en 1763 fundó la colonia de Port St. Louis, hoy Puerto Soledad.   

El abogado y reservista Mariano Sciaroni, parte del equipo de búsqueda, afirma que a través de quien fue oficial de vuelo de la fragata HMS Avenger, el helicóptero argentino fue localizado en la isla en los días que siguieron al ataque.  “Estaba muy quemado, no vi restos humanos, por suerte”, contó que le dijo el exmilitar inglés.  

La búsqueda 

Sciaroni explicó al diario porteño Página/12 que la nueva búsqueda de las aeronaves tropieza hasta ahora con el permiso del gobierno de las islas para volar hacia allá. 

“Las restricciones por la pandemia terminaron en julio. Pero las autoridades isleñas dijeron que ya habían hecho una búsqueda”, relató Sciaroni. 

La organización, sin embargo, insistió ante el gobierno isleño con una nueva requisitoria, cuya respuesta aguardan.  

“Mandaron a la policía a preguntar si había un helicóptero o no. Pero no hicieron una búsqueda. Por eso, este es un pedido a las autoridades de las islas para que nos dejen ir a buscar las aeronaves”, afirmó. 

“Queremos que nos dejen buscarlo de forma metódica. Es un avión que cayó hace 40 años. Va a requerir un montón de cuestiones y todo con la delicadeza necesaria de saber que se puede encontrar un resto humano”, señaló. 

Sciaroni llegó al equipo de búsqueda invitado por Bennardi, por sus conocimientos e investigaciones sobre la guerra de 1982. 

“Me puse a investigar la documentación que tenía, en los archivos británicos desclasificados, y al día siguiente le dije que se había caído sobre tierra”, contó Sciaroni.  

“Ese fue el puntapié inicial. Luego hicimos un congreso de helicópteros y preparamos una ponencia sobre este tema. Y todo el mundo se quedó sorprendido”, contó. 

El aviador explicó al diario porteño que más allá de lo que significa para la reconstrucción de la memoria histórica en torno a la guerra, el corazón de la misión es dar con los restos de los cuatro tripulantes caídos en aquellos días de mayo de 1982 en el cielo de Malvinas. 

“El militar encuentra paz en saber que si se muere lo van a buscar. A vos te mandan a África, pero el militar va sabiendo que, si se muere, lo van a ir a buscar. Por él y sus familiares”, dijo Sciaroni. 

La última foto de Buschiazzo, parado en extremo derecho, y Fiorito, parado. Dimotta no aparece.

Los padres de la búsqueda: el coronel Luis Bennardi y el subteniente de reserva Mariano Sciaroni.

El primer teniente José Ardiles, caído en Malvinas y cuyos restos se buscan.

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Historias

Huyó de la trata, se convirtió en bombera y pide ayuda para volver a Misiones

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Alejandra no recuerda una vida sin vulnerabilidades y se reconoce “viva de milagro”. Desde los 2 años sufre embates de todo tipo: abandonos, abusos, maltratos, discriminación, desarraigo y desigualdad. Un combo durísimo, que afrontó una y otra vez con la firmeza de una madre coraje.

Hoy desea volver a Misiones, donde nació y se crió, pero que abandonó hace unos años detrás de una falsa propuesta de trabajo que casi la llevó a la muerte.

“Extraño Misiones, es mi lugar. Quiero volver porque es mi tierra. Necesito estar cerca de mis familiares”, señaló Alejandra que, en diálogo con La Voz de Misiones, imploró ayuda para costear el pasaje para ella y cuatro hijas desde Salta a la Tierra Colorada.

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Solicita colaboración porque -admite- ya no tiene más opciones. Para los desconfiados -aclara- tampoco desea el dinero, solo los boletos.

Actualmente, Alejandra vive en Rosario de la Frontera, Salta, localidad que conoció realizando trabajos rurales de temporada y donde luego reconstruyó parte de su vida tras escapar de una red de trata de personas que casi la ubica en un burdel de la región sudeste de Córdoba, aunque los pesares que sufre desde niña también la acompañaron hasta allí.

Vulnerable desde niña

La mujer nació en Montecarlo, “cerca del puerto”, pero su historia de vida ya encuentra un capítulo adverso a los 2 años, cuando sus padres decidieron abandonarla en Posadas junto a sus hermanos.

En la capital provincial quedó alojada en un hogar, donde sufrió maltratos, abandonos y hasta una violación. “Fue pésimo todo lo que pasé ahí. De adolescente me pasaron a otro hogar y a veces hasta salíamos a la calle a pedir monedas. Cuando pude, busqué por mis propios medios y encontré a parte de mi familia en -Bernardo de- Irigoyen”, recordó la mujer que mañana cumplirá 39 años.

Allí comenzó otra etapa en su vida. En la localidad más oriental de Misiones encontró a su padre, aunque no pudo recuperar el vínculo. También halló a un hermano, que vivía junto a una familia adoptiva que también la resguardó. Estudió y comenzó a trabajar. De tanto en tanto realizaba viajes a Rosario de la Frontera o zonas aledañas para trabajar en la cosecha de productos estacionales.

Allí se puso en pareja con un peón oriundo de Santiago del Estero y entre viajes y viajes formó una familia, pero luego el hombre, que la sometía con episodios de violencia de género, desapareció.

En esas circunstancias, ya a mediados de 2016 y nuevamente en Misiones, su hija mayor, diagnosticada con leucemia, requería un tratamiento en Buenos Aires, pero la imposibilidad económica de afrontar el proceso era grande.

Escape en la noche

Fue allí donde la hermanastra de su madre se aprovechó de su vulnerabilidad y le ofreció un trabajo que prometía dinero pero no aclaraba condiciones. “Nunca pensé que me podría pasar algo así, pero la necesidad, la ignorancia y la confianza me llevó a aceptar sin dudar, necesitaba la plata”, describió a LVM.

Como si fuera poco, en ese momento tenía a su cuarta hija recién nacida pero internada en Eldorado. Sus captores aceptaron esperar el alta de la niña para concretar el viaje que prometía ser a Buenos Aires, pero los carteles de la ruta indicaron lo contrario.

Las valijas del viaje que iba a mejorar su vida pero terminó siendo la trampa de una red de trata.

“Ella nos pagó el pasaje a todos. Me dijo que yo después iba a comenzar a trabajar y con eso devolvía el viaje, pero apenas llegamos me pareció raro todo. Por el camino nos pidió los documentos y no nos devolvió más, me dijo que para el tratamiento de mi hija nos iban a llevar ellos después. Paramos en la casa de su marido y a la noche me llevaron a una finca donde supuestamente iba a trabajar como limpieza. Fue todo diferente”, contó.

Alejandra añadió que, al llegar a la finca, se encontró con mujeres de varias nacionalidades, pero casi todas menores o jovencitas. Lo que sucedía era evidente y lo advirtió sin necesidad de ver mucho más.

“Ahí me retobé, mi tía llamó a su suegro y me golpearon. Me fisuraron una costilla, me dejaron tirada en el baño, rompieron mi celular y casi me cortaron el cuello con un cuchillo, pensé que me mataban, pero después pude escapar en medio de la noche y corrí hacia la ruta. Era oscuro. Fue un momento desesperante. Fue lo peor que me pasó en la vida. Yo sólo pensaba en volver a buscar a mis hijas”, continuó su relato, haciendo fuerza para contener las lágrimas.

La mujer recuerda que en medio de la huida encontró a un camionero, quien la ayudó a volver al pueblo para rescatar a sus hijas y dirigirse hacia otra ciudad cordobesa, Leones, donde se refugió con ayuda de la familia del trabajador del volante.

En ese lugar, Alejandra se instaló unos días y trabajó como cocinera durante la celebración de la Fiesta Nacional del Trigo, pero luego la familia que la cobijó viajó a Salta y ella decidió sumarse al recorrido para regresar a Rosario de la Frontera, que ya conocía.

Hasta allí fue ella, nuevamente en compañía de sus hijas, y encontró su destino como bombera voluntaria.

Separación de sus hijas

El paso siguiente fue buscar al padre de sus hijas. Sabía que podía encontrarlo por la zona rural y no se equivocó, pero el reencuentro abrió otra etapa difícil.

“Encontré al padre de la niñas, que me hizo una denuncia porque yo prácticamente vivía en situación de calle y me sacó la tenencia de las niñas. Tuve que vivir dos años en una pieza del cuartel de bomberos con mi nena más chica, que tenía poco más de un año. Ella se crió ahí. Mis compañeros la cuidaban y jugaban con ella”, precisó.

En ese contexto, la mujer inició una contienda judicial para recuperar a las niñas y recibir la cuota alimentaria correspondiente. Lo logró, pero se abrió otra: “Cuando las recuperé supe que el padre comenzó a abusar de una de ellas. Ella lo contó y lo declaró en Cámara Gesell. Dijo que un primo también intentó abusar de ella. También supe que la llevaban a la iglesia del Pastor Miranda, que fue preso por abusos en la congregación”.

Volver a casa

Hoy, Alejandra nuevamente reside con sus hijas, de 18, 12, 11, 6 y 1 año, pero después de tanto trajinar desea regresar a su tierra natal. Un poco por nostalgia, otro poco para huir de la violencia de su ex pareja, quien tiene una restricción de acercamiento hacia ella.

El impedimento es lo económico. La mujer cobra una pensión de $20.000 y suma algunos pesos más con las guardias o intervenciones como bombera, pero los números no cierran para afrontar cuatro pasajes de Salta (o de Tucumán) a Misiones.

“Yo sólo quiero llegar a Posadas. Ni siquiera pido la plata, necesito que me ayuden con los pasajes. Pedí ayuda a varios políticos, pero todo quedó en la nada. Si yo llego a Posadas, ya estoy hecha. Mi deseo es volver a Irigoyen, reencontrarme con mi familia y asentarme después de tanto sufrir”, rogó.

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Joven posadeño le propuso matrimonio a su novia en las Cataratas del Iguazú

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Las pasarelas de las Cataratas del Iguazú fueron escenario esta mañana, de una romántica propuesta de matrimonio de un joven posadeña a su pareja.

El hecho fue filmado y las imágenes llegaron a la redacción de La Voz de Misiones.

Según pudo averiguar este medio, los protagonistas de la historia son Yeremy Alderete , de 22 años, y Brisa Salinas, de la misma edad.

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Ambos son de Posadas. El joven es estudiante de Ingeniería en Informática y la muchacha cursa en la Escuela de Enfermería.

En el video, se observa el momento exacto en el que Yeremy se arrodilla sobre las pasarelas de la Séptima Maravilla del Mundo y le exhibe el anillo de compromiso a Brisa, que no logra ocultar su emoción, ante los aplausos de los demás turistas.

El resto es historia: Brisa dijo que sí y besó a su pareja. ¡Éxitos!

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A 5 años del ARA San Juan, tragedia que se llevó a dos misioneros

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ARA

Hace 5 años, el 15 de noviembre de 2017, el submarino ARA San Juan desaparecía de los radares con 44 marinos a bordo, entre ellos los misioneros Eliana María Krawczyk, teniente de Navío, y el cabo Jorge Isabelino Ortiz.   

Fue el comienzo de una búsqueda desesperada que prolongaría la angustia un año, hasta que los restos de la nave aparecieron a 907 metros de profundidad, en el Atlántico Sur.  

El sumergible había sido construido a principios de la década de 1980, en el astillero alemán Thyssen Nordseewerke y contaba con 65 metros de eslora (largo), un casco de siete metros de diámetro, y estaba propulsado por cuatro motores diésel de 6.720 HP. 

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El submarino había recibido una reparación de media vida, entre 2007 y 2014, en el complejo de la empresa estatal Tandanor, que incluyó más de 600 trabajos en la nave, entre ellos el replacado de sus baterías y el reemplazo de sus cuatro motores. 

Fin del mundo 

En 2016, el ARA San Juan se encontraba operativo en la base naval de Mar del Plata, desde donde navegó hacia Ushuaia, que era donde estaba en 2017 cuando recibió la orden de zarpar en una misión de patrullaje del litoral marítimo argentino.  

Zarpó el 8 de noviembre. El 14, un día antes de esfumarse de las pantallas de radar, el submarino reportó un desperfecto eléctrico y un principio de incendio en su sala de máquinas, controlados por la tripulación.  

“Ingreso de agua de mar por sistema de ventilación al tanque de baterías N° 3, ocasionó cortocircuito y principio de incendio en el balcón de barra de baterías. Baterías de proa fuera de servicio, al momento en inmersión propulsando con circuito dividido. Sin novedades de personal. Mantendré informado”, comunicó el comandante del buque de guerra, el capitán de fragata Pedro Martínez Fernández, a las 07,30 horas.  

Fue el último contacto. El radar ubicaba la nave a 432 kilómetros de la costa patagónica, a la altura del Golfo San Jorge. 

Los misioneros 

Con 34 años de edad, Krawczyk era la única mujer a bordo del submarino. Tenía el grado de oficial y se desempeñaba como jefa de operaciones del buque.  

Obereña, Krawczyk era estudiante de Ingeniería Industrial, hasta que se decidió por la carrera naval e ingresó la Escuela Naval Militar, con la promoción 137. 

Nacido en 1985, en Posadas, el cabo Ortíz tenía tres hermanos, y estaba casado con Griselda, con quien tenían un hijo.  

Era cabo principal y maquinista, y era parte del equipo encargado del sector eléctrico y los motores diesel del buque. Ortíz llevaba 12 años en la Armada. 

En 2019, el gobierno provincial rindió homenaje a ambos submarinistas en el predio del nuevo puerto de Posadas, en Nemesio Parma, que fue bautizado con el nombre de la teniente Krawczyk. 

En la ocasión, se inauguró un busto de la marino misionera, primera submarinista mujer en la historia naval argentina, y se entregó a la esposa e hijo del cabo principal Ortiz, la Medalla al Mérito “General Don Andrés Guacurarí y Artigas”. 

La búsqueda 

La noticia sobre la pérdida de contacto con el submarino no tardó en hacerse pública y conmocionó al país. 

El 16, horas después de confirmarse la desaparición del buque y sus marinos, el entonces ministro de Defensa Oscar Aguad reconoció la situación, y activó el protocolo SAR para la búsqueda y rescate de embarcaciones. 

El gobierno del presidente Mauricio Macri solicitó ayuda internacional y navíos de Alemania, Brasil, Chile, Colombia, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Noruega, Perú, Uruguay y Rusia participaron de un operativo que se desplegó en un área de más de 500.000 kilómetros cuadrados.  

En medio de la búsqueda, el 23 de noviembre, el vocero de la Armada, capitán de Fragata Enrique Balbi, informó a la prensa que la Marina de los Estados Unidos y la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO), con sede en Viena, Austria, habían detectado “un evento anómalo, corto y consecuente con una explosión/implosión”, en la zona donde navegaba el sumergible.  

A más de una semana, las posibilidades de rescatar con vida a los 44 tripulantes del buque se esfumaban a cada segundo. El país entero contenía el aliento y oraba por la suerte de los hombres y mujeres de la Armada que iban a bordo. 

La estremecedora noticia llegó de la manera más banal, en la mesa de Mirtha Legrand. “Tengo que decirlo, están muertos”, soltó la entonces diputada nacional Elisa Carrió. A su lado estaba sentada Itatí Leguizamón, esposa de uno de los tripulantes. 

“Ellos son héroes y sé de la vocación enorme que han tenido. Ojalá que esto sirva. Me parece que decir esto es lo mejor porque así vos tenés alguien a quién ponerle una cruz, una flor”, agregó.  

Era 25 de noviembre. El 30, el Ministerio de Defensa admitió que no había posibilidades de encontrar con vida a la tripulación del submarino. Oficialmente, las tareas de rastrillaje se interrumpieron. 

El hallazgo 

Los restos del ARA San Juan fueron encontrados un año después, el 17 de noviembre de 2018. 

La búsqueda, abandonada por el gobierno el año anterior, se retomó al siguiente, producto de la presión de las familias de los marinos desaparecidos, que acamparon por 50 días en Plaza de Mayo hasta que el gobierno contrató una empresa para un nuevo rastrillaje. 

El Estado eligió a la empresa estadounidense Ocean Infinity, que movilizó hasta la zona al buque Seabed Constructor, que inició la búsqueda con familiares de la tripulación a bordo. 

El 17 de noviembre de 2018, la Armada confirmó que el Seabed había detectado al submarino a más de 900 metros de profundidad y a 500 kilómetros de la costa patagónica, a la altura de la ciudad de Comodoro Rivadavia. 

El hallazgo se produjo mediante el empleo de dispositivos submarinos y con un equipo de operación remota dotado de cámaras de alta definición. 

Los restos del ARA San Juan estaban muy cerca de la posición donde el buque oceanográfico chileno “Cabo de Hornos” había indicado que podía encontrarse, una información aportada en diciembre del año anterior. 

El buque tenía el casco “totalmente deformado, colapsado e implosionado” y sin “aberturas de consideración”, partes de la hélice enterradas y restos desperdigados en un radio de 70 metros, informó la Armada. 

El ataque inglés 

Fueron muchas las versiones que rodearon a la desaparición del ARA San Juan en aquellos días de 2017 y 2018. Se habló hasta de un ataque inglés. 

Al estar cerca de la zona de las Islas Malvinas, fuertemente militarizada por el Reino Unido luego de la guerra de 1982, se analizó la probabilidad de que el ARA San Juan haya sido torpedeado por la marina británica.  

La hipótesis se apoyaba en la idea de que el submarino argentino realizaba tareas de espionaje sobre la presencia militar inglesa, y fue atacado como represalia.  

También, se dijo que el submarino pudo haber quedado en la línea de fuego de los ejercicios militares conjuntos entre ingleses y estadounidenses. 

Otra de las hipótesis hablaba del impacto contra una mina de la época de la guerra de Malvinas; y otra, del choque con uno de los pesqueros chinos que, se asegura, operan furtivamente en esas aguas. 

El gobierno y la Armada Argentina desmintieron todas estas posibilidades. 

“No hay indicios de ataque externo ni de mina submarina que haya producido la explosión”, rezaba el parte oficial. 

Justicia 

El hundimiento del ARA San Juan desembocó en varias causas para establecer la responsabilidad política y operativa de lo ocurrido con el buque. 

En julio de 2019, la Comisión Bicameral del Congreso dictaminó “una clara responsabilidad política y administrativa” del ministro Aguad y sus funcionarios. 

Las causas judiciales judiciales comenzaron a partir de 2020, dos años después del hundimiento, con el procesamiento de seis altos oficiales: el contraalmirante Luis López Mazzeo, el capitán de Navío Claudio Villamide, el contraalmirante Luis Malchiodi, el capitán de navío Hector Alonso, el capitán de fragata Hugo Miguel Correa y el capitán de corbeta Jorge Andrés Sulia. 

Todos procesados por estrago doloso al haber desoído las advertencias sobre el funcionamiento defectuoso del instrumental del buque. 

En noviembre de ese año, la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia le ordenó a la jueza de la causa, Marta Yañez, que ampliara la investigación a las responsabilidades que pudieron haber tenido el presidente Macri, el ministro Aguad y el entonces jefe de la Armada, Marcelo Srur. 

Por esos días, el contraalmirante Enrique López Mazzeo declaró ante la Cámara Federal de Comodoro Rivadavia que la Armada conocía la ubicación del submarino en base a la información suministrada por el buque chileno “Cabo de Hornos”, lo que motivó una denuncia por encubrimiento agravado contra Macri y Aguad por parte de los familiares. 

Se inició una causa en los tribunales de Comodoro Py que fue girada al juzgado de Yañez en Caleta Olivia, donde se tramita la investigación por el hundimiento. 

A la par, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa, instruyeron un Consejo de Guerra, integrado por el jefe del Estado Mayor Conjunto (EMCO), el general Juan Martín Paleo (Ejército), el brigadier Pedro Girardi (Fuerza Aérea) y el secretario de Estrategia y Asuntos Militares Sergio Rossi, en calidad de presidente.  

El Consejo dispuso, tras varios meses de análisis, el arresto de 45 días de Srur y la destitución del capitán de navío Claudio Villamide, exjefe del comando de submarinos. 

Srur fue hallado culpable de omitir información a Defensa, y Villamide de haber actuado con negligencia. 

Mazzeo fue sancionado con 15 días de arresto, el capitán de navío Héctor Alonso con 30 días, y el mismo castigo se le aplicó al capitán de fragata Miguel Correa.

El espionaje  

En septiembre de 2020, en las instalaciones de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) se hallaron materiales que documentaban actividades de seguimiento y espionaje a los familiares de los marinos muertos por parte de agentes de ese organismo. 

Cristina Caamaño, interventora de la agencia, denunció el hecho ante la Justicia, y en diciembre de 2021 Martín Bava dictó el procesamiento del presidente Macri, y los jefes de la AFI Gustavo Arribas y Silvia Majdalani. 

Todos fueron sobreseídos en julio pasado, por los jueces de la Cámara Federal porteña Mariano Llorens, Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, con el argumento de que el espionaje se realizó a los fines de proteger al presidente.  

El busto de la teniente María Krawczyk, en el nuevo Puerto de Posadas, que lleva su nombre.

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