Historias
A 38 años de la Pascua alfonsinista: “La casa está en orden”
Este sábado se cumplen 38 años de la irrupción en la escena política argentina de los denominados “carapintada”, el alzamiento militar de la Semana Santa de 1987, que tuvo entre sus protagonistas a un coronel que ganaría peor fama en los años siguientes, y que estaba al mando del Regimiento de Infantería de San Javier, en Misiones: Aldo Rico.
Con esta sublevación, que puso en jaque al gobierno del presidente Raúl Alfonsín y tuvo en vilo al país durante horas dramáticas, los militares consiguieron la Ley de Obediencia Debida, que les aseguró por muchos años la impunidad a oficiales, policías y agentes de los servicios penitenciarios que participaron de la represión ilegal de la dictadura, y que, junto a la Ley de Punto Final, fueron derogadas en 2006, durante la gestión de Néstor Kirchner, retomándose el hilo de los juicios por crímenes de lesa humanidad.
Chascomús
El miércoles 15 de abril de 1987, Alfonsín se encontraba en Chascomús, donde pensaba pasar la Semana Santa que comenzaba al día siguiente, cuando el teléfono lo distrajo de sus planes para el fin de semana largo que se avecinaba.
Era su ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, que lo llamaba con la urgencia de acontecimientos que empezaban a sucederse y que, con el correr de las horas, tomarían su curso definitivo.
“Esto es más serio de lo que pensábamos”, le dijo el ministro al presidente y lo puso al corriente de la mecha que se había encendido en un cuartel de Córdoba, donde un mayor del Ejército, Ernesto Barreiro, se había acuartelado contra la orden judicial que lo procesaba como torturador de La Perla, el centro clandestino de detención más grande del país.
Alfonsín interrumpió de inmediato su retiro en la ciudad bonaerense que lo vio crecer y convertirse en presidente, y volvió a Buenos Aires para ponerse al frente de la situación.
Enseguida, el gobierno supo que Barreiro, conocido entre víctimas y verdugos por sus alias de “Nabo”, “Gringo”, “Hernández” y “Rubio”, no estaba solo en la asonada, que ya se había extendido a Campo de Mayo, con la toma de la Escuela de Infantería y la irrupción de Aldo Rico en la escena.

El teniente coronel Aldo Rico, jefe del Regimiento de Infantería de San Javier, figura de los carapintada de 1987.
Dos años antes
La Pascua alfonsinista empezó a incubarse mucho antes de aquellos días santos de 1987. Diversos historiadores remontan su origen en la nulidad, declarada por Alfonsín, de la autoamnistía decretada por el último de los dictadores, el general Reinaldo Bignone, y la decisión de la Cámara Federal que juzgó a los ex comandantes, que estableció la existencia de un plan criminal y ordenó juzgar hacia abajo.
“Fue el famoso punto 30 de la sentencia del 9 de diciembre de 1985, el que abrió la caja de Pandora para un gobierno que apostaba a darle un corte a los juicios en cuanto a la capacidad decisoria”, escribe el periodista Juan Pablo Csipka, autor entre otros libros de “Una batalla de todos los días”, donde repasa la década posterior a la dictadura y expone el malestar militar con los procesos judiciales.
“El punto 30 borraba la frontera entre órdenes cumplidas y excesos: todos los militares implicados en la represión eran susceptibles de ser juzgados”, señala.
Según Csipka, durante 1986, un año después de las históricas condenas a los jerarcas de la dictadura y con la Justicia resuelta a hallar hasta al último de los genocidas, el alfonsinismo trató de encontrar una salida a una crisis que veía venir.
“En abril de 1986 se dieron a conocer las llamadas ‘instrucciones a los fiscales’”, reconstruye el periodista, en referencia a un documento del Poder Ejecutivo dirigido a los fiscales militares que “abría la puerta de la impunidad a los oficiales que alegaran el cumplimiento de órdenes”, y que provocó, instantáneamente, el repudio generalizado de los organismos de derechos humanos y los distintos espacios políticos, incluyendo el partido del presidente: la Unión Cívica Radical (UCR).
Fracasado este intento, el gobierno consiguió, a fines de ese año, que el Congreso aprobara la Ley de Punto Final, que establecía un plazo de 60 días, a partir de su promulgación por el Ejecutivo, para accionar judicialmente contra militares implicados en los crímenes de la dictadura.
Pero, poco después, en febrero de 1987, sucedió algo que puso en evidencia que el Punto Final tampoco era la solución para mantener el delicado equilibrio entre el poder civil y la casa militar: las citaciones judiciales a uniformados denunciados se aceleraron, en una carrera contrarreloj, y el malestar volvió a adueñarse de los cuarteles.
Entre fines de ese mes y el siguiente, el gobierno buscó anticiparse a cualquier desenlace del estilo de lo que estaba por suceder. Por un lado, pergeñó un plan para contener cualquier insurrección militar; y, por otro, se apoyó en la promesa que el ministro de Defensa de Alfonsín le hizo al entonces jefe del Ejército, el general Héctor Ríos Ereñú, de que el Ejecutivo trabajaba en una alternativa superadora del Punto Final, según contó el mismo Jaunarena en su libro “La casa está en orden”, donde revivió aquellos días de abril de 1987.
Complot
Sin embargo, los tiempos se precipitaron y, a comienzos de abril, el gobierno radical no tenía, todavía, siquiera un borrador de lo que sería la Ley de Obediencia Debida, inspirada en el manual a los fiscales militares con que intentó contener el reguero de procesos contra los genocidas.
Por esos días, el torturador Barreiro y quien se convertiría en figura de los militares carapintada, Aldo Rico, compartieron una cena en un restaurante porteño, donde terminaron de afinar el complot.
Rico venía de cumplir 10 días de arresto por una carta en la que protestaba por lo mismo que le preocupaba a Barreiro: los juicios a los genocidas.
Era el segundo encuentro entre ambos, luego de la reunión que mantuvieron en febrero, en la que participó Luis Polo, el jefe del Regimiento de Infantería Paracaidista 14, en el que, pocos días después, Barreiro se acuartelaría, mientras Alfonsín se disponía a pasar los días santos en Chascomús.
La Semana Santa de 1987 encontró al país en un clima de recogimiento espiritual, estimulado por la visita, unos días antes, del Papa Juan Pablo II y la multitudinaria misa de Domingo de Ramos que ofició en la avenida 9 de Julio, la primera de un pontífice fuera del trono romano en las fechas que la Iglesia Católica conmemora la pasión y resurrección de Cristo.
Miércoles
El miércoles 15 de abril, cuando Alfonsín colgó la llamada con Jaunarena y se dispuso a volar a la Casa Rosada, Barreiro llevaba horas atrincherado en el regimiento cordobés de su amigo el coronel Polo, y la noticia ya había trascendido a los medios.
Era el nacimiento de los “carapintada”, un movimiento impulsado por oficiales del Ejército, entre los que había veteranos de la guerra de Malvinas, como el mismo Aldo Rico y el teniente coronel Mohamed Alí Seineldín, que lideraría los dos alzamientos siguientes, en 1988 y 1990, este último ya durante el gobierno del peronista Carlos Saúl Menem.
El nombre “carapintada” hacía referencia a la pintura que Rico y sus hombres lucían en el rostro, a la manera de un camuflaje propio de incursiones en la selva, y que, dado el escenario de la rebelión, podía interpretarse como un grito de guerra.
Ese día de 1987, mientras el presidente volaba desde territorio bonaerense hacia la sede del gobierno, Rico dejaba la tierra colorada y se dirigía a Campo de Mayo, uno de los centros de tortura de la dictadura y de donde habían salido los “vuelos de la muerte” revelados por el capitán de la Armada, Adolfo Scilingo, condenado en España en 2007 a 1.084 años de prisión.
Rico concibió la toma de la Escuela de Infantería como una operación militar, aunque las crónicas periodísticas le restan lustre y hablan de una fácil capitulación del jefe de la guarnición, Luis Pedrazzini, que entregó el cuartel sin oponer más resistencia que alegatos de tipo burocrático.
Alfonsín no había terminado de instalarse en la sede del gobierno, cuando llegaron a la Casa Rosada las primeras noticias de Campo de Mayo y ese otro militar amotinado del que nunca había oído hablar.
Para entonces, el presidente trataba, infructuosamente, de que los jefes del Ejército cumplieran con la orden de aplastar la rebelión y proceder al arresto de los sublevados. Pero, entre los uniformados prevalecía una camaradería trasuntada en complicidad, forjada en los años de plomo, y nadie acudió a tiempo al llamado presidencial.
Mientras tanto, Rico y Barreiro se habían hecho fuertes y, desde las unidades tomadas, lanzaban amenazas y exigencias: pedían el fin de los juicios, la salida de Ríos Ereñú de la jefatura del Ejército y mayor presupuesto militar.
“Este es el Ejército que combatió a la subversión y estuvo en Malvinas”, proclamaba un Rico exultante y la televisión lo mostraba rodeado de soldados con los rostros embetunados y armados hasta los dientes.

Jueves
La reacción popular no se hizo esperar y se cristalizó en movilizaciones multitudinarias en defensa de la democracia en calles, plazas y pueblos de todo el país. Miles de personas se congregaron frente a Campo de Mayo, como una muralla civil a Rico y sus hombres.
El jueves santo a la noche, el presidente se dirigió a la Asamblea Legislativa, que había sido convocada de urgencia y abonó al respaldo al orden constitucional, que a esas horas se expresaba, masivamente, en la oleada de manifestaciones.
“Este no es un exabrupto temperamental de un hombre, sino una meditada maniobra de un conjunto de hombres, cuyo objetivo es crear un hecho consumado que obligue al gobierno a convertir en materia de negociación su política”, dijo Alfonsín a senadores y diputados.
Según analiza Csipka, era claro que los carapintada no buscaban un quiebre institucional, sino imponer al gobierno los términos del alzamiento, que el mismo Alfonsín clarificó esa noche en el Congreso.

La Plaza de Mayo fue el epicentro de la reacción popular a la sublevación, que recorrió el país.
“Se pretende por esta vía imponer al Poder Constitucional una legislación que consagre la impunidad de quienes se hallan condenados o procesados en conexión con violaciones de derechos humanos cometidas durante la pasada dictadura”, dijo el presidente.
Enseguida, desescaló el tono y habló de “reconciliación”, un término que, no por casualidad, despuntó como nunca en la jerga de la Iglesia Católica de aquellos años, y que esa noche sonó a metáfora de lo que estaba por venir.
“Reafirmaremos en hechos concretos los criterios de responsabilidad que permitan la definitiva reconciliación de los argentinos”, lanzó Alfonsín.
Viernes
Los eventos del 17 de abril, Viernes Santo, día en que la feligresía católica conmemora la muerte de su máximo profeta y piedra basal de toda su fe, fueron el anticipo del desenlace revelado entre líneas por el mismo presidente la noche antes.
El gobierno anunció el pase a retiro de Ríos Ereñú de la jefatura del Ejército, como pedían los carapintada y convino con el general que permanecería en la jefatura del Ejército hasta la resolución de la crisis.
A la par, consiguió desplazar fuerzas leales hacia las guarniciones en manos de los rebeldes. La televisión se cansó de mostrar convoyes de blindados y tropas que no llegaban nunca.
Así, el coronel Polo entregó el regimiento cordobés donde protegía a su amigo el genocida Barreiro, no sin antes ayudarlo a escapar. La fuga del torturador de La Perla, dejó a Rico, solo y cercado, en su bastión de Campo de Mayo.
A esas horas, la crisis parecía próxima a su final. En medio de la repulsa general y con la noticia de que tropas al mando del general Ernesto Alais, que se decía “alfonsinista”, se movilizaban desde Rosario a Campo de Mayo, Rico parecía encontrarse en un callejón sin salida.
Pero, Alais nunca llegó y, según contó Csipka, justificó su demora con una excusa banal que ilustraba la renuencia del Ejército a intervenir: “El hecho de tener que juntar tropas en 24 horas y en medio de un feriado”.
Sábado
El sábado 18 de abril, antes de las 8 de la mañana, en la sede del Ejército del Edificio Libertador, Rico desconoció la autoridad de Ríos Ereñú, cuya cabeza figuraba entre las reivindicaciones del motín, y exigió otro interlocutor.
La tarea recayó, naturalmente, en el ministro de Defensa. Jaunarena fue a Campo de Mayo a hablar con el militar rebelde. Le prometió otra ley de impunidad para los genocidas y un nuevo jefe del Ejército.
Las crónicas señalan que Jaunarena se retiró de la reunión con el compromiso de regresar al día siguiente y el optimismo propio de quienes creen haber hecho una oferta imposible de rechazar.

Domingo
El Domingo de Pascua, 19 de abril, cuando Jaunarena regresó a Campo de Mayo, se encontró con un Rico distinto al del día anterior: reticente y de tono marcial.
Cuentan los diarios de la época, que el ministro no pudo convencerlo de deponer las armas y se fue de la unidad militar convencido de que el único interlocutor válido para descomprimir la situación era el mismo presidente.
“Pasado el mediodía, una muchedumbre llenó la Plaza de Mayo. Era una convocatoria transversal, de todos los partidos. Alfonsín decidió ir a Campo de Mayo y así lo anunció, acompañado en el balcón por Antonio Cafiero, en lo que fue la prueba del compromiso democrático del peronismo ante el alzamiento”, relata Csipka. “Un día antes, el PJ había decidido acompañar al presidente en la Rosada. Y uno de sus gobernadores, el de Salta, Roberto Romero, amenazó con separar a la provincia del resto del país si se rompía el orden constitucional”, escribe.

La tapa del diario porteño La Nación, del lunes 20 de abril de 1987.
Alfonsín partió al encuentro de Rico en helicóptero, con una escolta de dos edecanes: Julio Hang, del Ejército, y Héctor Panzardi, de la Fuerza Aérea. Allí, Rico rindió el cuartel y obtuvo de boca del presidente la promesa de la Obediencia Debida, que el Congreso convirtió en ley poco después y le significó a los genocidas una larga primavera; y que, a la sazón de los datos históricos, terminó allanando el terreno de los indultos presidenciales de Carlos Menem, de fines de diciembre de 1990, que liberó a los jerarcas condenados en 1985.
De vuelta en Casa Rosada, Alfonsín fue directo al balcón que otro miembro del Ejército, el general Juan Domingo Perón, había convertido en símbolo medio siglo antes.
“Compatriotas, compatriotas, compatriotas”, repitió varias veces, flanqueado por el vicepresidente Víctor Martínez y los peronistas Antonio Cafiero, Ítalo Argentino Luder y José Luis Manzano, y un abanico de figuras que barrían todo el arco político de entonces.
“Felices Pascuas”, saludó Alfonsín y estallaron los aplausos y las ovaciones de una Plaza de Mayo repleta. “Los hombres amotinados han depuesto su actitud”, anunció el presidente y la plaza volvió a estallar. “Como corresponde, serán sometidos a la Justicia”, informó y se repitió la ovación.
“¡Alfonsín, Alfonsín!”, vivaba la multitud.
“Se trata de un conjunto de hombres, algunos de ellos héroes de la guerra de las Malvinas, que tomaron esta decisión equivocada y han reiterado que su intención no era provocar un golpe, pero han llevado al país a esta conmoción”, señaló.
El presidente celebró la resolución pacífica de la crisis. “No hubo derramamiento de sangre”, destacó y, antes de pedir a la multitud que se desconcentrara y que cada uno volviera a su casa, pronunció la frase que quedó propuesta para la historia.
“Hoy podemos todos dar gracias a Dios”, dijo y sentenció: “La casa está en orden y no hay sangre”.
Historias
Curvas en Bici, el grupo de colombianas que llegó de Bolivia a Misiones
El miércoles 21 de enero un grupo de siete mujeres colombianas partió desde Bolivia rumbo a Argentina, con el objetivo de recorrer siete etapas, desde Corrientes hasta Iguazú en bicicleta, y lo lograron en once días. Desde allí se dirigieron hacia Río de Janeiro con el mismo sueño y mensaje: “Con el fortalecimiento de habilidades y el conocimiento mecánico, muchas mujeres sentirán plena libertad y podrán recorrer su país en bicicleta u otros países como lo hicimos nosotras”.
Curvas en Bici surgió en 2017 en Bogotá, con la misión de compartir experiencias sobre ciclismo, saberes sobre mecánica, conducción, infraestructura vial en ciudades, tránsito y seguridad, además de concebir a la bicicleta como vehículo sustentable que, además de contribuir al cuidado del medioambiente, ayuda a preservar la salud en diferentes aspectos como la prevención del sobrepeso y el sedentarismo.
Esta organización de mujeres, que cuenta con ocho años de antigüedad, realiza un viaje nacional anualmente y hasta el momento concretaron dos experiencias internacionales, la primera fue hacia Europa y en esta oportunidad la travesía sudamericana Bolivia-Argentina-Brasil.
“Como esto es un viaje que se hace en equipo decidimos visitar estas dos maravillas, que son el Salar de Uyuni y las Cataratas del Iguazú. Fue una decisión en consenso, con votaciones, evaluando pros y contras: cómo llegar, qué tan fácil iba a ser y de acuerdo a ello lo hicimos. Ya estando acá nos dimos cuenta de que no nos equivocamos y que realmente son dos maravillas y nos sentimos muy afortunadas de haberlo logrado en bici”, describió en una entrevista telefónica con La Voz de Misiones Mayra Torres, integrante de Curvas en Bici.
El viaje inició el 21 de enero en Bolivia y estuvo planeado desde hace un año y medio: “Ese es el tiempo que nos ha tomado planificar cada paso, cada sitio, la ubicación, dónde pedalear y cómo hacerlo. Nuestro viaje tenía tres puntos principales, el primero fue conocer el Salar de Uyuni, el cual nos llevó a tomar varios buses y vuelos durante un día, después estuvimos en el salar y en la noche volvimos a retomar nuestro viaje con otros buses hasta llegar a Corrientes, Argentina”, añadió Sofía Carrillo, miembro de la misma organización.
Al llegar a Corrientes, se dirigieron a la empresa donde compraron las bicicletas para esta travesía. Una vez en el lugar, las armaron, agruparon, empacaron y salieron a bordo de las mismas rumbo a la ciudad de las Cataratas.
“Fueron 7 etapas en 11 días porque nosotras tomábamos días de descanso también, entre cada tres o cuatro etapas a fin de recuperar el cuerpo, conocer los sitios, compartir con la gente y todo lo que conlleva un viaje de esta magnitud. Finalizando, llegamos a Iguazú, conocimos las Cataratas, tanto del lado argentino como del lado brasileño y después de esto la idea fue continuar el viaje hacia Río de Janeiro, allí vamos a participar del Festival del Río y conocer cómo es la ciudad”, continuó Carrillo.
Desde Corrientes capital pasaron por Itatí, Itá Ibaté, Ituzaingó, Posadas, Gobernador Roca, San Ignacio, Puerto Rico, Eldorado y Puerto Iguazú. “Conocimos el lado argentino de las Cataratas y fue algo impresionante. Previamente, en Gobernador Roca hicimos un descanso y aprovechamos para ir a San Ignacio y conocer las ruinas jesuíticas”.

Llegada de Curvas en Bici a Puerto Iguazú
“Una provincia muy bella”
“Misiones nos pareció una provincia muy bella. Los paisajes, los árboles, la tierra roja que a los ojos es algo muy bonito de ver. Para el equipo, nosotras venimos de Colombia, y estamos acostumbradas a pedalear en superficies no tan planas como las que transitamos en Corrientes, entonces, siento que físicamente nos ayudaba más el tipo de geografía en Misiones que tiene más subidas y bajadas y eso hizo más divertido el trayecto”, detalló Torres.
“Las casas que hay alrededor de la carretera tipo chalet con los pinos, el cielo azul… era muy bello. También por la calidad de las personas, siempre nos recibieron bien, cuando tuvieron la posibilidad de regalarnos agua o hielo lo hicieron y nos expresaron que nos admiraban, porque no mucha gente lo hacía… entonces fue muy lindo”, agregó la ciclista.
Por su parte, Carrillo hizo hincapié en lo que significa ser mujer y atravesar largas distancias sobre dos ruedas: “Siento que el mensaje más importante es que logramos hacer algo que pocas personas se animan a realizar, que podemos disfrutar de un país y un medio de transporte diferente, que podemos animar a más personas y a las mujeres a ser un poco más independientes y empoderarse de sí mismas a través de la bicicleta“.
En ese mismo sentido, recordó: “En los puestos de Gendarmería las mujeres nos miraban con felicidad, quizás por ver que alguien decidiera recorrer sus carreteras de esta forma. Se sentían representadas a través de nosotras, lo mismo en Colombia, todas las mujeres se sienten representadas con nosotras, de que estamos conquistando nuevos territorios a través de la bicicleta y eso genera mucho empoderamiento. Ese es el mayor significado, el empoderamiento de la mujer en el mundo y la posición de la mujer en los diferentes lugares de Suramérica”.
Durante el año y medio de preparación y planificación del viaje, vendieron productos para recaudar fondos y poder costear la travesía, a su vez, contaron con el apoyo de marcas patrocinadoras de Colombia que les brindaron tanto financiación como también elementos útiles para la ruta.
También, obtuvieron un descuento significativo en la compra de bicicletas, lo que les facilitó adquirirlas. A su vez, cada una tenía su dinero personal y familiar para cubrir gran parte de los gastos.
Posadas, el primer contacto con Misiones y otros ciclistas
Si bien dentro de la organización no cuentan con integrantes argentinas o misioneras, durante el transcurso de la travesía lograron intercambios con algunas mujeres a quienes brindaron información sobre las actividades y talleres realizados en Bogotá.
El intercambio no se produjo solamente con mujeres transeúntes sino con miembros de la comunidad mixta Ruedas Libres, abocada al ciclismo y la motivación. “Puntualmente en Posadas nos encontramos con Elías, líder de la organización Ruedas Libres, quien muy amablemente nos enseñó algunas cosas frente a las dinámicas de algunos ciclistas en su territorio, y adicionalmente nos acompañó hasta Gobernador Roca, nuestra cuarta etapa”, señaló Ángela Sánchez Restrepo, fundadora de Curvas en Bici.
“Él puntualmente nos comentó que no había muchas mujeres que se animaran a andar en bicicleta debido a temas de seguridad y también por incomodidades que algunas han sentido en ciertas agrupaciones mixtas en las que algunos hombres tienen segundas intenciones al participar de estos espacios con mujeres. Por esto, él suele realizar esfuerzos brindándoles acompañamiento a las mujeres y orientándolas en cómo empezar estas salidas. De hecho, hace salidas con un nivel menos exigente para quienes se están iniciando y de esa manera busca fortalecer la participación femenina dentro de esa organización”.
Según su relato, la admiración por la travesía en bici comandada por mujeres fue a primera vista, mientras a su paso dejaban stickers de Curvas en Bici a lo largo de la ruta 12 en Misiones: “En diferentes puntos de nuestra travesía logramos identificar el interés de las mujeres que se movilizaban en otros medios de transporte. Se quedaban muchas veces observándonos y observando nuestra dinámica, como también algunas niñas que sintieron curiosidad por lo que nosotras hacíamos mientras estábamos detenidas descansando, ajustando o despinchando ruedas. Eso también generó un impacto muy positivo, al igual que la relación con otras mujeres”.

Parada técnica de Curvas en Bici por Misiones
Sin embargo, también recordaron las experiencias que generan temores y al mismo tiempo contribuyen a estar siempre alerta: “Compartimos con otras personas nuestra felicidad y placer por hacer este tipo de travesías en bicicleta, y aunque sabíamos que hay ciertos riesgos en la carretera -debido a las velocidades de los vehículos- al salir en grupo y al ver a tantas mujeres unidas frente a este propósito, sabemos que mucha gente también puede tomar un poco de conciencia frente a la forma de rebasar a un ciclista y a la seguridad que puede compartir en las vías, además de otros temas asociados a la vida en la vía en el momento de conducir”.
Sobre lo que recordó: “Tuvimos algunos pequeños sustos con un par de vehículos que nos pasaban muy cerca y de hecho hubo un camión de carga pesada desde una distancia muy cercana, empezaba a pitar muy fuerte al grupo, lo que hizo que literalmente tengamos que salir de la carretera”.
En cuanto a la infraestructura vial observada en Misiones, expresaron: “Argentina no tiene subidas tan significativas como las tiene, por ejemplo, Colombia. Si es viable, sí consideramos que puedan analizar la creación de un espacio más amplio en las carreteras, de manera que los usuarios sean más compartidos, y sobre todo, quizá una posible infraestructura para bici que incite a las personas a recorrer su país en bicicleta debido a que puede ser un poco más fácil por su topografía”.
Sobre este cambio, añadieron que “podría involucrar a que la comunidad se mueva de otras formas, conozca y se apropie más de su país desde una bicicleta y de esa manera disminuir otros temas a nivel salud, como lo es el sobrepeso, el sedentarismo, entre otras tantas que a nivel mundial sabemos que suceden. Esto puede ser una muy buena alternativa para la comunidad en general en Argentina”.
Con el objetivo de inspirar a otras mujeres y replicar la experiencia en otros puntos del mapa, Carrillo concluyó: “Creemos que las mujeres, al momento en que se les brinda ciertas herramientas como lo es el conocimiento mecánico, el fortalecimiento de habilidades; muchas llegan a un punto en el que sienten plena libertad y pueden recorrer su país en bicicleta u otros países como lo hemos hecho nosotras. Lo seguiremos haciendo en Colombia y otras partes del mundo para ser más mujeres en bici y buscando que el mundo sea cada vez mejor para nosotras”.

Curvas en bici
La corporación Curvas en Bici se originó en Bogotá, Colombia, en el año 2017. En ese entonces Ángela Sánchez Restrepo organizó la propuesta bajo la experiencia de ser guardiana de la ciclovía en esa ciudad.
“Nuestra ciclovía en Bogotá tiene características muy importantes y trabajando allí noté que eran muy pocas las mujeres que se movilizaban en bicicleta para ese entonces, y paralelamente estudiaba Trabajo Social, así que, desde el enfoque profesional también se logra estructurar parte de la organización”, añadió Sánchez en conversación con LVM.
Desde sus comienzos hasta la actualidad, Curvas en Bici organiza talleres de mecánica, salidas en bici para mujeres y eventos asociados a retar a las mujeres a lograr nuevas distancias y conocer nuevos lugares en Colombia.
Adicionalmente, cuentan con un equipo de trabajo conformado por 35 voluntarias que acompañan a las mujeres en cada salida, en sus diferentes niveles y exigencias.
A su vez, la organización consta de zonas que divide a la comunidad por sectores y comités, en los que abordan diferentes temáticas como sostenibilidad, impacto social, talento humano, bienestar en equipo y presentación de proyectos e investigaciones en convocatorias distritales, nacionales e internacionales.
A lo largo y ancho del país reúnen alrededor de 100 mujeres que se benefician de estas actividades que son presenciales y también cuentan con espacios virtuales encaminados al bienestar, como lo es: la meditación, la salud mental y el entrenamiento funcional.
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Médico misionero se formó en Cuba y hoy superó 500 cirugías en Aristóbulo
Kevin Romeo, tiene 32 años, es oriundo de Aristóbulo del Valle, se formó como médico en Cuba y al regresar a Misiones, durante sus primeros años de carrera logró superar las 500 cirugías realizadas en el sistema de salud pública provincial, siendo las más frecuentes las colecistectomías, o extirpaciones de vesícula.
Quienes lo conocen resaltan que se destaca por “lo que no se enseña en ninguna facultad”: la vocación. Tal es así que cuando hay una urgencia, sea de día o de noche, domingos o feriados, la joven promesa de la cirugía misionera aguarda en su consultorio a pacientes con o sin turno y en horarios extendidos.
Durante una entrevista telefónica con La Voz de Misiones, hizo un repaso sobre el descubrimiento de su temprano interés por la medicina a la que, más que una profesión, la concibe como “una herramienta fundamental para generar igualdad, contención y oportunidades reales, especialmente para quienes más lo necesitan”.
Esto es así porque, según recordó, desde muy joven comenzó a descubrir su pasión por la aplicación, gestión y organización de la medicina, marcado por haber crecido en contacto con realidades donde “la salud no siempre llega a tiempo”.
Cuando apenas egresó del secundario, Romeo accedió a una beca y estudió en la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba (Elam). Allí compartió la formación con estudiantes de más de 160 países: “Fue una experiencia clave que me dio una mirada mucho más amplia del mundo, de la vida y de las distintas realidades sociales”, reconoció.
Y amplió: “Convivir con culturas, costumbres y contextos tan diversos me permitió comprender que la salud debe pensarse siempre desde una perspectiva humana, social e inclusiva. La formación fue exigente y transformadora: disciplina, trabajo en territorio y contacto permanente con el paciente, lo que me preparó para resolver problemas reales incluso en contextos complejos”.

Pacientes junto al médico cirujano Kevin Romeo.
Regreso a la tierra colorada
Una vez graduado con título de Doctor en Medicina emitido por la Elam, Romeo volvió a su país natal y comenzó a trabajar en consultorios de distintas colonias de Aristóbulo del Valle. “Esa etapa fue fundamental para interiorizarme en lo que considero la verdadera medicina: la medicina social, la que escucha, la que acompaña y la que está cerca de la gente. Una experiencia por la cual estoy profundamente agradecido”, aseguró.
La validación del título también le permitió continuar la formación como especialista en cirugía general y cursó la residencia en Eldorado, durante cuatro años. “Es un lugar al que le estoy eternamente agradecido, no solo por la oportunidad de formarme como especialista dentro del sistema público, sino también porque demuestra que cuando el Estado decide invertir en salud y en formación profesional, se generan oportunidades reales“, sostuvo.
Y añadió: “Muchos colegas de otros países deben endeudarse de por vida para acceder a este tipo de formación. También destaco el compañerismo y el sentido de familia que se vive en las residencias de Misiones, algo que cualquier residente puede confirmar”.
Finalizada la residencia, decidió regresar al hospital del cual proviene, el hospital nivel II Justo José Pereyra. Esto no es un dato menor: los especialistas pueden elegir otros destinos con mayores beneficios personales, pero los valores y el compromiso con la gente de Aristóbulo del Valle y Salto Encantado marcaron el destino de este médico. “Son convicciones que no se negocian”, remató.
Con inversiones provinciales se puso en marcha el quirófano del hospital donde, junto a un gran equipo, Romeo pudo realizar numerosas cirugías de distintos tipos, siendo las más frecuentes las colecistectomías o extirpaciones de vesícula, como respuesta a una patología muy común en la zona y cuya única solución es quirúrgica. Sin embargo, reconoció que “eso permitió dar respuestas concretas y evitar derivaciones innecesarias, acercando soluciones a la comunidad”.
Sobre sus próximos desafíos, detalló: “Estoy convencido de que la capacitación continua es clave. La medicina y la gestión de la salud requieren actualización permanente, planificación y responsabilidad. Mi objetivo es seguir mejorando la calidad quirúrgica y aportar también desde la organización y la gestión, porque los sistemas de salud no mejoran solos: mejoran cuando hay decisión política, liderazgo y planificación”.
Finalmente, hizo un análisis sobre el sistema de salud misionero, y resaltó: “Lo considero de un valor enorme. Es un sistema de excelencia, no solo a nivel provincial sino nacional. En pocas provincias se ve un sistema tan inclusivo como el nuestro, con alta calidad en recursos humanos, infraestructura y tecnología. Defenderlo, fortalecerlo y mejorarlo debe ser una prioridad permanente, porque es una política pública que impacta directamente en la vida de la gente”.
El médico misionero que vivió con indígenas en el Amazonas y es concejal en Eldorado
Historias
Misionera encontró a su mamá biológica después de 50 años
Con apenas 1 año, Griselda Lochner fue “arrebatada” de los brazos de su mamá biológica Rosa Lidia Cabañas. Medio siglo después, sin haber sabido nada una de la otra, madre e hija sellarán su encuentro este sábado el aeropuerto de Posadas.
“Yo lo único que sé es que cuando tenía un año de vida me arrebataron de ella y nunca más supe de ella hasta ahora que la busqué”, contó Griselda en diálogo con La Voz de Misiones.
Griselda reconoció que nunca indagó “mucho” sobre su historia, pero recuerda que hasta sus 5 años vivió con su papá biológico Teodoro Juan Lochner y su esposa en la localidad de Puerto Rico. “Aparentemente, no fui bienvenida en ese hogar y me llevaron a otro lugar que era la familia de mi madrastra, ahí la pasé bastante mal, hasta que mi padre busca de llevarme a esta otra familia”, relató a LVM.
En San Gotardo, un pequeño pueblo misionero ubicado en el departamento Libertador General San Martín, Rosa Ema Ayala recibió en su hogar a la pequeña Griselda. “Mi papá me llevó a ese lugar donde conocí a la señora, él lloraba mucho, se ve que era triste para él tener que dejarme, no sé qué pasó”, rememoró la mujer y añadió que “no fue una adopción legal”.
Un reencuentro
Rosa Ayala nunca le ocultó la verdad sobre sus orígenes a Griselda. Cuando cumplió 15 años, la joven le pidió reencontrase con su papá Teodoro. “Ella, a mí siempre, toda la vida, me explicó que ella no era mi madre. Yo le pido conocer a mi papá, porque tampoco me acordaba de él, y ella me lleva”, expresó.
El vínculo con su padre, sin embargo, duró poco. Es que Teodoro quiso que Griselda volviera a vivir con él y su esposa, pero a los 15 años ella pudo decidir y eligió quedarse con Rosa, la mujer que la había criado hasta ese momento.
“Ella me crio con todo su amor, con todo su cariño. Ahí pasé los mejores días, los mejores momentos de mi vida”, afirmó Griselda y reveló acompañó a su madre adoptiva hasta su fallecimiento por un cáncer de colon.
Teodoro volvió a su vida cuando ella tenía 35 años. “Lo volví a buscar, me volví a reencontrar con él y a los dos años él fallece. Pero logré restablecer el vínculo con él y estuvimos bien”. Nunca le preguntó a su padre por qué no la crio. “Yo nunca pregunté, nunca me interioricé en saber el por qué de las cosas. Siempre consideré que tendría sus motivos y si no me contaban, yo no busqué”.
La búsqueda de su madre
Por mucho tiempo, Griselda no indagó ni buscó saber qué había ocurrido con su mamá biológica, pero con los años cambió de parecer hasta que definitivamente pensó que sería “bueno” conocerla.
“A mi papá yo nunca le pregunté nada y él nunca me dijo nada. Su mujer me decía ‘vamos a buscar a tu mamá’. Yo al principio no me interesaba mucho, hasta ahora que de grande pensé ‘pasan los años y estaría bueno si ella realmente quiere'”, dijo a LVM.
Hace un año, junto a su madrastra, iniciaron la búsqueda de Rosa Cabañas. Fue entonces que por primera vez Griselda sacó su partida de nacimiento.
“Mi madrastra me ayuda a sacar la partida en el registro de Capioví, porque yo ni mi partida de nacimiento busqué, y ahí conseguimos el nombre de mi madre y su DNI”, detalló Griselda sobre como obtuvieron los primeros datos de su madre.
En ese momento estaba habilitado el Padrón Electoral de las últimas elecciones y fue una trabajadora del Registro de Capioví quien la ayudó a ubicar Rosa Lidia Cabañas, de 70 años, en Buenos Aires.
“Busco en el Facebook a todas las Rosas Cabaña y le escribo más o menos a todas las que podían ser”, recordó Griselda y reveló que la respuesta llegó un domingo, el mismo día de las elecciones: “Me llaman y se presenta quién sería mi hermana y mi mamá”.
Esa primera llamada telefónica fue intensa, recordó Griselda. “Ella ese día que me llamó no podía hablar, lloraba mucho, es como una emoción muy fuerte”. A Rosa su familia la describió como una mujer de 70 años con problemas de corazón, por lo que decidieron dejar las conversaciones más profundas para un encuentro presencial.
Punto de encuentro
Este sábado, Rosa Lidia Cabañas y Griselda Lochner se conocerán después de 50 años. “Ella dijo que quería venir, me preguntó si podía venir a conocerme y yo le digo que sí, no hay problema. Yo no soy juez, no soy nada y no me importa lo que pasó atrás”.
Para Griselda, el reencuentro significa una oportunidad: “Lo lindo es que nos reencontremos, que cerremos un ciclo de nuestra vida que es necesario muchas veces para cada uno”, dijo.
“Es la primera vez que voy a tener un recuerdo de mi mamá biológica”, afirmó emocionada la mujer.
Griselda es madre de siete hijos, “la más grande tiene 27 años y la más chica 17”, vive en Posadas y atraviesa estos días con una mezcla de ansiedad y emoción: “Estoy muy emocionada y espero, ansiosa, para conocerla y comenzar a vivir el mucho o poco tiempo que tengamos las dos para compartir. A lo mejor no vamos a estar siempre juntas, pero estamos juntas por mensaje y sabiendo la una de la otra”, cerró.
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