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Buscan restos de aeronaves argentinas derribadas durante la guerra de Malvinas 

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Malvinas

Se creía que habían caído al mar, pero una nueva investigación asegura que cayeron en tierra y los restos de las naves y sus tripulantes, están hace 40 años en un islote cuyo nombre rinde homenaje a un explorador francés. 

Se trata del helicóptero Puma AE-505, del Ejército Argentino, y del avión Dagger C-433, de la Fuerza Aérea Argentina, derribados durante la guerra del Atlántico Sur en dos diferentes misiones de combate. 

Durante décadas se creyó que el helicóptero fue alcanzado por un misil y había caído al mar, pero por documentos de veteranos, cálculos de navegación y documentos desclasificados por el gobierno de Gran Bretaña, aportaron nuevos y concluyentes datos.

Los restos del avión Dagger C-433 de la Fuerza Aérea Argentina ya fueron localizados, en la Isla Bougainville, en el suroeste, frente a la Isla Soledad, pero todavía no se halló la estructura de la cabina, donde se supone podrían estar los restos del piloto. 

“Desde que aparecieron estos nuevos datos y renació la esperanza, mucha gente se sumó al proyecto. Necesitamos que nos ayuden”, dijo Luis Ángel Bennardi, coronel de Comunicaciones, aviador del Ejército Argentino, y parte del proyecto.  

Bennardi explicó que se trata de “una misión humanitaria que nos trasciende: llevarle tranquilidad a las familias y poder cerrar un capítulo”.  

“Que estos tres tripulantes puedan tener una sepultura con los honores que les corresponde”, pidió. 

El piloto abatido

En 1982, José Ardiles era primer teniente y se encontraba prestando servicios como piloto de Mirage M-5 Dagger, en la VI Brigada Aérea, con asiento en la ciudad de Tandil.  

El 1 de mayo de 1982, el día de bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, el Mirage M-5 Dagger de Ardiles, matrícula C-433, despegó hacia Malvinas, armado con cañones de 30 mm y dos misiles Shaffrir.   

Inconvenientes técnicos, impidieron el despegue de otro caza, y Ardiles continuó solo. El centro de información y control de Malvinas lo guio para la intercepción de un eco que parecía un Sea Harrier inglés, pero de pronto el piloto argentino se encontró con dos aviones enemigos.  

Los aviones ingleses habían despegado del portaaviones HMS Hermes. Ardiles le presentó combate y disparó uno de sus misiles Shaffrir, pero una maniobra de su piloto alcanzó para esquivar el impacto.   

El combate aéreo fue breve. Ardiles fue derribado por un misil Sidewinder, disparado por el otro Sea Harrier inglés. Su avión explotó en el aire, y el teniente primero Ardiles murió en el acto.   

Los restos del Dagger se localizaron en la isla donde se supone también está el helicóptero Puma.  

Ardiles fue el cuarto piloto de la Fuerza Aérea Argentina en caer en combate, en Malvinas. El Estado argentino le otorgó la Medalla al Valor en 2002.  

La misión suicida  

A las 9:05 del 9 de mayo, la base aérea del Ejército en Malvinas recibió el siguiente mensaje: “Aquí Narwal. Somos atacados por aviones ingleses en la latitud 52 45′ Sur y longitud 58 02′ Oeste. Tenemos heridos graves”.  

El Narwal era un barco pesquero perteneciente a la Compañía Sudamericana de Pesca, que operaba en aguas argentinas desde febrero de 1975.   

Simulaba realizar tareas de pesca al Este de Puerto Argentino, pero su misión era la de efectuar inteligencia sobre la flota británica, y llevaba a bordo al teniente de navío Juan Carlos González Llanos.  

Para los ingleses, el buque no era una presencia nueva. El almirante Sandy Woodward, que estaba al mando del grupo expedicionario británico, ordenó hundirlo y envió dos Sea Harrier armados con bombas de 500 kilos y cañones de 30 mm. El ataque fue mortal para el Narwal.  

Como el barco se hundía, el capitán ordenó abandonarlo. Ya en las balsas, los marineros escucharon, sobre las nubes, el motor de un helicóptero grande. Pensaron que era argentino. Era un Sea King inglés con orden de rematarlo.  

En su rescate, el Ejército argentino envió el helicóptero Puma Alfa Eco 505, cargado con sogas, botes y chalecos salvavidas y víveres, y dos handies con frecuencia naval para poder comunicarse con los náufragos.  

En el helicóptero iban tres hombres: el teniente Juan Carlos Buschiazzo, el teniente primero Roberto Mario Fiorito, y el sargento mecánico Horacio Raúl Dimotta.   

Sabían el peligro que corrían en un teatro de operaciones donde la presencia británica comenzaba a hacerse dominante.   

El helicóptero con Buschiazzo, Fiorito y Dimotta despegó minutos antes de las 4 de la tarde. Su presencia en al aire fue descubierta poco después por los radares británicos. Fue derribado por un misil Sea Dart disparado desde la fragata Coventry.  

Al día siguiente, se mandaron tres vuelos de búsqueda, un Augusta de Ejército, después un Pucará y por último un Aeromacchi, que bordearon la costa sin divisar nada.  

El misterio duró hasta 2018, en que salieron a la luz nuevos datos que ubican la nave en la isla Bouganville, también conocida como Lively Island y cuyo nombre recuerda a Louise Antoine de Bouganville, un francés que en 1763 fundó la colonia de Port St. Louis, hoy Puerto Soledad.   

El abogado y reservista Mariano Sciaroni, parte del equipo de búsqueda, afirma que a través de quien fue oficial de vuelo de la fragata HMS Avenger, el helicóptero argentino fue localizado en la isla en los días que siguieron al ataque.  “Estaba muy quemado, no vi restos humanos, por suerte”, contó que le dijo el exmilitar inglés.  

La búsqueda 

Sciaroni explicó al diario porteño Página/12 que la nueva búsqueda de las aeronaves tropieza hasta ahora con el permiso del gobierno de las islas para volar hacia allá. 

“Las restricciones por la pandemia terminaron en julio. Pero las autoridades isleñas dijeron que ya habían hecho una búsqueda”, relató Sciaroni. 

La organización, sin embargo, insistió ante el gobierno isleño con una nueva requisitoria, cuya respuesta aguardan.  

“Mandaron a la policía a preguntar si había un helicóptero o no. Pero no hicieron una búsqueda. Por eso, este es un pedido a las autoridades de las islas para que nos dejen ir a buscar las aeronaves”, afirmó. 

“Queremos que nos dejen buscarlo de forma metódica. Es un avión que cayó hace 40 años. Va a requerir un montón de cuestiones y todo con la delicadeza necesaria de saber que se puede encontrar un resto humano”, señaló. 

Sciaroni llegó al equipo de búsqueda invitado por Bennardi, por sus conocimientos e investigaciones sobre la guerra de 1982. 

“Me puse a investigar la documentación que tenía, en los archivos británicos desclasificados, y al día siguiente le dije que se había caído sobre tierra”, contó Sciaroni.  

“Ese fue el puntapié inicial. Luego hicimos un congreso de helicópteros y preparamos una ponencia sobre este tema. Y todo el mundo se quedó sorprendido”, contó. 

El aviador explicó al diario porteño que más allá de lo que significa para la reconstrucción de la memoria histórica en torno a la guerra, el corazón de la misión es dar con los restos de los cuatro tripulantes caídos en aquellos días de mayo de 1982 en el cielo de Malvinas. 

“El militar encuentra paz en saber que si se muere lo van a buscar. A vos te mandan a África, pero el militar va sabiendo que, si se muere, lo van a ir a buscar. Por él y sus familiares”, dijo Sciaroni. 

La última foto de Buschiazzo, parado en extremo derecho, y Fiorito, parado. Dimotta no aparece.

Los padres de la búsqueda: el coronel Luis Bennardi y el subteniente de reserva Mariano Sciaroni.

El primer teniente José Ardiles, caído en Malvinas y cuyos restos se buscan.

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Yerba mate León: memoria, lucha agraria y un homenaje a Pedro Peczak

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Las memorias de las luchas agrarias siguen vivas en cada una de las pequeñas chacras que resistieron el paso del tiempo, las crisis económicas y la persecución política. Allí sobreviven también las historias de quienes defendieron la tierra y el derecho de los pequeños productores a permanecer en ella.

Mientras muchos asocian el nombre de la yerba mate León con referencias políticas actuales, la verdadera historia detrás de la marca que acaba de ser premiada en Buenos Aires remite a uno de los capítulos más dolorosos de la historia argentina y a las luchas agrarias que marcaron a Misiones.

Ygor Sobol, productor yerbatero y creador de la marca, explicó que León nació como un homenaje a su tío, Pedro Peczak, histórico dirigente agrario misionero perseguido y desaparecido durante la última dictadura militar.

Según relata, cuando Peczak permanecía en la clandestinidad, quienes lo buscaban lo identificaban con el nombre clave de “León”, un apodo que con el tiempo se transformó en el nombre de la yerba.

Los Peczak y la represión

La historia de la familia estuvo atravesada por la represión. Su madre, Ana Peczak, hermana de Pedro, fue detenida por las fuerzas de seguridad, mientras que su padre permaneció preso durante un año debido a su vinculación con la militancia agraria y las Ligas Agrarias.

“Nací en democracia, pero mi hermana mayor tenía cinco años en aquella época y recuerda cómo los militares la interrogaban. También recuerda las ausencias cuando se llevaban a mi papá y a mis tíos, o cuando fueron torturados en la casa de mi abuela. Lo que sí recuerdo es la presión que sentía el entorno familiar. Pedro era la persona más buscada y uno de los casos más resonantes de Misiones”, relata Sobol.

La marca nació hace algunos años, pero terminó de consolidarse en medio de la crisis del sector yerbatero y la desregulación del mercado. Sobol decidió dejar de depender exclusivamente de la venta de hoja verde para apostar por la elaboración y comercialización de su propia yerba, utilizando materia prima proveniente de propiedades familiares históricamente vinculadas a la producción yerbatera.

León

En plena crisis por la caída de los precios de la materia prima nació una nueva yerba mate. El nombre es fuerte, pero no tiene nada que ver con la imagen con la que suele identificarse al presidente Javier Milei, impulsor de la desregulación del mercado yerbatero. Yerba León, por el contrario, remite a una historia mucho más profunda, ligada a la lucha por un precio justo para los productores y a la defensa de los derechos de las familias rurales.

En los últimos días, Yerba Mate León ganó notoriedad tras obtener una distinción en el Mundial de la Yerba Mate. El reconocimiento no solo multiplicó las consultas comerciales y la incorporación de nuevos distribuidores, sino que también volvió a poner sobre la mesa el significado de un nombre que suele generar confusiones.

Yerba mate León con la distinción Oro del mundial de la Yerba Mate

Sobol reconoce que la participación de la marca en el evento La Derecha Fest, vinculado a sectores libertarios, alimentó esas interpretaciones. Sin embargo, aclara que la presencia respondió a una estrategia comercial y no a una identificación partidaria.

“Cuando nos preguntan, contamos toda la realidad”, sostiene. Para él, lo importante es que se conozca el origen del nombre y la historia que representa.

“Tomar la decisión de estar presentes fue chocante. Tuvimos discusiones internas, reclamos familiares y cuestionamientos de amigos. A los sectores más radicalizados les molestó”, admite.

Y agrega: “Está bueno que se reconozca de dónde viene el nombre, por su raíz y por la herencia que representa”.

Detrás de ese origen aparecen la memoria de Pedro Peczak, las luchas del Movimiento Agrario Misionero, la resistencia de las familias rurales y el esfuerzo de los pequeños productores que aún hoy buscan agregar valor a su producción para permanecer en la chacra.

“La amiga de mi mamá, que distribuye la yerba en Paraná, por el nombre me dice: ‘Tengo una dicotomía, cómo me cuesta vender tu yerba ’”, cuenta entre risas.

Respecto de la utilización mediática de la marca y de su asociación con determinados sectores políticos, Sobol es contundente: “Sinceramente, no me gusta que se generen esas lecturas. Soy una persona que cree que para salir adelante hay que terminar con la grieta en algún momento y unirnos”.

Quién fue Pedro Peczak 

Pedro Peczak fue uno de los principales dirigentes del Movimiento Agrario de Misiones (MAM) y una de las figuras más emblemáticas de la defensa de los pequeños productores misioneros durante la década de 1970.

Nacido en Los Helechos, participó de la fundación del MAM en 1971 y un año después fue elegido secretario general de la organización, que representaba a unas 12.000 familias rurales. Desde ese lugar impulsó reclamos por precios justos para la producción, mejores condiciones de vida para los colonos y una transformación de las estructuras económicas que perjudicaban a los agricultores familiares.

Además de su actividad gremial, fue un activo comunicador a través de Amanecer Agrario, el periódico del MAM. Tras el golpe de Estado de 1976, la organización fue declarada ilegal y sus dirigentes comenzaron a ser perseguidos.

Peczak fue secuestrado en Panambí por fuerzas represivas, trasladado por distintos centros clandestinos de detención y posteriormente asesinado. Su nombre integra la nómina de víctimas del terrorismo de Estado en Misiones y continúa siendo un símbolo de la lucha agraria y de la resistencia de los pequeños productores.

Dictadura en Misiones: la foto del Golpe y las voces del primer año del horror

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Cristina Putkuri y la divulgación astronómica de la selva a las estrellas

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A pocos días de que, por primera vez en la historia, una misión tripulada por la Nasa sobrevolara la cara oculta de la Luna, sin aterrizar, a más de 400.000 kilómetros de la Tierra durante diez días, la astrónoma misionera Cristina Putkuri (35) compartió saberes y experiencias como antesala de un ciclo de charlas titulado “A cielo abierto”, del que participará una vez al mes en el Parque del Conocimiento.

Putkuri es licenciada en Física y doctora en Astronomía. Su interés comenzó a aflorar en sus ojos cuando contemplaba el cielo nocturno durante su infancia en una chacra ubicada a cinco kilómetros del casco céntrico de Ruiz de Montoya, a 120 kilómetros de Posadas.

En ese municipio cursó sus estudios primarios en la Escuela Provincial Nº 300 y luego continuó el nivel secundario en el Instituto Nuestra Señora de Itatí, de Capioví.

Como hija de agricultores, y nieta de quienes integraron el grupo de inmigrantes que fundó la Picada Finlandesa de Bonpland a Oberá en el año 1906, desde sus primeros años de vida tuvo un contacto muy cercano con la naturaleza y una conexión especial que años más tarde la llevó a estudiar los cuerpos celestes. “Desde muy pequeña me fascinaba observar el cielo y tuve la suerte de crecer en un entorno con noches oscuras ideales para hacerlo. Además, siempre sentí una gran inquietud por las ciencias exactas”, recordó durante una entrevista telefónica con La Voz de Misiones.

Se graduó en la Facultad de Ciencias Exactas, Naturales y Agrimensura (Facena) de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), meta que atribuye al esfuerzo y apoyo de su familia. Al hacer un repaso por su trayectoria, destacó: “Uno de los mayores logros fue ingresar a la carrera científica de Conicet, un camino largo y desafiante. Pasar de la vida en el ámbito rural a la ciudad ya representó un gran cambio, y atravesar la maternidad durante el doctorado fue otra gran prueba de resiliencia”.

Cuando cursaba la licenciatura y conoció por primera vez el observatorio, Complejo Astronómico El Leoncito, en San Juan.

En su reflexión, aludió a los desafíos de las “barreras” geográficas y de género aún presentes en la vida académica y profesional: “Producir ciencia de alto nivel siendo mujer y madre no es sencillo, pero es profundamente valioso. También considero un logro fundamental poder impulsar la astronomía en el Nordeste argentino, acercando esta disciplina a nuevas generaciones sin que tengan que migrar para formarse”.

“Y, por supuesto, cada descubrimiento cuenta. A veces, en la rutina de investigar y publicar —es decir, de comunicar nuestros resultados a la comunidad científica a través de artículos que denominamos “papers”— olvidamos lo extraordinario que es aportar conocimiento nuevo al universo”, advirtió.

En ese camino, hizo hincapié en la importancia de transmitir conocimientos sobre astronomía: “Cuando comencé a divulgar la astronomía volví a conectar con la fascinación que sentía de niña. Recordé lo maravilloso que es el universo. El conocimiento cobra verdadero sentido cuando se comparte. No solo en el ámbito académico, sino también con la comunidad, despertando curiosidad y generando nuevas vocaciones. Además el saber, enriquece enormemente a las personas”.

Astronomía desde el hogar

Durante la consulta, Putkuri dio ejemplos sobre cómo se aplican los conocimientos de la astronomía en el día a día de un ciudadano común: “La astronomía está presente en nuestra vida cotidiana más de lo que imaginamos. Por ejemplo, cuando queremos llegar a la casa de un amigo y nos envía la ubicación por GPS, estamos utilizando tecnología que depende directamente de la astronomía”.

El sistema GPS funciona mediante una red de satélites que orbitan la Tierra y envían señales extremadamente precisas. Para determinar la posición, se mide el tiempo que tarda la señal en llegar, lo que permite calcular distancias con gran exactitud, aplicando conceptos como el movimiento de los cuerpos en el espacio y sistemas de referencia celestes”, añadió.

“Otro ejemplo es el pronóstico del clima, que se basa en satélites que observan la Tierra desde el espacio. Incluso algo tan cotidiano como el calendario tiene su origen en el estudio del movimiento de la Tierra alrededor del Sol. Por otra parte, muchas tecnologías desarrolladas para la astronomía —como detectores extremadamente sensibles utilizados en telescopios para captar luz muy débil— se aplican hoy en medicina, por ejemplo en cámaras de diagnóstico y sistemas de monitoreo”, explicó.

La astronomía no solo nos permite entender el universo, sino que también sostiene gran parte de la tecnología que utilizamos a diario”, enfatizó.

Desde el Telescopio Gemini Sur, en Chile. Se caracteriza por un espejo principal de 8.1 metros de diámetro.

Agenda 

¿Cómo nace un científico? es el interrogante con el que invita a participar de la charla titulada Astronomía. De la selva a las estrellas, en el marco del ciclo “A cielo abierto”, con el que brindará encuentros una vez al mes. A su vez, anticipó que producirán un corto para presentar el hito histórico que marcó el viaje espacial protagonizado por el Artemis II y sus tripulantes.

Por alguna razón, este proceso suele percibirse como algo lejano o misterioso, cuando en realidad puede surgir de experiencias muy simples, como mirar el cielo”, anticipó la astrónoma que abordará su recorrido y su trabajo, para luego realizar observaciones astronómicas.

El espacio de divulgación, conocido como Café Científico, está dirigido a la comunidad en general, tanto niños como jóvenes y adultos, con el objetivo de motivar e invitar a descubrir que “existen muchos caminos posibles hacia la ciencia”.

Trayectoria

A los 17 años, al finalizar la escuela secundaria, Cristina Putkuri se mudó a la ciudad de Corrientes para estudiar Ciencias Físicas en la Facultad de Ciencias Exactas, Naturales y Agrimensura (Facena) de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne).

Allí se graduó como licenciada en Física, habiendo realizado su tesis sobre un problema astronómico en colaboración con investigadores de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas (FCAG) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

En 2013, con 23 años, obtuvo una beca doctoral del Conicet que le permitió realizar el Doctorado en Astronomía en la UNLP. En ese período se desempeñó como docente en distintos niveles: en un profesorado de Física y Química de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CONSUDEC) y también en el ámbito universitario, en la Universidad Católica de La Plata (UCALP) y en la FaCENA (Unne).

Paralelamente, desarrolló tareas de investigación en el Instituto de Astrofísica de La Plata, donde continuó trabajando luego del doctorado como becaria postdoctoral, a través de becas de Conicet y de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación.

Actualmente, es investigadora asistente (cohorte 2022, en proceso de alta) en el Instituto de Modelado e Innovación Tecnológica (IMIT), dependiente de Conicet y la Unne.

“Uno de mis principales desafíos es desarrollarme plenamente como científica, acercando la ciencia a la sociedad a través de la divulgación, y al mismo tiempo sostener mi rol como madre y esposa. A futuro, mi objetivo es consolidar un grupo de investigación en el IMIT que permita el crecimiento de la astronomía en la región. Con el tiempo, me gustaría incorporar colegas y expandir el trabajo hacia distintas áreas como astronomía extragaláctica, planetaria y cosmología”, concluyó Putkuri.

Cristina junto a su familia en el año 2022

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Nueve caídos misioneros, historias de coraje y heroísmo en Malvinas

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Malvinas

Entre los nueve soldados misioneros caídos en las Islas Malvinas, en 1982, hay dos nombres que destacan por su arrojo y valor a toda prueba: el teniente Roberto Néstor Estévez y el capitán Carlos Eduardo Krause.

De 25 y 34 años, Estevez y Krause, eran los de mayor edad y rango de los nombres que la tierra colorada inscribió en el memorial de la guerra por la recuperación del archipiélago usurpado por los ingleses en 1.833. Los otros siete, eran conscriptos, de 18 y 19 años; soldados rasos, que cayeron luchando contra el enemigo, en condiciones muchas veces extremas y solo balanceables a fuerza de valor. Sus nombres están en el Monumento a Malvinas, en la Costanera de Posadas. Y cada uno tiene su calle, su plaza, su placa, en los pueblos misioneros que los vieron convertirse en héroes.

El teniente Roberto Néstor Estevez y el capitán Carlos Eduardo Krause.

Cuerpo a cuerpo

Roberto Néstor Estevez era posadeño. En 1982, ostentaba el grado de subteniente de Infantería del Ejército Argentino. Se había graduado de oficial en el Colegio Militar de la Nación, en octubre de 1978.

Estevez pisó Malvinas el mismo 2 de abril, con las fuerzas de desembarco que llegaron a las islas a bordo del rompehielos ARA Almirante Irízar, en el que también iban otros misioneros, como el veterano de guerra Rodolfo Ramírez, entonces de 17 años, que servía en el Batallón de Artillería de Campaña N° 1 como jefe de pieza de un obús de 105 milímetros.

Según los testimonios de soldados que sirvieron bajo su mando, Estevez era un hombre tenaz, decidido, determinado, solidario con los suyos. Cuentan que dormía en el mismo pozo de zorro que sus hombres y siempre se aseguraba de que hubiera comida y abrigo para todos.

“Era un jefe que iba adelante”, que “nunca daba una orden que él no estuviera dispuesto a cumplir”, recuerda el soldado Sergio Daniel Rodríguez, en un video disponible en Youtube.

Rodríguez, que estaba estaba junto a Estevez cuando el misionero fue alcanzado por la ráfaga enemiga, relata emocionado en el video que su jefe, herido en piernas y brazos, seguía liderando la carga contra el avance de los ingleses en ese desolado paraje de la Isla Soledad, conocido como Pradera del Ganso o Goose Green, un asentamiento dedicado a la cría de ovejas, helado y monótono.

El veterano cuenta que Estevez, incluso, llegó a ofrecerle su propio casco, para que se protegiera del fuego británico que arreciaba sobre las fuerzas argentinas. Instantes después, fue alcanzado en el pómulo derecho y murió.

Era el 28 de mayo de 1982. El héroe misionero conducía la Sección “Bote”, del Regimiento de Infantería 25, que tenía la misión de frenar a los ingleses, que habían desembarcado en la Bahía de San Carlos siete días antes y avanzaban hacia Puerto Argentino, ubicado a 90 kilómetros.

El mando inglés había calculado un blitzkrieg, confiado en la superioridad de recursos y profesionalidad de sus fuerzas, pero se encontró con el arrojo de los pilotos argentinos, que desataron un infierno sobre la flota enemiga; y en tierra, los royal marines enfrentaron la encarnizada resistencia de Estevez y sus hombres.

Fueron 36 horas de lucha. En Pradera del Ganso, el enemigo perdió a su oficial de mayor rango en la guerra, el teniente coronel Herbert Jones, jefe del 2.º Batallón de Paracaidistas británicos.

Relata Marcelo Larraquy, periodista, escritor y autor de varios libros sobre Malvinas, que el oficial británico “iba al frente de un pelotón de quince hombres” y que “después de más de ocho horas de combate, decidió́ enfrentar el fuego que partía desde las trincheras argentinas y mantenía inmovilizadas dos, de sus cuatro compañías”.

“Jones quiso tomar los nidos de ametralladoras por asalto, en una muestra de arrojo y exceso de confianza. Una loma le impidió́ ver uno de los nidos, y, desde veinte metros a su izquierda, recibió́ una ráfaga de ametralladora”, escribe Larraqy.

Dice que el oficial inglés intentó tomar su granada, pero otra certera ráfaga lo alcanzó a la altura de la cintura. Jones volvió a sacudirse y ya no se levantó.

“Rayo de sol ha caído”, transmitió el radio operador inglés, cuenta Larraqy y sostiene que “la noticia causó estupor y confusión en las filas británicas” y que un helicóptero que intentó recoger su cuerpo “fue abatido por un Pucará”.

Estevez dejó dos cartas, que escribió antes de partir hacia las islas y llevó consigo durante toda la guerra: una para su novia, Marta Beatriz López, fallecida en 2011 y a quien conocía desde la infancia, y otra para su padre, Roberto Néstor Estévez.

Escrita en una hoja de cuaderno, la carta a su padre es un testimonio de honor, coraje y entereza.

Querido papá.

Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor. Él, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión. Pero fijate vos, ¡que misión! ¿no es cierto? ¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía?

Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.

Lo único que a todos quiero pedirles es:

1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo.
2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante.
3) que recen por mí.

Papá, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas: Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española; gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.

Hasta el reencuentro, si Dios lo permite. Un fuerte abrazo. Dios y Patria ¡O muerte!

Roberto”.

Estevez fue ascendido a Teniente post-mortem y se le confirió la Cruz al Heroico Valor en Combate. Fue el único soldado misionero caído en la primera gran batalla terrestre de la guerra en el Atlántico Sur, que los analistas militares, argentinos e ingleses, coinciden en señalar como una de “las más duras y sangrientas”, porque “se peleó cuerpo a cuerpo y pozo por pozo”.

“Vuelos locos”

Carlos Eduardo Krause era oriundo de Oberá, hijo de maestros rurales. Dejó la Capital del Monte de niño y se mudó a Posadas, donde completó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Roque González, y después partió hacia Córdoba, a la Escuela de Aviación Militar, para cumplir su sueño de convertirse en piloto de guerra.

El 1 de junio de 1982, el héroe obereño iba de copiloto del Hércules C-130, matrícula TC-63, indicativo “Tiza”, de la Fuerza Aérea Argentina, en una misión de exploración y reconocimiento marítimo al norte del Estrecho de San Carlos.

Se trataba de misiones extremadamente peligrosas, casi suicidas, que los mismos pilotos habían bautizado en sorna como “vuelos locos”, porque el Hércules es un avión de transporte, una bestia lenta y desarmada.

Volaban al ras del agua esa mañana. Las olas golpeaban, por momentos, el fuselaje. Era la única manera de evitar ser detectados por la flota enemiga, que a esa altura de la guerra había ya tendido un cerco en torno a Malvinas. A las 10:25, el avión apareció como un destello en el radar de la fragata inglesa HMS Minerva, y minutos después fue interceptado por una patrulla de aviones Sea Harrier, liderada por el oficial Nigel Ward.

El primer misil enemigo falló, pero el segundo impactó en el ala derecha, entre los motores. Hubo un incendio, pero el avión siguió en el aire, por lo que el piloto británico se acercó y vació sus cañones de 30 mm, y el Hércules de Krause se precipitó al mar.

Junto al misionero, murieron el vicecomodoro Hugo Meisner, el capitán Rubén Martel y cuatro suboficiales.

Por su valentía, Krause fue ascendido post-mortem al grado de Mayor y declarado Héroe Nacional.

Los otros siete héroes misioneros de Malvinas son: Orlando Illanes, Martín Odilio Maciel, Miguel Ángel Meza, Saturnino Sanabria y Miguel Ángel Sosa, caídos el 2 de mayo de 1982, en el ataque del submarino inglés Cónqueror al Crucero ARA General Belgrano; y José Luis Ríos y Alfredo Gregorio, que murieron en combate el 14 de junio, el último día de la guerra.

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