Desde San Javier, la empresa familiar El Mortero logró posicionar las frutas tropicales congeladas como la papaya, el ñame y el maracuyá, con una fuerte presencia en el mercado de Buenos Aires, buscando competir con productos importados.
Detrás del emprendimiento están las hermanas Sabrina y Eliana Giménez, quienes impulsan un modelo de producción integral que va desde la chacra hasta la industrialización.
La producción se desarrolla en el campo familiar, donde trabaja Eliana junto a su esposo, el ingeniero agrónomo Guido Nizzoli. Allí cultivan y procesan frutas tropicales como maracuyá, lima Tahití, papaya y guayaba, que luego comercializan congeladas, en pulpas o como frutas enteras.
“Estamos involucrados desde el inicio del proceso. Todo comienza con la semilla, continúa con el cultivo y, una vez cosechada la fruta, realizamos el lavado, cepillado y procesamiento. Elaboramos pulpas, frutas congeladas en trozos y también frutas enteras congeladas, dependiendo de cada variedad”, explicó Sabrina Giménez a La Voz de Misiones.
Uno de los principales atributos de la producción, según destacó, es la calidad que otorgan el clima y el suelo misionero.
“San Javier es conocida como ‘la dulce’ por las condiciones climáticas que favorecen el desarrollo de frutas con un sabor y una calidad superiores. Además, nuestros productos son 100% naturales, sin aditivos ni agregados de agua, lo que les da un excelente rendimiento y una gran intensidad aromática”, señaló.
Nacional vs importada
Aunque considera que cada región del país tiene productos característicos, Sabrina reconoce que el mayor desafío aparece cuando ingresan frutas importadas.
“Cuando entra el producto importado, la fruta argentina solo puede competir por calidad. Ahí es donde la fruta misionera demuestra todo su potencial”, afirmó.
El Mortero nació hace más de una década, a partir de una oportunidad detectada en el mercado.
Inicialmente participaron cinco socios de Buenos Aires que vieron la demanda creciente de lima Tahití y decidieron invertir en San Javier. Con el tiempo, las dificultades económicas y las inclemencias climáticas hicieron que varios abandonaran el proyecto, hasta quedar únicamente la familia Giménez al frente de la empresa.
“Los primeros años fueron muy difíciles. Dependíamos del capital propio y de una actividad que necesita tiempo para consolidarse. Solo se sostiene con pasión, amor por el trabajo y convencimiento del proyecto”, recordó.
Uno de los momentos más importantes fue la llegada de la despulpadora, considerada el corazón de la planta industrial.
“Al principio hacíamos el despulpado de manera manual. Cuando llegó la máquina, pudimos crecer rápidamente porque comprobamos que existía un mercado muy importante para nuestros productos”, contó.
Actualmente, el maracuyá representa el principal producto de la empresa, acompañado por la lima Tahití, otra de las frutas más demandadas.
Buenos Aires, centro de distribución
Si bien toda la producción se realiza en Misiones, la mayor parte de las ventas se canaliza desde Buenos Aires, donde distribuyen a todo el país.
“La logística desde Capital facilita mucho el envío hacia las distintas provincias. Desde San Javier muchas veces resulta más complejo por la disponibilidad de transporte”, explicó.
Entre sus principales clientes se encuentran heladerías, jugueterías gastronómicas, cervecerías artesanales, bares, confiterías, panaderías y consumidores particulares.
Además de las frutas congeladas y las pulpas, la empresa desarrolló una línea de mermeladas de sabores tropicales, entre ellas guayaba, mango con maracuyá y papaya.
“Elegimos sabores distintos a los tradicionales porque buscamos representar nuestra identidad y ofrecer productos que todavía no son comunes en la mesa de los argentinos”, indicó.
Potencial de mercado
Entre los productos que ofrecen se encuentra el ñame, un tubérculo poco conocido en Argentina pero muy consumido por comunidades venezolanas y colombianas.
“Es un alimento con menor índice glucémico que la papa y muy valorado por sus propiedades nutricionales. Al principio vendíamos 80 kilos y en apenas seis semanas llegamos a comercializar 800 kilos”, explicó.
También destacan el crecimiento de la demanda de papaya y guayaba, dos frutas que poco a poco comienzan a ganar lugar entre los consumidores argentinos.
Junto a pequeños agricultores
Actualmente mantiene entre 8 y 12 hectáreas en producción intensiva, ya que las plantaciones se renuevan de manera permanente. Además, trabaja junto a pequeños productores de la zona, a quienes brinda plantines, asistencia técnica y asesoramiento permanente.
“Los acompañamos durante todo el proceso productivo junto al ingeniero Guido Nizzoli. Buscamos que puedan mejorar su producción y, al mismo tiempo, abastecer una demanda que sigue creciendo”, explicó Sabrina.
En temporada alta, se comercializa entre 10 y 12 toneladas mensuales de frutas tropicales.
“El maracuyá sigue siendo nuestro producto estrella por su aroma y calidad, pero nos sorprendió muchísimo el crecimiento que tuvo la papaya. Cada vez hay más consumidores que buscan sabores diferentes y productos naturales”, concluyó.
La empresa también participó recientemente de la feria Caminos y Sabores, donde presentó sus productos y confirmó el creciente interés por las frutas tropicales misioneras. Tuvieron reuniones con potenciales clientes, a los que les llamo la atención los sabores exóticos que comercializan.