A 25 años de la histórica movilización, uno de sus protagonistas del tractorazo recuerda cómo se gestó la rebelión que duró dos años y que cambió para siempre la historia de la yerba mate.
Cuando se habla del tractorazo, la memoria colectiva suele situar el comienzo de la historia de la lucha yerbatera, cuando cientos de productores yerbateros se concentraron en el Cruce Karaben y marcharon con sus tractores hasta Oberá. Sin embargo, para Argentino Almeida, uno de los protagonistas de aquella gesta, la lucha comenzó mucho antes.
“El Tractorazo fue la consecuencia de un proceso de acumulación de conciencia y organización que veníamos construyendo desde los años noventa”, afirmó el productor de la zona Centro, hoy con 87 años.
Según recuerda Argentino, el origen del conflicto se remonta a la eliminación de la Comisión Reguladora de la Yerba Mate (CRYM), durante la década de 1990.
“Nosotros veníamos reuniéndonos desde hacía años. Al principio éramos tres o cuatro productores conversando sobre cómo sobrevivir. La situación era cada vez más complicada y el productor estaba totalmente desprotegido”, recordó.
Latente en su memoria, explicó que la crisis se profundizó hasta niveles insostenibles. Los productores cobraban apenas 6 centavos por kilo de hoja verde mientras debían pagar 4 centavos a los tareferos.
“Prácticamente no cosechábamos porque no cerraban los números. Era imposible sostener una chacra en esas condiciones”, recordó.

Productores yerbateros de APAM acampando en Plaza 9 e Julio
La Carpa Negra y el despertar de los productores
Antes de que los tractores ocuparan las rutas y las plazas, la resistencia tuvo un símbolo: la Carpa Negra instalada en el Cruce Karaben.
Allí comenzaron a reunirse productores de distintas localidades para debatir la crisis y buscar alternativas. Lo que inicialmente parecía una convocatoria más se transformó en el punto de encuentro de un movimiento que empezaba a tomar forma.
“Empezamos a hacer asambleas en distintos lugares. Cada fin de semana éramos más. Lo importante fue recuperar la autoestima del pequeño productor, que venía muy golpeado por años de abandono del estado”, relató Almeida.
Las reuniones fueron sumando a colonos de Oberá, Campo Viera, Campo Grande, Guaraní, Los Helechos, Alberdi, Alvear, Panambí y otras localidades de la provincia.
La semana de la Revolución Yerbatera
Para Almeida, entre el 29 de mayo y el 6 de junio de 2001 se vivió lo que hoy puede definirse como la “Semana de la Revolución Yerbatera”.
La madrugada del 29 de mayo encontró a cientos de familias rurales reunidas en el Cruce Karaben. Más de 70 tractores, cosechadoras y unas 150 camionetas iniciaron una histórica caravana rumbo a Oberá.
La movilización se extendió por varios kilómetros y sorprendió a toda la provincia.
“Cuando llegamos al centro de Oberá vimos algo que no esperábamos. Los comerciantes salían a saludarnos, la gente nos aplaudía y se acercaba a preguntarnos qué estaba pasando. Ahí entendimos que la sociedad comenzaba a comprender nuestro problema” y enfatizó “pediamos un precio justo”.
Durante aquella semana las asambleas se multiplicaron en toda la zona productiva. El reclamo por un precio justo para la hoja verde comenzó a transformarse en una demanda más amplia por la recuperación de herramientas de regulación para el sector.
Las reuniones concluyeron con una decisión histórica: llevar el reclamo al corazón político de la provincia.
“Fue ahí cuando nació la idea de ir a Posadas. Ya no alcanzaba con manifestarnos en Oberá. Había que llevar el reclamo donde se tomaban las decisiones”, sostuvo Argentino.

Productores camino a Posadas
Los tractores desde las chacras a Posadas
El 6 de junio de 2001, los tractores ingresaron por primera vez a Posadas.
Productores de la zona Centro, del Norte y del Sur confluyeron en la capital provincial y ocuparon la plaza 9 de Julio frente a la Casa de Gobierno.
Lo que inicialmente iba a ser una manifestación breve terminó convirtiéndose en una permanencia de 18 días.
“Nosotros pensábamos volver a nuestras casas al otro día, pero hicimos una asamblea y resolvimos quedarnos hasta obtener una respuesta”, contó el colono.
Aquellas jornadas estuvieron marcadas por el respaldo de la sociedad misionera. Comerciantes, vecinos, organizaciones sociales, Cáritas y miembros de la Iglesia colaboraron para sostener el campamento.
“La solidaridad de la gente fue impresionante. Muchos nos preguntaban por qué reclamábamos 16 centavos por kilo de hoja verde. Algunos decían que eso era el valor de un caramelo. Pero para nosotros significaba la posibilidad de seguir produciendo”, recordó Almeida. A 25 años de aquella lucha, comparó ese reclamo con la actualidad: “Antes nos decían que pedíamos el valor de un caramelo; hoy, los 550 pesos que reclamamos vuelven a representar prácticamente lo mismo”.
Aunque las negociaciones dejaron algunas promesas, la situación estructural de la actividad continuó sin resolverse.
“Cuando llegamos la plaza estaba llena. Toda la sociedad misionera nos estaba esperando. Ahí entendimos la dimensión que había tomado la lucha”.
Desde ese primer tractorazo hasta llegar a la Ley 25.564 de creación del Instituto Nacional de la Yerba Mate hasta que finalmente el Presidente de ese entonces Eduardo Duhalde firmó el decreto reglamentario que puso en marcha el Inym pasaron dos años de lucha.

Movilización frente a Casa de Gobierno.
Una conquista histórica y una deuda pendiente
A 25 años de aquellas jornadas, Almeida considera que la creación del Inym fue una de las mayores conquistas del sector yerbatero.
Sin embargo, cree que los productores no lograron consolidar una organización capaz de sostener en el tiempo la fuerza demostrada durante el Tractorazo.
“Logramos crear una herramienta fundamental, pero no supimos fortalecer nuestras organizaciones. Hoy existen los nombres y los sellos, pero no existe aquella participación masiva que teníamos en las asambleas”, reflexiono.
El histórico dirigente encuentra similitudes entre la crisis de principios de siglo y el escenario actual.
“Hoy volvemos a discutir precios que no alcanzan para vivir. En aquel tiempo nos decían que reclamábamos el valor de un caramelo. Ahora la situación vuelve a ser muy difícil para miles de productores”, advirtió.
A pesar de ello, mantiene intacta la convicción que movilizó a toda una generación de colonos.
“El Tractorazo demostró que cuando las familias productoras se organizan pueden cambiar la historia. Esa sigue siendo la principal enseñanza y también el gran desafío para las nuevas generaciones” y finalizó la entrevista por videollamada, esbozando una sonrisa acompañado de un “hasta la victoria”.
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