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La taxista tenía dos puntazos en el cuello y fue arrojada sin vida al pozo

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Si bien los indicios eran evidentes, ahora la Justicia cuenta con dos certezas irrefutables sobre las cuales avanzar respecto a la investigación del caso Claudia Benítez. Una es que el cuerpo hallado ayer en un pozo de agua de Nemesio Parma corresponde a la taxista posadeña y otra es que la mujer fue asesinada bajo circunstancias de extrema violencia y brutalidad, tópicos que además sustentan la tesis de que fue un crimen “premeditado”, con la intervención de dos o más personas.

A estas conclusiones -entre otras-, se arribó esta tarde, una vez culminado el complejo examen de autopsia que se extendió durante varias horas en la sala de operaciones de la Morgue Judicial de Posadas.

Según consignaron fuentes consultadas por La Voz de Misiones, hasta las 16 de hoy la familia de la taxista no había realizado el reconocimiento formal de los restos, pero el cadáver ya cuenta con una identificación científica obtenida a partir del cotejo de huellas dactilares.

Otra información clave obtenida mediante la autopsia fue que la causal de muerte de la taxista fueron dos puntazos en el cuello, uno de los cuales ocasionó un orificio de salida en la parte posterior, es decir que la lesión perforante literalmente atravesó de punta a punta esa región del cuerpo.

Como ya se mencionó en la víspera, al momento del hallazgo el cuerpo tenía las manos atadas hacia atrás y el rostro cubierto, pero ahora también se estableció que todas esas acciones fueron realizadas con la víctima en completo estado de indefensión y que la mujer ya estaba muerta al momento de ser arrojada al pozo de agua donde fue encontrada, dado que los forenses no detectaron líquidos en los pulmones ni ningún otro indicio que haga suponer que la taxista tuvo posibilidades de sobrevida en ese lugar.

Ahora, los investigadores aguardarán los resultados de la batería de análisis científicos que se realizarán a partir de las muestras obtenidas en la autopsia y también resta establecer qué tipo de elemento fue utilizado como arma homicida. A partir de ello, la Justicia sabrá -por ejemplo- qué buscar con mayor precisión en los futuros procedimientos que puedan desencadenarse en las próximas horas.

La vivienda donde la víctima residía junto a su pareja está bajo custodia y sería inminente un allanamiento del lugar.

“Fue un crimen brutal. Las características del hecho denotan un trabajo fino y premeditado”, describió un pesquisa consultado por LVM, quien afirmó que ante todas estas circunstancias se estima que el asesinato fue cometido con la intervención de dos o más personas.

Hasta el momento, el único sospechoso que se encuentra bajo la lupa es Juan Andrés R. (39), pareja de la taxista, quien pasó de estar demorado a formalmente detenido en el marco de la investigación luego del hallazgo del cadáver reportado ayer a la mañana.

Benítez tenía 32 años, era madre de dos hijos pequeños y residía en Itaembé Miní.

La pesquisa: del taxi en llamas y al pozo en Parma

La investigación del caso Benítez comenzó el martes a la mañana, cerca de las 9, cuando vecinos del paraje Nemesio Parma reportaron el hallazgo de un taxi Chevrolet Corsa ardiendo en llamas a un costado de la avenida del Té, una de las arterias que conduce al alejado paraje de la zona sur posadeña.

Al lugar acudieron efectivos de la Comisaría Decimonovena, quienes constataron que el rodado le pertenecía a Claudia Benítez, de 32 años, domiciliada en Itaembé Miní y muy conocida en la ciudad por ser una de las pioneras de la red de taxis “Entre Nosotras”, que prestaba servicio exclusivamente a mujeres, chicas y adolescentes.

Sin embargo, para ese entonces, ya nadie sabía nada sobre el paradero de la mujer, que además es madre de dos niños pequeños.

Es que cuando los primeros efectivos intervinientes acudieron hasta Itaembé Miní y se entrevistaron con su pareja, quien aseguró que esa mañana la taxista salió de la casa minutos antes de las 6 para cumplir un viaje con tres pasajeros hasta la zona de Nemesio Parma.

Desde ese allí todo fue misterio e incertidumbre, sentimientos que ayer se transformaron en dolor y bronca tras el hallazgo del cadáver.

El cuerpo fue encontrado dentro de un pozo de agua ubicado en el fondo de una propiedad abandonada detrás del Parque Industrial y a unos 2.000 metros del lugar donde se halló el taxi en llamas de la víctima.

Hasta ese punto arribaron los investigadores mediante el testimonio de un testigo de identidad reservada que llamó al 911 para alertar que ese martes a la mañana, minutos después de las 6.30, vio estacionado y sin ocupantes el taxi de Benítez frente a ese lugar.

Un grupo de los más de 100 uniformados que ese día iniciaron el operativo de búsqueda acudieron hasta el punto indicado y las pistas halladas hicieron el resto.

Las fuentes describieron que en el lugar detectaron marcas de arrastre y manchas de sangre que funcionaron como guía hasta llegar a el pozo de unos 7 metros de profundidad donde la taxista fue descartada.

En ese lugar trabajó ayer el personal de la Dirección de Policía Científica, quienes operaron en absoluta soledad para prevenir la contaminación de la escena. Cada hoja, cada rama, cada piedra que presentaba alguna mancha similar a sangre, fue objeto de hisopados para la toma muestras que en un futuro podrían servir para identificar algún ADN distinto al de Benítez.

Lograr eso sería el anhelo de cualquier investigación criminal, dado que permitiría ubicar sospechosos en la escena.

En ese marco, los investigadores también aguardan los informes finales sobre el relevamiento de cámaras de seguridad y de las pericias telefónicas realizadas sobre los aparatos incautados.

Según pudo averiguar LVM, distintas cámaras de video-vigilancia del 911 captaron el recorrido del Chevrolet Corsa de Benítez en dirección hacia Nemesio Parma en el horario aportado por su pareja, pero se espera que, mediante un análisis más minucioso de las imágenes, se pueda determinar si efectivamente era ella quien iba al mando del vehículo, ya que no se descarta que el o los asesinos estuvieran frente al volante en ese momento.

El taxi de Benítez captado por cámaras de seguridad en dirección a Nemesio Parma ayer a la mañana.

Por otro lado, las autoridades al frente de la pesquisa ya cuentan con la información de que previo al inicio de la cuarentena por la pandemia del Covid-19 Benítez radicó una denuncia por violencia de género contra su pareja y hasta recibió una restricción que no fue renovada tras su vencimiento.

Eso, sumado a una serie de chats en los cuales la mujer aparentemente le manifiesta a una amiga que sufría maltratos de parte de su pareja, dejan aún más bajo la lupa al hombre, aunque los investigadores insisten en mantener la cautela hasta tanto no se recolecte mayor información.

Es por eso que tampoco descartan otras líneas investigativas y, aunque se supone que en el hecho participaron más personas, hasta el momento no existen otros posibles sospechosos en la mira. Ante este panorama, aún hay más preguntas que respuestas, pero en base al metódico trabajo realizado por los investigadores especializados en diversas áreas, las autoridades confían en obtener más resultados prontamente.

Para ello se aguardan los informes de las cámaras de seguridad que faltan y el resultado de las pericias científicas realizadas en base a los elementos recolectados en las distintas escenas del hecho.

Por último, se cree que él o los homicidas conocían perfectamente la ubicación del pozo en el cual finalmente descartaron el cadáver, dado que es un punto de difícil acceso y cubierto de una abundante vegetación que incluso impedía su detección durante las recorridas aéreas realizadas con el helicóptero de la Policía.

Por lo pronto, la pareja de la taxista continúa detenido como único sospechoso y se supo que ya cuenta con la defensa legal de letrados integrantes del estudio jurídico Alejandro Jabornicky y asociados.

Se estima que, una vez que el sumario policial sea elevado a la Justicia, el hombre será citado a prestar declaración indagatoria.

En las últimas horas también se supo que Benítez fue quien, en octubre del año pasado, filmó el momento exacto en que un efectivo policial hería de un disparo a una joven a la salida de un boliche sobre la avenida Cabred en un procedimiento. Por ese hecho, un agente quedó detenido, otros tres fueron separados de la fuerza y los jefes del Comando Radioeléctrico Oeste fueron removido de sus cargos.

Por otro lado, la familia de la víctima puso sobre el tapete un confuso episodio en el que Benítez discutió con una abogada y su pareja a la salida de un local nocturno sobre la avenida Maipú. Eso ocurrió el fin de semana y aseguran que luego de ello la mujer comenzó a recibir amenazas.

En la causa interviene el Juzgado de Instrucción Siete de Posadas, a cargo del magistrado Miguel Mattos.

Judiciales

Abuela y tía de Belén López: “Estaba bien cuando la dejamos con su mamá”

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Belén lópez juicio

El juicio para esclarecer la muerte de Rocío Belén López (15), la adolescente con discapacidad que en 2013 fue encontrada sin vida, deshidratada y desnutrida, en la casa de su madre, continuó esta mañana con la declaración de dos de las últimas personas que la vieron con vida. Fueron su abuela y su tía, quienes coincidieron en un testimonio: “Ella estaba bien cuando la dejamos con su mamá”.

De esas dos testigos, la primera en declarar fue la abuela, Delira Clara Aldana (83), que además es madre de Mariela Andrea Ramírez (48), imputada en esta causa por “abandono de persona doblemente agravado por el vínculo y resultado” y con la posibilidad de ser acusada de homicidio calificado por el vínculo en su modalidad de omisión al final del proceso.

“Como su mamá trabajaba, los abuelos y mi otra hija nos hicimos cargo de Belén desde que nació. Ella vivió más tiempo con nosotros que con su mamá, o sea, la casa de los abuelos era su casa. Ella era nuestra vida y nuestros ojos”, contó Aldana ante la mirada de su hija, sentada a solo 1 metro suyo pero con la distancia que significa estar en el banquillo de los acusados.

Sobre la niña y su cuidado, Aldana describió que “ella tenía su discapacidad, pero andaba sola, se levantaba sola de la cama y caminaba por la casa. Nosotros estábamos siempre atenta a ella igual. No hablaba, pero nosotros le entendíamos todo, sabía pedir la tele y la comida. También sabía cuando quería bañarse, iba y agarraba el picaporte del baño”.

La abuela de Belén explicó que tanto ella como su marido y luego también su hija Clara alternaban las labores de darle el almuerzo y la cena. Así fue durante la mayor parte del tiempo, dado que en otra etapa la niña vivió con su madre en el barrio Terrazas, pero luego regresó con ellos.

“Ella un tiempo la buscaba los fines de semana, pero Belén a veces no quería ir con ella, lloraba, hacía gestos y se daba vuelta a mirarnos, pienso que era porque después nos extrañaba”, señaló Aldana.

Sobre los últimos días de su sobrina, la mujer contó que la muerte ocurrió cuando decidió viajar a Corrientes para visitar a un hermano y aprovechar para descansar. “Nos llamó la atención de su muerte. Ella estaba bien cuando la dejamos”, sostuvo.

“Ella era de buen comer”

En misma sintonía declaró su hija Clara Ramírez, tía de la víctima y hermana de la imputada.

La joven, que se recibió de maestra jardinera con el incentivo de poder ayudar a estimular el desarrollo de su sobrina, contó que tanto ella como su madre y su padre siempre se encargaron del cuidado de la niña, incluso para llevarla al médico y para buscar los pañales de Pami mediante la obra social de su padre.

“Desde el día que nació estuvo con nosotros. Ella caminaba bien y cuando estaba contenta hacía como caballito. Lo que sí no podía hablar ni agarrar vasos o esas cosas, pero con nosotros se entendía y comía siempre. Comía lo que había en la mesa. Era una tarea de muchos minutos, pero era de buen comer y nosotros nos tomábamos ese tiempo. No era delicada, le gustaban los guisitos y hasta se comía ocho empanadas”, describió.

La muchacha recordó que durante la investigación por la muerte de su sobrina y a pedido del juez Ricardo Balor entregó una serie de fotografías que mostraban a Belén días antes de su fallecimiento. “Nosotros le contamos que ella era gordita, que comía bien y el juez nos pidió fotos para ver eso”, recordó cuando ese CD se extravió en la dependencia judicial y ahora el fiscal Vladimir Glinka pidió que se le permita extraer esos mismos elementos digitales de las redes sociales de la testigo.

También coincidió con su madre al señalar que cuando dejaron a la niña con su madre “ella estaba bien” y agregó: “Yo la dejé bien y verla así, en la posición en la que estaba, no fue nada agradable. Yo nunca quise saber mucho sobre el tema, pero los abogados me mostraron unas fotos de cómo estaba todo y fue traumatizante. Soñé con eso durante años. Nunca imaginé ver así a mi sobrina”.

El debate oral continúa mañana y se extenderá hasta el viernes.

Síndrome de Rett

Antes de ambos testimonios, quien pasó frente al Tribunal Penal Uno de Posadas para dar su aporte como profesional fue el neurólogo infantil José Galeano, quien admitió no recordar a Belén como paciente pero sí desarrolló un panorama del Síndrome de Rett y los alcances de la enfermedad neurodegenerativa que la niña tenía diagnóstica.

El doctor explicó que dicha enfermedad avanza en cuatro etapas, desde la pérdida de pautas motoras, hasta la pérdida del habla, del uso voluntario de las manos y hasta presenta trastornos de deglución.

“Son dependiente 100% de un tercero para poder subsistir”, resumió e indicó que “el proceso de deglución, por ejemplo, es muy complejo, tragar conlleva un mecanismo complejo. Alimentar a un paciente de estas características resulta muy difícil porque realmente no coordina. Hay que tener mucha paciencia y saber cómo alimentarlo”.

Para el médico, esta condición, con los años, conlleva casi indefectiblemente a un posible cuadro desnutrición y deshidratación. “El mayor riesgo es ese, que vaya comiendo menos y tomando menos”, consideró.

También opinó que “un solo cuidador es difícil que se encargue de pacientes así” y postuló que “el que tiene más medios económicos tiene más posibilidades de brindarle todas las terapias necesarias”.

Ante consultas del abogado defensor Miguel Ángel Varela, el neurólogo contó que en base a su experiencia este clase de pacientes registran una esperanza de vida de 15 años, aunque también habló de casos adultos que llegan a los 40.

El caso

La muerte de Belén se produjo el 23 de julio de 2013, en la casa de su madre en el barrio Las Rosas de Posadas, donde fue dejaba días atrás por su abuela y tía, quienes viajaron a Corrientes.

Estaba deshidratada, desnutrida y con escaras en la espalda baja. Los policías que participaron del procedimiento describieron que la niña estaba sobre una cama rota y en un dormitorio que parecía un “depósito”.

Un médico forense estimó que el grado de deshidratación que presentaba podía equivaler a siete días sin líquidos.

“Días antes del hecho por el que estoy acá me llama mi mamá y me dice que tenía que ver cómo me iba a hacer cargo de Belén porque ellos necesitaban viajar a Corrientes para descansar. Yo no sabía qué hacer, estaba separaba, ganaba poco, no tenía para pagar a nadie. Mi hermana me dice que me arregle”, declaró la imputada en el primer día de debate.

La mujer, empleada de la Municipalidad de Posadas, aseguró que pidió licencia en el trabajo pero no le dieron y debió enfrentar el cuidado de su hija en soledad, mientras que a la par criaba su otra hija.

“Con el pasar de los días tuve que tomar la decisión de irme a trabajar, no tenía otra opción. Me encontré desesperada y sin saber qué hacer. Tenía que seguir trabajando para tener ingresos. Lo primero que yo hacía cuando me levantaba era darle el desayuno e higienizarla para poder dejarla en condiciones. Al mediodía cocinaba guisitos y fideos que también le gustaba, cosas que estaban a mi alcance porque no tenía mucho dinero”, recordó.

“Los primeros días ella estaba normal, comiendo”, contó Ramírez y agregó: “Hasta que empecé a notar que se enojaba, noté que se estaba deprimiendo porque extrañaba a mi hermana y a mi mamá. Ese era su hogar para ella. Entonces ella empieza a trabajarme la mandíbula, a cerrar la boca. Ahí empezó a comer menos”, detalló. 

Y se defendió: “Yo en ningún momento abandoné a mi hija. No es que yo la dejé a la deriva o no le dedicaba las horas que ella requería. Nosotros con mi otra hija nos pasábamos todas las tardes con ella para que ella no se sienta sola y no sienta la ausencia de mi mamá y mi hermana”, se defendió.

El debate continuará mañana con más testigos, entre ellos la otra hija de la imputada, que al momento del hecho era menor de edad. Se prevé que el proceso continúe hasta el viernes, fecha prevista para los alegatos y posible sentencia.

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Policiales

Dos detenidos por golpes tipo entradera en Posadas y Garupá

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Dos hombres de 29 y 37 años con frondoso prontuario fueron detenidos durante un allanamiento realizado entre la noche del lunes y la madrugada de este martes en el barrio Horacio Quiroga de Posadas, acusados de integrar una banda investigada por al menos dos robos calificados bajo la modalidad “entradera”

En el procedimiento, la Policía de Misiones secuestró armas de fuego, dinero en efectivo, droga, pasamontañas, televisores y otros objetos robados que fueron reconocidos por las víctimas. 

Según fuentes policiales, la investigación se inició a partir de dos robos ocurridos el en jurisdicción de la Comisaría Tercera de Posadas. El primer hecho ocurrió en la noche del 1 de agosto, cuando delincuentes irrumpieron en la vivienda de Ricardo C. (54), a quien golpearon, amenazaron con un arma de fuego y hasta efectuaron disparos dentro de la casa para exigirle dinero. Antes de escapar, se llevaron un televisor de 60 pulgadas, dos teléfonos celulares y 500 mil pesos en efectivo, realizando además disparos contra la pareja de la víctima cuando intentó pedir ayuda.

El otro hecho ocurrió en la madrugada del 2 de agosto, donde tres hombres armados forzaron el ingreso a la vivienda de Alejandra M. (30), donde, tras reducirla frente a dos menores que se encontraban en el inmueble, sustrajeron dos televisores, dos garrafas y parlantes antes de darse a la fuga.

A partir de las pruebas reunidas durante la investigación, encabezada por la jueza de Instrucción Uno de Posadas, Carla Freitag, los investigadores lograron establecer la presunta participación de Matías Damián S. (29) y Eliseo Rafael A. (37) en ambos asaltos, lo que derivó en los allanamientos y las detenciones concretadas en el barrio Horacio Quiroga.

Con las pruebas reunidas durante la pesquisa, el Juzgado de Instrucción Uno ordenó el allanamiento en el aguantadero ubicado en la intersección de las calles Campo Grande y Uruguaí, en el barrio Horacio Quiroga. Allí fueron detenidos los sospechosos y se secuestraron 464 mil pesos en efectivo, un televisor de 60 pulgadas reconocido por los damnificados, dos revólveres calibre .22, doce municiones de distintos calibres, tres pasamontañas, una máscara tipo payaso, guantes, prendas de vestir presuntamente utilizadas durante los robos, un casco, relojes, llaves de vehículos y otros elementos de interés para la causa.

Además, durante el procedimiento se incautó cannabis sativa, por lo que tomó intervención la Justicia Federal, que dispuso las actuaciones correspondientes por infracción a la Ley de Estupefacientes.

El operativo fue llevado adelante por efectivos de la División Investigaciones Garupá, en conjunto con la Dirección de Investigaciones Complejas, la Mini Brigada de la Comisaría Decimocuarta de la UR-X, la Mini Brigada de la Comisaría Tercera de la UR-I, la Fiscalía de Ciberdelitos, la Secretaría de Apoyo para Investigaciones Complejas (SAIC) y la Dirección Drogas Peligrosas, con la presencia de la jueza de Instrucción Uno de Posadas, encabezado por Carla Freitag, y el secretario Emiliano Salata.

Los dos detenidos fueron notificados de su detención por los robos calificados y quedaron alojados a disposición del Juzgado de Instrucción Uno, mientras que la investigación continúa para determinar si la banda estuvo involucrada en otros hechos de similares características ocurridos en la capital provincial.

 

 

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Judiciales

De abandono y muerte a posible homicidio, el juicio a una madre en Posadas

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Quince años tenía Rocío Belén López cuando la encontraron muerta sobre su cama. La adolescente, que padecía una enfermedad neurológica que la dejó postrada, estaba deshidratada, desnutrida y con escaras en la piel. Las acusaciones por su mal cuidado recayeron en su madre, que hoy, trece años después, comenzó a ser juzgada por abandono seguido de muerte, aunque ya en la primera audiencia la fiscalía pidió ampliar la acusación al considerar que la mujer pudo haber dejado de alimentar e hidratar a su hija deliberadamente.

El caso se remonta al 23 de julio de 2013, cuando la empleada municipal Mariela Andrea Ramírez llamó al 911 para alertar sobre el fallecimiento de su hija “Belencita”, una adolescente de 15 años diagnosticada con el Síndrome de Rett, una enfermedad genética que afecta al desarrollo neuronal, lo que se traduce en la pérdida de las habilidades motoras y del habla.

Como consecuencia de esa condición, la menor era incapaz de valerse por sí misma, por lo que vivía postrada a una cama, con la necesidad de un cuidado permanente que Ramírez alternaba con sus padres, dado que el progenitor de la niña nunca se responsabilizó.

Sin embargo, unos diez días antes del trágico desenlace, ese deber de cuidado había quedado bajo absoluta responsabilidad de Ramírez debido a que sus padres viajaron a otra provincia.

Fue en ese marco que aquella noche de hace trece años atrás Ramírez llamó a la Policía para alertar sobre la muerte de su hija. Cuando los uniformados arribaron al lugar, constataron que la adolescente yacía sobre una cama rota y en un dormitorio que describieron como un “depósito”.

La posterior autopsia concluyó que la causa de muerte fue vinculante a un cuadro de desnutrición y deshidratación, al tiempo que también detectó escaras en el cuerpo, lesiones que daban cuenta del estado de vulnerabilidad en el que se encontraba.

Con esos elementos, sumado a una serie de testimonios en su contra, la fiscal María Laura Álvarez (como subrogante) pidió que Ramírez sea juzgada por el delito de “abandono de persona doblemente agravado por el vínculo y resultado”, solicitud que fue avalada por el magistrado Ricardo Balor, aunque ese proceso recién tuvo su inicio hoy, casi al filo de la prescripción.

Sumado a eso, en la audiencia de hoy, instancia en la que además de leerse el auto de elevación a juicio también se oyó el testimonio de la propia Ramírez y de los primeros cinco testigos, el fiscal Vladimir Glinka amplió la acusación al considerar que la mujer pudo haber dejado de alimentar a su hija en forma deliberada, ante lo cual pudo haber incurrido en un homicidio calificado por el vínculo en su modalidad por omisión.

Ese planteo se traduce en que, en caso de mantener esa acusación al momento de los alegatos finales, Ramírez podría enfrentarse a la posibilidad de recibir una pena de prisión perpetua.

Ramírez durante su declaración, junto a su abogado Varela y el fiscal Glinka.

“Me encontré desesperada”

En esta primera audiencia la imputada aceptó declarar y frente al tribunal presidido por el magistrado Gustavo Bernie e integrado por Viviana Cukla y Miguel Mattos (subrogante) dio un extenso testimonio.

La mujer se explayó desde el nacimiento de su hija. Contó que al enterarse del embarazo su pareja de ese momento la abandonó y nunca se hizo responsable, ante lo cual ella decidió continuar como madre soltera.

También relató que recién notaron algo diferente en Belencita a los dos años y medio cuando aún no hablaba. Eso dio inicio a una serie de estudios que más tarde derivaron en un diagnóstico de Síndrome de Rett.

Según su palabra, el cuidado de la niña fue alternado entre ella y sus padres, lapso en el cual ella siempre se dedicó a trabajar para mantener a su familia.

“Con el tiempo me independice con un nuevo novio y yo continué haciendo changuitas para poder comprar pañales para Belén y todo lo demás que necesitaba como la leche y los medicamentos. Yo nunca dejé de hacer los cuidados de Belén. Nunca me desentendía. Por las tardes iba siempre a la casa de mi mamá y yo le pasaba todo mi sueldo a mi papá, que era el que administraba. Por eso me busqué un segundo trabajo”, afirmó Ramírez, hoy de 48 años. 

Años después, su padre empeoró de salud y la niña fue a vivir con ella a Itaembé Miní, aunque de igual manera por las tardes la llevaba a casa de su madre mientras ella iba al trabajo. Durante esos años también contrató una persona que cuidaba a Belén y la rutina se extendió hasta que tuvieron que vender esa casa por deudas y volver a mudarse, esta vez a un inmueble más pequeño.

En ese lapso, Belén volvió a vivir a la casa de sus abuelos, mientras que Ramírez se separó de su segunda pareja. “Me separé de nuevo y ahí empezó mi caos. Ahí me comienzo a ver superada por la situación”, admitió la mujer, que es representada por el defensor oficial Miguel Ángel Varela.

Y desarrolló: “Días antes del hecho por el que estoy acá me llama mi mamá y me dice que tenía que ver cómo me iba a hacer cargo de Belén porque ellos necesitaban viajar a Corrientes para descansar. Yo no sabía qué hacer, estaba separaba, ganaba poco, no tenía para pagar a nadie. Mi hermana me dice que me arregle”.

Ramírez aseguró que pidió licencia en el trabajo pero no le dieron y debió enfrentar el cuidado de su hija en soledad, mientras que a la par criaba su otra hija. 

“Con el pasar de los días tuve que tomar la decisión de irme a trabajar, no tenía otra opción. Me encontré desesperada y sin saber qué hacer. Tenía que seguir trabajando para tener ingresos. Lo primero que yo hacía cuando me levantaba era darle el desayuno e higienizarla para poder dejarla en condiciones. Al mediodía cocinaba guisitos y fideos que también le gustaba, cosas que estaban a mi alcance porque no tenía mucho dinero”, recordó.

Ante los jueces, la mujer explicó que su rutina consistía en dar el desayuno a Belén, llevar a su otra hija a la escuela e ir al trabajo, donde permanecía desde las 8 hasta después del mediodía, cuando regresaba a casa en colectivo.

“Los primeros días ella estaba normal, comiendo”, contó Ramírez y agregó: “Hasta que empecé a notar que se enojaba, noté que se estaba deprimiendo porque extrañaba a mi hermana y a mi mamá. Ese era su hogar para ella. Entonces ella empieza a trabajarme la mandíbula, a cerrar la boca. Ahí empezó a comer menos”.

En ese tramo, y tras consultas del fiscal, la mujer explicó que la menor aceptaba líquidos pero era se mostraba más reticente a ingerir alimentos, aunque de igual manera le daba “galletitas con mate cosido”.

Sobre las escaras, Ramírez alegó que las heridas fueron porque la menor se rascaba y dañaba su piel, lesiones que luego se infectaban. “Yo no tenía ni para el cicatrizante, le pedí al papá de la nena y me llevó un aloe. Entonces le ponía eso”, aseguró.

Casi sobre el final, la mujer contó que ese 23 de julio de 2013 su jefa le pidió trabajar de corrido para cubrir a otra compañera y al regresar encontró a su hija sin vida. Intentó reanimarla con RCP, pero no pudo.

Yo en ningún momento abandoné a mi hija. No es que yo la dejé a la deriva o no le dedicaba las horas que ella requería. Nosotros con mi otra hija nos pasábamos todas las tardes con ella para que ella no se sienta sola y no sienta la ausencia de mi mamá y mi hermana”, se defendió.

Y reafirmó: “En ningún momento se me pasó por la cabeza que iba a pasar esto. Siempre velé por estar bien todas luché dentro de mis posibilidades, pero entré en una desesperación de no saber qué hacer. En ningún momento la abandoné, no hubo intención de provocar la muerte, nunca. Traté siempre de salir adelante. Hice lo mejor que pude como madre”.

Al momento de ser interrogada por Glinka, la mujer admitió que la cama de la adolescente tenía “la rejilla rota” y en oportunidades apilaba paquetes de pañales para compensar.

Sobre la habitación, que algunos uniformados describieron como “similar a un depósito”, respondió que se debía a que “no tenía la mudanza terminada” y que se acumularon cosas en ese lugar porque su vivienda anterior era más grande, con más muebles.

El tribunal es presidido por el magistrado Gustavo Bernie (a la derecha).

Testimonios

“Tengo la imagen de esa persona en la cama, no recuerdo si estaba rota o inclinada hacia un costado. Sé que no estaba en la posición en que no debía estar. Sí que había bolsas negras, detalles que se me vienen a la cabeza. Por el montón de cosas amontonadas y tiradas parecía más un depósito que un dormitorio”, declaró minutos después Carlos Adolfo Krapp, comisario general retirado que intervino en la escena del hecho.

Quien también declaró como testigo hoy fue el forense Rogelio Canteros. El profesional sostuvo que las escaras que presentaba la víctima tenían un grado de “evolución avanzada”, estado que permitía inferir un tiempo aproximado de “20 días de postración sin ningún movimiento”.

Canteros también consideró que el cuadro de la joven fallecida condecía con una “deshidratación severa” que se pudo haber prolongado durante siete días, precisión sobre la cual más tarde se apoyó Glinka para fundamentar una ampliación de la acusación sobre la imputada.

“En base al interrogatorio con el médico, él ha aclarado que la chica tenía una deshidratación severa de siete días que derivó en una falla orgánica. La causa de muerte es que se le privó de alimentos y líquido de forma deliberada. No es una omisión simple, sino que apropósito y en forma deliberada evitó darle el sustento vital para que irremediablemente se produjo su dolo de muerte”, apuntó el representante del Ministerio Público Fiscal, que al comienzo de la jornada aclaró: “Esto no es una cuestión de género, no está imputada por su condición de madre. Ella está acá por el mal cuidado que desempeñó en los últimos diez días de Belén”.

Una vez culminada la ronda de testigos del día y el tribunal entonces pasó a un cuarto intermedio hasta mañana a las 7.45. Se prevé la recepción de más testimonios.

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