Opinión
La Triple Frontera, la droga y mi hijo: historias cruzadas

Por: Fernando Oz
El jueves, antes del mediodía, mi hijo mayor intentó quitarse la vida dentro de un cajero automático, a metros de la puerta de la Cámara de Diputados de la provincia de Misiones. No es la primera vez; esta vez buscó un lugar donde pudiera ser visto por todos, al encontrarse con los “no” de un padre que lo ama profundamente y sigue al pie, pese al dolor, las reglas y consignas de un plan de desintoxicación que permitirá que recupere su vida. Me lo había anunciado él mismo la noche que decidió abandonar el centro de tratamiento de adicciones en el que se encontraba internado desde hacía casi ocho meses. No le creí; automáticamente pensé que era una estrategia de manipulación.
Tiene veinticinco años y comenzó a consumir drogas a los diecisiete para tapar el dolor de no sentirse lo suficientemente amado. Su situación empeoró de manera exponencial cuando empezó a consumir ‘pedra’, una mezcla de lo peor del estiramiento de la cocaína con bicarbonato de sodio, pastillas y cualquier sustancia alcalina: un arma química que viene destruyendo la vida de cientos de jóvenes.
La pedra surgió en las cocinas de las favelas de Brasil, donde se procesa parte de la cocaína que llega de Bolivia. Luego saltó a Paraguay con mucha rapidez y cruzó a nuestro país a principios del nuevo siglo. Se consume en pequeños cristales que se calientan con una pipa; es de acción inmediata. En Misiones se consigue en cualquier lado y es sumamente dañina. Es el crack de la Sudamérica pobre.
La única vez que tuve un trozo de pedra en la mano fue exactamente hace veinticinco años: color hueso tirando a amarillo, de unos tres centímetros de diámetro. Me la dejó examinar el jefe de un procedimiento antinarcóticos que realizó la policía federal de Brasil en una gomería que estaba a pocas cuadras del Puente Internacional de la Amistad, que une la localidad brasileña de Foz do Iguaçu con la paraguaya Ciudad del Este.
Sé que en algún lugar tengo las fotos que tomé aquel día. Tenía veinticuatro años, una carrera universitaria inconclusa y un hijo que comenzaba a gatear. Por la mañana era movilero de una radio de la turística ciudad de Puerto Iguazú y por la tarde escribía para el mejor postor; no me importaba si debía hacer artículos para revistas de hotelería, poemas para referentes culturales o discursos políticos. Había llegado a la frontera un año antes y tenía experiencia en el oficio: guardias nocturnas para Edgardo Miller durante el caso del asesinato de José Luis Cabezas; asistente de tercera de la producción de Mauro Viale; una temporada de tres meses como pasante en la agencia DYN, y trabajos similares.
Mientras Homero aprendía a caminar, su padre exploraba la Triple Frontera con una cámara y un anotador. Lo apodé así apenas nació, en honor al presunto autor de la Ilíada y la Odisea, dos obras que me acompañan desde mediados de la adolescencia. Pero se llama igual que yo. Aquella fue una buena temporada: publiqué mucho; recuerdo un fotoreportaje sobre tráfico de armas que hice para la revista Veja y una foto que tomé en medio del Puente de la Amistad, que fue tapa de La Nación, en un artículo sobre contrabando en la región y lo había escrito Jorge Camarasa.
Ahora, mientras escribo estas líneas, me viene a la mente que en el celular guardo unas fotos de un artículo titulado “Las rutas de la droga”, publicado el 25 de febrero de 2001 en el diario Primera Edición. Miren lo que escribí en el último párrafo: “Los hechos han demostrado que la educación, la prevención y el continuo tratamiento quedaron olvidados en toda política antidroga”.
Lo que trato de decirles, tal vez de manera errática, es que la mayor parte de mis veintinueve años de periodista los pasé escribiendo en medios provinciales, nacionales e internacionales historias de contrabandistas, narcos y redes dedicadas al crimen transnacional. Conozco los pasos fronterizos más picantes del país; navegué los ríos Paraná, Iguazú y Uruguay en las embarcaciones que se imaginen; en Santiago del Estero vi caer la famosa lluvia blanca y en Salta observé cómo operaban los radares Rasit mientras las avionetas cargadas de cocaína volaban sobre las cabezas de los operadores militares. Pero nada de eso me sirvió como padre.
En 2018, mientras Homero jugaba con la permeabilidad de las fronteras y comenzaba a consumir cocaína, escribí para la editorial Penguin Random House mi primer libro: “Historia del contrabando en la Argentina: de la aduana del virreinato a la mafia de los contenedores”. No lo hice solo; me guió Mauro Federico, también autor y sin dudas uno de los periodistas argentinos que más investigó sobre la problemática del narcotráfico y el crimen organizado en Latinoamérica. Después escribí otro libro que no estaba muy lejos de la misma temática –“La industria del Humo”– y decenas de artículos. También hablé en universidades, en empresas de seguridad, en organismos del Estado; hasta hubo presidentes de compañías internacionales que me llamaron para que los asesorara sobre cuestiones de seguridad en la hidrovía Paraguay-Paraná. Pero nada de eso me sirvió como padre.
Mientras el arriba firmante se convertía en una suerte de especialista en redes de contrabando y crimen transnacional, y tomaba cafés con ministros, jueces, fiscales, espías, uniformados de todas las fuerzas de seguridad habidas y por haber, con abogados de los buenos y de los malos; en fin, mientras todo eso sucedía, mi hijo se encontraba en plena carrera, del otro lado de la frontera, detrás de la pedra.
La última vez que salí de cacería por la Triple Frontera fue hace tres semanas; Homero todavía no se había escapado del centro terapéutico. Hacía unos cuatro años que no iba en ese plan para aquella zona; fui con Nehuen Rovediello, un fotoperiodista y amigo que ya publicó en New York y ahora trabaja para la agencia de noticias EFE. La foto que ilustra este doloroso texto la tomé a las pocas horas de llegar a Puerto Iguazú, en el área de las 2.000 hectáreas, sobre el Paraná: doce paseros sobre una lancha cargados de contrabando. Mientras tomaba la foto, al lado había dos “soldaditos” comunicando por celular la presencia de dos tipos extraños con cámaras enormes. Fue todo cuestión de segundos; nos fuimos apenas llegó una moto al lugar. Hace un tiempo atrás, cualquiera de esos dos jóvenes podría haber sido mi hijo.

Lo que trato de explicarles, de manera desordenada y con un dolor que estruja el alma, es que no la vi venir y, cuando las alarmas se encendieron, no presté la suficiente atención. La narcocriminalidad avanza por todo el país de manera acelerada y la problemática de las adicciones es mucho más compleja de lo que se cree.
Los centros de atención para adictos no dan abasto, los suicidios aumentan, los ajustes de cuentas entre las bandas narcos se vuelven más encarnizados y el Estado pone parches en la frontera con efectivos mal pagos, chalecos balísticos vencidos y sin el personal suficiente ni para poder cubrir los puestos de una patrulla bien dormida. Y, frente a semejante flagelo, la sociedad parece estar perdiendo, a veces por ignorancia, otras por simple impotencia o apatía.
Ya lo había escrito y lo seguiré haciendo: el narcotráfico se combate con más educación, prevención y el continuo tratamiento de la problemática. Mi hijo está librando su propia batalla y estoy su lado, esperando que Ulises regrese a Ítaca.

Opinión
Previsibilidad en tiempos de crisis

Por Fernando Retamozo.
Politólogo y Periodista.
El modelo Misionerista parte de una definición concreta de gobierno: cuidar sin desordenar, aliviar sin comprometer el equilibrio y administrar con previsibilidad aun en contextos adversos. En un país atravesado por la recesión, la caída del consumo y un ajuste que impacta con fuerza en los hogares, esa forma de gestionar adquiere un valor central. No se trata de expandir el gasto sin control, sino de tomar decisiones responsables cuando el margen es limitado. Gobernar, en este contexto es administrar con los pies en la tierra.
Cuando el salario no alcanza y el consumo no arranca, la política deja de ser promesa y pasa a ser acción. La filósofa política alemana, Hannah Arendt, advertía que la política existe para organizar la vida en común incluso en contextos adversos. Esa organización hoy la practicamos en decisiones cotidianas que amortiguan el impacto del ajuste sin desordenar las cuentas públicas.
Frente a un Estado nacional que se retira y descarga el costo del ajuste sobre provincias y municipios, sostenemos un modelo que combina equilibrio fiscal con presencia inteligente. El economista, Karl Polanyi, señalaba que los mercados no se autorregulan sin generar tensiones sociales; cuando el Estado se corre por completo, esas tensiones no desaparecen, se trasladan. La diferencia está en cómo la administramos y quién paga el costo.
La gestión del gobernador Hugo Passalacqua expresa con claridad esa lógica. Decidió reabrir de manera anticipada el Boleto Educativo Misionero para el ciclo lectivo 2026, garantizando el transporte desde el primer día para estudiantes de todos los niveles. Es una decisión concreta que da previsibilidad a miles de familias. No es improvisación ni gasto desmedido: es planificación aplicada a una necesidad real.
Ese mismo criterio se refleja en nuestra política fiscal provincial. Mientras los impuestos nacionales no bajan y los ingresos no crecen, sostenemos descuentos de hasta el 35% en el Impuesto Provincial Automotor, bonificaciones por pago anticipado, exenciones para vehículos antiguos y una moratoria con condonación total de intereses.
A estas medidas se suman los Programas Ahora, en todas sus variantes, entre ellas el Ahora Gas, clave en una provincia sin red de gas natural. Frente al aumento del precio de la garrafa, intervenimos de manera focalizada, con reglas claras y alcance definido. No se trata de reemplazar al mercado, sino de corregir sus fallas cuando el impacto social se vuelve insostenible.
En Posadas, la gestión del intendente Leonardo “Lalo” Stelatto se inscribe en la misma matriz política del modelo Misionerista. Reconocida durante más de seis años consecutivos entre las mejores del país por estudios y consultoras, la ciudad sostiene actividad turística, agenda cultural y espacios públicos que funcionan como motores económicos.
La presencia municipal en los barrios refuerza ese enfoque. Realizamos operativos de salud, prevención contra el dengue, atención primaria descentralizada y vacunación en territorio en línea con nuestra lógica de eficiencia y cercanía. Max Weber, sociólogo alemán y uno de los fundadores de la ciencia política moderna, definía la política como la “lenta perforación de tablas duras”: una tarea que exige constancia, responsabilidad y gestión profesional, no marketing.
En esa misma línea, esta semana comenzó el operativo Escuelas Seguras, donde las municipalidades realizan tareas de desmalezamiento y fumigación en los establecimientos educativos de cara al inicio del ciclo lectivo. El cronograma incluyó la Escuela N°842 de San Isidro, el Colegio Secundario N°2 de Itaembé Miní, el Bachillerato Orientado Provincial N°8 en la chacra 138 y la Escuela Primaria N°820 del barrio Porvenir I. Gestión básica, de bajo costo y alto impacto.
Todo esto configura una definición política clara: el misionerismo es previsibilidad, continuidad y responsabilidad. Norberto Bobbio, filósofo político italiano, advertía que la democracia se mide menos por los discursos y más por la capacidad real del Estado para garantizar derechos dentro de reglas claras. El desendeudamiento provincial, el equilibrio fiscal, el boleto estudiantil, los Programas Ahora, la Escuela de Robótica, la Costanera de Posadas y el fortalecimiento del sistema de salud pública con hospitales de alta complejidad, el PET para el tratamiento del cáncer y el robot Da Vinci no son promesas: son resultados que nosotros sostenemos.
En tiempos de crisis, Misiones no ensaya teorías ni experimenta con la vida cotidiana de la gente. Administra con responsabilidad, sostiene lo que funciona y da certezas cuando todo lo demás es incertidumbre.
Opinión
Misiones, entre la autonomía económica y el éxodo laboral

Por Fernando Oz
El próximo miércoles, los dos senadores del Frente Renovador de la Concordia votarán a favor del paquete de la mega reforma laboral que el Gobierno de Javier Milei busca aprobar en el Congreso. Sonia Elizabeth Rojas Decut y Carlos Arce darán el sí en lo general del proyecto de ley, pero harán observaciones cuando se realice la votación en lo particular. El dato fue dado como un hecho en Balcarce 50, cuando esta semana se reunió la mesa política encabezada por Karina Milei para contar los porotos.
Durante el cónclave, fue Diego Santilli quien dijo contar con el acompañamiento de los dos senadores. Pero Santiago Caputo habría sido el intermediario para destrabar las divergencias, algo que el ministro del Interior omitió. Manuel Adorni, Martín Menem, Eduardo “Lule” Menem y Caputo escucharon cómo el “Colo” pasaba su reporte de cómo se encontraban los votos en la Cámara alta. El senador misionero Martín Goerling Lara, jefe de la bancada del PRO, también acompañara la reforma, pero desde un convencimiento diferente al de los renovadores.
Ese mismo día, el miércoles pasado, Santilli les aseguró en privado a los integrantes del Comité Ejecutivo de Coninagro que el Gobierno ya contaba con los votos para aprobar la reforma laboral en el Senado. Luego participó de la primera reunión del Consejo de la entidad cooperativa, donde los productores pusieron sobre la mesa la crítica situación de las economías regionales. Allí se encontraba Gustavo Hein, presidente de la Federación de Cooperativas Agrícolas de Misiones y consejero de la Confederación.
Al margen de la confirmación del ministro del Interior de la Nación, en el Gobierno provincial entienden que la baja de Ganancias a sociedades sigue siendo un punto en discusión del capítulo tributario que incomoda a las provincias dialoguistas, pero también hay otros temas en debate que impactan a Misiones, como la cuestión energética y las promesas de pago de deudas atrasadas.
Mientras el 51% de los ingresos totales de Misiones sigan proviniendo de recursos de origen nacional, el cantón va a seguir atado a los antojos del lobby porteño, y quedó demostrado que para poder alcanzar la independencia económica no alcanza con bajar el déficit. El porcentaje, la atadura, forma parte del último informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso publicado el año pasado.
Algunos datos del informe nos muestran dónde estamos parados: La Rioja es la provincia más dependiente, el 86% de sus ingresos proviene de Nación, seguida por Santiago del Estero con el 86% y Formosa con el 84%. El 72% de los recursos de la vecina Corrientes también dependen de la misma fuente. La rica Santa Fe está con el 51%, igual que nosotros, que tenemos por arriba a Mendoza con 52% y por debajo a Tierra del Fuego, que recibe el 48%.
Lo publiqué hace unos meses: En la década de los 90, la que aplauden los libertarios y aquellos que de chicos vivieron de la casta, la dependencia de Misiones era similar a la del resto de las provincias del NEA; hoy somos la mejor posicionada y la más independiente de todo el Norte Grande. Ese fue el rumbo que se eligió: “vivir con lo nuestro”, y no estamos tan alejados de esa meta.
Los aceleracionistas y los agentes del caos
Mientras Santilli decía que tenía los votos necesarios para aprobar la mega reforma de precarización laboral, ese mismo miércoles, los diputados nacionales Maura Gruber y Diego Hartfield se reunieron con Marcelo Reinoso, Coordinador del Fondo Especial del Tabaco (FET), un riojano que depende del clan Menem, del palo sindical. Cuando salieron, la legisladora reconoció que uno de los puntos del encuentro fue “buscar mayor transparencia con los recursos” del millonario fondo destinado a los pequeños productores de tabaco.
Casi como una sincronía mágica, en Misiones un grupo de productores “autoconvocados” protestaba y amenazaba con impedir todo el ingreso de tabaco a las plantas de acopio. El reclamo, que comenzó el lunes, es por el precio de la hoja y por el manejo de los fondos del FET. La cara visible de la protesta es Maximiliano Hoff, presidente de la Comisión de Tabacaleros Autoconvocados.
Hoff participó en las últimas elecciones como candidato en la lista encabezada por el expolicía Germán Palavecino, y patrocinada por su camarada Ramón Amarilla, el agente del caos. La diputada Gruber, productora de Santiago de Liniers con experiencia en el rubro yerbatero y maderero, en las elecciones provinciales de junio fue parte de la misma lista que consagró a Amarilla como diputado provincial. La sincronía entre los agentes del caos y los impulsores locales de la aceleración de los tiempos es llamativa, tal vez una casualidad.
Reinoso, el funcionario que maneja el FET, tiene su rol bien claro: evitar conflictos con las provincias tabacaleras, especialmente con Salta, y con la multinacional Philip Morris, manejada en el país por Massalin Particulares, la firma acusada judicialmente de haber sido favorecida por el ministro de Desregulación y Transformación, Federico Sturzenegger, en el marco de la sanción de la Ley Bases. En la investigación también se incluyó a Javier Ortiz Batalla, economista y ex vicepresidente de Massalin, señalado como colaborador del funcionario en la redacción de los artículos referidos al sector tabacalero en la ley.
En La Libertad Avanza, donde rinden culto a la aceleración de los tiempos, no quieren que el FET pase por las manos del Gobierno provincial y buscan su intervención. El próximo episodio de la pulseada por la distribución de los fondos que llegan por los impuestos internos aplicados a la venta de cigarrillos podría terminar en la justicia federal. El objetivo sigue siendo el mismo: ahogar económicamente al Gobierno provincial.
Entre Milei y la Kakistocracia
El éxodo laboral en Misiones no es solo una estadística: es la postal amarga de una crisis feroz. Antes, el cruce era para traer electrónica y alguna mercadería barata; ahora es para buscar un sueldo digno, para dejar atrás salarios pulverizados. Jornaleros, panaderos, albañiles, administrativos, jóvenes de treinta y profesionales de cincuenta; todos abandonan el terruño rumbo a Brasil y Paraguay.
No hay migración sin razones. Y aquí el menú es abundante: por un lado, la crisis económica del gobierno de Milei que se llevó puesto el salario, las obras públicas, el consumo y la esperanza. Por otro, la herencia de una vieja kakistocracia que gobernó Argentina con la habilidad tramposa de los menos cualificados. Años de clientelismo, de parches fiscales, de hacer la vista gorda mientras la provincia crecía a pesar del país, dejaron un campo minado.
Y ahora llegamos al corazón de la cuestión: la importancia de un sistema fiscal provincial fuerte. Misiones supo construir herramientas propias: recaudación sólida, administración eficiente, cierta autonomía respecto a los vaivenes de Buenos Aires. ¿El resultado? Crecimiento, obra pública, empleo, una economía que resistía embates externos mejor que su vecina Corrientes, atada a la coparticipación y la limosna nacional.
No hace tanto, Misiones era la niña bonita del NEA. Pero el último año barrió con todo: ajuste furibundo, caída de la construcción, cierre de comercios, despidos en cascada. Los números son tozudos: lo que creció en diez años cayó en uno.
Se nos prometió libertad, pero llegó el sálvese quien pueda. La narrativa libertaria —esa que desprecia al Estado y glorifica al mercado— olvida que, sin Estado, solo los fuertes sobreviven. En la Misiones real, la que suda y madruga, la libertad es un lujo y el mercado, una trampa. Creo que lo dije un par de columnas atrás, ajuste no es épica, es hambre; la autonomía económica no es ideología, es supervivencia. Y saben qué, la kakistocracia, vieja o nueva, va a seguir mirando desde su torre de marfil mientras abajo la gente cruza la frontera con lo puesto.
Opinión
El agente del caos y el quincho de Hugo
Por Fernando Oz
Hay que admitir que el ex policía y actual diputado provincial Ramón Amarilla sabe jugar muy bien a las escondidas. No esperó que terminara el primer mes del año para convocar a los empleados públicos a la Plaza 9 de Julio; su plan era presentar un reclamo de tipo salarial para toda la administración pública provincial y pedir soluciones casi mágicas a cuestiones en las que el Gobierno provincial no tiene nada que ver. Una vez más, en el oficialismo nadie lo vio venir. En menos de veinticuatro horas, el agente del caos agitó el denso clima social: emulando ser Robin Hood, rodeado por sus Merry Men, entró a la Rosadita con una proclama en mano.
Silencioso, escurridizo y con modales de buen samaritano, Amarilla apareció cuando los demás estaban en el quincho. Nadie lo esperaba. El martes, durante la siesta, el diputado envió desde su WhatsApp una “Convocatoria” a gremialistas, amigos, camaradas y a los medios de comunicación para que divulgaran su regreso. El mensaje salió con música de fondo: el Himno Nacional.
La convocatoria era para el día siguiente y estaba dirigida a “retirados, familiares de la Policía y del Servicio Penitenciario, docentes, salud, municipales”. Más adelante, se lee: “instamos a las autoridades del Gobierno provincial (que) atiendan a todos los sectores, gremios y sindicatos representantes de los docentes, salud, empleados públicos y municipales, poder judicial, yerbateros, tabacaleros, comerciantes”, y termina diciendo que la “situación económica es insostenible y afecta a todos los misioneros”. También quiso que su firma quedara debidamente estampada como tal: “Fdo. Ramón Oscar Amarilla, diputado provincial”.
El miércoles, a las diez de la mañana, en la Plaza 9 de Julio, una treintena de personas se congregó alrededor del ex suboficial de la policía; la mayoría ex uniformados, el resto eran periodistas haciendo la faena del día. Hubo fotos, entrevistas, posteos en redes. Después entregó un escrito en Mesa de Entrada de Casa de Gobierno y, a su regreso, más fotos, unas palabras de ocasión, y se mandó a mudar con su pelotón.
En su mesa chica restaron importancia al número de personas que asistieron a la convocatoria. Consideran que cumplieron con los “objetivos tácticos” y hablan de la “acción psicológica”. Amarilla cree que puede liderar el malestar social debido a la “insostenible situación económica”. Tantea el terreno, mide al oficialismo con cultivada paciencia. “Nosotros sabemos muy bien que de un día para otro no se hace una convocatoria, sabemos cómo se hace”, dice un hombre de esa mesa que prefiere no salir en fotos.
Ahora, Amarilla, el agente del caos, espera que el Gobierno reinicie la mesa de diálogo por aumentos para todo el personal policial, retirado o no. No pidió nada para ningún otro sector; entendió que no era el momento, que habrá tiempo para presentar el escrito que redactó antes de la convocatoria. Parece ser que tiene varias cartas fuertes bajo la manga; una de ellas sería una comprometedora grabación realizada en el penal donde se encontraba tras las rejas. El emboscado sería un desafortunado abogado que ingresó al centro de detención después de las 22 horas creyendo llevar una patente de corso; un boca suelta.
El diputado, hombre inteligente y astuto, no tiene nada que ver con los neopopulistas modernos, pero es un Joker de la época. Los nuevos guasones de la política sienten una fascinación por el caos, lo viven como una revelación. Amarilla no es un Robin Hood —y quienes lo rodean probablemente no sean los Hombres Alegres—, es Joaquin Phoenix diciéndote al oído: “Introduce un poco de anarquía, altera el orden establecido y todo se volverá caos. Soy un agente del caos”.
Aires de relanzamiento de gestión
El martes, mientras Amarilla escribía la convocatoria, el jefe de Gabinete, Carlos “Kako” Sartori, comía asado con unos cincuenta y tantos alcaldes en la localidad de Caá Yarí. Fue una charla amena; Kako los conoce, él mismo, hasta hace poco, estaba entre los intendentes que reclamaban más respuestas por parte del Gobierno provincial. Ahora la mano cambió y ellos serán los actores del proyecto misionerista. Todos se fueron contentos, con la panza llena y fondos frescos para obras y tapar agujeros.
Rodrigo “Pipo” Durán, de Eldorado, se fue con 295 millones de pesos; la misma suma consiguió para Posadas “Lalo” Stelatto y su par de Oberá, Pablo Hassan, salió con 83 millones, por ejemplo. La transferencia corresponde a una compensación que le correspondía a la provincia por aquel asunto de la quita de recursos de la soja y el rocambolesco pacto fiscal.
La tarasca llegó tras un reclamo del gobernador Hugo Passalacqua, en medio de la discusión por la polémica reforma laboral, además de los 189.000 millones que recibió en lo que va del año en concepto de coparticipación. Hasta el momento, el ministro del Interior, Diego Santilli, consiguió el respaldo de nueve gobernadores: Rogelio Frigerio (Entre Ríos); Alfredo Cornejo (Mendoza); Leandro Zdero (Chaco); Gustavo Sáenz (Salta); Marcelo Orrego (San Juan); Rolando Figueroa (Neuquén); Alberto Weretilneck (Río Negro); Ignacio Torres (Chubut) y Juan Pablo Valdés (Corrientes).
Pese a las partidas que envió el gobierno de Javier Milei, Passalacqua está reticente por la falta de respuestas sobre las deudas reales que la Nación tiene con Misiones. Es por eso que Santilli suspendió la visita que tenía prevista a la provincia; no quería irse con las manos vacías, sin la foto de un acuerdo. Los senadores de la Renovación recibieron la directiva de no pronunciarse hasta último momento.
Hasta el momento, son varios los gobernadores que se oponen al articulado tributario de la reforma laboral, en especial a la reducción pensada en Ganancias para las sociedades, lo que afectará la recaudación de las provincias. Los mandatarios aliados quieren compensar la disminución que tendrán sus arcas por la rebaja del 35% al 31,5% sobre ese ítem. Con esa disminución las provincias perderán 1,2 billones de pesos.
El impacto para el Cantón es de casi 60 mil millones de pesos, un montón. El dato lo publicó Primera Edición, que accedió a un informe técnico de impacto fiscal que analiza en detalle los efectos del Proyecto de Ley de Modernización Laboral sobre la recaudación nacional y la distribución de fondos hacia las provincias. Según el diario que dirige Marlene Wipplinger, la pérdida surge principalmente de la reducción del Impuesto a las Ganancias que pagan las sociedades, la eliminación del impuesto cedular y la derogación parcial de impuestos internos, tres puntos que no son menores para la economía de la provincia.
Passalacqua está dispuesto a resistir los embates de la gestión libertaria y a “mantener la unidad de la Renovación”, lo escuchó un selecto grupo de unas quince personas mientras comían un asado en el club Pira Pytá. Fue un clima de “relanzamiento de gestión”.
Entre los invitados estuvo Kako Sartori; el subsecretario de Coordinación de Gabinete, Joaquín Montenegro Niveyro; la subsecretaria de Industria, Micaela Gacek; la diputada Aryhatne Bahr, ambas representantes del Blend; Graciela de Moura, titular de la Agencia para el Desarrollo Económico, y Alicia Penayo, que aún tiene un pie en Silicon Misiones, entre otros funcionarios y algún integrante del Poder Judicial.
No estuvieron Lucas Romero Spinelli ni su pareja, la diputada Paula Franco, que acababan de volver a Posadas después de unos merecidos días de vacaciones. El vicegobernador se mantuvo atendiendo cuestiones de la gestión y muy involucrado en su campaña en redes sociales. El líder de la Renovación Neo reforzó su equipo de comunicación con el apoyo de una consultora de Buenos Aires que se especializa en redes y del excelentísimo académico y consultor en política comunicacional Mario Riorda. La apuesta fuerte será en YouTube, con vistas a 2027.
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