La Región
Chaco: fue a la morgue a despedirse y encontró que su beba estaba viva
Luz Milagros nació a los seis meses de gestación, la dieron por muerta y pasó más de 10 horas en una cámara de refrigeración de la morgue. Cuando su mamá abrió el ataúd, la beba lloró “como un gatito”.
Cuando Analía llegó al hospital, tenía 30 años y estaba embarazada de seis meses. Le habían diagnosticado una complicación y le habían avisado que su hija no iba a tener más opción que nacer por cesárea.
Luz, sin embargo, terminó naciendo cuatro días después, a través de un parto vaginal salvaje y agotador. Habían pasado casi dos horas del nacimiento cuando una enfermera entró a la sala con las manos vacías, se acercó a Analía y le preguntó: “¿Vas a querer saber la causa de muerte de tu bebé?”.
“Hicieron todo mal desde el principio”, asegura Analía Boutet, siete años después de aquel día. “Me hicieron tacto varias veces, por más que yo les decía que miraran mi historia clínica y no lo hicieran.
En uno de los tactos siento que me rompen la bolsa. Le avisé a la doctora y me contestó que estaba equivocada, que me había hecho pis. ¿Cómo iba a estar equivocada? Yo sabía lo que era romper bolsa, si ya tenía cuatro hijos”.
Eran los primeros días de abril de 2012 y, aunque en la Argentina ya se había sancionado la “Ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres”, todavía no se hablaba de “violencia obstétrica”, incluida en la ley.
Analía, que es chaqueña y en aquel entonces era ama de casa, no sabía que unos días después su historia iba a conmocionar al país.
Le habían diagnosticado una complicación del embarazo llamada “placenta previa oclusiva total” y Luz, su hija, venía de cola, por lo que era “una cesárea cantada”.
El 3 de abril, sin embargo, “me hicieron un monitoreo, dijeron que no sentían los latidos y me llevaron de urgencia a la sala de partos. Mientras monitoreaban, me preguntaron cuántos hijos tenía, y les contesté ‘cuatro’. La respuesta fue ‘Ahhh, bueno’, como quien dice ‘ya tenés un montón, uno más, uno menos…'”.
Según el relato de Analía, una de las dos doctoras le puso una chata y le dijo a la otra: “Dejala, que lo expulse sola”. “Yo tenía un cansancio terrible, vomitaba algo verde, quería ayudar a nacer a mi hija pero me era imposible”.
Luz nació a las 10.20 de la mañana del 3 de abril. Al mediodía y mientras Analía se recuperaba, entró una médica: “Me preguntó: ‘Mamita, ¿quién va a anotar a tu beba? Así que yo le dije que buscara al papá afuera y sentí alivio, pensé que estaba todo bien.
Pero al rato volvió otra y me preguntó: ‘¿Vas a querer saber la causa de muerte de tu hija?'”. Dice Analía que entró en shock y que, aunque su entonces marido ya lo sabía, nadie de la familia había visto el cuerpo de la nena y constatado la muerte.
Lo que siguió fue una tarde eterna y demoledora: una familia que debía estar celebrando pero estaba presentando un certificado de defunción en el cementerio local.
“Como a las 10 de la noche reaccioné y dije que quería ir a la morgue a despedirme de mi hija”. Analía caminó lentamente por los pasillos del hospital, acompañada por su entonces marido, su hermano y su cuñada.
“Sacaron el cajoncito de una cámara de refrigeración y lo pusieron sobre la mesada. Nadie quería ver, me pedían que no la viera para que no me quedara con esa imagen, pero yo quería despedirme”, sigue.
La caja de madera blanca estaba cerrada y el papá de Luz necesitó una barreta para hacer palanca y abrirla. “Cuando logró abrirla dio un paso para atrás, todos se alejaron. Luz estaba tapada con una tela vegetal, yo la fui corriendo como en cámara lenta.
Primero le vi la manito miniatura y se la agarré. Después vi que tenía el cuerpito morado y se le había formado escarcha. Cuando le destapé la cara, me estaba mirando. Tenía los ojos brillantes y lloró, una especie de llanto de gatito”.
Analía pensó que estaba teniendo una alucinación por el shock, la soltó y dio un paso atrás. Ninguno de los que estaban en la morgue había visto lo que ella acababa de ver.
“Pensé que me había vuelto loca. Volví a acercarme y Luz se estaba desperezando. Empecé a gritarle a la señora de la morgue ‘¿¡por qué se mueve?’, ¿¡por qué se mueve!? Y cuando todos se acercaron, Luz empezó a llorar. Caí arrodillada al piso, como rendida, no lo podía creer”.
Su hermano, el único que pudo reaccionar, se apoyó a la beba en el pecho y corrió. “Él decía que fue como llevar una botella de hielo pegada al pecho. Luz lloraba y, cada vez que dejaba de llorar, él le repetía, ‘vas a vivir bebé, vas a vivir, tranquila que vas a vivir'”.
Dice Analía que las médicas, después, quisieron explicar lo imposible. La internaron en estado de gravedad, con respirador. Ese día Luz pasó a llamarse como la conoció todo el país: Luz Milagros.
El drama todavía no había salido de las fronteras de Chaco y en el Hospital Perrando, donde ya le habían entregado una partida de defunción, “quisieron darme una partida de nacimiento con datos falsos.
Como que Luz había nacido otro día a otra hora. Con la poca lucidez que tenía, les dije que estaba mal y no se las recibí”.
Afortunadamente, en la casa de sepelios habían guardado una copia de la partida de defunción, porque en el cruce del drama y la alegría al papá de Luz le robaron la moto en donde había guardado el original.
Ocho días después, Luz tuvo el primer paro cardíaco. “Por todo lo que había pasado, me llamaron para que viera cómo la reanimaban. Imaginate tener que ver eso”, sigue. Para ese entonces, “ya había enfermeras que me tenían bronca, porque habían quedado todos expuestos y a algunos los habían cambiado de sector. Pasé de ser la víctima a la mala de la película”.
Fue ahí que una tía de Analía, que vive en Rosario, mandó un mail a un canal de televisión y contó lo que había pasado. En pocos días, la puerta del hospital se llenó de periodistas y la historia de la nena que había sido dada por muerta al nacer llegó a las tapas de los diarios.
Hablaban del horror y de la desidia, de los protocolos, se preguntaban cuánto tiempo se debía esperar para dar por muerto a alguien, del milagro. Todavía no sabían lo que supieron después, cuando Luz sobrevivió a un segundo paro cardíaco, y la trasladaron al Hospital Italiano, en Buenos Aires.
“Nos dijeron que solo le funcionaba el 10% del cerebro, y que una junta médica había determinado que iban a darle cuidados paliativos para no agredirla más”, sigue su mamá. Le hablaron de la ley de muerte digna pero a ella, que es evangélica, le pareció “inhumano” que para evitar lo que se conoce como “ensañamiento terapéutico” dejaran de alimentarla.
“Yo vivía el día a día con ella, no pensaba qué secuelas iba a tener. La veía crecer, ponerse más linda, gordita. Había dejado de tener infecciones”. En el hospital, entonces, escucharon su pedido, le colocaron un botón gástrico para que se alimentara y le hicieron una traqueotomía para que pudiera respirar.
“Cuando llegaron los medios apareció el gobierno de Chaco, el de Capitanich, antes no había aparecido nadie. Acá la gente dijo que nos habían regalado una casa pero es mentira, durante los dos meses y medio que estuvimos en Buenos Aires refaccionaron la nuestra para que pudiéramos traer a Luz, que era electrodependiente.
Imaginate lo que hicieron que en la primera tormenta, se cortó la luz, empezó a entrar agua por la pieza de ella, por el piso y por las paredes. Los electrodependientes se ahogan sin la máquina así que, con la luz cortada, tuve que hacerle como respiración boca a boca al revés, aspirando con mi boca para que no se me ahogara”.
Hacía 12 años que Analía estaba en pareja con el papá de todos sus hijos “pero al mes que llegamos a casa con la nena, él se fue”. Ocupada en tratar de sacar a Luz adelante, Analía no se ocupó durante ese tiempo de la cuestión legal.
“La gente de Buenos Aires nos mandaba ropa, las cánulas de la traqueotomía que acá decían que no se conseguían. Acá en Chaco no, la gente repetía ‘¿qué la vamos a ayudar si el gobierno le da plata?’.
Del gobierno me daban 2.000 pesos por mes y me pedían que fuera y les presentara tickets de compra. Me han pedido que fuera en pleno diciembre con el calor terrible que hace en esta provincia, he ido con mi hija creyendo que nos iban a dar algo y era solo para que el gobernador se sacara una foto con Luz. Después, chau”.
Desesperadamente en busca de una mejoría, la mamá de Luz apostó a juntar 60.000 dólares para llevarla a China a hacer un tratamiento con células madre (algo cuestionado por la comunidad científica, que advierte que las terapias que se ofrecen no poseen efectos terapéuticos comprobados).
Vendió bonos de lotería, difundió un número de cuenta y, cuando Luz ya tenía 1 año y dos meses, Analía viajó con ella a Buenos Aires a terminar el trámite de los pasaportes y a juntar dinero para el viaje en las plazas.
Para ese entonces, Analía se había puesto en pareja con uno de los médicos del servicio domiciliario que iba a su casa a atender a su hija. “Nos fuimos todos, él, yo y mis cinco hijos. A la vuelta pasamos por Rosario porque a mi hermana, que tenía 17 años y vivía ahí, acababan de detectarle cáncer (Linfoma de Hodgkin)”.
En Rosario, Luz se descompuso, producto de una infección generalizada. En muchos medios le echaron la culpa a la madre por haberla sacado de casa sin los recaudos necesarios. “Dijeron eso pero nadie sabía la guerra que yo tenía acá.
Decían que me mandaban a casa cardiólogos, nutricionistas y no era cierto. Decían que yo tenía a disposición una ambulancia o un avión pero tampoco era verdad. Eso lo ponían para la foto, para campaña, y yo estaba desesperada”.
La beba fue llevada de urgencia a un hospital en Rosario. “Yo presentí que esta vez no iba a salir adelante. Me dijeron ‘Luz se está apagando de a poco’. Fui a verla y le dije ‘bueno mamita, si vos querés seguir mamá está acá, si ya estás cansada y te querés ir, andá tranquila’. Después de que le dije eso, la máquina hizo piiiiiiii, como en las películas”.
Luz Milagros murió el 23 de junio de 2013. “La vestí y salí con ella en brazos hacia la morgue. Se me tiraron encima, como que estaba loca por lo que estaba haciendo. Pero para mí ya nada era una locura. La tuve en brazos todo el velorio, mi cabeza decía: ‘¿Y si a lo mejor se despierta otra vez?'”.
Después de la muerte de Luz, Analía, su mamá y su ex marido presentaron una demanda civil por daños y perjuicios y daño moral por mala praxis “contra el Estado provincial del Chaco y las dos médicas que intervinieron”, explicó el abogado de la familia, José Victorino Acuña.
En total, exigen 15,2 millones de pesos. “Pareciera tratarse del guión de una película de horror”, dijo el abogado. Todavía no se ha dictado sentencia.
Al drama, se sumó después más drama. A la mamá de Analía le detectaron cáncer en la garganta, por lo que perdió las cuerdas vocales. Su hermano -el joven que corrió con Luz desde la morgue y sintió que llevaba una botella helada apoyada en el pecho- tuvo un accidente de moto, sufrió desprendimiento de masa encefálica y ya no recuerda el episodio.
“Mi vida nunca volvió a ser la misma”, se despide Analía, que ahora vive de la comida que prepara y vende. “Sé que Luz vino a cumplir una misión. Y que, dentro de todo lo feo, siempre hay un milagro.
Una vez, un chico me contó que había estado tan mal que había pensando en terminar con su vida. Pero cuando vio cuánto había luchado mi hija para vivir, dijo ‘¿cómo no voy a poder yo?’. No se qué habrá sido de la vida de ese chico, pero eso me consuela”.
Frontera
Sobrino de Bolsonaro, asilado en Iguazú, pide ayuda a Milei: “Quiero trabajar”
Es sobrino del ex presidente Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por el intento de golpe de Estado de enero de 2023, y primo del mayor de los hijos de este, Flávio Bolsonaro, candidato presidencial para las elecciones del 4 de octubre próximo en Brasil.
Se trata de Leonardo Rodrigues de Jesus, más conocido como Léo Índio, refugiado en Puerto Iguazú desde hace casi dos años, cuando el Supremo Tribunal Federal (STF), que mandó a la cárcel a su tío, emitió una orden de captura en su contra por los mismos hechos que condenaron al ex presidente brasileño.
Léo Índio es hijo de la hermana de Rogéria Nantes Braga, la primera esposa de Jair Bolsonaro, lo que lo convierte en sobrino político del ex presidente y primo hermano de sus tres hijos mayores: Flávio, Carlos y Eduardo.
Rodrigues de Jesús fue imputado por la Procuraduría General de la República (PGR) de Brasil, por su participación en el asalto a los tres poderes del Estado, del 8 de enero de 2023, y enfrenta cinco cargos graves, incluyendo tentativa de golpe, asociación criminal armada, abolición violenta del sistema democrático y daño calificado al patrimonio público.
La Voz de Misiones entrevistó al sobrino de Bolsonaro en un hostel de la Ciudad de las Cataratas, que curiosamente queda pegado a la delegación local de la Policía Federal Argentina (PFA), donde el hombre contó su historia, agradeció por el asilo político al presidente Javier Milei, que el día anterior había estado en la reserva Iryapú para la convención del IAEF; habló de una carta al mandatario argentino, pidiéndole ayuda para trabajar; mencionó su amistad con el intendente Claudio Filippa, y comentó que son “más de 100” los bolsonaristas refugiados en Puerto Iguazú.
El Hostel
La esquina es un típico hostel para mochileros: sencillo, amable, colorido; con paredes grafiteadas y el tradicional friso de mensajes de viajeros de todos los confines que alguna vez se alojaron allí. En el portón, un artesano bonaerense, que hace un voluntariado en el local, exhibe sus pulseritas de macramé, mientras teje varias más en hilo que dice haber comprado en Brasil.
“Léo se está levantando”, comenta el muchacho y convida al equipo de LVM a esperarlo en una de las mesas del bar, que funciona en el frente del hostel y que, a esa hora, las 11 de la mañana, está desierto y donde, según comenta, “se sirve la mejor comida brasileña de Iguazú”.
Adentro, se ven movimientos de huéspedes preparándose para el check out. Parece un sábado normal, en uno de los tantos hospedajes de la ciudad. De repente, llega una pareja de brasileños y se repite la pregunta, esta vez, en portuñol: “Nos, estamos procurando a Léo”. El chico de las pulseritas de macramé los acomoda en otra mesa del bar. Y ahora solo falta el sobrino de Bolsonaro, que llega desde la calle y no parece recién levantado.

Los libros de cabecera de Léo Índio: una bibliografia de su primo, Flávio Bolsonaro, y la Biblia. Foto: Fernando Oz
El hombre viene luqueado, con una vistosa remera verdeamarelha y una gorra de la campaña de su tío de 2022, de la elección que Jair Bolsonaro perdió con Lula da Silva en octubre de ese año, y que desembocó en el atraco a las sedes del gobierno brasileño de enero del año siguiente, que tienen a Léo Índio entre los bolsonaristas que escaparon del requerimiento judicial, unos 1.500 repartidos entre Iguazú, Buenos Aires, Rosario y Mendoza.
“Liberdade”, se lee en el pecho de la camiseta. “La mandé a hacer acá, cuando llegué”, dice Rodrigues de Jesús. El diseño, de aire futbolero, conjuga los colores de Brasil con la bandera argentina, y lleva estampado en las mangas las banderas de Israel y Estados Unidos. “Gratidao” (Gratitud, en portugués), se lee abajo. “Es una muestra de agradecimiento a la solidaridad argentina con nosotros”, explica el hombre.
Léo Índio, soltero, 43 años, de padre militar devenido en pastor, llega a la entrevista con dos libros: una biografía de su primo candidato a presidente y un ejemplar de la Biblia con tapa de cuero; y los dispone sobre la mesa, de tal forma que entren en el cuadro de la cámara.
Infiltrados
“Me llamo Leonardo Rodrigues de Jesus. Llevo aquí, en Puerto Iguazú, aproximadamente un año y ocho meses, debido a la persecución política en Brasil”, arranca Léo Índio y cuenta: “Vine por voluntad propia, sabiendo que aquí tenemos un gobierno aliado del anterior gobierno brasileño, el de Bolsonaro”.
“Tras nuestra derrota en 2022, comenzó una persecución a raíz del 8 de enero”, relata y sostiene que los episodios de aquel domingo fueron “un acto democrático contra los problemas institucionales en Brasil, y en defensa de la democracia; no un golpe”.
El hombre niega haber sido parte de la turba bolsonarista que tomó por asalto las sedes de los tres poderes de Brasil y culpa de los desmanes a “infiltrados”, en una manifestación que retrató como “voluntaria, pacífica y ordenada”.
“Lamentablemente, hubo grupos infiltrados que provocaron la depredación de edificios públicos: el Congreso, el Palacio de Planalto y también el Supremo Tribunal Federal”, argumenta, sobre los hechos que la justicia brasileña dio por probados, incluso su participación en los destrozos de los edificios públicos, que quedaron registrados en fotografías, algunas de las cuales la PGR asegura fueron publicadas por él en sus redes sociales.
Léo Índio se refugia en la figura de la “persecución política” y cuenta que huyó a la Argentina ni bien se enteró de la orden de prisión preventiva en su contra, firmada por el ministro Alexandre de Moraes, el juez del STF que ordenó el bloqueo temporal de la red social X, en 2024, tras el enfrentamiento legal con su propietario, Elon Musk; y el que comanda la investigación por los sucesos de enero de 2023.
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“Entonces vine a Argentina; al llegar aquí, uno se presenta —yo entré de forma legal— ante Migraciones y escribe una carta de puño y letra solicitando asilo”, dice Léo Índio y describe el tenor del pedido: “Ahí, escribes, ‘yo, Leonardo, estoy aquí en Argentina, en Puerto Iguazú, solicitando respetuosamente que el país nos otorgue este refugio’”. “Luego, se realiza un análisis por parte de la CONARE (Comisión Nacional de Refugiados), que acredita y autentica la situación; y se formaliza mi presencia aquí”, explica.
Rodrigues de Jesús aclara que ese documento otorgado por la CONARE es “precario” y que debe ser renovado cada 90 días. “Tenemos que presentarnos ante Migraciones y decir: ‘Sigo aquí, continúo presente y todavía necesito este refugio; todavía necesito esta autorización para seguir residiendo aquí’”.
“Nos sentimos muy felices de haber sido acogidos por esta patria amiga, Argentina, pero hay algunos asuntos pendientes, algunas cosas que necesitamos y solicitudes que debemos presentar al gobierno argentino en relación con nuestra estancia”, comenta.
Léo Índio llegó a Puerto Iguazú desde Cascavel, la ciudad del Estado de Paraná ubicada a unos 164 kilómetros de la Triple Frontera, donde en 2022, en la misma elección que su tío perdió con Lula, había sido electo concejal municipal suplente por el bolsonarismo.
Cuenta que llegó sólo, pero que en la Ciudad de las Cataratas se encontró con “más de 100 personas en la misma situación”. “Yo soy soltero y no tengo hijos, pero hay familias, personas mayores, niños que nacieron aquí e, incluso, personas que han fallecido aquí”, afirma y apunta: “Hay todo tipo de personas atravesando este mismo proceso injusto tras haber solicitado refugio en Argentina”.
“Cuando llegué, ya había personas aquí”, cuenta Léo Índio y resalta que, entre los bolsonaristas asilados en Iguazú, “hay gente que llegó el 9 de enero de 2023”, el día después de los episodios por los que su tío fue condenado a prisión.
“Gracias a Dios, que había personas que me recibieron y me indicaron el camino, porque uno llega algo perdido”, comenta y apoya la mano izquierda sobre la Biblia.
“Imagínate, uno se despierta y su abogada le dice: ‘Tengo una orden de prisión preventiva para vos’”, plantea Léo Índio y exclama: “¡Ya habían realizado dos registros en mi casa, se llevaron mi pasaporte, mi visa, mi teléfono!”.
El primo
Rodrigues de Jesús es un hombre alto, corpulento, robusto; podría decirse que encaja en la idea bolsonarista del culto a la fuerza física, unida al manejo de armas -en sus redes se lo ve practicando tiro con fusiles automáticos-, y la prédica cristiana.
“Estamos, más o menos, a 30 días de las elecciones”, calcula Léo Índio y sostiene que su primo Flavio “se ha convertido en la opción del momento”. “Hemos puesto nuestras oraciones y nuestra fe en Dios en esta victoria, porque con ella él podrá nombrar a cuatro ministros más para el STF —podrá elegir a otros cuatro durante su mandato— y así podremos equilibrar un poco esta guerra”, afirma.
“Tenemos mucha fe en que Flávio tenga éxito en esta empresa junto con la derecha de Brasil, para que más adelante logremos que las personas regresen al país”, señala y se lamenta de que “muchos” de sus compatriotas asilados no tengan “la misma esperanza en eso”. “Están empezando una vida nueva aquí y son gente de bien”, dice Léo Índio.
“Yo mismo aconsejo eso, porque a veces uno se queda estancado y termina sin vivir la vida, ni en Brasil, ni aquí. Mi padre me dice: ‘Léo, aprovecha, aprende un poco de la cultura argentina, hacé amigos, busca ayudar’”, relata.
“¿Sos consciente de que tu primo Flávio puede perder esta elección?”, pregunta LVM y el hombre parece darse un baño de realidad.
“Siempre existe esa posibilidad de perder”, reconoce. “Lamentablemente, tenemos antecedentes de problemas con las urnas electrónicas en Brasil, y en el Congreso existe una lucha por el voto impreso, que es una batalla en la que, por desgracia, aún no hemos tenido éxito”, afirma.
Dice que, si su primo pierde contra Lula en octubre, como adelantan todas las encuestas, “seguiremos aquí, cuidando de los nuestros e intentando aportar algo al país que nos acoge”.
Filippa
A lo largo de toda la entrevista, el sobrino de Jair Bolsonaro resaltó, una y otra vez, estar “agradecido” con la Argentina, en especial con el gobierno de Milei, por el asilo político que lo puso a salvo del proceso judicial del STF en su contra.
“Siento una gran gratitud hacia la Argentina y el pueblo argentino”, dice Léo Índio. “Aquí, los apoyamos durante la Copa del Mundo; lamentablemente no ganaron, pero fue emocionante hasta el último minuto”, comenta.
Confiesa que extraña su casa, a sus padres, “la comida, el sabor de allá”; pero, asegura que los bolsonaristas asilados en Iguazú, son un grupo “comprometido” con la ciudad que le sirve de refugio.
“Siempre intentamos aportar algo a la comunidad y a la sociedad”, cuenta y destaca haberse granjeado la amistad del intendente Claudio Filippa, con quien, según dice, “tenemos ideas en común”.
Milei
Durante la charla, Léo Índio echa mano de un sobre de color madera y trae a la mesa un texto impreso. “Esta es una carta que preparé para Milei”, cuenta y, enseguida, se enfoca en las razones del escrito, que tenía pensado entregarle al presidente argentino durante su visita del día anterior, pero que, finalmente, no pudo, por las restricciones de acceso a los eventos en las 600 hectáreas de Iguazú.
La misiva, fechada el 4 de septiembre, día de la visita de Milei a Misiones, solicita “atención urgente a la situación de los ciudadanos brasileños exiliados en Argentina”, y pide la resolución de las solicitudes de asilo político de unos 300 bolsonaristas, del total que llegó al país luego de la derrota electoral de 2022 y los sucesos de enero siguiente en Brasilia.
“Nuestra situación es especialmente grave en algunos casos”, se lee en la carta. “Además, 62 brasileños formamos parte de pedidos de extradición presentados por Brasil”, reza el texto y alerta sobre la “extrema inseguridad jurídica” que pesa sobre los bolsonaristas asilados.
En concreto, solicitan a Milei que la situación del grupo “sea analizada con humanidad, justicia y respeto”, y que, en uso de sus atribuciones, el presidente libertario, encargue “a los organismos competentes, en especial a la CONARE, que evalúen nuestros casos con carácter de urgente y procuren una solución que nos permita permanecer en Argentina de manera segura, digna y dentro de la legalidad”.
Léo Índio dobla la hoja y la vuelve a meter en el sobre. “Es muy importante para nosotros resolver nuestra permanencia legal en el país”, dice.
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El pedido a Milei, explica, tiene que ver con “la necesidad de trabajar de manera regular y estable”, ya que el refugio precario, que renuevan cada tres meses, no les permite desarrollar una actividad económica registrada.
“Estamos viviendo de trabajos ocasionales: yo, ya trabajé de Seguridad; ya pinté casas de conocidos; tenemos aquí un restaurante, cocino, hago delivery; todos los domingos hacemos una costilla aquí cerca; los lunes y martes, vendemos arroz carretero, un plato muy típico en Brasil, que se hace con lo que sobra del asado; lo hacemos con arroz y poroto; tratamos de vivir dignamente”, relata.
El sobrino de Bolsonaro se confiesa “preocupado” de la suerte de Milei en las elecciones del año que viene. “Claro, me preocupa”, dice y afirma estar “dispuesto a trabajar para que Milei sea reelecto”.
“No podemos estar sufriendo con anticipación; más bien, podemos explicarles a las personas que el mejor camino es más a la derecha; convencerlos de que el camino mejor es ese, es Flavio, es Bolsonaro, es Dios”, dice Léo Índio y vuelve a tocar la Biblia.
La Región
Andy Rivas, el socio de Fernando Cerimedo en Paraguay
Su nombre saltó a los titulares de los medios paraguayos en estos días, luego de la detención en Bolivia del consultor y ex asesor del presidente Javier Milei, Fernando Cerimedo, por tentativa de homicidio de su ex pareja, la activista Nadie Beller, aparentemente porque sabía demasiado y quería hablar.
Se trata del argentino Andy Rivas, que figura oficialmente como socio de RZK Consultora Internacional S.A., una firma con base en Buenos Aires, dedicada a realizar estudios de factibilidad de inversiones y proyectos a gran escala.
Según divulgó la prensa paraguaya, en el vecino país, el consultor porteño opera con su propio nombre y presenta sus servicios como “Andy Rivas & Asociados”, o como “un consorcio de profesionales independientes”.
Investigaciones de medios de Asunción, como ABC Color y RDN, han señalado que, tanto la razón jurídica exacta y las oficinas de la consultora de Rivas en territorio paraguayo “no están registradas en bases de datos de proveedores del Estado”, porque su servicio “se maneja de forma externa, privada y estrictamente confidencial”.
Rivas figuraba también en el flyer promocional de un curso sobre “cómo ganar elecciones”, apadrinado por Dick Morris, el asesor de Bill Clinton que renunció durante una campaña del demócrata por un escándalo sexual y en 2019 trabajó en la campaña presidencial del ex diputado libertario José Luis Espert, que dimitió en octubre de 2025, al conocerse que había sido financiado por el empresario Federico Fred Machado, detenido en Estados Unidos por lavado de dinero.

El flyer del curso de Dick Morris, que tenía a Cerimedo y Rivas como los especialistas en “ganar elecciones”.
Sombras
Detenido Cerimedo, el nombre de Rivas escaló pronto a las portadas, los noticieros, los programas de streaming y las redes sociales, que sacaron a la luz sus vínculos con el consultor argentino preso en la cárcel de Palmasola, penal boliviano de máxima seguridad, y sus relaciones con el mundo empresarial y político paraguayo.
Enseguida, medios y redes sociales viralizaron entrevistas y charlas que Rivas ofreció en Asunción, y también un recorte del discurso de Cerimedo en la gala de premiación de Latino Wall Street, celebrada en febrero de 2026 en Mar-a-Lago, el club privado del presidente estadounidense Donald Trump en Florida, al que estaba invitado Javier Milei.
Allí, Cerimedo fue premiado como “Consultor Político Hispano del Año” y agradeció públicamente a su “amigo y socio” Rivas, por haber logrado ganar en las elecciones presidenciales de Honduras, “sacando al clan Zelaya” y llevando a la presidencia a Nasry Tito Asfura.
En Paraguay, la reputación de Rivas se catapultó en 2019, cuando dirigió la campaña a diputado nacional del colorado Hugo Ramírez, que le valió un premio en los Napolitan Victory Awards, considerados como los “Óscar de la política”, que entrega anualmente The Washington Academy of Political Arts & Sciences (WAPAS), una sociedad honoraria de membresía conformada por profesionales destacados del ámbito de la consultoría política, la comunicación y el mundo académico.
Según la prensa paraguaya, a partir de ahí, Rivas consolidó su rol estratégico “en las sombras” y proyectó su influencia en el oficialismo y también en la oposición política paraguaya.
El escándalo del caso Cerimedo, resonó en Paraguay por su vínculo con Rivas y porque este funge de “ministro sin cartera” del presidente Santiago Peña y del vicepresidente Pedro Alliana.

Andy Rivas (primero de la izquierda) apareció junto al presidente Santiago Peña, el canciller Rubén Ramírez, el directivo del Centro Adam Smith, y empresarios en mayo de 2025.
Su presencia en el entorno presidencial generó fuertes críticas en la prensa paraguaya, debido a que no figura en ninguna planilla oficial del Estado como funcionario, ni posee contratos públicos registrados, desconociéndose de qué manera se financian sus gestiones o viajes.
El diario local ABC Color, definió a Rivas -cuya pareja es Irma Llano, fiscal especializada de delitos informáticos y lucha contra el crimen organizado-, como consultor “en las sombras” del canciller paraguayo Rubén Ramírez Lezcano, a quien acompaña en actividades oficiales, adentro y fuera del país.
Pista
“Andy Rivas lleva años circulando por espacios políticos que, en apariencia, están enfrentados”, señaló, por estos días, el sociólogo y comunicador Camilo Soares.
Soares, que integró el Gabinete del presidente Fernando Lugo en 2008, describió a Rivas como “el hombre que conecta oposición, gobierno y extrema derecha” en Paraguay.
“Estuvo vinculado al entorno de Mario Ferreiro”, dijo el comunicador, en referencia al ex intendente de Asunción, y agregó: “Mantuvo conexiones con referentes de la derecha regional y ahora aparece sentado junto al canciller en una reunión oficial en Estados Unidos, aunque no ocupa un cargo formal en Cancillería”.
“Entonces, hay una pregunta inevitable: ¿Qué hacía ahí y a quién representaba?”, lanzó Soares y explicó: “Porque el poder no funciona solamente a través de ministros, funcionarios y cargos formales. También existen redes de relaciones e influencia que operan alrededor de quienes toman las decisiones”.
“Andy Rivas es una pista para entender esa zona donde oposición, Gobierno y extrema derecha están bastante más conectados de lo que parece”, afirmó.
Soares opinó que no tiene “la menor duda de que la línea política del gobierno de Santiago Peña, responde a “ese ‘alineamiento’”, del que hablaba Rivas en 2022, del triángulo del éxito con vértices en Washington, Taipei y Tel Aviv.
“Esta gente es gente peligrosa, porque tienen influencia política sobre la dirección del gobierno”, disparó Soares.
“Estas ratas están ocultas en los intersticios del gobierno y son las que realmente toman las decisiones, o sino explíquenme qué hacía Andy Rivas sentado al lado del canciller nacional Ramírez Lezcano en una reunión oficial de Estado en los Estados Unidos”, arremetió.
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Gravedad
Entre las repercusiones en el ámbito político paraguayo, resaltaron las declaraciones del senador Rafael Filizzola, ex ministro del Interior de Lugo, quien ubicó a Rivas en el triángulo conformado por Cerimedo y el español Javier Negre, propietario de La Derecha Diario.
“Acá, hay tres nombres que hay que tener en cuenta: uno, es Cerimedo; otro, es Negre, que es español, y el otro es Andy Rivas”, dijo el parlamentario a periodistas de Asunción.
“Cerimedo y Negre son socios comerciales. Ellos asumen que ellos ayudan en campañas electorales, especialmente, a partidos radicales de derecha”, afirmó y explicó: “Ayudan a ganar elecciones y, a partir de ahí, influir en negocios con los gobiernos”.
“Ahí tenemos, por ejemplo, el relacionamiento de Cerimedo con la hermana del presidente argentino”, dijo Filizzola.
El senador paraguayo recordó el agradecimiento público de Cerimedo a Rivas, en aquella gala de premiación en Estados Unidos, y fustigó al gobierno de su país por el papel que tiene este último en la Cancillería.
“Sin tener algún cargo oficial hace de asesor del ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay, ad honorem, dijeron; yo no creo que sea gratuito, no creo que nadie trabaje gratis”, señaló.
“El problema es cuando estas consultoras electorales se convierten en lobistas o traficantes de influencias”, apuntó el senador paraguayo y disparó: “Llegar a intentar matar a una persona por lo que esa persona sabe, da la pauta de la gravedad de las cosas que ellos están haciendo”.
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Frontera
Un argentino murió en un accidente laboral en un silo de Brasil
Un trabajador argentino murió y otro compatriota resultó gravemente herido este viernes a la mañana durante un accidente laboral registrado en un silo de la localidad brasileña de Guaruja do Sul, a unos 25 kilómetros de la frontera seca con Bernardo de Irigoyen.
Si bien aún no trascendió su identidad, los primeros datos señalan que el fallecido se trata de un joven argentino de 25 años, quien se precipitó al vacío desde una altura de 30 metros aproximadamente y murió camino al hospital.
En el mismo hecho, otro argentino sufrió graves heridas en la región pélvica, genitales y piernas, por lo que fue trasladado en helicóptero hasta el hospital regional Terzinha Gaio Basso de Sao Miguel do Oeste.
En el lugar trabajaron efectivos de Bomberos y de la Policía local, quienes iniciaron las correspondientes averiguaciones para determinar en qué circunstancias se produjo el trágico accidente.
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