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El “Milagro de Empel”, los orígenes del 8 de diciembre

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Empel

Hace 438 años, el 8 de diciembre de 1585, se producía el episodio conocido como “Milagro de Empel”, que poco más de medio siglo después, en 1644, España convirtió en festividad en honor de la Inmaculada Concepción, y en el siglo XIX el Papa Pío XI universalizó como Día de la Virgen.

Sucedió durante la Guerra de los 80 años, una de las mayores pesadillas del imperio español y también un acontecimiento histórico determinante en la configuración de Europa y, especialmente, la influencia de España.

La guerra interminable

Flandes, Países Bajos, diciembre de 1585. Tres “tercios” de infantería española, aislados y cercados por la flota holandesa, en el punto más alto de la isla de Bommel, el monte de Empel, escapan de la muerte de un modo tal que la España católica de Felipe II no duda en calificar el hecho de “milagro”.

Habían transcurrido ya 17 años de una guerra, que como muchas de las que conoció el viejo continente en los siglos XVI y XVII, encontró sus razones en la religión y la política, y restaban todavía más de seis décadas para el desenlace.

En Flandes se enfrentaron Felipe II, proclamado “defensor del catolicismo” por el Concilio de Trento, y la corriente protestante que tenía en los Países Bajos una decidida influencia, y que sirvió de paraguas de su futura independencia.

Lo sucedido en Empel es uno más de los sangrientos episodios de aquella larga y extenuante guerra, y sus héroes españoles fueron parte de las legiones de hombres que Felipe II envió para sofocar el fuego de una rebelión que nunca pudo apagar.

El asedio

Con la misión de auxiliar a la población católica, un contingente de unos 4.000 españoles, divididos en unidades llamadas “tercios”, cruza el río Mosa y se instala en Bommel, una isla con forma de caballo, de 25 kilómetros de largo y 9 kilómetros de ancho, apenas una lengua de tierra en un estuario convertido en polvorín.

En la actualidad, el lugar es un apacible pueblo de la Holanda meridional, de alrededor de 1.690 habitantes, y apenas guarda memoria del episodio transformado en una epopeya española.

Creados durante el reinado de los Habsburgo, los “tercios” constituyeron la élite de los ejércitos españoles entre los siglos XVI y XVII, y fueron la primera fuerza en combinar en una misma unidad armas blancas y de fuego, lo que las hacía prácticamente invencibles y terminó alimentando la leyenda.

Enterados de la llegada de los españoles, los holandeses, comandados por el general Philips van Hohenlohe, conde de Holac, movilizan una gran armada para asegurar el asedio y forzar la derrota de las fuerzas comandadas por el capitán Francisco de Bobadilla.

Los planes holandeses consistían en inundar la isla destruyendo los diques sobre el Mosa, y así acorralar a los españoles, que viéndose rodeados por el enemigo y amenazados por la fuerza del agua que empezaba a subir, buscan el punto más alto de la isla, el monte de Empel, y se preparan para resistir.

De hecho, sacando ventaja de la posición elevada, los hombres de Bobadilla rechazan varios ataques y obligan la retirada holandesa.

Consciente de lo dramático de su situación, aislados y con remotas posibilidades de recibir ayuda, el 5 de diciembre, el capitán español moviliza unos 300 hombres con la tarea de romper el cerco enemigo y abrir una brecha por donde escapar: era una misión suicida que, finalmente, no se concreta por un nuevo ataque holandés y desemboca en el increíble suceso que da a los acontecimientos un giro asombroso.

El hallazgo

Empeñados en la defensa a ultranza de aquel último reducto, dispuestos a morir combatiendo, los hombres de Bobadilla organizan barricadas y cavan trincheras, hasta que uno de ellos encuentra, enterrada en el suelo barroso, una imagen de la Inmaculada Concepción, pintada sobre una tabla.

El hallazgo entusiasma a las tropas católicas, que enseguida se convocan en torno del sacerdote Fray García de Santisteban, y rezan frente a la imagen.

Al día siguiente, 7 de diciembre, una ola de frío adelanta el invierno y las aguas del río Mosa comienzan congelarse, obligando a la flota holandesa a retirarse para no quedar atrapada en el hielo.

Al amanecer del 8, los españoles, imbuidos todavía por el sortilegio del hallazgo, marchan sobre las aguas congeladas y atacan por sorpresa a la escuadra enemiga, logrando tal hazaña que el comandante holandés, el conde de Holac, pronuncia una frase que queda para la posteridad: “Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro”.


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Vendedor ambulante halló $4 millones y lo devolvió: “Soy feliz con lo que tengo”

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vendedor ambulante millones

Diego Valdez es un vendedor ambulante, un laburante de la calle. Trabaja todo el día. Desde temprano vende sandwiches y empanadas en el estacionamiento del mayorista Diarco de Posadas, regresa a casa para la siesta y ahí vuelve a empezar con changas de todo tipo: pintura, limpieza, mantenimiento de patios. Aún sí, llegar a fin de mes se le hace complicado y hace una semana encontró varios millones de pesos que pudieron haberlo sacado de aprietos, pero no dudó en ningún momento y decidió devolverlo. “Soy feliz y millonario con lo que tengo, que es mi familia”, expresó el hombre, que sueña con tener un trabajo en blanco.

Todo ocurrió el jueves pasado, mientras Diego se aprestaba a volver a su casa luego de otro día de venta callejera, donde la crisis económica también se siente. “Está duro, antes llevaba 80 sandwiches para vender, hoy llevo 20-30 y a veces vuelvo con algunos sandwiches a casa”, grafica.

Así fue que mientras juntaba su mesa, su conservadora y su exhibidora Diego se topó con un bolso olvidado sobre uno de los carritos utilizados por clientes del mayorista.

Lo abrió por curiosidad y vio que estaba repleto de billetes, pero no dudó ni un segundo, dijo en un vivo con La Voz de Misiones. 

“Abrí y tenía plata, era mucho, pero no sé cuanto. Algunos dicen que eran 4 millones, otros dicen que era más. Le mostré a un señor que estaba ahí para que vea y le dije que lo iba a ir a entregar a unos de los supervisores y así después llegaron al dueño. Era un médico de Garupá, que era cliente habitual de Diarco”, relató Diego.

En su cabeza nunca hubo otra opción. “Ahí no hay cámaras de seguridad ni nada, pero yo nunca dudé. Yo me rebusco a diario, gracias a Dios tengo mucha gente que me ayuda y me dan changuitas. A veces te tienta un poco, pero de nada sirve porque la plata como fácil viene, fácil se va”, reflexionó.

Su honor, el posible futuro de su familia sin él en caso de ser detenido por adueñarse del dinero y su lealtad al remisero que le consiguió el permiso para que poder trabajar en el estacionamiento de Diarco se cruzaron por la mente de Diego, dueño de una historia que grafica con crudeza los efectos de la permanente crisis económica que a traviesa la Argentina.

El sueño de un trabajo en blanco

El hombre, que vive en el barrio Kennedy junto a su esposa y a sus dos hijos pequeños, contó que es cocinero y parrillero y que trabajaba en un local de la costanera que cerró de un día para el otro.

Desde ahí emprendió la vida de vendedor ambulante, ofreciendo sandwiches y empanadas. Primero tenía su puesto en el Chango Más, pero en la pandemia no pudo pagar más su alquiler y se mudó al barrio Kennedy, donde trazó nuevas relaciones laborales en la informalidad.

“Yo al remisero Rubén Flores le debo mucho. Él me dio la oportunidad porque habló con la gente de Diarco para que me dejen trabajar ahí, donde en realidad está prohibido. Después acá en el barrio mucha gente me da changas, de todo tipo, todos me conocen. Yo tampoco les cobro mucho, acepto lo que me puedan dar, yo sé cómo está la situación hoy en día. Cada poquito que me dan a mí ya me sirve para dar de comer a mi familia y pagar mi alquiler. Los sandwiches vendo a $1.000 y así y todo es caro para muchos, pero yo trato de darle además un vaso de jugo o gaseosa”, retrató y dio su número +54 9 3764 69-7299. 

Y, como todos, Diego tiene un sueño. Un sueño que en realidad es un derecho, pero que cada vez cuesta más. Diego quiere tener un empleo formal, para mejorar la calidad de vida de su familia y -al menos- obtener una obra social para los sus dos pequeños hijos.

El bolso de dinero pudo haberle dado un respiro, pero el cocinero repitió que adueñarse de esa plata no era una opción y contó que “ese día le llamé a mi señora para contarle lo que había pasado. Nos reímos porque un día antes yo había dejado mi curriculum en Diarco, porque yo quiero entrar a trabajar en una empresa y tener un trabajo formal. Siempre recé y pienso que esto Dios lo hizo para ayudarme. Ahora la empresa sabe que soy una persona de confiar”.

Pasados los días, el médico recuperó su bolso completo, con todo el dinero que había adentro, como así también la documentación de varios pacientes, y Diego continuó recorriendo las calles para trabajar.

Soy feliz y millonario con lo que tengo día a día que es mi familia y por ellos lucho todos los días”, agradeció.

Diego y sus pequeños, en la galería de su casa en el barrio Kennedy de Posadas.


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Hace 54 años, un mono misionero se convertía en el primer astronauta argentino

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mono

Hace 54 años, el 23 de diciembre de 1969, cinco meses después de que el estadounidense Neil Amstrong pisara la Luna e inmortalizará la frase: “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”, un monito caí misionero llamado Juan se convertía en el primer astronauta argentino y el único ser vivo de la tierra colorada en inscribirse en la carrera espacial.

Juan tenía 1,4 kg de peso y 30 cm de tamaño. Capturado en la selva misionera por la Gendarmería Nacional, fue enviado al espacio en un vuelo suborbital desde el Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados, ubicado en el departamento Chamical, en La Rioja.

El vuelo de Juan no era el primero en la carrera espacial que acaparaba por entonces la atención del mundo. Antes que él, otros animales habían sido enviados al espacio con distinta suerte, empezando por la célebre perrita Laika, capturada en las calles de Moscú, que fue el primer ser vivo en orbitar el planeta y morir en órbita.

De los veinte monos enviados al espacio en los años ’60, solo la mitad pudo regresar con vida.

Viaje cósmico

El desarrollo de cohetes comenzó en 1961 en la fábrica militar de aviones, creada en 1927, en Córdoba. En febrero, se lanzó el primer prototipo, Alfa Centauro, que alcanzó los 13 kilómetros de altura. Fue el comienzo de la era espacial argentina.

A este primer cohete, le siguió toda una familia: Beta Centauro, en 1962; el Gama Centauro, en 1963; el Orión II, en 1965; el Rigel, en 1967; el Canopus II, que llevó a Juan en su increíble viaje; y el Castor, en 1972, que superó los 500 km de altura.

El vuelo del mono misionero se anotó en el marco del Proyecto BIO. Antes, habían volado el ratón Belisario y la rata Dalila, pero ninguno alcanzó la categoría de viaje de cósmico.

La historia del mono misionero fue relatada en la película de Diego Julio Ludueña: “Juan, el primer astronauta argentino”, disponible en youtube.

El vuelo

A comienzos de 1967, el país había logrado un lanzamiento exitoso de baja altura, unos 2.300 metros, llevando como pasajero al ratón Belisario, y buscaba seguir perfeccionando los sistemas de cohetes con el objetivo de colocar satélites en órbita.

En aquellos años, los científicos no descartaban emular las hazañas de soviéticos y estadounidenses y poner un argentino en el espacio.

La decisión de enviar un mono, monitorear sus signos vitales durante el vuelo y traerlo de nuevo con vida se tomó, precisamente, en esta línea.

Juan viajó a bordo del Canopus II, un cohete sonda de unos cuatro metros de largo y 50 kg de carga útil, totalmente desarrollado en el país.

Cinco meses antes, el Apolo 11 había llegado a la Luna y el estadounidense Neil Amstrong se transformó en el primer hombre en pisar el suelo lunar, y el segundo en viajar fuera del planeta, luego del cosmonauta soviético Yuri Gagarín, que ocho años antes, el 12 de abril de 1961, completó una órbita terrestre a bordo de la cápsula Vostok 1, dando inicio a la carrera espacial.

El viaje del mono Juan fue un hito para el país, ya que para ese entonces solo Estados Unidos, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y Francia habían logrado enviar seres vivos al espacio.

El equipo se proponía monitorear los signos vitales de Juan durante el vuelo y regresarlo con vida a la superficie.

Para esto, se conectaron varios nodos al cuerpo del animal, cuya información era transmitida al centro de mando mediante un sistema telemétrico desarrollado especialmente para la misión, que luego fue adoptado por la Fuerza Aérea Argentina para monitorear el estado de sus pilotos de combate.

Juan viajó sedado, pero consciente. Llevaba un chaleco impermeable y estaba sentado en un asiento diseñado para reducir los efectos de la aceleración.

El mono misionero iba dentro de una cápsula llamada Amanecer, presurizada y con una reserva de oxígeno para 20 minutos, que coronaba la punta del cohete.

 

Durante los primeros cinco minutos, la nave alcanzó una altitud superior a los 7 km, tras lo cual se apagaron sus motores y continuó el ascenso por inercia.

A esa altura, los instrumentos registraban una temperatura de 800 °C, aunque dentro de la cápsula la sensación térmica nunca pasó de los 25°C, algo más que la media de Misiones.

Durante su apogeo, el cohete alcanzó una altura de 82 kilómetros, la última frontera del espacio exterior. Luego, el motor se separó de la carga útil y empezó su caída hacia la tierra, mientras que el resto del cohete desplegó unos frenos aerodinámicos para mantener la estabilidad y comenzar a descender lentamente hacia la superficie.

El mecanismo, que simulaba los pétalos de una flor, reducía la velocidad y permitía una caída casi vertical, perfecta para el posterior despliegue de un pequeño paracaídas.

Hasta ese momento, Juan seguía respirando el oxígeno de la cabina y una vez alcanzados los 3.000 metros de altura, se abrió una escotilla y una turbina comenzó a ventilar el interior del habitáculo del mono.

Juan volvió a respirar aire natural y dejó de depender de la reserva de oxígeno de la cápsula, que cayó como una pluma en la salina La Antigua, a 60 km de donde había despegado, en Chamical.

Retiro en el zoo

Una vez recuperada, la cápsula fue trasladada a la base. Cuando se abrió la escotilla, los científicos se encontraron con Juan en perfecto estado, mirando con curiosidad a todos. El mono todavía estaba bajo los efectos del sedante. Todo el vertiginoso viaje había durado en total 15 minutos.

Luego de la espectacular aventura, Juan vivió más de dos años en el zoológico de Córdoba como su principal atracción. Ningún sitio recoge una fecha exacta de su muerte. La cápsula y el ingenioso mecanismo que permitió al mono misionero sobrevivir al experimento se exhiben en el Museo Universitario de Tecnología Aeroespacial de Córdoba.

 


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Demandarán al Estado a 50 años de la muerte de Irrazábal y Ayrault

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Demandarán al Estado a 50 años de la muerte de Irrazábal y Ayrault

Un contexto social y político hostil, un expediente en las penumbras, un dudoso culpable y la sombra de la Triple A, todo eso impulsó a los hijos e hijas del gobernador de Misiones Juan Manuel Irrazábal, del vicegobernador Cesar Napoleón Ayrault y del piloto Jorge Pirovani, a investigar ¿qué pasó el 30 de noviembre de 1973?

Hoy se cumple medio siglo de una de las mayores tragedias misioneras en la que murieron las máximas autoridades de la provincia, sus esposas Susana Claro de Irrazábal y Ofelia Ruiz de Ayrault, el piloto del avión en el que viajaban, Jorge Pirovani y, dos meses después, la hija menor del gobernador, María Susana “Cuca” Irrazábal que era de la tripulación.

El viernes 30 de noviembre de 1973, al experimentado piloto el “Gordo” Pirovani lo pasaron a buscar por su casa, por pedido del vicegobernador, para pilotear la aeronave que trasladaría a los mandatarios y sus familiares a Puerto Iguazú, a los fines de recibir a Jorge López Rega, ministro de Bienestar Social durante el tercer mandato de Juan Domingo Perón y apuntado como jefe político de la Alianza Anticomunista Argentina, la Triple A.

“Ese día estábamos en casa toda la familia, excepto mi papá, que lo vinieron a buscar a las cuatro de la tarde para manejar un avión que no sabíamos a quién iba a llevar, ni a dónde iba”, recordó Pedro Pirovani, abogado querellante e hijo del piloto, en diálogo con La Voz de Misiones.

Demandarán al Estado a 50 años de la muerte de Irrazábal y Ayrault

El gobernador Juan Manuel Irrazábal, el vicegobernador César Napoleón Ayrault y el piloto Jorge Pirovani.

“Fuego en la cabina”

La aeronave Beechcraft Queen Air, perteneciente a la Dirección de Aeronáutica Provincial, al mando de Pirovani, salió de Posadas y debía aterrizar en la pista 1.0 del Aeropuerto de Cataratas.

Sin embargo, el operador de la torre de control le cambió las coordenadas al piloto, argumentando que la pista estaba ocupada por el avión en el que se trasladaba el ministro de Bienestar Social. Esa versión fue contrastada con el informe del gobierno nacional, que sostuvo que López Rega suspendió el viaje y nunca llegó a Misiones.

Con la información de la pista ocupada, el “Gordo” Pirovani cambió de ruta, sobrevoló las cataratas y unos minutos más tarde la aeronave que pilotaba cayó en Puerto Península, una zona de espesa selva Paranaense, en un sitio cercano al antiguo trazado de la ruta nacional 12.

Tras el hecho, un helicóptero salió de urgencia hacia la zona del desastre para localizar el punto donde se estrelló. En ese entonces, testigos ocasionales afirmaron escuchar dos explosiones, la primera en el aire y la segunda ya cuando el avión estaba en la tierra.

“Como tenía poco combustible, el helicóptero da unos giros, localiza el humo donde había caído el avión a los fines de dar la ubicación para ir al rescate por tierra”, recordó Pedro Pirovani, quien afirmó que el piloto rescatista, al dar las coordenadas, omitió un dato fundamental: el lugar de la tragedia estaba cerca de la ruta 12.

El piloto del helicóptero señaló el sitio y le dijo al equipo de rescate que había una distancia de 4 kilómetros de espesa selva desde la pista del aeropuerto, hasta el avión siniestrado. Sin embargo, omitió decirles que sería más fácil llegar por la ruta 12, que pasaba a 1500 metros del lugar de la tragedia.

“Es decir, la conclusión es que la idea era que no quedará nadie vivo”, sentenció Pirovani, que en ese momento tenía 9 años.

Una sobreviviente

Finalmente, 9 horas después y tras atravesar selva virgen misionera, los rescatistas encontraron la aeronave y una imagen desoladora. Habían muerto el gobernador, el vicegobernador, sus esposas y el aviador Pirovani.

“Gendarmeria, baquianos y cuadrillas salieron a buscar a machetazos a las 9 de la noche y llegaron a las 6 de la mañana”, graficó Pirovani hijo al tiempo que dedujo: “No se esperaron que haya una sobreviviente, que fue Cuca, María Susana Irrazábal”.

La muchacha fue hallada consciente y con quemaduras en su cuerpo, por lo que fue trasladada primero a el hospital de Eldorado, luego al Sanatorio Nosiglia en Posadas y después al Instituto del Quemado en Buenos Aires, donde permaneció internada para su recuperación.

Hasta la capital del país, a Cuca la acompañaron su tía “Buchi” Claro, hermana de su mamá, y su esposo, Horacio Codiani.

Antes de emprender el viaje, la hija del gobernador Irrazábal le contó lo que había pasado a su tía: “Sintió la explosión, porque me dijo: ‘Sabes tía que el avión explotó en el aire y tengo en mi mente, tengo en mis oídos el grito de mamá que me dijo ‘sálvate Cuca’”, rememoró Buchi Claro en un documental del Canal Encuentro.

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Susana Claro de Irrazábal, Ofelia Ruiz de Ayrault y María Susana “Cuca” Irrazábal.

La Sombra de la Triple A

Dos meses después de la tragedia, según su tía Buchi, Cuca había pasado la peor y se recuperaba poco a poco. Ya tenía curadas el 80% de las quemaduras que sufrió.

Pese a ello, el destino de la muchacha ya estaba escrito: “Ella fallece y no voy a decir misteriosamente el 6 de febrero del ’74, sino que la matan”, sostuvo Pedro Pirovani y argumentó: “Porque era la única que podía decir lo que pasó allá arriba”.

El día de la muerte de Cuca, Jorge Rokuro Yamaguchi, secretario general de Casa de Gobierno en ese entonces, viajó hasta Buenos Aires y estuvo en el Instituto del Quemado. Según el expediente que fue declarado nulo, fue él quien se “encargó” de traer el cuerpo de la hija del gobernador a Misiones, con un avión que puso a disposición el Ministerio de Bienestar Social, al mando de López Rega.

Por su parte, Maia Ayrault, hija del vicegobernador fallecido, quien también dio su testimonio del hecho a LVM, afirmó: “Nosotros le llamamos el segundo atentado a eso, porque en realidad, desde el día que la llevan en un avión sanitario y queda en el Instituto del Quemado, en la puerta siempre había dos personas de la Triple A que custodiaban y pedían documento a quien entraba, nadie podía verla, salvo su tía”.

El médico forense pidió que se realice una autopsia para determinar la causal de la muerte, pero fue impedido por un documento de la Justicia ordinaria de Misiones en el cual su tío, Horacio Codiani, solicitaba, por medio de la Comisaría Décima de capital federal, que el cuerpo sea trasladado a la provincia.

Tiempo después, los hijos de las víctimas descubrirían que Codiani nunca estuvo en la dependencia policial y mucho menos firmó el documento solicitando el traslado del cuerpo de Cuca a Misiones. Eso fue comprobado por parte de la querella con un perito que confirmó que la firma fue trucada.

En busca de la verdad

A pesar de no tener competencia, el Juzgado en lo Criminal, Correccional y de Menores de la Tercera Circunscripción de Misiones, a cargo del magistrado Heriberto Von Schwarzenberg, inició la investigación del hecho y la causa se cerró el 17 de octubre de 1974 con un informe de la Fuerza Aérea Argentina, el cual sostenía que la tragedia se trató de un accidente producto de un error humano del piloto Jorge Pirovani, que se desorientó y perdió el control del avión.

Las familias de las víctimas nunca creyeron esa versión, principalmente porque desde que Irrazábal y Ayrault asumieron el Ejecutivo provincial habían recibido amenazas. La fórmula que los llevó al poder, bajo la bandera política del Frejuli, una rama disidente del Justicialismo, impuso un gobierno desarrollista en Misiones y denunció, entre otras cosas, el contrabando de harina y soja forrajera.

Otro argumento de los familiares para descreer del veredicto de la Justicia fue que el mismo vicegobernador había puesto como condición para subirse al avión que lo manejara el experto piloto: Jorge “Gordo” Pirovani.

La hija del vicegobernador recordó el tipo vínculo que mantenían con sus padres: “Ellos nos acostumbraron de que todo se hablaba en nuestra casa, por eso nosotras estábamos empapadas de lo que era la política en ese momento”.

Con esos antecedentes, las tres hijas mayores de Cesar Napoleón Ayrault no dudaron de que el hecho se trataba de un atentado y decidieron comenzar una investigación.

“Las Ayrault teníamos una base de información de nuestros padres y sabíamos de las amenazas. No había pasado un año cuando nosotras, las tres, nos juntamos y dijimos: ‘A ellos los mataron, esto no fue un accidente’”, reconstruyó la mujer sobre cómo iniciaron la búsqueda de la verdad para saber qué realmente ocurrió con sus padres.

La aeronave Beechcraft Queen Air cayó en Puerto Península.

Expediente en las penumbras

Al llevar meses de investigación y con más certeza de que la Tripe A era responsable de la tragedia misionera, las hermanas Ayrault se contactaron con la familia de Pirovani y con el hijo del gobernador fallecido, Canco Irrazábal, quien había perdido a sus padres y a su hermana.

“Cuando nos juntamos con estas dos familias, nosotras le mostramos los papeles. Resulta que ellos también compartían nuestra misma idea, aunque ninguno de ellos había tomado la iniciativa”, contó Maia Ayrault a LVM.

Pedro Pirovani, el hijo del piloto, también recordó la lucha de su madre: “ella nunca creyó que eso fue un siniestro, un accidente. Había muchos antecedentes, pero nadie quería involucrarse en el tema. Mi madre golpeó puertas en casa de gobierno y nunca fue recibida”.

El 26 de diciembre del 2006, el juez federal Norberto Oyarbide declaró delitos de Lesa Humanidad a todos los crímenes cometidos por la Alianza Anticomunista Argentina “Triple A”, convirtiéndose en causas imprescriptibles.

Tras ese fallo judicial, las familias Irrazábal, Ayrault y Pirovani, solicitaron la reapertura de la causa en el 2007 y se constituyeron como querellantes.

Fue entonces que las víctimas: “En febrero iniciamos la querella, estaba Roberto Saldaña como juez de instrucción en Eldorado, y encontramos ese famoso expediente de 86 fojas, que sólo Dios quiso que no desapareciera; lo encontramos en un depósito”, sostuvo el letrado Pirovani.

“En ese expediente estaban todos los antecedentes, la historia clínica de Susana, inclusive la supuesta presentación de Codiani en la Comisaría Décima; el relevamiento que realizó el jefe de la Policía de Iguazú, que la verdad dejó mucho que desear, un accidente de tránsito tenía más hojas”, contó Pedro Pirovani, sobre el documento tramitado en la Justicia ordinaria de Misiones.

Para el 2014, por orden de por la jueza federal subrogante de Posadas, María Verónica Skanata, exhuman los cuerpos de Juan Manuel Irrazábal, César Napoleón Ayrault y los de sus respectivas esposas, Susana Claro y Ofelia Ruiz, y del piloto Jorge Pirovani.

Peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) estuvieron a cargo de las necropsias y los exámenes determinaron que todos tenían quebrada la cadera en el mismo lugar.

Sensación de Justicia

Con los elementos probatorios generados con la reapertura de la causa, el Juzgado Federal de Eldorado, a cargo del magistrado Miguel Ángel Guerrero, declaró nulo el expediente tramitado por la Justicia ordinaria de Misiones, caratulado: Irrazábal Juan Manuel, Ayrault C. Napoleón, Claro de Irrazábal Susana, Ruiz de Ayrault Ana O., Pirovani Jorge Antonio e Irrazábal M. Susana por Accidente Fatal y Lesiones.

“Todos los elementos y pruebas que se produjeron en ese expediente determinan que, efectivamente, eso no fue un accidente”, remarcó el hijo del piloto y continuó: “El fallo, a nosotros nos da inseguridad por la falta de certezas sobre qué pasó ese 30 de noviembre del ’73, porque volvimos a foja cero”.

Maia Ayrault, por su parte, celebró: “Ese día fue un día que nos reivindicó a todos, a los chicos de Pirovani, porque siempre se dijo que aquello fue un accidente porque su papá tomaba pastillas para adelgazar y eso lo desorientó. Y todo el mundo decía ‘Pirovani hizo ese camino de Posadas a Iguazú 1500 veces y podía hacerlo a ojos cerrados’”.

Ahora, las familias recurrieron a un estudio jurídico para demandar al Estado Misionero por daños y perjuicios.

“Con la certeza que tengo de que realmente eso fue un atentado, ya no me interesa, limpié el buen nombre y honor de mi padre. Ahora, con esto, vamos por el daño y el perjuicio que nos causaron, porque fue un organismo del Estado, en este caso el Poder Judicial, quien por acción u omisión a nosotros hoy no nos permite saber con certeza qué pasó ese día”, sentenció el hijo del Gordo Pirovani.

 


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