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Por la idea del todo y la memoria de Hipócrates

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Por: Fernando Oz

@F_ortegazabala

Tengo una duda. En verdad miles, pero la más apremiante es ¿qué vamos a votar en las elecciones de octubre? La respuesta parece fácil: votaremos diputados nacionales para que nos representen en la Cámara baja del Congreso, en este caso se renovarán tres de las siete bancas que le corresponden a Misiones. Hasta ahí vamos bien. Pero a quiénes van a “representar” esos legisladores una vez que sean electos es la gran cuestión ¿Representará a un partido político, a una alianza electoral, a un gobierno en particular, a la Nación, a la Provincia?

Señora, señor, candidato, nominado o como usted prefiera que lo llame, cuénteme: ¿los intereses de quién va a representar en el Parlamento? ¿Los míos? ¿Los suyos? La respuesta es de manual y se encuentra en cualquier libro de instrucción cívica básico, o si quieren en la misma Constitución, la madre de las reglas del juego democrático de Argentina.

En resumidas cuentas, la Cámara de Diputados se compondrá “de representantes elegidos directamente por el pueblo de las provincias…”. Así se lee en la segunda parte de la Carta Magna, artículo 45. En la página institucional del Congreso dice que en la actualidad hay 257 diputados que “representan a los ciudadanos en cuanto a atender y defender sus intereses” y son elegidos utilizando el sistema de representación proporcional D’Hondt. A la Cámara de Diputados se la denomina coloquialmente como “la casa del pueblo”. Se entiende que la Nación está integrada, entre otras cuestiones, por un territorio compuesto por las provincias. La idea del “todo”.

En cambio, los senadores representan los intereses de cada provincia. La Cámara alta está integrada por 72 legisladores. Son elegidos tres por provincia y tres por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ya tenemos las piezas en su lugar.

Ahora, ¿a quién representa el diputado nacional cuyo voto impide mayor presupuesto para educación, salud o niega un escuálido aumento para nuestros jubilados? Saben qué, el juego del “toma y daca” entre las provincias y el lobby porteño suele ser tan ingrato como miserable. No es de ahora, viene desde antes de la declaración de la independencia, se encuentra en la génesis del ser argentino.

¿A quiénes representaron los diputados Martín Arjol, Florencia Klipauka y Emanuel Bianchetti cuando votaron para que el veto a la ley de financiamiento universitario quedara firme? Lo habrán hecho en nombre de sus electores de Misiones, o a pedido de quienes no los votaron en el resto del país, tal vez por una exigencia de algún partido “a nivel nacional” o a cuenta de Javier Milei, el Poder Ejecutivo. ¿A pedido de quién? En esa misma votación los cuatro diputados renovadores, Carlos Fernández, Yamila Ruiz, Daniel Vancsik y Alberto Arrúa, se abstuvieron. ¿Habrá sido en representación de los intereses políticos de la provincia o en defensa de los estudiantes de toda la nación?

Pongamos otro caso, hay para elegir, el que sea. Por ejemplo, cuando Arjol convalidó el veto a la reforma jubilatoria, pese a que tres meses antes había votado a favor de la ley ¿a quién representó con su decisión? Después sabemos lo que vino: divorcio con el radicalismo y peluca radiante. Pero, en aquel momento, cuando tomó la decisión política, ¿qué intereses defendió? Lo más probable es que diga que lo hizo para proteger al conjunto y no a un sector en particular. Pero convengamos que eso es lo que diría cualquiera en sus zapatos. Lo que intento plantear es cuál es el límite del “toma y daca”, hasta dónde llega el planteo ético del juramento de un diputado nacional y los verdaderos intereses que representa.

Tengo un amigo que se llama Rafael, es médico y trabaja desde hace casi dos décadas para Médicos Sin Fronteras. Una vez, no hace mucho, mientras me contaba sobre su última misión en Siria y tomábamos unos tragos, le pregunté cuándo se iba a dedicar a ganar dinero haciendo cirugías estéticas en una clínica privada. “Lo hago por la memoria de Hipócrates”, me contestó. Ya saben, el griego que lleva el mote de ser el padre de la Medicina, el que transformó la práctica médica de su tiempo desafiando siglos de supersticiones o explicaciones mágicas.

Hipócrates también fue filosofo. La idea central de su pensamiento, de su filosofía es el principio de totalidad. La idea del “todo”, esa era su visión sobre el rol del médico en la sociedad. De ahí viene el famoso Juramento Hipocrático que hacen los médicos cuando se reciben: acompañar al paciente, curar y una serie de puntos de la ética médica que no vienen al caso.

¿Los intereses de quién defendió esta semana el diputado Carlitos Fernández cuando votó en contra del tratamiento sobre tablas del proyecto de emergencia nacional pediátrica? ¿Lo hizo por la Provincia o por la Nación? Habrá sido “por Dios y la Patria”, tal como juró cuando asumió como un honorable diputado nacional. Digo: ¿en quién tengo que confiar mi voto si el médico pediatra, el del Juramento Hipocrático, vota en contra del Garrahan?

Ese mismo día, Arjol, abogado y profesor, votó en contra del tratamiento de la ley de financiamiento universitario. Lo mismo hicieron los otros seis diputados nacionales de Misiones. Es que todos ellos, a juzgar por sus votaciones, parecería que cada día coinciden en más cosas. El médico contra el derecho a la salud pública y el profesor contra la educación pública.

El día que el médico pediatra Fernández asumió escribió en X: “Con Orgullo y Respeto, asumo la Responsabilidad y Compromiso de ser Diputado Nacional, así defender los Derechos de todos los habitantes de mí querida provincia”. Y juró, en el Congreso, bajo la fórmula de rigor, el respeto y cumplimiento de la Constitución Nacional.

Es bueno saber desde dónde va a jugar cada uno de los candidatos antes de votarlos. Primero para saber a quién elegir, segundo para saber a quién reclamarle. Diego Hartfield, el diputado provincial electo por La Libertad Avanza, que le gustó el asunto y ahora quiere anotarse para ser candidato a diputado nacional, dijo esta semana que “ojalá, Misiones algún día salga a tomar deuda”. Con esa afirmación, entre otras, el ex tenista y bróker de negocios ya deja claro, de algún modo, qué intereses va a representar.

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Cuando la agenda pasa por decidir quién tiene la llave del portón trasero

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Por Fernando Oz

@F_ortegazabala

 

Y todavía tienen el tupé de enojarse cuando les enrostran la verdad en un mísero tuit. Es que no hace falta más: se pegan solos, a la vista de todos, en vivo. Un buen ejemplo es la Cámara de Representantes de Misiones, convertida en un esperpéntico programa de streaming, donde la política ha descendido al nivel del sainete. Mientras tanto, allá afuera, en la Misiones real —donde el hambre no entiende de reglamentos ni de fueros— hipotecamos el futuro de nuestras infancias.

Observen el panorama. Leo en las crónicas parlamentarias que escriben mis colegas que los honorables representantes del pueblo están enfrascados en una contienda de vital importancia estratégica para el Cantón: la ubicación de una banca y el derecho a un estacionamiento exclusivo.

¡Qué osadía! Quisiera poner un emoticón, el de los ojos grandotes. Ahí lo tienen: el diputado Juan José Szychowski, alzando la voz con celo republicano digno de mejor causa, clamando contra los privilegios de Carlos Rovira, construidos y fortificados por su propio partido durante años. Pero, además, lo sostuvo con el visto bueno de sus socios políticos y del voto popular.

Ahora, los diputados se lamentan agriamente porque el chofer del hombre del cuadrito que todos tenían en sus despachos bloquea un pasillo trasero, porque hay un portón con candado que solo abre para el Ingeniero, el Driver, el Conductor. Todo un papelón porque las huestes del oficialismo y sus disidencias no pueden transitar alegremente hacia el patio. Se disputan los metros cuadrados como perros de presa peleando por la piltrafa.

Discuten si la banca de un diputado entorpece la cohesión de un bloque de dieciocho legisladores o si ingresan por la puerta principal pasando por el escáner como el resto de la tropa. Y para aderezar la tragicomedia, irrumpen las denuncias de amenazas de pasillo, mentiras por redes sociales y regateos miserables por el tablero electrónico de votación. Se dan cuenta de lo que estamos hablando: es el sainete de la mediocridad. La política convertida en una rencilla de consorcio.

Lo del jueves pasado me trajo a la memoria cuando, hace unos meses, sin que se le caiga la cara de vergüenza, el diputado Walter Ríos se quejaba frente a las pantallas de Canal 4 porque su bloque matrimonial no tenía auto ni personal —dígase contratos— y porque pasaban los días y no se materializaba lo “pactado”. Como si fuese poco, condicionó su voto y el de su esposa durante el tratamiento del Presupuesto. La solapada extorsión la hizo en el sillón del plató del Licenciado Ariel Sayas.

Pero salgan del recinto, crucen la puerta que con tanto celo custodian los choferes y los guardias de civil, y miren la realidad que los datos oficiales de Unicef arrojan a la cara con la violencia de un bofetón. Misiones, donde vivo y nacieron mis hijos, es la tercera peor provincia argentina para nacer. No es una metáfora literaria ni un adjetivo caprichoso; es la gélida y despiadada precisión de los números del Índice Provincial de Niñez. Un desolador 0,52 en la escala de la dignidad infantil.

Señoras y señores diputados, que nacer en Misiones no sea jugar a la ruleta rusa con el futuro. Hoy es pertenecer a un territorio donde los indicadores de educación raspan el fondo de la olla nacional con un vergonzoso 0,33.

El índice de Unicef junta en una sola medida lo que antes mirábamos por separado: condiciones materiales, educación, salud y violencia. Cuatro dimensiones. Un diagnóstico. Una escala de 0 a 1. Valores más altos: mejores condiciones relativas. Valores más bajos: mayores desafíos.

No hay margen para el autoengaño: los números no perdonan. Un mapeo donde el país aparece como lo que es: una geografía de oportunidades desparejas, con algunas zonas donde la infancia parece una promesa y otras donde apenas es una supervivencia. En el extremo favorable, la siempre acaudalada Ciudad de Buenos Aires y la Patagonia petrolera se acomodan arriba: Tierra del Fuego (0,82), CABA (0,80), Neuquén (0,76), Chubut (0,73), Río Negro (0,72). En el otro extremo, el Norte se concentra como si alguien hubiera trazado una línea con regla: Formosa (0,34), Chaco (0,43), Misiones (0,52), Corrientes (0,53) y Santiago del Estero (0,56).

Misiones, entonces, está “mal” en el ranking general. No es un castigo: es un espejo. Y los espejos, cuando duelen, son útiles. ¿Se puede discutir ese “ranking”? tal vez puede discutirse el método, el peso relativo de cada indicador, el corte de variables. Pero lo que no se discute es la idea central: hay provincias donde la infancia recibe menos oportunidades, y el Estado—central y provincial—no puede seguir actuando como si todos arrancaran desde la misma línea.

Y a estas alturas no me creo que la única solución sea bajar los impuestos y achicar el Estado. Hay que poner mano dura, pero sobre la burocracia estatal y la casta política. Pero volvamos al índice que fue publicado por varios medios en la semana.

En condiciones materiales no estamos mal, pero figuramos entre los que ofrecen peor partida: el índice educativo sí lo marca con crudeza; en educación tenemos 0,33, detrás de Formosa (0,26) y Chaco (0,27), y por delante de Tucumán (0,37). Es decir: el acceso, la permanencia, la calidad y la conectividad—incluida la posibilidad real de usar tecnología—tienen en Misiones un techo demasiado bajo para lo que nos deberíamos permitir. En salud estamos con 0,47, peor que la Ciudad de Buenos Aires (0,60) y por debajo de provincias como Neuquén (0,76) o Tierra del Fuego (0,72). El tema Violencia estamos 0,60, lejos de las mejores (La Pampa 0,98; CABA 0,97; Tierra del Fuego 0,96).

También hay que destacar que Unicef observa una evolución entre 2016 y 2025, donde Misiones aparece con un matiz que no conviene despreciar: mostró avances importantes. De hecho, el informe señala que entre las provincias con mejor progreso durante la última década estuvieron Chaco (el mayor avance), y luego Salta, Misiones y Entre Ríos.

Misiones, entonces, está en una encrucijada doble. Por un lado, hay motivos para mirar con cierta esperanza: la evolución de la última década muestra que se puede avanzar incluso desde condiciones complejas. Por el otro lado, el índice 2025 pone sobre la mesa que todavía no alcanza. Que seguir con el mismo modelo es una forma de abandono.

El problema no es únicamente económico. Es político, sí: porque decidir presupuestos y sostener políticas de Estado no debería ser una casualidad ni un accidente de la vida como los que ocupan algunas bancas. La cuestión es que mientras nuestros legisladores lloriquean porque no los dejan usar el estacionamiento VIP o porque un rival no cede la silla, hay gurises que inician su vida condenados por el mero azar de la geografía.

Con qué impudicia se miran el ombligo en sus salones acondicionados mientras los docentes y jubilados claman en las puertas de la Legislatura. Misiones se debate entre privaciones estructurales y brechas territoriales insalvables, pero la agenda parlamentaria pasa por decidir quién ostenta la llave del portón trasero.

Díganme si no hay espectáculo más indignante que el de los pequeños tiranos peleándose por las migajas del poder en un barco que naufraga. Lo que está sucediendo en la Cámara de Representantes es un reflejo de lo que ocurre en todo este bendito país. Es la tragedia de la Argentina: una clase política desconectada de la sangre y el barro, jugando a las intrigas de palacio mientras condenamos a los más jóvenes —esa única patria verdadera— a que se hundan en la miseria de la periferia. Que sigan discutiendo las bancas, que continúen midiendo sus egos en los pasillos; la historia y los gurises a los que les dan la espalda no los absolverán.

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Tucán

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Augusto Daniel González

 

Tengo una calco de Emitur. Un tucán me recuerda un pedazo de historia. Pegado en un placard, como se hacía antes, con otras tantas que, ahora veo, todas tienen historia.

Están en la casa de mis viejos, en la pieza que fue mía y después de mi hermano y por eso, surge una primera confusión; algunas estoy seguro que son mías, que las pegué yo, otras seguro que fue él y otras que no sé, y uso los años para deducir quien las pegó. Y uso lo de los años porque podían haber sido pegadas por cualquiera de los dos si miro el contenido.

Hay una de la Franja, una de La Plata, una de Fredy, hay dos de Fredy en realidad, una de Storani y una de Fredy Sport, una del Centro de Estudiantes de Derecho, una de Quilmes, una de un boliche de Bariloche, una de Xanadú, una con la bandera de Paraguay, una del Encuentro Nacional, (aquel bello frente que disputó la presidencia del Paraguay), hay una de No se olviden de Cabezas, con su foto, una que dice Cacho – Moncho, Futuro Seguro; bueno esas, podrían ser de los dos.

De las mías seguro seguro, una que dice Dale Lobo (por Gimnasia, claro), una de Spinetta, una del Cometa Halley (en serio, tengo una del cometa Halley), una de Moncho Deportes, una de Discoteca Farola’s, una de El Estudio Bar, el de La Plata.

De él seguro, una de Sting, una de Phill Colins, una de España 82, una del programa de radio Dangerous, una de Selva Tur y una de Turismo Kurtz, una de Soda Stéreo, una de los Fabulosos y una de Fito.

Después hay varias, publicidades, marcas, etc., sin historia.

Ahora que veo, podría escribir sobre cada una de ellas.

Pero la de la Empresa Misionera de Turismo, tiene “un” algo, permanece ahí, superando el tiempo y contrariando las oleadas actuales de que todo es gasto. Emitur instaló definitivamente a la provincia como destino ineludible del país.

Debería tener una de Ñande Roga, de la Yerba Ñande Gente, una del primer Ministerio de Ecología del país, una del Sipted… en definitiva, del mejor gobierno de la historia de la provincia.

El concepto de Estado Eficiente en el que Cacho creyó y se encargó de difundir, debería también recuperarse, no es la ausencia que se pregona desde la nación, ni es el acomodamiento personal que se efectiviza desde hace años en la provincia. Es el estado al servicio de la gente.

Yo estudiaba, y finalizando el primer gobierno democrático, soñábamos con una continuidad, una continuidad democrática, solidaria y progresista.

Nos preparamos para militar la fórmula CAPUTO – BARRIOS ARRECHEA. En La Plata, como seguramente en muchos lugares, daba gusto decir Soy Misionero, era toda una carta de presentación.

Pero venía el oleaje neoliberal, que arrasó con todo, con el país y con el continente; entonces, la opción partidaria fue otra más “pragmática”, más privatista, en definitiva, más de derecha.

Es contra fáctico, pero estoy convencido que el destino del país hubiese sido distinto si hubiésemos ido por ahí.

Algún día le voy a pedir a Cacho que me cuente que pasó con eso, con detalles.

Cacho anda por ahí, militando, sí, sigue militando, 92 pirulos y sigue.

Anda por ahí, respetado.

El tucán de Emitur, sin embargo, fue eliminado. Era demasiado importante para el que siguió gobernando después y se encargaron de tapar uno por uno los carteles de las rutas, en serio hicieron eso, recuerdo las tapadas desprolijas, a los pincelazos. Horrible tarea.

La Unión Internacional de Ornitólogos reconoce 43 especies de tucanes en cinco géneros. De estas 43 especies, 28 se encuentran en el nivel especie bajo preocupación menor, 5 en el nivel de especie casi amenazada y 1 está catalogada como especie en peligro de extinción.

La principal causa de que se encuentren en peligro de extinción se debe a la destrucción de su hábitat, la deforestación de las selvas, la contaminación ambiental, el crecimiento de las zonas urbanas y la biopiratería o la caza en su medio natural para ser mantenido en cautividad por zoológicos o particulares.

En definitiva, la especie humana.

En la Argentina hay cinco especies y en Misiones es la única provincia del país donde se pueden observar todas. Hermosa tarea.

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Opinión

Hartfield baja su candidatura y Passalacqua encabeza las encuestas en un escenario sin liderazgos

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Por Fernando Oz

@F_ortegazabala

 

El diputado Carlos Adrián Nuñez, fiel gerente de La Libertad Avanza, cuida en persona la cosmética capilar y los bálsamos para su peinado. Secado con boquilla y cepillo redondo para crear la curva elevada, con un poco de cera Rough Luxury de la marca Oribe, así se hace el jopo que lucirá durante su campaña a la gobernación de Misiones. Su pareja, la Doctora Valeria Soczyuk —tan pulcra y elegante como astuta en la política—, tenía otros planes: ya se había hecho a la idea de que acompañaría como vicegobernadora a la candidatura de Diego Hartfield, y ahora piensa en ser candidata a la intendencia de Posadas. Un imprevisto cambio de estrategia.

“Tenés que ser vos”, lo envalentona Lule Menem después de decirle que Karina Milei lo quiere mucho. El Doctor Nuñez aceptó el desafío; está decidido y se tiene fe, pero sabe que la marca Milei viene en caída: “Si queremos llegar, vamos a tener que abrir las puertas”, les anunció a los suyos desde su estudio del piso 19, donde administra la franquicia libertaria y observa la Rosadita mientras juega con un palo de golf.

Parece que se terminaron los tiempos del ninguneo, del mandato de “los puros”, del “que se pongan en la cola”. Ahora, el legislador vuelve a sentarse con los radicales con peluca, intercambia mensajes con el senador del PRO, Martín Goerling Lara, y hasta busca acercarse al diputado ultraopositor Ramón Amarilla, el agente del caos. ¿Y qué dice el Gato Hartfield?

Al diputado nacional Diego Hartfield no le desagrada la nueva estrategia de Nuñez; tal vez esté pensando en extender su estadía porteña. Hace unas semanas, el presidente de la Cámara baja, Martín Menem, se acercó a la mesa donde se encontraba su colega Daniel “Colo” Vancsik y sin rodeos le consultó: “¿Cómo lo ves al Gato como senador en 2029?”. Sucedió en el comedor del Palacio del Congreso. “Puede andar”, le contestó. El Colo se sintió sorprendido: hacía tiempo que no cruzaban diálogo más allá del estrictamente formal. Rumores palaciegos, posiblemente.

En el entorno de Hartfield se ríen con la misma complicidad canchera del diputado: “Es competitivo, hay Gato para rato. Está haciendo un buen trabajo en Buenos Aires”. El extenista y bróker financiero se siente cómodo en el Congreso y, además, está al toque de su tintorería en Puerto Madero.

Se define como un “dogmático” alineado con la hermana del presidente Milei, pero coquetea con el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo. Y a la hora de hacer negocios es un “pragmático” puro: hasta hace dos años el legislador libertario tenía acciones por casi cincuenta mil dólares en el Sberbank, el banco público comercial más grande de la Federación Rusa. Evidentemente, también le gustan las inversiones de alto riesgo: velocidad, vértigo y, de tanto en tanto, sudar adrenalina. Conozco a los de su clase.

Hartfield llegó al puesto 73 del ranking ATP, se midió con el suizo Roger Federer, jugó en Roland Garros y en el Abierto de Australia; acumuló miles de dólares en premios. Después se enfocó en la timba financiera: agente de bolsa y bróker. Supo diversificar acciones (como CEDEARs internacionales) en Brasil, Estados Unidos y China, y cuando tuvo la oportunidad saltó a la arena política como el paracaidista que confía en Dios y en la tela.

Probablemente, en la Declaración Jurada Patrimonial Integral de 2025 que Hartfield presentó de manera parcial ante la Oficina Anticorrupción, figuren sus inversiones en la banca rusa. Los ADRs de Sberbank representan una parte sustancial de su informe de 2024. En teoría, esos activos deberían estar actualmente bloqueados en el mercado internacional debido a las sanciones contra Rusia por la guerra que desató en Ucrania.

¿Vamos a lo importante, vas a ser candidato a gobernador? —le preguntó a Hartfield el periodista de Misiones Online Darío Guimaraez, en el programa Día Siete que conduce Gustavo Pérez.

Mirá, la respuesta es no lo sé; personalmente no lo sé. Sé lo que dicen, yo ando caminando y me dicen: ‘Eh, mi futuro gobernador’, que esto, que lo otro… Pero eso a mí no me genera una ilusión. No tengo una ambición personal por ser gobernador, realmente. Ponelo en el graph si querés. No hay una ilusión, no es un sueño personal mío —contestó el legislador nacional.

La inesperada decisión de Hartfield de bajar su candidatura despierta varios interrogantes, especialmente hacia adentro de su propia fuerza política. Un importante consultor de opinión pública, con base en Buenos Aires pero que trabaja en todo el país —especialmente en el Cantón—, consideró que sin el extenista en carrera los libertarios “pierden performance” rumbo a las elecciones provinciales de julio de 2027. “Nosotros estuvimos hablando con Diego, mide bien, con un piso del veintitrés o veinticuatro por ciento”, confesó antes de advertir que Nuñez, además de medir mucho menos y de tener un alto nivel de desconocimiento, “está relacionado con la casta, no como un contrapoder”.

Pero para el mismo consultor, quien sí está ocupando un rol “más claro” de “contrapoder” es Amarilla: “Su mensaje está más ligado al malestar social”. Al suboficial mayor retirado de la policía le restaría mostrarse en una foto con Nuñez, quien hasta diciembre de 2024 cumplía funciones en la Fiscalía de Estado representando a la provincia en procesos judiciales por deudas impositivas, tasas y acreencias a favor del fisco. La biografía del Doctor está ligada a la casta: conoce de memoria las puertas traseras del Estado, aunque ahora profesa la nueva fe sin Estado.

Con Hartfield en el trading desk enchufado a la terminal Bloomberg viendo cómo saltan las acciones de un lado al otro, y con la imagen de Javier Milei desmoronándose por los escándalos que lo rodean, aumentan las posibilidades de que Hugo Passalacqua retenga la gobernación. De todos modos, “todavía está todo muy atomizado, inestable. No hay un liderazgo claro porque no hay líder en ningún lado; todavía cualquiera de los mejores posicionados puede ganar”, analizó el consultor, que solicitó mantener su nombre bajo reserva.

Una encuesta reciente de la consultora Zuban Córdoba y Asociados —sin relación con el consultor anterior— arrojó que Passalacqua encabeza la intención de voto con el 31,1%, seguido por Hartfield con el 22,4% y Amarilla con el 15,3%. Un 4,3% se reparte entre otros candidatos y el voto en blanco, mientras que el 26,9% restante aún no definió su voto. Según una de las proyecciones del muestreo parcial realizado en diferentes puntos de la provincia, al proyectar a los indecisos Passalacqua asciende al 37,2% y Amarilla al 18,1%, mientras que Hartfield se mantiene en su mismo porcentaje: apenas una fotografía a poco menos de un año de las elecciones provinciales y sin que estén todas las cartas sobre la mesa.

Por el momento Passalacqua sigue mirando hacia adentro, pasando revista a la tropa y ordenando las cuentas. El Movimiento por lo que Viene todavía no consiguió volumen político ni le habló a la sociedad. Además, aún no se sabe si Leonardo “Lalo” Stelatto se sumará o seguirá por su camino, si Oscar Herrera Ahuad jugará una apuesta fuerte como candidato de Posadas —la Berna del Cantón—, o si Héctor “Cacho” Bárbaro y Ariel “Pepe” Pianesi se terminarán aliando al espacio, que busca ser más horizontal.

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