Cultura
Posadas, dólares y clase media: la elogiada novela de Cáceres llegó a España
Con una historia que transcurre en Posadas durante el 2001, Carmen Cáceres es autora de la novela “La ficción del ahorro“, uno de los libros favoritos del 2024 que acaba de ser publicado en Madrid.
“Es un libro que tardé mucho en escribir” y que tiene “dos lecturas”, porque por un lado “tiene lo provincial” y por el otro se detalla “cómo se mete el dinero en la construcción familiar”, analizó Cáceres entrevistada para La Voz de Misiones.
En junio se cumplirá un año de la publicación argentina de la novela corta que consiguió puros elogios por su estilo, a tal punto de ser uno de los libros del año por “un ritmo literario muy fresco”, según Malena Rey para Cenital.
Asimismo, Adriana Lorusso, editora de Cultura en la revista Noticias, sostuvo que la “solidez narrativa de Cáceres es sorprendente”; y para Hinde Pomeroniac la escritora posadeña es “una narradora exquisita”, según la describió en Infobae.
En paralelo a la publicación de su cuarto libro, Cáceres viene trabajando para el Museo de Arte de Nueva York (Moma), para el que tradujo la biografía de Barack Obama, y obras de Joseph Conrad, Daniel Defoe y las hermanas Mitford; aunque su tarea particularmente es la de adaptar al inglés todo lo concerniente a los artistas plásticos latinoamericanos que son convocados a exponer.
En esa labor, “ lo que aprendo de arte solo traduciendo quién es el artista, quién hizo la obra; es hermoso”, asegura en la entrevista. No obstante, “todavía no me considero una traductora”, aclara en la casa que alquila en pleno centro posadeño.
“Tenía la fantasía de ver cómo era vivir de adulta en Posadas”, reconoció la escritora, tras reestablecerse en su ciudad natal, la que dejó atrás cuando todavía era una adolescente para estudiar Administración de Empresas en Buenos Aires.
Una vez conectada en la gran ciudad, y tras su graduación en la universidad, Cáceres perfeccionó su estilo narrativo, se ganó una beca en México y a su vuelta comenzó a trabajar en la fundación Filba, que organiza un conocido festival de literatura entre Argentina, Uruguay y Chile, y adonde estará presente en septiembre próximo.
“Soy posadeña. Viví acá 17 años, después viví diez en Buenos Aires, siete en Madrid, uno en Nueva York, y luego volví para acá con la pandemia. Hace cuatro que estoy. Por ahora”, resume. Afuera llueve a cántaros, pero el ruido es menor al frecuente porque el día de la entrevista hay paro de colectivos.

¿Qué sensaciones hay a un año de publicarse “La ficción del ahorro”?
Estoy muy contenta con el libro. Porque es un libro que tardé mucho en escribir. Tenía una primera versión y la dejé. Luego, a instancias de unos amigos españoles que vinieron a Posadas a visitarnos, nos dijeron “tenés que seguir, tenés que seguir”. Y ahí cambió un poco la historia, y le encontré como la rienda. Y estoy contenta porque justo ahora, que se hace un año, va a salir la edición española. Ahora me voy la semana que viene a Barcelona a presentarla y a la Feria del Libro de Madrid. Y en septiembre me voy al Filba de Buenos Aires. Como que generó una cosa linda desde dos lecturas: una desde una ficción que transcurre fuera de Buenos Aires. Muchos medios de Buenos Aires me entrevistaron cuando salió, porque era lindo encontrar algo que no pasaba en Capital. Cada vez eso es más frecuente en nuestra literatura nacional. Hay mucha literatura cordobesa, chaqueña, mendocina. Misiones empieza a estar un poco en el mapa. Tenemos autores que están yéndose mucho afuera, como Marina Closs. Y eso está buenísimo. Pero la novela generó la otra lectura: la relación particular que tenemos los argentinos con el dinero. Más allá de la cosa provinciana, está esta cosa del ahorro como una ficción. Porque, en definitiva, lo usas para sobrevivir, más que para progresar. De esa idea del ahorro como una zanahoria que nos mantiene a flote, pero nunca está para hacernos feliz. Sino para mantenernos a flote. Y esta idea recurrente de las crisis. Si bien no la escribí ahora, salió ahora y es muy contemporánea. Porque hay cosas que recuerdan al 2001. La novela transcurre en el 2001. Yo no la escribí ahora, pero vibra mucho con el aire de este tiempo. Por ejemplo, con el tema de la obsesión de los dólares, las pesificaciones, los cambios de moneda.
¿Hay algo de autorrerencial en el libro?
No hay ficción sin autobiografía y no hay autobiografía sin ficción. La memoria es una ficción. Vos recortas del pasado lo que confirma que querés pensar de vos mismo. Y a su vez, lo mismo es la ficción, aunque estés hablando de una ficción que transcurre en Marte, estás usando toda la estructura moral y sentimental de un ser humano. Estás haciendo memoria. Entonces, desde ese punto de vista yo nunca distingo mucho, pero bueno. Yo soy posadeña. Y tenía 22 años en 2001. Entonces sí, en ese punto se cruzan un montón de coordenadas. La ciudad de Posadas es muy protagonista, yo soy posadeña, de barrio, y todo eso es bastante autorreferencial. Eso está, y trabajo con mi memoria. Pero las escenas, las cosas que pasan, el tipo que encuentran en el río, la escena del banco. Esta chica que sale con 10 mil dólares acá, de la plaza 9 de Julio. Eso es toda una ficción.
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¿Qué barrio?
¿Done me crié yo? Tomás Guido y el río. Lo que hoy es Tomás Guido. Era Antártida Argentina la calle. El exclub Pira Pyta. Eran tres casas de cemento y el resto eran todo un barrio muy humilde. Es un trabajo con la memoria, sobre todo porque Posadas es una ciudad que cambió muchísimo. Muchísimo. Volví a vivir acá, me fui con 17, y volví a vivir casi con 40, y yo hasta el día de hoy voy caminando por ciertos lugares y proyecto. O sea, no puedo evitar ver las esquinas cómo eran antes de estar asfaltadas, antes de que estén edificios. Yo sigo viendo las casas. En ese sentido, sí es autoficcional. Pero la novela tiene una trama, tiene unas escenas que es producto de la imaginación.
¿Volverías a escribir algo en relación a Posadas?
Es una buena pregunta, porque sobre todo no la escribí viviendo acá. Después de vivir acá como adulta escribiría otra cosa. Estoy muy contenta de haberlo escrito, porque una persona posadeña que la leyó me dijo “es como un acervo para la ciudad. Una manera de hacer memoria colectiva para la ciudad”, y eso me llena de orgullo. Si tuviera que escribirlo hoy sería diferente, pero eso pasa siempre. Viste que, cuando terminas un trabajo decís “ahora le pondría esto, y le sacaría lo otro”. Sobre todo ahora, que vivo acá. Cuando la escribí estaba a 10 mil kilómetros de acá. Entonces, es más ficcional todavía.
¿Podría haber una segunda parte de una novela como “La ficción del ahorro”?
Nunca me habían preguntado eso. Creo que no. La vida es muy corta y pasan cosas mucho muy interesantes como para seguir ahí. Si hay, es otra cosa. No serían los mismos personajes y eso. Qué se yo. Pero no quiere decir que no haya otra novela sobre Posadas en algún momento de mi vida. Soy posadeña, viva donde esté, soy de acá.
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El pensamiento dual entre el peso y el dólar, ¿crees que algún día puede terminar?
Soy economista (se ríe). No hagas salir ese lado de mí. Personalmente me encuentro en un lugar que compartimos muchos, no todos, de bastante pesimismo. Y no quiero ser cínica, no quiero caer en la tentación de ser cínica. Entonces (respira). Cuando vivía en España, un tipo grande que amaba este país. Un español que amaba Argentina, decía que el problema de Argentina son los argentinos. O sea. Yo no se si algún día vamos a dejar de tener estas dualidades. El mundo está cambiando mucho, entonces no sé qué va a pasar. Si me parece que cada vez es más difícil imaginar un país que vuelva a ser próspero como supo ser este. Me cuesta pensar. Pero bueno, hay cosas que necesariamente tienen que cambiar. Que sé yo. Hay muchas cosas que en Posadas jamás me hubiese imaginado que iba a ver. Cuando vivía en ese barrio, por Tomás Guido y el río, mi abuela en el 74 le regaló a mi mamá un terreno. Y le decía….recién se había firmado el convenio entre Perón y Stroessner, por Yacyretá. Todavía ni se había empezado a construir la represa, y mi abuela leyó “alegría” en los periódicos del momento: “acá va haber una costanera”, no sé qué. Y fijate; está. La ciudad está muy bien, y yo nunca pensé que ciertas calles iban a estar asfaltadas. No voy a ser cínica. Las cosas pueden cambiar para mejor. No veo muchas señales. Tengo hijos chicos, lo busco desesperadamente. Pero ¿porqué no?
¿No obstante hay una idea de echar raíces para ser mamá acá?
Es mi segunda hija. Yo tengo un hijo que nació en Madrid. Charo nació aquí. Fue un momento muy duro de la pandemia. Nosotros estábamos en Nueva York, la ciudad más infectada del mundo, y nos fuimos a Madrid, mi marido es de ahí. Que era la segunda ciudad más infectada del mundo. Y ahí fue que dijimos “acá no da para volver a empezar con un pibe”. También yo tenía la fantasía. Me fui a los 17 años, y por ahí tenía la fantasía. Siempre venía, tengo a mi familia, me encantaba. Venía una vez al año. Pero supongo que tenía la fantasía de ver cómo era vivir de adulta Posadas. Y maravilloso, sé que no me voy a quedar mucho tiempo, pero lo disfruto porque criar hijos chiquitos acá es fácil.
Hiciste traducciones de Joseph Conrad, Barack Obama, y otros autores conocidos. ¿Tenés alguno favorito?
Aprendo un montón de las traducciones, supongo que es un trabajo en extinción. O van a contratar traductores solo para que le den glamour a la traducción, porque la Inteligencia Artificial lo puede hacer relativamente bien. Pero dicho esto: yo traduzco para el Instituto Cisneros del MOMA, el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Traduzco sobre todo el contenido de las exposiciones de artistas latinoamericanos, y lo que aprendo de arte solo traduciendo quién es el artista, quién hizo o cómo se llama la obra, es hermoso. La traducción de la biografía de Obama estuvo buenísimo, porque era como jugar un poco a los espías. Teníamos robots en la computadora para que no se filtrara la información. A los traductores. Imaginate que eso no te pasa nunca. Entonces fue muy divertido. Pero no sé si tengo uno en particular así, que me encante. Yo todavía no me autodenomino traductora. Porque también soy ilustradora, entonces como que me gusta, porque es una profesión que estás todo el tiempo cambiando. También traduje a economistas, sociólogos hindú e indios, entonces me encanta porque aprendo. Es como muy divertido, pero no tengo un favorito.
Y de las ilustraciones, ¿hay alguno favorito?
Un montón. Hay muchos libros que veo por ahí y que tienen mi portada. Ahora por ejemplo me invitaron a ilustrar por los 50 años de la muerte de Franco. Hay un programa de gobierno que se llama “España, 50 años de Libertad“, y me llamaron para hacer las ilustraciones de las charlas académicas, y me encantó porque es un trabajo con la memoria en un país como España, re contra ríspido en ese tema. Es hermoso. Le hice portadas a mi marido, que es escritor, que se llama Andrés Barba, e hice un montón de portadas que son muy lindas. No hermosa la portada sino haberlos hechos. Tengo una amiga que hace un podcast en España que se llama “De eso no se habla”, que son historias muy bonitas. Cada capítulo es como si me metiera en la vida de esa gente. Después, hay algunos trabajos que son para comer, entonces lo haces con menos amor, o más amor. Pero la ilustración es puro placer, y pura alegría. A diferencia de traducir, tengo un montón de favoritos ahí.
¿Cómo llegaste a lo que es la ilustración?
Jugando. Porque siempre me gustaba recortar y pegar, y cuando vivía en España, que hay como tanta traducción pictórica, tantos museos tan lindos. Yo vivía en Madrid, fui a ver una exposición de Grete Stern, una fotógrafa alemana que vivió 40 años en Argentina, súper importante. Era esposa de Horacio Coppola, el fotógrafo. Y me encantó porque ella hacía foto montaje. Y yo hacía collage en papel, y ella me voló la cabeza. Ahí empecé de manera solitaria. En Madrid se armaban jams de collage a la noche, de 8 a 12. Ponían cerveza, alguien pasaba música y estábamos miles de personas recortando. Y ahí me empecé a meter, a estudiar, y cuando vivíamos en Nueva York estudié en Parsons New School, collage con una tipa, qué se yo. Y ahí se volvió más formal, y empecé a trabajar un poquito. Pero en el fondo de mi corazón es juego, es no pensar en la palabra, no buscar un sentido. Todo lo contrario. Es desbaratar, usar los restos, lo que sobra, lo que nadie quiere. Vivo recogiendo cosas de la calle. Desde hojas de árboles a papeles. Facturas todas pisadas, con unas huellas transparentes preciosas, que después le pones un poco de acrílico, te hace un fondo divinio. Es el juego, entonces. De hecho a veces me cuesta trabajar en esto, porque cuando lo hago pierdo esa libertad y mis ilustraciones no están buenas. Están como un poco muertas. Entonces el collage es como mi permitido, mi juego. Fue como más aleatorio. No fue como la literatura que fue un largo camino, o la traducción.
¿Cómo fue ese camino para escribir?
Hay anécdotas familiares que dejaba cartas en todas las bibliotecas a todas las que iba. Leía los libros que tiene una familia de clase media con un poquito de aspiración literaria. Mi madre es abogada, mi padre es ingeniero, mi otro papá es comerciante. Porque tengo dos papás. Entonces no había tradición, pero sí una buena biblioteca. No sé muy bien porqué quise escribir. Supongo que vivía contándome historias para no aburrirme. Soy la del medio de cinco hermanos. Quería contarme un poco la vida, supongo. Pero nada, cuando me fui a Buenos Aires me puse a estudiar Economía, porque necesitaba laburar. Estudié Administración en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Me recibí muy pronto, me puse a laburar y ahí, cuando ya estaba laburando, me puse a hacer talleres, a estudiar en casas de letras, escritura narrativa. Una cosa llevó a la otra. Después empecé a dar talleres con un escritor que era mi profesor y después pasé a ser su ayudante, que era Juan Martini. Me gané una beca en México y, cuando volví, entré a trabajar en Filba, que es la fundación que organiza el festival de literatura en Buenos Aires, y así fue. En paralelo escribía. Comencé a publicar en España y con mi pareja. Ahí publique mi primera novela.
¿Estás trabajando en una nueva publicación?
(Se ríe) Me río, porque me encantaría pero no tengo tiempo con dos críos. Son estas cosas que tanto las contas que seguro no salen. Pero llevo bastante tiempo investigando seriamente un libro sobre la muerte de la amistad. Sobre cómo y porqué acaban las amistades. Porque hablar de la muerte es hablar sobre la vida. De la incomodidad, del descontento, de las torpezas, de cómo por ahí no muere la amistad cuando muere un amigo. Cómo la amistad muere cuando lo tenés al lado y las conversaciones se ponen vacías, porque ya no se están alimentando más que de nostalgia. De hacer siempre lo mismo, sin embargo hay algo ahí que está un poco muerto. El vínculo de la amistad, como para todos, hay una pauta preestablecidas: las relaciones de filiación, padre e hijo, madre; las románticas, de pareja. Tienen maneras de empezar, terminar, de morir. De sucumbir. La amistad escapa a toda normalización, digamos. Es como vos, prácticamente no podes dejar a un amigo de albacea o de heredero. Porque antes de ese amigo que te cuidó en el hospital hasta que te moriste están los hijos, los sobrinos. Sin embargo, en la sociedad urbana la amistad es como una familia. Yo tengo mucha gente que su familia son sus amigos, que ya no tienen familia. Entonces, es una relación medular contemporánea que escapa a la institucionalización. De hecho, ahora en Estados Unidos hay terapias para amigos. Que es interesantísimo. ¿Porqué no nos sentamos a terminar una relación de amigos como lo hacemos con las parejas? Porque a veces duele tanto y más, y no podes. Entonces, hay terapias para terminar o rescatar amistades. Eso es interesante. No sé si lo haría, pero es interesante ver qué está pasando en la sociedad y este vínculo que ha escapado a todo. Hay una historia del pensamiento, pero en nuestra tradición occidental hay una historia filosófica larga respecto a la amistad que se queda un poco corta respecto a la amistad contemporánea.
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En Escena Verás
Marcia Majcher, de la tarefa al premio en Polonia: “El cine salvó mi vida”
La cineasta Marcia Majcher está “en construcción”, asegura. El festival polaco de debuts cinematográficos de Koszalin “Jóvenes y Cine” seleccionó su cortometraje “La Navidad de Marga” y competirá con otras 33 obras en junio.
Con coproducción polaca, “La Navidad de Marga” es una ficción que fue realizada entre Azara y Apóstoles. El año pasado alzó el premio “Zwierciadło” (Espejo)” en el 50mo Festival de Cine de Gdynia, también en Polonia.
De esa manera, la cineasta comenzó a cosechar un trabajo que, de alguna manera, comenzó cuando apenas tenía once años y protagonizó el documental “La lección argentina” con Janek, el hijo del cineasta polaco Wojtek Staron en Azara, donde la conocieron de casualidad y se pergeñó el conmovedor filme que puede verse en la plataforma Mubi.
“A mí el cine me salvó la vida, porque si ellos no aparecían ahí, no sé qué iba a ser de mí”, reconoció Marcia, que se crió en un contexto muy vulnerable. “La gente del pueblo nos daba changas porque sabían en qué situación estábamos como familia, como hermanos”, recordó.
“Fui a la tarefa, fui a levantar ponchadas. Hacía ladrillos en una olería. Lavaba autos. En esa época me pagaban 6 pesos por auto en mi pueblo. Tenía solo un par de alpargatas y así era todo el año, hasta que alguna maestra se dignaba a regalarme otro par”.
Como actriz, Marcia se destacó en distintas labores. Actuó para “Far from us”, largometraje alemán rodado en Misiones y que fue estrenado en el Festival Internacional Berlinale de 2019. También tomó el protagónico de “Nuestra sombra”, cortometraje de la también misionera Agustina Sánchez Gavier, que se exhibió en 2024, en el Festival Internacional de Cannes, de Francia.
“Nunca me proyecté como actriz, se me fue dando esa carrera”, reconoció Majcher para En escena verás, el ciclo de entrevistas a personalidades de la cultura. A la actuación “la valoro porque también me enseña y me recuerda a diario el valor y la fuerza de la empatía. Porque empatizar con un personaje, darle cuerpo, voz, tiempo, ritmo, carácter, templanza me parece que es un trabajo interior que requiere de mucho esfuerzo”, reflexionó al recordar además su actuación para el largometraje “Paisajes del fin del mundo”, de Paula Markovitch.
No obstante, por el actual contexto de recortes al sector cultural que hay, Marcia dejó entender que “la generación que viene la va a tener difícil”, aunque “no hay que dejar de visibilizar una esperanza” porque “está difícil soñar que se pueden hacer grandes cosas”.
Cultura
En una vivienda de Itaembé Guazú se terminó de filmar la película “El pasto”
Con la actuación de Camila Barey, Carolina Gularte y Lucía Amarilla, hoy terminaba de filmarse en el barrio 508 Viviendas de Itaembé Guazú la película “El pasto”, de la cordobesa Ivana Galdeano.
“Narra la historia de Karina, una mamá que cría sola a dos niños en un barrio popular”, contó Galdeano a La Voz de Misiones. El rodaje comenzó el martes y culminó en horas de esta tarde. Las primeras escenas exteriores se rodaron en Córdoba y las últimas interiores en Posadas.
“En el pasto” busca mostrar “las tareas de cuidado que desarrollamos las mujeres madres en territorios populares”, apuntó la cineasta.
“Es una película que considera poética y narrativa a las tareas de la inmensa mayoría de las mujeres, que somos las que sostenemos la vida en Latinoamérica”, agregó.
Según explicó Galdeano, la historia muestra la vida de una mujer que pertenece a una organización social que tomó un territorio. Karina (Barey) “vive en una casa bastante precaria con sus dos hijos”, relató. Se dedica a cortar el pasto con una bordeadora que se descompone. Luego emprenderá un periplo para conseguir el dinero como para repararla.
“El Pasto” es una coproducción de Inimaginaria (Misiones), Los Besos Contenidos (Uruguay), Casa Na Árvore Produções (Brasil), Brava Cine (Argentina) y la productora cordobesa Eliana Campos. También cuenta con apoyo del Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones (Iaavim) y una declaración de Interés del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa).
En 2024 “El pasto” ganó el Premio Festival San Sebastián de la sección Proyecta de la 16ª edición de Ventana Sur, el mercado de la industria audiovisual iberoamericana.
“Me parece interesante poder dimensionar de que es una película independiente, con un presupuesto muy acotado comparado con la industria y que tiene que ver con una realidad del sector. Es una peli de mujeres que se ayudan y en términos de producción también es así”, indicó Galdeano.

Camila Barey. En el rol de Karina, una madre joven que se dedica a cortar el pasto en un barrio.
Cultura
Tras nueve años de cenas y conciertos, Kabaláh anunció que cerrará en junio
Juan Quirelli, el propietario de Kabaláh resto bar, situado por San Lorenzo 2028, reconoció que debido a la crisis económica “es probable que junio sea nuestro último mes con las puertas abiertas”.
Así lo confirmó Quirelli en un video que grabó en la cuenta de Kabaláh, espacio que desde que abrió en 2017 y que desde entonces reunió propuestas culturales que incluyó danza y conciertos, en su mayoría folklóricos, aunque también de otros géneros. Además se realizaban karaokes y certámenes de canto que entregaron importantes premios a sus ganadores.
“La venimos remando gracias al apoyo de ustedes, de los músicos que vienen, de los eventos que hacemos, al equipo que tenemos en Kabaláh. Pero así y todo se nos pone cada vez más cuesta arriba. Estamos en un momento cúlmine”, explicó Quirelli.
“Estamos atravesando momentos muy difíciles. Sospecho que en términos generales, en todo el país. No lo sé. Pero la crisis que afecta a nuestra ciudad al menos no nos es indiferente. No nos pasa por al lado. Hace un tiempo largo que está complicado”, admitió el propietario de Kabaláh en el video que tituló “El principio del fin“.
La cronología de la crisis
Por dificultades económicas, en diciembre pasado cerró Universal Club tras seis años en la esquina de Buenos Aires y Catamarca. Pocos meses después pasó lo mismo con Misionero y Guaraní, la peña que casi había cumplido ocho años de su inauguración por Buenos Aires casi Santa Fe.
Previamente, aunque por otros motivos, en marzo del 2024, había bajado sus persianas La Bionda, bar que ofrecía por avenida Mitre su escenario y su sonido a todas las bandas emergentes de Misiones.
Todos los casos representaban una alternativa para los músicos o solistas locales que organizaban fechas para mostrar su música. Ese efecto dominó alcanzaría ahora a Kabaláh, un resto bar con identidad propia que -como otros comercios posadeños-sufre la caída del consumo.
“Estamos buscando alternativas. No ahora, sino hace meses. Pero no las encontramos, la verdad. No podemos hacer frente a los costos. Venimos como todos en una etapa previa, pateando para adelante los problemas económicos, pero llega un punto donde la bola de nieve se hace muy grande y ya nos cuesta mucho y nos hace quedar mal con mucha gente que queremos. Y no es la idea”, detalló Quirelli.
“Nos da un poco de tristeza pero entendemos que son los tiempos que corren. No es una decisión que nos guste”, indicó. En ese sentido, reconoció estar “un poco quemado” por la situación y en consecuencia “la desazón te invade y no estás tan lúcido para tomar decisiones”. Por eso propuso que, “si otra persona quiere darle otro impulso y comprar o asociarse” se escucharán las propuestas.
Mientras tanto, junio seguirá con su agenda programada de shows, según remarcó Quirelli en el mismo video e insistió en valorar el presente: “remar en dulce de leche me ganó anímicamente”.
Cierra en diciembre el bar Universal Club, esquina de rock y teatro posadeño
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