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Posadas, dólares y clase media: la elogiada novela de Cáceres llegó a España

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Con una historia que transcurre en Posadas durante el 2001, Carmen Cáceres es autora de la novela “La ficción del ahorro“, uno de los libros favoritos del 2024 que acaba de ser publicado en Madrid.

“Es un libro que tardé mucho en escribir” y que tiene “dos lecturas”, porque por un lado “tiene lo provincial” y por el otro se detalla “cómo se mete el dinero en la construcción familiar”, analizó Cáceres entrevistada para La Voz de Misiones.

En junio se cumplirá un año de la publicación argentina de la novela corta que consiguió puros elogios por su estilo, a tal punto de ser uno de los libros del año por “un ritmo literario muy fresco”, según Malena Rey para Cenital.

Asimismo, Adriana Lorusso, editora de Cultura en la revista Noticias, sostuvo que la “solidez narrativa de Cáceres es sorprendente”; y para Hinde Pomeroniac la escritora posadeña es “una narradora exquisita”, según la describió en Infobae.

En paralelo a la publicación de su cuarto libro, Cáceres viene trabajando para el Museo de Arte de Nueva York (Moma), para el que tradujo la biografía de Barack Obama, y obras de Joseph Conrad, Daniel Defoe y las hermanas Mitford; aunque su tarea particularmente es la de adaptar al inglés todo lo concerniente a los artistas plásticos latinoamericanos que son convocados a exponer.

En esa labor, “ lo que aprendo de arte solo traduciendo quién es el artista, quién hizo la obra; es hermoso”, asegura en la entrevista. No obstante, “todavía no me considero una traductora”, aclara en la casa que alquila en pleno centro posadeño.

“Tenía la fantasía de ver cómo era vivir de adulta en Posadas”, reconoció la escritora, tras reestablecerse en su ciudad natal, la que dejó atrás cuando todavía era una adolescente para estudiar Administración de Empresas en Buenos Aires.

Una vez conectada en la gran ciudad, y tras su graduación en la universidad, Cáceres perfeccionó su estilo narrativo, se ganó una beca en México y a su vuelta comenzó a trabajar en la fundación Filba, que organiza un conocido festival de literatura entre Argentina, Uruguay y Chile, y adonde estará presente en septiembre próximo.

“Soy posadeña. Viví acá 17 años, después viví diez en Buenos Aires, siete en Madrid, uno en Nueva York, y luego volví para acá con la pandemia. Hace cuatro que estoy. Por ahora”, resume. Afuera llueve a cántaros, pero el ruido es menor al frecuente porque el día de la entrevista hay paro de colectivos.

¿Qué sensaciones hay a un año de publicarse “La ficción del ahorro”?

Estoy muy contenta con el libro. Porque es un libro que tardé mucho en escribir. Tenía una primera versión y la dejé. Luego, a instancias de unos amigos españoles que vinieron a Posadas a visitarnos, nos dijeron “tenés que seguir, tenés que seguir”. Y ahí cambió un poco la historia, y le encontré como la rienda. Y estoy contenta porque justo ahora, que se hace un año, va a salir la edición española. Ahora me voy la semana que viene a Barcelona a presentarla y a la Feria del Libro de Madrid. Y en septiembre me voy al Filba de Buenos Aires. Como que generó una cosa linda desde dos lecturas: una desde una ficción que transcurre fuera de Buenos Aires. Muchos medios de Buenos Aires me entrevistaron cuando salió, porque era lindo encontrar algo que no pasaba en Capital. Cada vez eso es más frecuente en nuestra literatura nacional. Hay mucha literatura cordobesa, chaqueña, mendocina. Misiones empieza a estar un poco en el mapa. Tenemos autores que están yéndose mucho afuera, como Marina Closs. Y eso está buenísimo. Pero la novela generó la otra lectura: la relación particular que tenemos los argentinos con el dinero. Más allá de la cosa provinciana, está esta cosa del ahorro como una ficción. Porque, en definitiva, lo usas para sobrevivir, más que para progresar. De esa idea del ahorro como una zanahoria que nos mantiene a flote, pero nunca está para hacernos feliz. Sino para mantenernos a flote. Y esta idea recurrente de las crisis. Si bien no la escribí ahora, salió ahora y es muy contemporánea. Porque hay cosas que recuerdan al 2001. La novela transcurre en el 2001. Yo no la escribí ahora, pero vibra mucho con el aire de este tiempo. Por ejemplo, con el tema de la obsesión de los dólares, las pesificaciones, los cambios de moneda.

¿Hay algo de autorrerencial en el libro?

No hay ficción sin autobiografía y no hay autobiografía sin ficción. La memoria es una ficción. Vos recortas del pasado lo que confirma que querés pensar de vos mismo. Y a su vez, lo mismo es la ficción, aunque estés hablando de una ficción que transcurre en Marte, estás usando toda la estructura moral y sentimental de un ser humano. Estás haciendo memoria. Entonces, desde ese punto de vista yo nunca distingo mucho, pero bueno. Yo soy posadeña. Y tenía 22 años en 2001. Entonces sí, en ese punto se cruzan un montón de coordenadas. La ciudad de Posadas es muy protagonista, yo soy posadeña, de barrio, y todo eso es bastante autorreferencial. Eso está, y trabajo con mi memoria. Pero las escenas, las cosas que pasan, el tipo que encuentran en el río, la escena del banco. Esta chica que sale con 10 mil dólares acá, de la plaza 9 de Julio. Eso es toda una ficción.

¿Qué barrio?

¿Done me crié yo? Tomás Guido y el río. Lo que hoy es Tomás Guido. Era Antártida Argentina la calle. El exclub Pira Pyta. Eran tres casas de cemento y el resto eran todo un barrio muy humilde. Es un trabajo con la memoria, sobre todo porque Posadas es una ciudad que cambió muchísimo. Muchísimo. Volví a vivir acá, me fui con 17, y volví a vivir casi con 40, y yo hasta el día de hoy voy caminando por ciertos lugares y proyecto. O sea, no puedo evitar ver las esquinas cómo eran antes de estar asfaltadas, antes de que estén edificios. Yo sigo viendo las casas. En ese sentido, sí es autoficcional. Pero la novela tiene una trama, tiene unas escenas que es producto de la imaginación.

¿Volverías a escribir algo en relación a Posadas?

Es una buena pregunta, porque sobre todo no la escribí viviendo acá. Después de vivir acá como adulta escribiría otra cosa. Estoy muy contenta de haberlo escrito, porque una persona posadeña que la leyó me dijo “es como un acervo para la ciudad. Una manera de hacer memoria colectiva para la ciudad”, y eso me llena de orgullo. Si tuviera que escribirlo hoy sería diferente, pero eso pasa siempre. Viste que, cuando terminas un trabajo decís “ahora le pondría esto, y le sacaría lo otro”. Sobre todo ahora, que vivo acá. Cuando la escribí estaba a 10 mil kilómetros de acá. Entonces, es más ficcional todavía.

¿Podría haber una segunda parte de una novela como “La ficción del ahorro”?

Nunca me habían preguntado eso. Creo que no. La vida es muy corta y pasan cosas mucho muy interesantes como para seguir ahí. Si hay, es otra cosa. No serían los mismos personajes y eso. Qué se yo. Pero no quiere decir que no haya otra novela sobre Posadas en algún momento de mi vida. Soy posadeña, viva donde esté, soy de acá.

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El pensamiento dual entre el peso y el dólar, ¿crees que algún día puede terminar?

Soy economista (se ríe). No hagas salir ese lado de mí. Personalmente me encuentro en un lugar que compartimos muchos, no todos, de bastante pesimismo. Y no quiero ser cínica, no quiero caer en la tentación de ser cínica. Entonces (respira). Cuando vivía en España, un tipo grande que amaba este país. Un español que amaba Argentina, decía que el problema de Argentina son los argentinos. O sea. Yo no se si algún día vamos a dejar de tener estas dualidades. El mundo está cambiando mucho, entonces no sé qué va a pasar. Si me parece que cada vez es más difícil imaginar un país que vuelva a ser próspero como supo ser este. Me cuesta pensar. Pero bueno, hay cosas que necesariamente tienen que cambiar. Que sé yo. Hay muchas cosas que en Posadas jamás me hubiese imaginado que iba a ver. Cuando vivía en ese barrio, por Tomás Guido y el río, mi abuela en el 74 le regaló a mi mamá un terreno. Y le decía….recién se había firmado el convenio entre Perón y Stroessner, por Yacyretá. Todavía ni se había empezado a construir la represa, y mi abuela leyó “alegría” en los periódicos del momento: “acá va haber una costanera”, no sé qué. Y fijate; está. La ciudad está muy bien, y yo nunca pensé que ciertas calles iban a estar asfaltadas. No voy a ser cínica. Las cosas pueden cambiar para mejor. No veo muchas señales. Tengo hijos chicos, lo busco desesperadamente. Pero ¿porqué no?

¿No obstante hay una idea de echar raíces para ser mamá acá?

Es mi segunda hija. Yo tengo un hijo que nació en Madrid. Charo nació aquí. Fue un momento muy duro de la pandemia. Nosotros estábamos en Nueva York, la ciudad más infectada del mundo, y nos fuimos a Madrid, mi marido es de ahí. Que era la segunda ciudad más infectada del mundo. Y ahí fue que dijimos “acá no da para volver a empezar con un pibe”. También yo tenía la fantasía. Me fui a los 17 años, y por ahí tenía la fantasía. Siempre venía, tengo a mi familia, me encantaba. Venía una vez al año. Pero supongo que tenía la fantasía de ver cómo era vivir de adulta Posadas. Y maravilloso, sé que no me voy a quedar mucho tiempo, pero lo disfruto porque criar hijos chiquitos acá es fácil.

Hiciste traducciones de Joseph Conrad, Barack Obama, y otros autores conocidos. ¿Tenés alguno favorito?

Aprendo un montón de las traducciones, supongo que es un trabajo en extinción. O van a contratar traductores solo para que le den glamour a la traducción, porque la Inteligencia Artificial lo puede hacer relativamente bien. Pero dicho esto: yo traduzco para el Instituto Cisneros del MOMA, el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Traduzco sobre todo el contenido de las exposiciones de artistas latinoamericanos, y lo que aprendo de arte solo traduciendo quién es el artista, quién hizo o cómo se llama la obra, es hermoso. La traducción de la biografía de Obama estuvo buenísimo, porque era como jugar un poco a los espías. Teníamos robots en la computadora para que no se filtrara la información. A los traductores. Imaginate que eso no te pasa nunca. Entonces fue muy divertido. Pero no sé si tengo uno en particular así, que me encante. Yo todavía no me autodenomino traductora. Porque también soy ilustradora, entonces como que me gusta, porque es una profesión que estás todo el tiempo cambiando. También traduje a economistas, sociólogos hindú e indios, entonces me encanta porque aprendo. Es como muy divertido, pero no tengo un favorito.

Y de las ilustraciones, ¿hay alguno favorito?

Un montón. Hay muchos libros que veo por ahí y que tienen mi portada. Ahora por ejemplo me invitaron a ilustrar por los 50 años de la muerte de Franco. Hay un programa de gobierno que se llama “España, 50 años de Libertad“, y me llamaron para hacer las ilustraciones de las charlas académicas, y me encantó porque es un trabajo con la memoria en un país como España, re contra ríspido en ese tema. Es hermoso. Le hice portadas a mi marido, que es escritor, que se llama Andrés Barba, e hice un montón de portadas que son muy lindas. No hermosa la portada sino haberlos hechos. Tengo una amiga que hace un podcast en España que se llama “De eso no se habla”, que son historias muy bonitas. Cada capítulo es como si me metiera en la vida de esa gente. Después, hay algunos trabajos que son para comer, entonces lo haces con menos amor, o más amor. Pero la ilustración es puro placer, y pura alegría. A diferencia de traducir, tengo un montón de favoritos ahí.

¿Cómo llegaste a lo que es la ilustración?

Jugando. Porque siempre me gustaba recortar y pegar, y cuando vivía en España, que hay como tanta traducción pictórica, tantos museos tan lindos. Yo vivía en Madrid, fui a ver una exposición de Grete Stern, una fotógrafa alemana que vivió 40 años en Argentina, súper importante. Era esposa de Horacio Coppola, el fotógrafo. Y me encantó porque ella hacía foto montaje. Y yo hacía collage en papel, y ella me voló la cabeza. Ahí empecé de manera solitaria. En Madrid se armaban jams de collage a la noche, de 8 a 12. Ponían cerveza, alguien pasaba música y estábamos miles de personas recortando. Y ahí me empecé a meter, a estudiar, y cuando vivíamos en Nueva York estudié en Parsons New School, collage con una tipa, qué se yo. Y ahí se volvió más formal, y empecé a trabajar un poquito. Pero en el fondo de mi corazón es juego, es no pensar en la palabra, no buscar un sentido. Todo lo contrario. Es desbaratar, usar los restos, lo que sobra, lo que nadie quiere. Vivo recogiendo cosas de la calle. Desde hojas de árboles a papeles. Facturas todas pisadas, con unas huellas transparentes preciosas, que después le pones un poco de acrílico, te hace un fondo divinio. Es el juego, entonces. De hecho a veces me cuesta trabajar en esto, porque cuando lo hago pierdo esa libertad y mis ilustraciones no están buenas. Están como un poco muertas. Entonces el collage es como mi permitido, mi juego. Fue como más aleatorio. No fue como la literatura que fue un largo camino, o la traducción.

¿Cómo fue ese camino para escribir?

Hay anécdotas familiares que dejaba cartas en todas las bibliotecas a todas las que iba. Leía los libros que tiene una familia de clase media con un poquito de aspiración literaria. Mi madre es abogada, mi padre es ingeniero, mi otro papá es comerciante. Porque tengo dos papás. Entonces no había tradición, pero sí una buena biblioteca. No sé muy bien porqué quise escribir. Supongo que vivía contándome historias para no aburrirme. Soy la del medio de cinco hermanos. Quería contarme un poco la vida, supongo. Pero nada, cuando me fui a Buenos Aires me puse a estudiar Economía, porque necesitaba laburar. Estudié Administración en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Me recibí muy pronto, me puse a laburar y ahí, cuando ya estaba laburando, me puse a hacer talleres, a estudiar en casas de letras, escritura narrativa. Una cosa llevó a la otra. Después empecé a dar talleres con un escritor que era mi profesor y después pasé a ser su ayudante, que era Juan Martini. Me gané una beca en México y, cuando volví, entré a trabajar en Filba, que es la fundación que organiza el festival de literatura en Buenos Aires, y así fue. En paralelo escribía. Comencé a publicar en España y con mi pareja. Ahí publique mi primera novela.

¿Estás trabajando en una nueva publicación?

(Se ríe) Me río, porque me encantaría pero no tengo tiempo con dos críos. Son estas cosas que tanto las contas que seguro no salen. Pero llevo bastante tiempo investigando seriamente un libro sobre la muerte de la amistad. Sobre cómo y porqué acaban las amistades. Porque hablar de la muerte es hablar sobre la vida. De la incomodidad, del descontento, de las torpezas, de cómo por ahí no muere la amistad cuando muere un amigo. Cómo la amistad muere cuando lo tenés al lado y las conversaciones se ponen vacías, porque ya no se están alimentando más que de nostalgia. De hacer siempre lo mismo, sin embargo hay algo ahí que está un poco muerto. El vínculo de la amistad, como para todos, hay una pauta preestablecidas: las relaciones de filiación, padre e hijo, madre; las románticas, de pareja. Tienen maneras de empezar, terminar, de morir. De sucumbir. La amistad escapa a toda normalización, digamos. Es como vos, prácticamente no podes dejar a un amigo de albacea o de heredero. Porque antes de ese amigo que te cuidó en el hospital hasta que te moriste están los hijos, los sobrinos. Sin embargo, en la sociedad urbana la amistad es como una familia. Yo tengo mucha gente que su familia son sus amigos, que ya no tienen familia. Entonces, es una relación medular contemporánea que escapa a la institucionalización. De hecho, ahora en Estados Unidos hay terapias para amigos. Que es interesantísimo. ¿Porqué no nos sentamos a terminar una relación de amigos como lo hacemos con las parejas? Porque a veces duele tanto y más, y no podes. Entonces, hay terapias para terminar o rescatar amistades. Eso es interesante. No sé si lo haría, pero es interesante ver qué está pasando en la sociedad y este vínculo que ha escapado a todo. Hay una historia del pensamiento, pero en nuestra tradición occidental hay una historia filosófica larga respecto a la amistad que se queda un poco corta respecto a la amistad contemporánea.

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El posadeño Ilan Amores tocará en Cosquín Rock Uruguay con Wos y Divididos

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El músico posadeño Ilan Amores tocará en el Cosquín Rock Uruguay 2026 el sábado 21 de marzo y compartirá escenario con artistas como Wos, Divididos, Ciro y los Personas, Illya Kuryaki & The Valderramas, YSY A, los locales Agarrate Catalina y muchos más.

El festival de franquicia argentina tendrá lugar en la Rambla de Punta Carretas, Montevideo. También actuarán los argentinos Louta, El Plan de la Mariposa, El Kuelgue, Kapanga y Camionero. A ellos se suman varias bandas uruguayas, como Abuela Coca, Cuatro Pesos de Propina y Trotsky Vengarán.

No será la primera vez que Ilan cantará en un festival Cosquín Rock, porque fue invitado para la edición cordobesa que tuvo lugar en 2023.

El viernes pasado, Ilan publicó en Instagram una foto junto al artista plástico Juan Catalano, en su taller, de Posadas. En tanto que hoy el artista andaba de paseo por Paraguay.

Este será un año soñado para Ilan. Además de esta presentación en Uruguay, está programada su gira en el Festival Río Babel 2026, que tendrá lugar del 3 al 5 de julio de 2026 en el Auditorio Miguel Ríos de Rivas-Vaciamadrid, Madrid, España.

En esa edición, el artista será parte de la programación del sábado 4 de julio, compartiendo escenario con propuestas como The Offspring, Molotov y Caramelos de Cianuro entre otros.

 

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El más reciente año tuvo a Ilan en una gira solista por Europa con fechas en ciudades como Madrid, Barcelona, Berlín, Londres y Dublín, donde actuó en salas propias y eventos locales. Durante ese recorrido, cantó con Manu Chao en Madrid antes de iniciar la gira, en una presentación realizada en la capital española.

Un año antes, en noviembre de 2024, actuó como telonero de Andrés Calamaro en Posadas, en el Anfiteatro Manuel Antonio Ramírez, y al otro día conoció en persona a Manu Chao, quien brindó un concierto en la capital misionera.

Después de compartir escenario con Pablito Lezcano de Damas Gratis, publicar dos EP y dos discos, uno simple y uno doble, Ilán lanzó en 2024 su álbum “Caballo Negro”, con producción del prestigioso Oniria, quien trabajó con Duki, Ysy A y Neo Pistea.

Ilan nació en Buenos Aires pero creció desde su infancia en el barrio Rocamora de Posadas, y a sus los 17 años comenzó a meterse en el mundo del rock, primero con la batería y luego con el bajo, con el cual fue parte de la banda punk The Argies, con el cual recorrió el mundo.

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Cultura

Denunció que la ex se apropió de $10 millones en instrumentos en Candelaria

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El músico Horacio Monllor denunció que una mujer con la que convivió se apropió de sus guitarras, amplificador y parlantes, además de electrodomésticos, ropa y herramientas de trabajo en el barrio Niño Perdido, de Candelaria.

Según consta en su testimonio, Monllor vendió su casa en Gobernador Roca el año pasado y llevó todas sus cosas con un flete para convivir con ella, en Candelaria, pero tras dos semanas lo echó y no le permitió llevarse ninguna de sus cosas.

“Ella me dijo ‘no, acá no vas a buscar un flete. No vas a llevar tus cosas. No entiendo por qué. Y sus hijos, todos grandotes, me quieren boxear. Tienen puestos de hamburguesa que abren a la tardecita noche. Se hacen los capangas”, detalló a La Voz de Misiones.

“No hay una orden de allanamiento. Tienen que allanar la casa de los hijos, que tiene cuatro desparramados alrededor de ella. Fui dos veces con la Policía. Dos veces me fui con un flete”, agregó.

La mujer denunciada se llama Mireya M. y “estuvimos dos semanas, pero no hubo ninguna relación, ni nada. Solamente hablamos. Me hacía la comida, me lavaba la ropa”, contó el músico que además es pensionado.

“Nos estábamos conociendo, y charlando ella me dijo que podíamos ser amigos. Me hizo el verso, y como yo vivía en Gobernador Roca, en el interior, me dijo: vendé tu casa y trae todas tus cosas. Una mudanza tremenda hice”, explicó.

Según pudo chequear LVM, tras radicar su denuncia por “violencia familiar” a mitad del pasado, Monllor hizo una exposición policial en diciembre donde describe las pertenencias que tiene en su poder la mujer: un bolso con documentación personal, dos guitarras, un bajo, micrófonos, cables, prolongadores y una serie de objetos de trabajo, además de electrodomésticos varios. “Está todo a mi nombre, tengo la factura de compra”, garantizó Monllor.

“El juez me dijo que tengo que buscarme un abogado en particular porque es mucha plata. Tengo $10 millones invertidos en equipo”, remarcó el músico. “Hay cosas como pava y sartenes que son de mi mamá, son antigüedades. Sus papeles se perdieron en el tiempo”, añadió el hombre que volvió a Posadas, donde vive con sus familiares.

No obstante advirtió que no tiene dinero para pagar a un abogado. “Soy pensionado. Cobro $235.000. ¿Cómo? Si no me sobra plata, apenas para comer tengo”.

Monllor es cantautor y uno de los pioneros del metal misionero desde la década del 80. Fue miembro de varias bandas, entre ellas Fortaleza, Legión, Los Verdugos y Gladiador.

Por su lado, Monllor grabó de manera independiente un disco solista que publicó en 2007, llamado “Razón para luchar”, grabado en los estudios De la Mente Récords. Pese al momento que está atravesando, todavía piensa en seguir publicando sus composiciones.

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Cultura

Joaquín Benítez Kitegroski, un bandoneón para Milo J y un viaje a Sudáfrica

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El obrereño Joaquín Benítez Kitegroski viajará en marzo a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, para tocar el bandoneón solista del show “Misa Tango”. Previamente irá con su música a Chile, y en enero tocará con Florian, en Uruguay.

El año que se termina le dejó una popularidad inesperada: tocó el bandoneón para “Bajo de la piel”, el mayor éxito de Milo J hasta el momento. Lo que grabó “es lo que yo improvisé o sentí en ese momento”, reconoció a La Voz de Misiones.

Joaquín llegó desde Buenos Aires en diciembre para sumarse a la mini gira por Posadas, Eldorado y Resistencia con el Quinteto Tangazo, la agrupación que lo tiene en el bandoneón y en la que canta su hermana, Loreley Benítez Kitegroski.

A la gira del se sumó como invitado el premiado saxofonista Bernardo Monk, quien se integrará en un futuro próximo a la formación, según anunció el guitarrista Diego Olsson, quien completa el quinteto con el violinista Zack Phillips, el pianista Thomas Gonzalo Fabi y el contrabajista Matías Fernández Tschieder.

Si bien hay distintas obras populares del tango, el Quinteto Tangazo se inició con la interpretación de obras clave de Astor Piazzolla, la gran influencia para Benítez Kitegroski. “Es un lujo, es un placer, es una pasión interpretar Piazzolla y toda una responsabilidad”, afirmó y ponderó la lógica del Quinteto original del autor de “Libertango”.

“Eran cinco solistas, cada uno con su rol, pero logró un ensamble muy interesante y que suene muy junto”. Para el músico, el desafío técnico convive con el disfrute, porque cuando la obra suena “como lo pensó, como lo escribió, suena espectacular”.

Piazzolla también dejó, según Benítez Kitegroski, una enseñanza clave sobre la libertad musical. “Creo que Astor era una de las personas que más improvisaba, además de lo que tenía perfectamente escrito, dejaba a sus músicos y él mismo improvisar”.

Electrotango y tango tradicional

Alumno de Ricardo Vuori en Oberá y de Ricardo Ojeda en Posadas, Joaquín fue Revelación en Cosquín 2013 y hoy es un joven referente del bandoneón en Buenos Aires, donde suele ser convocado para sumarse a diversas formaciones musicales, entre ellas Tanghetto, banda electrónica de tango que tiene más de veinte años de trayectoria.

“No siempre miro un estilo solo, como el tango, sino el chamamé, la música misionera, el folklore del norte, y la música universal, el jazz, la música clásica. Así que es una mezcla de todo”, explicó. Esa mirada amplia se refleja también en su relación con el dos por cuatro: “Me gusta todo, tanto el tango tradicional como el electrónico, y digamos un punto intermedio sería el de Astor”.

Al reflexionar sobre el género que atraviesa buena parte de su obra, Benítez Kitegroski recuperó una frase conocida: “El tango tiene una frase bastante clishé, si se quiere, o famoso también que dice: ‘el tango te espera’”. Para él, esa idea se confirma con el paso del tiempo: “a veces, cuando pasan los años, a uno le empieza a gustar el tango”. Y lo vincula con la identidad nacional: “Eso es parte de las raíces de nuestra música argentina también”.

Desde su lugar provinciano y federal, la pertenencia no se discute. “Yo como misionero siento y amo el tango de la misma manera que a lo mejor un porteño”, afirmó. Una sensibilidad, dice, heredada de su familia: “mis padres siempre nos dijeron escuchen música variada”. Hoy, ese consejo se traduce en un mensaje para los más jóvenes: “invito a todos escuchar tango y toda la música argentina”.

Bajo de la piel

Este año trascendió su bandoneón en una canción que ya tiene 22 millones de visualizaciones en YouTube y más de 40 millones de reproducciones en Spotify: “Bajo de la piel”, de Milo J, el primer single del álbum “La vida era más corta”.

“Mi agradecimiento al productor Santiago Alvarado, que me convocó para ser parte de este disco de Milo que viene muy bien: es un gran enlace para que los jóvenes también escuchen un poco de folklore, más allá de que Milo tiene su estilo”, reflexionó el músico obereño.

“Lo que escuchan de mi bandoneón es lo que yo improvisé o sentí en ese momento. No había nada escrito ni nada pautado. Me dijeron ‘este es el tema, escuchalo’. De hecho, lo escuché ahí, no me dieron ni siquiera el audio antes”, admitió. “Fue como poner mi impronta en ese momento”.

En los primeros días de enero, Joaquín se presentará junto a Florian en el Festival Medio y Medio, en Maldonado, de Uruguay. Luego viajará a Chile, para el Festival ValparaTango, junto al pianista Ariel Pirotti y la cantante María José Mentana.

Más adelante, en marzo, participará de un encuentro de directores de orquesta en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, donde será el bandoneonista solista de la “Misa Tango”.

El concejo obereño reconoció a Joaquín Benítez Kitegroski por su trayectoria

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