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Murió Geniolito el músico mbya que hacía magia con su violín

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Lorenzo Benítez, el cacique o más conocido como Geniolito, el mbya guaraní que con su violín deleitaba a todos, falleció en las últimas horas.

Era el cacique de la pequeña aldea Ivy Poty en San Ignacio. El apodo de Geniolito saltó popularmente cuando empezó a salira las calles para regalar su carisma y talento artístico era músico y compositor.

Los restos de Geniolito serán velados desde esta tarde en la comunidad de Andresito, en la localidad de San Ignacio.

En vida Geniolito contó que “una vez yo he visto de gente que vino de Paraguay. Un viejito que traía violines. Vi como tocaba, como templaba. No me enseñó nada, aprendí por la mirada nomás”, confesó.

En 2017 tocaba su séptimo violín. El primero que tuvo fue obsequiado por su patrón en la tarefa. “Él me llamó geniol, geniolito”, contó el cacique.“Era un alemán, Ignacio Fogert. Él me consiguió un violín, el primero que tuve. Tengo uno que quedó en mi casa. Está roto. Hubo otro que se me rompió, otro que me robaron”, lamenta por entonces, en otra de las entrevistas con El Territorio.

Geniolito era el tarefero número cinco. Recién estaba casado y no quería trabajar. Entonces le dijo a su patrón que le dolía la cabeza. Él se ofreció llevarlo a un hospital pero el aborigen le dijo que sólo necesitaba un geniol. Al otro día, se quejó de la misma dolencia y pidió un geniol. Al tercer día, el patrón enumeró: “Tareferos 1, 2, 3, 4 y geniol”.

Una de las últimas visitas a Posadas de Lorenzo fue “para hacer unos pesos y para pedir casas nuevas para mi gente”, según dijo, en una pausa de su recital callejero. El mbya más famoso detalló por entonces que “alguna música es de mi pueblo y otras son de la región, estoy acá porque de esta forma me ven, ven un mbya que hace arte y que además pide por las necesidades de su familia”.

En Yvi Poty II, a la entrada del Teyú viven siete familias. La comunidad se apartó de la Yvi original que es más antigua y numerosa.
“A nuestra comunidad no llegan los servicios, no llega alimento ni nada, tenemos que venir a Posadas, por ahí una vez al mes o cada dos meses, necesitamos casas aunque sean unas maderas para tener un refugio donde tener nuestras cosas y estar si hay tormenta”.


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El poeta Diego Roel presenta en Posadas su obra premiada en un certamen español

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Diego Roel (43) presentará el lunes en la Biblioteca Popular Posadas, a las 18 horas, su libro “Los cuadernos perdidos de Robert Walse”, obra ganadora del Premio Internacional Loewe de Poesía que se entrega en España. “Es un premio que todos los poetas quieren ganar”, consideró Roel, entrevistado para La Voz de Misiones.

El autor escribió su laureado texto en Posadas, adonde vive hace tres años. Para la XXXVI edición del certamen literario que organiza la Fundación Loewe, se presentaron 2.302 participantes de 44 países, casi la mitad proveniente de Argentina, México y Colombia.

El jurado, encabezado por Víctor García de la Concha – expresidente de la Real Academia Española-acordó conceder los 30 mil euros del primer premio al autor argentino en octubre del año pasado por su “rigor, unidad de escritura, tono y focalización serena, sin el menor atisbo de tragedia”.

Los cuadernos perdidos de Robert Walser” está basado en un diario apócrifo del escritor suizo homónimo que murió por un infarto en 1956. En Alemania publicó sus tres novelas y en su país editó sus poesías. Abandonó la escritura cuando, en 1933, decide internarse en una clínica psiquiátrica.

“Los cuadernos perdidos de Robert Walser” “es una suerte de diario apócrifo o de cuadernos que el escritor escribió en su estadía en un hospicio. Los últimos años de su vida la pasó internado. Se internó voluntariamente y aparentemente dejó de escribir. Y un poco el juego es que no, que siguió escribiendo y quedaron estos cuadernos perdidos, extraviados, que son los que yo escribí. Esa es la idea inicial. Después fue derivando hacia otros lugares también”.

En la premiada obra de Roel, “la idea es construir una especie de máscara, personaje o alter-ego, que dialoga con mi voz y con otras voces. El lector, avezado por ahí, descubre este juego intertextual. Entonces, yo tomo la voz del escritor, como una especie de excusa o pretexto para decir cuestiones que yo ya venía trabajando en libros precedentes”, apuntó el escritor.

Walser era admirado por Franz Kafka, Thomas Bernhard y Walter Benjamin pero también fue redescubierto mucho tiempo después porque, hace unos diez años atrás, comenzaron a publicarse sus obras traducidas al español con la editorial Siruela, incluso a partir de unos escritos diminutos que resultaron todo un hallazgo.

“En el último tiempo no escribía con pluma sino con lápiz, con una caligrafía muy pequeñita, algo que él bautizó como microgramas, o micrografías que tuvieron que descifrar con lupas. Él generalmente escribía en trozos de papel o del calendario viejo y eso tardaron años en descifrarlo”, detalló Roel.

Además de tener una gran afinidad con Walser, Roel también evoca a otros poetas inspiradores. “La biblioteca de uno va mutando. No es la misma que hace diez años. Uno va cambiando. Pero hay algunos que permanecen- sostuvo-. Investigué muchísimo sobre Walser pero hay otros autores que prefiero. Federico García Lorca o los escritores españoles de la generación del ’27, por ejemplo. Eso es algo que se mantiene. Y autores argentinos como Olga Orozco, Enrique Molina, Héctor Viel Temperley, Jacobo Fijman”.

Hace tres años Roel vivía en Neuquén y decidió afincarse en Posadas, donde desarrolló “Los cuadernos perdidos de Robert Walser”, libro que si bien no tiene referencias directas a Misiones, se pueden encontrar ciertas alusiones.

“Hay una segunda parte donde, de repente, se describe el paisaje y no parece ser el de Walser, de Suiza; sino que se habla del monte, por ejemplo. Entonces creo que es un detalle que alguien muy atento puede descubrirlo. Es como un guiño para un lector que se puede llegar a dar cuenta. No fue voluntario, pero después, en la re lectura descubrí que algo se metió”.

Walser. Suizo que fue redescubierto a través de publicaciones traducidas al español.

Roel visitó un par de veces a Posadas, donde tiene amigos, hasta que decidió fijar domicilio en la ciudad fronteriza. “No sé que fue. Me gusta Posadas, los paseos por la costanera, la sopa paraguaya, no sé. Algo que me fue atrapando de a poco y fue algo progresivo. Surgió la idea. Vivía en el sur, en la Patagonia, y cambié de clima completamente. Y acá estoy, muy bien”.

Formado en Historia de las Artes visuales en la Universidad de La Plata, Roel viene publicando una docena de obras desde el 2004. Su primer libro se llama “Padre Tótem / Oscuros umbrales de revelación”. Luego le siguieron “Diario del insomnio” (2005), “Cuaderno del desierto” (2007), “Las variaciones del mundo” (2010), “Los Jardines del Aire” (2012), “Dice Jonás” (2015), “Vía Lucis” (2015), “Kyrios” (2016) “Las intemperies del mar” (2017) “Shibólet” (2018) y “Kadosh” (2019).

El laureado escritor hizo un periplo importante desde que nació en Temperley, Buenos Aires. Fue camarero y se dedicó a la gastronomía con su hermano. “Yo hacía las pizzas y las empanadas”, admitió.

Si bien suele ofrecer talleres de escritura o de clínicas de obra, también se da el tiempo para ser un babysitter. “Cuido los niños de un amigo. Y ahora tengo la suerte de alquilar mi casa en Neuquén, entonces tengo esa renta que me permite estar tranquilo”, remarcó. “Los poetas se la rebuscan de mil maneras”.

Premiado en España. Diego Roel recibe la distinción de la fundación Loewe.


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Ferrari Kristeller, la autora que se inspira en la selva: “me abrió un universo”

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Con su cuento “El ahogado”, la escritora Andrea Ferrari Kristeller obtuvo el Primer Premio del concurso homenaje a Horacio Quiroga. “Había que escribir sobre el río Paraná y este verano hubo un montón de ahogados. De ahí surgió este cuento”, admitió Ferrari Kristeller a La Voz de Misiones.

El mes pasado, con otros diez autores, Ferrari Kristeller representó a Misiones en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Allí presentó “La tierra sin ustedes”, su nouvelle publicada por La Editorial de la Universidad Nacional de Misiones (Edunam), una obra que además cuenta con una incipiente edición con cuentos y otra versión en inglés para Amazon.

“La tierra sin ustedes” es una novela apocalíptica en la que se plantea la extinción del hombre blanco pero con una historia de amor en la trama, con el relato de un palo rosa, una especie que suele vivir más de 500 años.

“Imaginé qué sucedería en un mundo donde nos vieron llegar y extinguirnos. Y en el medio una historia de amor imposible”, resumió la escritora.

Luego de que “La tierra sin ustedes” quedó elegida por un jurado para ser presentada en la Feria del Libro porteña, Ferrari Kristeller se sintió mucho más cerca del lugar que tanto le inspira. “Sentí un poquito que me están adoptando, algo que me encantaría, porque la verdad es que Misiones me despierta el corazón, es como que me vuela la cabeza, por decirlo de una manera informal”.

Ferrari Kristeller es traductora de inglés y se jubiló como profesora de literatura. Con sus obras concursó en premios de países de habla inglesa y publicaciones internacionales han publicado sus poemas. La autora es de la localidad bonaersense de Boulogne Sur Mer y por su compromiso naturalista colaboró con varios programas de conservación. Fue así que se conectó con Misiones. “Escribo en inglés, en general de ciencia ficción, sobre la selva misionera de la que estoy enamoradísima”, acotó.

En 2012, Ferrari Kristeller conoció en persona la Tierra Colorada y desde entonces quedó unida a toda la cultura del lugar. “Ahí se me abrió un universo naturalista, sobre todo. Y después, con respecto a la imaginación, de todo lo que siento que es Misiones, desde la temática de los colonos, los mbya guaraní que quiero y respeto profundamente. Tengo la suerte de tener un par de amigos de una aldea; y después el resto fue recorrerla, tratar de entenderla, leerme todo lo que cayó en mis manos sobre antropología, historia, todo. Yo me leo los diarios de Misiones, todos”.

Para el 11° concurso literario anual homenaje a Horacio Quiroga, organizado por el Club de Fanáticos del escritor, la Municipalidad de San Ignacio y la Biblioteca Popular “Patricias Argentinas”, Ferrari Kristeller decidió darle forma al cuento “El ahogado”, que finalmente se llevó el Primer Premio, según se anunció días atrás.

“Me sentí honrada por lo de Horacio Quiroga. Porque no solo me gusta la ciencia ficción sino el género fantástico, el de horror. Y había que escribir sobre el río Paraná y este verano hubo un montón de ahogados. De ahí surgió este cuento”, argumentó.

En “El ahogado” y con una sutil prosa, hay un relato en primera persona de un cuerpo que se pierde en el fondo del río y que luego, por causas naturales, sale a flote y es arrastrado por la corriente, donde resulta ser alimento de los peces.

Con ello, la idea fue “ver a la muerte, no como algo negativo, sino como la posibilidad de unión con la naturaleza que, en mi caso la amo. Entonces no es tan espantoso si lo pensás desde el punto de vista que volvés a como esa cuna”, consideró la escritora, una confesa admiradora de Ursula K. Le Guin, autora de ciencia ficción, que aborda conflictos sociales en mundos extraños.

En esa línea, Ferrari Kristeller reconoció que decidió publicar su última obra porque “me tiene un poco asustada el tema de la inteligencia artificial”. Es que en los tiempos que corren, la IA también demostró que puede crear relatos en cuestión de segundos, toda una distopía que hasta hace poco fecundaba exclusivamente en la imaginación de los humanos para culminar en sus modernos escritos.

La versión en inglés, de “La tierra sin ustedes”, la novela corta de Ferrari Kristeller.

“El ahogado”

Por qué me ahogué a los veinticuatro no es lo importante: los amigos, una pelota, unas cervezas. Lo importante es este flotar, ahora por fin en la superficie del río que me lleva y me cambia. Las bacterias floreciendo en mí, y el costado plateado de los peces que me miran con un solo ojo, y yo, Paraná abajo, hombre-río, en mi transformación de agua.

La vida del ahogado tiene sus misterios; primero nos vamos al fondo, pesados, como una plomada. Ahí se ven las maravillas de la vida en lo pardo, entre ese barro y tierra que a uno lo vivieron vivir su vida de rancho. Es como si el monte se deshiciera en miles de pedacitos de hojas, basalto, y de historias que vienen de río arriba.

Hay de todos los pescados que uno quiso pescar en su vida, y más: curiosos, se te acercan y mordisquean la punta de los dedos, que se empiezan a poner blancos como papeles mojados. Cómo me gustó ver a los dorados, los pacúes, las palometas. Cuando descansé un tiempo en el fondo, los bagres me hicieron compañía, y ya no les tenía miedo a sus púas. Esa cosa de silencio que tienen los peces, que siempre me gustó de pescar en este río.

Cuando le recorrí el lecho y la textura fría de sus piedras, vi tesoros de esos de los que hablan cuando dicen plata Yvyguy. Había esqueletos también, con piedras en los cuencos de los ojos; y entre algunos objetos de otros tiempos, había de esas geodas escondiendo cristales como dientes afilados que venden en Wanda, de donde era yo. Anzuelos de patejar, redes abandonadas como telarañas que casi me atrapan, alguna barcaza hundida, balanceándose apenas, como yo.

Todo tiene un frescor; todo es pardo, todo es un movimiento lento, apenas perceptible, antes de que el cuerpo se infle. A veces se estremece el agua con el movimiento de una raya de río. Como se estremece el cuerpo, mientras uno entra en los cambios profundos de la muerte de agua: pequeñas burbujas se me van formando, se escapan imperceptibles para todos hacia arriba, adonde cruzan las lanchas de los paseros sin saber que estoy todavía por acá, hundido. Sé que me habrán buscado, sé que la Bernardina me habrá llorado, sé que mi mamá debe venir todos los días hasta este río, solo para ver si aparezco como por magia como alguien a quién cebarle los mates y lavarle la ropa.

De noche, me gusta sentir como todo se convierte en una sola cosa oscura, densa; cambia el ritmo del río y solo se siente en la piel cómo se arremolina, o se cruza el cauce de un arroyo que trae un olor verde a como a plumas y fruta silvestre. Yo no quiero atascarme en las piedras de alguna costa, yo quiero seguir por este río que siempre fue mi amigo, que siempre me dio su pan, que me vio convertirme en trabajador del secadero. Ya que no estoy más allá afuera, quisiera sentir cómo se es río.

Después de unos ocho días ya salí a la superficie, por los gases que se inflan dentro mío como si estuviera lleno de ilusiones, como antes. Pero qué alegría salir para arriba y poder sentir la vida misma del Paraná. Ya lejos de mi pueblo, como a la altura del Teyú Cuaré, salí para arriba. Me gustó ver de reojo esas paredes de piedra altas y volver a sentir el sol cuando me gira el agua. Filtrado, luminoso, lleno de olas a veces y en las tardes, casi como si fuera azul. Canta una canción como embrujada esta agua, y puedo decir que soy feliz así, flotando como una canoa o un tronco sin jangada, bailando con esa música de agua; como tantos árboles que han bajado por este trecho, hacia convertirse en otra cosa, como yo.

Ahí pude empezar a escuchar mejor el sonido como de moscardón de las barcazas a motor de los paseros, y a la noche los remos o el silbido de mosquito de las lanchas de los contrabandistas. Pude oír los gritos de los pescadores en la costa, llamándose en la penumbra del monte; sus chistes, su deseo de comer del agua. A lo lejos, a veces, una cumbia, y otras voces más lejanas en ecos en los que no se distinguen palabras, la vida en las orillas de lo inmenso.

A esta altura, ya más verde, el pelo se me perdió como una planta que se va flotando. Me la iba pasando hermoso, pero por momentos me dieron un poco de ganas de volver del otro lado, el de la vida en los bordes. Comerme un reviro, reírme con los muchachos, jugar un futbol, ver los ojos de Bernardina entrecerrados y sentir su olor a miel de monte.

Si llueve, se sienten los truenos retumbando en el agua, la electricidad en el aire, el viento silbando como el Pombero, las gotas repicando en la espalda pálida, la soledad del río en la tormenta.

Escucho también las cigarras del atardecer, esas que marcan como un filo el final del día, y juraría que vi al Duende espiándome desde unas rocas a la altura de Candelaria. Un guaraní me vio pasar, en silencio. Me crucé con cosas flotando: envases de gaseosa, algún termo perdido, zapatillas; frutos naranjas de jakaratiá que se comen los peces, un remo, ramas de mamón, botellas de vino sin mensajes dentro.

Pero sigo río abajo y no quiero ser fantasma; ya sé que lo que me espera es solo transformarme más. Vivimos como si fuera posible detener esta fuerza que nos lleva, como el río me lleva a mí, a convertirnos en otras cosas algún día. Sé que mientras ruedo con las corrientes, ya pasando el arroyo Zaimán, me iré deshaciendo. Creo que más allá de Posadas, si no me atranco y me encuentran, podré seguir más allá de Yacyretá, y quizás partes de mí conocerán las honduras del Estero.

Y después, con la descomposición, la piel se me ensanchará, parduzca, de orilla a orilla. Y seguiré el curso como si fuera Misiones misma en terrones, carnada para peces que me llevarán hacia lo profundo, alimento para animales que beberán de mí en la noche. Curvándome en formas imposibles, en pozos de luz y de sombra, podré cantar con el agua todas las canciones de arroyos y cascadas. Su aliento dentro mío me volverá agua al fin, y seré Paraná, y mi corazón andará siempre bajando, siempre yendo hacia aguas más grandes.


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Esta noche se podrán retirar entradas para la Fiesta de San Juan

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San Juan Murga

Este jueves 20 de junio desde las 21 se podrán retirar hasta tres entradas por persona para las funciones de la obra La Fiesta de San Juan de la Murga de la Estación. Las mismas podrán obtenerse en el galpón de Pedro Mendez 2260.

A través de un anuncio realizado por la Murga a través de un posteo en su cuenta de la red social Facebook, adelantaron que las entradas “no se venden, no se reservan y no se guardan”, y que hoy será el último día para retirarlas.

De cara a la función que tendrá lugar el domingo 23 de junio, recordaron que, como siempre “la entrada es gratuita y la salida a la gorra”, en tanto, los menores que van en brazos de sus padres no necesitarán el boleto de ingreso.

La obra

En el marco de la noche de San Juan, la Murga de la Estación preparó su 26ta fiesta y anunció cuatro funciones para el próximo domingo 23 de junio con la dirección general de Sara Motta.

En la obra anual que se reedita en cada una de las funciones programadas, los intérpretes parodian hechos cotidianos y los más trascendentes acontecimientos políticos, relacionándolos con los juegos tradicionales de la festividad.

Para este año, la convocatoria reunió a 96 actores vecinos que se acercaron para producir de manera colectiva una puesta teatral que dura menos de una hora y que contiene mucho humor y canciones.

Las funciones pautadas serán a las 18.30, 20.00, 21.30 y 23.00 horas. A la medianoche, tal como se realiza cada año, La Murga de la Estación quemará un muñeco al ritmo de los tambores.

En tanto, a las afueras del galpón, desde las 17, se habilitará la feria que también suele reunir a una multitud para la previa del espectáculo principal.


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