Política
Closs: “Si sos radical y te gusta la Constitución, no podés votar a Milei”
El senador nacional del Frente de Todos (FdT), Maurice Closs, criticó al candidato a presidente de La Libertad Avanza (LLA), Javier Milei, a quien tachó de “improvisado” y que “no ofrece garantías” de gobernabilidad, y convocó a los electores misioneros a votar por el postulante de Unión por la Patria (UxP), el ministro de Economía Sergio Massa.
Entrevistado por el periodista Ariel Sayas, en su programa del Canal 4 Posadas, el ex gobernador analizó el escenario electoral, reflexionando sobre las opciones para la segunda vuelta electoral del próximo domingo 19 y el papel de la Unión Cívica Radical (UCR), como integrante de la coalición opositora Juntos por el Cambio (JxC), fracturada por el sector más duro del PRO que eligió pactar con Milei.
Errores políticos
“La política comete muchos errores. Ambos espacios tradicionales cometen muchos errores”, sostuvo Closs y explicó: “Ambos pensaron que el panelista Milei era importante para embromarle la paciencia al otro”.
“Los de Cambiemos decían ‘está bueno que crezca Milei porque después se queda afuera y todos sus votos son anti-K y vienen para nosotros; y los del gobierno, Massa decía ‘que le vaya bien a Milei porque le saca votos a Cambiemos’”, argumentó.
“Y entonces llegamos a que el panelista en las Paso, pasó de 20 puntos en todas las encuestas a 30 puntos en las urnas, y eso cambió toda la lógica”, planteó Closs y analizó: “Corre de escena a Cambiemos, que desaparece del imaginario colectivo y ya no es más importante; y en la primera vuelta electoral, cuando todo el mundo pensaba que podía ganar Milei, sorprende un Massa irreverente, aguerrido, que jugó todas las fichas, que no se guardó una, y que con profesión y oficio político hace una gran primera vuelta”.
El parlamentario kirchnerista diferenció a Massa de Milei y sostuvo que el balotaje del domingo encuentra al electorado argentino “en un escenario muy dividido, con la sociedad movilizada de una forma distinta porque no hay una pelea partidocrática, pero sí dos candidatos distintos en todo sentido”.
“Es un escenario de paridad, que yo deseo que se altere esa paridad y la Argentina resuelva los problemas de la política dentro de la política, y Massa sea presidente”, postuló el ex gobernador.
votos radicales
Sobre la UCR, Closs, de origen radical, opinó que el centenario partido de Leandro Alem e Hipólito Irigoyen “perdió en 2003 toda vocación de poder y nunca la recuperó”.
“En Misiones tenemos el mismo radicalismo sin vocación de poder”, afirmó el senador y disparó: “A nivel nacional, han logrado construir cosas territoriales, como (Gustavo-gobernador de Corrientes) Valdés, y a su vez Valdés bancando a (Leandro – gobernador electo del Chaco) Zdero, pero siempre fueron furgón de cola de un Cambiemos relajado y hoy están a los tiros sin vocación de poder”.
“Hay dos radicalismos, uno que es republicano, que participa de la democracia y que no tiene pruritos anti, que está jugando con Massa”, indicó Closs y completó: “Y hay otro, que decide jugar con Milei porque piensa que Milei le va a garantizar una cuota de poder”.
“Milei, en su golpe a la casta, siempre tuvo afinidad por pegarle un poquito más a los radicales”, afirmó y lanzó: “Si sos radical, no podés votarle a Milei; básicamente si te gusta la política, si te gusta la Constitución”.
El ex gobernador comparó el voto radical a Milei con un caso de mala praxis e ilustró: “Si vos tuviste mala praxis con un dentista, lo más probable es que vayas a buscar otro dentista, no que salgas a buscar un panadero”.
“Eso es lo que yo estoy viendo con miedo de lo que está pasando en Argentina”, señaló Closs y reconoció: “La política tiene fracasos, sí; yo me incluyo como miembro de la política nacional en los últimos 15 años”.
“¿Ahora, vas a cascotearle a la política votando a alguien con las características de Milei?”, se preguntó el ex gobernador y explicó: “Yo no le tengo miedo a Milei por su carácter agresivo, le tengo miedo por lo que vi en el debate”.
“No se preparó para el debate”, afirmó. “Ni siquiera usaba los minutos en temas como es seguridad. Ni siquiera fue a practicar. Ni siquiera aprovechó las oportunidades que tuvo para golpear. Es decir, no toma en serio la responsabilidad del rol que tiene hoy, de candidato a presidente”, argumentó.
“Mi pregunta es: ¿Tomará en serio el rol de presidente?”, interrogó Closs y precisó: “No tiene equipos, no tiene trayectoria, no conoce el Estado, puede ser que ahí lo acomoden los asesores, pero él no escucha a los asesores; esa faceta es lo que más me preocupó, el Milei improvisado, el Milei que no escucha y el Milei que no da garantías”.
El ex gobernador sostuvo que Massa necesita de “muchos votos radicales para ganar en Misiones”, donde el libertario se impuso en las dos anteriores elecciones, y que “si no hay votos radicales, no se gana” en la tierra colorada.
Cajas sin fondos
Closs alertó sobre el riesgo de desaparición del Instituto Nacional de la Yerba Mate (Inym) en un eventual gobierno de Milei, y también del fondo tabacalero y la denominada ‘caja verde’, de apoyo a los sectores productivos de la provincia.
“El peligro es que el inym deje de funcionar”, advirtió Closs y lanzó: “Vos crees que un ministro de Milei va a laudar, no va a laudar; para ellos existe solo el mercado”, sentenció.
“¿Qué va a pasar con el fondo especial del tabaco, la caja verde, que quedó de la (resolución) 125?”, insistió Closs y planteó: “A lo sumo se podrán salvar algunos fondos del tabaco, pero la ‘caja verde’ se pierde de acá a la China”.
Y dirigiéndose a sus ex correligionarios de la UCR Misiones, el ex gobernador planteó: “Te podrá gustar más o menos, seguro que Massa no te genera la piel de pollo de Alfonsín; pero es un político que se ha preparado, se ha formado, y es el que mejor puede manejar un país que con cualquiera de los dos va a transitar momentos muy duros, y no voy a escatimar la palabra, de ajuste”.
“Misiones tiene que tener un presidente de confianza”, argumentó Closs. “Yo lo imagino al gobernador Passalacqua mucho más cómodo con Massa”, graficó.
“Con Milei, la coparticipación va a quedar reducida a la mínima expresión y eso no es bueno”, advirtió Closs.
La llave
El senador misionero se mostró confiado en una victoria del candidato de UxP el domingo. “Espero un corrimiento de última hora, estimo que la sensatez, la visión racional, va a provocar un corrimiento para que la elección (a favor de Massa) sea más holgada”, expresó.
Closs advirtió que “si gana Milei, el lunes 20 de noviembre Macri va a ser el hombre más importante de Argentina” y el que “va a formar el gobierno”.
“Si gana Massa, yo le diría como consejo que en los 20 días de ministro (que le quedan) tome las decisiones que tiene que tomar como presidente electo”, dijo Closs y reflexionó: “Puede ser la llave y la apertura para una gran gestión”.
Política
Caraguatay: movilización por los 50 años del golpe y contra la intendenta
Con consignas como “no representa al pueblo”, “el voto merece respeto” y “paz social para Caraguatay”, vecinos y vecinas de la localidad se movilizaron esta tarde frente a la Municipalidad, en una convocatoria que combinó la conmemoración por los 50 años del golpe militar con un reclamo directo contra la intendenta interina, Norma Gularte (LLA).
Hace poco más de una semana, la funcionaria asumió el Ejecutivo local luego de que el intendente Mario Peyer solicitara licencia, tras ser denunciado por una trabajadora del Honorable Concejo Deliberante (HCD) por abuso sexual. En ese contexto, la jornada estuvo atravesada tanto por la memoria histórica como por el malestar social frente a las decisiones adoptadas por la actual gestión.
“Se hizo un acto por la fecha y aprovechando eso también se manifestó el desacuerdo del pueblo hacia la intendenta interina, que actúa de una forma violenta con la gente, despidiendo trabajadores y maltratando a otros empleados, tomándose atribuciones que el pueblo cree que no le corresponde”, expuso una vecina de Caraguatay que participó de la movilización, en diálogo con La Voz de Misiones.
En esa misma línea, la mujer estableció un paralelismo entre el hecho histórico recordado y la situación actual del municipio: “Hace 50 años con la dictadura el municipio de Caraguatay pierde su autonomía y pasa a depender de Montecarlo, y casualmente estamos pasando un momento tan difícil, complejo, como sociedad sentimos que es la misma situación. La movilización fue recordando esa fecha tan trágica y lo que estamos pasando ahora”.
Por su parte, la docente local Rosa Benítez dijo a LVM que entre los manifestantes se encontraban trabajadores municipales recientemente desplazados de sus funciones. Según precisó, días atrás la gestión de Gularte notificó a varios funcionarios y empleados que no continuarían prestando servicios, entre ellos Nancy Lezcano, quien se desempeñaba como secretaria de Acción Social, y Francisco Duarte, ex secretario de Hacienda.

La comunidad se expresó en contra de la gestión de Gularte.
“Repudiamos lo que está haciendo. Estamos muy dolidos por lo que está sucediendo en nuestro municipio, sabiendo de que ella no fue elegida por el pueblo, es un atropello a la institución lo que está haciendo“, apuntó la docente.
La situación institucional en Caraguatay se da en un contexto de tensión tras la salida del intendente Peyer, mientras avanza la investigación judicial en su contra. En ese escenario, las decisiones administrativas adoptadas por Gularte y los cambios en el gabinete generaron malestar en distintos sectores de la comunidad, que esta tarde se expresó públicamente en las calles.
Nueva intendenta pasa la motosierra en Caraguatay a cuatro días de asumir
Política
Posadas marchó a 50 años del Golpe: memoria viva en cada paso
A cada paso, un silencio. Un desaparecido al que solo le quedaba su espacio vacío. A cada grito de “¡Presente!”, un nombre más que se trenzaba en la memoria colectiva. A 50 años del golpe militar, en Posadas una gran cantidad de personas que conforman organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos, volvió a salir a las calles para recordar y exigir memoria, verdad y justicia en cada sitio que funcionó como Centro Clandestino de Detención (CCD). Porque en cada lugar donde hoy se hizo memoria, siguen vivas las historias de los misioneros que aún gritan: NUNCA MÁS.
Encabezando la marcha, una pancarta con los 75 rostros de desaparecidos. Algunos con nombre y apellido; otros, apenas una silueta con un signo de pregunta. El recorrido comenzó en la Jefatura de Policía, donde se realizó la primera parada, y continuó por la Facultad de Humanidades. Luego, la columna se detuvo frente a la sede de la Policía Federal Argentina (PFA), siguió hasta la antigua Cárcel de Posadas -hoy CEP 4-, pasó por el destacamento de Inteligencia del Ejército, continuó hacia Gendarmería Nacional y culminó en la sede administrativa del Ejército. Desde allí, la movilización -que ya superaba una cuadra- avanzó hasta la plaza 9 de Julio, donde se dio inicio al acto central.
La concentración había comenzado en la intersección de las avenidas Mitre y Buenos Aires. Entre banderas de organizaciones sociales, se mezclaban los pañuelos blancos, remeras con consignas como “El amor vence al odio”, “Nunca Más” y el reivindicado “30.000”. Los pañuelos, bordados y adornados con flores, recordaban que este día remite a uno de los capítulos más duros y oscuros de la historia argentina, pero también que quienes marchan lo hacen con una consigna cargada de amor.

Se estima que en Misiones hubo unos 600 presos políticos, de los 60 permanecen desaparecidos.
La primera parada fue frente a la Jefatura de Policía de la Provincia, sobre calle Buenos Aires. En la fachada, la placa que recuerda: “Aquí se cometieron crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado”. Sobre esa misma vereda -por la que muchos desaparecidos habrán dado sus últimos pasos en libertad- hoy caminaron familiares, militantes y vecinos que gritaron “presente” por quienes padecieron los crímenes más atroces. Crímenes que aún parecen resonar en las paredes, en los edificios y en la memoria de quienes viven alrededor.
La movilización continuó por calle Tucumán y pasó frente a la Facultad de Humanidades, donde se recordó a Juan Figueredo, “El Negro”, el único diputado provincial desaparecido en Misiones durante la dictadura militar.
A pocas cuadras, la multitud realizó su segunda parada frente a una unidad policial aún en funcionamiento. La fachada, deshabitada, se mostraba con una atmósfera sombría. Cada paso, cada calle, cada nube de un día gris contrastaban con el blanco de los pañuelos, los colores de las flores bordadas y las fotos de quienes acompañaban la procesión en cada invocación del “Nunca Más”.
La tercera parada fue en la puerta del CEP 4, la ex Cárcel de Posadas. Un espacio que hoy transitan adolescentes, donde estudian, ríen y comparten, pero que hace 50 años fue un lugar de tortura. Allí estuvieron detenidas mujeres y hombres, también niñas y niños de la misma edad que hoy asisten a clases. En la fachada, otra placa recuerda lo ocurrido durante uno de los períodos más trágicos del país.

Durante la marcha hubo pintadas en todos los lugares que funcionaron como CCD.
El cuarto punto fue el destacamento de Inteligencia Nº 4 del Ejército. Allí, la pancarta con los 75 rostros se colocó al frente y, a través del micrófono, se volvió a nombrar a los desaparecidos. En la esquina, un cartel negro con la consigna “Memoria, Verdad y Justicia” acompañaba la escena. Entre quienes sostenían la bandera estaba Mario Coutouné, perseguido y detenido durante la última dictadura. Su hermano, Ricardo Horacio Coutouné, fue sobreviviente de la represión ilegal y testigo en los juicios de lesa humanidad en Misiones.
Entre los marchantes también se encontraban Graciela Franzen, ex presa política y hermana de Arturo Franzen, uno de los cuatro misioneros asesinados en la Masacre de Margarita Belén, y María Josefa “Pepa” Estevez, quien también fue una detenida política, entre otros.
El recorrido siguió por calle San Martín hasta la sede de Gendarmería Nacional. No pasó desapercibido un detalle cargado de simbolismo: en la esquina de San Martín y San Lorenzo, un Ford Falcon verde permanecía estacionado. El vehículo, para esta fecha, se vuelve un emblema en el imaginario colectivo de los horrores de aquella época.

Un Ford Falcon apareció estacionado en medio del recorrido de la marcha.
Luego, la columna avanzó hacia las oficinas administrativas del Ejército Argentino. Allí, nuevamente, se realizaron pintadas: pañuelos blancos, el “30 MIL” y el “Nunca Más” quedaron impresos en la fachada.
Finalizado el circuito por los centros de detención, la multitud confluyó en la plaza 9 de Julio. Allí comenzó el acto central, con la lectura de un documento por parte de organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos. Luego, el micrófono quedó abierto al público. Hubo presentaciones de bandas, percusión y representaciones teatrales. Mientras tanto, un grupo de militantes pintaba un gran pañuelo blanco frente a la Casa de Gobierno.
Un año más, Posadas volvió a alzar la voz. Para no olvidar. Para sostener la memoria. Porque los 30.000 desaparecidos siguen estando presentes.
Dictadura en Misiones: la foto del Golpe y las voces del primer año del horror
Política
Dictadura en Misiones: la foto del Golpe y las voces del primer año del horror
La foto más representativa del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Misiones, la tomó el fotógrafo del diario El Territorio, Miguel Ángel Giménez, fallecido en febrero de 2016.
La imagen en blanco y negro es un retrato perfecto del atraco de esa madrugada. Dicen la mayoría de los testimonios que el fotógrafo, por entonces de 31 años, esperó pacientemente al amparo de las sombras de la plaza 9 de Julio como un francotirador consciente de que tiene solo una oportunidad.
La escena muestra a un grupo de militares en uniforme de combate, en el momento en que irrumpen en la Casa de Gobierno: en primer plano, un automóvil que parece ser un Torino, el “gran auto argentino” de la época; detrás, hombres con casco del Ejército, dos con pinta de policías y otro con apariencia de civil, todos con la vista perdida en un punto fijo fuera del cuadro; y al fondo, un pelotón de soldados que se escabullen dentro del edificio.
Cuenta el periodista Sergio Alvez, en una crónica sobre la icónica fotografía, titulada “Un disparo certero en la oscuridad” y publicada en 2022, que Giménez llegó a la plaza poco después de las diez de la noche del 23 y se sentó en un banco, como quien se dispone a matar el tiempo o está esperando a alguien.
“Llegó la medianoche. Miguel no podía saberlo a ciencia cierta, pero en esos instantes, la democracia agonizaba. De pronto, sintió una especie de temblor en el suelo. Giró la cabeza. Una caravana de vehículos hacía su ingreso a la plaza. Uno de los autos estacionó frente a la puerta de Casa de Gobierno. Más de diez militares uniformados y armados, ingresaban. También había un hombre vestido de civil, con ropas claras. Miguel suspiró. Se levantó del banco, sujetó la cámara y procuró mantener la discreción entre unos arbustos, pero a la vez, acercarse cuanto fuera posible al objetivo. Sólo tenía una película para tomas diurnas. Disparó varias veces. Sintió alivio al notar que no había sido descubierto por los militares que se aprestaban a ingresar a la Casa de Gobierno. Comenzó a caminar en dirección contraria, alejándose con premura hacia algún rincón más seguro de la madrugada”, escribe Alvez.

El fotógrafo Miguel Ángel Giménez, autor de la icónica fotografía del golpe en Misiones.
La foto de Giménez marca la Hora 0. El golpe se concibió y ejecutó como una operación militar, que cubrió todo el país con precisión de relojería. Primero, desviaron el helicóptero presidencial y capturaron a la presidenta María Estela Martínez de Perón, Isabelita, que había salido a las 00.10 de la Casa Rosada rumbo a la Quinta de Olivos y terminó aterrizando, con la excusa de un desperfecto técnico, en el Aeroparque Jorge Newbery, donde fue detenida.
A esa misma hora, a más de 1.000 kilómetros del epicentro, en una plaza pueblerina envuelta en penumbras, Giménez apunta su cámara Pentax y dispara la ráfaga con la imagen destinada a inmortalizar ese momento, propuesta desde el comienzo como documento, y no como una foto técnicamente impecable.
“En esa época, los diarios compraban bobinas de treinta metros de película y se fraccionaban en rollos para los fotógrafos”, dice Marcos Otaño, reportero gráfico posadeño de amplia trayectoria en la prensa de la tierra colorada.
Otaño calcula que Giménez utilizó esa noche una película Agfa, muy difundida en el periodismo en blanco y negro de la época, por su grano clásico, marcado contraste y su latitud de exposición, que permitía un pushing de hasta 1.600 asas, ideal para trabajar en condiciones de poca luz.
“Tiene que haber usado una película de 400 asas. Sé que hizo un forzado al revelar, por eso la imagen tiene ese alto contraste: los negros son bien negros, y los blancos, bien blancos”, comenta Otaño.
Dice que en ese entonces no había teleobjetivos acá y que Giménez habrá hecho la toma de su vida “con un lente más chico, desde el medio de la plaza”. “Habrá sido un lente luminoso, los télex eran muy oscuros; calculo que usó un lente de 50 mm”, dice Otaño.
Cree que Giménez trabajó la toma después. “Es lo que yo haría”, admite Otaño y explica: “En la ampliadora, cuando vos hacés las copias, podés hacer una gigantografía; no es como ahora, que se pixela; la imagen de él es bien nítida, no hay ese barrido de las fotos con movimiento”.

El Golpe de 1976: la foto, las primeras horas y sus responsables.
“Cayó esa hija de puta”
En 1976, Posadas era muy distinta a la actual: casas bajas y calles que desembocaban abruptamente en el río Paraná, que entonces corría salvaje entre barrancas de tierra roja y muelles de madera.
La mañana del 24 amaneció calurosa, sin presagios de lluvia. Habían pasado más de seis o siete horas de que la Junta de Comandantes, presidida por el general Jorge Rafael Videla, emitiera el hoy famoso Comunicado Nº 1, que resuena todavía como preámbulo del horror.
El gobernador Miguel Ángel Alterach ya había sido depuesto y arrestado, y gobernaba un coronel: Juan Bautista Beltrametti, que moriría en prisión en 2013, mientras purgaba una condena a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, junto a su colega el jefe del Área 232 Misiones, Carlos Humberto Caggiano Tedesco, también fallecido.
“Mi compañera pasó a buscarme aquella mañana para ir a la escuela secundaria, como todos los días”, relata la periodista María Itumelia Torres, Mariquita, en el libro “Historias con Nombres Propios”, compilado por la licenciada Amelia Rosa Báez, ex subsecretaria de Derechos Humanos de la provincia y víctima del terrorismo de Estado de aquellos.
“En Posadas amaneció soleado y seguro llegábamos tarde. Pero no llegamos”, dice Mariquita y recuerda que, junto a su compañera de colegio, apenas anduvieron un par de cuadras por la avenida Tacuarí, entonces de tierra, cuando se encontraron con otro estudiante que les avisó: “No hay clases”.
Dice que, enseguida, notaron el paso abrumador de “camiones verdes del Ejército”, que “eran muchos y levantaban una polvareda infernal”, y que vieron a una eufórica vecina que saludaba el paso del convoy, y gritaba: “¡Cayó esa hija de puta!”, por Isabelita, que a esa hora estaba recluida en la villa El Messidor, una mansión de estilo francés, a orillas del Lago Nahuel Huapi, en Neuquén.
En el mismo libro, Mario Enrique Coutouné, militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), estudiante de Ingeniería Química y víctima en el juicio contra Beltrametti y Cagiano Tedesco, junto a su hermano Ricardo, cuenta que esa madrugada amanecieron guitarreando en la casa familiar de la avenida Tambor de Tacuarí.
Festejaban el cumpleaños de Luis “el Negro” Thomas, que se convertiría en uno de los pocos abogados posadeños en atreverse a presentar recursos de hábeas corpus en favor de los detenidos políticos, y que también fue, finalmente, privado de su libertad; primero, en la cárcel de Candelaria y, después, en la Alcaldía de Posadas.
“Estuvimos guitarreando y festejando su cumpleaños. Vimos que había un Torino a media cuadra estacionado, pues, para el Golpe era demasiado una guitarreada en ese momento, pero ese día no pasó nada”, relata Coutouné, que tiene una hermana desaparecida, Mirtha Noelia Coutouné, conocida como “La Flaca”, que estaba esa noche, y sería secuestrada en noviembre de ese año, en La Plata, donde residía.
Dice que un ratito antes, el grupo había visto pasar una camioneta por la avenida, y que entonces encendieron lo que en la época se conocía popularmente como “combinado”, un mueble mezcla de tocadiscos y radio; y que, enseguida, escucharon la fanfarria marcial que se convirtió en la banda de sonido de la dictadura: “La marcha, tan… tararán… y el comunicado”.
“Lo que se viene”
A unas diez cuadras de allí, en una vivienda del barrio Tiro Federal, un arrabal humilde en la costa que debía su nombre al primer polígono de tiro fundado en 1909, Ricardo “Pelito” Escobar, se desperezaba en su cama, sin saber la noticia con la que estaba a punto de desayunarse.
“Recuerdo que me desperté medio temprano, porque había escuchado ruidos en mi casa”, cuenta Escobar, que entonces tenía 16 años, cursaba el secundario en la Escuela de Comercio Nº 1 “General José de San Martín” y desde el ‘73 militaba en el capítulo misionero de la Unión de Estudiantes Secundarios, la mítica UES de La Noche de los Lápices. “Me levanto y veo a mi mamá escuchando las noticias en la radio y justo estaban pasando el comunicado de la Junta Militar que habían lanzado a la madrugada”, relata Pelito.
Cuenta que su mamá, que era “una mujer comprometida” y “simpatizaba” con su militancia estudiantil, lo miró en silencio, “a los ojos, no con miedo, sino como diciéndome: ‘Lo que se viene’”.
“Nunca se me ha podido borrar de la cabeza ese momento, porque era una mirada de interrogante, de qué nos iba a pasar a nosotros como familia”, dice Pelito.
Esa mañana, en Resistencia, a 341 kilómetros de Posadas, Francisco Pancho Perié, que por entonces tenía 20 años, amanecía con la resaca de la noche anterior y se desayunaba con la misma mala noticia que su ex compañero de la UES en Posadas, Pelito Escobar.
Perié estudió en el Colegio Nacional Nocturno Nº2 “General Manuel Belgrano” y fue promotor y presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Misiones, una agremiación estudiantil de corta vida, en una realidad marcada por la violencia política y un orden atenazado por el accionar de grupos parapoliciales orquestados desde el mismo Estado.
“A mí me tenían marcado en Posadas, por lo que me fui a seguir mis estudios a Resistencia; me fui a vivir en una casilla, en una villa”, cuenta Perié.
“La noche anterior fuimos caminando por la vía del tren hasta la casa de una compañera, y ahí estuvimos comiendo un guiso y guitarreando”, recuerda el ex subsecretario de Turismo de la provincia y agrega: “Cuando nos despertamos, nos enteramos que habían tomado el poder los miliares”.

Lo que se vino
En marzo de 1976, Misiones era una provincia todavía dominada por la selva. La 12 era la única ruta asfaltada, el resto de los caminos rurales eran interminables picadas de tierra roja, que se volvían verdaderos pantanos de greda con cualquier lluvia y dejaban aisladas a muchas colonias agrícolas.
Tampoco estaban los puentes, ni con Paraguay, ni con Brasil. La vida en la tierra colorada estaba determinada por un contraste brutal, con la sacrificada rutina del colono y un creciente clima de terror rural, que terminó quebrando la confianza entre los propios vecinos.
Antes del golpe, las colonias tenían una vida social muy activa, basada en el cooperativismo y la lucha por la titularidad de las tierras. Los colonos se juntaban en los secaderos, en las ferias, para discutir los precios de la yerba o el tabaco. Era la época de las Ligas Agrarias y el Movimiento Agrario Misionero (MAM), del que despuntaron líderes como Pedro Peczak, que roto el orden constitucional e instalado el Terrorismo de Estado fueron perseguidos y asesinados.
En Posadas, Pelito Escobar continuaba yendo al colegio y militando en la UES y la Juventud Peronista (JP). “Nosotros lanzamos una campaña de denuncia del golpe, con pintadas y volantes; no imaginábamos que todos estábamos considerados subversivos y que nos iban a perseguir”, dice Escobar.
No faltaba mucho para que su nombre y su fotografía figuraran en un afiche con el que los militares empapelaron la ciudad: “Enemigos de la Patria”, con la identidad de 16 militantes políticos y sociales, entre los que figuran su hermano Héctor Pelo Escobar, Oscar Wapenka, Pedro Peczak, Carlos Tereszecuk, Beatriz Pérez Rueda y Juan El Negro Figueredo, que fueron secuestrados, uno por uno. “Colabore con su detención. No sea cómplice con su silencio”, rezaba el afiche, que pasó a formar parte de la galería de la represión ilegal en Misiones.

Facsimil del afiche con los más buscados por la dictadura en 1976, reproducido en “La vida entre paréntisis. Crónica de un militante”, el libro de la escritora Numy Silva, sobre la historia de Pelito Escobar.
Perié no figuraba en el afiche, pero fue detenido en Resistencia. “Me fueron a buscar a la villa en abril”, recuerda. Fue uno de los primeros militantes misioneros en ser detenidos por la dictadura. Lo trajeron a Posadas y también conoció el menú de torturas y humillaciones. Estuvo preso siete años, hasta la vuelta de la democracia en 1983.
Su ex compañero de la UES, Pelito, fue detenido en octubre de ese año. Había cumplido los 17 el mes anterior y se vio obligado a buscar refugio fuera de la casa familiar.
Pelito cuenta que la noche del 5 de octubre de 1976, caminaba con su amigo y compañero de militancia, Ricardo Coutouné, hacía el barrio Johasá, donde tenía un tío a quien pensaba pedirle para quedarse a dormir. “Ricky me dijo ‘yo te acompaño’ y nos fuimos caminando por Tacuarí”, relata Escobar.
Dice que, al llegar a la esquina de San Martín, notaron la presencia de un vehículo “sospechoso” y decidieron desviar hacia una de las calles laterales, aunque no pudieron evitar ser vistos y fueron, igualmente, interceptados por el automóvil.
“Nos pararon y nos alumbraron con linternas”, agrega Pelito y comenta que con Coutoné ya habían acordado que si eran emboscados por alguna patrulla saldrían a correr. Corrieron. En la huida, se separaron. Coutouné tropezó y cayó, lo atraparon. Escobar estaba por zambullirse en un monte cercano cuando sonaron los disparos. “Sentí un sacudón en la espalda, pero seguí corriendo”, recuerda. Le dieron en el omóplato derecho. “Cuando salí del monte, me di cuenta que sangraba mucho; ya no me perseguían y me escondí en un excusado”, relata Pelito.
Pasó la noche ahí, muerto de miedo, con la ropa empapada de sangre, creyéndose morir. A la mañana siguiente, escuchó el ruido de vehículos que se acercaban. Enseguida, oyó soldados y voces que daban órdenes, y después, el ladrido de los perros. No tardaron en encontrarlo. “Pelito, entregate, estás rodeado, me decían; era como en las películas”, comenta Escobar.
“Fuimos secuestrados, torturados; mi hermano, mi primo; los amigos asesinados”, agrega. “Con mi hermano estuvimos presos 7 años, 2 meses y 20 días”, precisa Pelito y detalla: “Primero, estuve desaparecido seis meses, en la Policía de Misiones, la Policía Federal, el Ejército, hasta que en marzo del ’77, me llevaron a la Penitenciaría de Resistencia y después a la Unidad Penal 9 de La Plata.
Informaciones
En marzo de 1976, Amelia Báez estaba casada con el hermano de Pelito, Héctor, y empezaba a cursar la carrera de Antropología, en la Facultad de Humanidades de la UNAM. Ambos militaban en la JP y, según cuenta Báez en el libro que compiló, vivían “en tensa vigilia y expectantes”.
En septiembre, con el cerco represivo cobrándose a diario estudiantes, docentes, políticos y dirigentes, la pareja decide separarse. “Decidimos que yo volviera a la casa de mis padres y Pelo empezó a buscar refugio en casa de familiares o de amigos, ya que la represión se consolidaba y le pisaba los talones, como a tantos otros”, relata Amelia.
Cuenta que, a los pocos días de mudarse a la casa paterna, el 10 de septiembre, escucharon la llegada de camiones del Ejército.
“Buscamos a Pelo Escobar y Señora”, dice Amelia que le dijo a su madre uno del pelotón de soldados que irrumpió en la casa. “Mi hija Amelia no vive aquí, ellos viven en otro lado”, recuerda Báez cómo mintió su madre. “Aquí -dijo señalándonos a cada uno de los presentes- están mis hijas Gloria, Marta, Rubén y mi sobrina Teresa”, cuenta que continúo su mamá, haciéndola pasar por su hermana Gloria, que estaba a esa hora en la universidad.
Relata que, horas más tarde, su padre le pidió que se preparara porque la iba a llevar a la casa de un pariente, “ya que presentía que ellos iban a volver”, y recuerda que salieron por los fondos de la casa, bordeando un arroyo hasta lo un tío, que terminó regañándola toda la noche.
A la mañana siguiente, su padre la buscó y la llevó a la Dirección de Informaciones de la Policía de Misiones, convertida a esa altura de los acontecimientos en uno de los Centros Clandestinos de Detención más célebres del momento.
“Fuimos recibidos por quien se identificó como el oficial Juan Carlos Ríos”, cuenta Amelia y menciona a uno de los torturadores más cínicos y brutales de la entonces policía provincial.
Dice que Ríos, sorprendido, le pidió su DNI, consultó en una oficina y la condujo ante “un uniformado que se presentó como el Capitán Marángello”, que le explicó a su padre que “en el marco de la lucha antisubversiva nos buscaban por averiguación de antecedentes”. La detuvieron.
“Estuve tres noches”, relata Báez. Dice que “a la noche escuchaba que traían a muchas personas, a quienes propinaban terribles golpizas”.
Por la Dirección policial a cargo de Ríos pasaron multitud de detenidos políticos, como Graciela Franzen, que en 2005 confrontó al policía, ya retirado en su casa y aquejado de una diabetes que lo había dejado sin piernas.
En la ocasión, Ríos se desentendió de su responsabilidad y culpó a colegas suyos de entonces, como Miguel Ángel Silvero, otro de los policías denunciados por Franzen.
Según una crónica del diario El Territorio, sobre aquella a visita sorpresa de Franzen a Ríos, la charla de víctima y verdugo fue un repaso de cruentos episodios que el policía dijo no recordar.
“Me acuerdo que usted me sacó la venda y me hizo atender por el doctor Mendoza ese día en que yo me estaba desangrando”, señala el diario que le dijo Franzen a Ríos, quien, lejos de inmutarse, reaccionó como sorprendido por la gravedad de la escena.
Amelia fue liberada y confinada a detención domiciliaria por otros 45 días. Su casa era vigilada en todo momento. Pelo Escobar fue capturado un mes más tarde, el 21 de octubre.

En Posadas, como en el resto del país, hubo reclamos para la liberación de los presos políticos.
Final de año
A poco de terminar el primer año del golpe, en el interior misionero reinaban el miedo y la delación. Las familias habían dejado, incluso, de visitarse por temor a ser asociados con “actividades subversivas”, que en la colonia podía ser reclamar un precio justo por la cosecha. Los camiones del Ejército y Gendarmería eran parte del paisaje cotidiano. Nadie se sentía a salvo.
En ese clima enrarecido por las razias y operativos que propusieron nombres para la memoria del horror, como La Casita de Mártires y la hostería Hoppe, vive oculto el dirigente agrario Pedro Orestes Peczak.
Fundador del MAM, una organización que nucleaba a pequeños colonos en la lucha por los precios y la tierra, y candidato a vicegobernador del Partido Auténtico en las elecciones de 1975, representando políticamente a los sectores rurales organizados, Peczak es el hombre más buscado de la provincia.
Dicen los testimonios que los militares llegaron a vigilar las farmacias de la zona esperando capturarlo, ya que sabían que el dirigente agrario sufría de dolencias crónicas.
Lo atraparon el 22 de noviembre en Panambí. Fue trasladado al Regimiento de Infantería de Monte 30, en Apóstoles, donde fue sometido a brutales torturas. Murió el 17 de diciembre a causa de los tormentos. El Ejército entregó el cuerpo a su esposa, en un cajón soldado y cerrado con llave. Las autoridades militares prohibieron abrir el féretro. Hoy, la tierra colorada lo recuerda como el “Mártir de Los Helechos”.
Peczak fue uno de los últimos detenidos políticos de 1976. Y el último de la cúpula del Partido Auténtico en ser capturado, ya que un poco antes había caído Carlos Tereszecuk, cuyos restos pudieron ser identificados en 2018; y en octubre, habían secuestrado y asesinado al diputado provincial Juan El Negro Figueredo.
Los registros hablan de unos 600 detenidos políticos y 60 desaparecidos ese primer año del golpe, que concluyó el 17 de diciembre en el Chaco con la ejecución de cinco misioneros: Manuel Parodi Ocampo, Carlos Alberto Duarte, Julio Andrés “Bocha” Pereyra, Luis Ángel Díaz y Arturo Franzen, quienes fueron fusilados en lo que se conocería como la Masacre de Margarita Belén. A excepción de Franzen, hermano de Graciela, y Parodi, cuyos restos fueron entregados a sus familias en enero de 1977, los otros tres jóvenes continúan desaparecidos.

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