Opinión
Libre mercado o Estado presente: desregulación vs Inym
Desregulación de la yerba mate: ¿Competencia o riesgo para el sector?
La desregulación del mercado de la yerba mate ha reavivado el debate sobre la intervención estatal en un sector clave para la economía y la cultura de Argentina. Mientras algunos celebran la liberalización como una oportunidad para aumentar la competencia y mejorar la eficiencia, otros advierten sobre los riesgos de un mercado sin controles en una industria que, históricamente, ha sufrido distorsiones.
1- Regulación: Un control necesario o una traba al crecimiento
El Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) ha sido, desde su creación en 2002, el ente regulador encargado de fijar los precios mínimos que deben pagarse a los productores y establecer directrices para la producción y comercialización del producto. La existencia de este organismo busca evitar la concentración del mercado y garantizar precios justos para los pequeños y medianos productores. Anteriormente, en los años 30, se había creado la CRYM (Comisión Reguladora de la Yerba Mate creada por Ley Nacional en 1935) que en los años ’90 -también como ahora- se desregulo y generó una crisis que terminó en el 2001 con el famoso “tractorazo”.
Quienes defienden la regulación argumentan que la yerba mate no se comporta como un mercado competitivo perfecto. Factores como la concentración en pocas empresas, las asimetrías entre los actores y la dificultad de los productores para negociar precios, justifican la intervención del Estado para equilibrar la balanza y evitar abusos. Son más de 13.500 pequeños productores y unos 150 molineros/industria de los cuales los dos primeros tienen más del 40% del mercado.

Además, si se caracterizan los productores la mayoría tienen menos de 10 ha de plantaciones.

Desregulación: ¿Más competencia o mayor desigualdad?
Los promotores de la desregulación sostienen que la fijación de precios mínimos distorsiona el mercado e impide que las fuerzas de la oferta y la demanda actúen libremente. Según esta visión, eliminar la regulación permitiría mayor competencia, incentivaría la inversión y daría lugar a precios más competitivos para los consumidores.
Sin embargo, los críticos advertimos que la eliminación de los controles puede profundizar la concentración del mercado en pocas empresas, perjudicando a los pequeños productores, que quedarían sin un respaldo estatal para negociar mejores condiciones. Además, existe el temor de que una caída en los precios de la materia prima no se traduzca en beneficios para el consumidor final, sino en mayores márgenes de ganancia para los grandes comercializadores. Como ya se vio en el gráfico de la composición del mercado arriba indicado y lo que se vio en góndola en este que paso (año 2024).

2- Experiencias y posibles consecuencias
Experiencias previas en otros sectores agrícolas han demostrado que la desregulación puede generar efectos no deseados. Por ejemplo, en la industria láctea, la eliminación de precios mínimos llevó a una crisis de pequeños tamberos, quienes no pudieron competir con grandes empresas que compraban la materia prima a precios muy bajos. En el sector tealero podemos advertir lo mismo y como hoy son menos los productores y pocas empresas que concentran la mayor parte de la producción, con una característica que el precio es puesto desde afuera ya que son precios internacionales, no como la yerba que el 90% de la producción es consumo interno.
En el caso de la yerba mate, los riesgos son similares: una caída en el precio pagado al productor deriva en la falta de rentabilidad para los pequeños y medianos actores, favoreciendo la concentración en pocas empresas y afectando la estabilidad de miles de familias que dependen de la producción.
3- Conclusión: ¿Cuál es el camino a seguir?
Desde el PAyS propusimos dos caminos, con la presentación de dos leyes. Una en Enero/24 proponiendo crear el Centro Misionero de Acopio, Comercialización y Promoción de la Yerba Mate y Tasa Yerbatera por la cual el gobierno compra y fija un precio mínimo a través de la intervención directa en el mercado de la hoja verde y canchada, la cual nos dijeron desde el gobierno de Misiones que “no hay plata…” fue así que los legisladores del PAyS volvieron a insistir en Octubre/24 la posibilidad establecer la Mesa Provincial de Regulación Yerbatera y crear el BEY (Boleto Electrónico Yerbatero) que es similar a un IMYM (Instituto Misionero de la Yerba Mate) con un sistema de cobro indirecto similar al que tienen los contadores para el cobro de sus honorarios y un seguimiento de la trazabilidad de toda la yerba que circula en la provincia.
En el año 2024 el 85% de la hoja verde de argentina se produjo en la provincia de Misiones

Como se observa, no solo gran parte de la yerba es de Misiones en el ámbito local, sino que, si miramos globalmente, el 44% de la hoja verde del año 2024 salió de las chacras Misioneras.
En este contexto y ante esta situación de crisis terminal para los pequeños y medianos productores de yerba mate de la provincia de Misiones, los misioneros tenemos que crear una herramienta provincial porque siempre los porteños nos impusieron el precio a nuestra producción; sea el gobierno del color político que quieran, entre los porteños en acuerdo de los correntinos nos impusieron el precio de nuestro sacrificio.
Los porteños desde un gobierno unitario nos exigían yerba barata “porque toman los pobres”, siempre fue así y la yerba no la podemos regalar, porque no es lo mismo producir un kg de yerba que producir una Coca-Cola, (1 kg de yerba elaborada rinde más de 40 litros de infusión); además, es un proceso artesanal, una planta que para entrar en producción demora más de 5 años de crecimiento. La yerba de calidad necesita ser cosechada artesanalmente, estacionada con su debido tiempo y es por esto que exigimos se lleven adelante propuestas como las que desde nuestro espacio gestionamos.
Creemos que el mercado yerbatero es un mercado imperfecto, la historia y los últimos datos así lo demuestran y es por ello que necesitamos urgente una herramienta para dignificar la tarea del tarefero, del cuadrillero y, por sobre todo, del esfuerzo de miles de familias productoras de la yerba mate en Misiones.
Exigimos desde el PAyS la creación de un Instituto Misionero de la Yerba Mate, compromiso asumido por el presidente de la legislatura en su momento (Dic/23) Carlos Rovira, que dijo que si se cerraba el INYM o se desregulaba el mercado yerbatero se crearía el IMYM. Lamentablemente hoy hay un acuerdo de cúpulas entre renovadores y libertarios, o los libertarios le condicionan al gobierno provincial la intervención del mercado yerbatero, le condicionan tener una regulación misionerista.
Ni un paso atrás…
Opinión
El Gobierno, entre una pelea que no convence y un gabinete que no se diferencia
Por Fernando Oz
El renovado gobierno de Hugo Passalacqua, independiente y libre de ataduras, avanza con cierta dificultad en su principal estrategia de campaña: mostrarse lo más lejos posible de Carlos Rovira y de Javier Milei. Algunos focus groups, realizados desde el propio oficialismo provincial, están alertando que un importante porcentaje del electorado no cree que sea real la “pelea” o el “quiebre” entre el gobernador y el ex líder del inmolado Frente Renovador de la Concordia.
Ese mismo dato salta en los estudios de opinión que paga la oposición para saber qué dice la calle. Porque, dicho sea de paso, en este bendito país, una de las cosas que tienen en común buena parte de la “dirigencia” política es que todos pagan para medir el ambiente. Lo hacen porque sólo pisan la calle en campaña, en caso de que las encuestas los favorezcan.
La oposición está muy interesada en saber sobre los alcances reales del distanciamiento entre Rovira y Passalacqua. Los operadores de Hugo —“me llamaron, pero sé que lo mismo hicieron otros”— dijo con cierto asombro un diputado que nunca estuvo ni cerca del rovirismo. Sucedió durante un encuentro informal donde había un grupo de empresarios locales que, durante años, habló pestes del gobierno pese a los millonarios subsidios.
Es verdad que el oficialismo tendió puentes con el radicalismo, con el PJ de Christian Humada y hasta con el mismísimo Ramón Amarilla, el agente del caos. Con algunos mantiene un diálogo abierto y de manera privada; con otros no se logró avanzar más allá del primer encuentro.
Sucede que el Movimiento por lo que Viene tiene la imperiosa necesidad de mostrar nuevos rostros, voces disidentes a lo que fue el rovirismo y que fortalezcan la imagen del gobierno. Pero esas caras y expresiones que realmente marquen que lo que viene no será lo mismo no aparecen. Una realidad que se ve en cada fotografía que divulga cualquier usina del oficialismo.
Por el momento, lo único que pudo mostrar el Movimiento en un palco fue a intendentes con kilómetros de mandato y problemas en el Tribunal de Cuentas. Es verdad que se hicieron otras cosas: ATM, EMSA, algún que otro cambio en carteras y no mucho más. Corte de cajas.
Es que tampoco hay mucho más por mostrar. Acá hay una nueva idea: “los que me quieran seguir, que vengan”. Lo que siguió fue Rovira subiendo a un barco junto a un grupo de leales que siguen viéndolo como un líder inapelable. Los que se quedaron son los que ya estaban, ahora bajo el mando de Passalacqua.
Por eso, en los actos y en las ferias del gabinete de campaña se puede ver a inamovibles ministros y funcionarios con más de veinte años en el mismo bailongo. Me podrán decir que son el mejor equipo y que los vienen votando desde 2003. Ok, tienen razón. La misma verdad asiste a quienes observan que el Movimiento lo único que sumó, por el momento, fue a la diputada Rita Flores: una libertaria arrepentida que se fue del estrambótico bloque Por la Vida y los Valores del matrimonio Ríos; milagros que únicamente se dan en el ámbito de la política.
Hasta el momento, lo que se ve —el mensaje que transmiten— es el de la sobre actuación de algunos funcionarios. Como lo fue el primer acto del diputado Juan José Szychowski como presidente del bloque passalacquista denominado “Por lo que Viene”.
El jueves último, durante la sesión en la Cámara de Representantes, Szychowski pidió la palabra para quejarse por los diputados que no van al recinto: “Es muy feo ver una silla vacía, sin que se venga a hablar y debatir. Tenemos que ser claros: nuestra obligación es venir a trabajar y dar la cara”. La única banca vacía ese día era la de Carlos Rovira.
Los otros días, mi colega Luis Huls recordó en X que el heredero de una de las yerbateras más importantes de la provincia pasó de apoyar al PRO a ser funcionario del gobierno de Alberto Fernández en el INYM y después encontró refugio en la Renovación Neo por decisión de Rovira. Creo haberlo dicho: Szychowski es un vivo que no recuerda ni lo que firmó la noche anterior. Un técnico sin preparación ni sentido del ridículo.
No fue hace mucho: un año y dos meses, para ser más exactos. Durante la transmisión en vivo de un programa oficialista llamado Cantón Verde, emitido por un canal de streaming desde la Casa del Militante y debidamente difundido por las pantallas públicas de mi querido canal Doce. Se lo notaba cómodo, distendido, con el micrófono en la mano y abrazado por el calor del entonces Frente Renovador Neo.
“Hay que anticiparse a los tiempos, a los ciclos; hay que tener esa visión estratégica. Hay cierta gente que tiene esta inteligencia y ve lo que se viene”, así se refereía Juan José Szychowski al ingeniero Carlos Rovira, a quien ya había nombrado en tres oportunidades en menos de dos minutos.
Y hasta unos meses atrás, el diputado Szychowski tenía asistencia perfecta en las “previas” del conductor y más adelante aplaudió con fervor las ocurrencias de los oradores del lanzamiento de Encuentro Misionero, que se realizó en la misma Casa del Militante, pero recién pintada para tapar cualquier resabio de la detonada Renovación.
Tropezones de un reacomodo imprevisto, con jugadores poco calificados en lugares clave y serios problemas de comunicación; posiblemente. Un entorno que, equivocadamente, le canta al Gobernador las buenas nuevas por la mañana; tal vez. Algún funcionario que, con cierta precocidad, piensa en el 2031, en un pospassalacquismo sin haber transitado el posrovirismo, eso también hay.
Passalacqua se enfrenta a varios problemas. En su horizonte inmediato, un escenario preelectoral minado de cuentas por resolver. Su reelección depende de eso. Además de la obligación de sostener a flote su gestión por el bien de todos los habitantes de la provincia. Es un político con trayectoria y experiencia; no puede darse el lujo de improvisar en medio de una tormenta. Él lo sabe.
Cuanto más nos alejamos de Rovira, más crece el Movimiento. Eso dicen sus coroneles. La realidad indica que no logran extirpar la duda, tanto que hasta algunos de sus mismos dirigentes de base se preguntan si la cosa es en serio. ¿Qué opina el arriba firmante?
Es cierto. La sociedad se disolvió, de mala manera, entre silencios y viejos rencores. Rovira tiene otra estrategia, con ideas “más cercanas a los tiempos nuevos”; lo que implica un alineamiento más estrecho a la Casa Rosada. Rovira no se va a retirar a sus aposentos parisinos: estará el próximo jueves sentado en su banca y seguirá haciendo política, a su modo, rodeado por sus discípulos, esperando que la historia lo juzgue.
Opinión
Amarilla, el candidato de la tercera posición y su perro Toby
Por Fernando Oz
Retó al gobernador Hugo Passalacqua en mayo de 2024, cuando encabezó una protesta policial por reclamos salariales que se replicó en otras reparticiones del Estado como reguero de pólvora. Un juez de Posadas lo encarceló por los delitos de intento de sedición y conspiración. Desde su presidio, en Cerro Azul, encabezó una lista con la que logró ser electo diputado provincial; y el Superior Tribunal de Justicia ordenó su liberación al reconocer sus fueros parlamentarios: fueron 267 días tras las rejas. Ahora, el suboficial mayor retirado de la Policía, Ramón Amarilla, prepara su candidatura a la gobernación.
Lo hace de manera discreta: reuniones en las afueras de Posadas sin presencia de celulares, máxima cautela con WhatsApp, otros servicios de mensajería y redes sociales. “Esto los va a matar; llevan el enemigo en el bolsillo”, suele repetirles a sus hombres de confianza. Tal vez lo haga de puro paranoico, un persecuta. El diputado cree que el Gobierno sigue sus pasos con espías. “Le sobran los motivos para pensar así: estuvo en cana; hasta eso le hicieron”, lo defienden en su entorno. Pero, además, conoce ese paño. Será por eso por lo que Amarilla únicamente confía en su perro Toby, un caniche que lo sigue a todos lados.
Durante los últimos meses, Amarilla tejió alianzas con sindicalistas, políticos de diverso pelaje, empresarios de la industria forestal y yerbatera, y popes de la Sociedad Rural Argentina. Posiblemente de esas reuniones haya salido que una de las palabras clave que utilizará en su campaña será “producción”. Hablar de producción es intentar entrar por la puerta grande de la chacra, la industria y el malestar acumulado.
“Seguridad” y “fe” serán las otras. Estas dos, tal vez, estén vinculadas con los encuentros que mantiene el diputado con sectores de las fuerzas de seguridad y armadas en “casinos de suboficiales”, y con miembros de la Iglesia Católica en capillas de barrios de diferentes puntos de la provincia. Una estética de cruzada que busca adquirir volumen político.
El dato que lo sostiene no es solamente épico, sino electoral. En las elecciones legislativas provinciales del 8 de junio del año pasado, Amarilla obtuvo el 19% de los votos. Fue un batacazo: se convirtió en la tercera fuerza política de la provincia, detrás del extinto Frente Renovador de la Concordia Neo, que ganó con el 28% llevando a Sebastián Macías como punta de lanza, y de La Libertad Avanza, que se quedó con el 21% y llevó a la cabeza de su lista a Diego Gabriel Hartfield. A los pocos días, el tenista y bróker financiero se entusiasmó tanto que cinco meses después fue electo diputado nacional, tras ganar esa campaña con el 25% de los votos.
Ahora, en este momento, la encuesta de opinión pública más seria —al menos en la que más confío— indica que, si las elecciones fuesen hoy, Amarilla, el agente del caos, alcanzaría un 20%, con un piso de 18%. Números parecidos maneja el diputado provincial Miguel Núñez, uno de sus principales armadores políticos. Un piso de ese tamaño no garantiza una victoria, pero obliga a todos los demás a mirar de reojo.
La primera vez que Núñez fue a visitar al encartado Amarilla en la Unidad Penal VIII se presentó con un cura párroco que solía ir a verlo. “Es mi monaguillo”, dijo el padre. “Y voy a ser diácono”, redobló el diputado con una sonrisa y una Biblia que sujetaba bajo el brazo. Tal vez sea una leyenda. Lo cierto es que el dúo del bloque “Algo nuevo” recorre la provincia buscando adeptos para una cruzada que mezcla resentimiento, fe, disciplina y ambición de poder.
Creen que pueden llegar al gobierno porque “están dadas las condiciones”. Ven al oficialismo provincial sin la misma concentración de poder que en otros tiempos: Passalacqua gestiona y acomoda sus fichas en el tablero electoral, mientras Carlos Rovira aparece como mentor de un espacio que tiene al vicegobernador Lucas Romero Spinelli como figura emergente. En esa lectura, Amarilla intenta presentarse como la astilla que puede incomodar a una maquinaria acostumbrada a ordenar el escenario a su medida.
Tampoco parecen temerle al oficialismo nacional: “Milei está hundiendo a todos; en la chacra no lo ven serio, no hizo nada por Misiones”; “para estar en La Libertad Avanza hay que tener plata, son como una secta”; “Adrián Nuñez recibe ordenes de Buenos Aires, nosotros queremos autonomía”. Son algunas de las cosas que se dicen en el entorno de los dos legisladores de “Algo nuevo”. Diferenciarse de la Casa Rosada y disputar el voto bronca sin quedar atrapados en la marca libertaria.
Mantienen un aceitado diálogo con el radicalismo especialmente con la diputada Rosa Kurtz y con los exdiputados Gustavo González y Walter “Chiquitín” Molina. Hay correligionarios que creen que la idea de utilizar a Amarilla como mascarón de proa no está mal para retomar espacios perdidos, dentro del marco de un gran frente opositor al oficialismo provincial y al nacional.
El que no parece demasiado convencido es el exdiputado y actual presidente de la UCR, Ariel “Pepe” Pianesi. ¿El maratonista estará esperando alguna señal del passalacquismo? Es una pregunta que viene circulando en diferentes mesas políticas, no sólo en la que lidera el policía retirado. En el Cantón, las señales muchas veces valen más que los discursos, y los silencios suelen ser una forma sofisticada de negociación.
Con el PRO, en cambio, el puente está roto desde que las autoridades provinciales de ese partido reclamaron a la justicia electoral que Núñez devuelva la banca por haberla abandonado y armado otro espacio político. La cuestión, tras un reciente fallo del Tribunal Electoral en que se lava las manos, quedó a instancias de la Cámara de Representantes. Aun así, cerca de Amarilla insisten: “También tenemos las puertas abiertas para los del PRO”.
Además, conversan con el diputado Martín Arjol y con lo que queda del puertismo. Por la mesa de negociación también pasaron algunos libertarios como Nicolás Sosa. En tiempos de fragmentación, nadie descarta del todo a nadie.
“Amarilla está empecinado en que el candidato tiene que ser él y únicamente él; no quiere ser segundo. Tampoco se puede llegar a ningún tipo de acuerdo”. Esa fue la impresión que quedó en el PJ del Cantón después de una reunión entre Christian Humada, su hermano César y el policía retirado en el estudio de uno de los bogados más importantes de la provincia. Hay diferentes versiones sobre ese encuentro. ¿Será cierto que el presidente del PJ le propuso a Amarilla ser su compañero de fórmula?
Lo único claro, por el momento, es que Amarilla no estaría dispuesto a resignar el primer lugar. El plan para que el candidato sea el del ingeniero agrónomo y empresario forestal Rafael Scherer, duró poco, se bajó “porque tiene mucho para perder”, argumentan. Aún creen que es muy temprano para hablar de una compañía en la fórmula, aunque los nombres de Kurtz y Arjol aparecen sobre la mesa. El problema, como siempre, no es solo quién acompaña, sino qué garantiza cada nombre: votos, estructura, territorialidad o apenas una foto de unidad.
Con Héctor “Cacho” Bárbaro, líder del Partido Agrario y Social (PAyS), hay muy buena onda, pero ninguna posibilidad de llegar a un acuerdo electoral. Sus diferencias pasan más por lo ideológico que por otra cosa: “ellos son de izquierda, están más cercanos al kirchnerismo, nosotros estamos apuntando a otro lado”, asegura un empresario ultraopositor de la talla de Núñez, ambos sueñan con arrasar el monte nativo para plantar trigo o lo que traiga plata rápido.
Amarilla debería observar los errores que cometió el PAyS. Esa fuerza política, netamente local, tuvo su primer bautismo de fuego electoral en las legislativas 2009, cuando lograron conseguir su primera banca en la Cámara de Representantes. Recién se convirtió y consolidó firmemente como la tercera fuerza política de la provincia en las elecciones legislativas de 2017, tras capitalizar un fuerte respaldo en las zonas rurales e industriales del interior, obteniendo un 12% de los sufragios. Este resultado le permitió posicionarse de manera estable detrás de las dos fuerzas mayoritarias de la época: el oficialista Frente Renovador de la Concordia y la alianza Cambiemos. Posteriormente, en las elecciones provinciales de 2019, el espacio revalidó esa condición de tercera fuerza e incrementó su techo electoral al alcanzar el 12.87% en la categoría de gobernador bajo la fórmula integrada por Isaac Lenguaza y el propio “Cacho” Bárbaro.
Según los registros y las actas de escrutinio definitivo del Tribunal Electoral, el PAyS nunca fue la segunda fuerza política. Su posicionamiento histórico más alto en el conteo de toda la provincia siempre fue el tercer o cuarto puesto.
El sueño de un gran frente o alianza opositor después de más de veinte años de los mismos actores políticos viene siendo recurrente desde hace tiempo, pero la verdad es cruda: la polarización es fuerte, los nombres escasean, y la estructura territorial no siempre alcanza para llegar a toda la provincia.
Amarilla camina sobre una cornisa interesante: puede ser el síntoma de una crisis de representación o apenas una fiebre pasajera de la política misionera. Tiene relato, tiene votos, tiene enemigos claros y empieza a tener interlocutores. Lo que todavía debe demostrar es si puede convertir la épica del detenido que llegó a diputado en una arquitectura de poder capaz de disputar la gobernación. Porque una cosa es encarnar el malestar; otra, mucho más difícil, es organizarlo para gobernar.
Opinión
El agua como excusa para perpetuar el poder de Arauco

Clarisa Neztor
Puente Quemado II reclama agua potable desde hace años. Ahora, en medio de un conflicto territorial abierto con Arauco, el Gobierno de Misiones permite que la multinacional forestal aparezca como responsable de garantizar un derecho que corresponde al Estado. La comunidad rechaza esa intervención y exige una obra pública sin condicionamientos empresariales.
En medio del conflicto territorial que atraviesa la comunidad Mbya Guaraní Puente Quemado II aparece nuevamente el mayor actor del extractivismo forestal en Misiones: Arauco. Esta vez no llega presentada como la multinacional que concentra tierras, expande monocultivos de pino y mantiene un conflicto abierto con la comunidad, sino como una supuesta benefactora dispuesta a resolver el acceso al agua potable que el Estado provincial viene negando desde hace años a la comunidad.
Puente Quemado II reclama agua potable desde hace casi una década. Durante años las familias tuvieron que consumir agua del arroyo Garuhapé que esta contaminado. Los reclamos fueron presentados ante organismos provinciales y municipales y la situación llegó a tal extremo que la comunidad tuvo que solicitar donaciones para conseguir agua y alimentos. En marzo de 2026, además, análisis realizados sobre muestras utilizadas por la comunidad determinaron que no eran aptas para consumo humano por contaminación microbiológica.
Existe una profunda asimetría de poder entre una corporación transnacional y un pueblo indígena que vive en condiciones de extrema vulnerabilidad y reclama la recuperación de su territorio.
Puente Quemado II viene denunciando desde hace años que no cuenta con agua potable, que debe recurrir a fuentes inseguras y que el acceso a un elemento indispensable para la vida depende muchas veces de la solidaridad externa. El Gobierno de Misiones, la Municipalidad de Garuhapé y los organismos provinciales como la Direccion de Asuntos Guaranies y el Ministerio de Derechos Humanos tambien conocen esta situación, estamos frente a años de incumplimiento de una responsabilidad pública.
Son años de abandono sobre una comunidad indígena a la que se le ha negado una obra pública básica mientras, en paralelo, una de las empresas forestales más poderosas de la provincia consolidaba su presencia territorial. Y justamente cuando el conflicto territorial alcanza uno de sus momentos más graves, Arauco aparece dentro de la comunidad acompañada por el Ministerio de Derechos Humanos de Misiones y la Dirección Provincial de Asuntos Guaraníes, en una instancia presentada públicamente como consulta y diálogo para avanzar, entre otras cuestiones, con una perforación de agua.
Quién tiene la responsabilidad de garantizar derechos es el Gobierno, no la empresa. El agua potable es un derecho humano y su provisión forma parte de las obligaciones indelegables del Estado. Una multinacional privada no puede asumir el lugar del Gobierno provincial, mucho menos cuando esa empresa mantiene intereses económicos sobre el mismo territorio donde pretende intervenir. Arauco no es un organismo público, no representa el interés general ni tiene la obligación constitucional de garantizar derechos. Su naturaleza es privada y responde a una lógica empresarial. Permitir que ocupe el lugar que el Estado dejó vacío significa profundizar una relación de dependencia y otorgarle todavía más poder dentro de un territorio indígena atravesado por un conflicto judicial y territorial.
La gravedad aumenta porque Arauco no llega a Puente Quemado II como un actor neutral. La comunidad mantiene desde hace años un reclamo territorial frente a la multinacional y exige que abandone tierras que considera parte de su territorio ancestral. Existen antecedentes que documentan 333 hectáreas reclamadas por la comunidad sobre las cuales avanzaron con monocultivos de pinos. Por eso resulta inadmisible presentar a Arauco simplemente como una empresa que llega a “dar agua” sin mencionar el conflicto que existe entre ambas partes. Esa narrativa elimina el problema territorial, borra la concentración de tierras y transforma a una empresa cuestionada por las comunidades en una supuesta solución social.
En ese escenario, la actuación del Ministerio de Derechos Humanos de Misiones y de la Dirección Provincial de Asuntos Guaraníes ejercen un rol clave de la complicidad estatal con la empresa. Fueron estos organismoslos que facilitaron la presencia de Arauco en una instancia presentada como consulta previa, libre e informada. En vez de asumir el Estado directamente la responsabilidad por la obra, termina habilitando a una empresa privada para intervenir sobre una necesidad que debería haber sido resuelta hace años mediante políticas públicas. Esa decisión no equilibra la relación entre las partes; la profundiza. De un lado existe una multinacional con enormes recursos económicos, jurídicos y comunicacionales. Del otro, una comunidad indígena que reclama agua potable, territorio y condiciones elementales para vivir. Frente a semejante desigualdad, el Estado debería proteger a la parte más vulnerada y garantizar sus derechos, no abrirle nuevas puertas de entrada a la empresa dentro del territorio.
También preocupa la utilización de estas instancias bajo la figura de la consulta. La consulta previa, libre e informada fue reconocida para proteger a los pueblos indígenas frente a decisiones estatales y empresariales que puedan afectar sus territorios. No fue creada para producir fotografías institucionales, legitimar reuniones ni convertir la presencia de una comunidad en sinónimo de consentimiento. Puente Quemado II sostiene que no acordó que Arauco realizara la perforación. Esa afirmación debe ser respetada. Participar de una reunión no equivale a autorizar una obra, y mucho menos cuando existe una relación profundamente desigual y un conflicto territorial todavía abierto.

Mesa de diálogo entre referentes de Puente Quemado II, DDHH, Asuntos Guaraníes y Arauco el 31 de julio.
Estos encuentros tienen un valor especifico para las políticas de sostenibilidad corporativa de Arauco. La empresa publica reportes anuales, mantiene certificaciones internacionales y debe demostrar estándares sociales y ambientales para sostener parte de su posicionamiento global. Las relaciones con pueblos indígenas y los procesos de consulta forman parte de esos marcos. Por eso una fotografía de diálogo con una comunidad tiene un valor empresarial enorme. Alimenta reportes de sostenibilidad, refuerza certificaciones y proyecta una imagen de respeto a los derechos indígenas que contrasta con los conflictos territoriales que las comunidades vienen denunciando. Ahí aparece el escenario concreto del greenwashing: utilizar una necesidad básica como el acceso al agua para construir legitimidad social mientras el problema estructural de la tierra permanece sin resolver.
El Gobierno de Misiones no puede permitir que una necesidad extrema de la comunidad sea convertida en capital reputacional para una empresa extractiva. Cuando se trata de agua potable, salud, vivienda o infraestructura básica, el Estado debe estar presente con recursos públicos, obras públicas y garantías públicas. El acceso al agua potable es un derecho humano. La perforación, la infraestructura, el control de la calidad del agua y el mantenimiento del sistema constituyen responsabilidades que el Gobierno de Misiones debe asumir mediante una política pública.
La asimetría territorial vuelve esta situación todavía más grave. Arauco concentra más de 230.000 hectáreas en Misiones y tiene una presencia dominante en numerosos municipios de la provincia. Frente a ese poder territorial, Puente Quemado II reclama el reconocimiento efectivo de las tierras necesarias para sostener su vida comunitaria, donde gracias a Arauco atraviesa una profunda situación de desigualdad social y territorial.
La comparación muestra con claridad quién tiene capacidad económica, política y jurídica para imponer condiciones y quién depende de que el Estado cumpla con su obligación de garantizar derechos. Por eso la construcción del pozo no puede quedar en manos de Arauco. Debe ser realizada por el Gobierno de Misiones, con financiamiento público, control público y participación real de la comunidad en cada decisión. El Estado debe garantizar la perforación, la calidad del agua, el mantenimiento del sistema y la continuidad del servicio sin condicionamientos empresariales de ningún tipo. Esa es su función y esa es la responsabilidad que viene incumpliendo.
Puente Quemado II no necesita caridad empresarial. Necesita que se respete su territorio y que el Estado haga lo que debe hacer. Necesita agua potable sin tener que negociar con una multinacional que mantiene intereses sobre sus tierras y destruye el ecosistema donde habita. Necesita que la Dirección de Asuntos Guaraníes y el Ministerio de Derechos Humanos protejan sus derechos colectivos y no terminen legitimando la expansión del poder empresarial dentro de la comunidad. Necesita que el Gobierno provincial ejerza su obligación pública.
Lo que ocurre con el agua resume una discusión mucho más profunda sobre el modelo de provincia. Cuando el Estado abandona derechos básicos y deja que una empresa extractiva ocupe ese lugar, no desaparece el poder estatal: se pone al servicio de otra lógica. Se construye una relación donde la corporación gana presencia, legitimidad y capacidad de intervención mientras la comunidad continúa dependiendo de decisiones ajenas para acceder a condiciones mínimas de vida.
El agua no puede convertirse en moneda de negociación dentro de un conflicto territorial ni en una herramienta para lavar la imagen de una multinacional. Garantizarla es responsabilidad del Gobierno de Misiones. Arauco debe respetar el territorio indígena y el Estado debe dejar de entregarle funciones que nunca debieron salir de lo público.
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