Cargando...
La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación lanzó una nueva convocatoria a ex conscriptos para que aporten sus testimonios a los juicios a los responsables de crímenes de lesa humanidad en la Argentina.
Es el segundo llamado que hace el organismo a quienes hicieron el servicio militar obligatorio entre 1975 y 1983.
“Durante la última dictadura cívico-militar, miles de jóvenes que tuvieron que hacer el servicio militar obligatorio fueron testigos involuntarios de los delitos cometidos en dependencias militares y en operativos de las fuerzas represivas en todo el país”, dice el texto de la convocatoria.
“Ante el pacto de silencio de los miembros de las fuerzas armadas y de seguridad, su voz puede ser fundamental para obtener justicia por esos graves crímenes”, argumenta.
De hecho, la primera convocatoria, realizada en 2010 bajo la consigna “El servicio militar ya no es obligatorio; el silencio, tampoco”, permitió recopilar más de 40 testimonios, voluntarios y anónimos, que empujaron el avance de juicios, como la investigación de los crímenes cometidos en Campo de Mayo, en la que sobrevivientes y familiares realizaron las primeras convocatorias a los ex conscriptos.
Los testimonios de los ex soldados ayudaron a reconstruir el funcionamiento de los “vuelos de la muerte” que operaban desde Campo de Mayo, y condenar en 2022 a cuatro jefes militares del Batallón de Aviación 601, del Ejército Argentino.
También, posibilitaron el esclarecimiento y la condena de tres ex oficiales del Ejército por los delitos de secuestro, tortura y homicidio, en el juicio que investigó crímenes de lesa humanidad cometidos en el Regimiento de Infantería Mecanizada 6 (RIM), de Mercedes.
Los hechos ocurrieron durante dos operativos represivos realizados el 14 de junio de 1976 en una casa en Haedo, donde fueron secuestrados Pedro Oscar Martucci y Rocío Ángela Martínez Borbolla, que continúan desaparecidos; y el 10 de julio siguiente, en una casa de San Andrés, partido de San Martín, en la que fueron secuestrados y torturados Pablo Pavich y otra persona sin identificar, y fue asesinado Jorge Emilio Arancibia.
Los testimonios sirvieron también para probar la planificación y participación de diferentes destacamentos militares y policiales en la masacre de “La Pastoril”, una quinta ubicada en Moreno, el 29 de marzo de 1976, donde se produjo el secuestro de ocho militantes y el asesinato de otros siete.
La campaña, titulada "Fui colimba", ocupa un espacio destacado en el sitio web de la Secretaría de Derechos Humanos, con entrevistas a tres ex conscriptos y videos animados realizados a partir de sus declaraciones en los juicios.
El material recoge los testimonios de los ex soldados Manuel Almirón, Raúl Fernández y Rubén Danilo Núñez, que aportaron detalles estremecedores de los vuelos utilizados por los militares para deshacerse de los cuerpos en el mar.
En el video, Almirón recuerda y declara en el juicio por los vuelos de la muerte del batallón 601 en Campo de Mayo.
Habla de un fogón de conscriptos, la noche que el sargento Castillo se pasa de copas y cuenta, suelto de lengua sobre los vuelos.
Recuerda otra noche, en que espía por la hendija del portón de un hangar. “Miro, y adentro había como treinta personas más o menos; muchachos desnudos, chicas embarazadas; algunas de cuclillas, otras paradas”, relata.
Fernández, ubica en el mapa el lugar exacto, en la cabecera de la pista, donde muchas veces encontró ampollas y frasquitos de Ketalar, una droga utilizada por la tripulación de los vuelos para adormecer la carga de detenidos conducida a la muerte.
Sus declaraciones permitieron ubicar con precisión el Centro Clandestino de Detención (CCD) conocido como “El campito”.
El testimonio de Núñez, recogido en los microrrelatos disponibles en el sitio, también transcurre de noche.
“Habíamos terminado la cena, nueve o diez de la noche; queríamos tomar una bebida, entonces salí y fui al kiosco de los bomberos a comprar. Ni bien entré, se cortó la luz en todo el sector, inclusive en nuestro hangar y también la de la calle”, relata Núñez.
“Quise volver. Un bombero me dijo: ‘No, no, esperá’. Hubo corridas, yo me quedé en la oscuridad. Al rato, salí por la puerta de atrás y ahí fue cuando vi que aterrizaban dos Fokker en la pista”, continúa el ex soldado.
“Vi claramente las letras del avión: Fuerza Aérea”, agrega.
“Alcancé a ver que descargaron como unas jaulas, parecían de madera, y las ponían en el playón”, recuerda.
“Oía un murmullo de los que estaban en el avión. Ahí, había solo oficiales y suboficiales. No sé qué era, pero se notaba que intentaban hacer lo que estaban haciendo lo más silenciosamente posible”, describe.
Dice Núñez que era común que los soldados comentaran que “en los aviones Twin Otter llevaban gente para matarla”.
“Lo comentaban otros soldados también que estaban más cerca de esos aviones”, afirma, y dispara: “Adentro de las jaulas me pareció que había personas”.
&t=2s