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Ricardo Rodríguez, el misionero que sigue a La Renga por todo el mundo

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Ricardo Rodríguez (47) es un posadeño que siguió a La Renga por todo el país y el exterior. Luego de asistir al concierto de Comodoro Rivadavia a fines de septiembre, se prepara para ir por ellos a Mallorca, Nápoles y Madrid, donde el popular grupo de rock tiene fechas por cumplir, entre el 16 y el 23 de octubre.

El misionero trabaja como taxista en Buenos Aires, la ciudad en la que reside hace 38 años, y no se pierde ningún recital que él, como los más acérrimos seguidores, lo llaman “El banquete”, según remarcó a La Voz de Misiones.

“Mi vieja nos puso ‘Los sin familia’, porque somos un grupo de quince pibes que vamos a todos lados donde podamos. La mayoría trabaja por su cuenta. Yo tengo un taxi y antes tenía un kiosco. Llega el fin de semana y es un cable a tierra. Antes nos movíamos en colectivo. Donde toque La Renga estamos organizando en cuántos autos vamos”.

De gira en Ushuaia, en 2023. Era la única provincia que le faltaba llegar a La Renga

A comienzos de los 90′, Ricardo pasó a ser una cara frecuente entre el público, y de esa manera, consiguió hacerse amigo de los hermanos Gabriel Tete y Jorge Tanque Iglesias, el bajista y el baterista de La Renga, respectivamente. De esa manera y con los años consiguió hacerse un lugar entre los privilegiados ensayos que suelen celebrarse en la quinta que tiene la banda en Ezeiza, donde se arman las giras que luego se anuncian.

“Cuando se separa Hermética como que quedé huérfano, y una amiga me dice ‘vamos a ver a una banda que se llama La Renga'”, uno de los tantos nombres que aparecía en los clasificados del diario Clarín. Viajaron a González Catán, y desde entonces comenzó la especial devoción que se hizo una costumbre.

“Son un montón de sentimientos”, dice al borde del llanto. “Imaginate. Vine de Misiones que hasta ahora extraño. Pasaron 35 años. De hecho, todos los años voy. En ese tiempo perdí a mi viejo. Ya no está más. No lo tengo. Pero es como que hay un montón de cosas que genera. Somos tres amigos que, si no hay fecha, nos ponemos tristes. El hecho de juntarse, de conocer las provincias del país que tenemos, que es divino”.

Juventud. Ricardo y su hija con Tete Iglesias, el bajista de La Renga

Ricardo es hincha de River Plate pero se alejó del fútbol porque “hay mucha violencia“, según admitió. “A veces digo ‘mirá la gente que viaja, que va a ver fútbol’. Y yo hago lo mismo. Lo más lindo es que comparto asados, fernet y la música. El repertorio más o menos conocemos. Pero la previa, antes de entrar al show, antes de que se apaguen las luces, eso es lo que te incentiva a seguir viajando. Tengo amigos que se fueron a Ushuaia en moto. Yo he viajado a Bariloche en moto. Pero, por los problemas de cadera que tengo, mucho no puedo viajar en moto”.

Entre las millas  acumuladas por Ricardo figuran destinos como Chile, Paraguay y Uruguay, así como México, España e Inglaterra. Ya visitaron todas las provincias y el seguidor posadeño vino para las tres veces que la banda del Chizzo Napoli desembarcó en Misiones en el Club Tokio, el Atlético y la cancha de Guaraní.

@lavozdemisiones

Ricardo Rodríguez. El posadeño que siguió a La Renga por todo el país y el exterior. Luego de asistir al concierto de Comodoro Rivadavia a fines de septiembre, se prepara para ir por ellos a Mallorca, Nápoles y Madrid, donde el popular grupo de rock tiene fecha, entre el 16 y 23 de octubre. LaVozdeMisiones LaRenga Misiones Rock

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Los únicos recitales de La Renga que se perdió Ricardo son los que tuvieron lugar entre los años 2000 y 2004, porque había nacido su única hija, que hoy tiene 24 años. Justamente, el concierto que más recuerda es el que asistió con su niña, cuando apenas tenía cinco años.

“Eso fue 2006, en la cancha de Newell’s. De hecho, nosotros comíamos asados adentro (en el estadio) y venía el bajista, el baterista. Después de que pasó lo de Cromañón no nos dejaron más”.

Hay dos canciones que son las favoritas de Ricardo. “La que más me identifica es ‘El juicio del ganso‘: creo que todo el tiempo uno anda en la cornisa, de tanto confiar en tu suerte. La metáfora es así, capaz que acá en Buenos Aires se vive, están todos locos los porteños. Decí que no enganché esta onda, soy bastante tranquilo a pesar de que ando en la calle”.

En tanto, la segunda canción que elige el misionero es “Hablando de la libertad“, que “es un himno”, dice. “Está bien hecha la metáfora, creo que el rockero también es así, que la gente siempre está al filo”.

Con Tanque y Tete. Al centro Ricardo, en una de las viejas giras por el país

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Juan Bustos, el santiagueño que canta en la 9 de julio: “La música me salvó”

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“La música me salvó la vida”, dice el santiagueño Juan Bustos. Toca de negro en una esquina de la plaza 9 de julio. Se ciñe con un cinto tradicional de monedas y con un poncho de tela blanca a modo de capa que engancha en su espalda con un pin. Su potente voz resuena mientras los autos pasan prudentes por la calle adoquinada.

Cuesta imaginar al hombre que hace la “chacarera de la Tierra Colorada” vestido como guardia cárcel en Santiago del Estero, el uniforme que colgó tras los tormentos mentales que sufrió tras un motín de 2007, en el Penal N° 1.

Por aquel episodio murieron 33 internos, la mayoría asfixiados por el humo tóxico del incendio. Tres de sus compañeros penitenciarios fueron condenados por distintas responsabilidades y ningún director quedó imputado.

“Quedamos en ese motín, dos días encerrados ahí, peleando con ellos”, reconoció Juan. “Después se empezó a enfermar psicológicamente cada uno después de todo eso. El gobierno nos abandona, y se han matado dos compañeros. Se han pegado un tiro. Yo estaba a punto de lo mismo. Estuve con problemas psicológicos graves”.

Por eso insiste Juan que la música lo salvó. Se aferró a la guitarra y su canto durante los siete años siguientes en el paseo Balcarce de la provincia aledaña de Salta, allí donde están todas las peñas folklóricas más importantes de La Linda.

De esa manera se conectó con importantes músicos salteños, incluso con Martín Quipildor, el hijo de Zamba Quipildor, con quien compartió largas noches de guitarreadas. “Por eso no me corrían, porque hay una rivalidad entre santiagueños y salteños por el folklore. Los dos somos muy tradicionalistas”, acotó el cantautor.

Juan tiene la barba tan bien recortada que parece pintada. Se pone su sombrero y canta para los transeúntes que dejan unos billetes en su gorra. “En otras provincias no te dejan hacer la calle. Me deja la policía”, admite. Estuvo de gira once meses por distintas partes del país y regresó a la misma plaza posadeña que conoció en 2019, cuando llegó desde el sur de Brasil.

“En un tiempo he sido eso, un bohemio musiquero, que iba cantándole a cada lugar que le gusta. Nunca había hecho música del Litoral, hasta que me vengo de Brasil. Estuve viviendo en Itapema tres meses, y de ahí, cuando bajo, conozco por primera vez Posadas. La música de aquí no tenía ni idea. Sigo investigando”.

Juan logró conectarse con Posadas y “cuando menos me di cuenta he tenido 300 personas en la Peña Itapúa. Luego, en la peña del Club Ucraniano tuve 450 personas. Fue para el primer “Chacarerazo de la Tierra Colorada“, festival que se declaró de Interés provincial y Cultural. Eso fue muy grande para mí. Es muy grande para mí después de la lucha”.

“Con Ecos de Tradición somos ganadores de la “Peña Chaloy Jara“. En 2020 hemos subido al Festival del Litoral. De otra manera era imposible que subiera al festival, salvo que sea un grupo nacional conocido. A todos los grupos de folklore de acá les cuesta muchísimo subir al festival del Litoral“, reconoció.

“Aquí ha nacido Alto vuelo, que ahora ha dejado de tocar”, dice por el dúo que formó en Posadas con Gisela Medina, quien venía de tocar música clásica y dio un paso firme para hacer folklore, con canciones que tienen videoclips de muy buena calidad en YouTube.

“Ahora son los jóvenes los que están con el folklore. Es increíble. Todos bailando en una academia. Y la verdad es que volver a la plaza, tenerlos cerca, que todos los días me estén subiendo a las redes sociales, videos a Tikok. Para mí, que soy una persona madura, que recién esto se este dando por ese lado; es una lucha. Es perseverar”, reflexiona y asegura además ser una persona con suerte.

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Iván Noble cantará en Posadas el 8 de agosto y sus entradas están a $ 40.000

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Iván Noble regresará a Posadas el sábado 8 de agosto, a las 20.30, con el show “Canciones traspapeladas” al auditorium Montoya, con entradas online que se venden a $ 40.000.

“Es un show de canciones que, por misteriosos motivos, había dejado de cantar desde hace largo tiempo”, dijo Noble sobre su gira. “Revisando un poco mi historia me doy cuenta que he sido abandónico y descuidado con muchas de ellas; así que decidí sacarlas ‘del cuarto cajón de la cocina’ y llevarlas de nuevo al escenario”.

La última visita de Iván Noble a Posadas ocurrió el 13 de abril, también en el Montoya, junto a Rubén Casco en el piano. En ese momento trajo consigo el show “Pianissimo”, poco después de la reunión que tuvo con su antigua banda: Caballeros de la Quema.

Este nuevo tour de Noble por el país tiene fechas agotadas en Cariló, La Trastienda, con presentaciones realizadas en Córdoba Capital, Río Cuarto y una gira internacional prevista en mayo por España (Madrid, Valencia, Málaga, La Coruña, Barcelona, Sevilla).

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Se cumplen 90 años de La Masacre de Oberá: “Fue silenciada en la sociedad”

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Este domingo se cumplirán 90 años de la Masacre de Oberá, ocurrida el 15 de marzo de 1936, cuando más de 300 de colonos en protesta pacífica por el precio de la yerba y el tabaco fueron atacados a balazos por la policía misionera en compañía de grupos civiles.

Es “un hecho marginal en la historia oficial”, remarcó a La Voz de Misiones la historiadora Silvia Andrea Waskiewicz, autora del libro “La masacre de Oberá”.

En conmemoración del nonagésimo de aquel episodio, se desarrollará este domingo en la plaza Malvinas de Oberá un acto que organiza la municipalidad con una participación previa de actividades artísticas, desde las 18, con el grupo de teatro comunitario La Murga del Monte.

Para las autoridades municipales, será “un encuentro destinado a reflexionar y mantener viva la memoria de este acontecimiento ocurrido hace nueve décadas”, indica el comunicado oficial.

“Llevá tu silleta a la plaza, y sumate a participar de los talleres, feria, intervenciones artísticas y micrófono abierto. Sumate al grito colectivo”, invita por su lado La Murga con la leyenda “¡Minga que nos vamos a olvidar!”.

En ese sentido y con una escena teatral, La Murga de la Estación “fue la primera institución en representar la Masacre de Oberá”, admite Waskiewicz por “Misiones Tierra Prometida”, la obra que estrenó en Posadas, en 1999, y que en parte recordaba el tiroteo a los colonos.

Con el tiempo, otras revisiones artísticas retomarían el tema, como el documental “Quieta non movere”, de Lucho Bernal; o la docu-ficciónBasilicia”, de Gastón Gularte y Adolfo Pérez Carbonell, que indaga en la historia de la adolescente asesinada en esa marcha de 1936.

“Se está recuperando la memoria”

“Si bien la masacre fue un acontecimiento crucial en las luchas de los productores agrarios misioneros, lamentablemente hace muy pocos años existían muy pocas referencias sobre ella en la propia historiografía regional”, reconoció Waskiewicz.

“Era un hecho ignorado, marginal en la historia oficial de Oberá. Y gracias a estas últimas dos décadas la Masacre comenzó a hablarse en la historia oficial. Los relatos que circulaban en Oberá tenían que ver con la fundación, la llegada de los primeros inmigrantes, la organización de sus primeras instituciones de gobierno. Pero la masacre era silenciada en la sociedad”.

No obstante, “más allá de que este acontecimiento fue silenciado, hoy, a dos décadas, estamos celebrando esta conmemoración, porque de alguna manera estamos poniendo en valor, reflexionando lo que pasó aquel 15 de marzo de 1936. E inclusive en estos últimos cinco años, no solo los medios de comunicación, sino también en ámbitos educativos se conmemora la protesta o se realizan actividades para recuperar la memoria”.

Según explicó la historiadora La Masacre de Oberá debe comprenderse en un contexto nacional, porque se trata de “la década de un gobierno autoritario”, bajo el gobierno de Agustín Pedro Justo, en una época denominada como la Década Infame, que había depuesto al presidente Hipólito Yrigoyen.

“Lo que sucedió a nivel nacional se plasmó en la región y Misiones, a partir de dos gobiernos autoritarios, que son los encabezados por Carlos Acuña y Agustín Vanasco. El primero gobernó el Territorio entre 1930 y 1935; y Vanasco entre el 35 y el 38. A eso se suma el contexto de ese gobierno que vio con preocupación, principalmente a comienzos del Siglo XX, al accionar del movimiento obrero y el lugar relevante que ocuparon los dirigentes en las protestas sociales”.

Es que los dirigentes, muchos de ellos extranjeros que llegaron a poblar el país, llamaban a organizar el movimiento obrero, bajo doctrinas del anarquismo o el comunismo ante la explotación laboral a la que eran sometidos los trabajadores, en condiciones que eran análogas a la esclavitud.

Es por eso que, bajo el gobierno de Julio Argentino Roca, “se implementa a principios del Siglo XX la Ley de Residencia o la Ley de Defensa Civil”, recordó Waskiewicz.

De esa manera, funciona “para expulsar del país a los dirigentes considerados peligrosos. Y, justamente, esa Ley de Residencia en el 37 -tengo las fuentes- la Justicia decreta que los dirigentes agrarios, de quienes se supone eran los organizadores de la protesta por parte de los colonos, el Estado los expulsa basándose en esa ley”.

Entre esos colonos que protestaron de manera pacífica por mejores precios de sus producciones agrícolas había “diferencias inter-étnicas”, subrayó la historiadora.

“Porque Oberá estaba constituida desde su fundación con inmigrantes europeos más hegemónicos y una colonia que estaba rodeada por otras empobrecidas, como Ameghino, Los Helechos, Zamambaya y Guaraní. Son justamente los colonos que se dedican a la producción de la yerba, el tabaco y organizan la marcha de aquel domingo”.

“Hombres, mujeres, niños, a pie, a caballo, en los carros polacos, en sulkys; ucranianos y suecos, blancos-rusos y argentinos y paraguayos. Al pasar frente al cementerio, una descarga cerrada de fusilería, hirió, mató, dispersó”, cuenta por su lado Alfredo Varela, el célebre autor de la novela “Río oscuro” y de “La Masacre de Oberá” (1941), la primera documentación sobre aquel episodio.

“Entre una confusión terrible, los sobrevivientes fueron acorralados y presos, perseguidos por los montes y baleados, violadas las mujeres, las rusitas y polacas de rubias trenzas, las niñas no florecidas aún. Después fueron asaltadas las chacras, saqueadas, robados los animales o dispersos por el monte. Fueron las palizas en la comisaría, el terror”, indica Varela en su libro cuando aún faltaban varios años para la conformación del Movimiento Agrario de Misiones (Mam), perseguido a muerte por el Golpe Militar que el 24 de marzo cumplirá 50 años.

No hay una cifra exacta de la cantidad de muertos, aunque se cree que hubo entre más de 100 heridos por armas de fuego y armas blancas. “Lo único que puedo confirmar es que las partidas de defunción halladas en el registro de las personas testifican que los fallecidos como consecuencia de la represión fueron Basilicia Savinsky y Juan Melnik”, precisó Waskiewicz.

“Si bien las fuentes periodísticas de los días posteriores al enfrentamiento -continuó la historiadora-dan cuenta de que existiría un nombre, Nicolás Aleferzuk, que había fallecido en la protesta, no existen evidencias probatorias que digan, que realmente había sido asesinado ese día. Además, las fuentes periodísticas también relatan, y eso sí se pudo confirmar por los testimonios y las fuentes orales de la época, que muchos de estos colonos fueron llevados a la comisaría de Oberá, la más antigua, frente a la iglesia, y estuvieron presos durante varios días”.

Waskiewicz recorrió tres cementerios obereños, buscando tumbas que reflejaran que existía otro colono enterrado. “Hemos encontrado únicamente la tumba de Iván Melnik, que en su lápida dice: asesinado el 15 de marzo de 1936”.

Mientras colonos comenzaron a recuperar su libertad gradualmente, por aquella masacre se inició un proceso judicial contra efectivos de la policía de Misiones.

El 24 de abril de 1936 el juez Colman Lerner ordenó la detención de los involucrados, entre ellos el comisario Leandro A. Berón e integrantes de la dotación de la comisaría de Oberá: el sargento Miguel Toledo, el cabo Francisco González y los agentes Claudio Rodríguez, Ángel Osorio, Cleofe Cantero y Trifón Fernández.

El comisario Berón permaneció solo seis meses preso en Posadas y, algunos años más tarde, la Justicia lo condenó a pagar una multa de 500 pesos por “incumplimiento de sus deberes como funcionario”.

Pero después Berón continuó dentro de la fuerza y hasta asumió la jefatura de la comisaría de San Ignacio, en Misiones. Asimismo, tres años después del proceso judicial, el agente Cleofe Canteros seguía desempeñándose en la institución policial.

 

“Basilicia”, sobre la masacre de Oberá, se estrenará en abril en Buenos Aires

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