Cultura
Recuerdos del “Zorzal misionero”: se cumplen 20 años sin José Vicente Cidade

Se cumplen veinte años sin José Vicente Cidade, uno de los máximos referentes de la música misionera. Tal vez todavía cantaban los zorzales a las 9.30 de aquel 12 de julio de 2005 cuando, a los 75 años, dejó de respirar.
Dejó un legado que vive en la cultura, tal como la identidad plena de una esquina posadeña que lo recuerda todos los días en el Centro Cultural que lleva su nombre, por Belgrano y General Paz.
Con un apellido artístico, su hermano Ramón Ayala, consiguió gran notoriedad como el más importante músico de Misiones, aunque no por ello Vicente Cidade es menos imprescindible en la historia. Juntos crearon obras maestras como “El Mensú”, “El Jangadero” o “Canción del Iguazú”.
Con el talento de un arreglista, compositor y multi-instrumentista, Cidade, fue hacedor de piezas clave de la música regional, como “El zorzal tempranero”, una de las más de 300 composiciones -algunos dicen 360 y menos de la mitad grabados- que reunió desde que se formó como músico en Buenos Aires Aires y volvió para su reconocimiento definitivo en la Tierra Colorada.
Justamente, en Buenos Aires, Cidade fue el anfitrión de un reducto sustancial del folklore hace sesenta años: en 1965 abrió la peña “El Hormiguero”, luego “El Hormiguero del Rey”, al mudarse a Paso del Rey, en 1973.
Ese espacio ganó su renombre porque cantaron músicos emergentes y figuras que consiguieron la consagración, como Mercedes Sosa, Argentino Luna, Zamba Quipildor y María Helena. Aún era la época dorada del folklore en el país, cuando ya era popular la canción “El Mensú” (de 1956), obra que también grabarían en sus álbumes Horacio Guarany y la Negra Sosa.
Recién en 1987 Cidade volvería para afincarse definitivamente en Misiones, con claras intenciones de seguir componiendo y divulgar su arte en nombre del terruño que lo vio nacer, aunque también para forjar amistades, nuevos romances y -por sobre todas las cosas- para acompañar a su hermano, con quien soñaba ofrecer un show juntos en el Festival Nacional de la Música del Litoral.
No obstante, en esa vuelta como un Hijo Pródigo, Vicente cargaba con serios problemas de salud. El Zorzal Misionero vivía en Garupá cuando lo internaron por 17 días en un sanatorio posadeño hasta que falleció.
Dos meses previos, había mostrado decaídas muy notables. Para entonces, su cuerpo había resistido un derrame cerebral y un infarto, y su frágil corazón latía gracias a cuatro by pass.
“He sido un receptor del creador, hasta cuando duermo escucho la música en mi cabeza. Por eso estoy tan agradecido”, dijo en su momento el propio Cidade, según escribió la periodista Mecha Villalba.
“No me achicó el paso de la enfermedad o la injusticia, tampoco sé si tuve bajones, o en realidad fueron escaladas de ascenso, sigo creando, estoy en lo mío, con mi gente”, había añadido el El Zorzal Misionero, un apodo que se había ganado hasta el fin de sus días, el 12 de julio de 2005.
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Oda al al trabajador
“Era un bohemio hermoso”, lo define Nene Ciciolli, músico y que compartió una larga amistad con Cidade, con quien además cantaba por diversos lugares de la región.
“Tocaba teclado, violín, guitarra, percusión. Enseñaba vocalización. Él tenía la costumbre de tener siempre un papel y un lápiz en la mano, en el saco, por algún lado, donde dejaba escrito lo que se le ocurría. Y si tenía tiempo le hacía el pentagrama, dibujaba, y al rato te mostraba y te cantaba lo que se le ocurrió”.
Así compuso un día, bajando de madrugada por una calle céntrica de Posadas, en dirección a la avenida Sáenz Peña, donde escuchó a un pájaro cantar. Anotó, y luego le dio forma con el violín a “Zorzal tempranero”, una de las galopas más importantes de la música misionera.
“Siempre le escribió al río, al obrero, al trabajador, al paisaje, a la mujer misionera, a la mujer paraguaya”, remarcó Nene a La Voz de Misiones. “Creo que fue una persona muy importante y reconocido muy tarde. Porque, lo que hizo por nuestra cultura, fue conocido muy poco”, lamentó Ciciolli.
Es que El Zorzal Misionero tenía una mesa gigante donde estaban todas sus composiciones, algunas inconclusas, como “Jesús, música y luz”, inspirado en los Evangelios.
“El escritorio de Vicente era un mundo de canciones, de proyectos, de versos. De canciones sin terminar, todo cosas que ojalá no se haya adueñado gente que no le corresponde”, apuntó Nene.
De lavar copas al conservatorio de música
El 22 de enero de 1922 nació en Posadas José Vicente. Pocos años después, quien de adulto llevaría el apellido Ayala, llegaba a Buenos Aires agarrado de la mano de su hermana Julieta y la madre de ambos, Dolores de Morel.
Gumercindo Cidade, el padre de la familia -que era panadero y fue cónsul argentino en Brasil- había muerto frente a Ramoncito de una grave enfermedad hepática. Entonces la viuda debió ganarse el pan en la Gran Ciudad, mientras el pequeño José Vicente quedaba a cargo de una tía en Misiones.
De esa manera, creció soñando con Buenos Aires, donde estaba su familia y particularmente su admirado hermano. Entonces, un día se escapó de su tía cuando tenía unos quince años para subirse al tren y, al bajar, se puso a trabajar duro en un frigorífico, primero, para por último conseguir un puesto de lavacopas en un bar.
Justamente, el bar significó el lugar fortuito para lo que sucedería después, porque su jefe, Eduardo González Huber, le escuchaba silbar canciones mientras lavaba las copas. Huber era un violinista que le propuso obsequiarle el mismo instrumento si estudiaba.
“El patrón no sabía que él no sabía leer y escribir. ‘Te voy a dejar salir más temprano. Acá a la vuelta hay una nocturna’, le dijo. Vicente era como esas personas dotadas, inteligente. Tres años y monedas le llevó terminar la primaria, todo acelerado. Era muy inteligente”, recordó Ramón Rolón, que fue amigo del Zorzal Misionero y con quien compartió la fundación de la Orquesta Municipal Posadeña y el grupo Posadas Marangatú, ganador de un premio Arandú por su labor musical.
De esa manera y tras culminar la escuela nocturna luego de lavar las copas, Cidade se formó en el Conservatorio de Música Silvestri, del barrio porteño de Barracas. Asimismo, estudió profesorado orquestal en la escuela municipal de Avellaneda; y, por su talento en el violín, integró las orquestas sinfónicas de Buenos Aires, de La Plata, La Camerata Mayo y la Sinfónica de San Pablo, en Brasil.
Ramón recordó que el autor de “Zorzal tempranero” fue un “analfabeto hasta los quince años. Porque su papá murió muy jovencito y él se crió con una tía en San José. Era brava, decía Vicente. Ramón ya se había ido a Buenos Aires con la hermana, la mamá. Ramón ya era un músico. Era la guitarrista de Margarita Palacios. En aquella época era la Mercedes Sosa”.
Como creador e instructor de música para voces, teclado, guitarra, violín y percusión, “fue una persona incomprendida, porque era muy misionero-dice Rolón-. Pintaba Misiones. Porque las obras de Vicente eran para escuchar y analizar, era algo serio. No es que tocaba así nomás, tenía un contenido poético muy rico”.
Para poner un ejemplo, el exdirector artístico de la Orquesta Municipal explicó que era un protector de ritmos misioneros, como la galopa. “Toquen chamamé, si quieren. Pero vayan a tocar en el municipio de San Carlos, Corrientes. Nos paga la municipalidad de Posadas y es para defender lo nuestro”, decía a sus pares de la orquesta.
En el haber quedaron cuantiosas obras que poco y nada volvieron a interpretarse, como “Un ala para dos pueblos”, según recuerda Rolón sobre la obra que Cidade creó pensando en el Puente San Roque González de Santa Cruz.
Un “Bandolero del amor”
Vicente Cidade “era una persona muy correcta, muy romántica. Eso es lo que me conquistó. Yo, por lo visto necesitaba”, confesó Nidia Ciciolli, quien fue pareja del músico en Posadas. A ella le dedicó dos de sus canciones: “Bandolero del amor” y “Nidia no sabe mentir”.
Según recordó Nidia, Cidade “vino de Buenos Aires porque él quería que acá lo conozcan. Porque nadie sabía que él era hermano de Ramón Ayala, por el apellido. También quería acompañarlo a su hermano”.
De esa manera, al retomar contacto con Misiones, “enseguida tuvo la suerte que la gente fuera cariñosa con él. Porque él era de buscar a la gente también. Era muy cariñoso con la gente”, remarcó Nidia.
Ambos se conocieron en el cumpleaños de Nidia. Él llegó con otro músico para cantar, y le pidió prestado un teclado para practicar, la antesala de la relación que luego mantuvieron. En esa época le contó que había llevado en tren a Buenos Aires un tacurú para colocarlo en la peña “El Hormiguero”. Cuando estaba en pleno viaje, los insectos del tacurú salieron en gran cantidad, como para sorpresa de muchos y el espanto de algunos pasajeros.
“Era una persona que tenía mucha gracia, mucha simpatía. Y bueno, era un momento que yo necesitaba a alguien muy gracioso y simpático”, admitió Nidia, quien acompañó a Cidade en complicados momentos de salud y en plena soledad, en un tiempo donde tenía poco contacto con sus hijos.
Uno de los más grandes anhelos de Vicente Cidade era cantar con Ramón, su hermano, en el Festival Nacional de la Música del Litoral, algo que, circunstancialmente, según recuerda Nidia, no sucedió. “No pudo cantar con él. Ese era su sueño”, lamentó.
En nombre del obrero
Un año antes de su muerte, Cidade recibió el Mensú de Oro, la máxima distinción que otorga el Festival del Litoral. Para ese momento, intentaba salir adelante con su delicada salud. En ese camino accidentado se había fortalecido con las notas de su pentagrama, y ni siquiera la Dictadura pudo callarlo del todo, pese a que prohibieron su obra durante siete años, particularmente por “El Mensú”, que compuso a los 19 años con su hermano Ramón.
“El Mensú” se inspiraba en el más apenado trabajador, tal como “El Carbonero” -que grabó Víctor Heredia y La Negra Sosa– que dice en su letra “para el pobre es más duro el invierno”.
Asimismo, tal vez recordando esos días de duro trabajo en los frigoríficos porteños, Cidade también compuso “Corazón obrero”: “Motor de vida y amor, trabajador corazón. Si paras tú, se morirá el universo”, dice el estribillo de la canción que grabó Nene Ciciolli.
En sus creaciones como “Islerita”, “General Indio” y “A Misiones mi tierra”, retrató los colores de la identidad misionera a pura poesía. “(…) Costera, ceibo en flor de la ribera, leñadora y lavandera, hija fiel del Paraná. Costera, no esperés en la escollera que la lancha maderera tal vez nunca volverá”, dice la galopa “Costera”, la pieza de Cidade que interpretaron en todo el mundo y se sigue estudiando como una gema de la música litoraleña, tan valiosa como su propio autor.
Ramón Ayala: El niño que robó una guitarra y que cautivó a Mercedes Sosa
Cultura
El dúo Lira Verá cumple veinte años y lo celebra con música, humor y feria

Lira Verá, el dúo posadeño que integran Anahí Giménez y Susana Villalba, cumplirá veinte años y lo celebrará junto a amigos e invitados el sábado 6 de septiembre, en el Parque de la Ciudad, con un recital abierto y una feria artesana que comenzará a las 16 y se extenderá hasta las 22.
Se contará con la actuación de Reciclocirco, habrá taller de danza y una feria gastronómica. La idea es compartir una jornada de música y humor, fiel al estilo de Lira Verá, junto a una serie de invitados que se sumarán a tocar ese día junto a las artistas que suelen ser protagonistas en la Fiesta Nacional de la Música del Litoral y la Fiesta Nacional del Inmigrante.
En estos veinte años, Villalba y Giménez han salido de gira por países como Italia, Bélgica, Polonia y República Checa, además de otras ciudades, como Buenos Aires. Ahora sueñan con viajar a Costa Rica, un plan que prepararan realizar próximamente.
Para el concierto abierto del 6 de septiembre, las Lira Verá planean exhibir imágenes de sus giras, así como realizar sorteos entre los presentes. Si bien ambas artistas son conocidas y queridas en el Litoral, Anahí tuvo trascendencia nacional cuando fue conocida como la “Adele misionera” por Canal Trece, cuando participó del reality show “Soñando por cantar”, en 2012.
Cultura
Chango Spasiuk puso música a filme que denuncia depredación en la Antártida

Luego de seis exitosos documentales que les dio 66 premios internacionales, los hermanos Joaquín y Julián Azulay estrenaron anoche en el Teatro Coliseo, de Buenos Aires, su nuevo filme “Antártida dominio uno”, que cuenta por el relato de Ricardo Darín y música del Chango Spasiuk.
Conocidos como los Gauchos del Mar, los Azulay filmaron esta nueva historia en la gélida Antártida con el fin de denunciar la depredación del krill, el crustáceo que alimenta a buena parte de la fauna marina. La pesca industrial es la que depreda al crustáceo que sostiene la biodiversidad del fondo marino, encargado de regular la temperatura de los océanos.
Los Gauchos de Mar fueron en la búsqueda de ola más austral del mundo para surfear entre lobos marinos y apoyar la creación del área de protección marina con impactantes imágenes del desierto blanco.
La función de estreno en el Teatro Coliseo estuvo a sala llena, contó con la presentación de Marcela Kloosterboer, y la asistencia de Darín, el Chango y el equipo de científicos que acompañó en la cruzada a los hermanos surfistas.

Estreno en el Teatro Coliseo. El Chango, rodeado de los Guachos del Mar, los hermanos Azulay
Los Gauchos del Mar llevaron sus tablas para aventurarse en una región inhóspita pero que guarda la presencia de un ecosistema sustancial. Justamente, la Argentina y Chile presentaron en 2018 el proyecto para que el Dominio 1 sea un Área Marina Protegida de 670.000 kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos juntas. Ahora, con el filme, buscan reactivar la campaña y recolectar firmas para ese fin.
En su primer largometraje, los hermanos Azulay recorrieron la costa del Pacífico, desde Los Ángeles hasta estas latitudes; y en el segundo transitaron por la Patagonia chilena y argentina hasta embarcarse hacia la Isla de los Estados. La tercera película los mostró a pie durante 53 días por la fueguina Península Mitre.
Para esa aventura, consiguieron 160 mil firmas y la zona se convirtió en Área Natural Protegida luego de que el proyecto durmiera 30 años en la Legislatura de Tierra del Fuego. Luego llegó “La ola sin fronteras”, en las Malvinas; y “Territorio africano I y II”, una expedición antropológica de 22 meses por ese continente. Como en “Antártida Dominio Uno”, “Territorio africano II” también contó con música del acordeonista misionero Chango Spasiuk.
“Antártida dominio uno” comenzó su gira de exhibición, y tras su estreno en el Teatro Coliseo seguirá por Mar del Plata, Necochea, La Plata, Mendoza, Ushuaia y Bariloche.
Cultura
Luto en el chamamé: a los 87 años, murió en París el acordeonista Raúl Barboza

A los 87 años murió esta tarde Raúl Barboza, uno de los grandes acordeonistas argentinos con residencia en Francia. Su fallecimiento fue confirmado por su productor, Alberto Felici, en la cuenta oficial del artista argentino.
“Haciéndome eco de una comunicación telefónica desde París (Francia) por parte de su esposa Olga Bustamante, tengo la triste noticia del fallecimiento del Maestro, sucedida en la tarde de hoy, 27 de agosto de 2025”, escribió Felici.
La última vez que Barboza vino a tocar a Posadas ocurrió en noviembre del año pasado, para la velada dedicada a Andrés Guacurarí, en la costanera. El artista estaba radicado en Francia desde 1987, pero todos los años regresaba a la Argentina para salir de gira por distintas ciudades.
“¡Hasta siempre Raúl Barboza”, remarcó Felici en su comunicado sobre el acordeonista que fue acompañado por varios artistas de Misiones durante muchos años. Entre ellos figura el percusionista Cacho Bernal, quien forjó una amistad fuerte con Barboza, y siempre viajó desde Posadas para acompañarlo en todas las giras que hizo por el país en sus últimos 23 años.
“Gracias querido Raúl por tantos años de música y amistad”, escribió Cacho en su historia de Instagram, junto a una foto en la que toca junto a Barboza.
Por su lado, en Francia, tocó y grabó con Gonzalo Gudiño, un tecladista y compositor posadeño que vive con su familia en ese mismo país. También grabó y estuvo de gira durante años junto al fallecido Horacio Castillo, un guitarrista y compositor que nació en Misiones, vivió en Santa Fe y había vuelto a radicarse en Garupá, una historia que contó La Voz de Misiones.
Barboza alcanzó fama mundial por su obra “El tren expreso”, pero además era autor de renombradas canciones, incluidas en más de 50 discos que publicó en su historia.
Qué pena inmensa, querido Raúl Barboza. Con tu acordeón llevaste el chamamé al mundo y lo hiciste eterno. Estarás siempre en el corazón de todos. ¡Gracias! pic.twitter.com/UGlnFL22sR
— Hugo Passalacqua (@passalacquaok) August 27, 2025
De él decían que era un “niño prodigio”, porque a sus doce años comenzó a grabar con el “Conjunto Correntino Irupé”, donde lo conocían como Raulito Barboza, toda una promesa del chamamé que se terminó cumpliendo hasta sus últimos días.
En las redes sociales se replicaron las despedidas de diversos artistas. El Chango Spasiuk apuntó que “hace casi 50 años empecé a escuchar sus discos en Apóstoles Misiones”.
El músico misionero sostuvo que “para mi generación y para muchas otras generaciones, Raúl Barboza siempre fue y será el gran maestro de acordeón en Argentina, el que a todos con su manera y su sonido nos ha invitado a estudiar el instrumento, intentar ser mejores”.
Asimismo, el Gobernador de Misiones, Hugo Passalacqua, también expresó su pesar por la muerte del artista de 87 años. “Qué pena inmensa, querido Raúl Barboza. Con tu acordeón llevaste el chamamé al mundo y lo hiciste eterno. Estarás siempre en el corazón de todos. ¡Gracias!”, escribió el mandatario misionero.
Barboza fue reconocido con premios y distinciones, como tres Premios Atahualpa, los Premios KONEX y distinciones de SADAIC y Clarín. Alzó el “Grand Prix Charles Cros” en Francia, y el “Diapason d’or” y el título de “Caballero de las Artes y las Letras” del Ministerio de Cultura y Comunicación de Francia. En 2024, la Universidad Nacional del Nordeste le otorgó el título de Doctor Honoris Causa.
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