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Pablo Fidel, saxo de La Delio Valdez: “A Misiones la siento como mi casa”

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El viernes tocará la orquesta La Delio Valdez en lo que será La Fiesta de San José, en la Cascada, de la costanera. Desde las 19.30 Con entrada libre y gratuita, también actuarán El Indio Rojas, Los Núñez, Gabriela Faviero, Sapucay y el Ballet Oficial, dirigido por Luis Marinoni.

Previamente, el saxofonista de La Delio, Pablo Fidel Broide fue entrevistado por La Voz de Misiones. El compositor de “Cumbia del Río” que hace la orquesta en alusión a Misiones, sostuvo que visitó muchas veces esta región, está “enamorado de la cultura guaraní”, y es un apasionado de la música litoraleña, a tal punto de ser un “ramonero”, por Ramón Ayala.

En tanto, el músico porteño adelantó que Los Núñez serán invitados de la orquesta este viernes, así como sucedió en Cosquín o en el estadio Ferro, cuando celebraron sus quince años. Por otra parte, reconoció que su sueño es tocar en Japón junto a sus pares, y remarcó el compromiso político que tiene La Delio Valdez con las causas sociales.

Cumbia del río. Pablo Fidel es el autor esa canción que nombra a La Tierra Colorada y el Paraná.

¿Qué significa la música de Misiones para vos? 

Con la música del Litoral, en general, mi entrada fue a través de Misiones, particularmente. Me pasó que, hace unos años, me crucé en el subte con un músico que estaba tocando “Volver en guitarra”, de Roberto Galarza. Correntino. Me enamoré del tema. Y justo también me encontré con el fuelle de Don Damasio Esquivel por esa época. Y andaba dándole vuelta por estas músicas que me llamaban la atención. Yo hacía poco había comenzado con La Delio Valdez. También estaba haciendo algunas ideas de arreglos, de pasar de fuelles a vientos, de soplo. Había escrito hace poco el arreglo. Ponele que era pasar a una orquesta de vientos. Me encontré con la música del Litoral, y decía “qué lindo sería tocar esto con saxofón”. Pero no había nadie. Había tenido búsquedas similares con el tango, y dije “¿Porqué no hacer esto’”. Y ahí, al toque, que me encuentro con estas músicas que me estaban dando vueltas. Me reencuentro con Gastón Mayol, que es un músico posadeño que vivía en ese momento en Buenos Aires. Estaba allá y ahora acaba de volver acá. Lo había conocido en la Escuela de Música Popular de Avellaneda, estudiando jazz. Tenía un proyecto llamado Yacaré Valija, con mucha música de Ramón Ayala. Se tocaba también unas guaranias, gualambaos, algún chamamé, un formato más ecléctico, que era con batería, contrabajo, saxofón y guitarra. Lo fui a ver, me encantó. Le dije: “amigo; estoy para sumarme en esta, si tenes un lugarcito. Estoy muy atravesado por esta música, queriendo investigarla”. Y me sumé al cuarteto. Funcionamos como un quinteto un tiempito, después el otro saxofonista Andrés Jorge se bajó del proyecto, y quedamos en cuarteto. Quedamos unos años ahí, laburando. Grabamos un disco que nunca salió, que saldrá algún día. Y ahí salimos a tocar a dúo con Gastón. Entonces siempre fue a través de Gastón ir a Misiones, ir a tocar allá, conocer músicos, la música, el paisaje, recorrer bastante por la zona. Después, empezar a conocer a misioneros que viven acá. Como Flor Bobadilla, Fifí, y otra gente muy piola. Entonces, la música del Litoral que fui conociendo, era muy misionera. Aparte soy re contra “ramonero”. Me encanta la música de Ramón Ayala. Me encanta Blasito Martínez Riera, me encanta la música de Los Núñez. Entonces vino un poco por ahí. Realmente la selva misionera me emociona. Llegar a la Tierra Colorada. Aparte soy re-contra matero, y todas las cositas que vas a encontrar ahí. La cultura guaraní es algo que me enamora mucho. El Litoral, la tierra. La siento más mi casa en algún punto, fuera de lo que es Buenos Aires, que estamos al sur, en la otra punta, y aparte también ese vínculo hermoso que tiene con Paraguay, con Brasil, toda esa energía fronteriza. Toda esa energía que se siente de provincia nueva, en un punto. Porque no tiene tanta historia de terratenientes, como tal es Corrientes.

Los Núñez son invitados frecuentes de La Delio. ¿Cómo los definen?

Son grandes amigos….Otro músico que no mencioné, y es un gran maestro, es el Chango Spasiuk, que ya a esta altura es mitad porteño y mitad misionero. En realidad el vínculo empezó con el Chango, en Niceto Club, en un club de cumbias que él había venido a ver, y después lo cruzamos en el estudio donde estábamos grabando nuestro primer disco de canciones propias, “Sonido subtropical”. Ahí lo invitamos a tocar un tema con nosotros, a hacer una versión muy linda que hicimos en el Gran Rex, que era “Granja San Antonio”, un chamamé bien tradicional, compuesto por un vecino mío de La Boca, de Ángel Guardia, y un mix que hicimos con un tema del Chango, que se llama “El Camino”, que es hermoso. Después de eso quedó una energía linda. Lo volvimos a invitar porque hicimos una canción que se llama “Cumbia del río”, que es un tema mío que salió en “El Tiempo y la serenata”, y luego quedó ese amor. Más allá de la Delio, hay un vínculo muy fuerte entre la música del Litoral y la cumbia en Argentina. Para empezar, los bailes de cumbia acá se los llama bailanta, y viene particularmente del encuentro con el chamamé. Muchos músicos cruzados, de una música y la otra. Entonces siempre está la hermandad. Después está el ritmo de guaracha, que tiene también esa cosa cercana entre la cumbia y el chamamé. Entonces siempre fue como medio pariente. Así como tenemos el mix fuerte con la música andina, que tiene que ver más bien con el Norte, con Bolivia y Perú, y que está muy presente en La Delio siempre. También está ese mix con la música del Noreste. Con Los Núñez pasó eso. Los conocí a través de Gastón, y a través de Yacaré Valija compartí fechas con ellos. Empezamos a escuchar su música que me parece alucinante. Soy gran admirador de Pico y el Chavito, y cuando fuimos a Misiones, a tocar por primera vez a Umma, salió la idea de invitarlos a compartir unos temas. En ese momento teníamos una ficción del show que se llama “El Patio de los Mendez”, y ahí armamos para que tocaran con Black. Hicieron dos temas instrumentales ellos, una polquita rural, que es muy bonita, y junto con Black hicieron “Retrato de un pescador”, de Ramón. Cuando estábamos programando Ferro el año pasado surgió la idea, de que nos gusta tener una sección más folclórica, a veces en los shows especiales. Surgió la idea de invitarlos a Juan y Chavito, hicimos dos temas que nos gustan mucho, muy gedes, muy manijas, que son “Entre amigos y chamamé”, que es bien maceta; y después la guaracha “Traguitos cortos”. Lo hicimos en Ferro, lo repetimos en Cosquín. Y ahora lo vamos a estar haciendo.

“Soy ramonero”. Pablo Fidel es un declarado fanático de Ramón Ayala y muy matero

La Delio tiene gran participación en festivales. ¿Dónde se sienten más a pleno? ¿En un Cosquín o en un Quilmes Rock?

El Quilmes será la primera vez este fin de semana. En Cosquín hemos estado tres o cuatro veces, y la verdad es que está muy lindo. Todo está atravesado por mi sensación, que también soy muy rockero, porteño y en Buenos Aires circula mucho el rock, desde mi infancia. Pero siento que, en ciertos festivales de folcklore estamos muy a gusto, también. Me acuerdo que, cuando tocamos por primera vez en el Festival de Folklore de Cosquín, el nivel de emoción que tenía la banda de estar tocando en ese escenario, con esa potencia. Es la misma posibilidad que tuvimos en el festival del Litoral de Posadas, que hubiera estado súper lindo; o poder tocar en la Fiesta del Chamamé en Corrientes; o en Federal, en entre Ríos. Esa energía está mas cercana a la cumbia, al folklore que al rock. Por una cuestión energética de lo que te genera. También, como La Delio es muy rockera, funciona muy bien cuando vamos al Cosquín Rock. Vamos a ir al Quilmes, al Baradero. Creo que vamos a ir muy bien. Pero me siento más cercano al festival de folclore.

La Delio tiene presencia en actos o conciertos solidarios. ¿Es un compromiso humanista para acompañar las cruzadas sociales?

Es un compromiso político. Entendemos que la música en general, y nuestra en particular y la cumbia son hechos políticos, de política cultural. Y tratamos de que esa militancia política, ese quehacer político, aparezcan en distintos aspectos de nuestro trabajo. Entonces, muchas veces, cuando podemos y se da la posibilidad de participar en ciertos eventos que nos convocan, donde se entiende que nuestra organización pueda aportar, tanto por convocar o visibilizar, como para generar un poco de alegría en luchas sociales. Que siempre, por más de que son muy serias y muy dolorosas, siempre la alegría es necesaria. Creo que tenemos un aspecto de militancia en la forma de organizarnos, de trabajar nuestra que es desde una cooperativa, de manera independiente, que es cuidando mucho el producto musical, cuidando el público, tratando de tener buenos vínculos con la gente con la que trabajamos. Y eso en la industria de la música que es tan informal, y es tan compleja. Es bastante revolucionario tratar de trabajar organizadamente, cuidando a las personas tanto que trabajan como que van al espectáculo. Así que, creo que es una mirada política nuestra. De cómo hacer nuestro trabajo.

Estuvieron este año en México, Colombia y Uruguay. ¿Qué otro país les gustaría visitar?

“De Latinoamérica, Perú es un país pendiente. Bolivia también. Irnos a Colombia por primera vez fue una locura. Un sueño cumplido que, aparte, fue más de lo que esperábamos, realmente. De lo que fue la recepción del público, y de los artistas con los que compartimos. Muy buena onda, mucha expectativa con nuestro trabajo, así que fue una gran alegría eso. Y después, bueno. Hay muchos objetivos. Estamos yendo a Europa, creciendo ahí. Ahora el mundo está revolucionado. Un sueño. Ir a Oriente sería como una cosa, de esas bandas que de repente van a Japón y arman algo así. Sería una locura para nosotros. Pasa que sería difícil porque somos un grupo muy voluminoso. Pero creo yo que un objetivo es estabilizar y que realmente lo que es girar por Latinoamérica, Europa, Estados Unidos nos genere trabajo. Venimos invirtiendo muy fuerte energía y dinero en poder desarrollar esas plazas, y creo que un objetivo es asentarnos para que sea parte de nuestro trabajo.

El último recital es el 19 de abril en Baradero. ¿Qué se viene después?

Después unas fechas acá, en Buenos Aires, para cerrar la gira de los 15 años y celebrar la llegada de nuestro disco, que estará saliendo a fin de mes, que estamos muy contentos por el trabajo que venimos haciendo desde el año pasado. Tiene mucha dedicación de tiempo, de dinero, de todo. Así que es ese el proyecto. Después vamos a descansar, porque venimos dándole a pleno, y estamos restaurando un poco las energías, y ya vamos a hacer la gira de presentación de ese disco. Desde el año pasado se puso más complicado todo lo que es girar y trabajar, no solo en nuestra industria. Toda la industria estuvo en una recesión importante y realmente fue un esfuerzo muy grande sobrevivir y crecer el año pasado. Así que este año fue adaptarnos al escenario que se nos plantea, y con nuestro enorme tamaño ser lo más flexible posible.

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Juan Bustos, el santiagueño que canta en la 9 de julio: “La música me salvó”

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“La música me salvó la vida”, dice el santiagueño Juan Bustos. Toca de negro en una esquina de la plaza 9 de julio. Se ciñe con un cinto tradicional de monedas y con un poncho de tela blanca a modo de capa que engancha en su espalda con un pin. Su potente voz resuena mientras los autos pasan prudentes por la calle adoquinada.

Cuesta imaginar al hombre que hace la “chacarera de la Tierra Colorada” vestido como guardia cárcel en Santiago del Estero, el uniforme que colgó tras los tormentos mentales que sufrió tras un motín de 2007, en el Penal N° 1.

Por aquel episodio murieron 33 internos, la mayoría asfixiados por el humo tóxico del incendio. Tres de sus compañeros penitenciarios fueron condenados por distintas responsabilidades y ningún director quedó imputado.

“Quedamos en ese motín, dos días encerrados ahí, peleando con ellos”, reconoció Juan. “Después se empezó a enfermar psicológicamente cada uno después de todo eso. El gobierno nos abandona, y se han matado dos compañeros. Se han pegado un tiro. Yo estaba a punto de lo mismo. Estuve con problemas psicológicos graves”.

Por eso insiste Juan que la música lo salvó. Se aferró a la guitarra y su canto durante los siete años siguientes en el paseo Balcarce de la provincia aledaña de Salta, allí donde están todas las peñas folklóricas más importantes de La Linda.

De esa manera se conectó con importantes músicos salteños, incluso con Martín Quipildor, el hijo de Zamba Quipildor, con quien compartió largas noches de guitarreadas. “Por eso no me corrían, porque hay una rivalidad entre santiagueños y salteños por el folklore. Los dos somos muy tradicionalistas”, acotó el cantautor.

Juan tiene la barba tan bien recortada que parece pintada. Se pone su sombrero y canta para los transeúntes que dejan unos billetes en su gorra. “En otras provincias no te dejan hacer la calle. Me deja la policía”, admite. Estuvo de gira once meses por distintas partes del país y regresó a la misma plaza posadeña que conoció en 2019, cuando llegó desde el sur de Brasil.

“En un tiempo he sido eso, un bohemio musiquero, que iba cantándole a cada lugar que le gusta. Nunca había hecho música del Litoral, hasta que me vengo de Brasil. Estuve viviendo en Itapema tres meses, y de ahí, cuando bajo, conozco por primera vez Posadas. La música de aquí no tenía ni idea. Sigo investigando”.

Juan logró conectarse con Posadas y “cuando menos me di cuenta he tenido 300 personas en la Peña Itapúa. Luego, en la peña del Club Ucraniano tuve 450 personas. Fue para el primer “Chacarerazo de la Tierra Colorada“, festival que se declaró de Interés provincial y Cultural. Eso fue muy grande para mí. Es muy grande para mí después de la lucha”.

“Con Ecos de Tradición somos ganadores de la “Peña Chaloy Jara“. En 2020 hemos subido al Festival del Litoral. De otra manera era imposible que subiera al festival, salvo que sea un grupo nacional conocido. A todos los grupos de folklore de acá les cuesta muchísimo subir al festival del Litoral“, reconoció.

“Aquí ha nacido Alto vuelo, que ahora ha dejado de tocar”, dice por el dúo que formó en Posadas con Gisela Medina, quien venía de tocar música clásica y dio un paso firme para hacer folklore, con canciones que tienen videoclips de muy buena calidad en YouTube.

“Ahora son los jóvenes los que están con el folklore. Es increíble. Todos bailando en una academia. Y la verdad es que volver a la plaza, tenerlos cerca, que todos los días me estén subiendo a las redes sociales, videos a Tikok. Para mí, que soy una persona madura, que recién esto se este dando por ese lado; es una lucha. Es perseverar”, reflexiona y asegura además ser una persona con suerte.

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Iván Noble cantará en Posadas el 8 de agosto y sus entradas están a $ 40.000

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Iván Noble regresará a Posadas el sábado 8 de agosto, a las 20.30, con el show “Canciones traspapeladas” al auditorium Montoya, con entradas online que se venden a $ 40.000.

“Es un show de canciones que, por misteriosos motivos, había dejado de cantar desde hace largo tiempo”, dijo Noble sobre su gira. “Revisando un poco mi historia me doy cuenta que he sido abandónico y descuidado con muchas de ellas; así que decidí sacarlas ‘del cuarto cajón de la cocina’ y llevarlas de nuevo al escenario”.

La última visita de Iván Noble a Posadas ocurrió el 13 de abril, también en el Montoya, junto a Rubén Casco en el piano. En ese momento trajo consigo el show “Pianissimo”, poco después de la reunión que tuvo con su antigua banda: Caballeros de la Quema.

Este nuevo tour de Noble por el país tiene fechas agotadas en Cariló, La Trastienda, con presentaciones realizadas en Córdoba Capital, Río Cuarto y una gira internacional prevista en mayo por España (Madrid, Valencia, Málaga, La Coruña, Barcelona, Sevilla).

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Se cumplen 90 años de La Masacre de Oberá: “Fue silenciada en la sociedad”

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Este domingo se cumplirán 90 años de la Masacre de Oberá, ocurrida el 15 de marzo de 1936, cuando más de 300 de colonos en protesta pacífica por el precio de la yerba y el tabaco fueron atacados a balazos por la policía misionera en compañía de grupos civiles.

Es “un hecho marginal en la historia oficial”, remarcó a La Voz de Misiones la historiadora Silvia Andrea Waskiewicz, autora del libro “La masacre de Oberá”.

En conmemoración del nonagésimo de aquel episodio, se desarrollará este domingo en la plaza Malvinas de Oberá un acto que organiza la municipalidad con una participación previa de actividades artísticas, desde las 18, con el grupo de teatro comunitario La Murga del Monte.

Para las autoridades municipales, será “un encuentro destinado a reflexionar y mantener viva la memoria de este acontecimiento ocurrido hace nueve décadas”, indica el comunicado oficial.

“Llevá tu silleta a la plaza, y sumate a participar de los talleres, feria, intervenciones artísticas y micrófono abierto. Sumate al grito colectivo”, invita por su lado La Murga con la leyenda “¡Minga que nos vamos a olvidar!”.

En ese sentido y con una escena teatral, La Murga de la Estación “fue la primera institución en representar la Masacre de Oberá”, admite Waskiewicz por “Misiones Tierra Prometida”, la obra que estrenó en Posadas, en 1999, y que en parte recordaba el tiroteo a los colonos.

Con el tiempo, otras revisiones artísticas retomarían el tema, como el documental “Quieta non movere”, de Lucho Bernal; o la docu-ficciónBasilicia”, de Gastón Gularte y Adolfo Pérez Carbonell, que indaga en la historia de la adolescente asesinada en esa marcha de 1936.

“Se está recuperando la memoria”

“Si bien la masacre fue un acontecimiento crucial en las luchas de los productores agrarios misioneros, lamentablemente hace muy pocos años existían muy pocas referencias sobre ella en la propia historiografía regional”, reconoció Waskiewicz.

“Era un hecho ignorado, marginal en la historia oficial de Oberá. Y gracias a estas últimas dos décadas la Masacre comenzó a hablarse en la historia oficial. Los relatos que circulaban en Oberá tenían que ver con la fundación, la llegada de los primeros inmigrantes, la organización de sus primeras instituciones de gobierno. Pero la masacre era silenciada en la sociedad”.

No obstante, “más allá de que este acontecimiento fue silenciado, hoy, a dos décadas, estamos celebrando esta conmemoración, porque de alguna manera estamos poniendo en valor, reflexionando lo que pasó aquel 15 de marzo de 1936. E inclusive en estos últimos cinco años, no solo los medios de comunicación, sino también en ámbitos educativos se conmemora la protesta o se realizan actividades para recuperar la memoria”.

Según explicó la historiadora La Masacre de Oberá debe comprenderse en un contexto nacional, porque se trata de “la década de un gobierno autoritario”, bajo el gobierno de Agustín Pedro Justo, en una época denominada como la Década Infame, que había depuesto al presidente Hipólito Yrigoyen.

“Lo que sucedió a nivel nacional se plasmó en la región y Misiones, a partir de dos gobiernos autoritarios, que son los encabezados por Carlos Acuña y Agustín Vanasco. El primero gobernó el Territorio entre 1930 y 1935; y Vanasco entre el 35 y el 38. A eso se suma el contexto de ese gobierno que vio con preocupación, principalmente a comienzos del Siglo XX, al accionar del movimiento obrero y el lugar relevante que ocuparon los dirigentes en las protestas sociales”.

Es que los dirigentes, muchos de ellos extranjeros que llegaron a poblar el país, llamaban a organizar el movimiento obrero, bajo doctrinas del anarquismo o el comunismo ante la explotación laboral a la que eran sometidos los trabajadores, en condiciones que eran análogas a la esclavitud.

Es por eso que, bajo el gobierno de Julio Argentino Roca, “se implementa a principios del Siglo XX la Ley de Residencia o la Ley de Defensa Civil”, recordó Waskiewicz.

De esa manera, funciona “para expulsar del país a los dirigentes considerados peligrosos. Y, justamente, esa Ley de Residencia en el 37 -tengo las fuentes- la Justicia decreta que los dirigentes agrarios, de quienes se supone eran los organizadores de la protesta por parte de los colonos, el Estado los expulsa basándose en esa ley”.

Entre esos colonos que protestaron de manera pacífica por mejores precios de sus producciones agrícolas había “diferencias inter-étnicas”, subrayó la historiadora.

“Porque Oberá estaba constituida desde su fundación con inmigrantes europeos más hegemónicos y una colonia que estaba rodeada por otras empobrecidas, como Ameghino, Los Helechos, Zamambaya y Guaraní. Son justamente los colonos que se dedican a la producción de la yerba, el tabaco y organizan la marcha de aquel domingo”.

“Hombres, mujeres, niños, a pie, a caballo, en los carros polacos, en sulkys; ucranianos y suecos, blancos-rusos y argentinos y paraguayos. Al pasar frente al cementerio, una descarga cerrada de fusilería, hirió, mató, dispersó”, cuenta por su lado Alfredo Varela, el célebre autor de la novela “Río oscuro” y de “La Masacre de Oberá” (1941), la primera documentación sobre aquel episodio.

“Entre una confusión terrible, los sobrevivientes fueron acorralados y presos, perseguidos por los montes y baleados, violadas las mujeres, las rusitas y polacas de rubias trenzas, las niñas no florecidas aún. Después fueron asaltadas las chacras, saqueadas, robados los animales o dispersos por el monte. Fueron las palizas en la comisaría, el terror”, indica Varela en su libro cuando aún faltaban varios años para la conformación del Movimiento Agrario de Misiones (Mam), perseguido a muerte por el Golpe Militar que el 24 de marzo cumplirá 50 años.

No hay una cifra exacta de la cantidad de muertos, aunque se cree que hubo entre más de 100 heridos por armas de fuego y armas blancas. “Lo único que puedo confirmar es que las partidas de defunción halladas en el registro de las personas testifican que los fallecidos como consecuencia de la represión fueron Basilicia Savinsky y Juan Melnik”, precisó Waskiewicz.

“Si bien las fuentes periodísticas de los días posteriores al enfrentamiento -continuó la historiadora-dan cuenta de que existiría un nombre, Nicolás Aleferzuk, que había fallecido en la protesta, no existen evidencias probatorias que digan, que realmente había sido asesinado ese día. Además, las fuentes periodísticas también relatan, y eso sí se pudo confirmar por los testimonios y las fuentes orales de la época, que muchos de estos colonos fueron llevados a la comisaría de Oberá, la más antigua, frente a la iglesia, y estuvieron presos durante varios días”.

Waskiewicz recorrió tres cementerios obereños, buscando tumbas que reflejaran que existía otro colono enterrado. “Hemos encontrado únicamente la tumba de Iván Melnik, que en su lápida dice: asesinado el 15 de marzo de 1936”.

Mientras colonos comenzaron a recuperar su libertad gradualmente, por aquella masacre se inició un proceso judicial contra efectivos de la policía de Misiones.

El 24 de abril de 1936 el juez Colman Lerner ordenó la detención de los involucrados, entre ellos el comisario Leandro A. Berón e integrantes de la dotación de la comisaría de Oberá: el sargento Miguel Toledo, el cabo Francisco González y los agentes Claudio Rodríguez, Ángel Osorio, Cleofe Cantero y Trifón Fernández.

El comisario Berón permaneció solo seis meses preso en Posadas y, algunos años más tarde, la Justicia lo condenó a pagar una multa de 500 pesos por “incumplimiento de sus deberes como funcionario”.

Pero después Berón continuó dentro de la fuerza y hasta asumió la jefatura de la comisaría de San Ignacio, en Misiones. Asimismo, tres años después del proceso judicial, el agente Cleofe Canteros seguía desempeñándose en la institución policial.

 

“Basilicia”, sobre la masacre de Oberá, se estrenará en abril en Buenos Aires

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