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Hallan piezas prehispánicas de piedra, cerámica y hueso en cueva en Garuhapé

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Antes de la llegada de los españoles, incluso previo al registro existente de las comunidades guaraníes, hubo otros pueblos que vieron la región integrada por la actual provincia de Misiones como un territorio propicio para su desarrollo.

Así lo demuestra una serie de hallazgos arqueológicos registrados recientemente en la localidad de Garuhapé, los cuales se suman a otros descubrimientos que aportan al entendimiento de la compleja historia regional.

Concretamente, se trata de 16 piezas líticas (de piedra), restos óseos y de cerámicas que, según estipularon provisoriamente las especialistas, datan de la era prehispánica, entre 800 y 1000 años antes del presente.

Las piedras halladas datarían de hace unos 1000 años antes del presente.

La investigación es llevada adelante desde 2020 por el proyecto Misiones y su historia prehispánica, del Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (Fhycs) de la Unam, integrado por un grupo interdisciplinario de Historia, Antropología, Comunicación Social, Turismo y Arqueología, para lo cual además se sumaron referentes de otras universidades nacionales.

La Voz de Misiones dialogó con la doctora Norma Oviedo, directora del proyecto y actual secretaria de Posgrado de la Fhycs, quien especificó que los trabajos “se puntualizaron en la localidad de Garuhapé, precisamente en la cueva 3 de Mayo, en la Gruta India, para ponerla en valor y activarla en relación a lo patrimonial”.

Asimismo, la docente contó que los últimos hallazgos se dieron en la denominada Cueva del Puma, ubicada en un predio lindante al parque municipal que funciona como balneario: “La cueva que en la que pudimos hacer una prospección arqueológica está en una propiedad de la empresa Arauco y es contigua a la cueva 3 de Mayo”.

“Según la coloración y otras cuestiones, que tienen que ver con las capas donde fueron encontradas, porque en la prospección se hacen pequeñas excavaciones muy diminutas”, las arqueólogas que trabajaron en el lugar, Maricel Pérez y Amanda Ocampo, estimaron que las piezas tienen una antigüedad de entre 800 y 1000 años antes del presente, aunque aún restan realizar “un análisis más certero”, advirtió la doctora Oviedo.

Con ello, la especialista se refirió a la etapa posterior a una prospección, la cual consiste en el trabajo en laboratorio, luego de la realización de las gestiones con todas las instituciones vinculadas, respetando los procedimientos y protocolos.

En el mismo sentido, explicó que, respecto de objetos encontrados anteriormente en la cueva 3 de Mayo, en Gruta India, “en base a la prueba de carbono 14, dieron una antigüedad de 4000 años”.

cueva

Los trabajos en la cueva en Garuhapé.

Consultada respecto a la cultura y costumbres de los pueblos que habitaron la región -tanto en Argentina, como en Brasil y Paraguay-, la directora del proyecto explicó que “no tenemos mucha precisión en cuanto a nivel de desarrollo y forma de vida, pero son conjuntos que generalmente son nómades y que son aquellos con base alimenticia en el medio donde están residiendo, de la caza y la pesca, la recolección y la horticultura”.

“Cuando encontramos cerámica, posiblemente puede haber algo de un cultivo inicial”, analizó y aclaró que “se tienen que hacer muchos trabajos y análisis para relacionar unos con otros y poder dar certezas con respecto a su modo de vida”.

“Antes de los guaraníes, hubo grupos humanos que vivieron en la región y fundamentalmente en la zona central de la provincia”, expuso la investigadora.

Puntualmente, “en Garuhapé se hicieron excavaciones desde 1960 y una de las primeras arqueólogas fue Antonia Rizzo, que pudo determinar la ocupación de ese lugar”.

“Los guaraníes aquí se registran desde el 1200 por los españoles, mientras que los europeos llegaron a fines del 1400, pero estas poblaciones de las que estamos dando cuenta con estos restos son previas a esas comunidades”, dijo la historiadora.

“En términos arqueológicos, estos grupos humanos generalmente se los denomina según el lugar donde se hacen las excavaciones, por eso hablamos de ‘paranaenses’ y ‘eldoradenses’, por los lugares donde se pudieron hacer los trabajos”, graficó.

Restos óseos encontrados en la prospección.

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Material lítico relevado en el último hallazgo.

Las historias de los pueblos

Al analizar la importancia del hallazgo, Norma Oviedo postuló que “tiene que ver con poder proteger y conservar el patrimonio histórico, lo que es fundamental, porque se corresponde con poblaciones muy antiguas”.

“Por otro lado, también nos ayuda a entender que estamos dentro de un ambiente donde sigue habiendo una riqueza en la fauna, en la flora, en el ecosistema en general, y este sitio arqueológico está dentro de un parque municipal que ha sido durante mucho tiempo usado como un balneario por la gente de la zona”, continuó.

“En su mayoría, lo que observamos es que no todos tienen esta información y conocimiento sobre esa importancia arqueológica e histórica”, agregó y subrayó: “Entonces, si nosotros no damos cuenta de estas cuestiones, es posible que a futuro pueda desaparecer o destruirse”.

“En cambio, si uno lo aprecia y tiene conciencia histórica, podemos protegerlo y ponerlo en el circuito del turismo, aportar al desarrollo local, capacitar a la gente del pueblo para que pueda mostrar lo que tiene y eso promueve la inserción laboral”, indicó la historiadora, respecto de los alcances prácticos de las investigaciones científicas.

Por ello, entienden la disciplina académica “en relación a decir: ‘Para qué nos sirve construir ese tipo de conocimiento, para qué existe una universidad pública que ofrece estas disciplinas, si después no tiene una presencia territorial y no tiene efecto o impacto en la vida de la gente, para hacer al bienestar”.

“Si la historia sirve para eso, en buena hora, porque como investigadores, somos parte de la sociedad, no somos un sector relegado ni más importante”, puntualizó la doctora, entrevistada por LVM.

“La historia como identidad nacional ya sucedió, hoy tenemos otras necesidades y otros intereses con respecto a qué nos puede dar la historia, como posibilidad para causar cambios que sean relevantes para los pobladores a quienes pertenecen las historias”, postuló.

Es que, según entienden desde el proyecto, “no estamos hablando de ‘la’ historia, sino de ‘las historias de los pueblos'”.

“Si uno lee un manual, por lo general, entramos en la misma unidad y transcurso histórico que se corresponde a una mirada que levantó héroes desde Buenos Aires, pero no necesariamente está nuestra gente como protagonista”, diferenció la científica.

“La demanda de los pueblos es verse dentro de la historia en función de sus identidades locales, sentimos que la gente piensa que la historia es algo propio, es más, la construcción de las historias locales se hace con la contribución de distintos grupos humanos”, añadió.

“Cuando se hacen estos descubrimientos, hoy día también lo que ocurre es que no necesariamente estoy pensando en llevarlos a lugares centralizados como los museos nacionales, sino crear espacios dentro del territorio para mostrarlo”, cerró la directora.

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El grupo de investigación del proyecto.


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A 25 años de la gira eterna, su hijo Lolo y un amigo recuerdan a Fermín Fierro

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Fermín

Hace 25 años partió a la gira eterna Fermín Fierro, uno de los músicos populares más importantes de Misiones. Compuso más de 300 canciones, muchas de ellas dedicadas a las provincias del Litoral e incluso producciones conceptuales, como la que dedicó al Libertador General San Martín y que lo llevó a ser la Revelación de Cosquín en 1966.

Aunque para entonces su más famosa canción, “Mi serenata”, había sido popularizada por María Helena, obra que en las últimas décadas fue interpretada por múltiples artistas del país, como Soledad Pastorutti, Los Alonsitos o Los Ojeda en Paraguay. Fermín Fierro descansa en el cementerio posadeño de La Piedad, desde que murió en 1999. Es por eso que hoy, 13 de abril -según declaró la Legislatura provincial un año después- se celebra el Día del Cantautor Misionero.

Fermín Fierro era su apodo. Había sido rebautizado por su manager con ese nombre en la década del 60, cuando ya estaba viviendo en Buenos Aires. Se había ido a los 17 años para estudiar Derecho en la ciudad de la Plata pero también para probarse en la música y en eso último le fue muy bien. Fue parte de Los Nocheros de Anta -que tuvo varias formaciones-y de Los 3 Chispitas, un grupo con el que salió de gira por el exterior. A su regreso comienza su historia solista para dar rienda a sus distinguidas creaciones, entre ellas Rosario Gaucho, junto a Los Arribeños y con voz de Alfredo Alcón.

En su documento decía que se llamaba Raúl Obdulio Posse Benítez, era hijo del español Jesús María Posse y Magariños y la paraguaya María Eugenia Benítez y Aragón. “Nació en el barrio Patotí, por Tambor de Tacuarí, que antes se llamaba Florida”, contó su amigo Ramón Delgado Cano a La Voz de Misiones. “Lo conocí de grande. Hicimos muy buena amistad con él, participamos en muchos festivales, lo acompañamos en muchas fiestas. Estábamos en la semana tres o cuatro veces juntos”.

A Fermín sus allegados lo conocían como Luli y según reconstruyó su amigo Ramón tenía una personalidad fuerte pero se hacía querer por todos. “Era gracioso y cascarrabia. Quería pelear con quien no estuviera de acuerdo con él. Un ser extraordinario que se daba con los amigos. Se brindaba con todo el corazón, muy generoso”.

En la década del 70, la obra de Fermín se populariza en España. Uno de ellos es “Yo soy argentino“, en la voz de Gauchos 4. De esa manera, es contratado para cantar por el Viejo Continente junto a Los Chalchaleros. Luego vuelve a realizar otra gira más en España, esta vez acompañado de su pareja embarazada y allí en España nace su hijo, un niño que recibió el apodo de Lolo y que, más adelante, en el 2001, saltaría a la fama como el guitarrista de Miranda durante trece años. “Para mí Fermín no era un músico conocido de Misiones. Era mi papá músico que había abandonado a mi mamá”, reconoció Lolo a La Voz de Misiones.

“Yo nací en el 74. Ellos se fueron a España con mi mamá embarazada y, bueno, allá Fermín hizo la suya y ella se volvió para acá”, contó Lolo. “Porque la verdad era un excelente músico pero como padre, yo que sé, calculo que por su historia familiar también que es complicada, era medio raro como padre. No sé si estaba para ser un padre y formar una familia. Me parece que era como un músico chapado a la antigua, se iba de gira. Tenía una historia bastante complicada con su mamá y su papá que se murieron. Lo criaron sus dos hermanas que eran bastante complicadas también. Te puedo contar que lo habían metido en un colegio y se iba a tocar con la primera banda que tuvo. Y cuando estaba en la casa se terminaba escapándose. Al final, cuando fue mayor, de tanto que se escapó, ya era un músico de ley”.

Fermín

El cantautor misionero solo tenía 55 años cuando murió complicado por una cirugía que tenía programada en una clínica de Posadas. Debían colocarle un bypass y si bien parecía estable, horas después de la intervención médica, dejó de respirar. “Fue una gran tristeza para nosotros. Teníamos un grupo de amigos muy allegado y Fermín era el que unía todo. Por su simpatía, por su amiguismo, por su compañerismo. Eso no lo digo solo yo. Lo puede decir cualquiera que lo conoció”, lamentó Ramón.

En ese entonces, Lolo no había podido establecer una relación estrecha con su papá y se habían encontrado tan solo tres veces en la vida. Él vivía en Buenos Aires, “trabajaba en un locutorio y no tenía dinero para viajar a Misiones”, admitió. A los cinco días se enteró que su papá Fermín había muerto. Le había contado su hermanastra, la folclorista María Eugenia Díaz. “No pude ir a su funeral, a su casa. No pude entrar a su departamento ni tomar contacto con las cosas de mi padre”, reconoció el artista.

Es la guitarra de Lolo

De esa manera, Lolo no pudo quedarse con ningún recuerdo de Fermín, ni si quiera con uno de los mil discos de “Los Misioneros somos así” que el cantautor grabó en Posadas y pretendía presentarlo con invitados como Horacio Guarany y La Sole. Con un escribano de por medio, una exesposa se llevó todas las pertenencias que quedaban de él en el departamento que habitaba por Colón casi Mitre. Pero no se llevó absolutamente todo: quedó una guitarra.

“No sé porqué razón quedó en la casa del Negro Dedieu y en todas las fiestas que hacíamos los músicos querían tocarla porque era muy linda, de concierto. Fermín era un ejecutor de guitarra máximo, tocaba muy bien en cualquier ritmo. Se acompañaba en blues, jazz, polca, guarania. Era un virtuoso de la guitarra. Y con el Negro decíamos que en cualquier momento esa guitarra se va a romper, nos van a robar”.

En el año 2012, los amigos de Luli se enteran que Miranda tenía agendado un recital en el anfiteatro Manuel Antonio Ramírez y con la banda venía el guitarrista Lolo Fuentes. “Fuimos al hotel con la guitarra. El conserje nos hizo esperar. ‘Ya baja el señor Lolo. ¿Quién lo busca?’”, le preguntaron a los hombres adultos que estaban metidos entre adolescentes que querían fotos con Ale Sergi o con Juliana Gattas “porque Miranda estaba en su apogeo en ese momento”, recordó Ramón. Después de explicar las intenciones al recepcionista del hotel y al manager de la banda lograron convencerlos para que finalmente llamaran a Lolo, quien bajó y se encontró con Ramón y Dedieu. “Fue tanta la emoción de este chico que se les caían lágrimas. ‘No puede ser. Mi papá está acá’, decía”.

A 22 años de aquel encuentro con los amigos de Fermín, con su carrera solista a pleno, alejado hace más de una década de Miranda, Lolo aún conserva entre sus pertenencias el tan preciado instrumento de cuerdas. “La tengo. Es una guitarra marca Alhambra, de la Alahmbra. Española. Es una guitarra de flamenco, la tengo conmigo y la aprecio mucho. Es más, no le cambié las cuerdas hasta que se rompieron un par de ellas porque tenían el ADN de mi papá. Pero no me quedó otra que cambiarlas. Esa guitarra está conmigo y estará conmigo hasta que me muera”.

Lolo

Lolo en Posadas y con la guitarra de su papá. En 2012, el por entonces músico de Miranda visitó la casa de Ramón, amigo de Fermín.

Aquel encuentro de Lolo con los amigos de su papá sirvió no solo para llevarse el instrumento musical sino para conocer mejor a Fermín. Eso fue posible a través de las anécdotas que fueron reconstruyendo para él, incluso las más románticas en las palabras de una novia que había tenido el cantautor posadeño que, sin lugar a dudas, inspiró a Lolo para convertirse en el artista que hoy es. Por eso considera, a pesar de la distancia que tuvieron en casi toda la vida, que han hecho las paces.

“De alguna manera hice mis rituales para despedirlo y tuve mis conversaciones con él. Yo siento su espíritu bastante cerca. Y siento que me acompaña mucho. Y sobre todo en la música. Yo no estudié música. Es una herencia genética, más que nada. La música está adentro mío desde que yo nací. Bueno, obviamente que tuve mis estudios porque fue incorporar conocimientos. Pero siento que él me dio eso”.

La intensa vida de Fermín se apagó temprano y dejó detrás la letra y la música de una época, a la que ya le rendía tributos nostálgicos, como la descripción poética de su ciudad natal, “perfumadas tus noches de jazmines y azahar”, (…) “con tus altas barrancas, luna en el Paraná” y “la Estudiantina que no va a morir”, según canta en su bellísimo “Recuerdo a Posadas” que hoy lo recuerda a él.


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Lucas Cidade: “Mi abuelo Ramón Ayala me enseñó a bailar gualambao”

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Lucas

Lucas Cidade (36) es el nieto del cantautor Ramón Ayala. Con un barco cruzó los océanos y recorrió los continentes para bailar tango y folclore. El domingo llegó a Misiones, para la ceremonia que se hizo en honor a El Mensú, quien pasó a la eternidad el 7 de diciembre pasado. “Él me enseñó a bailar gualambao”, contó a La Voz de Misiones.

La primera vez que Lucas descubrió que su abuelo era un artista popular sucedió por una calle porteña de Congreso, cuando juntos se dirigían a cenar en un bar. “Caminando para ese lugar, una persona en situación de calle se levanta y se le va al humo a mi abuelo. Y el señor se pone a cantar a mi abuelo, no me acuerdo qué canción, yo dije ‘no lo puedo creer’”.

Lucas nació en Buenos Aires, vivió cuando era un niño en la casa que Ramón tenía en San Telmo pero también pasó muchas horas de su vida en la vivienda que después habitó el músico en el barrio de San Cristóbal. Por eso, Lucas recuerda “la hospitalidad que él tenía” al recibirlo.


Porque “íbamos y merendábamos, capaz que después cenábamos o lo que sea de la comida. Siempre una comidita, algo siempre se compartía con mi abuelo y con la esposa, María Teresa. Vos comías y el quería que ya te quedaras a dormir. Tenía una pieza, ahí tenías un lugar. Es lo que más tengo de él, fuera de lo que es lo artístico, de toda la obra que tiene”.

Cualquier persona que conociera a Ramón sabía de su sentido humor, algo que replicaba también en la intimidad de su familia. Por eso, Lucas sonríe al recordar una ingenua y divertida frase del artista: “¡qué notable, dijo la vaca mordiendo el cable!”.

Lucas

Popularidad. Lucas descubrió que su abuelo era un músico popular cuando un desconocido lo paró en la calle y le cantó

El gualambao en los pies y en el corazón

El autor de “Posadeña linda” falleció el 7 de diciembre pasado y sus restos fueron cremados. Según la voluntad del propio artista, meses después, una comitiva encabezada por su pareja María Teresa Cuenca, el hijo del cantautor, Alberto Ramón Cidade, y Lucas, llegó el sábado 6 de abril para ser parte de una serie de homenajes en Misiones que concluyó el domingo en la Bajada Vieja, con la presencia del Gobernador Hugo Passalacqua, el intendente Leonardo Lalo Stelatto y el Secretario de Estado de Cultura, Joselo Schuap.

El 10 de marzo, El Mensú hubiera cumplido 97 años pero dejó todo un legado artístico, incluso un género musical que inventó y llamó gualambao. Su nieto Lucas aprendió a danzar esa música con él, más allá de que es un profesional egresado de la Universidad de las Artes.

Bajo la escultura de Hugo Viera, después de una peregrinación a toda orquesta con la Banda Penitenciara desde la costanera, hubo concierto con la voz cantante de Cecilia Pahl.  También cantó Enarmonía, Pato García y Amanda de Colombia. Con el mismo fin vinieron de Corrientes los cantantes Julio y Nicolás Cáceres, de Los de Imaguaré.  En tanto que, además de los recitados parafraseando a Ramón, hubo danza al tiempo del gualambao.

Vestido como gaucho, Lucas ofreció en ese momento unos pasos estilizados que pudo replicar en los últimos años junto a su célebre abuelo como para distintas presentaciones que hizo en grupo en el ND Ateneo, Hasta Trilce e incluso en el Centro Cultural Kirchner (CCK), cuando en el 2022 se hizo el tan destacado homenaje que se llamó “El Viejo Río que va”.

“Estoy en un proyecto tratando de meter lo que es el gualambao en la Universidad Nacional de las Artes”, comentó Lucas. Se trata de un material destinado a la Metodología de la investigación y del folclore aplicado, con la idea de que algún día “lo puedan meter en el plan de estudio, en la currícula, dentro de las danzas folclóricas”. Es que, si bien en Misiones el gualambao se aprende a bailar desde muy temprano, las demás academias del país no cuentan con mucho material bibliográfico ni todavía han manifestado el interés de implementar su estudio.


Hugo Leonardo Cidade era uno de los tres hijos de Ramón. Murió hace catorce años pero en toda su vida tuvo muy poco contacto con Lucas. Es por eso que creció no solo junto a Ramón sino también con su mamá y su abuelo paterno Mamerto, con quien escuchaba folclore todo el día en la ciudad bonaerense de Salto. Así se fue consolidando su personalidad de bailarín. Aunque además toca la guitarra, el teclado y varios otros instrumentos más “pero no como mi abuelo”, aclara.

A bordo de un crucero, Lucas salió a conocer el mundo y de esa manera visitó países como España, Italia, Hungría, Rusia, Panamá, Perú, Colombia, Uruguay y Las Malvinas Argentinas, cuenta. “En diciembre de 2023 conocí La Antártida. Fue impresionante”, consideró el artista. “Estoy en una compañía aparte. Hice la audición de tango y de malambo y quedé”.

Por otro lado, Lucas también integra la agrupación Llegamos Los gauchos, una impactante compañía de malambo y con quienes bailó varias veces en la peatonal de Calle Corrientes aunque también algunas ocasiones en los estudios de Telefe.


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De las series al cine de Brasil: el camino del eldoradense Elio Santander

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El actor eldoradense Elio Santander (43) interpreta a un investigador en la película “Amor livre amor”, una producción brasileña, bajo dirección de Mariana Pamplona y Flavio Frederico. El largometraje se rodó en febrero en Buenos Aires y después de vivir veinte años en esa ciudad Elio decidió mudarse a Brasil para continuar su carrera como actor. “Es una puerta que quiero abrir y quiero experimentar”, dijo a La Voz de Misiones.

Elio trabajó para conocidas series de la pantalla chica como “Un gallo para Esculapio”, “El Marginal”, “Apache”, “Monzón” y “El hincha”. En tanto, Star+ aún no estrenó “Espartanos”, la serie de ocho capítulos que protagoniza y está inspirada en la experiencia de los internos rugbiers en las cárceles argentinas.

Elio

“Es muy linda la historia”, calificó el actor. “Fue contar cómo se le ocurrió al creador, Eduardo Coderigo, hacer la fundación de espartanos y no solo romantizar lo que es la cárcel. Sino cómo transformó la realidad. Como se superaron las dificultades en su vida”.

Cuando Elio dejó detrás Misiones, hace veinte años atrás, comenzó a perfilarse en el mundo de las artes escénicas, particularmente en teatro. “El teatro es para mí es el arte de la preparación y de conocerse. Si todas las personas lo podrían hacer un poquito estaría buenísimo”, recomendó.

Solo el año pasado, el artista eldoradense fue parte de tres obras teatrales. Una de ellas era “En nuevos mundos”, sobre la vida de von Humboldt y Bonpland. Por otra parte protagonizó el sainete “Retrato del pibe” e integró el elenco de “Prueba de amor”, una obra original de Roberto Arlt.

“No hacía mucha tele y me empezó a surgir en los últimos años, desde 2017, en lo que son series o productos audiovisuales”, apuntó. No obstante, según reconoció Elio, “el teatro tiene el laboratorio del actor, que se mantiene vivo. El audiovisual es otro lenguaje, es más el tema de la repetición, la puesta, mucho más técnico. Y el teatro es más vivo. ¿Cuál me gusta más? Es un poco más difícil. Pero sí, son dos lenguajes que me encantan”.

En la más reciente producción en la que trabajó, “Amor livre amor”, Elio se acercó a la industria brasileña del cine gracias a la guionista Mariana Pamplona y el director Flavio Frederico, realizadores de películas como “En busca de Iara”, “Assalto na Paulista” y “Boca do lixo”. La que se rodó en Argentina está hablada en español pero con el el brasilero Higor Campagnaro en el papel principal.

“Es un policial que secuestran a la hija de un brasilero y yo soy el investigador que lleva adelante el caso”, resumió el artista misionero sobre el filme que tuvo como locaciones a la Ciudad de Buenos Aires, El Tigre, Acassuso e Ingeniero Maschwitz.

A más de un mes de esa experiencia delante de la cámara, Elio prepara las valijas para ir tras sus sueños al país vecino, donde pretende encarar un nuevo horizonte profesional. “La idea es seguir creciendo. Por eso me voy para allá”, consideró el actor que habla muy bien el portugués porque se crió con su abuela brasileña hasta los 9 años. De esa manera, Elio se reencontrará con todos aquellos códigos de la infancia para un nuevo desafío transfronterizo.

 

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