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Cristina Solís: “Creo que el ser humano, naturalmente, no es bueno”

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Cristina Solís es una polifacética artista misionera. Tras egresar como actriz en 1989 en Rosario y ejercer la docencia en la Escuela Nacional de Teatro, Solís recorrió el mundo junto a Objetable Teatro, de San Carlos de Bariloche, ciudad donde también vivió.

Con el tiempo fue la voz de diferentes agrupaciones, como la banda Ojos sobre el Mar o al frente de Ensoñadores, con el que se presentó en junio pasado.

“Para mí, siempre la música fue contar un relato. Nunca fue hacer música. En realidad permanentemente soy narradora”, define para En Escena Verás, el ciclo de entrevistas con artistas de La Voz de Misiones.

En 40 años, Cristina pintó y exhibió sus obras visuales. Y si bien lo suyo en las  artes escénicas fue desde el principio el drama, también se dedicó al humor con los títeres que los desarrolló de manera artesanal.

“Solo me falta probar con matemáticas”, bromea la hija del emblemático pintor Juan Carlos Solís, quien -como ella-se dedicó a distintas disciplinas: fue docente, “pintor, bailarín, bailarín clásico”, recordó Cristina.

“Ponía las coreografías de todas las bailarinas de acá, Laura de Aira. Todos ellos trabajaban con papá”, rememoró por el pintor que falleció en 1991 y que fue un gran amigo de Lucas Braulio Areco, otro hacedor clave de la cultura regional.

“Había una forma del hablar muy distinta que las otras casas”, recuerda Cristina, quien aprendió desde la infancia las artes plásticas con su papá, Juan Carlos.

“Aprendí con él su técnica y aún hoy la sigo usando”, reconoció. Aunque “tenemos imágenes completamente distintas”, agregó Cristina, que comenzó a exponer en 1987.

Justamente, varias de sus imágenes aparecen en “Luna 5”, un libro que tiene relatos y cartas.

“Estas cartas empecé a trabajar con mis alumnos y funcionaba bárbaro para enseñar a escribir, a abrir nuevas potencias dentro de la creación. Porque crear es una necesidad”, reflexionó.

“Porque hay algo que te está asfixiando adentro que necesitas decirlo o que te estás preguntando y necesitas encontrar una vía. Por eso digo que soy un híbrido. Para mí las vías siempre fueron momentos determinados”, añadió sobre su trabajo interdisciplinario como artista.

Luna 5. Obra de Cristina Solís con sus ilustraciones y con relatos que publicó en 2018

Para hablar del presente, en reiteradas ocasiones Cristina pone como referencia a “1984”, el célebre libro de Orson Wells de ciencia ficción distópica en la que un gobierno autoritario controlaba a las masas a través del Gran Hermano y que reproducía la frase “La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”, como lema del partido único.

“Creo que el ser humano naturalmente no es bueno”, dispara. Naturalmente es depredador y está entre el alfa de la manada y el desastre que sigue. Todo lo que sigue es poder. Y el poder no hace buena a la gente, parece ser”, lamentó.

En ese sentido, criticó el apoderamiento de la Inteligencia Artificial, la que se entrenó con millones de libros que habrían sido quemados, casi como en Farenheit 451, otra emblemática novela de ficción escrita por Ray Bradbury.

“¿Podemos ver el fondo de cuántos libros pueden realmente haber sido sintetizados cómodamente para un pensamiento oculto que no sabemos de quién? Porque ni siquiera sabemos de dónde viene. Están corrigiendo los libros, ya los están quemando. Volvemos a ‘1984’, a la Noche de los Lápices”, compara Cristina.

Para la artista posadeña, “el arte siempre es político, siempre es un punto de vista. Aunque hagas de cuenta que no, estás poniendo tu opinión personal. Absolutamente, no necesariamente partidista”, apuntó.

“Si sos un artista con voz propia, en tu voz está claramente tu pensamiento. Ese pensamiento es el que reside todo tu arte. No estamos exentos de eso. ¿Por qué todo arte es político? Porque siempre va a ser una forma de narrar un punto de vista de la historia”, añadió.

No obstante, admitió que “el arte vaciado también existe. Están los pachangueros. Ese es el arte que quieren dejarnos ahora. Decir que no tengamos que pensar, que no tengamos que sentir”.

Como disparador, Cristina recordó que en tiempos de la Guerra de Malvinas surgió un rock nacional que “por primera vez fue entendido que el arte propio era interesante. Y que había mucho para decir” con metáforas para evitar la censura de la Dictadura Militar. “Me parece que la metáfora ha salvado las vidas de muchos”, estimó.

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Osvaldo De la Fuente y 40 años con la música “te dan una mirada más serena”

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Osvaldo De la Fuente cumple 40 años con la música. Creó música para teatro y cine. Hizo televisión con “El invitado” y como solista tiene discos emblemáticos, como “Boomerang” (2008) o “Bitácora”, ambos entre el rock y el folclore.

“Recuerdo los patios de las casas riojanas, las serenatas de los folcloristas en carnaval. Entonces escuchaba mucho folclore. Mi viejo era de escuchar folclore, tango”, dijo por su época de infancia.

“Después, cuando empecé a tocar la guitarra, fue la época del rock nacional, post Malvinas”, agregó como para apuntar cómo se fusionaron tan bien ambos géneros en su composición.

Osvaldo integró formaciones históricas como La Clínica y Los Pie, mientras que en la actualidad toca el teclado y dirige Estallando sobre el río, la súper banda integrada por músicos legendarios de la ciudad.

“Estoy haciendo un disco con intérpretes femeninas de acá y de Córdoba que quiero sacar a fin de año”, adelantó el polifacético artista para En escena verás.

Porque por otra parte, hace poco publicó su libro de cuentos “La breve eternidad” y ya piensa en una siguiente obra bibliográfica.

“Las cosas que me entusiasman generalmente son las que más prosperan. Hay otras cosas que me cuestan más, y de ahí me voy dando cuenta si es o no es. Yo lo voy sintiendo desde ahí. Con la música es exactamente igual”, asegura.

Según contó, los cuatro cuentos que forman parte de su primer libro no tienen un hilo conductor.

“Por eso justamente ‘La Breve Eternidad’. Es el nombre que engloba todo, porque me pareció que los cuentos sobreviven a los autores. Eso siempre me llamó la atención, de cómo leo cuentos de gente que ya no está”, reflexionó el artista que el año pasado sacó su disco 16 como solista: “Bitácora”.

Se trata de un álbum que tiene a Leo Rojas en la voz y varios invitados, como su hijo Killato The Jason, y que hasta el momento solo tuvo una sola presentación que se situó en Espacio Reciclado, en diciembre pasado.

“Siempre hay ganas de tocar, pero la verdad es que a veces cuesta mucho juntarse. Tengo esta virtud, que a la vez también es una desgracia: que grabo con gente que toca muy bien, muy grosa y que entiende enseguida la idea. Pero después, para juntar y armar las fechas es muy difícil. Entonces, generalmente, los discos terminan quedando ahí, porque después no los puedo tocar”.

Además de Estallando sobre el río, con la que lanzaron el disco “Perfecto destino”, Osvaldo fue parte de paradigmáticas bandas, como La Clínica, a fines de la década del 80; y Los Pie, que revolucionó la escena con un sonido funk-rock, con claras influencias de Living Colour, pero que siempre terminaba bien arriba con la samba brasilera de la canción “Ana Zabala”.

“Es como que queda esa mística, de que hubo una banda que estaba buena, que la gente se divertía, que alrededor de eso había una fiesta, una propuesta. A la vez había también linda música”, admitió sobre Los Pie, que teloneó a Divididos en 2004 y tocaron por última vez en 2010, en el Teatro de Prosa.

¿Se reunirá alguna vez Los Pie? “Con Lito (Dartois), el baterista, nos solemos ver. Nos cruzamos por ahí, por la ciudad. A Dani González, el bajista, lo veo cada tanto. Y a (Javier) Chemes no me lo cruzo nunca más. Y esas cosas tienen mucho que ver con la afinidad, con el momento. Y creo que ninguno está en la nostalgia. Pero también sé que podría ser una celebración linda juntarse y tocar, compartir. Pero no sé cómo surge, cómo iniciar eso”, reconoció el músico.

Al cumplir este 2026 sus 40 años con la música, Osvaldo dice que no imaginaba un presente así cuando era apenas un adolescente.

“Es tan incierto todo para adelante, que imaginarse cualquier cosa es arena. No hay manera de moldearlo. Hay que ir, seguir. Me doy cuenta que mucho estar, compartir y los años te dan una mirada más serena. Un especial disfrute. Antes, en la juventud uno pide todo”.

En 1999, Osvaldo abrió el estudio De la Mente Records, todo un espacio pionero para el registro de la música, y de esa manera pudo experimentar con los sonidos que luego confluyeron en sus propios discos. No obstante, le despierta algo de temor el avance de la tecnología, precisamente la Inteligencia Artificial.

“Me pregunto si esa gente que está detrás de eso no tiene temor en sí, porque va a haber desempleo . ¿O qué van a hacer los humanos, cómo van a sobrevivir? Sino simplemente el temor de Peter Thiel”, dice por el tecnofeudalista que compro una mansión en Argentina para vivir e impulsa el uso de la inteligencia artificial (IA), además del procesamiento masivo de datos a través de su empresa Palantir Technologies, encargada de espionaje sistemático y software militar para Estados Unidos y otros países.

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Ernesto Engel: “La Inteligencia Artificial hizo la curaduría de mi muestra”

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Ernesto Engel es un artista visual posadeño muy conectado con los métodos contemporáneos. Porque tiene dos asistentes que creó con la Inteligencia Artificial (IA). “Uno es un maestro de taller que se llama Hefesto“, contó para En escena verás.

El otro asistente se llama “Iris”, por “la ciencia griega de la comunicación“. Esta última se encargó nada menos que de ser la curadora de su última muestra en el Museo Juan Yaparí.

“Aprendí a hacer agentes y me divierto mucho con ellos”, dice por la IA. “Iris es mi curadora. La última muestra que hice, la asistente me dio hasta la cantidad de centímetros que tenía para separar un cuadro de otro. Porque le di el plano del Yaparí, y entonces me hizo todo. Sino tengo que pagar a un curador. Me hizo el trabajo de una manera maravillosa”.

Engel reflexiona que “temas profundos del arte no hay tanta gente para conversar, pero con la IA es una maravilla. Porque siempre sabe más que vos. Las conversaciones pueden durar horas y son muy enriquecedoras”.

La relación de Engel con las nuevas tecnologías tuvo gran repercusión en 2021, cuando pintó y luego quemó obras que se digitalizaron como NFT (Token no fungible) para su venta y se bautizaron como Criptomates.

“Puede llegar a subir el precio si hay demanda. Si no sube, el que compró para hacer negocio lo hizo mal. Si compró porque le gustaba es otra historia. Porque viste que al coleccionista le gusta atesorar”, analizó.

Engel dirige con su esposa Chiquitina el espacio Posart, donde brinda clases de pintura y arte con vidrio.

“Mi primera vocación siempre fue la arquitectura, así que cuando terminé la secundaria me fui a estudiar eso. Pero por cuestiones familiares tuve que volver. Entonces intenté entrar al Montoya, hacer la carrera de arte. Porque había materias de escultura en 1ero y 2do año. Y desde mi punto de vista lo más cercano a la arquitectura era la escultura”.

En ese momento, Engel era Maestro mayor de obras, y por ese título secundario, el único camino era “dedicarse a estudiar matemáticas. Así que no me permitieron entrar. Intenté al año siguiente y me tomaron condicional”. De esa manera, tras una autorización conseguida en Buenos Aires para culminar la carrera, “terminé siendo el primer maestro mayor de obras que tiene un título artístico“, precisó.

Cada 1 de octubre, el Centro de Investigación y Enseñanza de Bellas Artes Posart celebra el Karaí Octubre, una fiesta popular de la región en la que se convida de yopará y se comparte una muestra entre los alumnos de pintura, algo que se replicará por primera vez este año en el Palacio Barolo, de Buenos Aires.

En esa misma ciudad, Engel colgará una de sus obras en el Palacio Libertad, como finalista del Premio Federal de Pintura, organizado por el Fondo Nacional de las Artes. Junto a otros 23 elegidos, Engel montará uno de sus cuadros de la serie “Variaciones del Güembé”.

“Para mí lo que más me importa es buscar la luz” en una obra, reconoce Engel, que tiene varias técnicas tradicionales con óleo sobre lienzo, así como el temple, aunque también usa elementos propios de la región, como la yerba mate o el polvo de piedra mora.

Algunas de ellas se vieron en junio pasado en el Museo Yaparí, en la exposición “La conversación de la materia“. Sin embargo, tras 50 años de arte, Engel no lleva la cuenta de cuántas obras realizó en la vida.

Es que, primero, “tomé al arte como una cuestión de hobbie, como pintor dominguero. Cuando tenía tiempo libre me dedicaba a pintar. No llevé la cuenta”, comenzó explicando.

“Después desperdicié una oportunidad muy grande cuando vino una persona de Buenos Aires a invitarme a una muestra en un castillo europeo, de una experiencia con pintores de varias nacionalidades. Pasaron dos cosas: no le creí porque en el catálogo había fotos interiores, y los palacios europeos se parecen a los de Buenos Aires. Y por otro lado me pidió una historiografía de mi trabajo, y yo no la tenía hecha. No se me ocurrió hacer”.

A partir de ahí comenzó a elaborar un inventario propio de sus piezas visuales, “a sacarle fotos, y mantener una historia de lo que hice”, indicó Engel, que cuenta con una Maestría en Artes Plásticas y Visuales en la Universidad de Granada.

Engel considera, en base a sus experiencias personales, que la política no debe mezclarse con el quehacer artístico. Porque de los políticos, “hay muy pocos que me merecen respeto”, lamentó.

“Pienso que son grandes oportunistas, para buscar beneficios personales, y creo que los políticos usan a los artistas. Un buen caso es Teresa Parodi, una cantante excelente que se metió en política y desapareció como política y artista también”, criticó.

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Iván Moschner: “Los trabajadores son esquilmados por falta de consciencia”

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Iván Moschner cumplió 42 años en el teatro. Mientras se encuentra por España junto a Joaquín Furriel para presentar la obra “La verdadera historia de Ricardo III”, el artista misionero reconoce que “hay mucha escena” en su vida.

Premiado el año pasado con un Martín Fierro por su trabajo en “Cyrano de Bergerac”, junto al Puma Goity, Moschner atesora otros importantes lauros a las artes escénicas, como dos Premios Trinidad Guevara y una estatuilla de Teatros del Mundo.

No es solo talento, dice para En escena verás. “También es el estudio constante”, apuntó el actor y director teatral. Egresado de la Escuela Nacional de Arte Dramático de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), el artista misionero considera que cada año toma cursos “para abrir la cabeza y de alguna manera actuar en el teatro independiente oficia en mí como un entrenamiento”.

Justamente es en el teatro off de Buenos Aires donde Iván dirigió “Pibitxs del río“, obra en la que actúa Delfina Colombo, ganadora del premio Trinidad Guevara 2026 como Actriz Revelación.

Por su lado, mientras se encuentra de gira por Barcelona con la adaptación de la obra de William Shakespeare, Moschner adelantó que preparan una función que darán en Shanghai, para el público chino.

“La verdadera historia de Ricardo III” ya se pudo ver el año pasado en Madrid y Bilbao tras su estreno del año pasado, en Buenos Aires, con varias fechas que cumplieron por varias provincias argentinas.

En una de sus escenas, el artista misionero desciende dentro de un auto colgado del techo. “No hicimos más gira por el resto del país porque los escenarios no soportan el peso del auto”, admitió.

Si bien es un coche sin motor, “dentro de la propia obra es como si cayera una bomba. Baja elegante, pero de pronto es algo real, mecánico”, graficó.

Además de incursionar en cine, Iván se sumó a “Cha cha chá“, uno de los mejores ciclos televisivos de humor con Alfredo Casero, Fabio Alberti y Diego Capusotto que existió hasta fines de la década del 90.

“Era muy exitoso el programa pero recibía mucha presión de sectores sociales por los contenidos”, reconoció.

“Había guiones pero después cuando pasabas a filmar, tenías que ir para donde estaba andando. Porque Casero básicamente improvisaba todo”.

Si bien en la actualidad Moschner ya no milita en el Partido Obrero, dejó en claro que su visión política sigue emparentada con la izquierda, algo que entendió cuando se fue a vivir a Buenos Aires en los 80.

“Una clase social somete a otra, porque tiene la policía, tiene los otros organismos del Estado, el ejército. El Estado tal como está, como lo conocemos, es un órgano de opresión de una clase por otra. Esto es del Manifiesto Comunista“, reflexionó.

“Todas esas circunstancias las volvimos a repetir”, porque “en el caso de nuestro presidente (Javier Milei), diariamente casi, cuando aparece, siempre hay una referencia a la izquierda, al comunismo o socialismo como palabras malas cuando no puede responder la plusvalía: toda la riqueza del mundo está basada en el trabajo productivo de los trabajadores“, remarcó.

“Que sean esquilmados es por su falta de conciencia”, indicó.

En ese sentido, Moschner consideró que la Inteligencia Artificial (IA) no debería ser perjudicial para los trabajadores. “En manos de quién está. Ese es el problema”, planteó.

Porque, según manifestó, la IA debería funcionar para aliviar las horas de trabajo de las personas. “La humanidad avanzó al punto de que ya no se necesita trabajar tanto, sin embargo, con la Reforma Laboral, la pasa a doce horas. ¿No era que no se necesitaba tanto trabajo?. Es contradictorio”, criticó.

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