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Cataratas recuperó su caudal y vuelve a ofrecer su espectáculo único

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Los 275 saltos de las Cataratas del Iguazú exhiben por estos días hermosos paisajes con un buen caudal de agua, luego de meses de extrema sequía.

 

PUERTO IGUAZÚ. Este martes, se registraron 790 metros cúbicos por segundo, el doble de lo que se registra desde el mes de marzo, cabe destacar que el caudal normal del rio Iguazú oscila entre 1.500 y 1.800 metros cúbicos por segundo. El faltante de agua en los saltos se debe a la sequía que se ha extendido por varios meses en el sur de Brasil, lugar donde nace el rio Iguazú.

El caudal del río continuará subiendo ya que los pronosticadores indicaron que durante el mes de junio se registrarían grandes lluvias en las cuencas que beneficiaria no solamente a las cataratas, sino a todo el ecosistema del área protegida.

 

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Foz: un puma paseó por la administración de Cataratas del Iguazú

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Grande fue la sorpresa que se llevaron los que trabajan en la administración del Parque Nacional de Iguazú, Estado de Paraná, Brasil. Un puma adulto se paseó por el hall de entrada del lugar, por suerte, las puertas estaban cerradas.

 

FOZ DE IGUAZÚ. Alrededor de las 14:30 de este domingo 12 de Julio, un puma adulto se paseó por la administración del parque. El felino se desplazó por la galería del lugar y un trabajador que se encontraba puertas adentro lo filmó. El curioso animal dio un pequeño recorrido y enseguida se adentró nuevamente a la zona tupida del Parque Nacional de Foz.

El empleado del lugar, Wellington Assis dos Santos, del equipo de vigilancia de la unidad de conservación, registró en video y lo viralizó.

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Biodiversidad y economía: la arboleda, el yaguareté, el sonido del río tienen precio

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El tema se debatió en un webinar sobre la valorización de los ecosistemas. En especial de su protección. Fue en un seminario organizado por el Instituto Misionero de la Biodiversidad (IMIBIO).

BUENOS AIRES (Por Laura Rocha, Infobae). Una arboleda, un yaguareté, el sonido de la corriente de un río, recorrer las Cataratas del Iguazú en una noche de luna llena y escuchar tronar el agua y el silencio. No se trata de la mera descripción de un paisaje, son recursos naturales que forman parte de la biodiversidad argentina y que podrían traducirse en un valor económico.

Este fue el tema que se debatió en un webinar sobre la valorización de los ecosistemas, pero especialmente de su protección. “Cada vez más vemos hablar de temas ambientales en los mercados financieros. La acción verde se ha extendido más de lo que parece. Más allá del deber moral, hay veces que ayuda ponerle algún número detrás y de lo que significan para nosotros los recursos naturales, por ejemplo en términos de salud”, comenzó durante su exposición José Dallo, representante del Programa de ONU Medio Ambiente para el Cono Sur en el seminario organizado por el Instituto Misionero de la Biodiversidad (IMIBIO).

La entidad organizó el debate que pretende identificar y demostrar los beneficios económicos derivados de la conservación y del uso sostenible de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos, y el ejemplo que representa para la Argentina el caso de Misiones.

El costo de la conservación

Durante el encuentro, el ministro de Hacienda de la provincia Adolfo Safrán mostró algunos números impactantes: por ejemplo, por no haber apostado a la producción agrícola, especialmente de soja, y haber conservado el ambiente, dejaron de percibir en los últimos 20 años unos 6.300 millones de dólares, según el cálculo oficial.

En ese sentido, Alberto Pacheco Capella, coordinador regional de subprogramas de biodiversidad y ecosistemas de América Latina y el Caribe, fue contundente: “Se necesita un cambio conceptual de nuestra relación con la naturaleza. Si ponemos a la naturaleza como motor de la economía, vemos que el 42% de las exportaciones globales están basadas en la biodiversidad; eso representó 427.000 millones de dólares en 2016 con suba anual del 7%”.

El modelo de cálculo que propone Capella es el TEEB, que es el acrónimo de Economía de la Biodiversidad y los Ecosistemas, un programa del PNUMA que comenzó hace 10 años. Se basa en establecer los recursos que aportan actividades como la agricultura, la pesca, los bosques y el turismo y su valor depende de la salud de la biodiversidad.

“Se trata de una herramienta económica muy útil para reconocer los servicios ecosistémicos que están dando algún tipo de bienestar humano. Eso se denomina capital natural y está compuesto por servicios abastecimiento (alimentos silvestres, cosechas, agua dulce, medicamentos); regulación (filtración de los suelos, servicios de los humedales); regulación climática (polinización, arrecifes); servicios culturales (actividades recreativas, educación), y los servicios de apoyo (formación de suelos, fotosíntesis, ciclo de nutrientes)”, detalló.

Misiones, una isla

El caso de Misiones es interesante de analizar ya que está rodeado de vecinos que han apostado por otro tipo de producción: “La selva paranaense es un hotspot de biodiversidad para el mundo: allí se encuentra el 52% de la biodiversidad de Argentina, con más de 150 especies de mamíferos, incluido el yaguareté; 564 especies de aves; 260 de peces; 116 de reptiles; 68 de anfibios; y miles de tipos de plantas y hongos”, detalló Viviana Rovira, presidenta del IMIBIO.

Sin embargo, entre 2000 y 2013, el 7% de los bosques fueron destruidos. La selva paranaense se enfrenta a graves amenazas por la expansión agrícola. En los últimos 120 años, se ha perdido el 95% de ella. Del cinco por ciento restante que sigue en pie, la mayor parte se encuentra en la provincia de Misiones. La pérdida de bosque ha tenido un impacto devastador sobre la flora y la fauna. De más de 1.000 especies y subespecies de anfibios, reptiles, aves y mamíferos, el 20% están amenazadas o casi en peligro de extinción.

“Nos hemos endeudado con el futuro, hemos gastado a cuenta. La Argentina tiene una actitud absolutamente depredadora del modelo productivo. Es momento de que pongamos el foco en los recursos naturales en una región. En esta salida de la pandemia, para poder seguir adelante debemos dar una respuesta que constituya una inversión y le garantice a nuestros hijos y nietos que contarán con las herramientas suficientes para afrontar los retos de su época”, sostuvo Silvia Vázquez, directora de Asuntos Ambientales de la Cancillería.

Quién paga por biodiversidad?

El tema es quién paga esos servicios que dejan de ser percibidos por quienes eligen conservar y proteger. “Para poder responder esta pregunta me gustaría hacerlo de un modo positivo. No es bueno hacer pagar a quienes contaminen porque la idea es evitar esa contaminación. Así que aquellos que se benefician de servicios ecosistémicos y generen renta producto de calidad de aire o de agua, esa renta debería ser distribuida en función de los servicios ecosistémicos que, por ejemplo, provee la provincia de Misiones”, explicó Horacio Schenone, presidente de la Fundación Bosques Nativos Argentinos.

Algunas de las propuestas que surgieron tienen que ver con la creación de un fondo compuesto, por ejemplo, con un porcentaje del dinero que se obtiene por las retenciones de las exportaciones agrícolas, como establece la ley de protección de bosques nativos.

Sin embargo, la realidad está lejos de ser ideal ya que esa ley no se cumple, no sólo por el porcentaje establecido para que se reparta, también porque las provincias reciben esos recursos con demora.

Para culminar, Pacheco agregó que las preguntas que tenemos que hacer para visualizar los costos son: “¿Quién paga los costos de la inacción, de la salud pública, de la contaminación, de la pérdida de productividad? Ahí está realmente todo el marco conceptual económico. Los Objetivos del Desarrollo Sustentable no van a ser alcanzados si únicamente dependemos de la inversión del gobierno. En términos de inversiones sostenibles tamos viendo muchos fondos del sector privado en ese nuevo mercado que se está generando”.

Del encuentro, moderado por Patricio Lombardi, subsecretario de Relaciones Internacionales del gobierno provincial, también participaron el embajador argentino en Panamá, Marcelo Lucco y un representante del Smithsonian Institute, entre otros.

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Crean una nueva reserva natural en San Ignacio en área de alto valor ambiental

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La Fundación Hábitat y Desarrollo adquirió unas 50 hectáreas para formar la reserva Tenondé, que se suma a las más de 400 hectáreas protegidas en la costa del Paraná.

 

SAN IGNACIO. La Fundación Hábitat y Desarrollo escrituró a su nombre dos lotes en San Ignacio, adquiridos mediante una donación del Comité de los Países Bajos de la Unión Internacional por la Conservación por la Naturaleza (UICN), con fondos provenientes de la lotería holandesa.

“Los dos lotes de tierras adquiridos suman 50 hectáreas y conforman la nueva Reserva Privada Tenondé, de ahora en más, dominio de la fundación y nueva área integrante de la Red Hábitat de Reservas”, precisaron desde la ONG al sitio Argentina Forestal.

Hace un par de años, la fundación tomó conocimiento del gran valor ambiental que posee una zona de singularidad ecológica ubicada al Sur de Misiones, en San Ignacio. “Se trata de una muestra del bioma del Cerrado, un hotspot de biodiversidad ampliamente representado en Brasil, pero que se extiende marginalmente hacia Paraguay y Bolivia y que recientemente ha sido identificado en la Argentina”, destacó el presidente Gustavo Aparicio.

En cuanto al valor natural de estas tierras, este sitio además tiene una composición de suelo diferente al resto de la provincia de Misiones. Allí, en pastizales arraigados en sustratos arenosos en áreas específicas del Teyú Cuaré y Loreto, crecen un total de trece especies de plantas vasculares endémicas (exclusivas) de la provincia de Misiones, lo cual equivale al 40% de las especies endémicas de la provincia.

“Lamentablemente, la zona de pastizales arenosos del Teyú Cuaré en los últimos diez años fue utilizada para establecer circuitos de motocicletas, carreras de autos y como basurero. Debido a estos usos, con frecuencia se quemaba de forma incontrolada lo que favoreció la invasión de gramíneas africanas. Todo esto redundó en la total extinción de las especies Begonia hassleri (Begoniaceae) e Ipomoea lanuginosa (Convolvulaceae), además de una merma importante en las poblaciones de las restantes especies endémicas”, advirtieron.

“A principios de 2019 tomamos conocimiento del interés de propietarios en vender dos lotes contiguos que suman casi 50 hectáreas, el 25% del área de interés. En esas 50 hectáreas se encuentran ocho de las trece especies vegetales endémicas de la zona.

Además, en el sitio crecen dos especies declaradas monumentos naturales por la provincia de Misiones: el urunday blanco (Leptolobium elegans) por Ley XVI 68 (ex 3873), y la palmera enana o “pindocito” (Allagoptera campestris) protegida por el Decreto Provincial Nº 2914/92.

En sus valores culturales, es importante destacar la presencia cercana de la comunidad guaraní Pindoty-í, compuesta por ocho familias, que suman 30 personas y son guiadas por un jefe. Esta pequeña comunidad aprovecha los recursos de una superficie que incluye el predio a adquirir.

“Las posibilidades de trabajar con ellos y rescatar sus conocimientos tradicionales fortalece y estimula el trabajo de conservación proyectado. El uso turístico del lugar será permitido sólo a grupos guiados por miembros de la comunidad guaraní local como manera de apoyar el desarrollo de la comunidad y reconocer sus derechos ancestrales”, detallaron desde Hábitat y Desarrollo.

En el área, se encuentra la cantera donde los jesuitas extrajeron la piedra para la construcción de San Ignacio Miní a partir de 1632 hasta su expulsión en 1768.

Otro valor significativo que motivó la necesidad de adquirir esta propiedad fue que está rodeada por cuatro áreas naturales protegidas: el Parque Provincial Teyú Cuaré (78 ha), las reservas privadas Osununú (Fundación Temaikèn, 168 ha) y la Reserva Club del Río (75 ha) -estas dos integrantes de la Red Argentina de Reservas Privadas- y la Reserva Privada Jorge Luis Velázquez (25 ha).

En total, con la nueva área natural creada, sumarán casi 400 hectáreas protegidas con costas en el río Paraná, que conforman un polo de conservación estatal y privada, con un significativo corredor ecológico.

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