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A Eliana Krawczyk en Neuquén le nombraron una calle, en Misiones, nada

NEUQUÉN. La municipalidad de la capital neuquina nombró a dos calles de la ciudad bajo la denominación “ARA San Juan” y “teniente de Navío Eliana María Krawczyk” en homenaje a los 44 tripulantes del submarino hundido y en particular a la submarinista obereña que se destacara por ser la primera en Sudamérica y la única a bordo de la nave naufragada en noviembre de 2017 tras una explosión.

La Armada Argentina perdió contacto con el submarino cuando se trasladaba desde Ushuaia hacia Mar del Plata. Fue hallado el 17 de noviembre del año pasado a 907 metros de profundidad.

La placa y nomenclatura en los carteles de las calles fueron colocados este martes a la mañana. En Oberá, tanto concejales como el propio municipio aún no homenajeó a Eliana.

El intendente Horacio Quiroga participó del acto de imposición de nombres de dos calles de la Isla 132 como ARA San Juan y Teniente de Navío Eliana María Krawczyk en homenaje a los 44 tripulantes del submarino argentino.

A través del secretario de Gobierno y Coordinación, Marcelo Bermúdez, Quiroga propuso a la Corporación para el Desarrollo Integral del Neuquén (Cordineu) nombrar estas arterias principales de la isla con estos dos nombres.

“Pechi me pidió que solicite a Cordineu esta autorización para preservar eternamente el recuerdo de estos héroes en la ciudad”, recordó Bermúdez quien aclaró que los concejales ya aprobaron la ordenanza N°13.879 que es la que autoriza al municipio a bautizar con estos nombres ambas calles.

“De esta manera mantendremos el recuerdo permanente en la ciudad de este navío y de los 44 tripulantes que hicieron un enorme sacrifico por custodiar el Mar Argentino y que perecieron hace más de un año en sus profundidades”, dijo

Recordó que la Teniente Krawczyk tripulaba el sumergible y fue la primera submarinista de América del Sur.

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Inscribieron a 9.303 jóvenes, sin tatuajes visibles, para ser policías o penitenciarios

Los dibujos no deben estar a la vista, con el uniforme puesto. Ni ser lesivos, obscenos o discriminatorios. La mayoría eligió la Policía, donde se impusieron los varones. A la inversa, son más las mujeres que quieren ser penitenciarias.

POSADAS. Un total de 9.303 jóvenes de entre 17 y 23 años, sin tatuajes visibles, se inscribieron en el Instituto Universitario de Seguridad de Misiones para ingresar en la Policía o en el Servicio Penitenciario provincial.

Tanto el límite de edad como la exigencia con respecto a los tatuajes o la altura de 1,60 metros en el caso de las mujeres y de 1,65, en los varones, figuran entre los requisitos a cumplir por los interesados.

De acuerdo con un informe oficial del total de postulantes, 6.318 orientaron sus preferencias hacia las filas de la Policía, mientras que 3.165 optaron por las filas del Servicio Penitenciario. En ambos casos deberán someterse a evaluaciones.

Otra segmentación de la cantidad de inscritos permitió determinar que  3.161 son varones y 2.977, mujeres en el caso de los interesados en ser policías, en tanto que para el Servicio Penitenciario 1.872 se anotaron en el cuadro femenino y 1.293 en el masculino.

Al cerrarse la inscripción el sábado pasado, este lunes se abrió la segunda instancia con un examen on line que permitirá el acceso a la evaluación psicofísica a quienes aprueben, a lo que seguirá una entrevista personal.

Según las exigencias del ingreso al Instituto, las dos etapas finales son consideradas como primordiales para la selección final de los postulantes que sean aptos para la institución elegida.

La cantidad de inscritos para el ciclo lectivo 2020 fue similar al año pasado, donde los interesados remarcaron sus propósitos de acceder a los títulos de Licenciado en Seguridad y Diplomado Universitario en Seguridad, en el caso de la Policía.

Los penitenciarios egresan como Licenciado en Tratamiento y Seguridad Penitenciaria y Diplomado Universitario en Tratamiento y Seguridad Penitenciaria.

Otros requisitos para el ingreso al Instituto son: ser ciudadano/a argentino/a, nativo/a o por opción; soltero/a, viudo/a o divorciado/o: no tener hijos; secundario completo o constancia de finalización de estudios; no registrar antecedentes judiciales provinciales y nacionales ni contravencionales.

En cuanto a los tatuajes, se estableció que los interesados no deben tenerlos en partes visibles del cuerpo con el uso regular de cualquier uniforme de la institución. “O que sean lesivos, obscenos y/o discriminatorios” (foto ilustrativa).

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La Universidad de Rosario aprobó el cupo laboral trans

La Universidad Nacional de Rosario aprobó el Cupo Laboral Trans y se convirtió en la segunda universidad del país en incorporar una normativa de estas características.

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Héroe de Malvinas vio la cédula de un caído en Londres y logró dársela a su mamá

Daniel Oscar Diarte falleció en combate el 3 de junio de 1982. Hasta poco su identificación era exhibida en el Imperial War Museum de la capital británica. Hace diez años, el veterano Osvaldo Hillar la vio y le tomó una foto para emprender una cruzada para devolvérsela a su familia.

LONDRES. Para el veterano Osvaldo Hillar el 2 de abril de 2009, a 27 años de la Guerra de Malvinas, fue un aniversario diferente. No por el dolor y la tristeza que brotan de sus recuerdos cada vez que llega esa fecha tan especial, sino por el contexto.

En esa ocasión se encontraba en Inglaterra. Había ido a Londres invitado por el Estado junto a otros cuatro ex combatientes.

Hillar perteneció al Grupo de Artillería Aerotransportado N° 4 de la ciudad cordobesa de La Calera. Estuvo en combate 56 días. Dos años después de la guerra se mudó desde Córdoba hacia su ciudad natal: Ushuaia.

Desde allí trabajó y trabaja a diario para reconocer a sus “hermanos de corazón” y “concientizar” a las generaciones venideras. En aquel viaje de hace diez años a la capital británica recuerda que como parte de la iniciativa conmemorativa le dieron a elegir una salida a un lugar emblemático de la ciudad.

Junto a sus compañeros decidieron visitar el Imperial War Museum. A pesar de que en el museo estaba prohibido tomar fotos, Hillar llevó su cámara. Esa decisión, sin saberlo, sería el puntapié de la historia que siguió.

En la recorrida por un área en la que se exhiben objetos de soldados argentinos y británico, Hillar se detuvo frente al muestrario y miró con atención una cédula de identidad militar, el documento que el Estado le otorgó a cada soldado bajo bandera que viajó a las islas.

La cédula estaba algo alejada, expuesta contra una pared, por lo cual él no alcanzó a distinguir el nombre y apellido de su dueño. Lo único que llegó a visualizar fue el número de identificación: 8.

Hillar se acercó lo más que pudo, hasta donde le permitió la mampara de vidrio que los separaba, y, en su interior, le susurró su pensamiento: “Dentro mío le dije ‘yo te voy a llevar’”.

Hillar se propuso “agotar todas las municiones a través de la paz y el diálogo para que esa cédula vuelva a su lugar de origen, que es con su familia”.

Para ello le tomó una foto -“me arriesgué, pude haber tenido algún inconveniente”, cuenta- con la idea de, ya de regreso en el país, encontrar la manera de “transparentar lo que estaba en esa fotografía”. Finalmente lo consiguió y en la cédula se pudo leer el nombre del propietario: Daniel Oscar Diarte.

El soldado clase 62 Oscar Diarte era de Mar del Plata y había ido a las islas a desempeñarse como radio-operador en el GADA 601 de esa ciudad costera. Falleció el 3 de junio de 1982.

Fue una de las víctimas de un misil lanzado por el avión inglés Vulcan B.2 sobre Puerto Argentino, como parte de la Operación Black Buck de la Real Fuerza Aérea (RAF).

El ataque fue a las 6.20. Testimonios en el libro Malvinas, 20 años cuentan que en un amanecer muy frío y con garúa, se escuchó el ruido de los motores de un avión que sobrevolaba la zona y de pronto, la explosión retumbó hasta varios kilómetros.

El misil impactó en el director de tiro Skyguard. En esa acción también perdieron la vida el soldado Jorge Alberto Llamas, el teniente Alejandro Dachary y el sargento Pascual Blanco.

Hoy, los restos de Diarte descansan en el Cementerio Argentino de Darwin. Y su cédula de identidad ya no se exhibe en el museo londinense: ahora está en manos de su madre, Dalis Cejas de Diarte.

Tras saber que el documento era de Diarte, Hillar lo mantuvo conservado en un cofre en el que guarda sus pertenencias de

No se animaba a dar el próximo paso: “Tenía muchas dudas: no sabía si iba a estar con vida o no, no sabía como había llegado hasta el museo, no sabía cómo enfrentar a su familia en caso de no estar con vida”.

Pasó un tiempo hasta que una noche se decidió a conocer sobre Diarte. Se sentó frente a la computadora, lo buscó en los padrones, supo que había muerto y se enteró de su historia. Así, desde hace dos años, emprendió una cruzada humanitaria y diplomática para poder recuperarla y devolvérsela a su familia.

No fue una misión sencilla. En el camino se topó con barreras, porque “podía ser un obstáculo a las relaciones bilaterales que lleva adelante el país”, explicó.

Hasta que se encontró con la ayuda del embajador británico en la Argentina, Mark Kent, clave para las gestiones que hicieron posible concretar su cometido. También con la colaboración del presidente de la Fundación No Me Olvides, Julio Aro. Dalia es parte de esa organización.

El viernes pasado, en una cálida ceremonia celebrada en el salón de la Casa del Balcón de la Universidad Nacional de Mar del Plata, la madre del héroe argentino y otros familiares de Diarte recibieron el objeto. Del acto participaron el embajador Kent, Aro e Hillar.

Con un sentido abrazo, el diplomático británico y la mujer dieron por finalizado el emotivo acto. La imagen fue retratada por todos los presentes con sus cámaras. Una foto significativa, como aquella de Hillar que motorizó la historia.

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