Política
Nicolás Godoy y el desafío de lograr nuevos liderazgos en la UCR
Nicolás Godoy tiene 26 años, es oriundo de Eldorado y, como muchos otros estudiantes, hace casi una década emigró a Posadas estudiar profesorado en Historia en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales (Fhycs), donde además de formarse como profesional también se involucró políticamente y hoy es uno de los referentes más jóvenes y activos que busca ganar espacio en las filas del radicalismo.
Pese a ser de “cuna peronista”, Nicolás aseguró haberse “fascinado” por “los valores y la historia” de la construcción del radicalismo, motivo por el cual hoy milita la bandera roja y blanca junto a Lucas “Chocho” Gómez y Ariel “Pepe” Pianesi, hoy diputado provincial y presidente del bloque de la Unión Cívica Radical (UCR), junto a quienes reconoció identificarse en su carrera de formación política.
Simultáneamente, ejerce como profesor de Historia en la capital provincial, lo que consume la mayor parte de su tiempo, aunque desearía poder contar con el capital económico y social necesario para seguir practicando lo que más le apasiona: la militancia por el radicalismo.
Después de Ainara Lewtak, referente e influencer libertaria en la tierra colorada, La Voz de Misiones entrevistó a Nicolás Godoy para seguir conociendo a los nuevos militantes de los diversos espacios políticos, saber qué piensan, escuchar sus preocupaciones y dar lugar a sus reflexiones sobre el presente y el futuro.
Adoctrinamiento vs pluralidad de ideas
Durante la entrevista, Nicolás aseguró que su involucramiento en la política comenzó en la facultad y contestó a esa narrativa discursiva que apunta a instalar la cuestión del “adoctrinamiento” de las universidades públicas.
“Lo que hay es pluralidad. Hay diferentes ideas, hay mucho debate y mucha discusión política. Cada uno puede decir lo que piensa. Entonces, vas a entrar y vas a ver murales, carteles, pero adoctrinamiento no. Además, uno como docente sabe que para que alguien pueda adoctrinar a otro, esa persona tiene que tener la cabeza vacía y eso cuando uno llega a la facultad no pasa”, refutó.
Y sumó: “Cuando vamos a la facultad a hacer ciencia tenemos esa rigurosidad necesaria que nos aporta la disciplina y no permite ese adoctrinamiento. Después cada uno si quiere participar o no es libre. Hay mucho debate, mucha discusión, pero nadie está obligado a nada en la facultad”.
Sobre sus inicios, narró que “cuando entré a la facultad me empecé a involucrar y me gustó mucho porque sentía que había muchas cosas para mejorar en ese momento” y marcó como hito clave para profundizar su participación en la política cuando un docente de mucho peso en Historia decía que por “pensar distinto” podía tener complicaciones en la carrera. “A mí eso realmente me molestó un montón”, cuestionó.
Con ese impulso, y acompañado por uno de sus hermanos, decidió dar el paso e iniciar su militancia dentro de Nuevo Espacio, una agrupación política estudiantil creada en la última década, en la que confluyen simpatizantes del radicalismo y autónomos.

Nicolás fue presidente del centro de estudiantes en Humanidades por Nuevo Espacio.
El radicalismo como identidad
De cuna peronista y sindicalista desde el linaje paterno, Nicolás decidió ampliar el espectro de pensamiento político dentro del círculo familiar al formar parte de Nuevo Espacio y desde allí conoció a grandes referentes de la historia del radicalismo misionero.
“Mis hermanos por ahí eran simpatizantes, pero mi familia es re peronista. Mi papá trabajaba en Alto Paraná y tuvo un poco de participación sindical antes de que yo naciera. Tengo varios tíos, uno en Buenos Aires que es delegado de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), otro acá delegado de obras sanitarias, mi abuelo militó en la Uatre, mis dos abuelos muy peronistas”, recordó con cierta alegría.
Sin embargo, desde lo personal, afirmó “llegué a la facultad y realmente me sorprendió lo que representaba Nuevo Espacio en ese momento. Era la agrupación reformista, también ligada al radicalismo, aunque no tanto como Franja Morada. Surgió como un desprendimiento de esa primera agrupación”.
Con el correr del tiempo, el entusiasmo, la empatía y las inquietudes que lo caracterizan, lo llevaron a conquistar el Centro de Estudiantes de la Facultad de Humanidades, desde donde ejerció el cargo de presidente. Fuera del ámbito universitario, en tanto, alcanzó el cargo de vicepresidente de la Juventud Radical de Misiones.
“Nosotros en la facultad fuimos la única agrupación que fue centro de estudiantes sin tener un decano o un rector de su lado”, contó con orgullo, mientras hizo referencia a otras agrupaciones estudiantiles que tenían alguna figura de autoridad como aliada dentro de la gestión universitaria.
“Pudimos demostrar que se le puede ganar. Recuerdo que hubo elecciones en las que venía hasta el municipio u organismos provinciales a ayudar en las campañas de las agrupaciones con las que competíamos y le ganábamos igual, porque teníamos ese trabajo de estar cerca de la gente, militar, tener creatividad, ser genuinos y representar con el ejemplo”, completó.
En ese sentido, Godoy pregonó el involucramiento en la participación política e hizo hincapié en que “la participación política no necesariamente tiene que ser partidaria. Hay muchas formas de involucrarse; en el barrio, en la facultad, en la escuela, en tu trabajo, en tu colegio profesional, lo que sea. Hay muchísimas formas de participación política para tener una sociedad mejor”.
Militancia, redes y la “antipolítica”
Diferenciándose de la nueva oleada de posteos en “X” que patearon el tablero para dar un nuevo “cambio cultural”, Nicolás apreció que desde su origen “la militancia se caracterizaba por forjarse en el cara a cara, en los pasillos, en las aulas y en los barrios”, aunque reconoció la irrupción de las redes como importante a la hora de comunicar en esta nueva era.
En esa línea, admitió que el presidente Javier Milei supo entender las nuevas lógicas y estrategias de comunicación para poder llegar al poder, aunque se diferenció de él y reflexionó sobre lo que considera “sesgo de información” en las redes.
“Sin dudas que él entendió su tiempo. Entendió la lógica de las redes sociales, cómo funcionan los algoritmos, también tiene un equipo de campaña y de marketing. Imaginate que el vocero presidencial tienen rango ministerial y la educación tiene solo una secretaría, entonces vemos que para este gobierno la propaganda política de comunicar es la piedra fundamental”, analizó.
Y trazó: “Yo veía en él una persona poco seria y poco coherente. Un perfil que para mí es todo lo opuesto a lo que considero que está bien o que es ser un político, pero siento que pasa esto del sesgo de información en las redes sociales de cada uno, que el algoritmo te va mostrando lo que a vos te gusta o lo que es afín a tu forma de pensar, como los propios grupos donde uno se rodea.

Nicolás Godoy nació en Eldorado, tiene 26 años, es profesor de Historia y milita para la UCR.
Godoy volvió a marcar diferencias con el gobierno nacional y ejemplificó que “dentro de la facultad, entre los diferentes arcos políticos tenemos más coincidencia frente a lo que está gobernando ahora. A comienzos de este año me entrevistaron en un canal con un militante del partido comunista y ellos en la facultad siempre nos mataban a nosotros, pero en este nuevo contexto estábamos del mismo lado, cosa que era impensado hace algunos años atrás”.
De esta manera, el profesor de Historia reconoció una dicotomía vigente entre la política y la antipolítica, siendo esta última propia de quienes sostienen el gobierno actual. “Hay valores que son trasversales a diferentes partidos políticos. Por ejemplo, el tema de las universidades, los jubilados, gran parte del arco político se agrupa para defender esos valores y les sirve”, señaló.
Sobre la actual “descalificación” de la política profundizó: “Hubo frustraciones con Alberto, con Macri, con Cristina, y ahora todo eso que monopolizaba la política argentina no funcionó, defraudó, fracasó. Siento que la gente saltó a lo desconocido por alguien que representaba esa bronca contra los políticos de siempre”.
En cuanto a la idiosincrasia y las nuevas formas de hacer política, analizó que “estamos en una situación muy compleja, muy desafiante y novedosa. Siento que el arco político en general y opositor no le está encontrando la vuelta, tiene miedo a criticar o no sabe cómo volver a representar a la gente. Entonces, todas las cosas negativas que está haciendo el gobierno no las está canalizando nadie. Es la gente en la calle, sobre todo los estudiantes los que están demostrando esa oposición al gobierno, pero todavía no se está sintetizando en ninguna oferta política”.
Desde ese punto de partido, admitió que a nivel provincial no se siente totalmente representado por la UCR provincial, en tanto que a nivel nacional reconoció las figuras de Facundo Manes y Pablo Juliano, aunque “todavía no tienen una relevancia o potencia suficiente como para conducir el partido”.
Como radical y egresado de la universidad pública, Godoy tampoco esquivó la pregunta referida al accionar del diputado Martín Arjol a la hora de acompañar el veto presidencial a la ley de financimiento universitario.
Godoy eligió hablar de “crueldad” para no incurrir en una mala palabra. “Es muy cruel lo que hizo, no hay empatía, no hay un ponerse en el lugar del otro, no hay ni un poco de tacto social. No tiene nada que ver con los valores ni con la historia del radicalismo, absolutamente nada que ver”, arremetió.
Y apuntó sin vacilar: “Nosotros creemos que tiene que seguir con su carrera por fuera del partido porque ¿para qué está en un lugar donde los valores no les importa o no los representa?”.
Estudiar y trabajar
En un contexto de facultades tomadas a nivel país en reclamo a las políticas de desfinanciamiento a la educación y con los estudiantes siendo blancos de críticas y estigmatizaciones por parte de sectores de ultra derecha, el eldoradense planteó una realidad que afecta a la mayoría del estudiantado.
“Siempre se cuestiona mucho la tasa de egresados de la facultad, pero para mí es algo completamente lógico que no aumente porque cada vez hay más estudiantes que trabajan. Los invito a ver los apuntes que tiene cada estudiante para una sola materia. Si tenés que trabajar y estudiar, obviamente que te va a llevar más tiempo que las personas que tienen la posibilidad de dedicarse exclusivamente a estudiar, y cada vez son más los chicos que se ven obligados a buscar trabajo porque no llegan con el alquiler y los gastos”, postuló.
“Hay un contexto económico que hace que la gente tenga que salir a laburar y termine priorizando el laburo, el comer, el llegar a fin de mes y pagar las cuentas, y no le da ni el tiempo, ni la fuerza física, ni la fuerza mental ante toda esta ansiedad que produce de decir ‘Che no sé a cuánto se va ir el alquiler una vez que termine el contrato’ y que se te vaya 100%, 150%. Tampoco sabes a cuánto se va la luz. Y no, claro, esa no es la condición más propicia para tener que leer libros y libros para poder aprobar una materia”, describió con crudeza.
Para Godoy, la informalidad laboral es otra preocupación de los jóvenes y una de las problemáticas que los últimos gobiernos no supieron atender. “Hubo destrucción en la institución trabajo. Primero tenés que el trabajo en blanco es cada vez más escaso, hay mucho trabajo en negro, tenés muchos monotributistas, que en realidad son trabajadores que cobran un sueldo pero te tenés que poner esa figura legal para que te tomen. Con eso tenés una inestabilidad y una precariedad tremenda. No es estar negro, es estar en gris, pero a veces capaz es mucho peor”, expuso.

Nicolás junto a otros compañeros de militancia radical.
Espíritu internista y necesidad de nuevos liderazgos
Durante la entrevista, Nicolás también dio su perspectiva sobre la situación de la UCR en Misiones, cuestionando el espíritu “internista” del partido y planteando la necesidad de “nuevos liderazgos” por fuera de los porta apellidos.
“Siento que tenemos que darnos la tarea de construir un nuevo proyecto en común. Siento que hoy en día la UCR Misiones no tiene un proyecto de poder, no tiene una forma de compartir a la ciudadanía la concepción de provincia que quiere, siento que se queda mucho en la crítica porque la ley de lemas esto, porque la aduana paralela esto, entonces son todas criticas a la Renovación pero no hay otra propuesta, otra narrativa de provincia que interpele realmente a la gente”, apuntaló.
Para Godoy es clave la formación, la lectura, la actividad intelectual, como herramienta para producir ideas y proyectos innovadores que permiten imponerse, no solo ante la Renovación, sino también frente a los históricos dirigentes que lideran el partido en la tierra colorada.
De ejemplo puso lo que sucede puertas adentro de la UCR Misiones. “A los radicales siempre nos dicen ‘internistas’, es como que nos pasamos peleando entre nosotros en lugar de competir por el poder en las elecciones generales y muchas veces lastimosamente es cierto. Entonces creo que tiene que haber un cambio de mentalidad, tienen que surgir nuevos liderazgos, pero también es difícil y no siento que sea culpa de alguien en particular. Si vemos que hay tal o cual referente político en los cargos de representación bueno, hay que ganarles, no queda otra”, consideró.
Y añadió: “Pero no es tan fácil. Tienen su gente, a determinado grupo interpelan, representan y por eso están en el lugar en el que están. Obviamente que es difícil, por ahí para las personas que no somos descendientes de familias políticas, podemos pensar en el esquema de Arjol es hijo de una diputada, el presidente del partido es un Arrechea y después tenés un Argañaraz que es hijo del ministro de gobierno durante el gobierno de Cacho (Barrios Arrechea). Después tenes otras personas que si bien no vienen de familias políticas pero sí tienen un capital económico más importante, pero siento que los que tenemos más ganas de transformar la sociedad somos los que venimos de la universidad. Tenemos las ganas, tenemos el contenido, pero faltan los recursos, tenemos que salir a trabajar como cualquier ciudadano”.
Godoy ponderó una y otra vez a la universidad como una gran herramienta, no solo de formación y sino también de transformación. “Me acuerdo que cuando llegue a la facultad, una estudiante tenía una remera que decía: ‘Una vez que abrís los ojos no los podes volver a cerrar’. Entonces una vez que te involucras y ves todas las cosas que podes hacer, las cosas que están mal, que están bien, todo lo que desde tu lugar podes llegar a conseguir, es muy difícil volver a tu casa y decir no me meto más, porque sabes que están pasando un montón de injusticias que no las vas a poder solucionar todas, pero en algo vas a poder ayudar, a alguien le vas a poder dar una mano, me parece que ese principio de solidaridad debería ser rescatado y es uno de los principios del radicalismo también”, cerró.
Política
Posadas marchó a 50 años del Golpe: memoria viva en cada paso
A cada paso, un silencio. Un desaparecido al que solo le quedaba su espacio vacío. A cada grito de “¡Presente!”, un nombre más que se trenzaba en la memoria colectiva. A 50 años del golpe militar, en Posadas una gran cantidad de personas que conforman organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos, volvió a salir a las calles para recordar y exigir memoria, verdad y justicia en cada sitio que funcionó como Centro Clandestino de Detención (CCD). Porque en cada lugar donde hoy se hizo memoria, siguen vivas las historias de los misioneros que aún gritan: NUNCA MÁS.
Encabezando la marcha, una pancarta con los 75 rostros de desaparecidos. Algunos con nombre y apellido; otros, apenas una silueta con un signo de pregunta. El recorrido comenzó en la Jefatura de Policía, donde se realizó la primera parada, y continuó por la Facultad de Humanidades. Luego, la columna se detuvo frente a la sede de la Policía Federal Argentina (PFA), siguió hasta la antigua Cárcel de Posadas -hoy CEP 4-, pasó por el destacamento de Inteligencia del Ejército, continuó hacia Gendarmería Nacional y culminó en la sede administrativa del Ejército. Desde allí, la movilización -que ya superaba una cuadra- avanzó hasta la plaza 9 de Julio, donde se dio inicio al acto central.
La concentración había comenzado en la intersección de las avenidas Mitre y Buenos Aires. Entre banderas de organizaciones sociales, se mezclaban los pañuelos blancos, remeras con consignas como “El amor vence al odio”, “Nunca Más” y el reivindicado “30.000”. Los pañuelos, bordados y adornados con flores, recordaban que este día remite a uno de los capítulos más duros y oscuros de la historia argentina, pero también que quienes marchan lo hacen con una consigna cargada de amor.

Se estima que en Misiones hubo unos 600 presos políticos, de los 60 permanecen desaparecidos.
La primera parada fue frente a la Jefatura de Policía de la Provincia, sobre calle Buenos Aires. En la fachada, la placa que recuerda: “Aquí se cometieron crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado”. Sobre esa misma vereda -por la que muchos desaparecidos habrán dado sus últimos pasos en libertad- hoy caminaron familiares, militantes y vecinos que gritaron “presente” por quienes padecieron los crímenes más atroces. Crímenes que aún parecen resonar en las paredes, en los edificios y en la memoria de quienes viven alrededor.
La movilización continuó por calle Tucumán y pasó frente a la Facultad de Humanidades, donde se recordó a Juan Figueredo, “El Negro”, el único diputado provincial desaparecido en Misiones durante la dictadura militar.
A pocas cuadras, la multitud realizó su segunda parada frente a una unidad policial aún en funcionamiento. La fachada, deshabitada, se mostraba con una atmósfera sombría. Cada paso, cada calle, cada nube de un día gris contrastaban con el blanco de los pañuelos, los colores de las flores bordadas y las fotos de quienes acompañaban la procesión en cada invocación del “Nunca Más”.
La tercera parada fue en la puerta del CEP 4, la ex Cárcel de Posadas. Un espacio que hoy transitan adolescentes, donde estudian, ríen y comparten, pero que hace 50 años fue un lugar de tortura. Allí estuvieron detenidas mujeres y hombres, también niñas y niños de la misma edad que hoy asisten a clases. En la fachada, otra placa recuerda lo ocurrido durante uno de los períodos más trágicos del país.

Durante la marcha hubo pintadas en todos los lugares que funcionaron como CCD.
El cuarto punto fue el destacamento de Inteligencia Nº 4 del Ejército. Allí, la pancarta con los 75 rostros se colocó al frente y, a través del micrófono, se volvió a nombrar a los desaparecidos. En la esquina, un cartel negro con la consigna “Memoria, Verdad y Justicia” acompañaba la escena. Entre quienes sostenían la bandera estaba Mario Coutouné, perseguido y detenido durante la última dictadura. Su hermano, Ricardo Horacio Coutouné, fue sobreviviente de la represión ilegal y testigo en los juicios de lesa humanidad en Misiones.
Entre los marchantes también se encontraban Graciela Franzen, ex presa política y hermana de Arturo Franzen, uno de los cuatro misioneros asesinados en la Masacre de Margarita Belén, y María Josefa “Pepa” Estevez, quien también fue una detenida política, entre otros.
El recorrido siguió por calle San Martín hasta la sede de Gendarmería Nacional. No pasó desapercibido un detalle cargado de simbolismo: en la esquina de San Martín y San Lorenzo, un Ford Falcon verde permanecía estacionado. El vehículo, para esta fecha, se vuelve un emblema en el imaginario colectivo de los horrores de aquella época.

Un Ford Falcon apareció estacionado en medio del recorrido de la marcha.
Luego, la columna avanzó hacia las oficinas administrativas del Ejército Argentino. Allí, nuevamente, se realizaron pintadas: pañuelos blancos, el “30 MIL” y el “Nunca Más” quedaron impresos en la fachada.
Finalizado el circuito por los centros de detención, la multitud confluyó en la plaza 9 de Julio. Allí comenzó el acto central, con la lectura de un documento por parte de organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos. Luego, el micrófono quedó abierto al público. Hubo presentaciones de bandas, percusión y representaciones teatrales. Mientras tanto, un grupo de militantes pintaba un gran pañuelo blanco frente a la Casa de Gobierno.
Un año más, Posadas volvió a alzar la voz. Para no olvidar. Para sostener la memoria. Porque los 30.000 desaparecidos siguen estando presentes.
Dictadura en Misiones: la foto del Golpe y las voces del primer año del horror
Política
Dictadura en Misiones: la foto del Golpe y las voces del primer año del horror
La foto más representativa del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Misiones, la tomó el fotógrafo del diario El Territorio, Miguel Ángel Giménez, fallecido en febrero de 2016.
La imagen en blanco y negro es un retrato perfecto del atraco de esa madrugada. Dicen la mayoría de los testimonios que el fotógrafo, por entonces de 31 años, esperó pacientemente al amparo de las sombras de la plaza 9 de Julio como un francotirador consciente de que tiene solo una oportunidad.
La escena muestra a un grupo de militares en uniforme de combate, en el momento en que irrumpen en la Casa de Gobierno: en primer plano, un automóvil que parece ser un Torino, el “gran auto argentino” de la época; detrás, hombres con casco del Ejército, dos con pinta de policías y otro con apariencia de civil, todos con la vista perdida en un punto fijo fuera del cuadro; y al fondo, un pelotón de soldados que se escabullen dentro del edificio.
Cuenta el periodista Sergio Alvez, en una crónica sobre la icónica fotografía, titulada “Un disparo certero en la oscuridad” y publicada en 2022, que Giménez llegó a la plaza poco después de las diez de la noche del 23 y se sentó en un banco, como quien se dispone a matar el tiempo o está esperando a alguien.
“Llegó la medianoche. Miguel no podía saberlo a ciencia cierta, pero en esos instantes, la democracia agonizaba. De pronto, sintió una especie de temblor en el suelo. Giró la cabeza. Una caravana de vehículos hacía su ingreso a la plaza. Uno de los autos estacionó frente a la puerta de Casa de Gobierno. Más de diez militares uniformados y armados, ingresaban. También había un hombre vestido de civil, con ropas claras. Miguel suspiró. Se levantó del banco, sujetó la cámara y procuró mantener la discreción entre unos arbustos, pero a la vez, acercarse cuanto fuera posible al objetivo. Sólo tenía una película para tomas diurnas. Disparó varias veces. Sintió alivio al notar que no había sido descubierto por los militares que se aprestaban a ingresar a la Casa de Gobierno. Comenzó a caminar en dirección contraria, alejándose con premura hacia algún rincón más seguro de la madrugada”, escribe Alvez.
La foto de Giménez marca la Hora 0. El golpe se concibió y ejecutó como una operación militar, que cubrió todo el país con precisión de relojería. Primero, desviaron el helicóptero presidencial y capturaron a la presidenta María Estela Martínez de Perón, Isabelita, que había salido a las 00.10 de la Casa Rosada rumbo a la Quinta de Olivos y terminó aterrizando, con la excusa de un desperfecto técnico, en el Aeroparque Jorge Newbery, donde fue detenida.
A esa misma hora, a más de 1.000 kilómetros del epicentro, en una plaza pueblerina envuelta en penumbras, Giménez apunta su cámara Pentax y dispara la ráfaga con la imagen destinada a inmortalizar ese momento, propuesta desde el comienzo como documento, y no como una foto técnicamente impecable.
“En esa época, los diarios compraban bobinas de treinta metros de película y se fraccionaban en rollos para los fotógrafos”, dice Marcos Otaño, reportero gráfico posadeño de amplia trayectoria en la prensa de la tierra colorada.
Otaño calcula que Giménez utilizó esa noche una película Agfa, muy difundida en el periodismo en blanco y negro de la época, por su grano clásico, marcado contraste y su latitud de exposición, que permitía un pushing de hasta 1.600 asas, ideal para trabajar en condiciones de poca luz.
“Tiene que haber usado una película de 400 asas. Sé que hizo un forzado al revelar, por eso la imagen tiene ese alto contraste: los negros son bien negros, y los blancos, bien blancos”, comenta Otaño.
Dice que en ese entonces no había teleobjetivos acá y que Giménez habrá hecho la toma de su vida “con un lente más chico, desde el medio de la plaza”. “Habrá sido un lente luminoso, los télex eran muy oscuros; calculo que usó un lente de 50 mm”, dice Otaño.
Cree que Giménez trabajó la toma después. “Es lo que yo haría”, admite Otaño y explica: “En la ampliadora, cuando vos hacés las copias, podés hacer una gigantografía; no es como ahora, que se pixela; la imagen de él es bien nítida, no hay ese barrido de las fotos con movimiento”.

El Golpe de 1976: la foto, las primeras horas y sus responsables.
“Cayó esa hija de puta”
En 1976, Posadas era muy distinta a la actual: casas bajas y calles que desembocaban abruptamente en el río Paraná, que entonces corría salvaje entre barrancas de tierra roja y muelles de madera.
La mañana del 24 amaneció calurosa, sin presagios de lluvia. Habían pasado más de seis o siete horas de que la Junta de Comandantes, presidida por el general Jorge Rafael Videla, emitiera el hoy famoso Comunicado Nº 1, que resuena todavía como preámbulo del horror.
El gobernador Miguel Ángel Alterach ya había sido depuesto y arrestado, y gobernaba un coronel: Juan Bautista Beltrametti, que moriría en prisión en 2013, mientras purgaba una condena a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, junto a su colega el jefe del Área 232 Misiones, Carlos Humberto Caggiano Tedesco, también fallecido.
“Mi compañera pasó a buscarme aquella mañana para ir a la escuela secundaria, como todos los días”, relata la periodista María Itumelia Torres, Mariquita, en el libro “Historias con Nombres Propios”, compilado por la licenciada Amelia Rosa Báez, ex subsecretaria de Derechos Humanos de la provincia y víctima del terrorismo de Estado de aquellos.
“En Posadas amaneció soleado y seguro llegábamos tarde. Pero no llegamos”, dice Mariquita y recuerda que, junto a su compañera de colegio, apenas anduvieron un par de cuadras por la avenida Tacuarí, entonces de tierra, cuando se encontraron con otro estudiante que les avisó: “No hay clases”.
Dice que, enseguida, notaron el paso abrumador de “camiones verdes del Ejército”, que “eran muchos y levantaban una polvareda infernal”, y que vieron a una eufórica vecina que saludaba el paso del convoy, y gritaba: “¡Cayó esa hija de puta!”, por Isabelita, que a esa hora estaba recluida en la villa El Messidor, una mansión de estilo francés, a orillas del Lago Nahuel Huapi, en Neuquén.
En el mismo libro, Mario Enrique Coutouné, militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), estudiante de Ingeniería Química y víctima en el juicio contra Beltrametti y Cagiano Tedesco, junto a su hermano Ricardo, cuenta que esa madrugada amanecieron guitarreando en la casa familiar de la avenida Tambor de Tacuarí.
Festejaban el cumpleaños de Luis “el Negro” Thomas, que se convertiría en uno de los pocos abogados posadeños en atreverse a presentar recursos de hábeas corpus en favor de los detenidos políticos, y que también fue, finalmente, privado de su libertad; primero, en la cárcel de Candelaria y, después, en la Alcaldía de Posadas.
“Estuvimos guitarreando y festejando su cumpleaños. Vimos que había un Torino a media cuadra estacionado, pues, para el Golpe era demasiado una guitarreada en ese momento, pero ese día no pasó nada”, relata Coutouné, que tiene una hermana desaparecida, Mirtha Noelia Coutouné, conocida como “La Flaca”, que estaba esa noche, y sería secuestrada en noviembre de ese año, en La Plata, donde residía.
Dice que un ratito antes, el grupo había visto pasar una camioneta por la avenida, y que entonces encendieron lo que en la época se conocía popularmente como “combinado”, un mueble mezcla de tocadiscos y radio; y que, enseguida, escucharon la fanfarria marcial que se convirtió en la banda de sonido de la dictadura: “La marcha, tan… tararán… y el comunicado”.
“Lo que se viene”
A unas diez cuadras de allí, en una vivienda del barrio Tiro Federal, un arrabal humilde en la costa que debía su nombre al primer polígono de tiro fundado en 1909, Ricardo “Pelito” Escobar, se desperezaba en su cama, sin saber la noticia con la que estaba a punto de desayunarse.
“Recuerdo que me desperté medio temprano, porque había escuchado ruidos en mi casa”, cuenta Escobar, que entonces tenía 16 años, cursaba el secundario en la Escuela de Comercio Nº 1 “General José de San Martín” y desde el ‘73 militaba en el capítulo misionero de la Unión de Estudiantes Secundarios, la mítica UES de La Noche de los Lápices. “Me levanto y veo a mi mamá escuchando las noticias en la radio y justo estaban pasando el comunicado de la Junta Militar que habían lanzado a la madrugada”, relata Pelito.
Cuenta que su mamá, que era “una mujer comprometida” y “simpatizaba” con su militancia estudiantil, lo miró en silencio, “a los ojos, no con miedo, sino como diciéndome: ‘Lo que se viene’”.
“Nunca se me ha podido borrar de la cabeza ese momento, porque era una mirada de interrogante, de qué nos iba a pasar a nosotros como familia”, dice Pelito.
Esa mañana, en Resistencia, a 341 kilómetros de Posadas, Francisco Pancho Perié, que por entonces tenía 20 años, amanecía con la resaca de la noche anterior y se desayunaba con la misma mala noticia que su ex compañero de la UES en Posadas, Pelito Escobar.
Perié estudió en el Colegio Nacional Nocturno Nº2 “General Manuel Belgrano” y fue promotor y presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Misiones, una agremiación estudiantil de corta vida, en una realidad marcada por la violencia política y un orden atenazado por el accionar de grupos parapoliciales orquestados desde el mismo Estado.
“A mí me tenían marcado en Posadas, por lo que me fui a seguir mis estudios a Resistencia; me fui a vivir en una casilla, en una villa”, cuenta Perié.
“La noche anterior fuimos caminando por la vía del tren hasta la casa de una compañera, y ahí estuvimos comiendo un guiso y guitarreando”, recuerda el ex subsecretario de Turismo de la provincia y agrega: “Cuando nos despertamos, nos enteramos que habían tomado el poder los miliares”.

Lo que se vino
En marzo de 1976, Misiones era una provincia todavía dominada por la selva. La 12 era la única ruta asfaltada, el resto de los caminos rurales eran interminables picadas de tierra roja, que se volvían verdaderos pantanos de greda con cualquier lluvia y dejaban aisladas a muchas colonias agrícolas.
Tampoco estaban los puentes, ni con Paraguay, ni con Brasil. La vida en la tierra colorada estaba determinada por un contraste brutal, con la sacrificada rutina del colono y un creciente clima de terror rural, que terminó quebrando la confianza entre los propios vecinos.
Antes del golpe, las colonias tenían una vida social muy activa, basada en el cooperativismo y la lucha por la titularidad de las tierras. Los colonos se juntaban en los secaderos, en las ferias, para discutir los precios de la yerba o el tabaco. Era la época de las Ligas Agrarias y el Movimiento Agrario Misionero (MAM), del que despuntaron líderes como Pedro Peczak, que roto el orden constitucional e instalado el Terrorismo de Estado fueron perseguidos y asesinados.
En Posadas, Pelito Escobar continuaba yendo al colegio y militando en la UES y la Juventud Peronista (JP). “Nosotros lanzamos una campaña de denuncia del golpe, con pintadas y volantes; no imaginábamos que todos estábamos considerados subversivos y que nos iban a perseguir”, dice Escobar.
No faltaba mucho para que su nombre y su fotografía figuraran en un afiche con el que los militares empapelaron la ciudad: “Enemigos de la Patria”, con la identidad de 16 militantes políticos y sociales, entre los que figuran su hermano Héctor Pelo Escobar, Oscar Wapenka, Pedro Peczak, Carlos Tereszecuk, Beatriz Pérez Rueda y Juan El Negro Figueredo, que fueron secuestrados, uno por uno. “Colabore con su detención. No sea cómplice con su silencio”, rezaba el afiche, que pasó a formar parte de la galería de la represión ilegal en Misiones.

Facsimil del afiche con los más buscados por la dictadura en 1976, reproducido en “La vida entre paréntisis. Crónica de un militante”, el libro de la escritora Numy Silva, sobre la historia de Pelito Escobar.
Perié no figuraba en el afiche, pero fue detenido en Resistencia. “Me fueron a buscar a la villa en abril”, recuerda. Fue uno de los primeros militantes misioneros en ser detenidos por la dictadura. Lo trajeron a Posadas y también conoció el menú de torturas y humillaciones. Estuvo preso siete años, hasta la vuelta de la democracia en 1983.
Su ex compañero de la UES, Pelito, fue detenido en octubre de ese año. Había cumplido los 17 el mes anterior y se vio obligado a buscar refugio fuera de la casa familiar.
Pelito cuenta que la noche del 5 de octubre de 1976, caminaba con su amigo y compañero de militancia, Ricardo Coutouné, hacía el barrio Johasá, donde tenía un tío a quien pensaba pedirle para quedarse a dormir. “Ricky me dijo ‘yo te acompaño’ y nos fuimos caminando por Tacuarí”, relata Escobar.
Dice que, al llegar a la esquina de San Martín, notaron la presencia de un vehículo “sospechoso” y decidieron desviar hacia una de las calles laterales, aunque no pudieron evitar ser vistos y fueron, igualmente, interceptados por el automóvil.
“Nos pararon y nos alumbraron con linternas”, agrega Pelito y comenta que con Coutoné ya habían acordado que si eran emboscados por alguna patrulla saldrían a correr. Corrieron. En la huida, se separaron. Coutouné tropezó y cayó, lo atraparon. Escobar estaba por zambullirse en un monte cercano cuando sonaron los disparos. “Sentí un sacudón en la espalda, pero seguí corriendo”, recuerda. Le dieron en el omóplato derecho. “Cuando salí del monte, me di cuenta que sangraba mucho; ya no me perseguían y me escondí en un excusado”, relata Pelito.
Pasó la noche ahí, muerto de miedo, con la ropa empapada de sangre, creyéndose morir. A la mañana siguiente, escuchó el ruido de vehículos que se acercaban. Enseguida, oyó soldados y voces que daban órdenes, y después, el ladrido de los perros. No tardaron en encontrarlo. “Pelito, entregate, estás rodeado, me decían; era como en las películas”, comenta Escobar.
“Fuimos secuestrados, torturados; mi hermano, mi primo; los amigos asesinados”, agrega. “Con mi hermano estuvimos presos 7 años, 2 meses y 20 días”, precisa Pelito y detalla: “Primero, estuve desaparecido seis meses, en la Policía de Misiones, la Policía Federal, el Ejército, hasta que en marzo del ’77, me llevaron a la Penitenciaría de Resistencia y después a la Unidad Penal 9 de La Plata.
Informaciones
En marzo de 1976, Amelia Báez estaba casada con el hermano de Pelito, Héctor, y empezaba a cursar la carrera de Antropología, en la Facultad de Humanidades de la UNAM. Ambos militaban en la JP y, según cuenta Báez en el libro que compiló, vivían “en tensa vigilia y expectantes”.
En septiembre, con el cerco represivo cobrándose a diario estudiantes, docentes, políticos y dirigentes, la pareja decide separarse. “Decidimos que yo volviera a la casa de mis padres y Pelo empezó a buscar refugio en casa de familiares o de amigos, ya que la represión se consolidaba y le pisaba los talones, como a tantos otros”, relata Amelia.
Cuenta que, a los pocos días de mudarse a la casa paterna, el 10 de septiembre, escucharon la llegada de camiones del Ejército.
“Buscamos a Pelo Escobar y Señora”, dice Amelia que le dijo a su madre uno del pelotón de soldados que irrumpió en la casa. “Mi hija Amelia no vive aquí, ellos viven en otro lado”, recuerda Báez cómo mintió su madre. “Aquí -dijo señalándonos a cada uno de los presentes- están mis hijas Gloria, Marta, Rubén y mi sobrina Teresa”, cuenta que continúo su mamá, haciéndola pasar por su hermana Gloria, que estaba a esa hora en la universidad.
Relata que, horas más tarde, su padre le pidió que se preparara porque la iba a llevar a la casa de un pariente, “ya que presentía que ellos iban a volver”, y recuerda que salieron por los fondos de la casa, bordeando un arroyo hasta lo un tío, que terminó regañándola toda la noche.
A la mañana siguiente, su padre la buscó y la llevó a la Dirección de Informaciones de la Policía de Misiones, convertida a esa altura de los acontecimientos en uno de los Centros Clandestinos de Detención más célebres del momento.
“Fuimos recibidos por quien se identificó como el oficial Juan Carlos Ríos”, cuenta Amelia y menciona a uno de los torturadores más cínicos y brutales de la entonces policía provincial.
Dice que Ríos, sorprendido, le pidió su DNI, consultó en una oficina y la condujo ante “un uniformado que se presentó como el Capitán Marángello”, que le explicó a su padre que “en el marco de la lucha antisubversiva nos buscaban por averiguación de antecedentes”. La detuvieron.
“Estuve tres noches”, relata Báez. Dice que “a la noche escuchaba que traían a muchas personas, a quienes propinaban terribles golpizas”.
Por la Dirección policial a cargo de Ríos pasaron multitud de detenidos políticos, como Graciela Franzen, que en 2005 confrontó al policía, ya retirado en su casa y aquejado de una diabetes que lo había dejado sin piernas.
En la ocasión, Ríos se desentendió de su responsabilidad y culpó a colegas suyos de entonces, como Miguel Ángel Silvero, otro de los policías denunciados por Franzen.
Según una crónica del diario El Territorio, sobre aquella a visita sorpresa de Franzen a Ríos, la charla de víctima y verdugo fue un repaso de cruentos episodios que el policía dijo no recordar.
“Me acuerdo que usted me sacó la venda y me hizo atender por el doctor Mendoza ese día en que yo me estaba desangrando”, señala el diario que le dijo Franzen a Ríos, quien, lejos de inmutarse, reaccionó como sorprendido por la gravedad de la escena.
Amelia fue liberada y confinada a detención domiciliaria por otros 45 días. Su casa era vigilada en todo momento. Pelo Escobar fue capturado un mes más tarde, el 21 de octubre.

En Posadas, como en el resto del país, hubo reclamos para la liberación de los presos políticos.
Final de año
A poco de terminar el primer año del golpe, en el interior misionero reinaban el miedo y la delación. Las familias habían dejado, incluso, de visitarse por temor a ser asociados con “actividades subversivas”, que en la colonia podía ser reclamar un precio justo por la cosecha. Los camiones del Ejército y Gendarmería eran parte del paisaje cotidiano. Nadie se sentía a salvo.
En ese clima enrarecido por las razias y operativos que propusieron nombres para la memoria del horror, como La Casita de Mártires y la hostería Hoppe, vive oculto el dirigente agrario Pedro Orestes Peczak.
Fundador del MAM, una organización que nucleaba a pequeños colonos en la lucha por los precios y la tierra, y candidato a vicegobernador del Partido Auténtico en las elecciones de 1975, representando políticamente a los sectores rurales organizados, Peczak es el hombre más buscado de la provincia.
Dicen los testimonios que los militares llegaron a vigilar las farmacias de la zona esperando capturarlo, ya que sabían que el dirigente agrario sufría de dolencias crónicas.
Lo atraparon el 22 de noviembre en Panambí. Fue trasladado al Regimiento de Infantería de Monte 30, en Apóstoles, donde fue sometido a brutales torturas. Murió el 17 de diciembre a causa de los tormentos. El Ejército entregó el cuerpo a su esposa, en un cajón soldado y cerrado con llave. Las autoridades militares prohibieron abrir el féretro. Hoy, la tierra colorada lo recuerda como el “Mártir de Los Helechos”.
Peczak fue uno de los últimos detenidos políticos de 1976. Y el último de la cúpula del Partido Auténtico en ser capturado, ya que un poco antes había caído Carlos Tereszecuk, cuyos restos pudieron ser identificados en 2018; y en octubre, habían secuestrado y asesinado al diputado provincial Juan El Negro Figueredo.
Los registros hablan de unos 600 detenidos políticos y 60 desaparecidos ese primer año del golpe, que concluyó el 17 de diciembre en el Chaco con la ejecución de cinco misioneros: Manuel Parodi Ocampo, Carlos Alberto Duarte, Julio Andrés “Bocha” Pereyra, Luis Ángel Díaz y Arturo Franzen, quienes fueron fusilados en lo que se conocería como la Masacre de Margarita Belén. A excepción de Franzen, hermano de Graciela, y Parodi, cuyos restos fueron entregados a sus familias en enero de 1977, los otros tres jóvenes continúan desaparecidos.

A 50 años del Golpe Militar: Ramón Ayala y su fichaje en la Lista Negra
Política
Sin Avales, Cristina Brítez será candidata a vice de Lalo Arguibel en el PJ
La dirigente kirchnerista de Eldorado y ex diputada nacional del Frente de Todos, María Cristina Brítez, figura como candidata a vicepresidenta del Consejo Político Provincial del PJ Misiones, en la lista “Amplitud”, que encabeza el líder de Convergencia Justicialista, Gonzalo Costa de Arguibel, para las elecciones partidarias del 19 de abril próximo.
La decisión de Fuerza Patria, de acoplarse al armado de Lalo Arguibel, se precipitó al filo del cierre de listas del sábado, cuando el sector camporista liderado por Brítez “reconoció que no tenía las condiciones para reunir los miles de Avales exigidos por la Junta Electoral del partido para inscribir una propuesta propia”, señaló a LVM una fuente del búnker kirchnerista de la calle General Paz.
“Era la única manera de no quedarnos afuera de la interna. Queríamos ir con una lista encabezada por un candidato nuestro, pero no llegamos con las firmas”, comentó.
De hecho, en enero, varias de las figuras del sector de Brítez, como el delegado de ATE en la Dirección Nacional de Migraciones (DNM), Martín Pájaro Ayala, habían hablado de la intención de articular una “lista de unidad”, aunque sin descartar un armado propio, en un escenario que, por entonces, tenía picando en punta a Arguibel, como el primero en anunciarse como candidato para conducir el PJ Misiones.
Desde entonces y hasta el sábado, el espacio se mostraba públicamente trabajando en la construcción de una oferta electoral, con Brítez y Ayala como las figuras más visibles, y lejos de desembocar en una alianza con el sector de Arguibel, de corte kirchnerista no camporista, y crítico de la exlegisladora de Eldorado.
En una ocasión, hace 9 meses, cuando se conformó la Multisectorial por la Democracia en apoyo a CFK, Arguibel acusó a Brítez de un “accionar políticamente miope, pseudo-renovador manifiesto y personalista” y retiró a su sector del espacio. “Ella hace algo para la foto, como una vedette, y detrás no hay laburo político, ni militancia territorial”, cargó.
Finalmente, el sector de Brítez se acopló a la lista de Arguibel, que quedó registrada como “Amplitud Justicialista – Fuerza Patria”, con la exdiputada nacional en el segundo lugar.
Listas
Los interventores Gustavo Arrieta y Máximo Rodríguez informaron este lunes, en un comunicado, sobre la instancia concluida el fin de semana y las listas que fueron oficializadas por la Junta Electoral partidaria: “La Julio Humada”, de Christian Humada, hijo del exgobernador peronista; “Peronismo Misionero”, del diputado nacional de la Renovación Neo, Alberto Arrúa; y la lista de Arguibel – Brítez.
Por la Resolución 10/26, de la Intervención partidaria, que obliga la alternancia de género en el armado y dado que las tres propuestas están encabezadas por hombres, las candidaturas a vicepresidente del Consejo Político Provincial, fueron para mujeres: Stella Maris Peso, que secunda a Humada; Graciela Elisabeth Palacio, compañera de Arrúa; y Brítez, en el caso de Arguibel.
El comunicado destaca, además, la presentación de “más de 100 listas municipales en toda la provincia, lo que da cuenta del nivel de participación, organización territorial y compromiso político alcanzado en este proceso histórico”.
“Este escenario refleja no solo la amplitud y pluralidad del peronismo misionero, sino también un clima de convivencia democrática, donde las distintas expresiones internas han podido canalizar sus propuestas dentro de un marco de respeto institucional, cumpliendo con las normas y procedimientos establecidos”, afirma el texto.
Cautelar
En otro comunicado, la Intervención partidaria informó que el fin de semana el Juzgado Federal con Competencia Electoral de Posadas rechazó la medida cautelar solicitada por el exintendente de Campo Viera, Juan Carlos Ríos, que solicitaba a la Justicia suspender las elecciones internas.
Ríos recurrió al Juzgado Federal luego de que su espacio quedara afuera del proceso electoral, por no haber cumplido con el plazo de cierre de inscripción de listas, que venció el viernes 19 a las 23:59 horas.
Según el comunicado partidario, la resolución judicial “reafirma el principio de autonomía partidaria y el carácter excepcional de la intervención judicial en la vida interna de los partidos políticos, señalando expresamente la ausencia de un perjuicio concreto, actual o irreparable que justifique la suspensión del proceso electoral en curso”.
PJ MISIONES COMUNICADO 23 MARZO LISTAS
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