Política
Arjol: “Hay una visión del radicalismo de cagones y yo no soy así”
En una entrevista con La Voz de Misiones, el diputado nacional de la Unión Cívica Radical (UCR), Martín Arjol, defendió su voto por el veto presidencial que tumbó una ley de movilidad jubilatoria impulsada por su partido; acusó a la conducción nacional del radicalismo de utilizar una doble vara a la hora de decidir sanciones internas, como la suspensión que le aplicó la Convención Nacional, tras la sesión en el Congreso; habló de un “radicalismo liberal”, se alineó con el gobierno de Javier Milei y proclamó: “Hay una visión del radicalismo de cagones y yo no soy así”.
Lejos de sentirse amedrentado por las voces internas que piden su expulsión del partido y del bloque en la Cámara, el legislador misionero redobló la apuesta y sugirió que tampoco acompañaría un proyecto de ley de financiamiento universitario como el que, también, impulsa la UCR, si incluyera erogaciones que pudieran comprometer el equilibrio fiscal, la principal bandera de Milei, que utilizó para argumentar su voto contra la ley que aumentaba 8% los haberes jubilatorios, llevando la mínima a poco más de $300.000, cifra que reconoció como “irrisoria”.
En la entrevista, Arjol analizó también la interna radical, se distanció por completo del titular del partido, el senador Martín Lousteau, y del sector que encabeza el diputado Facundo Manes, a quienes ubicó en lo que llamó “neo kirchnerismo”.
En la charla, el diputado misionero habló también de la foto con el presidente y su ubicación en la mesa, junto a Milei; se definió como “un hombre que siempre trabajó por el cambio”, y disparó, además, contra el adversario político natural de la oposición en la provincia, el Frente Renovador de la Concordia, al que, por otra parte, le reconoció su carácter hegemónico, ensayando, asimismo, una autocrítica de la oposición provincial.
Por la charla, pasó también el caso de Germán Kiczka y su impacto en todo el armado opositor misionero; la banca vacía de la Legislatura que, en teoría, le corresponde ocupar al radical Javier Mela; su relación con Pedro Puerta, diputado provincial y líder de Activar, el partido que llevó a la Cámara al legislador imputado por distribuir material de abuso sexual infantil, y aliado político de la UCR en Juntos por el Cambio (JxC) Misiones.
Antes del final, Arjol nombró dos veces a su ex colega y líder del Partido Agrario y Social (PAyS), Héctor Cacho Bárbaro. En ambas, lo llamó “pulla saco de Rovira; un empleado”, tradujo.
Blindaje
El arranque de la entrevista estuvo referido a la controversia generada por su voto contra la ley que mejoraba los haberes jubilatorios diezmados por la inflación acumulada y la devaluación de diciembre, de Milei.
“No se comenta en su totalidad lo ocurrido en esa votación”, advirtió Arjol y, enseguida, trajo a colación la abstención de los legisladores de la Renovación en la misma sesión de la Cámara que ratificó el veto presidencial.
“Fue una abstención en todo su derecho”, afirmó el diputado radical y remarcó: “Pero, ellos también cambiaron su voto, también ayudaron a sostener el veto”, disparó.
“En el cambio del voto hay cuestiones de tipo personal y también cuestiones políticas, que son anteriores y posteriores a la última semana”, explicó Arjol.
El diputado de la UCR Misiones señaló a LVM que la reunión que mantuvo con el presidente, junto a los otros cuatro legisladores radicales que respaldaron el veto de la ley, fue definitoria en la dirección que, finalmente, le dio a su voto.
“El veto produce una nueva discusión sobre lo que el presidente plantea, y nos dice a nosotros en la última semana, en la reunión que tuvimos, que duró más de una hora y media, hablando de cuestiones económicas, hablando en particular de eso y, sobre todo, donde vimos un presidente que no tenia una animosidad contra ningún sector de la sociedad, no iba contra los jubilados, sino para lograr ese plan económico de equilibrio fiscal con descenso de la inflación, y así poder salir de una crisis heredada del kirchnerismo que quebró la Argentina”, relató.
“El presidente lo que plantea es la necesidad de una salida, para que cuando logremos recomponer las cuentas públicas, poder mirar y recomponer aquellos sectores que en ese proceso quedaron atrasados”, contó Arjol de lo conversado con Milei en la reunión que lo tuvo pegado a la cabecera de la mesa y que calificó como “demasiado importante”.
“No son solo los jubilados”, lanzó Arjol y enlistó sectores sociales en situación de extrema pobreza para ilustrar sobre la magnitud de la crisis: “Los menores de 0 a 14 años, los asalariados, los cuentapropistas”, mencionó.
“Esta dificultad es para todos los argentinos”, razonó y aseguró que, pese al contexto, “yo siento una expectativa de la gente, de que esta sea la salida definitiva y no tengamos otro fracaso”.
Arjol reconoció que la jubilación mínima, que es la que perciben la mayoría de los jubilados, está muy por debajo de la línea de pobreza establecida por el Indec y que, comparada con los salarios de los diputados que votaron contra la ley, la brecha es “abismal”, aunque sugirió que con Milei las jubilaciones ganaron un 5%.
“También hubo una actualización con respecto a las jubilaciones”, afirmó Arjol y estipuló: “Todo es de acuerdo de adónde tomes el cálculo, que puede ser +5% o -5%”.
“Depende de si atribuís la inflación del 25% de diciembre a Milei o al gobierno anterior. Si le atribuís a Alberto, hoy están 5% arriba de la inflación, y si le atribuís a Milei están 5% debajo”, explicó.
“Cuando hay un proceso inflacionario tan alto, ningún salario termina llegando”, razonó y apuntó: “En el caso de las universidades, sí hay una reducción del 40% que se produjo en este gobierno”.
“A diferencia de las jubilaciones, donde es verdad que hay un desfasaje, pero no atribuible a este gobierno”, agregó.
“Acá, lo que molestó no es el voto a los jubilados, no es lo que posteriormente pasó, no es el cambio del voto”, señaló Arjol y sentenció: “Lo que molesta es que con esto hicimos un blindaje institucional al presidente”.
“No va a haber el sueño de algunos dirigentes de replicar lo que pasó en el proceso de La Alianza, o empujar la salida de un gobierno para que venga un gobierno de coalición o de transición, entre kirchnerismo o neo kirchnerismo”, advirtió y arengó: “Acá, hay una decisión, por lo menos, de ciertos sectores de la política de acompañar al presidente que, primero está haciendo lo que propuso en campaña; y, segundo, fue elegido y tiene que terminar su mandato”.

La reunión de Martín Arjol y otros diputados radicales con el presidente Javier Milei, previa a la sesión por el veto en el Congreso.
Superman
Sobre el calificativo de “héroes”, con que bautizó el presidente a los 87 diputados que votaron a favor del veto a los jubilados, Arjol prefirió distanciarse de cualquier condecoración.
“Yo no me ubico en ningún papel”, apuntó el legislador radical y disparó: “Porque yo ya soy el traidor, cuando en la primera Ley Bases voté dos incisos en contra y fui denominado ‘traidor’”.
“No me creo ni traidor, ni me creo héroe”, remarcó Arjol y agregó: “Héroes son los que en este momento difícil de la Argentina están poniendo todo para que la Argentina salga adelante”.
“Esos son héroes. Yo no, pero tampoco me considero ese traidor de la primera Ley Bases. Yo me considero, sí, un hombre del cambio; un hombre que trabaja para que las cosas cambien en la Argentina”, ponderó.
“La reacción no tiene que ser contra alguien que siempre defendió el cambio, tiene que ser contra los que siempre defendieron la continuidad”, reflexionó.
“¿Coincido en todo con Milei?”, se preguntó Arjol y respondió: “No, no coincido en todo, pero sí coincido, profundamente, en el rumbo económico que está llevando adelante”.
-¿En qué no coincidís con Milei?, ahondó LVM.
“Hay algunos matices que me diferencian”, dijo Arjol y mencionó: “Claramente no coincido en su idea del Estado como una organización criminal”.
“Muchas de las definiciones del presidente, tiene que ver con su forma de comunicar”, justificó el diputado de la UCR Misiones y volvió sobre el término “héroes” que utilizó Milei.
“Cuando el presidente se refiere como ‘héroes’ a los diputados, tiene que ver con que la gente entienda el aporte”, desarrolló Arjol y abundó: “Es una manera del presidente de sintetizar que quienes lo acompañaron, lo ayudaron”.
“¿Qué es el héroe?”, lanzó Arjol y definió: “Es alguien que te acompaña y en los momentos difíciles aparece, y eso lo sabe un chico de tres años que ve a Superman”.
El asado
En otro tramo de la entrevista, el diputado de la UCR Misiones, justificó su ausencia en el asado de la semana pasada en la residencia presidencial de Olivos, donde Milei agasajó a los “héroes” del veto a los jubilados.
“El mismo día del asado, nosotros tuvimos la reunión de bloque que fue pedida por una minoría del bloque, de 9 diputados, que pedían que nos corran o nos quiten del bloque”, explicó Arjol.
“Esa reunión fue muy fuerte en todo sentido”, señaló y contó: “Nosotros fuimos para defendernos”.
“Yo me siento radical, me siento parte del radicalismo; un radicalismo distinto, un radicalismo que no piensa en el Amba; un radicalismo que ve para el interior de las provincias”, afirmó.
“Es un radicalismo que ve gobernadores que entienden el equilibrio fiscal, intendentes que entienden; que ve un gobernador como el de Santa Fe, que hace poco más de tres semanas, para evitar la quiebra de la caja previsional hizo una reforma estructural de las jubilaciones y además le aplicó un descuento excepcional por dos años a los empleados para poder sostener la caja”, valoró.
“Ese es el radicalismo que entiende de la gestión, del equilibrio fiscal y de tener las cuentas saneadas”, señaló Arjol.
“Discutimos en el bloque y se extendió bastante la discusión y, además, algunos actores del bloque que están en una posición más en el medio, entre los que queremos acompañar al gobierno y los que no, nos pidieron que terminada la reunión no nos vayamos al asado”, relató.
“Yo entendí la necesidad de discutir en el bloque y tener esa predisposición a ese debate que estoy dando dentro del bloque con esta visión del radicalismo, dentro del partido y en todos los lugares”, agregó.

El asado con el que el presidente homenajeó a los “heroes” del vento a los jubilados.
Carmelita
En relación con la interna de la UCR, el diputado misionero se distanció de la conducción nacional de Lousteau y también del sector de Manes, que preside la Convención Nacional que lo sancionó junto a los otros cuatro legisladores que votaron por el veto de Milei a los jubilados.
“Yo me ubico del lado un radicalismo que cuando uno tiene que ajustar las cuentas, son la proporción de cómo impactan en la suma y la resta; un radicalismo que entiende la importancia del equilibrio fiscal”, afirmó Arjol y precisó: “Un radicalismo liberal”.
“La gente tiene una visión del radicalismo de cagones, que no nos animamos”, dijo Arjol y se desmarcó: “Yo no soy así, yo venía conviviendo con un radicalismo que venía haciendo Lousteau, pero este tipo no me representa”.
“Hay otro radicalismo más liberal, más abierto”, postuló y justificó las formas y exabruptos de Milei: “Se está enfrentando con el peronismo, que es sanguinario, no puede hacerlo como una carmelita descalza”.
Arjol afirmó que nunca fue notificado de ninguna sanción por las autoridades partidarias y que tampoco le han permitido “ejercer lo que cualquier persona tiene derecho, que es a defenderse”.
“Esto me hizo preguntarme también hacia adentro ¿por qué cuando una persona vota con el oficialismo puede ser sujeto de sanción, pero cuando alguien vota con el kirchnerismo, no”, analizó Arjol y disparó: “Me estoy refiriendo a Martín Lousteau, que en la Ley Bases votó solo; a Manes, que también votó solo, en contra del bloque”.
“Claramente, cuando yo veo el escenario posterior a cómo votamos, y veo que somos crítica de Cristina Fernández de Kirchner y de su ex ministro de Economía, Martín Lousteau, digo: ‘La pucha, estoy yendo por buen camino’”, arremetió.
“Lo que yo espero del partido es que me den el derecho a defenderme, como lo hicimos en el bloque”, pidió Arjol y graficó: “Tan bien lo hicimos en el bloque, que la reunión terminó con los que nos querían echar yéndose de a uno”.
“Nosotros queremos dar ese debate dentro del partido, porque creemos que hay un partido federal, creemos que hay un partido que cree en el equilibrio fiscal, que puede hablar de cuestiones económicas que son necesarias para la Argentina en este momento”, reclamó el diputado misionero.
“Me causa bronca, pero yo estoy acostumbrado porque siempre peleo contra grandes injusticias”, lamentó Arjol y cargó contra Ricardo Alfonsín, el hijo del ex presidente, que fue embajador del último gobierno kirchnerista: “Ver cómo dirigentes que porque tienen apellido no fueron nunca sancionados en el partido; fue embajador en España, y nunca se expresó el partido ante esa situación”, remarcó.
“Yo no me siento solo en la decisión que tomé”, dijo el legislador de la UCR Misiones y contó: “Yo siento jubilados que la están pasando mal, pero que me dicen: ‘Martín, tenemos que salir de una vez por todas’”.
Amor
Sobre la ley de financiamiento universitario, otro proyecto salido de la UCR, cuyo veto presidencial es inminente, Arjol adelantó que podría repetir su voto de la ley de jubilaciones o en todo caso abstenerse.
“El amor por algo no se demuestra solo con un voto, se demuestra con hechos”, sentenció el diputado misionero y esgrimió: “En la Unam, no conozco a nadie que haya dado clase gratis; yo di clases gratis 12 años en la Unam”.
“Yo era un abogado recién recibido y no era que yo no necesitaba”, agregó Arjol y comentó: “Mi familia es fruto de la universidad pública. Mi papa es ingeniero agrónomo y mi tío, ya fallecido, médico”.
“Creo en la universidad pública, pero también creo en la salida de la crisis y el equilibrio fiscal”, dijo el legislador de la UCR Misiones, y reconoció: “Es verdad que en la recomposición salarial hay un -40% en los salarios de la universidad y es un retraso”.
“Mi posición es que trabajemos en el equilibrio y si tenemos que aumentar partidas digamos dónde”, argumentó y analizó: “Creo que se tiene que analizar la situación particular de los docentes, pero sostengo la necesidad del equilibrio fiscal”.
“Voy a intentar dar ese debate en el bloque y si el radicalismo tiene una posición contraria al equilibrio fiscal, pediré la oportunidad de abstenerme”, adelantó.
Superávit
Arjol defendió su posición en favor de la recomposición salarial a docentes, trabajadores de la salud y policías de la provincia, y negó que pudiera verse como un contrasentido que nivel nacional aparezca votando contra el aumento de las jubilaciones en nombre del déficit cero del gobierno.
“A nivel nacional, vos tenés claro cuál es la composición de las cuentas públicas. Y a nivel provincial, el gobierno se ha jactado históricamente de tener superávit; por lo menos, es la parte que nos cuentan; y si hay plata que sobra, ¿por qué no la asignamos a las personas que creemos que son esenciales”, argumentó.
“Hay una realidad muy distinta”, agregó el legislador radical e insistió: “En lo nacional, tenés una situación de falta de recursos; y en la provincia, tenés un gobierno que te dice que acá hay equilibrio fiscal, que hay superávit”.
“¿Por qué entonces no se priorizan esos recursos? ¿Por qué el Estado tiene que tener empresas públicas y no sostener cuestiones elementales, como la salud, la educación, la seguridad?”, preguntó.
“Acá desde que gobierna la Renovación, nos dijeron que la plata sobra”, repitió Arjol y lanzó: “Bueno, si la plata sobra, asignemos a lo más importante”.
Kiczka
El diputado radical reconoció que el caso del ex legislador provincial de Activar, Germán Kiczka, expulsado de la Legislatura luego de ser imputado por tenencia y distribución de material de abuso sexual infantil (Masi), fue un golpe para todo el arco opositor misionero.
“La situación fue para todos muy traumática”, afirmó Arjol y enseguida acusó al oficialismo provincial de pretender instrumentar políticamente el caso, apuntando directamente contra el conductor de la Renovación, Carlos Rovira.
“Trascender eso a la responsabilidad de los espacios políticos es poco más que oportunista político. Rovira está siendo un oportunista político”, opinó Arjol.
“Yo me preguntaría: ¿Rovira es responsable por los delitos que han pasado en la provincia en su gobierno? ¿es responsable de la desaparición de Golemba? ¿es responsable por el manejo del Ifai o las distintas causas judiciales que involucran a funcionarios o ex funcionarios de él?”, disparó.
“Está siendo oportunista en una situación de hacer esto que hizo siempre la Renovación: creerse, no solo quien gobierna, sino dueño de la provincia”, arremetió.
“Ahora, dejan una silla vacía, como si ellos fueran los verdugos de la política misionera”, apuntó Arjol sobre la banca que dejó Kiczka que le corresponde ocupar a su correligionario Mela, y hablándole al líder misionerista disparó: “Dese cuenta que hay una necesidad de mirar la política misionera desde otro lado; este modelo capanga en Misiones está acabado, y lo único que está haciendo es ejercer esa voluntad de capanga que tiene, del dedo”.

“Pulla saco”
En el tramo final de la entrevista, Arjol reconoció que la oposición misionera no ha logrado todavía articular un espacio capaz de disputarle el poder a la Renovación.
“Hay mucha responsabilidad nuestra. Nosotros no logramos consolidar un espacio que la gente vea la solidez de hacer algo distinto”, reflexionó el legislador de la UCR Misiones.
“Hay responsabilidad nuestra de construir un espacio homogéneo y que la gente nos vea como oposición y nos vea juntos”, remarcó.
El legislador apuntó también contra la Ley de Lemas: “Tenés una elección donde el gobernador se queda en Posadas y la tracción viene con los intendentes”.
“La Renovación a nivel nacional vota boleta única, y acá con la Ley de Lemas tenés el cuarto oscuro lleno de boletas de la Renovación”, ironizó.
Sobre un futuro armado opositor para enfrentar al oficialismo provincial, Arjol expresó que confía en “todos los espacios” contrarios a la Renovación, aunque, hizo una salvedad que podría interpretarse como inesperada: Hector Cacho Bárbaro, el líder del PAyS.
“Yo, de Cacho Bárbaro no espero nada. Es un pulla saco de Rovira, un empleado”, disparó Arjol y remató: “Si Cacho me putea es porque voy por buen camino”.
Política
Caraguatay: movilización por los 50 años del golpe y contra la intendenta
Con consignas como “no representa al pueblo”, “el voto merece respeto” y “paz social para Caraguatay”, vecinos y vecinas de la localidad se movilizaron esta tarde frente a la Municipalidad, en una convocatoria que combinó la conmemoración por los 50 años del golpe militar con un reclamo directo contra la intendenta interina, Norma Gularte (LLA).
Hace poco más de una semana, la funcionaria asumió el Ejecutivo local luego de que el intendente Mario Peyer solicitara licencia, tras ser denunciado por una trabajadora del Honorable Concejo Deliberante (HCD) por abuso sexual. En ese contexto, la jornada estuvo atravesada tanto por la memoria histórica como por el malestar social frente a las decisiones adoptadas por la actual gestión.
“Se hizo un acto por la fecha y aprovechando eso también se manifestó el desacuerdo del pueblo hacia la intendenta interina, que actúa de una forma violenta con la gente, despidiendo trabajadores y maltratando a otros empleados, tomándose atribuciones que el pueblo cree que no le corresponde”, expuso una vecina de Caraguatay que participó de la movilización, en diálogo con La Voz de Misiones.
En esa misma línea, la mujer estableció un paralelismo entre el hecho histórico recordado y la situación actual del municipio: “Hace 50 años con la dictadura el municipio de Caraguatay pierde su autonomía y pasa a depender de Montecarlo, y casualmente estamos pasando un momento tan difícil, complejo, como sociedad sentimos que es la misma situación. La movilización fue recordando esa fecha tan trágica y lo que estamos pasando ahora”.
Por su parte, la docente local Rosa Benítez dijo a LVM que entre los manifestantes se encontraban trabajadores municipales recientemente desplazados de sus funciones. Según precisó, días atrás la gestión de Gularte notificó a varios funcionarios y empleados que no continuarían prestando servicios, entre ellos Nancy Lezcano, quien se desempeñaba como secretaria de Acción Social, y Francisco Duarte, ex secretario de Hacienda.

La comunidad se expresó en contra de la gestión de Gularte.
“Repudiamos lo que está haciendo. Estamos muy dolidos por lo que está sucediendo en nuestro municipio, sabiendo de que ella no fue elegida por el pueblo, es un atropello a la institución lo que está haciendo“, apuntó la docente.
La situación institucional en Caraguatay se da en un contexto de tensión tras la salida del intendente Peyer, mientras avanza la investigación judicial en su contra. En ese escenario, las decisiones administrativas adoptadas por Gularte y los cambios en el gabinete generaron malestar en distintos sectores de la comunidad, que esta tarde se expresó públicamente en las calles.
Nueva intendenta pasa la motosierra en Caraguatay a cuatro días de asumir
Política
Posadas marchó a 50 años del Golpe: memoria viva en cada paso
A cada paso, un silencio. Un desaparecido al que solo le quedaba su espacio vacío. A cada grito de “¡Presente!”, un nombre más que se trenzaba en la memoria colectiva. A 50 años del golpe militar, en Posadas una gran cantidad de personas que conforman organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos, volvió a salir a las calles para recordar y exigir memoria, verdad y justicia en cada sitio que funcionó como Centro Clandestino de Detención (CCD). Porque en cada lugar donde hoy se hizo memoria, siguen vivas las historias de los misioneros que aún gritan: NUNCA MÁS.
Encabezando la marcha, una pancarta con los 75 rostros de desaparecidos. Algunos con nombre y apellido; otros, apenas una silueta con un signo de pregunta. El recorrido comenzó en la Jefatura de Policía, donde se realizó la primera parada, y continuó por la Facultad de Humanidades. Luego, la columna se detuvo frente a la sede de la Policía Federal Argentina (PFA), siguió hasta la antigua Cárcel de Posadas -hoy CEP 4-, pasó por el destacamento de Inteligencia del Ejército, continuó hacia Gendarmería Nacional y culminó en la sede administrativa del Ejército. Desde allí, la movilización -que ya superaba una cuadra- avanzó hasta la plaza 9 de Julio, donde se dio inicio al acto central.
La concentración había comenzado en la intersección de las avenidas Mitre y Buenos Aires. Entre banderas de organizaciones sociales, se mezclaban los pañuelos blancos, remeras con consignas como “El amor vence al odio”, “Nunca Más” y el reivindicado “30.000”. Los pañuelos, bordados y adornados con flores, recordaban que este día remite a uno de los capítulos más duros y oscuros de la historia argentina, pero también que quienes marchan lo hacen con una consigna cargada de amor.

Se estima que en Misiones hubo unos 600 presos políticos, de los 60 permanecen desaparecidos.
La primera parada fue frente a la Jefatura de Policía de la Provincia, sobre calle Buenos Aires. En la fachada, la placa que recuerda: “Aquí se cometieron crímenes de lesa humanidad durante el terrorismo de Estado”. Sobre esa misma vereda -por la que muchos desaparecidos habrán dado sus últimos pasos en libertad- hoy caminaron familiares, militantes y vecinos que gritaron “presente” por quienes padecieron los crímenes más atroces. Crímenes que aún parecen resonar en las paredes, en los edificios y en la memoria de quienes viven alrededor.
La movilización continuó por calle Tucumán y pasó frente a la Facultad de Humanidades, donde se recordó a Juan Figueredo, “El Negro”, el único diputado provincial desaparecido en Misiones durante la dictadura militar.
A pocas cuadras, la multitud realizó su segunda parada frente a una unidad policial aún en funcionamiento. La fachada, deshabitada, se mostraba con una atmósfera sombría. Cada paso, cada calle, cada nube de un día gris contrastaban con el blanco de los pañuelos, los colores de las flores bordadas y las fotos de quienes acompañaban la procesión en cada invocación del “Nunca Más”.
La tercera parada fue en la puerta del CEP 4, la ex Cárcel de Posadas. Un espacio que hoy transitan adolescentes, donde estudian, ríen y comparten, pero que hace 50 años fue un lugar de tortura. Allí estuvieron detenidas mujeres y hombres, también niñas y niños de la misma edad que hoy asisten a clases. En la fachada, otra placa recuerda lo ocurrido durante uno de los períodos más trágicos del país.

Durante la marcha hubo pintadas en todos los lugares que funcionaron como CCD.
El cuarto punto fue el destacamento de Inteligencia Nº 4 del Ejército. Allí, la pancarta con los 75 rostros se colocó al frente y, a través del micrófono, se volvió a nombrar a los desaparecidos. En la esquina, un cartel negro con la consigna “Memoria, Verdad y Justicia” acompañaba la escena. Entre quienes sostenían la bandera estaba Mario Coutouné, perseguido y detenido durante la última dictadura. Su hermano, Ricardo Horacio Coutouné, fue sobreviviente de la represión ilegal y testigo en los juicios de lesa humanidad en Misiones.
Entre los marchantes también se encontraban Graciela Franzen, ex presa política y hermana de Arturo Franzen, uno de los cuatro misioneros asesinados en la Masacre de Margarita Belén, y María Josefa “Pepa” Estevez, quien también fue una detenida política, entre otros.
El recorrido siguió por calle San Martín hasta la sede de Gendarmería Nacional. No pasó desapercibido un detalle cargado de simbolismo: en la esquina de San Martín y San Lorenzo, un Ford Falcon verde permanecía estacionado. El vehículo, para esta fecha, se vuelve un emblema en el imaginario colectivo de los horrores de aquella época.

Un Ford Falcon apareció estacionado en medio del recorrido de la marcha.
Luego, la columna avanzó hacia las oficinas administrativas del Ejército Argentino. Allí, nuevamente, se realizaron pintadas: pañuelos blancos, el “30 MIL” y el “Nunca Más” quedaron impresos en la fachada.
Finalizado el circuito por los centros de detención, la multitud confluyó en la plaza 9 de Julio. Allí comenzó el acto central, con la lectura de un documento por parte de organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos. Luego, el micrófono quedó abierto al público. Hubo presentaciones de bandas, percusión y representaciones teatrales. Mientras tanto, un grupo de militantes pintaba un gran pañuelo blanco frente a la Casa de Gobierno.
Un año más, Posadas volvió a alzar la voz. Para no olvidar. Para sostener la memoria. Porque los 30.000 desaparecidos siguen estando presentes.
Dictadura en Misiones: la foto del Golpe y las voces del primer año del horror
Política
Dictadura en Misiones: la foto del Golpe y las voces del primer año del horror
La foto más representativa del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 en Misiones, la tomó el fotógrafo del diario El Territorio, Miguel Ángel Giménez, fallecido en febrero de 2016.
La imagen en blanco y negro es un retrato perfecto del atraco de esa madrugada. Dicen la mayoría de los testimonios que el fotógrafo, por entonces de 31 años, esperó pacientemente al amparo de las sombras de la plaza 9 de Julio como un francotirador consciente de que tiene solo una oportunidad.
La escena muestra a un grupo de militares en uniforme de combate, en el momento en que irrumpen en la Casa de Gobierno: en primer plano, un automóvil que parece ser un Torino, el “gran auto argentino” de la época; detrás, hombres con casco del Ejército, dos con pinta de policías y otro con apariencia de civil, todos con la vista perdida en un punto fijo fuera del cuadro; y al fondo, un pelotón de soldados que se escabullen dentro del edificio.
Cuenta el periodista Sergio Alvez, en una crónica sobre la icónica fotografía, titulada “Un disparo certero en la oscuridad” y publicada en 2022, que Giménez llegó a la plaza poco después de las diez de la noche del 23 y se sentó en un banco, como quien se dispone a matar el tiempo o está esperando a alguien.
“Llegó la medianoche. Miguel no podía saberlo a ciencia cierta, pero en esos instantes, la democracia agonizaba. De pronto, sintió una especie de temblor en el suelo. Giró la cabeza. Una caravana de vehículos hacía su ingreso a la plaza. Uno de los autos estacionó frente a la puerta de Casa de Gobierno. Más de diez militares uniformados y armados, ingresaban. También había un hombre vestido de civil, con ropas claras. Miguel suspiró. Se levantó del banco, sujetó la cámara y procuró mantener la discreción entre unos arbustos, pero a la vez, acercarse cuanto fuera posible al objetivo. Sólo tenía una película para tomas diurnas. Disparó varias veces. Sintió alivio al notar que no había sido descubierto por los militares que se aprestaban a ingresar a la Casa de Gobierno. Comenzó a caminar en dirección contraria, alejándose con premura hacia algún rincón más seguro de la madrugada”, escribe Alvez.

El fotógrafo Miguel Ángel Giménez, autor de la icónica fotografía del golpe en Misiones.
La foto de Giménez marca la Hora 0. El golpe se concibió y ejecutó como una operación militar, que cubrió todo el país con precisión de relojería. Primero, desviaron el helicóptero presidencial y capturaron a la presidenta María Estela Martínez de Perón, Isabelita, que había salido a las 00.10 de la Casa Rosada rumbo a la Quinta de Olivos y terminó aterrizando, con la excusa de un desperfecto técnico, en el Aeroparque Jorge Newbery, donde fue detenida.
A esa misma hora, a más de 1.000 kilómetros del epicentro, en una plaza pueblerina envuelta en penumbras, Giménez apunta su cámara Pentax y dispara la ráfaga con la imagen destinada a inmortalizar ese momento, propuesta desde el comienzo como documento, y no como una foto técnicamente impecable.
“En esa época, los diarios compraban bobinas de treinta metros de película y se fraccionaban en rollos para los fotógrafos”, dice Marcos Otaño, reportero gráfico posadeño de amplia trayectoria en la prensa de la tierra colorada.
Otaño calcula que Giménez utilizó esa noche una película Agfa, muy difundida en el periodismo en blanco y negro de la época, por su grano clásico, marcado contraste y su latitud de exposición, que permitía un pushing de hasta 1.600 asas, ideal para trabajar en condiciones de poca luz.
“Tiene que haber usado una película de 400 asas. Sé que hizo un forzado al revelar, por eso la imagen tiene ese alto contraste: los negros son bien negros, y los blancos, bien blancos”, comenta Otaño.
Dice que en ese entonces no había teleobjetivos acá y que Giménez habrá hecho la toma de su vida “con un lente más chico, desde el medio de la plaza”. “Habrá sido un lente luminoso, los télex eran muy oscuros; calculo que usó un lente de 50 mm”, dice Otaño.
Cree que Giménez trabajó la toma después. “Es lo que yo haría”, admite Otaño y explica: “En la ampliadora, cuando vos hacés las copias, podés hacer una gigantografía; no es como ahora, que se pixela; la imagen de él es bien nítida, no hay ese barrido de las fotos con movimiento”.

El Golpe de 1976: la foto, las primeras horas y sus responsables.
“Cayó esa hija de puta”
En 1976, Posadas era muy distinta a la actual: casas bajas y calles que desembocaban abruptamente en el río Paraná, que entonces corría salvaje entre barrancas de tierra roja y muelles de madera.
La mañana del 24 amaneció calurosa, sin presagios de lluvia. Habían pasado más de seis o siete horas de que la Junta de Comandantes, presidida por el general Jorge Rafael Videla, emitiera el hoy famoso Comunicado Nº 1, que resuena todavía como preámbulo del horror.
El gobernador Miguel Ángel Alterach ya había sido depuesto y arrestado, y gobernaba un coronel: Juan Bautista Beltrametti, que moriría en prisión en 2013, mientras purgaba una condena a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, junto a su colega el jefe del Área 232 Misiones, Carlos Humberto Caggiano Tedesco, también fallecido.
“Mi compañera pasó a buscarme aquella mañana para ir a la escuela secundaria, como todos los días”, relata la periodista María Itumelia Torres, Mariquita, en el libro “Historias con Nombres Propios”, compilado por la licenciada Amelia Rosa Báez, ex subsecretaria de Derechos Humanos de la provincia y víctima del terrorismo de Estado de aquellos.
“En Posadas amaneció soleado y seguro llegábamos tarde. Pero no llegamos”, dice Mariquita y recuerda que, junto a su compañera de colegio, apenas anduvieron un par de cuadras por la avenida Tacuarí, entonces de tierra, cuando se encontraron con otro estudiante que les avisó: “No hay clases”.
Dice que, enseguida, notaron el paso abrumador de “camiones verdes del Ejército”, que “eran muchos y levantaban una polvareda infernal”, y que vieron a una eufórica vecina que saludaba el paso del convoy, y gritaba: “¡Cayó esa hija de puta!”, por Isabelita, que a esa hora estaba recluida en la villa El Messidor, una mansión de estilo francés, a orillas del Lago Nahuel Huapi, en Neuquén.
En el mismo libro, Mario Enrique Coutouné, militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), estudiante de Ingeniería Química y víctima en el juicio contra Beltrametti y Cagiano Tedesco, junto a su hermano Ricardo, cuenta que esa madrugada amanecieron guitarreando en la casa familiar de la avenida Tambor de Tacuarí.
Festejaban el cumpleaños de Luis “el Negro” Thomas, que se convertiría en uno de los pocos abogados posadeños en atreverse a presentar recursos de hábeas corpus en favor de los detenidos políticos, y que también fue, finalmente, privado de su libertad; primero, en la cárcel de Candelaria y, después, en la Alcaldía de Posadas.
“Estuvimos guitarreando y festejando su cumpleaños. Vimos que había un Torino a media cuadra estacionado, pues, para el Golpe era demasiado una guitarreada en ese momento, pero ese día no pasó nada”, relata Coutouné, que tiene una hermana desaparecida, Mirtha Noelia Coutouné, conocida como “La Flaca”, que estaba esa noche, y sería secuestrada en noviembre de ese año, en La Plata, donde residía.
Dice que un ratito antes, el grupo había visto pasar una camioneta por la avenida, y que entonces encendieron lo que en la época se conocía popularmente como “combinado”, un mueble mezcla de tocadiscos y radio; y que, enseguida, escucharon la fanfarria marcial que se convirtió en la banda de sonido de la dictadura: “La marcha, tan… tararán… y el comunicado”.
“Lo que se viene”
A unas diez cuadras de allí, en una vivienda del barrio Tiro Federal, un arrabal humilde en la costa que debía su nombre al primer polígono de tiro fundado en 1909, Ricardo “Pelito” Escobar, se desperezaba en su cama, sin saber la noticia con la que estaba a punto de desayunarse.
“Recuerdo que me desperté medio temprano, porque había escuchado ruidos en mi casa”, cuenta Escobar, que entonces tenía 16 años, cursaba el secundario en la Escuela de Comercio Nº 1 “General José de San Martín” y desde el ‘73 militaba en el capítulo misionero de la Unión de Estudiantes Secundarios, la mítica UES de La Noche de los Lápices. “Me levanto y veo a mi mamá escuchando las noticias en la radio y justo estaban pasando el comunicado de la Junta Militar que habían lanzado a la madrugada”, relata Pelito.
Cuenta que su mamá, que era “una mujer comprometida” y “simpatizaba” con su militancia estudiantil, lo miró en silencio, “a los ojos, no con miedo, sino como diciéndome: ‘Lo que se viene’”.
“Nunca se me ha podido borrar de la cabeza ese momento, porque era una mirada de interrogante, de qué nos iba a pasar a nosotros como familia”, dice Pelito.
Esa mañana, en Resistencia, a 341 kilómetros de Posadas, Francisco Pancho Perié, que por entonces tenía 20 años, amanecía con la resaca de la noche anterior y se desayunaba con la misma mala noticia que su ex compañero de la UES en Posadas, Pelito Escobar.
Perié estudió en el Colegio Nacional Nocturno Nº2 “General Manuel Belgrano” y fue promotor y presidente de la Federación de Estudiantes Secundarios de Misiones, una agremiación estudiantil de corta vida, en una realidad marcada por la violencia política y un orden atenazado por el accionar de grupos parapoliciales orquestados desde el mismo Estado.
“A mí me tenían marcado en Posadas, por lo que me fui a seguir mis estudios a Resistencia; me fui a vivir en una casilla, en una villa”, cuenta Perié.
“La noche anterior fuimos caminando por la vía del tren hasta la casa de una compañera, y ahí estuvimos comiendo un guiso y guitarreando”, recuerda el ex subsecretario de Turismo de la provincia y agrega: “Cuando nos despertamos, nos enteramos que habían tomado el poder los miliares”.

Lo que se vino
En marzo de 1976, Misiones era una provincia todavía dominada por la selva. La 12 era la única ruta asfaltada, el resto de los caminos rurales eran interminables picadas de tierra roja, que se volvían verdaderos pantanos de greda con cualquier lluvia y dejaban aisladas a muchas colonias agrícolas.
Tampoco estaban los puentes, ni con Paraguay, ni con Brasil. La vida en la tierra colorada estaba determinada por un contraste brutal, con la sacrificada rutina del colono y un creciente clima de terror rural, que terminó quebrando la confianza entre los propios vecinos.
Antes del golpe, las colonias tenían una vida social muy activa, basada en el cooperativismo y la lucha por la titularidad de las tierras. Los colonos se juntaban en los secaderos, en las ferias, para discutir los precios de la yerba o el tabaco. Era la época de las Ligas Agrarias y el Movimiento Agrario Misionero (MAM), del que despuntaron líderes como Pedro Peczak, que roto el orden constitucional e instalado el Terrorismo de Estado fueron perseguidos y asesinados.
En Posadas, Pelito Escobar continuaba yendo al colegio y militando en la UES y la Juventud Peronista (JP). “Nosotros lanzamos una campaña de denuncia del golpe, con pintadas y volantes; no imaginábamos que todos estábamos considerados subversivos y que nos iban a perseguir”, dice Escobar.
No faltaba mucho para que su nombre y su fotografía figuraran en un afiche con el que los militares empapelaron la ciudad: “Enemigos de la Patria”, con la identidad de 16 militantes políticos y sociales, entre los que figuran su hermano Héctor Pelo Escobar, Oscar Wapenka, Pedro Peczak, Carlos Tereszecuk, Beatriz Pérez Rueda y Juan El Negro Figueredo, que fueron secuestrados, uno por uno. “Colabore con su detención. No sea cómplice con su silencio”, rezaba el afiche, que pasó a formar parte de la galería de la represión ilegal en Misiones.

Facsimil del afiche con los más buscados por la dictadura en 1976, reproducido en “La vida entre paréntisis. Crónica de un militante”, el libro de la escritora Numy Silva, sobre la historia de Pelito Escobar.
Perié no figuraba en el afiche, pero fue detenido en Resistencia. “Me fueron a buscar a la villa en abril”, recuerda. Fue uno de los primeros militantes misioneros en ser detenidos por la dictadura. Lo trajeron a Posadas y también conoció el menú de torturas y humillaciones. Estuvo preso siete años, hasta la vuelta de la democracia en 1983.
Su ex compañero de la UES, Pelito, fue detenido en octubre de ese año. Había cumplido los 17 el mes anterior y se vio obligado a buscar refugio fuera de la casa familiar.
Pelito cuenta que la noche del 5 de octubre de 1976, caminaba con su amigo y compañero de militancia, Ricardo Coutouné, hacía el barrio Johasá, donde tenía un tío a quien pensaba pedirle para quedarse a dormir. “Ricky me dijo ‘yo te acompaño’ y nos fuimos caminando por Tacuarí”, relata Escobar.
Dice que, al llegar a la esquina de San Martín, notaron la presencia de un vehículo “sospechoso” y decidieron desviar hacia una de las calles laterales, aunque no pudieron evitar ser vistos y fueron, igualmente, interceptados por el automóvil.
“Nos pararon y nos alumbraron con linternas”, agrega Pelito y comenta que con Coutoné ya habían acordado que si eran emboscados por alguna patrulla saldrían a correr. Corrieron. En la huida, se separaron. Coutouné tropezó y cayó, lo atraparon. Escobar estaba por zambullirse en un monte cercano cuando sonaron los disparos. “Sentí un sacudón en la espalda, pero seguí corriendo”, recuerda. Le dieron en el omóplato derecho. “Cuando salí del monte, me di cuenta que sangraba mucho; ya no me perseguían y me escondí en un excusado”, relata Pelito.
Pasó la noche ahí, muerto de miedo, con la ropa empapada de sangre, creyéndose morir. A la mañana siguiente, escuchó el ruido de vehículos que se acercaban. Enseguida, oyó soldados y voces que daban órdenes, y después, el ladrido de los perros. No tardaron en encontrarlo. “Pelito, entregate, estás rodeado, me decían; era como en las películas”, comenta Escobar.
“Fuimos secuestrados, torturados; mi hermano, mi primo; los amigos asesinados”, agrega. “Con mi hermano estuvimos presos 7 años, 2 meses y 20 días”, precisa Pelito y detalla: “Primero, estuve desaparecido seis meses, en la Policía de Misiones, la Policía Federal, el Ejército, hasta que en marzo del ’77, me llevaron a la Penitenciaría de Resistencia y después a la Unidad Penal 9 de La Plata.
Informaciones
En marzo de 1976, Amelia Báez estaba casada con el hermano de Pelito, Héctor, y empezaba a cursar la carrera de Antropología, en la Facultad de Humanidades de la UNAM. Ambos militaban en la JP y, según cuenta Báez en el libro que compiló, vivían “en tensa vigilia y expectantes”.
En septiembre, con el cerco represivo cobrándose a diario estudiantes, docentes, políticos y dirigentes, la pareja decide separarse. “Decidimos que yo volviera a la casa de mis padres y Pelo empezó a buscar refugio en casa de familiares o de amigos, ya que la represión se consolidaba y le pisaba los talones, como a tantos otros”, relata Amelia.
Cuenta que, a los pocos días de mudarse a la casa paterna, el 10 de septiembre, escucharon la llegada de camiones del Ejército.
“Buscamos a Pelo Escobar y Señora”, dice Amelia que le dijo a su madre uno del pelotón de soldados que irrumpió en la casa. “Mi hija Amelia no vive aquí, ellos viven en otro lado”, recuerda Báez cómo mintió su madre. “Aquí -dijo señalándonos a cada uno de los presentes- están mis hijas Gloria, Marta, Rubén y mi sobrina Teresa”, cuenta que continúo su mamá, haciéndola pasar por su hermana Gloria, que estaba a esa hora en la universidad.
Relata que, horas más tarde, su padre le pidió que se preparara porque la iba a llevar a la casa de un pariente, “ya que presentía que ellos iban a volver”, y recuerda que salieron por los fondos de la casa, bordeando un arroyo hasta lo un tío, que terminó regañándola toda la noche.
A la mañana siguiente, su padre la buscó y la llevó a la Dirección de Informaciones de la Policía de Misiones, convertida a esa altura de los acontecimientos en uno de los Centros Clandestinos de Detención más célebres del momento.
“Fuimos recibidos por quien se identificó como el oficial Juan Carlos Ríos”, cuenta Amelia y menciona a uno de los torturadores más cínicos y brutales de la entonces policía provincial.
Dice que Ríos, sorprendido, le pidió su DNI, consultó en una oficina y la condujo ante “un uniformado que se presentó como el Capitán Marángello”, que le explicó a su padre que “en el marco de la lucha antisubversiva nos buscaban por averiguación de antecedentes”. La detuvieron.
“Estuve tres noches”, relata Báez. Dice que “a la noche escuchaba que traían a muchas personas, a quienes propinaban terribles golpizas”.
Por la Dirección policial a cargo de Ríos pasaron multitud de detenidos políticos, como Graciela Franzen, que en 2005 confrontó al policía, ya retirado en su casa y aquejado de una diabetes que lo había dejado sin piernas.
En la ocasión, Ríos se desentendió de su responsabilidad y culpó a colegas suyos de entonces, como Miguel Ángel Silvero, otro de los policías denunciados por Franzen.
Según una crónica del diario El Territorio, sobre aquella a visita sorpresa de Franzen a Ríos, la charla de víctima y verdugo fue un repaso de cruentos episodios que el policía dijo no recordar.
“Me acuerdo que usted me sacó la venda y me hizo atender por el doctor Mendoza ese día en que yo me estaba desangrando”, señala el diario que le dijo Franzen a Ríos, quien, lejos de inmutarse, reaccionó como sorprendido por la gravedad de la escena.
Amelia fue liberada y confinada a detención domiciliaria por otros 45 días. Su casa era vigilada en todo momento. Pelo Escobar fue capturado un mes más tarde, el 21 de octubre.

En Posadas, como en el resto del país, hubo reclamos para la liberación de los presos políticos.
Final de año
A poco de terminar el primer año del golpe, en el interior misionero reinaban el miedo y la delación. Las familias habían dejado, incluso, de visitarse por temor a ser asociados con “actividades subversivas”, que en la colonia podía ser reclamar un precio justo por la cosecha. Los camiones del Ejército y Gendarmería eran parte del paisaje cotidiano. Nadie se sentía a salvo.
En ese clima enrarecido por las razias y operativos que propusieron nombres para la memoria del horror, como La Casita de Mártires y la hostería Hoppe, vive oculto el dirigente agrario Pedro Orestes Peczak.
Fundador del MAM, una organización que nucleaba a pequeños colonos en la lucha por los precios y la tierra, y candidato a vicegobernador del Partido Auténtico en las elecciones de 1975, representando políticamente a los sectores rurales organizados, Peczak es el hombre más buscado de la provincia.
Dicen los testimonios que los militares llegaron a vigilar las farmacias de la zona esperando capturarlo, ya que sabían que el dirigente agrario sufría de dolencias crónicas.
Lo atraparon el 22 de noviembre en Panambí. Fue trasladado al Regimiento de Infantería de Monte 30, en Apóstoles, donde fue sometido a brutales torturas. Murió el 17 de diciembre a causa de los tormentos. El Ejército entregó el cuerpo a su esposa, en un cajón soldado y cerrado con llave. Las autoridades militares prohibieron abrir el féretro. Hoy, la tierra colorada lo recuerda como el “Mártir de Los Helechos”.
Peczak fue uno de los últimos detenidos políticos de 1976. Y el último de la cúpula del Partido Auténtico en ser capturado, ya que un poco antes había caído Carlos Tereszecuk, cuyos restos pudieron ser identificados en 2018; y en octubre, habían secuestrado y asesinado al diputado provincial Juan El Negro Figueredo.
Los registros hablan de unos 600 detenidos políticos y 60 desaparecidos ese primer año del golpe, que concluyó el 17 de diciembre en el Chaco con la ejecución de cinco misioneros: Manuel Parodi Ocampo, Carlos Alberto Duarte, Julio Andrés “Bocha” Pereyra, Luis Ángel Díaz y Arturo Franzen, quienes fueron fusilados en lo que se conocería como la Masacre de Margarita Belén. A excepción de Franzen, hermano de Graciela, y Parodi, cuyos restos fueron entregados a sus familias en enero de 1977, los otros tres jóvenes continúan desaparecidos.

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