Opinión
Las economías regionales y su dinámica: un análisis enfocado en la yerba mate en Misiones
Por: José Luis Pastori
Las economías regionales en Argentina constituyen un pilar esencial del entramado económico y social del país, destacándose por su diversidad y su profundo vínculo con las particularidades de cada territorio. Desde la vitivinicultura en Cuyo hasta los cítricos en el noroeste, pasando por la yerba mate en Misiones y el noreste de Corrientes, el algodón en el Chaco o la ganadería ovina en la Patagonia, estas actividades reflejan la riqueza productiva nacional. Sin embargo, enfrentan retos estructurales como la concentración económica, la dependencia de políticas públicas y la exposición a las fluctuaciones del mercado global y las decisiones macroeconómicas nacionales.
En este contexto, la yerba mate en Misiones sobresale como un caso paradigmático. Argentina es uno de los mayores productores mundiales de este cultivo y lidera en exportaciones con Brasil, lo que posiciona a esta economía regional como un motor de desarrollo y un símbolo cultural. Con más de 13 mil productores primarios —el 85% con menos de 15 hectáreas—, el sector genera empleo y sostiene modos de vida tradicionales. No obstante, la concentración en la comercialización está dominada por cinco empresas que controlan la mayoría del mercado, esto evidencia las asimetrías entre pequeños productores y grandes industriales, un problema agravado por ciclos de desregulación.
Las economías regionales han atravesado vaivenes históricos entre proteccionismo y liberalismo. La desregulación de los años 90 marcó un quiebre, y hoy, con el DNU 70/2023 del Gobierno nacional, se observan ecos de aquel período. En Misiones, estas políticas han reavivado debates sobre la necesidad de equilibrar mercado y protección estatal, mientras el Gobierno provincial, liderado por el Frente Renovador de la Concordia, ha buscado históricamente acompañar al sector con medidas específicas.
La yerba mate en Misiones: dinámica actual y comparación con la década del 90
La producción de yerba mate en Misiones y el norte de Corrientes abarca unas 220 mil hectáreas y sostiene una cadena productiva que incluye pequeños productores, tareferos, secaderos y cooperativas. Sin embargo, la desigualdad estructural entre los eslabones de la cadena y las políticas nacionales han generado tensiones recurrentes.
La Década del 90: Desregulación y Colapso
En 1991, el Decreto 2284/91 disolvió la Comisión Reguladora de la Producción y el Comercio de la Yerba Mate (CRYM), dejando el sector a merced del mercado. Esto desencadenó una sobreproducción y una caída abrupta de precios: en la década del 90 (Gobierno de Puerta), el precio de la tonelada de yerba verde bajó de $202,94 a $42, y el de la yerba canchada de $930,62 a $349,38, según el Centro de Economía Política Argentina. La desregulación provocó la desaparición de cerca de 4 mil pequeños productores —la mitad de los existentes en ese entonces— y un aumento del éxodo rural. La falta de precios mínimos y la competencia desigual favorecieron a los grandes molinos, consolidando su poder.
La movilización social de productores y tareferos llevó en 2002 a la creación del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) mediante la Ley 25.564, que restableció la regulación de precios y promovió la recuperación del sector, incrementando exportaciones y mejorando ingresos.
La Situación Actual: Ecos del Pasado
El DNU 70/2023, implementado en diciembre de 2023, eliminó las facultades del INYM para fijar precios y controlar importaciones, desregulando nuevamente el mercado. Como resultado, el precio del kilo de hoja verde cayó de $370 a $200 y menos en 2024, con pagos diferidos a 30, 60, 90 y 120 días, mientras la inflación encareció los insumos. Según el INYM, el costo bruto promedio de producción asciende a $355,41 por kilo y no incluye márgenes de utilidad, un valor inalcanzable hoy. La importación de yerba desde Brasil y Paraguay ha inundado el mercado interno, afectando a los productores locales, un escenario que remite a los 90. En 2024 alcanzó a poco más de 11 millones y se produjo principalmente en el primer semestre.
Las protestas de este sector, principalmente del primer eslabón de la cadena, los pequeños productores; reflejan el descontento. Sin embargo, a diferencia de los 90, varias iniciativas del Gobierno Provincial fueron determinantes para la obtención de fallos judiciales como el del juez Fernando Escalante que ha limitado la importación de yerba molida, mostrando un acompañamiento firme al sector más débil de la cadena yerbatera.
Política tributaria y apoyo del Gobierno de la Renovación
Un diferencial clave en Misiones es su política tributaria y el acompañamiento del Frente Renovador de la Concordia al sector yerbatero. La producción primaria está exenta del Impuesto a los Ingresos Brutos, una medida que alivia la carga fiscal de los pequeños productores y les permite reinvertir en sus cultivos. Esta exención, vigente desde hace décadas y sostenida por el Gobierno provincial, contrasta con otras provincias donde los productores enfrentan mayores presiones impositivas.
Además, el gobierno de la Renovación ha implementado históricamente políticas de apoyo directo. A través de programas como el Fondo Especial del Tabaco —adaptado también para la yerba mate en algunos casos— y líneas de crédito blandas del Banco Macro o el Instituto de Macroeconomía Circular (IMaC), los pequeños productores han accedido a financiamiento a tasas subsidiadas para mejorar la productividad y enfrentar crisis
Otro pilar del apoyo ha sido la contribución al seguro de salud. El gobierno provincial, en articulación con el INYM y cooperativas, ha subsidiado el acceso a obras sociales para tareferos y productores, garantizando cobertura médica en un sector donde la precariedad laboral es histórica. Este respaldo, que se intensificó tras la crisis de los 90, marcó una diferencia con aquella década, cuando el abandono estatal fue total.
Reflexión Final
Las economías regionales argentinas, como la yerba mate en Misiones, son un reflejo de las tensiones entre desregulación y protección estatal. La crisis de los 90 y la actual, desatada por el DNU 70/2023, comparten la caída de precios y el impacto en pequeños productores, pero Misiones se distingue por el rol activo del gobierno de la Renovación. La exención de Ingresos Brutos, los créditos accesibles y el aporte al seguro de salud han sido herramientas clave para mitigar las consecuencias de las políticas nacionales, ofreciendo un amortiguador que no existió tres décadas atrás. Mientras las protestas persisten y el sector busca recuperar la regulación perdida, el acompañamiento provincial sigue siendo un factor diferenciador en la lucha por la sostenibilidad de esta economía regional emblemática.
*Diputado provincial (FRC), Contador Público Nacional.
Opinión
Festina Lente: Misiones entre el búnker propio y el granero vacío

Por Fernando OZ
@F_ortegazabala
La velocidad de Encuentro Misionero es asombrosa. En poco más de una semana, lo que aún prefiero creer que nació como un legítimo y necesario llamado a la conformación de un gran frente misionerista en defensa propia, ya exhibe un pelotón completo de candidatos, un bloque propio en la Cámara de Representantes que acaba de presentar un proyecto de ley, y hasta un búnker de campaña estratégicamente ubicado en una céntrica calle de la bella Posadas, con cartelería flamante y todo el despliegue escénico que la ocasión requiere. Todo esto, por supuesto, acompañado con toda la parafernalia en las redes sociales.
Todo muy propio a los tiempos del aceleracionismo y la posverdad. Sin embargo, la prisa ciega suele ser una mala consejera; nos impide estar presentes en el aquí y el ahora y, sobre todo, nos nubla la vista para apreciar con la debida claridad qué es lo que realmente ocurre ante nuestros ojos.
Lo que siguió a este despliegue fue un acto político en la denominada “Casa del Militante”, llevado a cabo el pasado viernes. Este “nuevo espacio político” que se promociona de “puertas abiertas”, también presentó a sus cuatro “jefes de campaña”: el actual intendente de Posadas, Lalo Stelatto; el diputado nacional Oscar Herrera Ahuad; el vicegobernador Lucas Romero Spinelli; y el presidente de la Cámara de Representantes, Sebastián Macias. Ese orden no es un capricho del arriba firmante ni una cuestión de azar. Los cuatro fueron los principales oradores de la jornada y coincidieron en la calculada deferencia de resaltar, una y otra vez, el apoyo incondicional a la gestión de Hugo Passalacqua, quien curiosamente fue el gran ausente en el lanzamiento de este espacio.
La fotografía capturada a 180 grados durante el evento retrata a unos doscientos —si quieren ser generosos, digamos quinientos— dirigentes y militantes de la Renovación, acompañados por senadores, diputados nacionales y buena parte el elenco estable del poder local. También se dejaron ver algunos políticos de partidos satélites que orbitan como aliados permanentes.
Según el parte oficial difundido por el oficialismo, “la jornada sirvió para coordinar el acompañamiento al gobernador Hugo Passalacqua en el discurso de apertura de sesiones ordinarias de la Cámara de Representantes el próximo 1 de mayo y para delinear las primeras estrategias electorales del espacio oficialista”. Así, sin más preámbulos, se puso en marcha la maquinaria electoral.
Miren, lo digo con total franqueza: a la idea de “defender los intereses de los misioneros por encima de cualquier bandera política”, me sumo sin dudarlo ni un segundo. Díganme dónde hay que firmar. Pero déjenme advertir, desde la experiencia de quien ha visto pasar mucha agua bajo el puente, que las postales del viernes son, en el mejor de los casos, las mismas que vengo observando desde hace un par de campañas electorales; sólo se cambió el decorado de la escena.
Me hubiese gustado ver otra cosa, algo más profundo. Esperaba encontrar académicos, expertos en materias críticas, representantes legítimos de los docentes, estudiantes con verdaderas ganas de involucrarse y embarrarse, empresarios con ideas brillantes y disruptivas, comerciantes, productores, colonos y esa gente común que todavía no se resigna al conformismo.
También me hubiese gustado encontrar a políticos y dirigentes de diferentes vertientes dispuestos a dejar de lado la mezquindad y esa dependencia casi patológica a partidos nacionales que representan intereses que nada tienen que ver con las urgencias de nuestro territorio. Pero ya saben lo que dicen: la brecha que suele haber entre nuestras expectativas y la dura realidad nace siempre de nuestra propia ilusión, no de los eventos externos que nos rodean.
Mientras tanto, en la mesa chica del gobernador Passalacqua el clima no es precisamente de celebración. No cayó nada bien que algunas de estas “candidaturas” se hayan adelantado de forma tan estrepitosa faltando todavía un año entero para tener que ir a las urnas.
Algunos de los integrantes de ese círculo íntimo no creen que este sea el momento más conveniente para tener a funcionarios más preocupados por su propia boleta y su futuro personal que por la gestión diaria del Estado. “Tenemos que entender que no hay política sin una buena gestión, pero bueno, cada uno raciona el tiempo como mejor le parece”, resumió con una punta de amargura un funcionario al que se lo escucha preocupado por la situación social.
Y seguramente hacia esa dirección, la de la gestión pura y dura, se encamine el discurso que dará el mandatario en la Cámara de Representantes este primero de mayo. Se espera mucha demostración de logros administrativos, el anuncio de algunas obras estratégicas necesarias para la provincia, una novedad vinculada a mermas impositivas que, según dicen los que saben, será una verdadera “bomba”, y una postura clara y firme en contra de los atropellos del gobierno de Javier Milei, con la diplomacia que el caso requiere.
“Será como un golpe en la mesa, marcando la cancha”, graficó un actor clave en el engranaje del Gobierno actual. Todo indica que Passalacqua prefiere hablar sobre los rieles de un gobierno en gestión activa y no sobre las arenas movedizas de la política partidaria y electoral.
Hablará más como un mandatario que se encuentra al frente de un Estado sitiado por las políticas nacionales, más preocupado por lo que queda hoy en el granero que por su propia y lejana reelección. Entonces, en un esquema de lógicas conjeturas, podría pensar que ese día, tal vez, las lecturas políticas más interesantes no se encuentren en las palabras del discurso, sino en los gestos, los silencios y las miradas de los principales actores del Cantón que estén presentes.
Pero fijémonos también un poco en qué es lo que sucede en los campamentos opositores, donde las imágenes tampoco resultan ser muy alentadoras que digamos. En el oficialismo se jactan de que en el acto del viernes hubo “militantes del Partido Agrario y Social, radicales, peronistas, independientes y hasta libertarios desencantados”. Probablemente haya sido así; de hecho, me gustaría sinceramente que hubiese sido así por el bien de la pluralidad.
Lo que sí está claro que el presidente del PAyS y ex diputado provincial, Isaac Lenguaza, criticó el adelantamiento del debate preelectoral, tildándolo de “prematuro”. Pero, además, llevó la cuestión al plano netamente ideológico: “cualquier sector de derecha, no solamente La Libertad Avanza, cualquiera de los otros partidos libertarios, en su momento era el PRO, o sea, partidos que extremadamente fueron hacia una política liberal, de derecha, no vamos a comulgar con estas ideas”. Y en ese desorden de palabras terminó diciendo que la “gran falencia” en la política actual es la “escasez de ideología”.
Al acto del viernes tampoco se asomó el flamante presidente del PJ local, Christian Humada, quien tanto tiene que agradecer al oficialismo por su reciente victoria. A su modo, desde la UCR también cascotearon la iniciativa con diversos argumentos, pero sin detenerse a observar la cuestión de fondo. Y el menudo grupo del Pro, capitaneado desde los pasillos del Congreso por el senador Martín Goerling Lara, ni siquiera llegó a eso, están más preocupados por las presentaciones públicas de Mauricio Macri. Lo mismo sucede con otros dirigentes con bancas: todos parecen estar mirándose exclusivamente el propio ombligo.
En otro rincón del tablero tenemos al Doctor Adrián Nuñez, quien avanza con decisión en el arte de la actuación, con toda su fe puesta en la marca Milei. Sus apariciones sabatinas, con corbata al tono de los republicanos yankees, van formando la postal perfecta de la liturgia del poder, seca y sin concesiones. Enmarcado por la simetría, el sujeto se sienta con la rigidez de quien sabe que la lapicera pesa más que la pólvora. Un plano frontal, casi de prontuario, captura una mirada directa, fría, que no busca el consenso sino imponer la directiva que llega desde la Casa Rosada. El escritorio, limpio hasta la sospecha, aloja apenas una libreta que sugiere anotaciones de una guerra silenciosa, mientras el fondo de cortinas pesadas clausura cualquier escape a la realidad exterior.
Pero lo peor de la semana fue la del diputado Walter Ríos, presidente del bloque “Por la vida y los valores” y vicepresidente segundo de la Legislatura. Durante una entrevista exclusiva con el Licenciado Ariel Sayas, tuvo la brutal desfachatez de quejarse en público porque no le dan un “ascensor”, un auto y personal para recibir papeles. Y como si semejante desplante fuese poco, condicionó los tres votos de su bloque para la votación de los pliegos de un ministro de la Corte: “es así, una mano lava a la otra”, dijo sin que se le cayera la cara de vergüenza. Y luego, con un cinismo que asusta, agregó: “dentro de un acuerdo hubo un pedido, hoy mi pedido no llegó nunca. Estamos llegando al primero de mayo y qué pasa. Hacemos un cumpleaños, pero no llega el… (regalo), entonces no podemos trabajar así”. En definitiva, la imagen de un malandra con traje de diputado.
Cuando yo era niño y, con la ansiedad propia de la edad, me apresuraba aparatosamente a realizar alguna tarea que me encomendaban, mi abuelo Renato solía frenarme en seco. Ponía sus manos sobre mis hombros, me miraba a los ojos y me decía: “Festina lente”, que en latín significa algo así como apresúrate despacio o camina lentamente. Se trata de una paradoja que sugiere la necesidad de actuar con rapidez y eficacia cuando la situación lo requiere, pero siempre sin precipitación, sin ansiedad y sin perder los estribos. Muchos años después supe que ese era un lema asociado al emperador Augusto y que, para la escuela de los estoicos, la lentitud no es en absoluto un sinónimo de pereza o desidia, sino de atención plena y de un firme dominio propio.
La creación de un frente amplio en la provincia —llámese como se llame y tenga la forma que tenga—, con el fin de contener la delicada economía regional, frenar las desmesuras constantes del Poder central y acordar políticas de Estado de largo plazo, es hoy una tarea tan necesaria como urgente. Pero para hacerlo bien, hay que bajarse primero de ese aceleracionismo torpe que sólo genera ruido. Porque ir más despacio, especialmente en estos tiempos de caos, es un acto de resistencia y la única herramienta válida para asegurar que cada acción sea realizada con verdadera intención y virtud, y no simplemente por la inercia del cargo o por el miedo al futuro. El Encuentro Misionero puede ser más grande.
Opinión
Oportunidad de alternancia en Misiones

Por Gustavo González
Es matemático. El rovirismo -ahora el camaleón se llama “Encuentro Misionero”- no supera el 30% de los votos propios. Sin embargo, en las elecciones ejecutivas, el artilugio de la Ley de Lemas le permite sumar voluntades de abajo hacia arriba, una estrategia que siempre le sirvió
para retener el poder.
Pero el escenario cambió. El desgaste, la corrupción y la crítica situación social que arrastra la provincia, colocan a la Renovación ante las elecciones más competitivas desde 2003. Consciente de esto, y con la mira en 2027, el oficialismo necesita “curubicar” a la oposición.
La clave es simple: si la oposición concentra el 50% de su oferta electoral en una sola propuesta, habrá alternancia en Misiones, un principio democrático que no se cumple hace 23 años.
¿Qué espacio está en condiciones de ganar? Un Frente político amplio que acuerde un “núcleo de coincidencias básicas” (aduana interna, desarrollo productivo, educación, salud, seguridad, justicia, Ley de Lemas, coparticipación municipal y similares). Un espacio donde las candidaturas surjan del consenso y no del dedo de una sola persona.
Los Frentes se integran con Partidos Políticos; son ellos quienes deben iniciar la convocatoria, empezando por los que tienen representación parlamentaria (UCR, LLA, PAYS, Algo Nuevo, VyV, PRO, PL).
En 2006, cuando el Frente Unidos por la Dignidad (FUD) frenó la reforma constitucional, la cabeza fue Joaquín Piña, pero el cuerpo lo integraron radicales, peronistas, socialistas, independientes, trabajadores y empresarios. En aquel entonces, se priorizó un objetivo común que aglutinó a personas que pensaban distinto, pero que coincidían en lo esencial.
¿Tenemos hoy, quienes pensamos distinto, la vocación de construir algo similar para el año que viene? Veremos. Rovira ya movió.
Opinión
La Moncloa misionerista: Un armisticio frente al asedio del Puerto

Por Fernando Oz
@F_ortegazabala
Vayamos al grano, porque para adornos ya están los despachos de la Casa Rosada. Digamos las cosas como son: la situación económica del Cantón no es producto del azar ni de la mala fortuna climática o de la pereza de algunos de nuestros funcionarios; es el resultado de un asedio sistemático. Misiones se encuentra hoy bajo el cerco de un gobierno nacional de espíritu profundamente centralista que ha decidido, con una frialdad técnica que asusta, ahogar financieramente a la provincia mientras demuestra una ineficacia de gestión que ya es marca registrada.
Los datos están a la vista, en los índices de desempleo y pobreza. No hace falta ser economista ni idóneo en tintorerías financieras, está todo a la vista de todos, hasta cuando nos pasan la cuenta de lo que tenemos en el changuito del supermercado. En un escenario de crisis galopante y una pérdida de legitimidad de buena parte de la clase política, el Cantón se juega su derecho a existir como algo más que una variable de ajuste en un gráfico de Excel porteño. Es momento de discutir políticas de Estado reales.
El problema no es solo la falta de recursos, que nos sobran, sino la ceguera política de quienes dirigen el país. Estamos ante una administración que gestiona desde la distancia aséptica de Buenos Aires, ignorando que el federalismo no es una palabra bonita para los discursos de apertura de sesiones en el Congreso, sino una realidad de supervivencia cotidiana.
Una vez más, porque no escondamos la mugre de los gobiernos anteriores, la ineficacia nacional dejó de ser una sospecha para convertirse en una certeza que golpea directamente el bolsillo y la planificación de cada habitante de Misiones. El Puerto, fiel a su tradición histórica, sigue mirando hacia afuera mientras le da la espalda a una provincia que es, en los hechos, la verdadera frontera de la Argentina.
En este tablero de intereses contrapuestos, los peones locales juegan un papel penoso. Seamos claros: tanto La Libertad Avanza como el Partido Justicialista, la UCR o el PRO en el Cantón no funcionan como fuerzas con autonomía, sino como meras sucursales de una franquicia cuya casa matriz está a 1200 kilómetros. Sus dirigentes son empleados que esperan la instrucción por WhatsApp enviada desde despachos porteños perfumados antes de emitir un juicio de valor sobre lo que pasa en su propia tierra. Lamento decirlo, porque tengo amigos en cada uno de esos campamentos, pero son soldados de un ejército ajeno.
En cambio, y más allá de cualquier diferencia ideológica o métodos, nadie con un poco de honestidad intelectual puede negar que el espíritu del Frente Renovador y del PAyS de Cacho Bárbaro siempre mantuvieron un arraigo distinto. Con sus luces y sombras, defendieron los intereses del Cantón porque sus pies, a diferencia de los otros, están plantados sobre este suelo y no del otro lado de la frontera de la Avenida General Paz.
Sin embargo, el realismo político exige reconocer que la Renovación, después de más de veinte años en el poder, atraviesa un deterioro evidente. El desgaste no se puede ocultar bajo la alfombra: las dos últimas elecciones, donde apenas se llegó al treinta por ciento estirando la nariz, son una señal de alarma que solo un necio ignoraría. Carlos Rovira leyó el mapa antes de que el terreno se hunda.
Al anunciar que no será candidato y hacer un llamado para conformar un gran frente misionerista, no está haciendo un gesto de cortesía, sino un movimiento de supervivencia. Sabe que el partido que él mismo fundó corre el riesgo real de perder las próximas elecciones si no se abre a una reconfiguración profunda.
El ingeniero habría tomado la decisión, que ya venía madurando desde algunos meses antes de las últimas elecciones, después de leer un minucioso estudio de opinión pública realizado por el prestigioso politólogo, docente y consultor, Mario Riorda, considerado como uno de los mayores referentes de la comunicación política del continente. Antes de la previa del pasado jueves, el conductor de la Renovación ya había lanzado puentes con diferentes dirigentes de la oposición. También mantuvo diálogo con Maurice Closs y con dos intendentes.
Pero hay algo más en este movimiento. La decisión de Rovira no debe confundirse con una capitulación. Al contrario: es el gesto de un ingeniero que entiende de estructuras y de la fatiga de los materiales políticos. Al convocar a este “Encuentro Misionero”, está diseñando una obra mayor que trasciende las siglas. Pero, sobre todo, con este gesto de apertura y su salida voluntaria de la contienda, Rovira se gana el bronce.
Pero más allá de las cuestiones estratégicas de políticas partidarias, la convocatoria hacía ese “Encuentro Misionero”, o como quieran llamarlo, representa una oportunidad histórica. Es aquí donde entra en juego la necesidad imperiosa de una suerte de La Moncloa misionerista. No hablo de un pacto electoral de ocasión para salvar un par de bancas, sino de un armisticio político de alto nivel. Salvando todas circunstancias históricas del caso, lo que el Cantón necesita es un acuerdo similar al de 1977 en España: una serie de políticas de Estado a largo plazo que trasciendan los vaivenes de la política partidaria y los caprichos del gobierno nacional de turno.
Se trata de blindar los intereses de los habitantes de la provincia frente a la inestabilidad de un país que se rompe cíclicamente. Esta Moncloa debe ser el cimiento de una independencia económica real, con la Zona Aduanera Especial como bandera irrenunciable. No es un pedido de privilegios; es una exigencia de equidad fiscal para una provincia que tiene el noventa por ciento de sus fronteras expuestas a una competencia internacional feroz y desigual.
El objetivo estratégico de este gran acuerdo es sacar a Misiones del fango de la coyuntura y establecer reglas de juego que nadie pueda tocar. Necesitamos políticas que incentiven la inversión, la conservación ambiental y el desarrollo tecnológico sin que dependan de si el funcionario de turno en Buenos Aires tiene un buen día o decide recortar fondos por una rabieta política. La deuda de más de 2.500 millones de pesos del programa Incluir Salud que la Nación mantiene con la provincia es el ejemplo perfecto de por qué el Cantón debe fortalecer su autonomía: no se puede dejar la salud y el bienestar de nuestra gente en manos de una burocracia centralista que no cumple sus compromisos mínimos.
La sociedad hoy no está en modo electoral, está en modo supervivencia. El ciudadano común está harto de las estrategias de laboratorio y los discursos vacíos. Lo que se espera son soluciones tangibles. El desafío que tiene por delante la política misionera es traducir este movimiento de unidad en respuestas concretas.
La Moncloa misionerista es, en definitiva, la última oportunidad para establecer un frente común que proteja al productor, al industrial y al comerciante de los ataques de un Puerto que siempre busca recaudar más a cambio de entregar menos. Es hora de decidir si vamos a seguir siendo una nota al pie en el cuaderno de un burócrata porteño o si vamos a consolidar una provincia soberana, capaz de dictar su propio destino y proteger a su gente de los naufragios nacionales. Porque si algo nos ha enseñado la historia, es que cuando el Puerto se queda sin recursos, siempre busca en los bolsillos de quienes estamos en la frontera.
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