Opinión
Cuando la deuda de la democracia se observa en las listas

Por: Fernando Oz
@F_ortegazabala
Con todas las listas de candidatos sobre la mesa, desde la más razonable hasta las más disparatadas, me imagino que deberíamos comenzar a reflexionar sobre qué vamos a hacer con el gigantesco bache que nos dejan de herencia las estructuras políticas que vienen repartiéndose la provincia desde el inicio de la democracia. La ausencia de debate y la baja calidad discursiva de buena parte de los postulantes a ocupar bancas en la casa de las leyes, no es más que una respuesta a nuestra propia mediocridad y apatía social.
La discusión de la cosa pública quedó reducida a shorts, el intercambio de ideas a merced del totalitarismo de los algoritmos, con los autócratas de guardería que no conocen ni aprecian las reglas de la vida adulta, por lo que lamento suponer, que se puede esperar cualquier cosa, tanto risible como espeluznante.
El cuadro de incultura cívica, inoperancia y mezquindad es inobjetable. Se quejan de lo mismo y no aportaron una opción que sea capaz de concentrar en un mismo espacio una alternativa superadora al oficialismo, y que, además, no tenga la necesidad de estar corriendo detrás de una agenda con prioridades ajenas al interés de los habitantes de Misiones. Quedó demostrado que les preocupa más sostener sus pequeñas quintitas o hacer algún negocio que lanzarse a la necesaria conquista de bancas que garanticen el vital equilibrio de poder.
La Libertad Avanza (LLA) terminó siendo lo que algunos conocedores de secretos del establishment habían anticipado: una mesa de dinero manejada por un especialista en impuestos, un bróker de negocios y un par de vivos que aprovechan el envión libertario mientras juegan al golf en un country paraguayo.
Este viernes, el abogado Carlos Adrián Nuñez, candidato a diputado provincial y, hasta ahora, protegido de Karina Milei, fue denunciado en la Justicia Federal por juntar fondos para actividades partidarias cobrándoles un diego a los funcionarios públicos que ingresaron al plantel estatal enrolados en las filas de Milei. La presentación judicial fue realizada por un afiliado libertario, el productor agropecuario Samuel Doichelle. También hay otros denunciados y un tendal de inversores enojados.
Quienes también se negaron a la unidad opositora fueron los radicales con peluca, que, tentados por faraónicas promesas y la caja de la EBY, prefirieron sumarse a la incierta aventura de Martín Arjol. Su candidatura a primer diputado provincial por el Partido Libertario, según afirman en su entorno, sería la catapulta para presentarse como candidato a gobernador en las elecciones de 2027. Aún cree en las promesas de Santiago Caputo y que tiene el respaldo de los hermanos Diego y Rodrigo de Arrechea, hemisferio económico y político de un mismo esquema.
Los radicales, que viven en un microclima de internas de egos, tampoco buscaron un acuerdo. Una vez finalizada las elecciones del 8 de junio, los sobrevivientes de la UCR deberían reunir a sus convencionales para condecorar al concejal Santiago Koch por enfrentar con estoicismo una de las peores elecciones del radicalismo. Las encuestas apuntan hacia esa dirección. El otro mariscal de esa derrota es el diputado Pepe Pianesi, que intentará obtener una banca de concejal.
Koch, que encabeza la lista de diputados provinciales del Frente Unidos por el Futuro —ni que fuese un chiste—, es secundado por Carolina Gross, una abogada del team del senador Martín Goerling Lara, que sigue siendo del PRO y que en los últimos tiempos se convirtió en uno de los blancos predilectos del oficialismo. El legislador nacional, que tiene una de las mejores imágenes positivas de todo el arco opositor, fue el primero en buscar el armado de un frente único que discutiera la agenda local y dejara de lado los mandatos de los partidos nacionales, pero las mezquindades de otros sectores pudieron más.
Además de La Libertad Avanza, el Partido Libertario y el Frente Unidos por el Futuro, hay otras ocho listas opositoras. Ninguna de las once obtendrá más de cinco bancas en la Cámara de Representantes, hay en juego veinte puestos. El Frente Renovador de la Concordia, que no es ajena a las problemáticas de nuestro tiempo y que lleva una lista poco competitiva, tiene un piso de nueve, lo que le permitirá seguir teniendo una holgada mayoría. El análisis de todos los datos, hoy en día, arrojan esos resultados.
La dispersión de la oposición no es producto de una alquimia, de un plan macabro elaborado en un laboratorio oculto en la Legislatura, es el resultado de la estupidez y cainés de sus propios dirigentes. El peronismo opositor o de centro derecha que una vez lideró Ramón Puerta terminó implosionado con Activar, el partido que fundó su hijo Pedro para navegar por aguas locales con sello propio. Desde la centro izquierda, el kirchnerismo, o lo que supo ser el Partido Agrario y Social cuando fue la segunda fuerza política provincial, tampoco salió nada.
A propósito, ahí lo tienen a Héctor Cacho Bárbaro y a su exsocio político Martín Sereno. Ninguno de los dos soporta estar alejado de una banca por mucho tiempo, se ahogan, por eso ahora cada uno es candidato a diputado provincial por su lado. Lo más probable que no entre ninguno de los dos, pero ahí están, como adolescentes, midiéndola. Todos césares de su propia parcela.
Los césares más tiránicos suelen ser descriptos como chicos caprichosos. Me imagino que vivir bajo la férula de Calígula o Nerón debía ser como padecer las intemperancias de un crío dotado con poder absoluto. Donald Trump y Javier Milei se manejan con esa incontinencia desmesurada de adolescente tardío.
Y es que vivimos en una época que se venera no ya a la juventud impetuosa sino a la conflictiva, destemplada, semisalvaje e indolente. El discurso político consagra el maniqueismo de una película de buenos y malos, la argumentación se reduce a un intercambio de exabruptos y torpezas de estudiantina, el liderazgo consiste en ver quién mea más lejos en el patio del recreo.
Triunfa el sentimentalismo más inmediato, el “me gusta”. La cuestión ya no es qué mundo dejaremos a nuestros hijos sino qué hijos van a quedarse con el timón. Una discusión que se da en el Cantón Verde, en Punta del Este, en las costas de Palm Beach o en un café cualquiera sobre Les Champs-Élysées.
Opinión
Desde Cerro Corá, la doctrina del Movimiento por lo que Viene

Por Cecilia Britto
El discurso del gobernador Hugo Passalacqua el 9 de Julio no fue una conmemoración: fue la exposición de principios del espacio que veinticuatro horas después recibió su nombre. En Cerro Corá —corral de cerros, en guaraní— quedaron sentadas las bases del Movimiento por lo que Viene.
Hay discursos que se pronuncian y hay discursos que anuncian. El del gobernador Hugo Passalacqua en Cerro Corá pertenece a la segunda categoría. No fue un acto protocolar más. Fue una declaración de identidad.
Passalacqua eligió empezar en mayo de 1810. Y no eligió ese punto de partida al azar: quería traer doctrina desde nuestro propio proceso histórico. Un cabildo abierto que se animó a preguntar si el poder podía volver al pueblo, y un 25 de mayo que respondió que sí al jurar. “Fue un proceso duro, muy duro, muy difícil. Sobre todo, con muchos miedos”, recordó el gobernador. Porque animarse a dar vuelta la página nunca fue sencillo para ninguna sociedad.
Pero la historia verdadera no es la escrita desde el puerto. Es la nuestra. La que dice que un año antes de Tucumán, en el Congreso de Oriente de 1815, los pueblos libres ya se habían proclamado independientes. Y que Misiones estuvo ahí, representada por Andrés Guacurarí, que “no pudo asistir porque estaba peleando en Candelaria, pero mandó a su segundo”. Andresito no faltó a la historia. Estaba haciéndola. “Un año antes de Tucumán ya habíamos declarado la independencia. Tan rebeldes somos”, dijo Passalacqua. Y no es una anécdota. Es una definición.
Los misioneros no llegamos tarde a la independencia. Llegamos antes. Con Artigas, con el federalismo de los pueblos libres, con esa convicción incómoda que el gobernador recuperó en la respuesta del jefe de los orientales a sus diputados rechazados en la Asamblea del Año XIII: “No se preocupen, Buenos Aires solo da amarguras”. Y la actualizó sin rodeos: “Buenos Aires siempre da amarguras. Piensa en ella, no en las provincias”. Y remató, con toda intención, que eso no es de ahora.
Pero el corazón del mensaje no estuvo en el pasado. Estuvo en lo que ese pasado nos exige hoy. Coraje. La independencia no es para temerosos: “son momentos para valientes”, dijo, como lo fueron los cabildantes de 1810 y los congresales de 1816, que declararon la libertad rodeados de miedos, de amenazas, de incertidumbres. Como San Martín, que exigió la declaración porque sabía que no podía liberar América si su propio pueblo no era libre.
Y ahí Passalacqua se detuvo en un terreno que la política suele esquivar: cómo se debe ejercer el poder. Dijo que defender las posiciones con convicción está bien. Que cambiar de opinión está bien. Pero “el látigo, el dedo, la dureza, la descalificación, eso está mal”. Y agregó: “Pensemos como pensemos, no hace falta pelearse. Ni siquiera en la mesa familiar”. No nombró a nadie. No hizo falta. Todos entendimos. Hay una forma de conducir que humilla, que agrede. Y hay otra. La que se planta desde la historia, desde el respeto, desde la convicción serena de que la autoridad emana del pueblo.
Porque eso también dijo. Citó a Castelli: “el poder está en la gente”. Y lo tradujo sin eufemismos: el deber de quienes gobiernan es hacerle “un poco más fácil la vida” a la gente. Cada día. “Si no cumplimos eso, ahí está la urna”. Un gobernador recordando, en un acto patrio, que su legitimidad tiene dueño. Y que el dueño es el pueblo. Eso, en un momento que él mismo definió como angustiante y difícil para la República, no es un detalle. Es una toma de posición.
Hubo ternura también. Orgullo por los misioneros, por sus familias, por esa sonrisa que, dijo, no se rinde ni en la angustia. Passalacqua es eso: un político humano. De los que escuchan antes de hablar. De los que enseñan sin dar cátedra. De los que entienden que la política no es un ring sino una mesa.
Y hay que leer el discurso completo en esa clave. Porque cuando Passalacqua pone a Andresito en el centro del relato, cuando recupera a Artigas y al federalismo de los pueblos libres, cuando cita a Castelli y define cómo no se debe conducir, no está solamente conmemorando. Está fundando. Lo nuevo ya había empezado a existir. El 9 de Julio conocimos su espíritu, sus principios, la matriz de lo que nacía. Veinticuatro horas después llegó el nombre: Movimiento por lo que Viene. La secuencia no es casualidad. Es método. Primero el espíritu, después el nombre.
Y el nombre merece ser leído, palabra por palabra. Movimiento, porque Misiones se está moviendo desde hace un tiempo. Y la intensidad crece: intendentes que reconfiguran el territorio y la conducción política, mujeres, jóvenes, dirigentes, vecinos, empresarios. No es un sello. Es un pueblo en marcha. Por lo que Viene, porque Misiones se mueve en busca de su destino. Y confía en que lo que viene es distinto. Es mejor. Es más bueno. Una provincia que vuelve a tener esperanza. Que vuelve a tener fe. El nombre no describe una estructura: describe un estado de ánimo colectivo.
Lo que se presentaba como espacio ya no contenía. No representaba a muchos. Y, sobre todo, no representaba los intereses de Misiones. Passalacqua lee un tiempo nuevo, que no se circunscribe a un método ni a una persona: un cansancio social enorme frente a formas que se agotaron. Y muy a pesar de muchos, no elige la agresividad, la maldad ni el odio. Elige otro camino. Este tiempo nace con otro espíritu. Y eso también nos interpela: nos exige entender que se puede construir sin agraviar y disentir sin destruir. Por eso lo de Cerro Corá no fue solo un discurso. Fue doctrina. Y todo el acto estuvo cargado de simbolismos y gestualidades que ayudan a comprenderlo.
Y hay que dedicarle un pasaje al miedo. Porque el miedo no es un accidente: se instala, se administra, se hace flotar en el aire como una amenaza latente. Es la última herramienta de los que no quieren que nada cambie. Passalacqua lo sabe, y por eso su palabra clave no fue victoria ni poder: fue valentía. Los cabildantes de 1810 declararon con miedo. Los congresales de 1816 firmaron con miedo. La historia no la hacen los que no sienten miedo: la hacen los que no se dejan gobernar por él. Pericles lo entendió hace veinticinco siglos, cuando distinguió dos miedos: el respeto a la ley, que civiliza, y el terror administrado, que somete. Y proclamó ante los atenienses que los más valientes son aquellos que, viendo con total claridad tanto el peligro como la gloria que tienen delante, aun así avanzan. Por eso la valentía es determinante para que lo que viene sea mejor. Para que sea de Misiones y de los misioneros.
El intendente Diego Pedrozo lo expresó mejor que nadie. Recordó que Cerro Corá significa corral de cerros y le habló directo al gobernador: “Amigo Hugo, los cerros te abrazan”. Ese abrazo fue la imagen del acto. Y es también la imagen de lo que viene: un Movimiento que va abrazando a hombres y mujeres de toda la provincia y que convoca a trabajar con diálogo, compromiso y espíritu de paz.
Si hubiera que escribir la doctrina de este nuevo tiempo, ya está dictada. Sus matrices rectoras son seis: el coraje como condición de la política; la soberanía popular como único origen de la autoridad; el gobierno como servicio y no como privilegio; la legitimidad como préstamo revocable, que el pueblo otorga y el pueblo retira; la conducción como abrazo y no como sometimiento; y el federalismo misionero como línea innegociable. Seis matrices. Una plataforma. Nadie podrá decir que no estaba escrito desde el primer día.
Este 9 de Julio, desde Cerro Corá, quedó dicho el espíritu de un nuevo tiempo. Un tiempo de rebeldía con memoria. De firmeza sin agravio. De soberanía en el pensamiento y en la acción. Un tiempo donde ser buenos no es debilidad: es la forma más alta de la valentía.
Andresito lo sabía. Artigas lo sabía. Los congresales de 1816 lo sabían. Doscientos diez años después, lo volvimos a escuchar en un corral de cerros de la tierra colorada.
Opinión
Soberanía algorítmica: la Algoritmocracia, el poder que ya empezó a gobernarnos
Por Héctor Julio Franco
Durante siglos la humanidad discutió y peleo entre sí para responder a la disyuntiva de quien debía ejercer el poder.
Primero fueron los reyes. Después aparecieron las constituciones. Más tarde la división la división de poderes Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial como una de las mayores conquistas de la democracia moderna.
Luego, con el tiempo, la influencia de los medios de comunicación llevó a muchos a hablar de un “cuarto poder”.
Sin embargo, tengo la impresión de que estamos asistiendo al nacimiento de otro centro de poder, mucho más silencioso y difícil de advertir.
No tiene territorio. No participa de elecciones. No jura una Constitución. No pertenece formalmente a ningún Estado.
Pero cada día influye un poco más en nuestra vida. Me refiero al poder de los algoritmos.
Algunos autores denominan a este fenómeno algoritmocracia: un escenario en el que los algoritmos dejan de ser simples herramientas informáticas para convertirse en sistemas capaces de condicionar decisiones económicas, sociales, jurídicas e incluso jurídicas.
La palabra puede sonar exagerada, pero basta detenerse un instante para advertir que ya convivimos con ella.
Un algoritmo decide qué noticias aparecen primero en nuestras redes sociales. Otro determina qué publicidad recibimos. Otro evalúa si somos candidatos a un crédito. Otro selecciona qué contenidos se vuelven virales y cuáles prácticamente desaparecen del debate público.
Cada vez más administraciones públicas utilizan inteligencia artificial para detectar fraudes, priorizar expedientes, asignar recursos o asistir decisiones administrativas.
La inteligencia artificial ya no es solamente una innovación tecnológica.
“Está empezando a convertirse en una forma de ejercicio del poder.”
Y esa circunstancia merece una profunda reflexión democrática.
Porque todo poder, tarde o temprano, necesita límites.
Lo interesante es que la verdadera discusión no pasa por preguntarnos si la inteligencia artificial es buena o mala. Esa es una falsa discusión.
La IA puede representar una revolución extraordinaria para la medicina, la educación, la justicia, la administración pública y la productividad. Puede ayudarnos a reducir corrupción, mejorar políticas públicas, detectar fraudes y
utilizar con mayor eficiencia los recursos del Estado. Sería absurdo renunciar a semejante herramienta.
El problema aparece cuando olvidamos una pregunta mucho más importante.
¿Quién diseñó el algoritmo?; ¿Con qué datos fue entrenado?; ¿Qué valores incorpora?, ¿Quién controla sus decisiones?, ¿Quién responde cuando se equivoca?, Allí aparece uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo.
Los algoritmos aprenden de los datos que reciben. Si esos datos contienen prejuicios, discriminaciones históricas o información incompleta, el sistema puede reproducir esos mismos errores con una apariencia de absoluta objetividad.
La máquina no discrimina porque tenga odio. Discrimina porque aprendió de una realidad previamente sesgada.
Y cuanto más confiemos en sus respuestas sin comprender cómo fueron construidas, mayor será el riesgo de naturalizar decisiones injustas simplemente porque fueron tomadas por una computadora.
Existe además otra cuestión sobre la que hablamos muy poco. La inteligencia artificial también es poder geopolítico.
Durante el siglo XX los Estados medían su influencia por el tamaño de su economía, su industria, sus recursos naturales o su capacidad militar.
La posesión de tecnología nuclear, por ejemplo, funcionó durante décadas como un poderoso elemento de disuasión y como un símbolo de supremacía tecnológica.
En el siglo XXI está apareciendo un nuevo indicador de poder. La capacidad de desarrollar inteligencia artificial fundacional.
Hoy son muy pocos los países que concentran las empresas, el talento científico, la infraestructura tecnológica, la capacidad energética y el capital necesario para entrenar los grandes modelos de inteligencia artificial que luego utilizará buena parte del planeta.
Estados Unidos y China lideran claramente esa carrera.
No es casualidad. Entrenar uno de estos modelos requiere inversiones de miles de millones de dólares, centros de datos gigantescos, millones de procesadores especializados y un volumen de energía comparable al consumo de ciudades enteras.
Quien domina esa tecnología no solo desarrolla mejores asistentes virtuales.
También influye sobre la economía digital, la investigación científica, la educación, la administración pública, los sistemas de defensa y, en definitiva, sobre la forma en que circula el conocimiento en el mundo.
Quizás estemos presenciando el nacimiento de un nuevo concepto político: la soberanía algorítmica.
Así como los Estados hablan de soberanía territorial, energética o alimentaria, en las próximas décadas también deberán preguntarse cuánto control conservan sobre las inteligencias artificiales que utilizan diariamente sus ciudadanos, sus empresas y sus propios gobiernos.
Porque depender completamente de algoritmos desarrollados en el exterior no constituye solamente una cuestión tecnológica, es, también, una cuestión de autonomía estratégica.
Y aquí aparece otra enseñanza que la historia puede ofrecernos.
Cuando comenzaron a fabricarse los primeros automóviles prácticamente no existían normas internacionales sobre seguridad. No había cinturones obligatorios, airbags, pruebas de choque ni estándares mínimos de fabricación. Con el tiempo comprendimos que la innovación necesitaba reglas.
No para impedir el progreso. Precisamente para hacerlo más seguro.
Con la inteligencia artificial probablemente ocurra lo mismo.
Así como hoy ningún automóvil puede comercializarse sin cumplir exigentes protocolos de seguridad, tampoco debería aceptarse que modelos fundacionales capaces de influir sobre millones de personas sean entrenados sin estándares mínimos internacionales.
Necesitamos reglas comunes sobre transparencia, calidad de los datos de entrenamiento, mitigación de sesgos, auditorías independientes, documentación técnica, trazabilidad, supervisión humana y responsabilidad jurídica.
No porque desconfiemos de la inteligencia artificial. Sino porque desconfiamos demasiado en el poder que pudiera llegará a tener.
La democracia aprendió, a lo largo de los siglos, que ningún poder debe quedar fuera del control institucional. No ocurrió con los gobiernos, ni con los mercados.
No ocurrió con la prensa, ni debe ocurrir con los algoritmos.
Tal vez dentro de algunos años descubramos que la gran discusión política de nuestra época no era si la inteligencia artificial iba a reemplazar determinados empleos.
Tal vez la verdadera discusión era otra mucho más profunda; es sobre quién controla los algoritmos que, silenciosamente, comenzaron a influir sobre nuestras democracias.
El desafío del siglo XXI no será solamente desarrollar inteligencia artificial.
Será garantizar que la inteligencia artificial permanezca al servicio de la libertad,
de la igualdad y de la dignidad humana.
Y esa, quizás, sea la verdadera definición de soberanía algorítmica.
Opinión
La reconfiguración del tablero del “nuevo oficialismo”

Por Fernando Oz
La semana pasada fue Carlos “Kako” Sartori quien aseguró que Hugo Passalacqua no forma parte de Encuentro Misionero y cuestionó que se utilicen las fichas de afiliación como estructura de un nuevo sello electoral sin consultar a las bases. No lo dijo un funcionario de segunda línea, sino el jefe de Gabinete y principal armador de la reelección del gobernador. Desde el flamante partido fundado y conducido por Carlos Rovira nadie dijo nada y continuaron subiendo a las redes videos aleatorios de propaganda como si acá no pasara nada, aunque por lo bajo restaban importancia a los dichos del ministro.
Esta semana hubo una voz más fuerte, la de Viviana Rovira. “Nosotros estamos donde siempre estamos, no nos movimos de ningún lado. El que se movió a otro partido y se llevó todas nuestras cosas es nuestro exconductor”, dijo la esposa de Passalacqua a un grupo de medios tras un acto en la Plaza 9 de Julio. Es una voz con peso propio por su larga militancia y por el componente simbólico del apellido.
Refiriéndose a su primo Carlos, que desde hace unos días se encuentra en el exterior, Viviana explicó que fue él quien “formó otro partido que es Encuentro Misionero; nosotros, ante eso y sin aviso previo, estamos formando todo un grupo para seguir” y destacó que “respetamos que haya querido cambiar de partido”, pero “es como el que deja su casa y se va a otra casa”.
A mitad de semana, el gobernador recibió en la Casa de Gobierno a los representantes de una docena de partidos políticos que respaldaron el “proceso de reorganización” de cara a las próximas elecciones tras la implosión del Frente Renovador de la Concordia. Passalacqua no evitó la foto con los viejos aliados de Rovira, como Élida Vigo, parada en primera fila. En los últimos días, también fueron varios los funcionarios que hicieron pública su alineación con el mandatario provincial y su distanciamiento del esquema que venía armándose en torno a Encuentro Misionero.
Son gestos. Como el que tuvo Maurice Closs después de la medianoche del viernes cuando escribió “el tiempo va acomodando todo…” junto al retuit de un artículo de la revista Códigos donde, a modo de portada, se lee: Fernando Meza: “Voy a trabajar para que Hugo Passalacqua sea reelecto”, y de fondo una fotografía que inmortaliza un abrazo entre el ministro y el gobernador.
Por varias razones agosto será un mes clave, pero a medida que nos acerquemos observaremos más señales de un nuevo armado electoral provincial. El miércoles, Kako volverá a trasladar al Gabinete; esta vez la cita será en la turística ciudad de Puerto Iguazú, donde lo esperarán los intendentes del norte, con Claudio Filippa como anfitrión. Además de ser una reunión de trabajo con foco en la gestión, se cree que habrá varias muestras de acompañamiento a la reestructuración de la gestión y a la reelección del mandatario provincial.
Tal vez el gesto más importante de ese día lo dé Arabela Soler, diputada provincial del riñón del ministro “ultrapassalacquista” Facundo López Sartori. En la Rosadita se rumorea que la legisladora está dispuesta a dejar el bloque Frente Encuentro Misionero y encabezar uno más alineado al “nuevo oficialismo”. Posiblemente arrastre con ella a ocho o nueve diputados; el número concreto se conocerá el martes por la noche, durante una cena en la que participará cada uno de ellos y que estará encabezada por el jefe de Gabinete.
Hay quienes creen que la creación de un bloque con línea directa con la Rosadita es el primer paso que se dará en la Cámara de Representantes. El segundo sería en diciembre, cuando haya que discutir las nuevas autoridades. Los que apoyan esta postura sostienen que “hay que tener todo armado para discutir el Presupuesto para el próximo período”, que ingresaría el 31 de julio junto con una reforma de la estructura de Gobierno. Se prevén cambios muy profundos: ministros que tendrán que dejar sus cargos, megaestructuras que pasarán a otras manos, redirección de partidas y el fin de la financiación de proyectos que dejaron de ser de interés para el Poder Ejecutivo. “Nos vamos a sacar muchos lastres”, aventuró un allegado a la sala de cirugía.
Aún no se sabe qué sucederá con los integrantes del bloque Por la vida y los valores, Rita Flores, Débora Mangone y Walter Ríos. Ese interrogante no es menor, especialmente cuando se tenga que votar la disolución de alguna Sociedad del Estado, para lo que se necesita una mayoría simple de los miembros presentes, por poner un ejemplo.
Algunas fuentes bien informadas coinciden en que Passalacqua convocó a un tridente con vistas al armado electoral. La punta principal es Kako Sartori, el ministro todoterreno que “cambió la dinámica” del Gobierno y fue electo cuatro veces como intendente; Ricardo Wellbach, exdiputado provincial y nacional, exjefe de Gabinete y avezado operador de fino bisturí que había sido enviado a Siberia; y por último Carlos Pretto, un veterano de la política de la vieja escuela radical de Enrique “Coti” Nosiglia y hombre de confianza de Closs. Podemos decir que estamos frente a una delantera con mucha experiencia.
Encuentro Misionero parece en receso invernal y en silencio de radio, pero en realidad siguen con su campaña de adhesiones y recorriendo la provincia a la espera del regreso del mentor del espacio. Quienes más se mueven en esa dirección son los NEO, capitaneados por el vicegobernador Lucas Romero Spinelli. Tienen representación en todos los municipios; la mayoría de ellos se criaron en una provincia que no paraba de crecer y con Rovira como líder del Frente Renovador, y ahora creen que son sus legítimos herederos. El presidente de la Cámara de Representantes, Sebastián Macias, también integra esas filas, además de ser uno de los integrantes de la mesa de coordinación de la campaña del partido “más nuevo del país”.
El intendente “Lalo” Stellato y el diputado nacional Oscar Herrera Ahuad también forman parte de esa mesa creada por Rovira, al menos por ahora. Diferentes versiones los ubican a ambos prestos a tomar distancia del nuevo sello. El alcalde de Posadas se encuentra dubitativo; cree que tiene más para aportar tras su exitosa gestión. La situación del legislador es diferente: su voto en la Cámara Baja del Congreso responde más a cuestiones vinculadas a la estrategia del Gobierno provincial en cuanto a la relación de intereses con la gestión de Milei frente a la Casa Rosada, que a problemas de identidad partidaria.
Quienes quieren mantener a Encuentro Misionero a flote no descartan nada: desde sumarse a los planes reeleccionistas de Passalacqua, acordando lotes de poder, hasta patear el tablero y disputar la gobernación con apoyo de Nación. Fuentes con acceso a este sector ven como una opción presentarse en las elecciones provinciales con una lista propia y en las nacionales como una colectora que apoye una reelección de Javier Milei.
Casi un mes antes de su asunción como jefe de Gabinete, Diego Santilli visitó Misiones como parte de su ruta para conseguir que los gobernadores apoyen la reforma electoral que impulsa Milei. En ese momento, en su rol de ministro del Interior, el “Colo” buscaba destrabar en el Senado el proyecto de ley que, entre otros puntos, pretende la eliminación de las PASO, un mecanismo electoral que necesita el PJ para ordenar su interna. Lo primero que hizo el funcionario nacional en el Cantón fue visitar a Rovira; estuvieron juntos durante una hora. Después fue a reunirse con Passalacqua.
Ahora, como jefe de Gabinete y con atributos de ministro del Interior, Santilli quiere avanzar con la reforma política antes de que corra el reloj electoral, y lidera una negociación con gobernadores provinciales para habilitar el uso de listas colectoras en las elecciones nacionales como moneda de cambio para lograr la eliminación de las PASO. Esta estrategia, coordinada junto a Karina Milei, busca reconfigurar el escenario electoral de cara a 2027 para consolidar el armado político y garantizar la reelección de Milei.
Frente a este tablero de ajedrez, las especulaciones de palacio chocan con la realidad del ciudadano de a pie. Las colectoras nacionales y las reformas en el Congreso son herramientas útiles para la supervivencia de los sellos partidarios, pero no resuelven la urgencia de la administración local. Un gobierno necesita certezas legislativas y estructuras sólidas para proyectar su futuro inmediato, no promesas sujetas al vaivén de las alianzas de turno. Sea como fuere, el destino final de Encuentro Misionero estará sujeto a la decisión que tome su conductor y mentor, el ingeniero Carlos Rovira. En este escenario de transiciones y realineamientos, el mes clave sigue siendo agosto. Para quienes observamos la política desde la simple condición de ciudadanos, queda claro que el verdadero poder no se declama en las redes; se ejerce ordenando la propia casa.
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