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En diálogo con La Voz de Misiones, la licenciada en psicología Lorena Molina habló sobre la importancia de que niños y adolescentes acudan a terapia para que "el día de mañana sean adultos sanos" y tomen "buenas decisiones".
La falta de comunicación, la impulsividad, la ansiedad, entre otros trastornos, podrían presentarse en la adultez porque “de niños no nos enseñaron a gestionar lo que nos pasa, no nos dijeron: ‘Ponele nombre a esa emoción”, afirmó la joven profesional.
Lorena tiene una diplomatura en Terapias Cognitivas y otros Abordajes en Niños y Adolescentes, y una diplomatura universitaria en Salud Mental y Problemáticas Actuales en Infancias y Adolescencias.
Sobre esa base, la profesional sostuvo que "en lo cotidiano se le enseña a un niño sobre la escuela, que empieza una rutina nueva, pero no se le enseña sobre inteligencia emocional".
Es allí, explicó Lorena, donde el rol del psicólogo es fundamental para que ese niño "tenga ese espacio a la subjetividad, que él pueda desarrollar su inteligencia emocional, que sepa cómo gestionar sus emociones".
En cuanto al tabú que podrían acarrear generaciones anteriores respecto de hacer terapia, la psicóloga afirmó que muchos padres mantienen la postura de que "yo no estoy loco, por eso no voy al psicólogo", diferente al pensamiento de sus propios hijos, que hoy en día son quienes les solicitan atenderse con un profesional.
"Tengo pacientes de 9,10, 11 años, que les piden a sus padres ir al psicólogo, necesitan un espacio propio, para que los escuchen", comentó Lorena.
Es que, “en el contexto que vivimos, en que ambos padres trabajan, muchos chicos dicen: 'Mis padres no tienen tiempo, no me escuchan, no tengo quien me escuche'”. Entonces vienen a la consulta y te sorprenden, porque se sientan y parecen adultos, te conversan de lo que les pasa como algo totalmente naturalizado", resaltó.
Acerca de por qué los niños acuden a una ayuda profesional, la psicóloga explicó que mayormente es por un pedido de la escuela, "porque tienen determinadas conductas o no se adaptan a las normas o las reglas del establecimiento".
Asimismo, Molina argumentó que hay que "romper con ese paradigma de ¿por qué tan chiquitito tiene que ir al psicólogo?", y se explayó: "A veces no es que tenga un problema puntual, sino que tiene que ver con trabajar los límites, la inteligencia emocional, la estimulación, el habla".
En esa línea, Lorena dijo que, desde la "mirada conductual", la rama psicológica en la que está especializada, se trabaja en regular la conducta, "que de alguna manera el niño entienda el espacio en el que está y a adaptarse de acuerdo a ese espacio".
Además, afirmó que desde el lado profesional buscan darle herramientas para que ese niño "se desarrolle con una salud mental sana, por decirlo de alguna manera", indicó y reforzó: "Porque no le enseñás solamente la diferencia que hay entre emociones, sino cómo él gestiona para que el día de mañana sea un adulto que tome buenas decisiones. Es fundamental para los niños".
La licenciada en psicología también trabaja con los adolescentes. Sobre ello, opinó que es un poco más complejo el abordaje en esa franja etaria por el “tema de la tecnología”.
En esa línea, sostuvo que en la actualidad el adolescente es “monosílabo… es ‘sí’, ‘no’, ‘ajá’, ‘okey’. Le preguntás: ‘¿Qué hiciste?’, y te responden ‘nada’”. Por ello, para los profesionales representa un desafío”.
En tanto, la diplomada advirtió que la comunicación de los jóvenes pasa, en su mayoría, por la virtualidad: “Ellos están conectados todo el día, pero a través de las aplicaciones, por así decirlo”.
Por ello, abordar las terapias en la adolescencia implica “aggiornarnos a su forma de hablar y todo lo que por ahí traen, jueguitos, aplicaciones, que a veces te muestran en el teléfono y uno tiene que engancharse en su mundo”.
Molina explicó que es importante que la familia se involucre en el mudo del adolescente: “Tratamos que los padres de alguna manera busquen un punto en común con ese hijo o hija, que está todo el día en la habitación con la pantalla, el videojuego”.
Y añadió: “Que se incluya, que le pregunte, que se interese; de alguna manera, si el adolescente no va al padre, que el padre se sume al mundo del hijo. Hay chicos que tienen todo un mundo a través de una pantalla”.
Por otro lado, Lorena recomendó que, frente a esa realidad, se debe trabajar “mucho en la autoestima, porque acarrean ese ideal de imagen que ellos quieren seguir, a través del Instagram, por ejemplo, y empiezan a cuestionarse por su imagen, por el esquema corporal, entre otras cosas”.
En cuanto a las “señales” que podrían dar los chicos cuando necesitan ayuda profesional, la psicóloga detalló que “el adolescente, por ahí, tiende a encerrarse mucho, depende también si es varón o mujer. Lo que yo siempre recomiendo a los padres es que no pierdan los canales de comunicación con ese hijo, desde niños, siempre tiene que estar abierto, sin juzgarlos, para que ellos tengan la confianza de contarles lo que les pasa”.
Por otra parte, la psicóloga posadeña cuestionó el concepto de “generación de cristal” y manifestó que ve una desconstrucción en las nuevas y futuras generaciones.
“Es una de las frases que he escuchado mucho. Lo que yo debato es que no estamos hablando de una generación de cristal”, expuso y explicó: “Estamos hablando de una generación que el día de mañana va a saber tomar buenas decisiones y defenderse dentro de los valores que tiene que hacerlo”.
En ese punto, remarcó que, en la actualidad, “encontramos adultos que no tienen empatía, no tienen la capacidad de ponerse en el lugar del otro, y eso se enseña desde pequeño”.
En ese sentido, manifestó que está “totalmente en contra” del castigo y de golpear a los niños: “Eso ya no debería hacerse más, deberíamos educar con el ejemplo, hablo mucho con los padres sobre esa cuestión y de cuidar el entorno donde se crían los niños”, cerró la psicóloga, en entrevista con LVM.
Lorena Molina trabaja junto a varias profesionales, entre psicopedagogas, psicólogas, y una estimuladora temprana, en los consultorios de Estimularte, un espacio de servicios integrales terapéuticos, ubicado sobre la calle Entre Ríos al 1313, de Posadas.
Foto:Ilustrativa