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Museo de la Discapacidad María Kodama abrirá “satélite cultural” en Misiones

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Se trata del Museo Internacional de la Discapacidad María Kodama, la escritora y traductora argentina fallecida en marzo del año pasado, que tiene su sede en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (Uba), donde exhibe de manera permanente una exquisita colección de arte plástico, entre pinturas y esculturas, de autores argentinos y extranjeros.

El museo que lleva el nombre de quien fuera pareja del célebre escritor argentino Jorge Luis Borges, es obra de la Fundación Midmako y posee un acervo artístico orientado especialmente a la educación, la reflexión y el intercambio de conocimientos sobre la discapacidad.

Retrato de la escritora María Kodama, viuda de Jorge Luis Borges, que se exhibe en el museo en la Uba.

La institución, cuya característica es ser liderada por personas con discapacidad, como su presidente Nika Pedro, amigo y ahijado de Kodama, que tiene autismo y es quien comentó a La Voz de Misiones la idea de montar un “satélite o cápsula cultural” en Posadas y, aunque no dio precisiones sobre el lugar, adelantó que “se está conversando” para funcionar en el Museo Regional Aníbal Cambas, del Parque Paraguayo.

Con el museo nos enfocamos en enseñar sobre la discapacidad a través de la cultura, y desde la primera hasta la última obra se enfoca en esa temática”, explicó Pedro.

Enseñamos a través de la cultura qué es la discapacidad, procurando siempre involucrar a las personas que tengan cualquier tipo de diversidad, no solo de discapacidad”, agregó.

Peregrinos

Pedro contó a LVM que la idea del Midmako nació hace dos años en la Embajada de Suiza en Buenos Aires, y que a partir de allí comenzó la tarea de conseguir el patrimonio, hoy invaluable, que se expone de manera permanente en el Salón de los Bustos de la Facultad de Medicina de la Uba.

Fue en la misma sede diplomática porteña donde la semana pasada se incluyó a la tierra colorada en el plan de “satélites culturales” Midmako en el interior del país, durante una velada en la que Nika Pedro coincidió con el abogado posadeño Alejandro Jabornicky y Rita Marina Flores, dirigentes del partido Ahora Vos Misiones.

El proyecto, que según dijo estaría concretándose entre febrero y marzo de 2025, es heredero directo del titulado “Peregrinos del Midmako”, con el que la Fundación visita escuelas de todo el país y ofrece charlas y conferencias sobre autismo y otras discapacidades, lengua de señas, entre otros temas.

“En todas las escuelas nacen proyectos nuevos y muchos de esos chicos van después a replicar la experiencia en otros lugares”, señaló Pedro y explicó: “La idea es que estén en diferentes lugares para explicar cómo funciona el cerebro de una persona con autismo o discapacidades sensoriales”.

“Lo que sentimos nosotros cuando pasamos de un salón al otro, cómo nos molesta el cambio del contexto”, detalló.

“Ahora, la idea es llevar a diferentes lugares del país un pedacito del museo y donar entre 15 y 30 obras para enseñar exactamente lo mismo que en la sede de la Uba y acercarlo a otra gente”, comentó.

Las capsulas o satélites como el de Misiones van a reunir artistas de Buenos Aires y de otras latitudes”, explicó y agregó: “Hay obras de artistas porteños y obras de los nativos del pueblo, en este caso de Misiones”.

Nosotros no hablamos de artistas consagrados, por eso mezclamos las obras y los autores, porque consideramos más valioso el mensaje”, afirmó.

Enorme

Además del museo que lleva el nombre de la viuda del máximo escritor nacional, la institución que preside Pedro regentea también una escuela de teatro, otra de arte, otra de lenguaje de señas; tiene un programa de radio, un ciclo de entrevistas y una marca de indumentaria confeccionada en material sustentable.

Midmako es enorme”, graficó su presidente y comentó: “Con lo poco que tenemos tratamos de llevar adelante actividades y proyectos para posicionar a la discapacidad en el lugar más visible posible”.

Sin ir más lejos, el próximo viernes, en la Biblioteca Nacional, cuyo más insigne director fue precisamente Borges, Midmako relanza el Concurso de Poesía Haiku, un género de origen japonés inspirado en la naturaleza y que se distingue por la brevedad de la propuesta poética.

“Es un tipo de poesía que algunos llaman ‘la poesía más corta del mundo’”, sintetizó Pedro y explicó: “Son tres oraciones, la primera de cinco palabras, la segunda de siete y la tercera, otra vez, de cinco”.

Pedro contó que el certamen literario fue creado por la misma Kodama hace más de 30 años, y que desde el origen fue pensado y concebido para personas con discapacidad.

“Solo se permiten palabras relacionadas con la naturaleza”, agregó Pedro y definió: “Es lo que se conoce como ‘poesía asensorial’”.

Unicornios

Nuestra tarea es como ser un misionero: todos los días hacemos y damos porque sí, no importa la devolución y, a veces, tampoco el resultado”, reflexionó Pedro sobre la labor que lleva adelante la Fundación.

Llenar el vaso del otro y después llenar el nuestro, y cuando lo haces desde la manera natural se llena también el nuestro”, ilustró y completó: “No tener enemigos, no atacar a la gente, no pelearse; intentar alejarse de todo lo que puede provocar un daño a uno y al otro”.

De ahí, que el museo adoptó entre sus representaciones más simbólicas al Unicornio, una criatura mitológica que encarna la pureza y es emblema de justicia, y que, en el caso de Midmako, recuerda a los amigos que ya no están.

Los unicornios forman parte de la colección que se exhibe en la Uba y, según comentó Pedro, también estarán entre las obras que podrán visitarse en el “satélite cultural” que se instalará en Posadas.

“Es como una especie de santuario donde galopan aquellos que ya son guerreros y afuera estamos nosotros”, definió.

No queremos pensar en lo malo, sino aceptar la vida que tenemos para poder ayudar en la del otro y poder caminar de una forma contundente, clara, austera, recatada y solidaria”, reflexionó Pedro y sentenció: “Es la mejor forma de caminar”.

 

Cultura

Marcelo Toledo desde Nueva York: el sonido imaginado y la cosmogonía guaraní

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El músico y compositor posadeño Marcelo Toledo ganó la prestigiosa Beca Guggenheim para producir “Exodus”, una obra “inspirada en la cosmogonía del pueblo guaraní y en su idea de la Tierra sin Mal”, según contó en una entrevista para La Voz de Misiones.

Toledo explicó que sus complejas composiciones son “un lenguaje propio” que nace al “dudar de las convenciones”.

“Mi tecnología sigue siendo el lápiz, el papel y, algunas veces, la goma”, admitió. En relación a la Inteligencia Artificial, Toledo advirtió sobre “la sombra del tecnofascismo” que “está utilizando su poder para controlarnos de maneras cada vez más ominosas y eficientes”.

Horacio Quiroga, Juan José Saer y Abelardo Castillo como escritores inspiradores. Así como su padre, un recordado poeta misionero. “Lo recuerdo escribiendo en el centro de la noche, en el balcón que da a la Plaza San Martín”, dice Toledo, desde Nueva York, donde vive.

En la entrevista reconoce que “cuando se refieren a mí como músico, siento que esa palabra no me representa del todo” y que su principal herramienta es la imaginación al momento de componer.

“Hace tiempo que no pruebo lo que escribo en un instrumento. Todo ocurre en la imaginación. Imagino que escucho internamente lo que escribo, y ese ejercicio, sostenido durante años, se volvió una forma efectiva de creación”, reconoció.

Por tu trayectoria y trabajo, ¿qué significa ganar una beca Guggenheim?

El premio de la Fundación Guggenheim tiene un significado muy especial para mí en este momento: llega después de un período de introspección y de reorganización de mi propio trabajo como compositor. En los últimos años me detuve a revisar mi obra y eso dio como resultado la creación de la editorial Empty Music Edition New York, https://www.mtemptymusic.com/, donde se encuentran muchas de mis partituras. Este proyecto implicó asumir una posición crítica, una especie de retrospectiva personal de mis composiciones, algo que todo artista debe hacer en algún momento.

Observé con mayor claridad las líneas de búsqueda que han atravesado mi trabajo a lo largo de 30 años, así como los logros que son, en esencia, íntimos, ligados a la experiencia misma de la creación. Lo significativo es que este proceso se dio en un relativo aislamiento, un tiempo de trabajo concentrado y silencioso de unos cuatro años. Y es precisamente en ese contexto cuando llega este reconocimiento de la Guggenheim. Por eso, lo percibo como un punto de inflexión, una suerte de pasaje de una etapa introspectiva a otra de proyección exterior.

¿Hubo un proyecto presentado para la beca Guggenheim? ¿Cuál es?

Efectivamente, hubo un proyecto, titulado Exodus, propone un viaje construido exclusivamente a través del sonido. Partí de una pregunta central: ¿podemos percibir un territorio sin verlo, es decir, únicamente a través de la escucha?

La obra está inspirada en la cosmogonía del pueblo guaraní y en su idea de la Tierra sin Mal, pero no como relato explícito, sino como experiencia sonora. Desde el punto de vista compositivo, trabajo con dos ideas fundamentales: por un lado, la polifonía de tiempos, es decir, temporalidades múltiples —pasado, presente, futuro, capas históricas— que coexisten simultáneamente. Por otro lado, una multiplicidad textural, la superposición de materiales, genera una densidad que funciona como reflejo de esa complejidad temporal, en ese espacio, diversas voces y experiencias convergen en un mismo núcleo vinculado al territorio ancestral guaraní. La obra no narra un recorrido, sino que construye un espacio polifónico de escucha en el que tiempo y materia sonora se entrelazan en una misma experiencia. La obra está pensada para una diversidad de fuerzas instrumentales, vocales, sonidos pregrabados y electrónicos, en un sistema de audio octofónico.

Tu música se describe como una exploración de “texturas”, “ruidos” y materiales sonoros no convencionales. ¿Cómo se construye ese lenguaje propio?

Existe una aceptación bastante extendida de que la música constituye un lenguaje, pero ahí surge una contradicción: un lenguaje, por definición, ya está constituido. Entonces, hablar de “lenguaje propio” plantea un problema. Durante los últimos 25 años el trabajo consistió en desarticular la idea de la música como un sistema de significación ya establecido; llevarla hasta su punto más elemental: el sonido en sí mismo, sin referencias ni significación previa, como pura materia acústica. A partir de ahí se abrió un proceso lento de reconstrucción, no orientado a crear un “lenguaje propio”, sino a encontrar algo que ya no estuviera dado.

En muchas de mis obras de comienzos de los años 2000, como Para el encuentro en los abismos, estrenada en París por el Ensamble Intercontemporáneo, esa exploración se manifiesta en lo que, en aquel momento, llamaba simplemente “ruido”: es decir, sonidos complejos con altos niveles de inarmonicidad. Evité deliberadamente inscribir ese trabajo en marcos teóricos o estéticos ya existentes, incluso evitando cierta terminología y procedimientos que ofrecía la tecnología, para no quedar subordinado a una escuela o línea estética como podría ser el espectralismo. Mi tesis doctoral en la Universidad de Columbia, “Componer con ruidos fluidos” refleja justamente esa etapa de investigación.

Entonces, más que construir un lenguaje en el sentido tradicional, lo que hice fue sostener en el tiempo una práctica basada en la duda. Dudar de las convenciones, de las categorías establecidas y de las tendencias estéticas. Desde ese lugar —desde una especie de vacío inicial— puede emerger, eventualmente, algo que otros, con el tiempo, podrían reconocer como un lenguaje propio.

¿Falta mayor reconocimiento a la composición contemporánea?

Sí. La falta de reconocimiento —y consecuente falta de apoyo institucional— a la composición contemporánea. Me refiero específicamente al arte musical experimental o de vanguardia, aunque estos términos hayan caído en desuso: es real y se debe a varios factores. El principal es que, en mi opinión, la música contemporánea sigue siendo una de las experiencias más radicales entre los géneros artísticos. A través del sonido, la obra musical contemporánea elabora su propio hermetismo, su propia forma de aislamiento. Esto la coloca en una posición periférica dentro de la cultura, donde el valor de las prácticas artísticas suele medirse en función de su consumo. La música contemporánea, al convocar a un número más reducido de oyentes, queda fuera de esos criterios.

Al mismo tiempo, hay otra razón importante. La literatura, el cine, las artes visuales operan hoy a través de sistemas de producción, edición, equipos de trabajo y colaboración casi corporativos, que transforman la obra en un producto, siendo “el creador” solamente un eslabón de la cadena. En la música contemporánea eso no es así. El compositor o compositora trabaja, en gran medida, en soledad. No hay un equipo que intervenga o medie en ese proceso para hacerlo más accesible, consumible o para “mejorarlo”. Después del trabajo solitario de la composición, viene la etapa de ensayo y producción del concierto o grabación. No hay nada en el medio.

Tu obra suele tener una dimensión conceptual fuerte. ¿Primero aparece la idea o el sonido?

Depende, puede aparecer primero una idea —una visión conceptual o poética— o bien una situación sonora concreta. En obras para ensamble, muchas veces el punto de partida es una intuición conceptual o incluso una imagen o un texto que dispara procesos temporales y texturales. En cambio, en obras solistas, suele ser el sonido mismo —un material específico— el que contiene ya una lógica interna y orienta el desarrollo de la futura composición.

Más allá de ese punto de partida, hay algo común entre ambas: tanto una idea como un material sonoro implican procesos. Es decir, contienen una especie de trayectoria interna, casi biológica, que tiende a un desarrollo y un desenlace final. En ese sentido, la obra no se construye imponiendo una forma, sino siguiendo la evolución propia de aquello que la originó. En general, no son procesos lineales sino trayectorias que —como en la vida— atraviesan todo tipo de interferencias que hacen que los materiales deriven por zonas impensadas hasta encontrar una salida final. Todo esto, obviamente, rompe con esquemas formales tradicionales y permite que cada obra engendre su propia forma, su propia evolución y que cada composición sea una historia única. En mi concepción, la música debe nacer de lo increado, de lo informe. Una música que nace con una forma predeterminada es un objeto ya clausurado, sin posibilidad de transformación.

Tu obra parece cinematográfica. ¿La maginaste para alguna película?

Muchas veces me han dicho que mi música evoca imágenes, incluso que pareciera que formara parte de situaciones cinematográficas; sin embargo, nunca escribí música para películas o compuse pensando en una película específica.

Dicho esto, en la ópera imaginaria La selva interior, imaginé primero cada sección casi como una película, y recién después la llevé al terreno del sonido. Cada situación es un estado de conciencia de Horacio Quiroga en el momento de su partida. La ópera comienza con un texto de Abelardo Castillo, con su propia voz, hablando sobre Quiroga y anunciando su muerte. La fuente acústica sugiere que esa voz es escuchada por el propio Quiroga, como si proviniera de una vieja radio de 1937 y al mismo tiempo, desde el más allá. A partir de ahí se despliega una serie de situaciones mentales, emocionales y espaciales que están representadas con selvas de diferentes colores: blanca, gris, negra, roja y azul. Interpoladas hay dos “Agonías”, la del propio Quiroga, más adelante, la de su primera mujer. Finalmente, tres metáforas quirogeanas: hormigas, moscas y pájaros. Todo esto organizado en un entramado de secciones que conforman una simetría desfasada y rota, basada en criterios de intensidades contrastantes.

Se estrenó en Buenos Aires en el 2006, luego su versión completa se realizó en Berlín en 2010, una versión de concierto se realizó en el Teatro San Martín de Buenos Aires en el 2011, y finalmente se grabó completa con un ensamble de músicos argentinos en 2016. Ahora me interesarían dos cosas: editar un disco con La selva interior y luego recorrer el camino inverso: partir de la música ya existente y desarrollar una película en la que la música no sea acompañamiento, sino el hilo conductor de toda la experiencia.

Hiciste música inspirado en Horacio Quiroga y Juan José Saer. ¿Hay otro autor que te gustaría brindarle dedicación?

La literatura siempre fue para mí un disparador muy importante, no sólo de materiales, sino también de mundos posibles para la música. Sí, hay textos de algunos autores con los que me gustaría trabajar. Por ejemplo, un texto específico de Marcelo Cohen, así como una novela de Abelardo Castillo, cuya obra es de una notable intensidad. Además, desde hace muchos años tengo en mente una posible ópera a partir de un libro de Witold Gombrowicz. Por otro lado, la poesía ocupa un lugar central en mi trabajo. Hay poemas que funcionan como verdaderos núcleos de activación musical, y muchos títulos de mis músicas provienen directamente de textos poéticos.

Con la inteligencia artificial en la producción artística, ¿qué lugar ocupa la composición humana?

Es cierto que la inteligencia artificial está cada vez más presente en el mundo de hoy. Lo que más me preocupa es la cantidad de gente cuyos trabajos se están declarando obsoletos debido a ella; por otro lado, el posible efecto negativo en las nuevas generaciones que ya la utilizan para resolver tareas extremadamente básicas que impiden el desarrollo cognitivo de la mente aún en formación. En muchos aspectos este avance tecnológico es positivo, aunque la sombra del tecnofascismo está utilizando su poder para controlarnos de maneras cada vez más ominosas y eficientes.

En cuanto a la IA en las artes y específicamente en la música, lo poco que he podido observar, su producción se basa en la recombinación de modelos ya existentes. Eficiencia que no genera originalidad sino velocidad y volumen de producción. Ese tipo de uso y de herramientas suele responder, más que nada, a lógicas de mercado. Para mi trabajo, eso no constituye un problema relevante, no compite en ese plano. Mi práctica está en otro lugar: es un trabajo que requiere tiempo, incertidumbre y una relación directa con el sonido como materia. Sé que la IA es un fenómeno complejo —un arma de doble filo—, pero como compositor, no forma parte de mis preocupaciones centrales. Mi tecnología sigue siendo el lápiz, el papel y, algunas veces, la goma.

¿Qué relación tenés con la escritura y la literatura, considerando también la influencia de tu padre poeta?

La literatura es central en mi manera de entender el arte y la vida. No hay prácticamente un día en que no piense en un libro, en un autor o en algún problema relacionado con la narración o con la poesía. En cuanto a la escritura, de alguna manera, cuando se refieren a mí como músico, siento que esa palabra no me representa del todo. Asocio al músico con una actividad y forma de vida ligadas al instrumento, a la práctica directa de hacer música. Es algo realmente admirable. Ser músico es ser un maratonista del sonido, siempre preparándose para la próxima carrera. En mi caso, en cambio, la experiencia musical se acerca más a la de un escritor: necesito el lápiz, el papel y, si es posible, algo de silencio, el espacio interior, y no dependo de ningún instrumento para desarrollar las ideas. Hace tiempo que no pruebo lo que escribo en un instrumento. Todo ocurre en la imaginación. Imagino que escucho internamente lo que escribo, y ese ejercicio, sostenido durante años, se volvió una forma efectiva de creación. Hay momentos en los que el acto mismo de escribir es tan completo en sí mismo que no requiere nada más, ni siquiera que se transforme en sonido. En ese sentido, reconozco una afinidad profunda con la experiencia del escritor.

En algún momento también tuve un fuerte impulso hacia la poesía, pero lo interrumpí conscientemente, porque interfería con mi trabajo como compositor. De todos modos, la palabra sigue siendo una herramienta fundamental, aunque no permanente, una forma de abrir nuevas dimensiones de sentido al mundo. En ese vínculo, sin duda, está la presencia de mi padre. Lo recuerdo escribiendo en el centro de la noche, en el balcón que da a la Plaza San Martín, con su cuaderno, birome y un plato de uvas. Yo llegaba tarde a casa, lo veía de lejos, a contraluz de la luna o las luces tenues de la ciudad dormida. No lo interrumpía. Para mí, esa imagen estuvo siempre ligada a una idea de libertad y de algún modo, es esa misma búsqueda de libertad la que trasladé inconscientemente a la música.

Fotos: Gentileza Leo Genovese, Laura Dallmann de Toledo y Luna Dallmann Toledo

Compositor posadeño Marcelo Toledo ganó una beca Guggenheim en Nueva York

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En Escena Verás

Luis Marinoni: “En mis peores momentos saqué las mejores obras”

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Luis Marinoni dice que está “en paz” tras dirigir, días previos y por una vez más, al ballet oficial de la multitudinaria Fiesta Nacional del Chamamé. En la Semana de la Danza, el nombre de Marinoni suena como referente detrás de cada detallada coreografía de estirpe litoraleña.

“La danza es muy poderosa en la escena”, reflexiona. Dice que no le gusta que le digan “Maestro”, aunque “me estoy acostumbrando un poco”, admite sonriendo para En Escena Verás.

Mensú de Oro en 2015 en el Festival Nacional del Litoral, Marinoni remarca que crear obras “es como parir un hijo”, define y confiesa que “en mi peores momentos saqué las mejores obras”.

A pesar de quedar seleccionado entre 600 personas para integrar el Ballet Folklórico Nacional al mando de la renombrada Norma Viola, Marinoni concluye que “nunca me consideré un buen bailarín” y recuerda que se fue de Posadas con la idea de volver y crear el grupo de danzas que aún no existía.

“Me fui a buscar afuera cosas que no había acá”, aseguró quien luego creó la Compañía de Arte que, como todas sus obras, se lucen con vestuarios coloridos y cuadros alegóricos al folklore regional.

La mitología guaraní, Ramón Ayala, la historia y la tradición del Litoral aparecen en sus coreografías que suelen desplegarse además en el Ballet Folklórico del Parque del Conocimiento, adonde ya está usando la Inteligencia Artificial para las estructuras técnicas, según indicó.

Sin embargo, aclara que, a pesar de la tecnología dominante, incluso en la cultura, siempre “habrá una necesidad de volver a simple”.

Por otra parte, Marinoni admite que el arte suele ser provocador, así como las manifestaciones populares de las niñas representando a las Vírgenes, como también los tamborileros afroamericanos que se mezclan con las costumbres tradicionales correntinas durante enero. “A veces no entendemos la cultura del Litoral”, define.

En esa línea, en 2014, Marinoni incluyó al Curupí, el personaje de la mitología guaraní que tiene un pene largo y envuelto en su cuerpo, un hecho que significó una gran polémica en el anfiteatro Mario del Tránsito Cocomarola, de Corrientes, donde se hacía e festival chamamecero.

“Las políticas culturales son muy importantes”, apunta el coreógrafo posadeño al considerar que siempre fue el Estado el que garantizó las seguridad laboral a los bailarines.

“Nunca vino una empresa a decirme: Luis, vamos a poner una compañía para llevarlos afuera. Siempre el Estado estuvo para garantizar espacios para la excelencia artística”.

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Cultura

La Provincia salió al rescate de La Palma, librería con 30 años de historia

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Tras un proceso de liquidación de libros y anuncio de inminente cierre, la fundación, librería y biblioteca posadeña “La Palma” continuará abierta con el apoyo del Gobierno de Misiones, según confirmó el secretario de Estado de Cultura, Joselo Schuap.

Luego de visitar al propietario de La Palma, Ricardo Raimondo, el funcionario transmitió un mensaje del gobernador Hugo Passalacqua. “La Palma no se cierra. Encontré a Ricardo lúcido y acordamos que el lugar continúe abierto. Vamos a trabajar juntos para sostener el proyecto”, dijo.

Como parte de ese respaldo, la provincia analiza la compra de libros del fondo de “La Palma” para destinarlos a bibliotecas y espacios culturales. El catálogo incluye material universitario, académico, literatura general y títulos sobre el legado guaraní-jesuítico.

El trabajo se coordinará con Raimondo y sus hijos, Daiana y Lean, a cargo del funcionamiento diario del espacio situado por calle Buenos Aires 1825.

Asimismo, desde Cultura convocaron a la comunidad a acercarse al local para “acompañar con presencia, compra e intercambio de libros”, invitó Schuap.

Raimonda y Schuap. Reunidos en la Librería La Palma, por calle Buenos Aires 1825.

Esta medida se integra a la política de apoyo a bibliotecas populares de Misiones, varias de las cuales participarán en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con acompañamiento estatal.

Con más de treinta años de trayectoria en la ciudad, “La Palma” funciona como punto de referencia para lectores, con acceso directo a los estantes y un circuito de libros usados. “Sostener estos espacios es sostener la memoria cultural de Misiones”, consideró Schuap.

El nombre “La Palma” es un homenaje a una antigua y emblemática confitería que funcionaba junto a la Catedral de Posadas y servía como café literario. Entre sus más de 100.000 ejemplares, atesora libros sumamente antiguos, incluyendo uno que data de 1615 (que forma parte de la colección personal del fundador) y otros títulos a la venta del siglo XIX.

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