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Jason Mayne es uno de los rostros jóvenes de Canal Trece y Todo Noticias (TN) en Buenos Aires. Presenta informes sobre tecnología y ambiente que suelen verse en los noticieros principales. Ha viajado por buena parte del país y del mundo como para abordar diversos temas, y en algunos momentos suele recordar sus tiempos de la infancia en Misiones, donde vivió doce años. “Mi viejo (Miguel) era medio aventurero y recuerdo que nos llevaba mucho a pescar al Paraná y a pasar la noche en carpa”, recordó a La Voz de Misiones.
Jason residió hasta los seis años en Jardín América y luego en Posadas, hasta que se fue con su familia en 1999 a Buenos Aires. “Siempre lo recuerdo con mucho cariño. Ahora solo me quedan amigos. En un momento mis abuelos vivían en Jardín América y en Puerto Naranjito. Luego ya no quedó nadie. Así que no vuelvo tan de seguido como me gustaría. Quizás voy cada tanto a trabajar o a visitar a algún amigo. Un poco de mandioca frita y tereré en la costanera, que está tan linda”.
En comunicación desde Buenos Aires, el periodista de Artear contó que estudió en la escuela Tomás Espora, de Jardín América, y en Posadas fue alumno del colegio San Patricio, donde su mamá Estela era docente. Ella “fundó un club de hockey en Jardín América, creo que fue el primero que hubo. Empezó con el deporte en esa zona que todavía no se hacía y siempre recuerdo ir a buscar a las chicas una por una a las casas, para que vayan a jugar, a llevarlas. Muy a pulmón”.
Por su lado, su papá Miguel, que es misionero, jugó mucho tiempo al rugby en el club Tacurú de Posadas. Por eso Jason recuerda “ir ahí, a festejar los cumpleaños en el Tacurú, pasar muchos días. Que te corrieran los que jugaban al golf, que no les gustaba que usaran la cancha. De estar trepándose a los tacurú también, y estar haciendo los 17 mil sánguches de milanesas para pagar alguna gira a Resistencia o a algún lugar cercano. Así que son recuerdos muy lindos, con mucho cariño”.
En Posadas, el periodista de TN vivía cerca de Villa Cabello y por lo tanto solía ir a jugar a la pelota a “un potrero de tierra”, dijo. “Con dos arcos que se armaba el fútbol del barrio. Íbamos a jugar también, y a veces era un desafío porque nosotros teníamos nueve y estaban los más grandes que no te dejaban”.
https://www.tiktok.com/@lavozdemisiones/video/7426875468407786757?lang=es
De esa manera, rodeado de árboles de níspero en su niñez, Jason corrió sobre la tierra colorada y, “como mi vieja era profesora de educación física, organizaba campamentos. Mi viejo era medio aventurero y recuerdo que nos llevaba mucho a pescar al Paraná y a pasar la noche en carpa, sobre el Paraná. Se veían las luces al otro lado. Era Paraguay y decís ¿dónde estoy? Uno es chico y ve todo grande”.
A fines de la década del 90, su papá Miguel estaba sin trabajo y por lo tanto se vieron obligados a ir en búsqueda de un mejor futuro a Buenos Aires. “Fuimos viviendo en distintos barrios, pero siempre dentro de Capital. Mi viejo sí es de Misiones, y mi mamá es de Buenos Aires, así que, un poco creo que mi mamá quería volver, estaba lejos de su familia. Nosotros éramos tres. Eso da mucho trabajo, lo digo ahora que ya soy padre”.
Fascinado por la película “Corazón Valiente” sobre el caudillo William Wallace, a los 16 años Jason Mayne aprendió a tocar la gaita y tiempo después, junto a un grupo de jóvenes músicos y su profesor, fue invitado a tocar con Los Pericos, que interpretaban por aquel entonces la versión de “City Eyes” por el Gran Rex y el Luna Park.
“Grabamos un videoclip y sentía que era Jimmy Hendrix, directamente”, bromeó. “Fue muy divertido y ayudó a que me entusiasme, que ensaye. Pobres los vecinos. Porque la gaita es un instrumento escocés que suena muy fuerte”.
Con la ayuda de sus padres y la gaita en la valija se tomó un vuelo a Escocia y, además de hacer algunos trabajos ocasionales, como cuidar de caballos o atender un local de whisky, también se dedicó a tocar en la calle. “De repente me di cuenta que se ganaba bien. En una hora, más o menos, hacía entre 50 y 70 euros, ponele, o libras en un muy buen día.”
De esa manera consiguió hacerse de algunos ahorros como para ir a conocer otros destinos. “Así que recorrí 22 países en Europa, tocando la gaita a la gorra. Un nivel de rata, porque comía un pan lactal en todo el día, o por ahí dormía en plazas. No es que pagaba hostels ni hostales ni nada. Iba a casas de gente. Estuvo buenísima hacer la experiencia a los 18 años. Hoy ya creo que no”, reconoció.
Hace poco el periodista fue enviado a Glasgow, Escocia, para hacer una cobertura televisiva y llevó consigo la vieja gaita “sin saber si funcionaba o no”, admitió. Previamente, tuvo “una escala en París, como de seis horas, y me llevé la gaita a la salida del Louvre. Toqué ahí y no me acuerdo cuánto hice, pero en media hora eran 40 euros”, resumió, sorprendido por la cantidad de dinero recaudado con la gorra.
Misiones fue uno de los destinos argentinos adonde Mayne llegó para hacer coberturas periodísticas, aunque -por supuesto-mucho más familiarizado. Aquí grabó para un informe que presentó en Telenoche sobre las huellas de los yaguareté para un programa en el que volvió a pisar la tierra colorada de su infancia, época cuando aprendió a convivir con los insectos que podrían asustar a cualquier otro visitante.
“Tener que pisar la punta de las zapatillas para ver que no haya ninguna tarántula adentro, ni una araña pollito: eso lo recuerdo. Acá en las ciudades te olvidas. Aparece una cucaracha y parece un extraterrestre. Uno se va olvidando de ese vínculo con la naturaleza que en Misiones está presente”.
Jason Mayne es uno de los rostros jóvenes de Canal Trece y Todo Noticias (TN) en Buenos Aires. Presenta informes sobre tecnología y ambiente que suelen verse en los noticieros principales. Ha viajado por buena parte del país y del mundo como para abordar diversos temas, y en algunos momentos suele recordar sus tiempos de la infancia en Misiones, donde vivió doce años. “Mi viejo (Miguel) era medio aventurero y recuerdo que nos llevaba mucho a pescar al Paraná y a pasar la noche en carpa”, recordó a La Voz de Misiones.
Jason residió hasta los seis años en Jardín América y luego en Posadas, hasta que se fue con su familia en 1999 a Buenos Aires. “Siempre lo recuerdo con mucho cariño. Ahora solo me quedan amigos. En un momento mis abuelos vivían en Jardín América y en Puerto Naranjito. Luego ya no quedó nadie. Así que no vuelvo tan de seguido como me gustaría. Quizás voy cada tanto a trabajar o a visitar a algún amigo. Un poco de mandioca frita y tereré en la costanera, que está tan linda”.
En comunicación desde Buenos Aires, el periodista de Artear contó que estudió en la escuela Tomás Espora, de Jardín América, y en Posadas fue alumno del colegio San Patricio, donde su mamá Estela era docente. Ella “fundó un club de hockey en Jardín América, creo que fue el primero que hubo. Empezó con el deporte en esa zona que todavía no se hacía y siempre recuerdo ir a buscar a las chicas una por una a las casas, para que vayan a jugar, a llevarlas. Muy a pulmón”.
Por su lado, su papá Miguel, que es misionero, jugó mucho tiempo al rugby en el club Tacurú de Posadas. Por eso Jason recuerda “ir ahí, a festejar los cumpleaños en el Tacurú, pasar muchos días. Que te corrieran los que jugaban al golf, que no les gustaba que usaran la cancha. De estar trepándose a los tacurú también, y estar haciendo los 17 mil sánguches de milanesas para pagar alguna gira a Resistencia o a algún lugar cercano. Así que son recuerdos muy lindos, con mucho cariño”.
En Posadas, el periodista de TN vivía cerca de Villa Cabello y por lo tanto solía ir a jugar a la pelota a “un potrero de tierra”, dijo. “Con dos arcos que se armaba el fútbol del barrio. Íbamos a jugar también, y a veces era un desafío porque nosotros teníamos nueve y estaban los más grandes que no te dejaban”.
https://www.tiktok.com/@lavozdemisiones/video/7426875468407786757?lang=es
De esa manera, rodeado de árboles de níspero en su niñez, Jason corrió sobre la tierra colorada y, “como mi vieja era profesora de educación física, organizaba campamentos. Mi viejo era medio aventurero y recuerdo que nos llevaba mucho a pescar al Paraná y a pasar la noche en carpa, sobre el Paraná. Se veían las luces al otro lado. Era Paraguay y decís ¿dónde estoy? Uno es chico y ve todo grande”.
A fines de la década del 90, su papá Miguel estaba sin trabajo y por lo tanto se vieron obligados a ir en búsqueda de un mejor futuro a Buenos Aires. “Fuimos viviendo en distintos barrios, pero siempre dentro de Capital. Mi viejo sí es de Misiones, y mi mamá es de Buenos Aires, así que, un poco creo que mi mamá quería volver, estaba lejos de su familia. Nosotros éramos tres. Eso da mucho trabajo, lo digo ahora que ya soy padre”.
Fascinado por la película “Corazón Valiente” sobre el caudillo William Wallace, a los 16 años Jason Mayne aprendió a tocar la gaita y tiempo después, junto a un grupo de jóvenes músicos y su profesor, fue invitado a tocar con Los Pericos, que interpretaban por aquel entonces la versión de “City Eyes” por el Gran Rex y el Luna Park.
“Grabamos un videoclip y sentía que era Jimmy Hendrix, directamente”, bromeó. “Fue muy divertido y ayudó a que me entusiasme, que ensaye. Pobres los vecinos. Porque la gaita es un instrumento escocés que suena muy fuerte”.
Con la ayuda de sus padres y la gaita en la valija se tomó un vuelo a Escocia y, además de hacer algunos trabajos ocasionales, como cuidar de caballos o atender un local de whisky, también se dedicó a tocar en la calle. “De repente me di cuenta que se ganaba bien. En una hora, más o menos, hacía entre 50 y 70 euros, ponele, o libras en un muy buen día.”
De esa manera consiguió hacerse de algunos ahorros como para ir a conocer otros destinos. “Así que recorrí 22 países en Europa, tocando la gaita a la gorra. Un nivel de rata, porque comía un pan lactal en todo el día, o por ahí dormía en plazas. No es que pagaba hostels ni hostales ni nada. Iba a casas de gente. Estuvo buenísima hacer la experiencia a los 18 años. Hoy ya creo que no”, reconoció.
Hace poco el periodista fue enviado a Glasgow, Escocia, para hacer una cobertura televisiva y llevó consigo la vieja gaita “sin saber si funcionaba o no”, admitió. Previamente, tuvo “una escala en París, como de seis horas, y me llevé la gaita a la salida del Louvre. Toqué ahí y no me acuerdo cuánto hice, pero en media hora eran 40 euros”, resumió, sorprendido por la cantidad de dinero recaudado con la gorra.
Misiones fue uno de los destinos argentinos adonde Mayne llegó para hacer coberturas periodísticas, aunque -por supuesto-mucho más familiarizado. Aquí grabó para un informe que presentó en Telenoche sobre las huellas de los yaguareté para un programa en el que volvió a pisar la tierra colorada de su infancia, época cuando aprendió a convivir con los insectos que podrían asustar a cualquier otro visitante.
“Tener que pisar la punta de las zapatillas para ver que no haya ninguna tarántula adentro, ni una araña pollito: eso lo recuerdo. Acá en las ciudades te olvidas. Aparece una cucaracha y parece un extraterrestre. Uno se va olvidando de ese vínculo con la naturaleza que en Misiones está presente”.