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Chowy, el guitarrista misionero que toca con Cristian Castro y Ca7riel

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Chowy Fernández es uno de los máximos virtuosos de la guitarra en el metal argentino actual. Es uno de los que moldea el sonido de Barro, la banda que tiene como cantante al talentoso Ca7riel. Por otro lado, Chowy también toca hasta ocho cuerdas de la guitarra para el grupo heavy metal de Cristian Castro: La Esfinge.

“Yo me considero misionero. Nací en el sur de la provincia de Buenos Aires pero me mudé a los dos años y viví ahí hasta los 18. Están mis amigos, todas las cosas que viví con la música fue ahí. Soy misionero”, dijo a La Voz de Misiones el destacado músico que creció en Puerto Esperanza.

Chowy

“Todo llega. Si tu arte está bueno no te puede ir mal. Podés pasar momentos turbulentos pero si le ponés amor, llega”, reflexiona Ignacio Chowy Fernández, que tiene en su back up la banda Pronoia pero también un LP solista llamado “Hypersalto” (2020) en el que saca a relucir su impresionante técnica para tocar la guitarra. “Me gustaría que sepan los que escuchan y tocan el esfuerzo que hay que hacer para que las cosas vengan hacia vos”, apuntó el músico.

“Probablemente -continuó meditando-lo hubiera hecho en otro lugar. Sino hubiera sido la Argentina hubiera tardado menos. Pero yo no me quiero ir de mi país. Amo mi país, aunque las cosas me cuesten el doble. Pero las voy a lograr igual. Hay que meterse eso en la cabeza. Yo siempre viví de dar clases de guitarra. De tocar con bandas nunca gané un mango. Ahora me está yendo bien pero antes nunca vi un mango”.

Chowy

Barro. Ca7riel, junto a Chowy Fernández en momentos de composición.

Barro es una de las bandas revelación del 2023. En febrero de ese año sacaron un EP de cinco canciones y seis meses después un disco con once canciones. Su sonido pesado, combina pasajes densos a melódicos, con la voz gutural de Ca7riel que capta la esencia necesaria para una banda de metal fusión que trajo un quiebre a la escena musical.

“Es un fenómeno lo que está pasando”, apuntó Chowy sobre la banda que, además de Ca7riel, comparte con Julián Montes (bajo) y Alan Fritzler (batería). “Creo que también hay carencia de lo que hacemos nosotros en el metal. Es como que estamos haciendo un estilo que no es algo súper innovador, nuevo. Sino que es algo distinto a lo que hacen todos. El hueco estaba vacío y vinimos a llenarlo nosotros. Eso siento”.

Para Barro, Ca7riel cantó una furiosa versión de la Music Sessions Vol.14 que grabó con Bizarrap en 2019 y la rebautizó como “Missing Children”, canción que superó las 77 mil reproducciones en YouTube. Aunque no es la más popular en esa plataforma, porque “7 rojas” tiene 156 mil visitas.

 

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Chowy considera que hay tres cosas que contribuyeron a que se hicieran un lugar en la escena. En primer lugar, “es difícil en una banda de metal entender a las letras”, dijo. “Segundo; que tenga estribillos; tercero que se vuelva algo popular. Todo lo que sea tocado por humanos no es muy popular y está bueno que se reivindique eso. No solo nos hace bien a nosotros sino que lo veo bueno a todo aquel que le guste tocar el instrumento”, remarcó en relación a una época de samples como el recurso más frecuente para muchos artistas del momento.

“La última vez llenamos el Teatro de Flores y lo vendimos todo en cinco días. Estuvo impresionante. Me tiré encima de la gente con el celular en el bolsillo y cuando volví al escenario no lo tenía más. Y, a eso de las 5, un tipo en Retiro avisó al Instagram de la banda que tenía mi celular. El tipo que me lo devolvió tenía a Barro tatuado en el brazo. Nunca más me va a pasar en la vida”.

No hay dudas que buena parte de esa revolución se debe al buen carisma y ductilidad de Ca7riel, el ganador del premio Gardel por Mejor disco Conceptual en 2022 por “El Disko”. Dueño de un estilo propio dentro del género urbano, aunque no para denominarlo como un simple cantante de trap, “la gente quiere catalogar pero el chabón tocó todos los estilos desde chiquito”, remarca Chowy sobre Ca7riel, que estudió en la Escuela de Música Juan Pedro Esnaola, un conservatorio del cual egresó como profesor.

“Siempre le gustó toda la música, el metal por el hermano Julián. Encima las letras de trap, él dice, ‘tuve que fingir para sonar en el party’. No la caretea. Dice la verdad y si lo empezás a escuchar tiene unas letras tremendas”.

No podrás olvidar

Por otra parte, el año pasado tuvo gran intensidad para Chowy, debido a que -junto al baterista de Barro, Alan Fritzler- quedó seleccionado por Cristian Castro para formar parte de la nueva formación de La Esfinge, su proyecto heavy metal que tiene hace una década. De esa manera, el músico misionero se lució en las cuerdas eléctricas para los conciertos programados y además grabó el videoclip “Grand Prix Fórmula 1“, material que forma parte del reciente disco de La Esfinge.

Si bien significó un trabajo como sesionista para el autor de “No podrás”, “supongo que si vuelve acá puede que me vuelva a llamar. O a otra persona. Igual no es tan fácil porque el tipo tiene en el último disco, ‘La cruel cantora’, temas con guitarras de ocho cuerdas, y duran como seis minutos cada tema. Tiene cosas virtuosas de la batería y es un quilombo. Hay una lista de veinte temas y no hay mucha gente acá que toque ocho cuerdas, que haga solos, y que pueda sacar cosas rápido, de oído. Yo creo que hay posibilidades de que me vuelva a llamar”.

Doctor Baffle, la banda de Esperanza

“Todo lo que tenga cuerdas lo puedo tocar”, dice Chowy riéndose. Varias veces se probó en concursos internacionales de la guitarra y así consiguió gran atención del público argentino. Por ejemplo, hace diez años atrás, cuando se realizaba el Mundial de Fútbol en Brasil, el músico misionero consiguió el podio del concurso Mayones Guitars Basses, gracias a los 8.500 votos del público.

A los certámenes “los veo como una oportunidad, no de ganar algo, sino de subirme la vara a mí mismo y ver si soy capaz de poder hacer algo que me guste a mí, primero. Así he participado en miles de concursos. He ganado, he perdido”, reconoció el artista que llegó a Buenos Aires en pleno 2001 desde la localidad de Puerto Esperanza, donde creció desde los 2 años.

Fue justamente en esa localidad del Alto Paraná donde Chowy comenzó a tocar la guitarra y hasta formó su primera banda de rock, llamada Doctor Baffle. Cantaba su mamá, Claudia De Bella; y su papá, Guillermo “Baffle” Fernández, era el tecladista y sonidista. Los padres del guitarrista, en tanto, “tenían un programa de radio que se llamaba Doctor Baffle que fue bastante conocido y estuvo como veinte años al aire”, contó Chowy.

Claudia falleció hace seis años y Guillermo todavía vive en Esperanza. Ambos eran “fanáticos de la música, siempre fueron melómanos. Y a la radio iba un sábado iba mi mamá y otro mi papá. Con él era más pesada la onda. Rock, metal, cualquier cosa. Y con mi mamá era más progresivo, de los 70, más experimental. Antes de que yo empezara a tocar había música en el living todo el tiempo. Me crié en un ambiente así y como que decantó solo el tema de tocar la viola”.

La banda que tuvo Chowy desde 2008, Pronoia, sacó cuatro álbumes y duró hasta que llegó la pandemia del coronavirus. “Si no hubiera dejado eso no conocía a los pibes para hacer Barro. Me parece que una cosa llevó a la otra, por decantación. No significa que no vas a disfrutar lo otro, que lo viví mucho tiempo”, apuntó.

El guitarrista dejó en claro que “de tocar con bandas nunca gané un mango. Ahora me está yendo bien pero antes nunca vi un mango. Toqué en lugares muy de mierda, todo se te viene abajo, y hay que ponerle el pecho. Hay que lucharla, no es para cualquiera esta vida. Está como muy implementado el chip en la sociedad que el que toca la guitarra es un vago, que se toca las pelotas todo el día. Hay que sacarse los prejuicios, buscar una voz propia, y darle para adelante. Porque si tu arte está bueno, no te puede ir mal. Podes pasar momentos turbulentos, pero si le ponés amor llega. Todo llega”.


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Luciano y su grupo de Bonpland cosechan millones de reproducciones en YouTube

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Luciano y su grupo son de Bonpland y tienen millones de reproducciones en YouTube. Suelen hacer hasta doce conciertos por fin de semana, todo un fenómeno para la música cervecera que resurgió hace cuatro años. Porque lograron -con los demás grupos-alcanzar espacios donde antes no llegaban. “No digo que sea una prioridad salir a bailar pero sí una necesidad”, reflexionó el cantante Luciano Agüero en una charla con La Voz de Misiones.

Las versiones que hizo Luciano y su grupo de “Borracho de amor” y “La mejor de todas” tienen un promedio de un millón de visitas. Aunque la interpretación que hacen de “Sin ti no puedo vivir” ha sido la más popular.

Es originalmente un vallenato que Luciano y su grupo versionó hace unos seis años y que hasta ahora tiene 2 millones de visitas en YouTube. “Se hizo popular acá en Misiones, en primera instancia por Los Continuados, y después hicimos una versión nuestra”, contó Luciano por el tema “Sin ti no puedo más vivir”.

El autor de la obra es un colombiano que se llama Jhonn Gonzalez, “con el cual pude hablar-agregó el cantante misionero-. Él me contactó cuando vio la cantidad de reproducciones que teníamos. Tuvimos una charla, seguimos hablando a menudo, me ofreció más canciones, porque el señor se dedica a eso, a escribir canciones y vender las letras”.

Hijo de Vicente, un acordeonista de música tradicional, e Hilda, una madre cantora pero que jamás se dedicó a la música más allá de la iglesia, el artista con el apellido del Kun – “ojalá fuéramos parientes”, admite- comenzó a subirse a los escenarios a los doce años y formó parte de otras agrupaciones. Interpreta versiones bailables de temas románticos populares y se ha unido junto a su pareja, Mariana, para componer canciones que aún no salieron a la luz.

Ahora, con cuatro discos y uno más en camino, Luciano y su grupo llevan siete años juntos, en una banda que se completa con Eduardo Celestino (guitarra), Gonzalo Suárez (teclado) y el sonidista Richard Correa. Eso se debe a que, contar con un técnico en sonido “al momento del show es lo más importante. Porque cuando tenemos que arrancar el show lo más rápido, siempre apurados, tener un encargado de eso, es mil puntos a favor”, apuntó el cantante.

Es que, por fin de semana, Luciano y su Grupo pueden hacer hasta doce shows, unos cinco por noche, si la gira arranca un viernes. “Todo depende del cliente porque llegamos a tocar dos horas pero a veces solemos tocar solo una. Porque hay otras bandas, otras atracciones en la noche. Entonces vamos a poder hacer otros shows en la noche”, detalló Luciano.

La depresión económica que sufren varios sectores del país resintió también en la economía de los grupos musicales. “Al principio del año fue un poco complicado”, reconoció Luciano. “Hago siempre el control de diciembre del año pasado. Nosotros tocamos 28 veces de 31 días, y en enero no llegamos ni a la mitad de ese promedio”, calculó.

“Pero hoy en día se regularizó todo. Creo que hoy por hoy, todo grupo están trabajando bien, eso es lo bueno que rescato siempre de nuestra provincia. Hay un puchito que está trabajando mejor que el resto pero todos los grupos trabajan. Eso es muy bueno. Te das cuenta que hay trabajo, hay forma. No digo que sea una prioridad salir a bailar pero sí una necesidad. La gente como que se desconecta de todo lo otro y quiere salir a bailar, de descansar de todo el resto de las cosas”.

Con referentes como Jorge Ratoski, Pablo y su Grupo o Cristian Wagner, la música cervecera cobró gran protagonismo, superando en muchas ocasiones a los artistas brasileños de música sertaneja que – si bien sigue siendo una sensación en la provincia- sus visitas han mermado mucho en los últimos años.

“Los grupos de la zona están en primer lugar a la hora de pensar en el baile”, sostuvo Luciano. Aunque el fenómeno de las bandas cerveceras, según analizó Luciano, tuvo un resurgimiento especial con la cuarentena del 2020, porque no venían artistas de otras regiones del país.

“La provincia se obligó a contratar a músicos como nosotros que estábamos acá. Así entró el estilo nuestro a lugares donde no hubiera ocurrido, como en boliches, por ejemplo, de renombre como Metrópolis, La Roka”, enumeró. “Nuestra música no entraba ahí. Pero con la cuarentena se abrió una plaza donde no había”, concluyó el músico de Bonpland.

Para Luciano, la popularidad conseguida es debido a sus seguidores que se van multiplicando con el tiempo. “Es mucha gente que arrancó con Luciano a su grupo siguiendo y hasta hoy veo las mismas caras de gente que conozco hace muchos años”, estimó.


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Luquitas Rodríguez presentó en Vorterix a la banda misionera Aramides Cajanea

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El programa “Paren la mano“, que se emite por el streaming porteño Vorterix, presentó la canción “Disturbios”, de la banda posadeña Aramides Cajanea. “Las esperanzas de que pasen la canción eran muy pocas porque habían pasado seis meses de insistir”, admitió el guitarrista Nicolás “Carote” Gauto. “Ellos pasan música emergente. Y se dio”, concluyó el cantante Joaco Rodríguez a La Voz de Misiones.

Aramides Cajanea tiene poco más de un año de vida y entre sus composiciones subieron un par de canciones en las plataformas. Una de ellas es “Disturbios (El verde del pasto)”, una canción folk-rock que termina con el canto de una saracura, el pájaro que inspiró a la banda aunque con su nombre científico: es decir aramides cajaneus.

“En noviembre del año pasado traté de contactarme con los chicos del programa, pero en Instagram es más difícil. En febrero de este año me puse en contacto con uno de los productores del programa (alias Rulo, re agradecido con él), quien escuchó la canción que le mandé y le copó. De ahí, me pasó un correo electrónico para contactarme directamente con Jazmín Badía (la productora principal), donde le mandé una reseña de la banda más la canción”, resumió Carote, quien de casualidad estaba viendo el programa el lunes por la noche, cuando en un momento el conductor Luquitas Rodríguez se encarga de presentar la canción, toda una emoción para los Aramides.

La historia de la banda nace entre Carote y Joaco, ambos vecinos del barrio Ñu Porá. “Yo no lo conocía”, recordó el cantante. “Nos teníamos medio de vista. Nos conocimos cuando buscaban a un vocalista y un bajista para una banda. De ir y venir nos dimos cuenta que escuchábamos la misma música y que podíamos hacer eso, que no tenía que ver con la banda que hacía Guns N’ Roses, Blink 182, Eruca Sativa. Y nosotros nos íbamos del barrio escuchando Gardelitos, La 25, Intoxicados. Entonces nos dimos cuenta que podíamos componer, armar otra cosa. Y yo le muestro ‘El cielo y la amapola’ y nos entusiasmamos. Nos pusimos a buscar otros músicos, para armar un grupo de amigos que disfrutara de los ensayos, de las presentaciones”.

De esa manera surgió la banda que se completa con Alan Fuch (guitarra), Ezequiel Acosta (bajo) y Auriel Saravia (batería) con los que tenían su primer recital pero aún no contaban con un nombre. Por ese motivo comenzaron a explorar en ideas, particularmente entre la fauna autóctona, y “buscando el nombre de aves, se me aparece Aramides cajanea, y la propongo al grupo”, recordó Joaco.

En el Amus Fest. Aramides Cajanea fue una de las bandas invitadas el 4 de mayo

“Al principio no hubo muy buena recepción entre los chicos de la banda, por el nombre, de tanto repetirlo, se nos quedó. Así que al final no está tan mal. Si la gente se puede acordar de Catupecu Machu, de El Mató a un policía motorizado, se puede acordar de Aramides Cajanea”, añadió el vocalista.

Aramides Cajanea tocó en el segundo Amus Fest el 4 de mayo pasado en el Montoya, junto a -además de Amus- Acero Norte, Cynthia Salinas y Francisco Swhertner. El 19 de julio, en tanto, la banda con nombre científico de pájaro volverá a subir al mismo escenario de la calle Ayacucho, junto a Helen Samble y M.A.D. (los ex El Rito).


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Gonzalo Gudiño, el posadeño que hace cumbia y toca con Raúl Barboza en Francia

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Hace trece años que el músico posadeño Gonzalo Gudiño se fue a Francia. Desde entonces, ha tocado con muchas compañías tangueras pero también incursionó necesariamente con la cumbia después de la pandemia.

El año pasado, en tanto, sacó su disco de jazz “Gurí de barro” con Hugo Fattoruso y Pico Núñez como invitados. En paralelo, Gonzalo armó un dúo soñado con el acordeonista Raúl Barboza para indagar en la música litoraleña. “Es un proyecto serio pero está comenzando. Este año tenemos un par de conciertos y vamos a tratar de tocar más. Después veremos si se puede grabar algo”, contó a La Voz de Misiones.

@lavozdemisiones

Hace trece años que el músico posadeño Gonzalo Gudiño se fue a Francia. Desde entonces, ha tocado con muchas compañías tangueras pero también incursionó necesariamente con la cumbia después de la pandemia. El año pasado, en tanto, sacó su disco de jazz “Gurí de barro” con Hugo Fattoruso y Pico Núñez como invitados. En paralelo, Gonzalo armó un dúo soñado con el acordeonista Raúl Barboza. “Es un proyecto serio pero está comenzando. Este año tenemos un par de conciertos y vamos a tratar de tocar más. Después veremos si se puede grabar algo”, contó a La Voz de Misiones. #LaVozdeMisiones

♬ sonido original – La Voz de Misiones

Gudiño atiende la videollamada cuando ya es de noche en Rennes. Tiene un bajo y una guitarra colgados en la pared y habla con su teclado en la mesa mientras charla sobre We call it tango que protagonizará con la compañía Fever, una función a estrenarse en pocos días. Toma jugo de remolacha para aliviar los nervios que resienten a su hígado porque también son tiempos de despedida.

Su madre Ester regresará a Posadas después de estar casi seis meses con Gonzalo y su familia, compuesta por su pareja franco paraguaya Melodie Centurión y los dos hijos de ambos, Gabriel (13) y Naïa (6), nacidos en tierras galas.

“Los recuerdos que tengo de Misiones son de cosas que pasaron pero sobre todo son sensaciones. Acá es otra cosa”. Gonzalo hace cálculos e imagina cómo será dentro de un año, cuando él también vuelva de visita a a Posadas junto a su hija de seis años que aún no conoce el terruño guaraní.

La familia. Los músicos Melodie Centurión, Gonzalo Gudiño y los hijos de ambos, Naïa y Gabriel

“El olor de la tierra mojada cuando está por llover, el calor, la humedad, un montón de cuestiones que acá son completamente distintas. Es otra cosa el clima. Y para mí era importante que mi hijos vivan eso. Los mosquitos, las cucarachas. Todo lo que es nuestra cultura, que al fin y al cabo es lo que nos construye a nosotros. Y ahora, para mí, es importante que vaya mi hija. Cuando uno es chico uno vive distinto”.

Rennes es la capital del Estado de Bretaña y dista a una hora del Canal de la Mancha que separa Francia de Inglaterra. Hacia el este se encuentra París, a unos 500 kilómetros, pero que en tren implica solo una hora y media. Es una distancia frecuente que realiza Gudiño para ensayos que suelen comenzar a la mañana y en ocasiones se prolongan hasta la tarde. De esa manera pudo darle forma, componer y arreglar las canciones del espectáculo “Arreamos bien los caballos”, basado en una película de 1980.

Ensayo de Cumbia Guacha. Nació tras la pandemia, inspirada en la cumbia de los 90.

También en esa misma línea, el músico misionero está preparando el show de We call it tango, “uno de los espectáculos más complicados que hice hasta ahora”, remarca. “Estoy sorprendido. Porque los arreglos son increíbles. Está compuesto y arreglado por el argentino Cristian Zárate. Acá tocamos con Fabrizio Colombo, que es un bandoneonista italiano. Y la pareja de baile que hace la teatralización y la danza”.

Un camino más eléctrico

Gurí de barro” se llama el disco que hace un año sacó Gonzalo y en el que participan el bandoneonista misionero Juan Núñez, la cantante uruguaya Ana Karina Rosi y el también oriental Hugo Fattoruso.

Fattoruso grabó su parte en Uruguay, así como Pico Núñez que realizó las tomas en Argentina y que luego se mezclaron en Francia. Es un álbum de jazz con experimentación y que podría catalogarse como world music, una sonoridad que más adelante será eléctrica, según adelantó el propio compositor.

“Porque quiero algo más bien jazz americano”, apuntó. Porque “Gurí de Barro” “es muy música del mundo para el festival de jazz. Entonces, lamentablemente, uno se tiene que meter en una casilla puntual cuando vende un producto. Es complicado instalar una cosa nueva, ponele. No digo que sea nuevo pero está en la sintonía de Hermeto Pascoal, un poco más con rítmica sudamericana, y acá es más difícil meterlo. Es muy world music para los festivales de jazz y en los festivales de jazz es muy música del mundo”.

Un grupo para bailar toda la noche

La pandemia causó grandes crisis en muchos de los rubros pero por sobre todas las cosas en los espectáculos culturales, porque obligó a los artistas a encerrarse, sin otro sustento que los streamings o clases a distancia durante la cuarentena. Sin embargo, sirvió para replantearse objetivos, como ocurrió personalmente en Gonzalo y su pareja, quienes decidieron explorar en la música tropical con el grupo Cumbia Guacha.

Necesitábamos un poco de catarsis, de fiesta”, reconoció el músico. “Porque el disco que saqué el año pasado, es música del mundo, hay jazz, hay fusión, hay una cosa de música clásica, pero es muy solemne. En el mundo del tango también, o el espectáculo del año pasado, son cosas muy serias. Para un público muy rígido que va a escucharte, no te digo presión, pero uno lo toma distinto. Y después de la pandemia le dije a Melodie: ‘tenemos que hacer un grupo donde pasemos una buena noche y cantemos todos los clásicos de los ’90. Y olvidarnos todo, de esta pandemia de mierda’. Lo hicimos tan bien que al toque nos empezaron a llamar a festivales de acá. Empezamos a girar un montón y el año pasado dijimos definitivamente que es un proyecto que va en serio”.

De esa manera, Cumbia Guacha ya sacó su primer single en Spotify y próximamente saldrá el segundo, sumado a los planes de seguir girando con la banda que lo tiene a Gonzalo en el bajo, a Melodie en la voz, un colombiano en la guitarra y trombón, y dos franceses que están en piano y percusión.

Al piano con Raúl Barboza

El gran acordeonista argentino Raúl Barboza reside hace muchos años en Francia, aunque frecuentemente vuelve para tocar en el país. En una de esas giras, hace más de quince años atrás, Barboza tenía una fecha en el Montoya y hasta allí fue Gonzalo a verlo. Le contó que tenía planes de mudarse a Francia y el Maestro le dijo que se contactara con él cuando llegara a destino. Pero “cuando vine acá me puse a trabajar con otra gente. Nunca me animé a llamarlo”, reconoció Gonzalo.

Sin embargo, hace unos tres años, se organizaba en París un recital con el Colectivo Porqué no y en el que Barboza era el artista principal, aunque había que reunirlo con otro músico más del género. Entonces el contrabajista francés Romain Lecujer – de la banda de tango electrónico Gottan Project– dijo que Gonzalo era el indicado. De esa manera ocurrió la reunión en la que ambos terminaron tocando juntos aquella fecha.

“Estaba el afiche pegado con la foto mía y la de Raúl abajo, con los dos nombres. Fue muy fuerte, como la vuelta de toda una búsqueda, un esfuerzo. Está bien. Era un concierto chiquito, en una sala chiquita. Estuvo re bien. Había mucha gente pero no era una cosa enorme. Pero para mí fue muy significativo. Pensé en mi papá en ese momento”.

Rubén era el padre de Gonzalo, murió en 2018, y fue muy importante para él porque lo ayudó -con su madre Ester-a mudarse a Francia y a convertirse en el músico que es hoy. Tenía tan solo siete años cuando Gonzalo debía debutar en un programa de Canal 12 pero el conductor se despidió sin presentarlo.

“No toqué. Mi papá estaba re enojado, subimos a la moto con el teclado y volvimos. Yo lloré en el baño y él lloró conmigo porque iba a ser la primera vez en la tele y no salió. Y esos son cosas que le quiero agradecer. Me acordé de todo eso cuando tocamos con Raúl”.

Aquella primera experiencia fue el puntapié para un dueto prometedor y en el que Barboza tocaba por primera vez sólo con un pianista. “Y en enero del año pasado me dice ‘Gonza. Yo sé que estás con un montón de cosas, pero si te gusta, si tenés ganas, me gustaría que armemos un dúo. Y yo le dije ‘Maestro: hace como dos años le quería proponer pero no me animaba. Usted tiene un montón de cosas. Así que encantado”, respondió el tecladista posadeño.

En pocos días Gonzalo tiene que despedir a su mamá que regresará a la Argentina pero antes tendrá un ensayo con Barboza, en una sala situada en París, frente a la casa del acordeonista. “Nos vamos a pasear con mamá. Torre Eiffel. El martes ensayo con Raúl. Vamos a comer con él y con doña Olga, su señora. Mamá está emocionada”, reconoció el músico posadeño.


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